¡Me van a querer degollarme, trocear y verter en una poción que a Snape le vendría muy bien!. ¡Perdonad! Ya expliqué por qué la demora, y es que, la verdad, me cabreó bastante que se borraran TODOS, absolutamente TODOS mis archivos (Fics, Libros, Música, etc.)… no quería matarme, pero si quería matar a alguien (Papa Noel pagó los platos rotos :D!)

En fin, fue algo arduo (literalmente) recomponerme y avanzar esta historia dado que no me acordaba en absoluto lo que ya había terminado (bendita cena navideña, aún la tengo en la traquea xDDDD)

¡Aquí estoy de nuevo para ustedes!
(¡Hubo cambios de los capítulos originales que se perdieron, ojala les guste!)

… Capitulo largo para que se recreen xD

¡No olvidéis los reviews!

TÚ, MI ÚNICO DESTINO

2.- Toda la vida

La veía en la biblioteca, siempre. La odiaba. Metida entre sus libros, pergamino, plumas y tinteros. La odiaba. Era la perfección echa mujer… y no precisamente de medidas, pero si en inteligencia., y eso, tal vez, tal vez… le hizo odiarla más.

- ¡Ronald Bilius Weasley!

Y también odiaba a esa comadreja pobretona, que, estaba sentado al lado de ella, molestándola para que dejara de estudiar. Le odiaba.

- Herms…

OH, si, odiaba ese estúpido diminutivo de la sabelotodo, que sonaba estúpidamente dulce. Odiaba lo dulce que sonaba, hasta, en sus propios pensamientos.

- ¡Son los TIMOS Ron! –le arrebató de un zarpaso, sus preciados apuntes- ¡Tienes que estudiar, por dios!

- No lo dices eso a Harry…

Otro a quien odiar: Harry Potter. El santísimo niño que sobrevivió, y que se busco como amigos al pobretón Weasley y la sangre… sucia, Granger. Odiaba a Harry Potter. Le trajo una vida llena de pesares.

- ¡Harry tiene muchas cosas que hacer! –se levantó echa una furia- ¡Por si no sabes, esta ocupado con sus propias cosas! -empujó unos mechones hacia atrás- ¡Tú eres el irresponsable!

Momento gloria: Weasley y Granger pelados, lo que da un resultado, de, momento cumbre para perseguir, atusar, intimidar, y molestas a cualquiera de los dos, aunque esa decisión era bastante fácil de tomar.

- Una sangre sucia…

- Malfoy –giró su cuerpo con temblor, haciendo caer sus pergaminos.

- Pero que inútil.

Miró con bastante atención, como recogía desesperadamente sus cosas… sin dirigirle la palabra. Eso le molestó. Nadie se atrevía a ignorarle y mucho menos, si era, una impura, como Granger.

- ¡10 puntos menos para Gryffindor!

- ¡¿Cómo te atreves?! –se levantó inmediatamente- ¡No tienes derecho!

- ¿En serió? –la miró despectivamente señalando su impoluta insignia de prefecto.

- ¡Esa no es razón! –le plantó la cara. Draco retrocedió unos pasos- ¡Sucio hurón aprovechado, ni creas que porque eres un Malfoy, te temo!

- ¡¿Qué me has dicho?!

- ¡Ni aunque tu padre sea un estúpido mortifago me da miedo, cobarde!

- ¡¿A quien llamas cobarde?!

- ¡A ti! –caminó unos pasos más. Draco volvió a retroceder por instinto, ya que, Hermione Granger con una varita alzada era de temer, y él no era idiota- ¡Mírate como retrocedes!

- No juegues a acabarme la paciencia, Granger –alzó su varita- Puedo ser muy indulgente contigo… -¿Indulgente solo con ella? Pésimas palabras para decir, Draco ¿Qué demonios has dicho?- Sobre la brigada inquisitorial, quiero decir.

Sonrió con satisfacción maligna, cuando la castaña contorsionó sus labios hasta formar una línea horizontal y sus ojos destellaban ese odio que solo él provocaba en ella. Amaba ese brillo.

¿Amaba?

- Búscate amigos, Malfoy –sujetó fuertemente sus pergaminos y le dio la espalda. Draco se quedó algo impresionado por lo que dijo. Era fuera de contexto- Tal vez así puedas invertir mejor tu tiempo.

Sus tacones retumbaron en el pasillo y sus palabras en su cerebro.

Era verdaderamente una mujer perfecta. Era inteligente. Sin ninguna insinuación de ser grosera y con una sola palabra, le había echo callar. Perfecta simplemente. Pero nadie se tenía que enterar que para Draco Malfoy, la mujer perfecta, por su inteligencia, era Hermione Granger.

