Hola! En este nuevo capítulo, aparece el típico grupo de "las populares", liderado por Masako, que comienza a molestar a la protagonista porque ella consiguió que Shuichi le hable. Y ellas, pobrecitas, no lo consiguieron... Masako es toda una bruja. En los siguientes capítulos, vamos a ver que se la pasa fastidiando a la protagonista.
Por otra parte, en este capítulo, Kurama y la protagonista cometen algunos excesos, que más tarde los pueden llegar a meter en problemas...
Disfruten de la lectura! Dejen su review al terminar, así puedo saber qué opinan. Díganme qué les gusta y qué no, qué le cambiarían a la novela, qué les gustaría que pase en la historia... Si les gustó, pueden agregarla a sus favoritos, y seguirla, para saber cuándo publico un nuevo capítulo. Si quieren decirme o pedirme algo, contáctenme por inbox. Tarde o temprano, respondo todo. Muchas gracias!

LA VIDA CON SHUICHI MINAMINO

CAPÍTULO 3: La escuela de los secretos

―Debes controlarte― te dice Natsume.
Pero tú no la escuchas. Estás mirando a Shuichi Minamino desde la puerta de tu salón. Él está leyendo el mismo libro misterioso de siempre. Algún día le preguntarás sobre ese libro.
―OYE― casi te grita Akiko en el oído― Deja de mirarlo. Te gastarás los ojos.
Pones los ojos en blanco. Akiko siempre te hace poner los ojos en blanco.
―Estoy nerviosa por esta tarde. Iremos a la biblioteca.
―Lo sé. Todo irá bien. Tal vez hoy puedas terminar lo que iniciaste.
La miras con seriedad. Definitivamente no será hoy.
―Oigan, debo ir a copiar una tarea que no hice. ¿Me acompañan al salón?― inquiere Natsume.
―Claro― responden a coro tú y Akiko, y se disponen a acompañarla por los atestados pasillos de la escuela.
Al llegar, suena la campana. Te despides de ellas y emprendes el camino de regreso hacia tu salón. Entonces ves algo que te sorprende: Minamino está caminando hacia tí. "Vaya. Qué raro que haya dejado su libro", piensas.
Pero Shuichi no se dirigía a tí, sino a la sala de maestros. Sin embargo, al pasar al lado tuyo, te cuenta algo a modo de saludo:
―¡Hola! El señor Michio me ha pedido que le traiga unos registros...
―¡Hola! Oye, me he olvidado de traer los elementos de matemática, lo siento...
Shuichi se detiene.
―¿De veras?― te pregunta, decepcionado.
―¡Claro que no!―le respondes, riendo. Ha caído en la broma.
―Me has atrapado― admite, entre risas―. Nos vemos luego.
Asientes, y continúas con tu camino. Sientes que flotas en el aire. Todo va excelente. Al llegar, el mismo grupo de chicas populares que estaba observando a Shuichi el otro día te está esperando. Todas con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Te quedas mirándolas con los ojos muy abiertos. "¿Qué les pasa?", piensas. La que intentó coquetear con él se adelanta. Parece ser la "líder" del grupete. Se llama Masako.
―Hola. Hemos notado que has estado hablando con Minamino en estos días.
―Eh... sí. Me está ayudando con Matemáticas. Me ha ido mal, ¿sabes?, y...
―Sé que te ha ido mal― te interrumpe, casi violentamente―. Lo que queremos saber es: ¿cómo has hecho para hablarle?
Vaya. Al parecer, están más celosas de lo que creías. Por un segundo, te sientes muy bien. Las chicas populares te envidian a tí.
―Él me ha visto triste. Me ofreció su ayuda.
―¿¡Eso es todo!?
―Pues... Sí.
Masako hace una pequeña pausa con carácter dubitativo.
―¿Te gusta Minamino?― pregunta, con los ojos entrecerrados.
