¡PERDONADME!
En serio que si, pero no me echen a mi toda la culpa ¬¬… regresé a mi apartamento, y me doy con la sorpresa, de que no hay Internet ¿por qué¡Porque la señora encargada de ver mis cuentas, se olvido de pagarlas a tiempo! Así que, no he tenido señal de vida interniana (¿?) ¡Pero ya volví mas fuerte que nunca! xDDDDD

Capitulo de pensamientos compartidos, así que será bastante extenso (cerca de 20 paginas, así que disfrútenlo) y confuso. ¡No es el final porsiacaso! Falta un capítulo más con epílogo incluido, como dios manda y me despido de ustedes, y gracias por su apoyo y compañía.

La última parte, después del última vuelta al pasado, pongan la canción I don´'t wanna close my eyes deAerosmith(si gustan por youtube) yo sé porque se los digo o.-

TÚ, MI ÚNICO DESTINO

3. Te amaré, siempre.

- ¡¡¡Hermione apártate!!!

El hechizo voló cerca de sus narices, haciéndola perder la estabilidad y cayendo sobre la nieve pisoteada y casi derretida. No había estado concentrada en esa emboscada, y tenía que estarlo, porque eran los últimos mortifagos más avezados.

- ¡¡Owen, no!!

Corrió como pudo al cuerpo tendido de la persona que se había vuelto como un padre para ella, en esos meses. No quería perderlo. No lo podía perder. No justo ahora que se había vuelto su único familiar para ella. Que había llenado, quizás, ese espacio hueco en su corazón. No ahora… no lo soportaría.

- ¡Owen! –susurró.

Las lágrimas cayeron sin esfuerzos.

- ¡Hermione, Hermione! –gritó alguien- ¡Aquí está, aparezcan!

Enseguida a su alrededor aparecieron varios magos con varitas alzadas que empezaron a registrar todo el espacio y a entrar en una casa abandonada, como tropas militares mientras, gritaban personas en su interior.

Había una batalla.

Pero a Hermione no le importaba la dichosa batalla. Ya era suficiente para ella. Primero Draco, luego sus padres y ahora Owen Dunne, el hombre que era como su padre. A quien quería… y ahora, estaba muerto.

Muerto.

La palabra retumbaba en su cabeza haciéndola perder el control de sus actos y gritar enfurecidamente descargando puñetazos en el piso congelado. Ni siquiera las manos que la sujetaban doblegaban su desesperación.

- ¡Para, Granger!

Estaba Muerto… muerto.

- ¡GRANGER!

El estaba muerto. Como sus padres… quizás Draco también.

Draco.

El recuerdo de ese hombre alto, de piel pálida, ojos grises siempre entornados, cabellos platinados engominado hacia atrás, y ese aire malditamente arrogante y desdeñoso que siempre tenía… ese era su recuerdo.

- ¡TE DIGO QUE PARES!

Un simple recuerdo.

Porque ahora… ahora él se encontraba postrado en una cama sin dar señales de vida. Sin querer despertarse para que ella pueda amarlo, y si es que no la amaba, lo quería ver feliz.

¿Feliz?

No había felicidad en todo lo que veía. Ya no lo hay.

- Terminó aquí.

- ¿Qué…?

- ¡Está muerto!

- ¡Demonios, Granger! –la zarandeó- ¡Entregó su vida por ti!. ¡Porque te quería como su propia hija! –dejo de zarandearla y la abrazo- Hermione, todos sabían el cariño que se tenían. Todos…

- ¡No sirvió de nada! –lloró amargamente en su hombro- ¡No sirvió de nada!

El hombre la dejó de abrazar y la alejo con sus manos, aún en sus brazos.

- ¿No sirvió de nada? –la voz era seria y Hermione temió que le diera un gran golpe, pero no fue así- ¿Piensas que su sacrificio no sirvió de nada? –apuntó su varita hacia la casa- ¿En verdad lo crees?

Hermione que se había ausentado de la realidad, se dio con la sorpresa que los gritos habían cesado y en su lugar, varios magos, que comprendían el refuerzo, salían con sus ropas desgarradas y tras de ellos, y escoltados por otra tropa, varios mortifagos, bastantes lastimados.

- Owen te entregó su vida para que seas feliz y te vuelva la sonrisa.

¿Feliz?

La felicidad comprendía exactamente en ser feliz. Y ella se sentía desmoronada, abatida, destruida. Aquello no era felicidad. Era tristeza. Era lo peor de todo.

Cuando Ron se fue diciendo que ella se interesaba más por Harry que por él, le destrozo el corazón. Hubiera querido decir la verdad de que no era por ninguno, que era por Draco, que lo extrañaba y que esos días que lloraba, no era por Ron, era por Draco, porque era como cuando se despidieron del sexto año, y nunca más se volvieron a ver.

Lo extrañaba.

- Hermione…

Se enjuagó los ojos con la manga de su túnica, pero no se volteó a ver a su amigo, sino que permaneció ahí, sentada, haciendo su turno de vigilancia.

- Hermione… yo… yo lo siento, en verdad, por…

- Harry –quería decirle por qué estaba triste y no ocultarse tras una mentira- Tú no eres el culpable de nada, Ron se fue, estoy triste por eso, pero no es por eso que me siento así…

Harry observó a su amiga mirar el finito y sintió una inmensa curiosidad cuando ella se giro para verlo. Con esos ojos sabios y acaramelados que la hacían quererla como si fuera su propia madre.