-Maldición –chasqueó la lengua- Si tan solo…

Fuera de sangre pura.

Todo su alrededor era negro. Una oscuridad que le daba miedo. Le penetraba el alma. Tenía miedo. Quería salir de ese lugar con desesperación. Odiaba la oscuridad.

- Ni siquiera sé si me necesitaras cuando despiertes…

Calidez de unas manos.

Podía sentir su existencia en un mundo. Un mundo donde se encontraba esa voz calida y suave, que le apartó de esa oscuridad. Unas manos frotándole sus adoloridas mejillas. Quería reaccionar…

- ¡Reacciona!

- ¡¿Cómo te atreves a dirigirte a mi, sucia?!

Hermione se calló y lo miró con tristeza. Draco apartó su mirada. Últimamente sus ojos le trasmitían un extraño remordimiento, y él se sentía culpable de cualquier cosa, hasta, de respirar el mismo aire que ella.

- ¿Qué quieres decir con eso, Granger?

- No lo hagas, por favor.

Sintió un remezón. ¿Le había dicho, por favor?. ¿Qué tenía de que decir o hacer?. ¿Humillarle, reírse en su cara, tratarle de lastimera… qué? Antes podía responderle despreciativamente… ¿Por qué ahora no?

- Drac… -reprimió sus labios- Malfoy… tú… -el brillo en sus ojos no eran de odio, sino de angustia, preocupación… ¿Hacia Draco?- Tú no eres como tu padre… por favor…

- ¡Y tú que sabes! –se acercó tanto a ella que podía, inclusive, ver unas cuantas pecas que le hacían ver hermosa con el resplandor de la luna- ¡¿Qué sabes tú de mi?!

- Yo…

- ¡Porque te salve del castigo de Snape, no quiere decir que me hables como si fueras mi igual, ni que te metas en mi vida como si te importase!

- ¡Me importa!

Draco se sobresalto. Estaba creidísimo que Granger estaba hablando simplemente por hablar, pero… ella estaba llorando, siempre lloraba, últimamente. Y él… él lo sabía porque la observaba cuando ella estaba sola, en las noches, como ahora.

- Mientes…

- ¿Cuándo he mentido? –se retiró bruscamente las lágrimas, con el dorso de su puño.

- Cuando los salvas a ellos.

A San Potter y comadreja Weasley. Les odiaba a ambos, por tener a alguien como Granger para defenderlos… ¿Qué demonios le pasaba últimamente? Pensaba en ella frecuentemente desde el año pasado, y no precisamente, para inventar algún nuevo insulto despreciativo… nada de eso.

Algo le apretujaba en su pecho.

- Porque son mis mejores amigos –sonrió pese a las lágrimas que aún brotaban de sus ojos- ¿Nunca lo has hecho o harías algo, por las personas que amas?

- Yo…

Palabras como: amigos y amor, juntos, nunca había escuchado ni imaginado.

- Solo lo haría por mi madre.

Indescriptiblemente la luz se hizo en el rostro de Hermione con la sonrisa que ilumino los pensamientos de Draco. Jamás en su vida vio una sonrisa tan cálida que se dirigía a él, y que estaba seguro, era solo para él.

- ¿Te estás burlando de mi?

- No –suspiró- Solo me alegra, que halla estado en lo correcto. Tú no eres como tu padre. Él verdaderamente no tiene corazón y tú si…

Tenía corazón... ella parecía conocerle.

- ¿Sabes, Malfoy?

El la miró sinceramente: sin desdén.

- No tenías que ocultarte 6 años siendo brutalmente cruel conmigo.

- No he sido brutal… -ella rió suavemente- ¿Lo he sido?

- Lo has sido.

- ¿Debo decir perdón?

A veces se preguntaba si su sarcasmo era parte de su atractivo personal o la marca de los Malfoy. Odió la última alternativa, porque lo relacionaba con su padre y odiaba a su padre, por todo, lo que últimamente hacía sufrir a su madre.

- Parece ser que el perdón no está en el diccionario Malfoy.

Intentó reír como ella lo estaba haciendo, pero lo único que le salió fue un bufido. No, definitivamente no estaba acostumbrado, es más, nunca había reído. Eso solo se podía ver hermoso en…

- Granger.

- ¿Qué?

Empezó a caminar en dirección contraria a ella. Un minuto más envuelto en su risa, y, se olvidaba que ella era sangre sucia y el un pura sangre.