La pregunta te tomó desprevenida. No sabes qué hacer. Si les dices que sí, comenzarán a entrometerse entre tú y Shuichi... pero estarás diciendo la verdad. Si les dices que no, les estarás mintiendo, y además puede que no te crean. Aguantas el aire. Estás indecisa.
Cuando estabas reuniendo el valor para contestarle, el profesor Michio entra al salón, con sus zapatos chillones, seguido de Shuichi. Sueltas el aire que has estado conteniendo. Jamás habías estado tan aliviada de ver a un profesor en tu vida. Te sientas en tu escritorio, más dispuesta a escuchar la clase que nunca, y observas a Masako sentarse también en su lugar, de mala cara.
Durante el resto de las clases, has evitado a las chicas populares porque sabes que te torturarán con preguntas sobre Shuichi. Ahora, faltan unos minutos para que toque la campana que indica el fin de las horas escolares. Estás ansiosa. Miras el reloj de tu muñeca. Faltan veinte segundos.
Diez... nueve... ocho... siete... seis... cinco... cuatro... tres... dos... uno... Pasa una pequeña pausa, que te indica que tu reloj está un poco adelantado, y finalmente suena. Te demoras a propósito guardando unos libros, para esperar a Shuichi. Sabes de sobra que siempre es el último en salir.
El profesor se va, al igual que todos tus compañeros (Masako incluída). Sólo quedan tú y Shuichi en el salón. Ahora intentas apresurarte a guardar los libros... pero se te cae una pila con cinco de ellos al piso. Maldices en silencio y te agachas a recoger tus textos escolares, un poco avergonzada por tu torpeza. Shuichi advierte la caída y se te acerca.
―Déjame ayudarte― dice, y se agacha contigo.
Juntan los libros en silencio. Masako se asoma a la puerta, pero no adviertes su presencia. Te observa a tí, y a Shuichi, con envidia.
Se ponen de pie a la par. Te entrega los textos que juntó.
―Gracias― le dices, sonriéndole dulcemente.
―No es nada― responde, y te devuelve el gesto.
Terminas de guardar todo, sin que se te caiga nada, y te pones tu bolso. Shuichi se pone el suyo.
―¿Vamos a la biblioteca?― te pregunta, mirándote a los ojos.
"Me vuelves loca", piensas. "No. Me vuelves torpe".
―Sí― le contestas ―. Vámonos.
Se encaminan juntos al pasillo. Masako se esconde detrás de unos casilleros, por lo que, de nuevo, no llegas a verla. Ella se queda espiándolos, viendo cómo se alejan hacia la biblioteca, charlando animadamente, riendo y bromeando sobre los zapatos chillones del profesor Michio. Se está retorciendo de celos. Cuando los ve perderse en la esquina, se aleja en dirección opuesta, resoplando de ira. "Esto no puede estar pasándome", piensa. "Nunca se me ha escapado un chico. Conquisto a todos los que quiero. Pero Shuichi... parece no fijarse en mí". Prefiere irse de la escuela que tener que verlos así.
Antes de llegar a la salida, ve al conserje y se le ocurre un plan.
―El director me ha pedido que le diga que cierre la escuela ahora mismo―le miente, con arrogancia. Él parece confundido.
―Pero... Siempre cierro más tarde...
―Son órdenes del director.
El anciano pareció dudar.
―De acuerdo... Si el director lo dice... Revisaré una vez más que no quede nadie y cerraré las puertas.
―Muy bien. Yo revisaré el patio y luego me iré― le responde Masako con una sonrisa triunfal, y sale por el portón principal. "Si el conserje echa a estos dos tontos, no podrán estudiar", piensa. "Shuichi Minamino será mío, o de nadie".
El conserje revisa los salones y los va cerrando uno por uno. Al llegar a la biblioteca, no advierte tu presencia, ni la de Shuichi, de modo que cierra la puerta ruidosamente. Tú y el pelirrojo miran a la puerta, y se miran entre sí, confundidos. Alzas los hombros y se vuelven a concentrar en el estudio. "Debió de haber sido el viento", piensas.