- ¿Qué es lo que te pasa, Herms?

- Si te lo dijera, no me comprenderías, Harry, solo quiero estar sola, para darme fuerzas a mi misma…

Sabía que Harry era un muchacho comprensivo, y se lo diría si no fuera porque se sentía cobarde de ese propio sentimiento. Algo que la avergonzaba porque se supone que era una Gryffindor, pero ahora no valía la pena recordárselo a sí misma.

Suspiró cuando ya no había nadie a su rededor.

- ¿Será que te amo tanto?

Sería eso, porque no le encontraba más significado. Pensaba en él a la distancia, hasta olía su aroma en su ausencia, y extrañaba su presencia, cuando no le decía nada.

Miro la luna en todo su resplandor y solamente rogó que él también lo viera en esos momentos.

- Draco…

Pero en esa tienda de campo, ocultándose de todos, de magos, de muggles, de mortifagos y hasta de Voldemort; también tenía que ocultarse de sí misma, sus propios sentimientos. Eso era algo que más le dolía, por sobre todo.

No había felicidad en este mundo. No al menos para ella, porque solo podía estar sola, y sola no hacía mal a nadie, ni nadie moría por ella. Todo se reducía a algo.

Soledad.

Así sentía en esa fría mansión. Era eso. Fría, silenciosa y tenebrosa. Aunque no la veía, la podía recordar. Y como la recordaba, veía a él, su padre, su madre y esos momentos en que no le agradaba para nada.

Odiaba ese lugar.

Aunque tal vez no estaba tan solo como creía. Estaba Hermione, y sabía que estaba con vida en algún lugar, donde él la encontraría. No estaba solo del todo. Su pensamiento era ella. No estaba solo. Tenía que hacer algo inmediatamente, y lo iba a hacer sin importar que tropezara.

Se levantó del sillón y teniendo buena memoria de donde encontrar la salida, se dirigió hacia ese lugar, dándose varios trompicones.

- ¿Pensabas salir a algún lugar, Malfoy?

Draco creyó que Harry Potter, era el ser mas oportuno de toda la faz de la tierra, porque era a él a quien quería buscar para tener algo más de información.

- Desconozco como has entrado a mi casa, Potter.

- Lo deberías saber, por eso mismo vengo. Kingsley quiere conversar contigo varios asuntos con respecto a… -Harry dudó en decirlo pero Draco ya lo sabía, porque esbozo una sonrisa amarga- Si, a lo de tu padre, Malfoy.

Ya lo sabía. Eso era el punto. Tenían que aclarar todo, y todo significa a limpiar su nombre y su dignidad, porque Kingsley lo sabía; sabía todo porque era el nuevo ministro de magia y…

- No puede ser.

- ¡¿Qué?!

Draco contempló sus pensamientos y sonrió con bastante alivio. Su respuesta era Kingsley. El sabía donde podía estar Hermione, eso era seguro. Ahora estaba un paso más adelante de su busqueda, la otra era traerla consigo.

- ¡¿Malfoy te sucede algo?! . ¿Qué te ocurre?

- Todo, Potter –sonrió más cuando presentía que Harry estaba confundido con sus palabras- ¿Decías que Kingsley quería verme?

- Sí –por la voz, estaba dudoso- Sabes que eres raro ¿Verdad?

- Y lo dice alguien que tiene una cicatriz en forma de rayo.

Harry rió con ganas, la verdad es que su sarcasmo era notablemente más llevadero y divertido de cuando se conocían antes. Parecía que Draco hubiera querido salir de un cascarón y ahora lo hacía a su gusto.

Pero era más que eso. Draco lo había demostrado antes.

- Hermione –susurró su nombre, sabiendo que Harry lo escucharía- Kingsley debe saber el paradero de Hermione.

- Si, puede ser…

- Claro que lo es –aquella respuesta le exasperó- ¿Por qué dices lo contrario?

- No digo lo contrario, Malfoy, pero Kingsley si lo supiera, no te lo diría.

- ¿Por qué no?

- Porque… porque, seguramente sería algo secreto. Además no eres precisamente alguien en quien pueda confiarle esa información.

- Yo no he hablado de alguna información, Potter. Es un hecho.

- Como sea.

Había algo misterioso ahí. Lo sabía porque Harry Potter, no era alguien que supiera ocultar las cosas, aún así no lo viera, porque lo podía escuchar, y eso bastaba.

- Me andas ocultando algo, que yo no puede ver… estas aprovechándote, y yo lo que necesito, es saber donde está Hermione; no me importa lo demás. A ti también te debería importar más aún que yo… ¿No son mejores amigos acaso?

- Malfoy, no es…

- ¿No te ha salvado cuantiosas oportunidades?

- Contigo también lo hizo.

- …por ejemplo; en el departo de misterios, cuando fueron por algo especial…

- ¿Tú como sabes eso?

- Lo sé, Potter, porque ella me lo contó.

El hall se inundó de un silencio quebrantable.

- Ya me temo del por qué Hermione se mostraba triste y a menudo lloraba en silencio, cuando no estuvimos en Hogwarts… era por ti. Ahora lo comprendo.

Una sensación de fortaleza y vigor le invadía. Aquella información era bastante bien recibida por Draco, esforzándose de no dar brincos de felicidad.