- Cuando se te ocurra plantarle la cara a Snape y decir que se lave el cabello… -ella sonrió- Puedes siempre pedir mi ayuda para que no te haga nada.

¿Por qué decía lo que decía? Estaba desquiciado, seguro era la luna llena y ese aroma de flores que envolvía a Hermione, o tal vez su cabello domado por la suave brisa que entraba por el ventanal, o sus impresionantes ojos que lo miraban con un brillo diferente de los que antes había visto, o su risa, o… simplemente ella.

- Lo haré si tú no te unes a ellos, por favor.

Su voz se perdió en los pasillos.

Solo por ayudar a Hermione de Snape o con otras cosas, el estaba dispuesto a no ser parte de los mortifagos, solo…

- Por amor a ti

Unos labios tibios.

Sintió unos cálidos labios rozar los suyos, y recargarlos con una corriente eléctrica, que, recorrían las terminaciones de todo su cuerpo. Estaba reaccionando.

Iba a reaccionar por besar esos labios.

Un fuerte dolor de cabeza le dio la bienvenida y la luz encegueció su vista, o era que todo estaba de blanco, lo cual contrastaba con su subconsciente, pero igual, lo hacía sentir inseguro.

Escuchaba su propia respiración, ruidos, pisadas… pero no veía nada.

- ¡Malfoy!

Si. Estaba ciego. No veía a Potter. Aunque tampoco sería algo grato verlo.

- ¡No hables! –gimió, cuando sintió unas palmadas en su hombro, o lo que se acercaba a ese lugar- ¡OH, lo siento!

- Tienes que agradecer que no te pueda ver –el sarcasmo había vuelto a él; como la vida misma- Te hubiera estampado un buen puñetazo, Potter.

La risa de Harry Potter inundó el espacio existente pero luego se calló. Demasiado pronto para el gusto de Draco, ya que, se sentía grato al escuchar la risa de alguien, así fuera de su ex archirival.

- ¿Has dicho que no me puedes ver?

- No eres muy inteligente como para haber derrotado a Voldemort ¿sabes?

- ¡No estoy bromeando, Malfoy!

- Yo tampoco. Potter. Yo tampoco…

Un suave viento se sintió en el rostro de Draco. Se extrañó por esa sensación, pero seguro era porque había abierto las ventanas o algo por el estilo.

- ¿Cuántos dedos ves?

No, aquello no era la brisa.

- ¿Doce? Siempre supe que eras anormal.

- ¿Qué ha pasado con Malfoy?

La voz de Ronald Weasley le hizo extrañarse más. ¿Estaban todos ahí? Bueno, no, precisamente todos, su madre estaba muerta, la única persona que amaba y… ¿Hermione? También debería estar ella ahí.

Su corazón se le aceleró.

- ¿Dónde esta Hermione?

El silencio no era una buena respuesta.

- ¿Dónde está Hermione Granger? –volvió a repetir con ímpetu. No hubo respuestas- ¡HERMIONE!

- ¡Malfoy no!

- ¡¿NO QUÉ?!

- No…

- ¡Si no tienes una buena respuesta que darme no me la des, comadreja!

- ¡¿Qué te has creído, idiota?!

Se escuchó un forcejeo, y jadeo.

- ¡No, Ron, no puede ver!

El forcejeo paró, no por la noticia, aunque eso era lo secundario, ya que, Draco se había levantado, como podía, de la cama, a tientas.

- ¡Vuelve a tu cama!

- ¡Tú no me das órdenes! –envió un manotazo- ¡Suéltenme! –sintió las manos de sus opresores tenderlo de vuelta a la cama- ¡¿Dónde esta mi varita?!

- Rota…

Que su varita esté rota no ayudaba en nada a que su actitud mejorara.

- ¡Ha sido reparada, Malfoy! –de nuevo jaleo- ¡Y estate quieto!

Con un fuerte resoplido se mantuvo quieto. Le vino de nuevo unos dolores, que le iban a matar, pero tenía que sobreponerse. Quería saber donde estaba…

- ¿Hermione?

- ¿Por qué le dice Hermione a secas, que se cree?

- Deja, Ron. Mira Malfoy, lo que sucede es…

- Se ha ido.

- No he escuchado bien, Weasley –sintió que sus ojos se abrían, aunque no pudiera ver, ni supiera bien, si los había abierto- ¿Me lo repites de nuevo? –respiro profundo, calmadamente, tratando de no perder la postura- Creo que no he oído bien.

- Se has oído, Malfoy. Estas ciego pero no sordo.

- Ron.

- ¡Ha sido culpa de él, Harry!

- ¿Mi culpa?

- ¡Tuya!

