NI SIQUIERA LA MUERTE
NOTA DEL AUTOR - ¡Volvemos a encontrarnos! Como de costumbre, podéis saltar hasta la línea donde acaba la cursiva, para empezar directamente con la historia.
Y aquí volvemos con la pareja trágica, narrado desde el punto de vista del Capitán Levi. Ya no hay más capítulos "imperiales", pero eso no significa que no vayan a aparecer de nuevo.
Por otro lado, puede que tenga que comerme mis palabras y este five-shots termine convirtiéndose en un six-shots. En cualquier caso, seguiré escribiendo.
Gracias por todo vuestro apoyo, es una motivación importante para continuar la historia; voy a llegar hasta el final, sí o sí, pero esto me ayuda a ir más rápido.
Si tenéis tiempo para dejar una review con lo que os ha gustado, lo que os ha llamado la atención, lo que podría mejorarse, etc., trataré de contestar lo antes posible (por PM como siempre).
¡Hasta pronto y que os vaya todo bien! ;)
AVISO LEGAL - ¿En serio? ¿A estas alturas, todavía…? De acuerdo, vamos allá. NO soy Hajime Isayama. NO soy el dueño de Shingeki no Kyojin. NO he creado a ninguno de sus personajes.
CAPÍTULO 3 – CAPITÁN LEVI
[Publicado originalmente el 20 de abril de 2015 con una extensión de 5.342 palabras.]
Levi ni siquiera estaba seguro de cómo había llegado hasta ahí…
"Pues llegando, cojones. ¡Ahora no hay tiempo para introspecciones!"
Había cosas más importantes de las que preocuparse. Había una persona de la que preocuparse.
La legionaria Petra Ral, sentada sobre la tierra cubierta de nieve, apoyada de espaldas contra un árbol; sus cabellos rubios manchados de sangre, sus ojos azules apenas visibles… aquel brillo tan cálido y característico suyo, casi ausente por completo. Su uniforme verde oscuro, con las marcas inconfundibles de un combate a vida o muerte, la capa destrozada, la mochila tirada allí al lado de cualquier manera.
La viva imagen del "soldado caído". Temible estatua de carne y hueso, de sangre que se iba apagando.
Ver así a su compañera, cuando solía estar tan alegre y tan viva, hizo sentir a Levi una emoción que normalmente trataba de controlar, por su propio bien y por el de los demás: furia. Furia contra todos. Furia contra el mundo, contra aquella guerra, contra sí mismo… y también contra Petra.
–No pasa nada, Capitán. En realidad no me duele… ¿Sabe? Me alegra que sea usted quien haya venido a por mí.
Cuando le oyó pronunciar esas palabras, tan abatida, tan resignada a aquel destino que ella se empeñaba en ver como inevitable… Levi notó cómo le hervía la sangre.
–Deja de decir tonterías, Ral, y mueve el culo de una vez.
No se arrepintió de aquellas palabras. Es más, se alegró lo indecible cuando por fin la vio reaccionar… cuando volvió a ser ella misma.
El Capitán, satisfecho, siguió avanzando y se agachó junto a Petra. Él también había perdido sus armas para llegar hasta allí, e incluso la mochila, así que cogió la de su compañera para rebuscar entre las escasas provisiones. Empezó a hacerlo… y entonces se quedó quieto.
Como si hurgar entre las cosas de ella, cual saqueador, significara atravesar algún tipo de línea invisible… quizás reconocer, en parte, que Ral no saldría de aquel bosque y, por tanto, ya no las necesitaría.
Y ahí estaba él, hombre de acción y pocas palabras, absurdamente parado, justo cuando más había que actuar; si se quedaban allí, sólo sería cuestión de tiempo que las heridas terminasen lo que habían empezado los imperiales, o que éstos se recuperasen de la paliza y empezaran a perseguirles…
Entonces Petra movió su mano y tomó con ella una de las de su Capitán.
Levi dejó de respirar. Incluso él sintió cómo se le abrían los ojos de la sorpresa, aunque… ¿realmente era tan extraño? Recuperó enseguida su expresión estoica habitual, a pesar de la fuerza con que latía su corazón… al mismo ritmo que el de ella; podía sentirlo en aquel pulso, en aquella mano. Tan cálida, tan viva.
Se prometió a sí mismo que, costase lo que costase, Petra saldría viva de aquel bosque.
