Hola! En este capítulo, vamos a ver qué ocurre con las travesuras que hicieron ayer los protagonistas en la escuela. ¿Los castigarán? ¿Saldrán impunes? Qué misterio...
Por otro lado, la protagonista de nuevo tiene que ir a estudiar a la casa de su amado Shuichi, donde descubrirá algunos secretos sobre él que no conocía. Y estoy segura de que Shuichi no actuaría así realmente pero bueno... la historia debe seguir, y yo elijo que siga de este modo :)
Disfruten de la lectura! Dejen su review al terminar, así puedo saber qué opinan. Díganme qué les gusta y qué no, qué le cambiarían a la novela, qué les gustaría que pase en la historia... Si les gustó, pueden agregarla a sus favoritos, y seguirla, para saber cuándo publico un nuevo capítulo. Si quieren decirme o pedirme algo, contáctenme por inbox. Tarde o temprano, respondo todo. Muchas gracias!
LA VIDA CON SHUICHI MINAMINO
CAPÍTULO 4: Falsas acusaciones
Al otro día, yendo hacia la escuela, te percatas de que no quedaste con Minamino para tener otra reunión de estudio, y te lamentas.
Llegas. Entras por el portón principal y luego ingresas al vestíbulo. Las locas travesuras que hiciste ayer con Shuichi vuelven a tu mente. Notas que hay un grupo de alumnos curiosos alrededor de la ventana, que aún sigue rota, y tratas de disimular.
Más tarde, cuando inician las horas escolares, llega el profesor de Biología al salón. Sin embargo, hay algo extraño en él. Trae consigo una atmósfera sombría, y no saluda a su clase con el entusiasmo de siempre. Todos tus compañeros se callan al notar su cambio de actitud, y se miran curiosos entre sí. El salón está sumido en un silencio total. El docente se acomoda sobre el escritorio y exhala profundamente antes de anunciar con solemnidad:
―La escuela ha sido vandalizada.
Esto provoca un murmullo general. Tus compañeros comienzan a elaborar teorías disparatadas. Conoces la escuela: pronto habrá cientos de rumores esparciéndose por ahí. Miras a Shuichi disimuladamente. Está aterrado. Tú también lo estás. El profesor hace callar a la clase.
―Han roto una ventana y han llenado el baño de la sala de profesores con caricaturas insultantes de los docentes y directivos.
Ahora nadie habla. ¿Se han tomado tan mal esas bromas inocentes? Ni siquiera tenían intención de herir a nadie. No te atreves ni a voltearte para ver a Minamino. Un compañero rompe el silencio:
―¿Y por eso se arma semejante escándalo?
Todos comienzan a hablar nuevamente.
―De hecho, sí. Por "eso" se arma semejante escándalo. Nunca, en toda la historia de esta institución, ha ocurrido tal acto de vandalismo y de odio a la escuela.
Se escuchan golpes de nudillos en la puerta, por sobre el abrasador sonido del caos escolar. Es el conserje. El profesor se acerca a él y murmuran unas palabras en voz baja. Todos se callan para descifrar lo que dicen, pero nadie lo logra.
De pronto, el conserje se queda mirando hacia donde tú estás con los ojos muy abiertos, y luego los entrecierra. Te pones incómoda. Seguramente sabe que fuiste tú.
―Esa chica...― murmura el anciano en voz alta.
―¿Qué? ¿Qué chica?―le responde el profesor, impaciente, siguiendo su mirada.
Cierras los ojos. Es el fin. El conserje señala con su dedo acusador, y todas las miradas recaen en la supuesta culpable.
―¡Esa chica se ha quedado ayer hasta tarde, en la escuela!
Escuchas las exclamaciones de sorpresa de todos tus compañeros. Dispuesta a desmentir la acusación, abres los ojos y miras desafiante al profesor, pero antes de que puedas decir algo, él habla.
―¡Masako!― dice― ¡Tú eres quien ha vandalizado la escuela!
