Hola, mis queridas lectoras! Bueno, parece que hay mucho que aclarar hoy. Qué bien, comenzó la acción!
(Puede haber spoilers; les recomiendo leer el capítulo primero y después leer esto para no anticiparles nada de lo que leerán).
Al principio, cuando la protagonista descubre a su amado envuelto en algo extraño, lo ve con dos personas más. Sí: son Hiei y Gouki. Así que, además de que haya empezado la acción, empezó el desarrollo de la historia de Yu Yu Hakusho, de la cual la protagonista va a comenzar a formar parte.
Lo que le entregan a Kurama es el Espejo de la Oscuridad. Este es uno de los tres tesoros que Koenma le ordena a Yusuke que recupere. Hiei tenía una espada que convertía en monstruo a quien cortara, y Gouki tenía una esfera que le quitaba el alma a la gente, porque ese monstruo se las comía. El Espejo de la Oscuridad funciona a la medianoche. Lo que hace es cumplir el deseo más profundo de la persona que se refleje en él, pero a cambio, le quita la vida. Todo esto ya lo saben si conocen la historia original de Yu Yu Hakusho, pero no está de más refrescar la memoria.
Otra cosa que aclarar es que no creo que Kurama le hubiera contado a la protagonista qué le está pasando. Creo que no le hubiera dicho nada, porque ya sabemos lo cerrado, frío y cortante que puede llegar a ser nuestro demonio favorito. Pero nuevamente amoldé su personalidad a la historia.
Luego, hago alusión a un autor de libros: Chase. Él escribe historias policiales, creando libros que son bastante extensos. No sé por qué elegí a este autor en particular (en realidad, siempre imaginé que Kurama leería cosas más interesantes y enigmáticas). Yo creo que lo elegí porque mi papá me regaló una colección de libros suyos y no los leo; igual que la protagonista de la historia.
Y después, la locura. ¡La protagonista va a visitar a la madre enferma de su amigo al hospital! En la novela le sale bien, pero en la vida, eso me suena muy irreal. Yo creo que más bien, se habrían enojado con la protagonista por entrometerse. Ni modo: ella está loca por amor.
Y por último, se habrán dado cuenta de lo que hice al final. Cambié la perspectiva. El narrador sigue siendo el mismo: segunda persona, teniendo como protagonista a la lectora. Lo único que cambió fue el modo de ver las cosas. En esa parte, solo cuento las cosas que sabe Kurama. La protagonista no sabe nada de esas cosas, ni las vive. Pero el narrador sí: es omnisciente. Espero que me hayan entendido y no haberlas confundido.
Y como ya saben, todo lo de la parte final, que pertenece a Yu Yu Hakusho, lo saqué del manga original y del animé.
Bueno, creo que no hay nada más que aclarar. Dejen su review cuando terminen de leer, así puedo saber qué opinan. Escriban si les gustó o no, qué le cambiarían, qué les gustaría que pase, y bueno, todo lo que quieran decir. Si les gustó, pueden agregarla a sus favoritos, que es un honor para mí, y seguirla, para saber cuándo publico un nuevo capítulo. Si me quieren decir o pedir algo (o aclarar una duda, porque este capítulo es complicado), háblenme por inbox. Tarde o temprano, respondo todo.
Disfruten la lectura, y muchas gracias!
LA VIDA CON SHUICHI MINAMINO
CAPÍTULO 7: Sucesos extraños
El mismo lunes ocurre algo raro. A la salida, Shuichi sale muy rápido de la escuela. Ha sido muy misterioso. Usualmente, él es el que más demora siempre en salir.
Decides escabullirte y seguirlo. Afuera del predio escolar, hay un pequeño bosque. Él camina a paso rápido hasta allí. Tu intuición te dice que te conviene esconderte. Está pasando algo fuera de lo normal. Te escondes detrás de un arbusto y observas. En el centro de la arboleda, hay un pequeño claro, donde distingues a dos figuras humanas más. Uno es muy corpulento, alto y musculoso. El otro es muy pequeño, tiene el cabello alto y puntiagudo. Usa ropas extrañas.
Shuichi camina, ahora más tranquilo y con las manos en los bolsillos, hasta donde están ellos. Murmuran unas palabras que no llegas a escuchar. Entonces, el pequeño le entrega algo a Shuichi. No logras distinguir qué es, pero es algo que refleja el brillo del sol y emite un pequeño destello, cuya luz te da en la cara. Te agachas un poco más. para que no te descubran.