"Inclusosi me cuesta la vida."
No soportaba la idea de un mundo en el que ella estuviera muerta. No sería justo… y lo evitaría a toda costa, aunque eso fuera lo último que hiciese.
Y como si al contacto con su piel aquellas emociones y pensamientos, esperanzas y temores, hubieran saltado hasta ella, y luego hubieran vuelto a él multiplicadas por diez… Levi sintió que la barrera invisible que había notado antes se desvanecía. Petra apretó su mano; él le devolvió el apretón, con delicadeza.
Sin soltar aquella mano, el Capitán empezó a examinar por fin el contenido de la mochila.
–Lo primero será quitarte esa sangre de la cara y comprobar que no es grave –murmuró él.
–Naturalmente, se preocupa usted por la limpieza antes que nada… –Petra soltó una débil risilla, luego tosió un poco.
–¿Quieres tragar nieve, soldado Ral? –gruñó él.
Sin embargo, aquello le dio una idea. Con la mano libre, cogió un puñado del blanco elemento; tentado estuvo, por un momento, de estampárselo en la cara a su compañera… pero eso tendría que esperar.
–Antes de vendar tengo que limpiar –explicó Levi–. Notarás un poco de frío, ¿de acuerdo?
Ella asintió silenciosamente, mirándole con esos ojos azules que cada vez parecían más vivos; aquello le dejó mucho más tranquilo. Pudo sentirla temblar cuando empezó a frotar cuidadosamente la nieve contra sus sienes que parecían de plata; a pesar de ello, el legionario no sintió frío, quizás porque la calidez de emanaba de ella le alcanzaba de una manera… casi sobrenatural.
"Noche de luna llena en el Bosque Negro… yo también he oído las leyendas."
–Quizás sea esto a lo que se refieren… –murmuró sin dirigirse a nadie en concreto.
–¿Sentirse como "una sola carne", señor? –contestó ella, antes de darse cuenta de lo que estaba diciendo.
Y entonces, a pesar del frío y el cansancio y las heridas… la soldado Petra Ral se puso colorada como un tomate y apartó la vista, avergonzada; en su rosto, una expresión que gritaba claramente "¡tierra trágame!".
En cambio, Levi usó su táctica habitual para enfrentarse a aquel tipo de situaciones embarazosas: hizo como si no hubiera oído nada y mantuvo su mejor "cara de póquer".
Con delicadeza, continuó frotando puñados de nieve limpia… La sangre, incluso la que estaba ya reseca, salió con sorprendente facilidad. Verdaderamente Petra parecía resplandecer, a la luz de la luna; todavía seguía un poco colorada, pero eso mejoraba su aspecto, ya se la veía más saludable.
–Capitán, lo de antes, yo… –trató de disculparse.
–Tranquila, sé que la pérdida de sangre puede hacerle decir a uno tonterías.
"Muy sutil, Levi, muy sutil."
Lo cierto era que todo aquello le hizo sonreír, como él solía hacerlo; levemente, apenas perceptible… pero en verdad las comisuras de sus labios habían subido un poco. Tampoco intentó impedirlo a toda costa.
–Necesito las dos manos para poder buscar bien dentro de tu mochila –dijo con calma–. Así que voy a soltarte. Sigo aquí, a tu lado, ¿de acuerdo?
Petra asintió, su Capitán todavía sostuvo su mano unos segundos más y luego la retiró lentamente.
–En realidad, ni siquiera he encontrado un corte… Puede que esa sangre no sea tuya.
Le repugnaba la idea de haber tocado los fluidos de algún imperial; si la sangre hubiera sido de ella, no le habría importando tanto. Por otro lado, si en realidad no tenía nada, le extrañaba habérsela encontrado así; ella no era de las que se quejaban fácilmente.
–De todas formas –Levi continuó buscando–, más vale vendar esa zona, por si acaso. Bien, he encontrado un rollo de…
Se interrumpió en ese mismo instante. Había sacado de la mochila un paquete de vendas blancas… y en ellas se veía claramente un agujero de bala; fue una sorpresa desagradable, como estar comiéndose tranquilamente una manzana y encontrarse de pronto un gusano.
Quizás su compañera sí estaba herida de gravedad… sólo que no en la cabeza.