Suspiras de alivio. El conserje había señalado a tu compañera, que se sienta detrás de tí. Te volteas a verla. Ella los mira, enojada, y lista para defender su posición.
―¡Claro que no! ¡No he hecho tal cosa!
―Ayer me dijo que el director pidió que cierre la escuela más temprano, lo cual era mentira, y además me dijo que revisaría si no quedaba nadie en el patio. No había nadie más aquí.
Conque esas tenía. ¡Qué zorra! Quería que los echen de la escuela a tí y a Minamino. Pero no lo logró, y quedó involucrada en el incidente. Aunque seguramente termine acusándote a tí y a Shuichi y los expulsarán de todos modos. Demonios.
―¡No es cierto! ¡Habían dos personas más aquí!
Rezas para que no te nombre.
―Muy bien, muy bien. Podemos terminar esta discusión... en la Dirección. Vamos.
Pese a sus protestas, Masako se pone de pie y sigue al profesor y al conserje hasta la sala de la Directora. Cuando salen, tus compañeros vuelven a la carga con sus maquinaciones e hipótesis sobre lo que ocurrió. En el medio del griterío, caminas agachada hasta el banco de Shuichi, pasando desapercibida.
―Oye ―le susurras ―, acusarán a Masako por nuestra culpa. Genial.
―Sí, pero luego terminaremos involucrados, ya lo verás. Demonios... No deberíamos haber llegado a tanto.
―Todo ha sido mi culpa. Lo siento.
―¿Qué dices? No es cierto. Yo también hice cosas ayer. Solo... Relajémonos. Finjamos que no sabemos nada. Tal vez zafemos de esto.
Asientes y regresas a tu banco sigilosamente. La preocupación te carcome.
En el recreo, te reúnes con tus amigas.
―¿Oíste lo del baño de profesores? ¿Y lo de la ventana?― te pregunta Natsume.
―Claro que sí. Le han echado la culpa a Masako.
―Esa perra engreída. Ojalá que la expulsen. Aún recuerdo cuando le dijo a Matsumoto que yo tenía piojos. ¡Piojos! Nadie tiene piojos a nuestra edad. La odio― se descargó Akiko. Ríes, recordando esa fecha, y le das la razón.
―¿Quién creen que haya sido el culpable?― inquiere Natsume.
―Tal vez los de sexto año. Siempre están protestando por todo― responde Akiko, muy segura.
La conversación te incomoda. No quieres contarles la verdad, por más divertido que resulte.
―¿No creen que están exagerando las cosas? Solo por un pequeño vidrio roto y unos dibujitos en el baño de profesores. Bah. Han habido cosas peores en otras escuelas.
―Pues no aquí. De todos modos, sí, yo creo que no es para tanto. Podrían hacer que el culpable borre los dibujos y pague la reparación del vidrio y listo― opina Natsume. Te tranquiliza escuchar eso. Natsume siempre es muy tranquila y sensata. La adoras. Aunque Akiko tampoco se queda atrás. Su locura la hace muy querible.
Decides cambiar de tema. Les cuentas que estuviste estudiando con Shuichi y les resumes lo que ocurrió ayer, suprimiendo la parte de la comida, los graffittis y el vidrio. Te apoyan y dicen que lo lograrás.
En la siguiente hora, vuelve Masako al salón y se sienta en su lugar sin hacer comentarios. Escuchas sutilmente la conversación: su compañera le pregunta qué ocurrió, y ella le dice que no le creyeron una palabra cuando los culpó a tí y a Minamino, que creen que ella fue la culpable, y que la harán quedarse hasta tarde para limpiar el baño. Un estremecimiento de alivio te recorre el cuerpo.
―Pero estoy segura de que fueron ellos, estoy segura. Lo juro. Me vengaré.
Se te escapa una risita. Eso no suena para nada amenazante. Te has salvado esta vez; ahora debes encargarte de que esto no se vuelva a repetir. Puedes divertirte pero poner límites a la vez.