Una vez que Shuichi guarda el objeto extraño en su bolsillo, ocurre algo sobrenatural: los otros dos saltan a una velocidad y una altura increíbles y se pierden entre los árboles. Te quedas boquiabierta. Eso no es algo de este mundo. No es posible. ¿Estarás soñando? Tal vez sea como en las películas y en realidad, ahora mismo estás desmayada, soñando con Shuichi. Pero no. Esto es la realidad.
Minamino se queda quieto unos momentos. Saca el objeto y lo examina. El reflejo se vuelve a producir. ¿Qué es eso? "No son drogas", piensas. Eso te tranquiliza. Pero de todos modos, Shuichi anda en algo raro y te preocupa. Tu amigo vuelve a guardarlo y comienza a caminar de regreso a la escuela. Antes de irse, voltea la cabeza, como para chequear que nadie haya visto nada, por lo que te ocultas bien entre el follaje. Luego, escuchas sus pasos apagarse entre las hojas caídas de los árboles. Decides esperar unos minutos para salir de tu escondite. Te da miedo que regrese alguno de los dos sujetos, o que Shuichi vuelva y te descubra espiándolo.
Entonces te pones de pie. Sacudes un poco las piernas, que ya se te habían acalambrado un poco, y cuando ya se mejoran, caminas hasta el claro. Quieres ver si no queda algo que te dé una pista ahí, aunque desistes de la búsqueda a los pocos minutos. No encuentras nada.
"¿En qué estás metido, Shuichi Minamino?", piensas.
Al otro día, Shuichi no está muy conversador. Responde a todas tus preguntas con monosílabos (específicamente con "sí", "no" y "ah"), y observas que también se va muy rápido. Esta vez no se dirige al bosque, sino a otro lugar, pero no puedes seguirlo porque debes ir a tu casa rápido.
Al día siguiente, decides que debes decirle algo. Tienes que ayudarlo, no solo porque estás enamorada de él, sino porque es tu amigo, y además, él te ha ayudado también. Y decides no contarle nada a Akiko ni a Natsume. Esto puede ser algo importante.
En la hora de Geografía, te acercas a él.
―Oye, ¿puedo sentarme contigo?― le preguntas.
―Ahá― te responde, desganado.
Te sientas a su lado. Mientras el profesor explica, aprovechas. Es ahora o nunca.
―Escucha― empiezas―, ayer y antes de ayer te has ido más rápido de lo normal de la escuela. Y no estás muy conversador. ¿Te pasa algo?
Shuichi te mira, extrañado.
―No, todo en orden.
―¿Seguro?― insistes.
―Sí, claro.
Qué frustrante. Quisieras contarle lo que viste en el bosque, pero no puedes hacerlo.
―Bueno...― le dices, no muy convencida―, pero tú sabes que si te pasa algo, puedes hablar conmigo, ¿verdad?
―Lo sé.
Te quedas mirándolo fijamente, hasta el punto de incomodarlo, pensando de qué forma decirle que no le crees nada de lo que te ha dicho. Prefieres ser directa.
―Demonios, Shuichi. No te creo una palabra.
Te mira con una mueca de molestia.
―¿Por qué no? ¿No puedo salir antes de la escuela?
―Pero... ¿por qué? ¿Y por qué casi no me hablas? Dime qué te sucede. Dímelo. Puedes confiar en mí. Y no me mientas. De alguna forma, presiento que algo te pasa.
Shuichi suspira. Se queda callado unos segundos, antes de anunciar:
―Bueno... Sí, algo pasa. Pero no es nada.
―Cuéntamelo de todos modos.
―Mi madre ha tenido una recaída.
Eso sí que es algo importante.
―¿Una recaída? ¿De qué? ¿De su enfermedad?
―Sí, esa de la que te hablé.
―Pero... ¿no era que ya estaba curada?
―Eso creíamos... Pero al parecer no.
―Cielos... Qué mal. ¿Cómo está?
―Está... Bien. Pero no sabemos si se pondrá bien.
Que pena. Ahora sí que te has quedado anonadada. No sabes qué decir.
―¿Y cuándo fue la recaída?
―Hace como... una semana, creo.
―Lo lamento mucho. Si quieres hablar, o si necesitas algo, solo dímelo y haré todo lo que pueda.
―Gracias... De hecho, sí hay algo. ¿Podrías prestarme un libro de Chase? ¿De esos que me has contado que tienes? A mi madre le encantan.
―Por supuesto. Mañana mismo te traeré uno. ¿Cuál quieres?
―Elígelo tú. Sigue tu instinto.
―Hum... Eso haré.
Esa tarde, te pones a revolver entre tu pequeña estantería. Tienes una colección de Chase y no sabes qué libro elegir. Debes elegir el mejor para Shuichi.