–¿Petra? –susurró, manteniendo la calma–. Ahora voy a echarle un vistazo a tu espalda, ¿de acuerdo? Necesitaré que te inclines un poco hacia delante…
–Je je, Capitán… –la sonrisa de ella, sincera y tierna, también hizo brillar sus ojos–. Acaba de llamarme por mi nombre.
Levi frunció el ceño, con algo de fastidio, e hizo lo que había dicho; la inclinó hacia delante, sin tanta delicadeza esta vez… aunque con eso sólo consiguió que ella siguiera riendo por lo bajo. Lo cierto era que le alegraba oír aquel sonido.
Pero aún le alegró más ver que su legionaria no tenía agujeros en la espalda. Dejó escapar un suspiro de alivio.
"No sé por qué me he preocupado tanto… Si le hubieran pegado tres o cuatro tiros, no habría podido llegar tan lejos por su propio pie."
Y sin embargo, ahí estaba el rollo de vendas con el agujero de bala.
–Debes ser la persona más afortunada del mundo –murmuró Levi sorprendido, mientras la ayudaba a recostarse de nuevo contra el tronco, esta vez no tan bruscamente.
–Mire quien fue a hablar, Capitán –repuso Petra, medio en broma–. Sigue usted impecable como siempre. ¿Acaso se detuvo en mitad del camino, mientras venía hacia aquí, para lavar su ropa?
–Hum… –él no se dignó a contestar a aquello y volvió a mirar dentro de la mochila.
"Ajá. Justo lo que sospechaba."
Sacó una cantimplora metálica y se la mostró a su compañera, agitándola un poco para que pudiera oír el tintineo de la bala que se había alojado dentro; de un agujero en la base, goteaba todavía un poco de agua.
–Lo que yo decía, la más afortunada –comentó Levi, mientras dejaba sobre la nieve el ya inútil artefacto.
Petra observaba con atención, sorprendida. Sus grandes ojos azules, más que brillar, parecían tomar la luz de la luna para luego volver a reflejarla con una intensidad aún mayor. Levi se quedó mirando aquellos ojos durante unos segundos, sin prisas… y sin estar muy seguro de qué pensar; luego siguió buscando.
Entonces enarcó una ceja, extrañado, al ver el siguiente objeto que había encontrado.
–Vale, he oído hablar de gente con buena estrella… pero esto ya es ridículo.
Sacó un ejemplar de bolsillo de "Las Tres Diosas"… también con un agujero, y la bala haciendo de peculiar marcapáginas tras haber atravesado unas dos terceras partes del pequeño pero grueso tomo.
–No, si al final yo también terminaré creyendo –murmuró, desconcertado.
–Es un recuerdo de familia –contestó Petra–. No soy demasiado devota.
–Quizás deberías serlo a partir de ahora –Levi volvió a guardar el libro y miró a la legionaria con curiosidad.
–Rezar no va a detener las balas. Es como usted dice, Capitán. Al final, todo depende de nosotros.
Aquello le sorprendió más que todo lo anterior, o al menos de una forma distinta.
"¿Tanto he influido yo en ella?"
No dijo nada más. Encontró otro rollo de vendas, esta vez sin agujero de bala, y fue extendiéndolas alrededor de su cabeza, hasta completar dos vueltas. Petra seguía observándole con sus grandes ojos azules, tranquila; casi parecía más serena que él mismo… aunque la notó temblar cuando tocó sus sienes con los dedos.
–Lo siento, debo tenerlos fríos…
–No es eso –musitó la mujer, de forma casi inaudible.
Estaba tan cerca de ella que podía sentir su aliento en la cara, una sensación… agradable, tan cálida como todo lo demás en la legionaria: sus ojos, su voz… su presencia.
De repente, se dio cuenta de que estaba acariciando con los dedos una de sus mejillas. Petra no dijo nada, simplemente se le quedó mirando… y Levi notó algo extraño dentro de él, una especie de aprensión silenciosa a la que no podía poner nombre.
"Sólo quiero asegurarme de que ella está bien, nada más."
Retiró lentamente la mano, se apoyó en las rodillas y se puso de pie.
–¿Puedes andar? –preguntó.
Petra asintió con la cabeza, trató de levantarse… se tambaleó y cayó hacia atrás, quedando apoyada contra el tronco del árbol en una posición algo extraña, como si estuviera sentada en una silla invisible. Ella dejó escapar un leve quejido; lo caballeroso habría sido ayudarla… pero a Levi le interesaba más que su legionaria se diera cuenta de que aún podía valerse por sí misma.