Miras a Shuichi. Él te devuelve una sonrisa y una mirada cómplice. En el recreo, hablas con él. Se ríen de Masako, comparten lo que saben sobre ella y acuerdan no volver a excederse así.
―Si bien no nos castigaron, yo creo que desde ahora nos vigilarán. Debemos tener cuidado. Estamos bajo la mira.
―Cierto. Cuando nos reunamos de nuevo, debemos hacerlo en una casa― le dices, sin darte cuenta. Tal vez no quiera volver a juntarse contigo, luego del desastre que se armó la última vez... Por suerte, reacciona mejor de lo que esperabas:
―Así es. ¿Y cuándo será?
―Pues... No lo sé. ¿Cuándo puedes?
―¿Cuándo son tus exámenes?
―La semana próxima.
―De acuerdo... ¿Mañana en mi casa? ¿Después de la escuela?
―Claro. Preguntaré.
―Estupendo. Aún tenemos que reunirnos un par de veces más, para asegurarnos de que te has aprendido los temas y ya no tienes dudas.
¡Todo marcha a la perfección para tí!
Al otro día, estás cada cinco minutos mirando el reloj, impaciente porque terminen las horas escolares. Cuando por fin lo hace, sales rápido del salón, para pasar por el de Akiko y Natsume. Quieres cruzar unas palabras con ellas antes de ir a la casa de Minamino. Ellas te desean suerte, como siempre, y luego te despides. La escuela ya está casi vacía, ya que yodos los alumnos salen apurados.
Mientras caminas por el corredor, escuchas pasos rápidos que vienen hacia tí. Supones que se trata de Shuichi, que viene a tu encuentro para ir a su casa, pero no. Sientes dos manos que hacen presión sobre tus hombros. Antes de que puedas ver quién es, esas manos te estampan contra la pared, haciendo que se te caigan los libros, y el atacante te aprisiona con su cuerpo. Te tomó por sorpresa. No tuviste tiempo de reaccionar o defenderte. Al recomponerte de la sorpresa, alzas la vista y ves a... Masako.
―¡¿Qué pasa contigo?!― le gritas, furiosa.
―Sé muy bien que tú y Minamino fueron los que pintaron el baño y rompieron la ventana, no finjas que no es así.
―Jamás lo he negado― afirmas, con tranquilidad.
―Tampoco lo has admitido, y me han echado la culpa a mí.
―Pues lo tienes merecido. Te la pasas molestando a toda la escuela.
―¿Y a tí que te importa? ¿Acaso eres la justiciera de la escuela?
―¡Claro que no!
Masako pierde la paciencia.
―Escúchame bien, niñita. Aléjate de Minamino, y no vuelvas a ensuciar mi nombre, o si no...― y deja la amenaza en el aire.
Masako te intimida, pero estás dispuesta a pelear si es necesario. Al fin y al cabo, la que inició el pleito fue ella. No dejarás que te hable de ese modo. Aunque jamás te habías visto envuelta en un escándalo semejante...
Tragas saliva, antes de contestarle:
―O si no... ¿qué?
―¡Te las verás conmigo!―casi te grita, luego de pensar un poco qué decir.
Antes de que le puedas contestar, aparece Shuichi en la otra punta del pasillo. Corre hacia Masako y la aparta violentamente de tí, haciéndola trastabillar.
―¿Qué haces?― exclama Shuichi.
―¡Tú no te hagas el inocente! ¡También eres responsable!― le grita ella, fuera de sí, y recuperando el equilibrio.
―¡Déjalo!― le espetas.
―¡Ja! ¿Qué le has visto a esta idiota?― le pregunta al pelirrojo.
Vas a responderle con un insulto, pero Shuichi se te adelanta:
―¡No es asunto tuyo! ¡Vete de aquí!
Tu enemiga les dirige una mirada de odio. Después, se da media vuelta.