Sin embargo, minutos después, sienten un portazo aún más fuerte: el del portón principal. Shuichi y tú se paran al unísono y corren a la puerta de la biblioteca, para comprobar que está cerrada con llave. Comienzan a golpearla y a gritar lo más fuerte que sus pulmones les permiten. Desisten a los pocos segundos; el conserje ya es algo viejo, y está medio sordo.
Así que ahora son solo Shuichi y tú en la escuela. Magnífico.
―¿Estamos solos?― le preguntas intencionalmente, para que él también se dé cuenta.
―Así parece...―te contesta, y suspira.
―¿Debemos quedarnos aquí... hasta mañana?― te empiezas a percatar de que no todo es tan bueno. Aún así, te quedarías hasta el fin del mundo con Shuichi.
Minamino asiente, a modo de respuesta. Luego resopla, y se pasa una mano por el cabello. Qué lindo que se ve cuando está preocupado...
―Pues... Yo diría que nos concentremos en Matemáticas. Cuando llegue la hora de irnos, encontraremos la forma― sugieres.
Shuichi te mira, no está convencido. Ese muchacho necesita más diversión y locura en su vida. Al final, asiente, y ambos caminan juntos hacia el escritorio.
Estudian durante media hora, y entonces sientes a tu estómago rugir. Tienes mucha hambre.
―Oye, vayamos a buscar algo de comer― le dices―. Estoy muerta de hambre.
―¿Crees que podamos salir de aquí?
―Claro. Encontraremos una salida, ya lo verás.
Shuichi se pone de pie y te sigue hasta la puerta. Intentas forzar la cerradura con una hoja, como lo viste en una película, pero en la vida real es mucho más difícil, y no lo logras. Suben al segundo piso de la biblioteca. Dan unas vueltas por aquí y por allá, mirando los libros que hay. Hojean unos libros infantiles y se divierten. Finalmente, encuentran una puerta, que deriva en la sala de profesores. Miras a Shuichi. Ambos desean que esté abierta, para poder salir de allí. Pero por otro lado, los alumnos tienen terminantemente prohibido ingresar a esa sala, y no quieren hacerlo.
―No deberíamos...― te dice, leyendo tu mente.
―Pero hay que salir de aquí. ¿O te quieres quedar hasta mañana?
Shuichi duda, pero al final extiene su mano hasta el picaporte. Se miran, rogando con todas sus fuerzas que esté abierta, y lo gira. ¡Está abierta! Le sonríes, mostrando todos tus dientes, y entras primero a la sala.
Es una habitación pequeña, pintada de un color marrón de tono muy oscuro que le da un aspecto deprimente. En una esquina, hay una pequeña mesa ratona, con sillones a su alrededor. Siguen caminando, y ven que hay una mesada larga, con una cafetera y tazas, y luego, una heladera pequeña. La abren. Allí hay bebidas, un sándwich a medio comer envuelto en un plástico, y la mitad de una tarta. Shuichi te mira osadamente, y toma una porción de la tarta. ¡Qué atrevido! Ni tú te hubieras animado a hacerlo. Quizás se den cuenta de que faltan trozos de tarta... A pesar de todo, tú también tomas un pedazo. Ambos sacian su hambre, y luego toman un poco de agua.
Hay un par de puertas que llevan al vestíbulo, pero se encuentran cerradas. La única puerta abierta que hay lleva al baño de profesores, aunque no tienen ganas de meterse ahí precisamente.
Luego, ven una escalera de caracol que lleva al segundo piso de la sala de profesores. Suben. Ahí hay otra mesa rodeada de sillones, y otra cocina. También están las computadoras de los profesores. Prendes una de ellas. Shuichi se sienta a tu lado. Piensas que te va a decir que lo que harás está mal, pero no lo hace, y hasta parece interesarse. Lo estás volviendo más rebelde, más suelto. Es un cambio bueno para él.