–Venga, sé que puedes. Tú tranquila, no hay prisa. No es como si una docena de imperiales cabreados fuera a pasar por aquí en cualquier momento, buscándonos…
La soldado Ral rió otra vez por lo bajo. Apoyó las manos sobre la rugosa corteza del pino, se fue incorporando poco a poco y al final se levantó del todo. Se soltó de su árbol, pareció que fuera a tropezar pero al final consiguió quedar en pie, con una sonrisa de satisfacción por su pequeño logro.
–¿Y ahora qué? –preguntó en voz baja; dejó de sonreír, verdaderamente parecía algo perdida.
–Yo diría de volver al claro y cargarnos más imperiales –contestó Levi como si nada–, pero ni tú ni yo tenemos armas, así que… Además, ya hemos cumplido nuestro objetivo.
Pensó por un momento en quienes habían cumplido pero ya no se encontraban allí. Meneó la cabeza. "Ya habrá luego tiempo para lamentarse."
–Lo que tenemos que hacer es salir de aquí –continuó.
–Sí, creo que podré… –empezó ella.
–No, soldado Ral –la cortó Levi–. Nada de "creo que"… Vas a salir de aquí.
Su tono no admitía réplica y Petra no hizo ninguna. El Capitán cogió la mochila, la cerró y se la colocó en la espalda, por debajo de la capa.
"Es lo que dice ella," observó perplejo, "bastante limpia para haber estado en un campo de batalla."
Se acercó a su compañera y la cubrió con la amplia tela color verde oscuro, como si fuera un manto protector que la libraría de todo mal; al mismo tiempo, delicadamente pero con decisión, la sujetó pasando un brazo por su espalda, acercándose a ella y sujetándola con una mano por debajo de la axila.
–Ahora pásame el brazo por encima de los hombros.
Simplemente lo dijo, no fue una orden; aun así, Petra "obedeció" con rapidez. Levi sujetó con su otra mano la de ella, asegurándose de que estaba cargando con tanto peso como pudiera; así podrían andar mucho más rápido. Normalmente, el Capitán era celoso de su espacio personal y quien osaba "invadirlo" no tardaba en sufrir las consecuencias… pero ni Ral parecía intimidada, ni a él le importaba demasiado, no en ese momento.
–Hace una noche preciosa, ¿verdad? –trató de bromear–. Venga, demos un paseo, ya verás cómo enseguida te mejoras.
–Menos mal que los dos somos bajitos, ¿eh Capitán? –siguió ella en el mismo tono–. Si no, esto sería un poco incómodo.
Le extrañaban algunas de las cosas que decía, que pensaba… que sentía. Quizás era él quien había sufrido una conmoción durante el combate. Porque había otras alternativas, sí… pero le asustaban un poco. Sólo un poco.
Iniciaron la marcha, sin que se oyera otra cosa que el crujido de sus pasos sobre la nieve y, en ocasiones, el golpe de ésta al caer de las ramas de los pinos, agitados de cuando en cuando por una leve brisa. A veces, a la soldado Ral se le escapaba lo que parecía una risilla tonta; algo que normalmente habría irritado a Levi (ya le costaba a él bastante mantenerse serio), ahora en cambio sonaba a música para sus oídos.
¡Cuánta diferencia con los gritos, tiros y explosiones de tan sólo unos momentos antes! Pero en el Bosque Negro sólo había silencio. Verdaderamente parecía como si la fauna nocturna hubiera decidido seguir durmiendo, tranquilamente. El cansancio y el sueño trataban en vano de acometer a los legionarios, pero la rápida marcha los mantenía a raya; también al frío.
"No me habría importado traer guantes. Claro que, entonces, no podría sentir así su piel… su pulso."
Estaba bien, estaba viva. Se preocupaba por ella, simplemente eso. Era una buena legionaria, salvarla también suponía conservar toda su experiencia y entrenamiento, sobre todo después de haber perdido a…
"No no no. No es el momento, ahorano… Ahora se trata de escapar del Bosque Negro. Mañana será otro día, libraremos otras batallas… pero una cada vez. Contra enemigos de verdad, no contra fantasmas."
Volvió a calmarse enseguida. Con Petra a su lado, era mucho más fácil.