―Recuerda lo que te dije― te advierte, antes de alejarse.
―¡Déjala en paz! ¿Me oyes? ¡Lárgate de aquí!― le grita Shuichi finalmente.
La chica se pierde en el corredor. Se produce un silencio sepulcral e incómodo. Todo ha sucedido muy rápido. Shuichi te ha defendido a muerte. Sus palabras resuenan en tu mente como un eco. No ha negado que te haya "visto algo". Tal vez le gustes, después de todo. Luego piensas que él es muy noble, y que quizás hubiera hecho lo mismo por cualquier chica, contrarrestando aquel primer pensamiento optimista. Además, te sientes inútil. Minamino ha tenido que defenderte. Y tú sólo te quedaste quieta como una imbécil. Parecías indefensa.
Tu compañero te sacude con delicadeza y te acomoda la camisa, como para borrar todo rastro de lo sucedido, y te toma de los hombros.
―¿Estás bien?―te pregunta― No te ha hecho daño, ¿verdad?
―Estoy bien. Me ha tomado desprevenida― respondes, todavía estremecida.
Shuichi se agacha, recoge todos tus libros, y te los entrega.
―Esa chica está loca― te dice―. Ven, vamos a mi casa.
Comienzan a caminar. Casi no hablan en todo el trayecto. Tú te quedas pensando en lo que ocurrió, y él, está tan indescifrable como siempre. Solo cuando están casi llegando, él te dice algo:
―Hoy, toda mi familia está en mi casa. Será mejor que esta vez vayamos a mi habitación, para que nadie nos interrumpa.
―De acuerdo― le respondes, feliz. ¡Es perfecto!
Al llegar, ves a la alegre y jovial madre de Shuichi en la cocina, que te saluda (puesto que ya te conoce del otro día). Su padre está sentado en el sofá y leyendo el periódico; aparenta unos cuarenta y pico de años, usa el cabello corto (a diferencia de su hijo) y lleva gafas y un suéter. Parece ser un padre muy normal. Su hermano está jugando con una consola, acompañado por un amigo. No comprendes de dónde heredó Shuichi el color de su cabello ni de sus ojos: el resto de los integrantes de su familia los tienen en tonos castaños y negros.
―Ven, es por aquí― te dice, guiándote a su habitación.
Lo sigues, ansiosa. Tienes mucha intriga. Te preguntas cómo será su cuarto. Abre la puerta, y te invita a pasar.
Es una habitación normal. Tiene todos los muebles en tonos neutros, como el gris, el blanco y el negro. Es muy aburrida. Solo consta de una cama, el ropero, un escritorio, una computadora, y un gran estante que abarca casi toda una pared, repleto de libros. "Le encanta leer", piensas. No tiene ni un solo póster de películas o de una banda musical, lo cual ya te lo esperabas, y tiene todo organizado en un pequeño tablón de corcho, lleno de notas post-it pegadas. Definitivamente, no es el cuarto de un adolescente típico.
Tiras tus cosas en el piso y te sientas en la cama. Es muy cómoda. Shuichi deja sus cosas y se queda parado, mirándote. Ves un pequeño cuadro sobre la mesita de luz. Lo tomas.
―Awww, que tierno― dices. Es una foto de Shuichi cuando era pequeño. Su cabello estaba igual de rojo, y sus ojos esmeralda resaltaban. Tenía una gran sonrisa desdentada en el rostro― ¡Qué lindo eras!
Shuichi enarca una ceja y sonríe. Casi te mueres. Es precioso. Camina hacia tí y se sienta a tu lado.
―¿Lo era?
―Pues sí, lo eras. Tiempo pasado. Ya no lo eres― bromeas.
Te saca el marco y se lo coloca al lado de la cara, imitando la sonrisa de la fotografía. Es muy gracioso; no puedes parar de reír.
―Definitivamente, ERAS lindo― le dices, cuando logras hablar.