Hay un archivo, organizado por cursos, donde están las notas de todos los alumnos. Encuentras tu cinco en Matemáticas. Lo miras con odio. Podrías aprovechar la oportunidad, cambiar tus notas y olvidar que alguna vez te sacaste ese cinco. Miras a Shuichi, buscando apoyo, mas no lo encuentras. Su mirada parece decirte que no lo hagas, y lo entiendes. También entiendes que él ha hecho un esfuerzo para ayudarte, y habría sido en vano si cambiaras tus notas.
―No te preocupes― le dices―, no lo haré. Sería muy deshonesto.
Shuichi te sonríe cálidamente.
―Es lo correcto. Bien hecho.
Dejas la computadora y te sientas en el sillón. Shuichi te acompaña y se sienta a tu lado.
―Si no lo hago, es gracias a tí. He aprendido cosas más allá de las matemáticas contigo estos días. Eres una buena influencia― le confiesas, casi sin pensarlo. Te ruborizas, y corres la mirada.
―Yo también he aprendido cosas de tí. Me estoy volviendo más...
―Loco. Rebelde. Suelto. Divertido.
―Sí, exacto― ríe.
―Te sienta bien el cambio― Haces una pequeña pausa, para descalzarte y acurrucarte en el sofá―. Todos hablan de tí a tus espaldas, ¿sabes?
Shuichi te mira con los ojos muy abiertos. Lo has ofendido.
―¡Lo siento, lo siento! Lo siento mucho, no me refería a que... O sea... Quiero decir... No es que digan cosas malas, sino que... Ay...― te muerdes la lengua. "Nunca te cansas de arruinar las cosas, ¿verdad?", te susurra tu conciencia. Apoyas la cabeza en el respaldo, culpable.
―No te preocupes― te tranquiliza―, lo sé. Siempre he sido el "raro". El "callado". El "nerd". Pero no me importa lo que piensen de mí.
―Admiro eso de tí. Yo no soy así. Yo podría cambiar cosas de mí por ser aceptada. Pero mira, tú no eres así en realidad. Quiero decir... una vez que te conocen. Yo no te conozco mucho, pero te he llegado a conocer más que muchas otras personas de aquí, y lo único que necesitas es entrar en confianza. Déjalos que hablen a tus espaldas. Solo significa que tú... vas adelante de ellos.
Shuichi te sonríe otra vez. Le devuelves el gesto.
―Gracias. Nunca nadie me había dicho algo así.
―De todos modos, le gustas a todas las chicas― le dices, divertida, y tratando de que no note que tú estás entre ellas. Él se limita a mover los hombros.
―Sí, no sé por qué. No me conocen.
―Yo creo que es porque eres misterioso. A las chicas nos atraen los chicos misteriosos.
―Quizás... De todos modos, no les hago caso.
―En eso sí que eres raro. Eres el único chico que conozco que no se interesa por las chicas.
―No es que no me interesen las chicas, es que nunca he encontrado a una chica que me llame la atención. No lo sé... que sea inteligente o algo por el estilo. Todas las chicas que he conocido hasta ahora son unas huecas.
Hubo un silencio incómodo. ¿Será el momento de confesarle lo que sientes por él...? No. Aún no. No puedes hacerlo. Mejor, bromeas:
―¿Acaso estás insinuando que no soy inteligente?
Shuichi ríe, pero no te contesta. No insistes.
―Masako me ha hablado de tí― le dices, para escracharla―. Me ha preguntado cómo hice para hablarte, porque ella no lo consigue.
Shuichi ríe.
―¿Y qué le dijiste?
―Que yo estaba triste y que tú fuiste quien me habló, que me querías ayudar.
―Ella es la clase de chica en que nunca me fijaría. Engreída, arrogante, mala... No es para mí.
―Puede ser un demonio cuando quiere. Una vez hizo que me cayera porque un chico de quinto año me estaba mirando.
Shuichi rió, y se pasaron un rato hablando mal de Masako, descargándose. Hoy ha habido un gran avance, lo notas. Y se siente genial.