Levi había dicho antes en broma lo de "dar un paseo a la luz de la luna"; pero en realidad, a pesar de todo, resultaba agradable. Y seguía notando la calidez de aquel cuerpo menudo, de aquella persona pegada a él… le parecía sentirla con cada fibra de su ser, como si ni siquiera les separasen sus respectivos uniformes. "Una sola carne." Sintió arder sus mejillas al recordar aquellas palabras, que se le habían escapado a Petra.
"No nos precipitemos. Lo primero es salir de aquí, lo demás… ya veremos. Una batalla cada vez."
Sin embargo, giró un momento la cabeza para observar a su compañera. Ella seguía mirando al frente, con un brillo de determinación en sus ojos; su respiración, algo agitada, apenas formaba nubecillas de vaho que desaparecían enseguida. Le alegró ver que no temblaba demasiado.
"Podemos conseguirlo. Vamos a conseguirlo."
Luego miró hacia lo alto, hacia el cielo tachonado de estrellas, con la luna llena ocupando una parte considerable del firmamento. Levi se sintió algo mareado; de pronto, tuvo la impresión de que no había tanta diferencia entre mirar arriba y mirar a los ojos de Petra.
"Y se supone que cada una de esas estrellas es como nuestro Sol, un cuerpo celeste que emite tal magnitud de energía que prácticamente no se puede medir… Ella también, es absurdo pero a su lado no siento frío, ni siquiera en mitad de la noche, en mitad de la nieve."
Siempre había sospechado que Petra, bajo aquella apariencia gentil y casi maternal, escondía una fuerza que raramente mostraba; quizás ella no se daba cuenta, quizás sí pero le asustaba la idea…
Fue entonces cuando Levi volvió a sentir la misma aprensión de antes, pero mucho más intensa; peor aún que un mal presentimiento… como si en realidad ya hubiera ocurrido algo terrible y todavía no se hubiera dado cuenta.
Así que, cuando el Capitán empezó a hablar en voz baja con su legionaria, no lo hizo sólo por ella sino también por él mismo, para alejar de sí aquel temor inexplicable… que prefería que siguiera siendo inexplicable; por un momento, la idea de que sí había una explicación a su alcance, con sólo sumar dos y dos, le aterró.
–Míranos, aquí dando un paseo tranquilamente… –una vez más consiguió mantener la calma y su voz sonó tan imperturbable como siempre–. Cualquier diría que hace sólo un momento nos hemos liado a tiros con media Policía Imperial.
Surgió en el aire una tensión que no estaba ahí antes. Levi supo que algo de lo que había dicho…
–Ellos no van a volver, ¿verdad? –musitó Petra.
Giró de nuevo la cabeza y vio que ella tenía la mirada perdida… seguramente en los recuerdos recientes, tanto como la sangre derramada apenas unas horas antes. ¿O ni siquiera "horas" todavía?
Levi maldijo para sus adentros. Él era el primero que se había empeñado en dejar todo aquello para después… y al final había terminado provocando la misma situación que quería evitar. Lo peor de todo fue la expresión que apareció en el rostro de ella: una expresión cargada de culpa.
–Déjame adivinar –empezó a hablar con calma pero iba sintiéndose cada vez más furioso–, ahora mismo estás pensando en los demás, ¿verdad? Eld, Gunther, Auruo… Conocían los riesgos, sabían a lo que íbamos. Sí, están muertos, es lo que pasa cuando hay una guerra. Gente a la que conoces se va para siempre y ya no vuelves a verla jamás, y tarde o temprano nos termina ocurriendo lo mismo a todos. Pero ni se te ocurra cargar con una culpa que no es tuya, joder.
Se hizo un silencio todavía más intenso; casi no se oía ni respirar a ninguno de los dos, sólo el crujido de la nieve bajo sus botas, sin dejar de avanzar en ningún momento. Levi miraba obstinadamente al frente; su ceño fruncido parecía capaz de hacer explotar cualquier árbol que se interpusiera en su camino, aunque lo sorprendente era que el ardor de sus palabras no hubiera prendido ya fuego a medio bosque. Petra permanecía callada, atenta, especialmente receptiva.
"Mejor. Más vale sacarle ya todas esas tonterías de la cabeza. Que no pueda dormir esta noche, si con eso consigue descansar tranquila la siguiente y todas las demás."