Las rondas de prefecto, lo daba solo, en la oscuridad y siempre recorriendo el mismo pasillo que solía recorrerlo con Hermione. Solo así, tal vez, calmaba esas ansias por saber de ella y mirarla, aunque no la pudiera abrazar. Sentía su exquisito aroma impregnado en el mismo muro en la que ella se apoyaba para observar mejor el reflejo de la luna, y él la contemplaba como si ella fuera su sendero.

La extrañaba.

- ¿A dónde te fuiste?

Era siempre la pregunta que se hacía mentalmente. ¿A dónde era que se había ido? Sin siquiera despedirse de él, ni siquiera se acordaba. ¿Se había olvidado de él?. ¿De su extraña relación amical que tenía? Eso lo embargaba de tristeza.

- Ojala no fuera así –murmuró llevándose el viento, sus palabras.

Observó la luna en todo su resplandor: el rostro de Hermione riendo.

- Me estaré volviendo loco –sonrió de medio lado- Aunque si esto es principio de locura… ya quisiera ser un demente.

Cerró sus párpados lentamente esbozando una sonrisa pacífica y la volvió a abrir, para ver todo claro, pero un claro que lo hacía sentir seguro de todo. Esa seguridad que te hace volver toda esperanza antes reducida, y ahora enarbolada.

Esperanza.

- La esperanza es lo último que se pierde, en esta vida, Hermione.

Si la esperanza estaba en perder todo para tener aún la esperanza de aferrarse a algo, entonces eso era ser irreal. Y ella no era ninguna soñadora. En lo absoluto, aunque le gustaría ser, del tipo como Luna Lovegood, que todo lo veía con un rayo esperanzador.

- No la hay, no la hay…

El hombre se terminó de desprender de Hermione negando con la cabeza y poniendo una cara bastante irritable, del cual, la castaña temió. Sin embargo no comentó mas nada, sino que empezó a dar órdenes a los magos que habían capturado a los mortifagos.

- ¡Señor! –vio venir una bruja con túnicas desgarradas pero bastante satisfecha- ¡A sus ordenes!. ¿Qué es…?

Pero de nuevo la realidad la golpeo. La bruja se había dado cuenta del cuerpo del ministro de Irlanda tendido en el suelo y se acercaba a éste, con paso mecánico y sombrío.

Hermione lloró.

- ¿Por qué lloras?

Aquello la sorprendió. Mas aún con la sonrisa cálida que mostraba la mujer. Estaba tranquila, como si estuviera aliviada luego de un gran susto. Tuvo que hipar fuertemente, con bastante indignación, para responderle con furia.

- ¡Está muerto¿No lo ves?. ¡Me salvo… el hechizo voló… el me voto… y…!

- ¿Muerto?

Hermione junto con el otro jefe Auror, observaron como la mujer se acuclillaba, se sacaba la capa raída y la acomodaba en la nunca de Owen. El resultado los dejo bastante estupefactos, al comprobar que el pecho del ministro subía y bajaba lentamente, con un vaho de vapor que emanaba de su boca, de manera poco perceptible.

-… h… her… her…mio… ne…

No lo podía creer.

Procuraba que sus sentidos no se hubieran entumecido con el frío ni, que su cerebro le jugara esas visiones de tener la esperanza, de volverlo a ver. De no haber caído en la locura, si era cierto que esa voz era de Owen. Porque si lo era; era un milagro.

- ¡¡Un contingente para llevar al Ministro al Hospital!!

Las voces y los movimientos se hacían demasiado rápidos para Hermione que se veía arrodillándose lentamente y quedando a la altura de Owen, para mirarlo de cerca. Sentirse segura de que todo era real.

- Her… hermio… ne…

- Owen –susurró, llorando nuevamente- ¡Estas vivo, gracias a dios, estás vivo!

La felicidad la volvía a embargar como energías renovadas, con ganas de saltar de gritar a garganta viva, la dicha que era volver a tener a una persona tan especial como Owen. De sonreír como recordaba que lo hacía con sus amigos, que se encontraban lejos, como era en los mejores tiempos. Como lo hacía con Draco.

Le gustaba el aire fresco de la tarde, cuando desde la posición de ese árbol, también podía ver el ocaso. Le fascinaba. Le hacía sentirse tranquila y a la vez llena. Le gustaba ese descanso, aunque a ella le gustase estudiar, también se daba sus pequeños placeres.

- Oye…

Hermione se sobresaltó de sobremanera y tuvo que calmar sus ritmos cardiacos en respirar y botar el aire, acompasadamente, mientras se giraba con reproche a quien la había sacado de sus pensamientos.

Se sorprendió al verlo que la miraba.

- Tampoco es para tanto, Granger.

- Si que lo es –frunció un poco el entrecejo mostrando su desacuerdo- Estaba concentrada…

- Como de costumbre.

Le iba a contradecir por esa interrupción pero aquella sonrisa arrogante, que por primera vez había visto en él, la hizo flaquear en lo que diría; para solo verlo a él.

Deslumbrante como una estrella.

Tuvo que hacer un denodado esfuerzo por no sonreír como una boba, más aún cuando el platinado se había hecho un espacio en el pasto y se estaba sentado a su lado.

Su aroma. Su roce. Su presencia. Su todo.

- T-tú… ¿Qué has hecho?

- ¿Qué es esa pregunta? –Hermione se maldijo a si misma por ponerse colorada, pero Draco no la había visto- Ya veo porque estabas tan concentrada.

Por sus ojos grises admirados, podía ver reflejado del ocaso. Y jamás de los jamases, había visto que el morir del sol en el horizonte se veía tan hermoso en esos ojos grises.