Draco se sorprendió. ¿Cuánto tiempo había estado inconciente como para que le echaron toda la culpa de que ella se halla ido? Y un momento más... ¿De qué se había ido? Nada parecía encajar.

- ¿Por qué?

- Ron, le voy a decir yo. Tú no ayudas mucho, la verdad.

- Si, Ron.

- ¡Cállate, hurón!. ¡Y no me digas Ron como si fuera tu amigo!

Aquel último término hizo que a Draco se le estremeciera el corazón. Hermione le había enseñado ese significado, aunque solo fuera a finales de su sexto año, y cuando estuvo en el séptimo, no la volvió a ver… se sintió destrozado.

Pero la seguía amando.

¿Amando?

- Harry… -pidió. El aludo pareció sobresaltarse, y eso, Draco, no tenía que verlo, para intuirlo- Dime que ha pasado.

- ¿Recuerdas lo que pasó antes que te desmayaras?

- Lo recuerdo, si.

Los recuerdos se galopaban en su mente, y no le hacía sentir mejor. La verdad; lo hacían sentirse destrozado. El también hubiera querido morir, y hubiera muerto, de no ser… de no ser porque Hermione le salvo la vida.

- Ha pasado poco más de 4 meses que llevas inconciente.

- ¿QUÉ?

- Deja que Harry termine de contarlo, Malfoy.

- ¿Y que pasó con Hermione?

- A eso quería llegar… pues, ella se ha ido hace una semana…

La desesperación le volvió a invadir como un rayo que parte en dos un árbol y lo deja cenizas.

- ¿A dónde, por qué?

- Son preguntas bastante interesantes, la verdad.

- ¡¿No sabes a donde ni por qué demonios se ha ido, y me culpan?!

- No, solo yo te culpo.

- ¿Ron, me esperas afuera?

Draco empezaba a agradecer a Harry en su mente, porque si Ron no se iba del cuarto, lo iba a matar, aunque estuviera ciego, o inválido. No le importaba mucho las dos cosas, estaba con vida, e iba utilizar lo que le restase de ella, para saber de Hermione, pese a todo.

- Ahora que se ha ido…

- Suéltalo todo, Potter.

Harry suspiro y arrastró, una silla, como podía oír, Draco.

- Los padres de Hermione fueron asesinados, semanas después de que tu cayeras inconciente –Draco estaba impresionado-… por mortifagos…

- ¡Ya estaban todos derrotados!

- No todos, al parecer –volvió a suspirar- Le destrozó bastante, y solo se contentaba con venir a visitarte, aunque la verdad, ya vivía aquí… en tu cuarto.

Sonrió, y no le importaba si Potter, veía esa sonrisa.

- ¿Y entonces…?

- Venganza. Ella quiere venganza… ha ido a buscar mortifagos fugados por el mundo. Y la verdad es que no sé dónde se ha ido exactamente. No quiso decírmelo… y al parecer tampoco quería despedirse de mí… de ti si, para que te alegre más.

La sonrisa se tornó algo amarga. Estaba feliz porque fuera el centro de atención de Hermione, pero no le gustaba porque se halla ido a quien sabe donde para cazar mortifagos.

- ¡Por dios Malfoy, no te pares!

Dos brazos lo rodearon para que no se levantara.

- Mira, Potter, ni tú ni yo nos hemos llevado bien. Y no pienso hacerlo a estas alturas de mi vida, cuando mi madre a muerta pero si Hermione muere… todo muere ¿entiendes? No pienso quedarme tendido en una cama ni porque esté ciego o me falte una pierna o un brazo… o lo que sea. La buscaré por todo el mundo, y no necesito tu ayuda. Pero si interfieres…

Los brazos se volvieron apoyo.

- ¿Desde cuando?

El se apoyo de los brazos.

¿Desde cuando la amaba? O mejor dicho ¿Desde cuando se había dado cuenta que la quería para él? No, no era en séptimo año, cuando la extrañaba horrores. No era en sexto año, cuando se daba cuenta que pensaba en ella mas de lo debido. No era ni en quinto, cuando trataba de negarse a si mismo lo que sentía por ella… era cuando estaba en primero.

- Desde…

Estaba siendo irrazonable. Inconciente, idiota. Perdió la cabeza. Aunque no estaba muy por la labor de echarse todo lo contrario en sus actos. Porque según él, mirarla era algo que solo él: Draco Malfoy podía hacer… si había algún otro mirándola, le echaba un hechizo, y no hablamos de los que te hacen crecer la oreja.

- Insoportable.