–Sé que nuestros compañeros han caído –continuó con la misma intensidad–. Sé que ni siquiera hemos podido recuperar sus cuerpos y prefiero no pensar en lo que harán los bastardos imperiales con sus restos… Olvídate por un momento de la misión, de que Kenny está pudriéndose en el infierno. Olvida que han caído al menos diez de ellos por cada uno de los nuestros. Lo importante es que eran legionarios, que vivieron la vida que habían escogido, sabiendo el precio que al final tendrían que pagar por ello. Seguramente preferirían seguir vivos, pero eso no te da ningún derecho a desear estar muerta, a creer que con eso solucionarías algo o que, de algún modo, así sería mejor.
Cuando se dio cuenta de que estaba a punto de insultarla, o incluso de golpearla, se obligó a guardar silencio. Se concentró en respirar, dejando que el aire frío de la noche llenase sus pulmones. Normalmente no perdía la calma, pero ver a Petra en ese estado… sentía como si le estuvieran retorciendo las entrañas, como si todas las fibras de su cuerpo gritasen "¡así no está bien!" y él tuviese que hacer lo necesario para arreglarlo.
–Petra, ¿has comprendido lo que te he dicho? –Levi consiguió hablar con normalidad esta vez.
–Sí –se limitó a responder ella.
De nuevo el silencio, pero ya no era como el que había al inicio de la inoportuna conversación… aunque quizás no lo hubiera sido tanto. De hecho, la tensión había desaparecido del ambiente y Levi sintió que ahora podía respirar mejor; como si el aire se hubiese vuelto más limpio, más puro. También oyó a Petra soltar un gran suspiro, aliviada, como si se hubiera quitado un gran peso de encima.
–¿Sabe, Capitán? –se animó a decir–. Al principio, cuando le vi después de la batalla, por un momento creí que era usted una alucinación… pero dudo mucho que una alucinación jamás pueda ser tan grosera, desconsiderada, insensible e irritante como usted.
Levi frenó en seco, los ojos bien abiertos, y giró la cabeza tan bruscamente que lo raro fue que no se partiese el cuello. Miró incrédulo a su compañera, que le devolvió la mirada sin pestañear; sus grandes ojos azules no lanzaban un desafío, simplemente tenían ese brillo amable tan característico… pero había algo más, quizás esa fuerza oculta de la que él ya había sospechado antes. Pocas personas se habrían atrevido a hablarle así; pero que lo hiciese Petra precisamente, eso era lo que más le desconcertaba.
"Y sin embargo es ella. Como… como si fuera más 'ella misma' que nunca. ¿Será éste el tipo de cosas que ocurren en el Bosque Negro, las noches de luna llena?"
Tuvo que hacer un esfuerzo consciente para parpadear. Su intrépida legionaria sonrió entonces.
–Aunque hay otra cosa… Capitán, acaba usted de llamarme por mi nombre. Otra vez.
Él también dejó escapar un suspiro; el alivio superaba con creces su irritación. Verla así, prácticamente recuperada después de todo lo que acababa de pasar… "Como debe ser."
–Y tú sigues empeñada en tratarme de "usted" –refunfuño un poco–. Ya nos conocemos, hemos pasado por unas cuantas cosas juntos… Creo que ya es hora de que tú empieces a llamarme por mi nombre.
–Vale.
–"Vale" no. Di mi nombre.
Un instante de silencio… Estaban muy cerca el uno del otro. Ojos grises clavados en orbes azules, y a la inversa. Respiraciones agitadas. El aliento cálido de ella sobre su piel. Podría quedarse así toda la vida, toda la eternidad. Así, se sentía… bien. Más "él mismo" de lo que se había sentido jamás.
–Levi –pronunció ella al fin.
La sensación que recorrió entonces su cuerpo fue casi eléctrica. Su respiración se hizo aún más agitada. Nadie había dicho jamás su nombre de aquella manera… devorándolo primero y entregándoselo después, como si oyera por primera vez esa palabra, ese nombre, de una manera auténtica, pura; con un significado que hasta entonces ignoraba que tenía… con un significado que sólo ella podía darle.
–Petra –contestó él.
Levi jamás lo había pronunciado así… ni él ni nadie, a juzgar por su reacción; una vez más sus mejillas, claramente visibles a la luz de la luna, se sonrojaron. Sentía que quería hacer con Petra lo que ella había hecho antes con él, con su nombre: devorarla, hacerla suya… y al mismo tiempo hacerla más fuerte, entera, tan indestructible como sentía que ella le había hecho a él.