Sonrió.

- Es hermoso.

Aunque no solo la vista del ocaso, sino la compañía, y obviamente su acompañante. Por esa tarde como esa, podía esperar miles de años. Podía ser paciente y acceder a toda petición, por estar ahí, si fuera en miles de encarnamientos.

Podía esperar si había posibilidades, y ahora, podía esperar si había esperanzas. Esperanzas solo, de volverlo a ver, de que la esperara para ver ese ocaso, juntos, tal vez, algún día. Y no importaba que los días pasaran, si estaba ahí las esperanzas, intactas.

- ¿Hermione Granger, es usted?

- Si –se paró- ¿Ha sucedido algo con el ministro, cómo ésta, ya despertó, se encuentra bien?

- Si, si, tranquilícese –la enfermera la obligó a calmarse, sonriéndole con cariño- Se ha levantado hace unas horas, es bastante fuerte… por algo es nuestro ministro.

Hermione asintió con una ligera sonrisa orgullosa.

- ¿Cómo está?

- Bastante bien, pero es mejor que usted lo vea, porque ha preguntado por usted y la que quiere ver ahora mismo –hizo una leve reverencia con esa sonrisa amable- Si me disculpa, debo atender otros pacientes.

Cuando la vio desaparecer por el mostrador, se dirigió hacia el cuarto donde se encontraba Owen. No esperaba poder verlo y abrazarlo, después de tenerla días de días en una situación expectante y de nerviosismos, no esperaba más que otra cosa: decirle que se sentía vacía cuando estuvo a punto de pederlo.

- Niña...

El solo verlo fue suficiente para que la castaña comprendiera algo. Algo que le hizo recordar la misma situación, pero en otro hospital. En Inglaterra. En una camilla. Un paciente que no se despertaba, que estaba en coma… que probablemente nunca despertaría que… seguramente viviría así por siempre. Y ella se sentía incapaz de hacer algo. Eso era un único sentimiento.

Impotencia.

Los días iban pasando y no había llegado a nada en concreto con el ministro. Y eso, eso lo llenaba de impotencia. No confiaban en él, aún así fuese declarado inocente y su apellido fuera limpiado. De que él no tuvo ninguna relación con ser mortifago, y del solo pronunciar esas palabras, le hacía recodar a Hermione, de que gracias a ella, no calló en ese pozo oscuro y de… que no podía hacer nada para hallar su paradero.

- Maldición –gruñó.

Se sentía impotente de no hacer nada y más aún de estar ciego. Sumado todo, se sentía inútil ¿Acaso Hermione le seguiría amando, aún así la encontrase? Probablemente sí o probablemente no. Pero el la amaba cada día que pasara, cada día que la recordaba vivamente en su memoria, desde que la conoció. ¿Cómo no enamorase de una persona como ella? Era imposible. Así como era imposible saber su paradero. Pero…

- Nunca –se levantó a tientas.

No se iba a dar por vencido. Aún así se durmiera en las puertas de la oficina de Kingsley, cosa que lo estaba haciendo aún así perdiera el orgullo. A ver si un poco de piedad le hacía revelar la verdad.

Agudizó sus oídos cuando escuchó voces en el pasillo.

- Ministro.

- Malfoy –escuchó la voz de Kingsley, bastante exasperada pero también, impresionada-. Esto es el colmo.

Draco recibió lo último como un halago.

- Uno hace lo necesario por saber dónde está Herm…

- No –lo interrumpió con voz potente-. Lo siento mucho Malfoy, pero no tienes ningún derecho a saber u obtener esa clase de información –El platinado abrió la boca, pero Kingsley se adelanto a su despacho-. Ahora debo atender otros asuntos.

No lo iba a dejar así.

- Me niego.

- Malfoy, es suficiente.

El aludido se impresionó. Sabía de quien era esa voz. ¿Qué hacía Potter con el ministro? Ah… bueno, ser el nuevo jefe de los Aurors significaba un trecho más íntimo. Y si era así, Potter también sabía algo y se hacía el tonto con él, a pesar que Draco le pedía ayuda.

Tanteó con su sentido y supuso que Harry Potter se encontraba a la derecha de Kingsley así que lo miró con enfado.

- Potter –lo saludó tratando de no sonar molesto-, que gusto verte por el ministerio seguido del ministro, supongo que tu nuevo cargo sugiere guardar secretos ¿Verdad?

- Malfoy, no es lo que tú…

Pero Draco ya no lo estaba mirando sino que se había dirigido a Kingsley.

- …el ministro me va a escuchar claramente y quiero que sepa que estoy dispuesto a dejar todo, si es necesario, por saber su paradero. No me importa nada. Solo ella.

Se hizo un silencio incómodo en el que Kingsley había tomado la perilla de la puerta y lo giro con un fuerte chirrido, que puso a todos sobre aviso. Pero era más que eso, Draco intuía que Kingsley había hecho unas señales a sus guardias porque escuchó, que éstos, se alejaban a tropel.

- Harry –habló en tono más bien, gentil- Creo que debes hacerte cargo de todo, como habíamos acordado ¿Te parece?

- Claro, como no.

Ni bien escuchó que Harry se despedía del ministro, algo dubitativo; Draco se encaró a Kingsley, bastante decidido.

- ¿Por qué usted es tan…?

- ¿Lo dejarías todo por esa información? –lo interrumpió.