―Papá, ¿cuál es el mejor libro de Chase que hayas leído?
―¿Quieres leer un libro de Chase?― te pregunta tu padre, entre sorprendido y entusiasmado.
―Yo no. Le prestaré uno a mi amigo. Le gustan esos libros.
―Ah...―se decepciona― Bueno...
Luego, te dio un par de títulos que le gustaron, y escogiste entre uno de esos "siguiendo tu instinto", como dijo Shuichi.
Al otro día, en la escuela, se lo entregas.
―Gracias― te dice― a mi madre le encantará.
―No es nada. ¿La irás a ver hoy?
―Así es. A la salida de la escuela.
―Bueno, mándale saludos. Ojalá que se recupere pronto.
―Gracias. Se lo diré.
Al rato, ves que se le cae un bollo de papel del bolsillo. Lo tomas. Se lo vas a devolver, pero antes, te fijas qué dice. Lo abres. Dice: "Hospital de Mushiyori. Hab. 501. 16:00-19:00 hs". Asumes que es donde está la madre de Shuichi, y los horarios de visita. Vuelves a abollar el papel y se lo devuelves a Shuichi, tras memorizar los datos. Podrías pasarte por ahí y darle una sorpresa.
Decides hacerlo esa tarde. Con la excusa de pasar por la librería, caminas hasta el centro de la ciudad, y te diriges al hospital. Por suerte, nadie te detiene en la recepción, por lo que te guías sola hasta la habitación 501. Al llegar, notas que está la puerta abierta, y escuchas la voz de Shuichi narrándole a su madre una parte del libro de Chase. Te conmueve. Tus ojos se empañan. Es demasiado tierno. "Debe ser el mejor hijo del mundo... Ojalá yo fuera tan buena como él", piensas. Impulsivamente, y antes de cambiar de opinión, tocas la puerta.
―Adelante― dice Shuichi.
Abres la puerta y pasas.
―¡Hola!
Ambos se quedan mirándote, incrédulos. Shuichi te nombra.
―Hola... Ehh... ¿Qué haces aquí!
Entonces te das cuenta de lo tonto que es lo que hiciste. No puedes ir a ver a la madre de tu amigo al hospital. Ni la conoces. ¿Qué dirás ahora? Maldición. Te quieres morir.
―Es que... Pasaba por aquí, y quise pasar a ver cómo estaba todo... Yo...
―¡Tú eres la amiga de Shuichi! ¿Verdad?― te interrumpe, entusiasta, la señora Minamino.
―Ehh... Sí. Soy yo.
―Oh, el libro que le prestaste a Shuichi es genial. Ahora no me aburriré aquí. Muchas gracias.
"Qué amable es... Con razón Shuichi es como es".
―¡Me alegro!― le respondes.
Te quedas unos minutos charlando con ella, y luego te das cuenta de que se está haciendo tarde. Debes volver antes de que se den cuenta de que estuviste en el hospital.
―Bueno, debo irme. Espero que se recupere, señora.
―Oh, llámame Shiori. Y gracias por todo. Vuelve cuando quieras.
―Lo haré― prometes.
―Te acompañaré hasta afuera― dice Shuichi.
Sales al corredor, acompañada del pelirrojo.
―Cielos, realmente me sorprendiste. ¿Cómo supiste que estábamos aquí?
―Tengo mis contactos― respondes, haciéndote la misteriosa.
Shuichi ríe.
―Me ha encantado que vengas. Y a mi madre también. Le caes muy bien.
―Ella a mí también. Dios, ojalá que se recupere muy pronto― deseas, con todas tus fuerzas.
―Muchas gracias por venir. Vuelve pronto.
―Claro que sí. Bueno, nos vemos mañana. ¡Adiós!
―Adiós.
La has pasado bien. Hasta te has divertido, lo cual es impensable en un hospital. Shiori es muy divertida. "Si tuviera que elegir una suegra, sería ella", piensas, risueña.
Sales del hospital y comienzas a correr hasta tu casa. Ya se hizo muy tarde. Le dirás a tu madre que había mucha gente en el negocio y que cuando finalmente llegó tu turno, no tenían lo que necesitabas.
Durante la siguiente semana, visitaste a Shiori varias veces. Ella quedaba encantada con tus visitas, y siempre te comentaba algo del libro que le habías prestado. Shuichi, sin embargo, seguía con las mismas actitudes sospechosas de siempre. Un día, cuando regresabasa tu casa, luego de una visita a su madre, lo viste parado en la puerta con otro chico como de su edad. No era de tu escuela, porque tenía un uniforme verde, pero parecía ser un chico normal. Luego, ellos entraron al hospital. Decidiste no meterte, pero te quedaste con la intriga. ¿Acaso ese chico también estaría involucrado en... lo que sea que hacen?