- ¡Si no quieres no lo hagas, Malfoy! –le tiró la bandeja en su cara, lo cual no le dio de lleno por reflejos instintivos- ¡Yo tampoco disfruto tu compañía, que lo sepas bien!

- ¡No me alces la voz, atrevida!

- ¡La alzo cuando se me pegue la regalada gana!

- ¡Sangre sucia!

- ¡Invéntate uno mejor, hijito de mami!

- ¡Te atreves tú… Everte Statum!

- ¡Protego!

La colisión de ambos hechizos los hizo retroceder a ambos unos cuantos pasos, aunque a Hermione la hizo derribar, haciendo que Draco se burlase de ella de manera preponderante.

- ¡Inepta! –se acercó a ella, cuando se paraba con agilidad- ¡Has ensuciado mi uniforme, sucia!

- ¡OH, ensucie tu uniforme, qué lastima!

Draco la miro como si le apestara la nariz. La despreciaba, la odiaba… sin embargo la miraba… porque la odiaba. Y la odiaba más, porque por su estúpida culpa, estaba en un castigo, con ella ¡Con una sangre sucia! Tendría que bañarse miles de veces.

- ¡Pagarás caro tu osadía, mugrienta! –le espectó- ¡Mi padre te botará de Hogwarts!

- ¡Nadie puede botar a nadie!

Había miedo en su voz, Draco, lo percibía. El miedo de las personas le hacía sentir superior, y viniendo de una impura, era algo, de lo cual, disfrutar.

- Una hija de muggles, no sabría, claro –se acomodó su capa con bastante arrogancia y elegancia. Hermione siguió sus movimientos con aprehensión- ¿No lo sabes, eh?

- ¿Qué eres un cabeza hueca?

- Mi padre, Granger –pasó deliberado aquel insulto- Mi padre es directivo de Hogwarts… haber que puede hacer con tu caso… una hija de muggles, bastante agresiva, que…

Una gran bofetada fue plantada en su mejilla coloreándola de rojo, en su pálido rostro. No se lo creía. No se lo pasaba… ni siquiera se había dado cuenta de los cinco minutos que habían transcurrido desde que Granger le dejo en aquel cuarto.

Nunca nadie se atrevió a hacerle aquello.

- Granger…

Apretó los músculos de su mano, decidido a hacerle la vida imposible.

Sonrió.

Lo recordaba muy bien. Desde aquel día, la molestaba, la perseguía con el único propósito de humillarla. Lo que no se había dado cuenta, es que, aquella obsesión lo llevo a pensar en ella mas de lo normal… lo llevo a enamorarse de ella.

-… toda la vida.

Harry sonrió, pero como Draco no podía verlo le palmeo la espalda.

- Tenemos que ver eso de que no puedes ver.

- Primero lo primero, Potter.

- ¿Y qué es lo primero?

Draco se irguió con dificultad, pero lo hizo orgullosamente.

- Hermione –sonrió de lado- Hermione siempre es lo primero.

Eso le sorprendió a Harry: Estaba seguro que esa persona que se apoyaba en el, no era el Draco que conoció en su primer año. Ahora era el verdadero Draco, que se mostraba como siempre hubiera querido hacerlo, sin ninguna barrera.

Era el mismo.

- Cuando la encuentres; hazla feliz Malfoy, o cavaré tu propia tumba.

- Cavare la tuya como no alejes a Weasley de mí, cuando pase la puerta.

- Es un trato entonces.

- No, Potter… yo haré feliz a Hermione, con o sin trato, así que tú aleja a Weasley de mí, o empieza a escoger el color de tu nicho.

- Me gusta el negro, que sepas.

Con un empujón suave, la puerta se abrió, y el bullicio imperó con la risa de Harry y Draco. El personal del hospital que se encontraban afuera nunca pensó que aquel chico rubio había despertado y que se encontraba riendo como en día de picnic.


¡Bueno!. ¿Qué tal les pareció?
¡No me echéis rocones please! XDDDD

- Ya saben que cuando escursiva se trata del pasado.
- No sé si los ciegos ven todo negro o todo blanco. Pero tendrán que diferenciar cuando duermen, de cuando están despiertos ¿no?
- Por cierto, el Everte Statum, es el hechizo que Draco utilizó con Harry para derrumbarlo en el club de pelea, de Gilderoy Lockhart.

¡Esperen los demás capítulo por fa!

Gracias a los que han estado pendientes si actualizaba, y perdonad de nuevo por mi irresponsabilidad (aunque fuera de otra cosa) ¡No les dejaré la historia a medias, es una promesa!

¡Reviews please!
(Críticas constructivas T-T!)