Shuichi suelta el cuadro y comienza a torturarte, haciéndote cosquillas. Mala suerte para tí: es una de tus debilidades. Te desternillas de la risa. Le ruegas que se detenga, con lágrimas en los ojos y sin poder respirar.
―¡Admite que soy lindo!― te ordena.
―¡Muy bien, de acuerdo! Tú ganas. Eres lindo― le dices, conteniéndote. Tienes ganas de seguir enumerando todo lo que es. "Divertido, inteligente, bueno, noble, tierno, gracioso, loco, hermoso... perfecto", piensas.
―Correcto. Lo soy― dice, colocando el cuadro de nuevo en su lugar.
Tal vez sea inadecuado, pero no puedes dejar de revisar su mesita de luz. La curiosidad te está matando, quieres ver qué más hay ahí, y además, a Minamino parece no molestarle. La mesa de luz de las personas contiene mucha información sobre ellas. Información que puede llegar a ser íntima. "Dime que hay en tu mesita de luz y te diré quién eres", piensas. En la de Shuichi hay un despertador, una caja de pañuelos, unos papeles, un grabador... Atrás de todo esto, ves una imagen. Mueves las cosas para poder agarrarla. Tu compañero no te detiene. Al hacerlo, descubres que es otra fotografía, pero no está enmarcada. Retrata a una familia. El hijo, muy pequeño, está sonriendo. Por el color de su cabello y de sus ojos, identificas a Shuichi. A su derecha, se reía una mujer, muy joven y con el cabello suelto. Te cuesta más reconocer a su madre, debido al paso de los años. A la izquierda del niño, se hallaba un hombre. Pero... ¿quién es? Definitivamente, no es el mismo hombre que viste en la sala de estar. Éste hombre tiene ojos claros, aunque no puedes distinguir del todo el color, ya que la foto es vieja y está algo ajada, y cabello pelirrojo (aunque un poco más oscuro que el de Shuichi). ¿Sería su tío? Que extraño.
―¿Quién es él?― preguntas, señalando al sujeto.
Shuichi toma el retrato, sorprendido e incómodo. Se queda unos instantes mirando la fotografía y suspira. Parece dubitativo. Tal vez haya sido una mala idea preguntarle.
―Oh... Él es... eh... Mi padre.
―¿Lo es? No es el mismo hombre que está en la sala de estar, ¿verdad?
―No... No lo es.
Tu cerebro quiere más información, y tu lengua no se queda quieta.
―¿No? Pues... No entiendo.
Shuichi te mira implorante. Con su mirada, parece querer decir "cállate", o "no preguntes más". Sin embargo, como no dices nada, se dispone a hablar.
―El de la fotografía es mi padre biológico. Murió hace muy poco. A veces... A veces realmente lo extraño...―hace una pequeña pausa― El hombre que está en la cocina es el novio de mi madre. Se han conocido en el trabajo, y con el tiempo, se enamoraron. Él estuvo al lado de mi madre cuando ella enfermó, hace unas pocas semanas, y le estoy muy agradecido, pero sigue habiendo algo de él que no me convence. Mi "hermano menor" en realidad es mi hermanastro. También se llama Shuichi, como yo. No somos muy unidos, pero la pasamos bien. Y es divertido cuando estamos los cuatro juntos, fingiendo que somos una familia― Se detiene y se queda mirando el vacío.
Te arrepientes totalmente de haber abierto la boca. Seguro que no le gusta hablar de eso.
―Vaya, no sabía lo de tu padre. Lo siento mucho, de verdad. Y yo soy una entrometida. Discúlpame. No tendría que haberte preguntado...― te disculpas. Esperas no haber estropeado todo.
―Descuida. No importa― dice, y esconde la foto debajo del grabador de música. Al ver tu expresión dolida, repite― No importa, de veras. Tranquila.
Shuichi se pone de pie y se para junto a su ventana. Se queda unos instantes mirando hacia afuera, con un aire melancólico. Demonios. Debes decir algo.