Cada uno, dando tanto como recibía del otro, y al mismo tiempo (casi parecía imposible), terminar siendo más de lo que habían sido al principio por separado.
Sí, podrían haber seguido así durante toda una eternidad.
Pero no estaban solos en aquel bosque.
Oyó… o más bien sintió una presencia.
Supo que el momento había acabado. Quizás su vida también.
Justo cuando había empezado a descubrir una manera completamente distinta de vivir.
Entonces los vio: dos ojos azules, implacables, observando desde unos árboles cercanos, entre las sombras creadas por el plateado resplandor de la luna llena. Aquellos orbes parecían brillar como un fuego gélido, con cierta cualidad salvaje, más que humana…
Petra también se había dado cuenta y miraba en la misma dirección, más sorprendida que asustada; pudo sentirlo en aquel cuerpecillo aferrado al suyo. No había duda, no había temor… y esa seguridad pareció contagiársele. Aunque recuperó la calma, Levi gruñía silenciosamente, mostrando todos los dientes como una fiera lista para lanzarse al ataque.
"Da igual si estoy desarmado, como ese desgraciado intente hacer algo le arrancaré la cabeza con mis propias manos."
Y cuando la criatura que estaba al acecho avanzó un par de pasos y quedó al descubierto… vio que, efectivamente, se trataba de un depredador. O más bien una.
"Loba," pensó el Capitán, perplejo, pestañeando un par de veces para asegurarse de que sus ojos no le engañaban.
Era un ejemplar enorme, hermoso, con un pelaje gris que parecía reflejar la luz como si de otra luna se tratase. Por su cara fina y cierto aire delicado en aquel cuerpo esbelto, se trataba de una hembra. En aquellos rasgos, tan expresivos para ser los de un animal, no había nada que sugiriese amenaza o peligro; ni orejas aplanadas, ni dentadura a la vista. La loba apuntaba hacia ellos su hocico y les miraba con curiosidad, como preguntándose qué harían esos dos a aquellas horas en mitad del Bosque Negro, en una noche de luna llena.
Muchas cosas sorprendieron a Levi: la aparición del animal y su tranquila presencia, su propia reacción al verse ante una bestia que podría arrancarle fácilmente un brazo si se lo proponía… pero lo que más le sorprendió fue la reacción de Petra.
La legionaria tenía la expresión de una niña a la que sus padres acabasen de regalar un cachorrillo el día de su cumpleaños.
–Se lo que estás pensando… –susurró el Capitán, sin quitarle la vista de encima a la loba–. Nada. De. Acariciarla.
–Oh, pero es preciosa… – la voz de Petra, maravillada, también sonó como la de una niña; alguien que aún aguardaba con ilusión todo lo que el mundo tenía que ofrecerle.
–A saber cuántos gérmenes tiene el bicho ése –replicó él, ya sin tanta solemnidad.
Si la loba se ofendió al oír aquel comentario, no lo demostró. Simplemente se les quedó mirando unos segundos más (que a Levi se le hicieron muy largos) y, después, dio media vuelta y se fue por donde había venido… pero no antes de haber inclinado ligeramente la cabeza. El legionario, alucinado, dudaba si acaso la bestia se habría despedido de ellos… o incluso si habría sido una muestra de respeto.
"Igual son imaginaciones mías."
–Petra, ¿has visto…?
–Sí.
"Pues no son imaginaciones. Joder."
Su compañera, mientras tanto, había levantado la cabeza; observaba fascinada la luna llena, su sonrisa se hizo aún más amplia… y por un momento Levi temió que empezase a aullar.
"Desde luego no sería lo más raro que ha ocurrido esta noche."
Pero al final Petra se mantuvo silenciosa, igual que la loba. Seguía sin oírse prácticamente nada en aquel bosque; costaba creer que, no muy lejos, pudiera haber enemigos implacables lanzados en su persecución. Levi se dejó llevar, se permitió observar durante unos instantes el rostro de ella… su loba; la idea le hizo sonreír a él también.
"Hay cierto parecido. Las dos brillan con luz propia."
Le costaba creer que algo tan bello, tan etéreo, pudiera ser real… y de repente volvió a invadirle aquella maldita aprensión, que no conseguía quitarse de encima y regresaba aún con más fuerza justo en ese momento. Se hizo a sí mismo una pregunta que le llenó de terror.