Un momento de silencio en que el platinado parpadeo, conciente de que se había perdido de algo en un punto de la conversación anterior, pero entonces se dio cuenta que era lo que él había ofrecido segundos antes.

No lo dudaría ni un segundo.

- Todo.

- ¿Tu Mansión, tu oro, tu apellido, hasta la túnica que llevas puesto?

Quizás era una prueba, pero si no lo fuese, o si en verdad lo fuese; él hablaba claro porque igualmente lo dejaría todo. Todo por ella, que era más grande que todo lo que poseía junto.

- Absolutamente.

- Dunne tuvo razón, entonces.

- ¿Perdón?

- Pasa a mi despacho, Draco –el platinado se sorprendió por la manera que lo llamaba- Para entrar en confianza. Ya no hay un mago oscuro que temer, no hay prejuicios de sangre, y si lo hay, no se nota… ¿Por qué la buscas si tú eras partidario de todo eso, o quizás hasta ahora lo eres?

Draco sonrió mientras pasaba.

El viento llevó a sus fosas nasales aquel aroma inigualable de esa persona y condujo sus pasos hasta la salida de Hogwarts, ahí, en un árbol apartado pudo distinguir a una castaña de cabellos domados en bucles, recostada en el pasto, contemplando el horizonte, ensimismada en el paisaje.

¿Cómo poder evitar no mirarla?

Era ya toda una joven de 17 años, bastante hermosa, inteligente, prudente y valiente, como la destacaban en su casa de proceder. Estaba seguro de todo, de todo lo que sentía y le hacía pensar.

- Oye…

Aquel sobresalto de la castaña le hizo divertirse. Sobre todo sentirse insuficiente ante aquella reacción débil, algo raro en ella, por lo que no pudo evitar burlarse con una sonrisa socarrona.

Aunque tampoco era para que se pusiera de esa forma tan alarmante.

- Ni que fuera para tanto, Granger.

- Si que lo es –la vio fruncir el entrecejo y eso le divertía más- Estaba concentrada…

- Como de costumbre –la atajó.

No le dio oportunidad a que dijera más mientras tomaba asiento al lado de ella, arrellanándose en el pasto, y sintiendo el fresco aire rozar su piel. Era magnifico. Todo era grandioso en ese momento.

Ella. Su presencia. Estar a su lado. Compartir ese momento.

- T-tú… ¿Qué has hecho?

- ¿Qué es esa pregunta? –le desconcentró un momento para clavar su vista en el horizonte y mirarlo con interés- Ya veo porque estabas tan concentrada.

Ahí en el horizonte se perfilaba ese cielo anaranjado rojo, con brazos de nubes que se extendían en todo el cielo prolongando la agonía del sol en lo lejano. Como si no quisiera dejar brillar, como si se revelara ante la naturaleza de esconder su belleza. Para al fin y al cabo, volvería a la mañana siguiente con su calor abrasador y…

Se sobresalto un poco al sentir un peso en su hombro

- ¿Qué fue…?

Al verla apoyada en su hombro, con sus ojos cerrados y suspirando lentamente y bajo, solo pudo mirarla, no sabía cuanto tiempo, solo la miraba. Miraba su rostro, el fino trazo que recorrían sus cejas sabias, el perfil de su nariz y el inicio de la comisura de sus labios.

Sus carnosos labios.

- Tendría que… pero…

Sacudió su cabeza y la tendió en el pasto delicadamente, como merecía que la tratasen. Era una belleza, simplemente con el trasluz agonizante en todo su cuerpo perfecto.

No lo podía resistir ahora.

Acercó su cuerpo sin aplastarla y solamente rozó sus labios con la de ella por largo rato, quizás tan prolongado que durmió en los más tiernos y cálidos labios que jamás probó.

El recuerdo más maravilloso que tenía. Quizás, bastante escondido en su ser, y el último que tenía de ella, luego de ya no verse en séptimo grado. Seguro lo supo interiormente que no se daría… no hasta ahora.

- Señor Kingsley, no le niego todo lo que dijo. Me siento atraído por las Artes Oscuras, y es algo que me inculcaron y por más que quisiera desprenderme, está ahí, como el prejuicio que tenía con los de procedencia muggle… pero… Hermione me enseño cosas diferentes… ella me llevó a no caer en lo mismo que mi padre… a ser diferente…

- Es una buena persona la señorita Granger.

- Es fabulosa.

Hubo un sonido de estampado en la mesa que alarmó al ojigris.

- Necesito saber –empezó a hablar Kingsley, encarando a Draco- ¿Qué piensa hacer si no la convence, si encontró otra vida, qué piensa hacer con ella si le doy esa información?

Esas preguntas solo tenían una respuesta. La verdad no le importa. Ella podía ser feliz. Había sufrido tanto o más que él y se merecía ser feliz, aunque no fuera con él. Su felicidad era todo lo que valía para estar tranquilo.

Felicidad.

- No era esa la cara que esperaba.

Aquel hombre añejo le sonría cariñosamente y Hermione se acercó hasta él, estrechándole en un efusivo abrazo que prorrumpió en lágrimas rebeldes de alivio.

- ¡Estas vivo!

- Si, si que lo sé.

- ¡Me asustastes tanto!. ¡No lo vuelvas a hacer!

Owen río quedamente aún sonriendo.

- Querida, me pides imposibles, tengo tantos años que puedo hacer competencia con cuatro generaciones completas de mi árbol familiar. ¡Pero no temas, soy duro de roer, como dicen los muggles!