―¿De qué murió tu padre biológico?
No es lo mejor que puedes decir, pero no puedes zanjar el tema. Shuichi necesita desahogarse y que lo escuchen, y tú quieres ayudarlo.
―Murió en un accidente de tránsito.
―Cielos, eso es lo peor. Nunca me ha pasado, por suerte... Digo... A mis seres queridos, ya me entiendes. Pero es como que no te lo esperas, no puedes prepararte para el cambio de vida que tendrás.
―Concuerdo contigo. De todos modos, mi madre ha estado a punto de morir por una enfermedad, y créeme, tener tiempo para despedirte no ayuda en nada.
No sabías que tantas cosas le pasaran a Shuichi. Él es tan callado.
―¿Ya se ha curado tu madre?
―Sí, ya está bien.
―Me alegro. Me parece muy agradable.
―Es una gran persona, y una gran madre. Trata a Shuichi como si fuera su propio hijo. Y él también la ve como una madre.
―¿Qué le pasó a la madre de Shuichi?
―Se ha ido. Abandonó a su familia.
―¿Por qué?
―No lo sé... Creo que por otro hombre.
―Que horrible...
―Sí...
No sabes qué mas decir. No eres una psicóloga. Por suerte, él es quien dice algo ahora:
―No tengo nada contra mi padrastro, solo que... Siempre se hace el bueno conmigo. Me pregunta cómo estoy y esas cosas, como lo haría un verdadero padre. Quizás quiera tomar el rol de padre que no tengo. Pero yo no quiero eso. Yo quiero que me trate como a un... sobrino... más que como a un hijo. ¿Entiendes lo que quiero decir?
―Claro que sí. Lo entiendo. ¿Por qué no se lo dices a tu madre para que hable con él? ¿O se lo dices a él mismo? Seguro que entenderían.
―No quiero ser descortés con él. Nos ha ayudado mucho. Ha estado en los momentos buenos y en los malos.
―Entiendo. Mira, yo creo que lo hace porque le importas. Estoy segura de que te quiere, y te quiere ayudar. Tal vez no sepa acercarse a tí y lo intente de ese modo. Además, no creo que seas tan comunicativo con él. Debes ser cortante. Quizás deberías ayudarlo con eso... si es lo que quieres. Cuéntale cosas de la escuela, cosas sin importancia, no necesariamente muy personales, como para que crea que confías en él...― Shuichi te está escuchando con total atención. Te cohíbes― Bueno... No lo sé. Es mi opinión. No sé si es lo que quieres.
Se te queda mirando por unos instantes y luego se ríe, con una expresión de alivio en su rostro.
―Eres más sabia de lo que todos creen, ¿sabes?
Su comentario te hace reír.
―Tal vez tengas razón. Intentaré seguir tu consejo, a ver qué pasa― continúa, esta vez serio.
Asientes.
―Ah... y gracias. Nunca he hablado con nadie como lo he hecho contigo estos días. Es genial.
Sientes que estás volando en una nube rosada de felicidad. Lo amas.
―Cuando quieras― le dices, y le guiñas un ojo.
Se ponen a estudiar, y al cabo de unas horas te vas a tu casa. Ya es viernes, de modo que mañana y pasado no lo verás. Sientes que vas a extrañarlo mucho, pero al menos tienes el consuelo de que el lunes, después de la escuela, vendrá a tu casa.
Ese mismo día, al llegar a tu casa, vas a tu cuarto y ocultas todos los papeles sueltos y otras cosas que tienes por ahí, con su nombre y un corazón. No puedes permitir, por nada del mundo, que las vea.
Por la noche, llamas a tus amigas. Natsume te invita a la reunión que hará mañana en su casa, con Akiko, de modo que prefieres contarles todo mañana personalmente. No les contarás los secretos de Shuichi, pero les dirás que has tenido una gran charla con él, y que cada vez confía más en tí.
No puedes esperar a que sea lunes. La ansiedad te matará.