"¿Y si ella no está aquí realmente?"
No lo soportó más y tomó entre sus dedos la barbilla de Petra. La legionaria pareció intuir la situación y, sin necesidad de que Levi hiciese nada más, se giró hacia él. Seguía sonriente, relajada, aunque al ver su rostro empezó a preocuparse y, levantando las cejas, hizo una muda pregunta.
"¿Qué ocurre?"
"Que necesitaba tocarte," habría querido decir él. "Que necesitaba saber que estás aquí, conmigo, viva. Que no me lo estoy imaginando, incluso si parece demasiado bueno para ser cierto.…"
Naturalmente, al final no dijo nada de eso. No tenía sentido preocuparla con sus desvaríos; sobre todo, habiendo otras cosas mucho más reales de las que sí debían preocuparse.
–Si te parece –contestó en voz baja–, nos quedamos aquí todavía un rato más, para que los imperiales puedan usarnos como dianas en prácticas de tiro. O incluso podemos ahorrarles la molestia y volver directamente con ellos, seguro que nos reciben con los brazos abiertos.
Petra no se molestó, aunque sí se quedó algo más seria, y asintió con la cabeza; había comprendido. Los dos volvieron a mirar al frente y siguieron caminando, con aquel paso cómodo al que tan rápidamente se habían acostumbrado. También era cómodo, el silencio que surgió entre ellos; pero en el caso de Levi, su mente empezó a dar vueltas, a pensar en todo lo que podría salir mal en aquella noche tan absurdamente idílica.
"En realidad, ni siquiera estamos haciendo el más mínimo esfuerzo para disimular el rastro… Que nos paremos cada dos por tres para charlar tranquilamente, tampoco ayuda. Supongo que, a estas alturas, más vale rezar para que esos bastardos estén demasiado ocupados con sus heridos y sus muertos. Lo importante es salir de aquí lo antes posible, poner tierra de por medio… Vamos a buen ritmo, lo estamos haciendo bien. Sigamos así."
Petra también debía de haber estado reflexionando. Los últimos rastros de aquella sonrisa tan inocente habían desaparecido… y en su rostro ya sólo quedaba la seriedad y la preocupación; como si estuviera luchando consigo misma, tratando de tomar una decisión, "difícil pero correcta".
No se esperaba la pregunta que ella le soltó a bocajarro.
–Capitán, los rumores sobre Kenny y usted… ¿son ciertos?
Silencio. Pasos sobre la nieve, "croc, croc, croc". No se oía ni siquiera el viento entre las ramas de los pinos.
–Lo siento –recapacitó Petra–. Ha sido…
–¿Jodidamente innecesario? –replicó él sin mucha delicadeza–. Ya lo creo.
Silencio de nuevo.
–Y déjate ya de "Capitán" –continuó–. Te he dicho que me llames Levi…
–Levi –le cortó ella de repente–. Mi verdadero apellido no es Ral.
Silencio. Sólo pasos en la nieve.
–No me importa –respondió él con sinceridad, tratando de no sonar cruel–. ¿Acaso debería?
–Bueno… –Petra titubeó–. Es… complicado.
–En realidad es muy sencillo –intervino otra voz completamente distinta… una voz que destilaba odio.
Después de eso, ni siquiera se oyeron los pasos sobre la nieve.
Los dos legionarios se quedaron quietos, donde estaban, sin mover ni un músculo; como si aquella frialdad, que parecía imposible pudiera partir de unos labios humanos, les hubiera congelado el alma.
Levi tuvo que hacer un esfuerzo supremo de voluntad para poder tragar saliva; ni siquiera fue capaz de girar la cabeza hacia su derecha, de donde venía aquella voz salida de un infierno helado… quizás el lugar al que él estaba a punto de ir.
Lo que más le preocupó, sin embargo, no fue su propia seguridad. Petra, pegada a él, había perdido aquella calidez tan característica… como si ya estuviera muerta.
Como si lo hubiera estado desde el principio. Como si en realidad nunca se hubiera levantado de aquel árbol.
–Es muy sencillo –repitió la voz, sin piedad–. No vais a salir vivos de este bosque.
Lo peor de todo fue que Levi supo que eso era exactamente lo que iba a pasar.
Que era inevitable, que era su destino.
Que no vería otro amanecer.