Hermione sonrió pero la imagen que reflejaba Owen la hubiese querido ver en Draco, cuando lo esperaba día tras día en ese cuarto a que despertara y lo primero que viera fuese ella. Su amor, aunque mas que todo su preocupación.

- ¿Draco Malfoy, verdad?

Se sobresaltó.

- ¿Qué?

- Si, él muchacho con quien estabas cuando entre al hospital San Mungo. Era él.

Su cara debería ser una peripecia para haber dado con Draco.

- Si…

- ¿Por qué no vuelves con él? –Hermione le miro bastante sorprendida- Ya todo terminó, Hermione, todo ya terminó. Sé feliz.

Eso no era el punto. Más que toda sorpresa, había algo que no encajaba y eso era que, Owen, no sabía del nombre de Draco, ella nunca había dicho nada. Aunque en varias ocasiones se encontraba triste, jamás había dicho su nombre ni por qué estaba así. Jamás había comentado algo de su vida, solamente de sus amigos, pero de Draco, no decía nada. ¿Acaso era por vergüenza? Tal vez, tal vez por eso… porque se sabía que los Malfoy eran una familia que odiaban a los hijos de muggles, y ella era una… enamorarse de un Malfoy era contar por qué se había enamorado de él, y luego llegaría al final de todo el relato con: está en el hospital, en coma.

¿Pero que mas daba?

Owen era la persona que la había ayudado en todo y merecía saber de Draco, pero ella también merecía saber como sabía de ello.

- ¿Cómo sabes todo eso?

- Tienes buenas amistades, mi niña.

Eso solo podía significar una cosa.

- ¿Harry, Ron, Ginny, Lu…?

- No exactamente –sonrió bastante afable- Escucha Hermione –la castaña parpadeo bastante confundida- Yo he despertado desde hace una semana…

- ¡¿Por qué no me lo dijiste?!

Owen sonrió con indulgencia por ese tono.

- Porque hubiera arruinado el plan.

- ¿Plan?. ¿Qué plan?

- Si me escuchas podré decírtelo –siguió hablando con dulzura y Hermione se reprimió mentalmente por ser explosiva en ese momento- Cuando desperté quise que no te lo comunicaran, hasta hoy día… todavía no me cuestiones –sonrió. Hermione volvió a reprimirse- Cuando te uniste a nosotros, noté desde el comienzo que no eras feliz, que a pesar de todas las atenciones que te dábamos…

- Yo no…

- …tú siempre llorabas, y en alguna ocasión, cuando te quedaste dormida en el sillón, yo te cubrí con una manta y entonces dijiste "Draco"…

La cara de Hermione era todo un espectáculo tanto así que no articulaba nada.

- Quise que me informaran de ti, porque estabas tan preocupada y eso me ponía de igual ánimos… me hicieron saber toda la historia y entendí por qué siempre estabas triste. Pero no esperaba que me lo dijeras, te entendía, yo también al igual que todos, sufrimos pérdidas… pero el alejarnos de lo que es seguro para nuestra felicidad, nos entristece.

- ¿Por… por…?

- Kingsley –respondió- Me mantuvo al tanto de todo.

Hermione ocultó su mirada. Seguro eran malas noticias de todo.

- Llevaba inconciente más de…

- ¿Si? Bueno, no es lo que me dijo, porque lo que me dijo, es que, había despertado.

A Hermione le iba a estallar el corazón si es que había escuchado bien.

- ¡¿Despertó?!

- Hace dos semanas, aproximadamente.

No lo podía creer. Estaba despierto. Había sobrevivido, estaba sano.

- Sin embargo, Hermione, debo decirte que no está del todo sano –aquello le despertó temor- Quedó ciego.

¿Ciego?

Es decir, no podía ver. No la vería. No verían los ocasos. Seguro ni siquiera la reconocería si lo viese, y si… seguro tampoco la recordase, entonces quería quedarse por siempre en ese lugar, para no sufrir.

- ¿No dices nada?

¿Qué decir?

Estaba alegre, pero a la vez triste. Era una antología de sentimientos, y todos confusos. Si tan solo viese y supiera que estuviera bien, que estuviera tranquilo. Nada más que eso, no pedía más. Sería feliz.

Quizás.

O no.

- Me quedaré aquí –su voz tembló por aquella decisión- Tú me necesitas, estaré a tu lado.

- No, Hermione ¿No lo entiendes verdad?

Había sacado de una mesita cercana, una bola bastante parecida a la que la había transportado hasta Irlanda. Y si no le fallaba la memoria, se trataba del mismo.

- ¿Crees que en la felicidad eterna nunca hay obstáculos, Hermione?

La aludida no contestó.

Se puso a analizar. Analizar esas palabras, como siempre lo hacía. La felicidad eterna y los obstáculos. Porque siempre había una gran obstáculo para su felicidad. Siempre.

...I don't wanna close my eyes...

Para llegar a la felicidad de ambos, había, siempre pasado muchas cosas, todas poniéndolos a prueba, desde el principio, pero a la vez, acercándolos sin que ellos mismos se dieran cuenta. Acercándolos a estar siempre juntos.

La noche llegó con el aire un poco más fresco que de costumbre, haciéndolos juntarse más, quizás no se habían dado cuenta, que el calor de sus cuerpo juntos, los hacía abrigarse, reconfortarse y estar seguros.