Al rato, se ponen de pie. Apagas la computadora y dejan todo como estaba, para que no se enteren de que estuvieron allí. Ya se está haciendo la hora de irse. Escuchas que Shuichi te llama por tu nombre. Al voltear, ves que agita entre sus manos unas llaves, mientras que sus ojos verdes brillan de satisfacción.
―Las llaves de la sala de profesores― se limita a decirte.
Bajan las escaleras.
―¡Espera! ―le pides― Me estoy haciendo.
Te metes al baño de profesores. Notas que las puertas de los baños están impecables. Ni un solo graffitti. El baño de chicas está lleno de nombres de chicos, números de teléfono e insultos.
Luego de hacer tus necesidades, tomas un fibrón que tenías en el bolsillo y escribes el nombre de tu profesor seguido de una broma. Te arrepientes enseguida. ¿Y si reconocen tu letra?
Llamas a Shuichi y le muestras lo que has escrito. Se ríe. Se acerca a tí y te pide el fibrón. En cuestión de segundos, dibuja una caricatura perfecta del profesor Michio y sus zapatos chillones. No puedes parar de reír. Le pides que haga otra. El tiempo se les pasa volando, y llenan el baño de caricaturas de todos los profesores y directivos. Ni siquiera el conserje se salvó de sus bromas; su gran bigote canoso resaltaba entre las demás caricaturas.
El tiempo vuela. Se les va a hacer tarde si no se largan. Van a buscar sus cosas y después se van de allí, dejando el baño lleno de dibujos. Con la llave, acceden al vestíbulo. Sin embargo, allí comprueban que todas las demás puertas están cerradas también. Y no había más llaves útiles. ¿Cómo van a salir de ahí ahora?
Te apartas de Minamino y comienzas a probar de nuevo todas las puertas. De pronto, te sobresalta el ruido de unos vidrios rompiéndose. Corres adonde está tu compañero, asustada, y ves que está junto a una ventana rota. Él la rompió para escapar, pero no sabes cómo.
―Era la única salida― te explica.
―Cielos... Nos matarán...
―¡Vámonos!
Shuichi te sorprendió con ese accionar. Aunque se está volviendo más atrevido, jamás imaginaste que llegaría a tanto. Te ayuda a pasar por la ventana para que no te lastimes con los vidrios rotos y luego pasa él. Aunque ya salieron del edificio, siguen adentro del predio escolar, por lo que aún deben hallar un modo de salir que no sea el portón.
Deciden salir por el alambrado, que está lleno de agujeros. Al pasar te raspas un poco los brazos y las rodillas, pero no es nada.
Te pones a pensar en todo lo que hicieron. ¿Y si dejaron algún rastro? Si se llegan a enterar de que ellos eran los que estaban adentro, los expulsarían. Comerse la comida de los profesores, ingresar a la sala privada de los mismos, robar una llave, llenar de graffittis el baño, romper una ventana... Todo se interpretaría como un acto de vandalismo. Estás muy asustada.
―Shuichi...― dices, pálida― ¿y si se enteran de que fuimos nosotros?
―No lo harán― responde, aparentemente tranquilo, aunque sabes que por dentro, el también está nervioso.
―Hemos ido muy lejos― afirmas, con determinación―. No debemos volver a excedernos así.
En realidad, todo es irónico. Al parecer, se invirtieron los roles. Ahora, la madura eres tú.
―Tienes razón...
Hubo un silencio incómodo. Esperas no haber arruinado todo.
―...pero debes admitir que fue divertido.
Ríes. Tiene razón, lo admites. Pasan unos minutos recordando todas las cosas que hicieron esa tarde. Luego se despiden, y cada uno va para su casa.
Al llegar, saludas a tu familia y le cuentas todo por teléfono a Natsume y Akiko. Ya se hizo una rutina para tí. Una rutina que no quieres que se termine nunca. Cada día necesitas más de Shuichi.