- Draco…

Draco parpadeó sobresaltado cuando oyó la voz de Hermione bastante cerca de él. Y era cierto, estaba a solo milímetros de sus labio, bastante cerca, estaban casi entrecerrados… y estaba dormida ¿Estaba soñando con él o algo por el estilo?

No pudo evitar sonreír por ello.

- Hermione.

La movió para que se despertara. Debía de ser bastante impresionante, sorprendente o espeluznante haberse quedado dormida junto a Draco Malfoy, cuando ella sabía perfectamente que a veces, él no podía con su arrogancia y cinismo, a pesar de que se trataban mejor… o peor aún, porque era una tentación para ella.

- ¡Me quede dormida!

Se levanto rápidamente alisando su uniforme y arreglándose el cabello, la verdad estaba bastante avergonzada como para ver a Draco a la cara, no lo podía ver y enfrentarse a esos ojos grises que penetraban hasta su alma.

- Yo también me quede dormido –susurró, viéndola enrojecer mientras sacaba las hojas de pasto en su falda- ¿No piensas subírtela para el año que viene, como despedida?

- ¡Desvergonzado!

Draco no pudo evitar reírse. Era solo un comentario sano, nada del otro mundo, porque Hermione llevaba el uniforme muy por debajo de las rodillas, y aunque eso no le quitaba puntos, igualmente, sería mejor si la tuviese algo más normal.

- ¡¿Es que los hombres solo piensas en eso?! –preguntó al aire, bastante enfurecida- ¡Claro, porque como ellos son…!

- Que amargada.

El comentario no ayudo a que los ánimos bajaran.

- ¡¿Pues, si soy amargada por qué te juntas conmigo?!

Eso era el colmo. Estaba amarga, y Malfoy no le ayudaba a apaciguarla. El se creía toda la gran cosa a pesar de que su padre fue descubierto mortifago, y él, hasta ahora, se daba los aires con ella. En serio se debería replantearse por qué ella estaba con él.

- ¿Quieres que te diga por qué?

El tono lento y ronco sobresaltó a Hermione haciéndola poner nerviosa, más aún porque Draco se había acercado a ella y la miraba con bastante atención.

- ¡No… no me estés molestando, Malfoy!

Draco suspiro abatido.

¿Cuándo dejarían de pelear? Si, estaba seguro que eso le hacía bien a él. Era algo adictivo el estarse peleando, pero en un momento como ese, no valía la pena, mas bien, necesitaba de un ambiente mejor, y decirle, aclararle, confesarle aquello que tenía guardado.

- Hace poco era Draco y no Malfoy.

- ¿Cuándo lo he dicho?

- Cuando estabas dormida.

Aquella aclaración hizo enrojecer a la castaña aunque no diferenciaba si era de amargura o porque estaba avergonzada.

- ¡Me estuviste viendo cuando dormía!. ¡Eres un pervertido!

- ¡Hermione, ya! –la aludida frenó en seco sus gritos, bastante impactada- Te vi solo un momento, porque tú me despertaste al decir "Draco" entre sueños… así que yo debería decirte pervertida, no tu a mí…

Si Hermione estaba roja, ahora podía ser un nuevo tono de rojo incandescente.

¿Pervertida?. ¿Ella pervertida?

- No…

Su negación no era convincente. No para Draco, que la miraba que tenía sus ojos puestos en el piso y sonreía de manera pícara y soñadora, lo que, en pocas palabras, era admitir que si era una pervertida, pero no le molestó.

Tenía curiosidad. ¿Qué había soñado?

- ¿Y qué es?

Hermione lo miro y giró su mirada con ofensa.

- Nada que te importe.

- Entonces si que has soñado conmigo ¿eh?

- ¡NO!

- Tú sonrisa pícara me dice toooooodo lo contrario

Hermione se negó a decir algo más y pronto se aliso mejor el uniforme y el cabello, lo tenía arreglado. No pensaba decir nada de nada. Su decisión la llevaría a la tumba.

- Me voy.

Empezó su caminata lenta y Draco la acompañó bastante ofendido. El no era de callarse, y más aún cuando no había alcanzado su cometido. No señores, era su orgullo.

- Igual me lo dirás de alguna u otra manera, Granger.

- Ya quisieras, Malfoy.

Se sostuvieran la mirada con ímpetu sin dar a torcer su brazo.

- Eres imposible, sabelotodo.

- Y tu bastante cínico, hurón.

- Sabes –chasqueó la lengua- Potty y Weasel deben enseñarte algo nuevo, en la carta.

- ¿Si, como qué?. ¿Hurón botador?

- ¡Auch, Granger!. ¡Vamos di otra y esta vez lloraré!

- ¡Idiota!

- ¡OH, NO!

Draco hizo el ademán de llorar y Hermione no pudo evitar reír. Era absurdo. Todo era absurdo. Esa pelea era absurda, hasta los insultos lo eran, y Draco también lo sabía porque rió con ella a carta abierta.

- Lo siento.

- Debería decir lo mismo a ti, Granger –la castaña sonrió de lado- Te hago un trato.

- ¿De qué?

- Tú me dices que soñaste, y yo te digo por qué me junto contigo.

La oferta era interesante, pero a Hermione le avergonzaba. Le avergonzaba decirle que había soñado con él, con una familia y que eran felices; lo eran tanto que se demostraban afecto incansablemente… lo era tanto que se avergonzaba a sí misma de haber soñado algo imposible, y algo raro, que no tenía que ver con sus sentimientos ¿OH si?

Era vergonzoso.

- ¿Por qué tú, no me lo dices primero?

Ahí estaba el truco para Draco, si ella lo decía el no tendría que decirlo; porque, sentía que algo se le atascaba en la garganta a la hora que iba a pronunciar una vocal. Eso era fatal. Y peor aún cuando…

- ¡Una estrella fugaz!

Draco miró el cielo estrellado ¿Cuánto estaban afuera sin haberse percatado que ya era noche?

- ¿Crees en eso del deseo?

- Tal vez sea en lo único que creo! –dijo con una sonrisa conciliadora que a Draco lo impacto- ¡Vamos pide un deseo, pero tiene que ser en tu mente para que se cumpla, si no será en vano!

- Pareces una cría.

Pero Hermione estaba enfrascada en su deseo, y ese deseo era el mismo que soñó, sin importarle lo estúpido que fuese, aún así, también sea fuera de la realidad. Eso no le importaba en lo mas mínimo. Ya no le avergonzaba, si era su sueño y su deseo.

- Deseo…

Draco la contempló cerrar sus manos con la otra, como si rezará con devoción. ¿Qué era lo que pedía que le hacía ver tan feliz? Desde luego, algo que, añoraba y le hacía mirar al cielo, para saber por qué era tanto que Hermione creía, y se sorprendió así mismo pediendo a esa estrella: estar con ella, de ser felices, de vivir, quizás una vida juntos, si el destino se los permitía y si, esa estrella se los podía conceder.

Suspiro y susurró esas palabras que no podían salirle.

- Te amaré, siempre.

Sin embargo esas palabras también la había pronunciado Hermione en su interior, soñando en un final feliz. Un final que estuviera lleno de dicha. Donde estuvieran los dos amándose y correspondiéndose amor.

...I don't wanna close my eyes...

Kingsley escuchó atentamente satisfecho lo que Draco confesaba sin temblar, con decisión y a la vez anhelo. Era como si estuviera descargando todas sus emociones en una sola persona, algo de lo que necesitaba, como compañía.

- Bien –concluyó.

Fue hacia su escritorio y volvió a estampar algo que, esta vez, a Draco se le hizo raro.

- ¿Qué es…?

- Es el camino hacia tu felicidad.

Entonces lo comprendió.

No lo podía creer.

Quiso mirar el objeto, aunque no lo viera, presentía que le trasmitía ese calor indescriptible de dicha. Y cuando lo cogiese, por fin la vería, la abrazaría, la besaría y le diría que jamás se separarían, en toda la vida… volvería a ver su sonrisa cálida y gastaría todo el tiempo del mundo, por poderla ver de nuevo, tocarla, y nunca extrañarla como lo hacía ahora, como nunca lo había hecho.

Owen miró a Hermione bastante pensativa y ésta dirigió una mirada al extraño objeto, con ojos curiosos y a la vez examinadores. No podía preguntarle, era como, interrogarlo, además estaba aún convaleciente, no iba ha…

- Ya has sufrido demasiado, Hermione.

Ella no respondió solo asintió a suspirar y mirar por la ventana, el amanecer.

- Cógelo y construye tu felicidad.

Imposible.

Sabía que podía ser un traslador. En lo más remoto de su cerebro la sabía pero, no sabía que era para trasladarla hacia él. ¿Era eso posible?. ¿Qué tenía que hacer? Estaba nerviosa ¿Lo iba a ver?... pero él, no, a ella, cosa que la entristecía, pero su corazón le dictaba otra cosa. No importaba que él no la viera si en verdad lo amaba lo aceptaba como era, inclusive lo aceptaba siendo arrogante y déspota, así se enamoró de él.

Lo vería, lo abrazaría, lo… no lo podía creer.

...Don't wanna close my eyes...

Ambos cerraron sus ojos, imaginando en sus mentes, estrechando un lazo a la distancia en el que podía ver, en que se abrazaban y dejaban escapar a sus cuerpos aquel sentimiento que los embargaba, aquella esperanza de volverse a ver. Veían a sí mismo como un hermoso sueño que se estaba cumpliendo, como ese simple y complicado deseo que habían pedido, en el que se amaban, en el escuchaban los latidos de sus corazones solo separado por sus pieles ardiendo de placer.

Y de pronto comprendieron que sin cerrar sus ojos podían estar cerca. Y lo iban a estar si tan solo se dieran fuerzas de coger ese objeto que brillaba.

Lo iban estar siempre.

- Draco –dijo Kingsley, depositando el objeto en la palma de éste.

- Hermione –dijo Owen entregándole la esfera.

Las lágrimas brotaron de sus ojos. Tanto gris como almendrado.

- Ve con él.

- Ve con ella.

Lágrimas de felicidad que brillaron en el lugar.


¿Extenso, chico, feo, bueno, empalagoso, frío?

DUHHHHH, háganmelo saber REVIEWSSSSSSSSS

Por cierto:

- Las dos primeras vueltas al pasado corresponden cuando Hermione estaba huyendo junto con Harry y Ron, you know: Reliquias de la muerte.
- Las ultimas vueltas al pasado son del final de su 6to grado, cuando se despiden. Y si, está cambiado, aquí Draco no trata de matar a Dumbledore, aunque si muere, digamos que todo para propósitos de mi historia )!

No saben como me encaramelado con esta pareja. Aunque Rowling diga que se sorprenda que Draco tenga fanática, porque por sobre todo, Draco no es bueno. Pero así malito lo queremos muajajajajaja (!)