Hoy, el viernes, Kurama tiene que actuar. Se lo prometió a ese detective del mundo espiritual, Yusuke Urameshi. Usará el espejo de la oscuridad, y luego se lo devolverá. Kurama estuvo pensando, a lo largo de la semana, en qué debía hacer. Hasta se le cruzó por la cabeza contarte la verdad a tí, su amiga, en vez de a Yusuke. Pero no. No podía involucrarte en esto, sería muy peligroso para tí, y no quiere que te pase nada. Te has convertido en alguien muy importante para él.
Kurama esperó pacientemente a Yusuke a la salida de su escuela. Cuando tocó el timbre, y los alumnos comenzaron a salir desordenadamente, él se convirtió en el centro de atención. Su aspecto llamaba la atención, lo sabía, y además llevaba el uniforme de la secundaria Meiou. No era de allí. Era un sapo de otro pozo.
No tuvo que buscar, porque Yusuke venía hacia él. Lo había visto.
―¡Kurama!― exclamó Yusuke, al ver al pelirrojo.
―Hola. Hoy tengo que devolverte el tesoro.
―Ah, sí. Claro.
―Pero antes, tengo que presentarte a alguien.
―¿A mí?― preguntó el detective, desconcertado.
―Sí. Ven conmigo.
Juntos, fueron al hospital, donde "Shuichi" le presentó a su madre humana. Yusuke no entendía nada. No sabía que tuviera dos personalidades en este mundo. Cuando Kurama se lo explicó bien, lo entendió. Le dijo que era un youko, que un cazador lo hirió quince años atrás y su única forma de sobrevivir fue implantarse en un embrión humano. Le dijo que pensaba irse a los diez años, pero el amor de su madre se lo impidió. Le dijo que su padre murió hace poco. Y le dijo que planeaba sacrificar su vida para salvar a la humana que lo había criado durante quince años. Sí: al parecer, un demonio podía llegar a querer a un humano.
Fue entonces cuando su padrastro irrumpió en la habitación donde estaban para anunciar que Shiori había empeorado. Kurama y Yusuke se dirigieron a la terraza a paso rápido.
―¿Vas a utilizar el espejo?― le preguntó Yusuke.
―No queda otra salida― aseguró Kurama, con firmeza.
Él se agachó y colocó al pequeño espejo abierto en el piso.
―Espejo de la oscuridad, despierta a la luz de la luna. Refleja mi deseo y hazlo realidad― conjuró.
En el cristal, apareció una imagen de Shiori Minamino.
―Una vida feliz para esta mujer... ¿Es ese tu deseo?― preguntó el espejo.
―Así es.
―¡Estás equivocado! Aunque ella se salve, si tú te mueres, no será feliz― lo interrumpió Yusuke.
―No hay otra salida.
―¿Estás seguro? ¿Vas a sacrificar tu vida por la felicidad de otra persona?― volvió a preguntar el espejo.
―Por lo menos con esto... La recompensaré por estos quince años― le respondió Kurama, decidido.
―Muy bien... Entonces... Tu deseo va a cumplirse.
Un rayo de luz amarillo que parecía un relámpago, proveniente del espejo, envolvió a Kurama, llenándolo de un profundo dolor. Parecía formar un campo de energía a su alrededor. Cada pequeña descarga eléctrica que producía era como una puñalada en su cuerpo.
Kurama pensó en sus seres queridos antes de morir. En su madre, su hermanastro, su padrastro, y tú. Solo esos son sus seres queridos. Tú, la única que le dio una oportunidad en el colegio. Tú lo has ayudado mucho, también. Pensó en tí, y se disculpó en su cabeza por hacerte esto. "Lo siento", pensó. "No quiero abandonarte. Lo siento". Y resignado, se preparó para morir.
Yusuke no podía quedarse parado mirando cómo moría Kurama. En un acto impulsivo e irracional, se agachó y tocó el espejo. El haz de luz lo envolvió también.
―¿¡Qué haces!?― le gritó Kurama.
―¡Espejo! Voy a darte parte de mi vida también. Así no deberás quitarle toda a Kurama, ¿verdad?
―¿Qué demonios estás pensando?
―¿Acaso has visto llorar a tu madre por tí alguna vez?... No hay nada peor que eso.
Kurama no respondió, y al ver la mirada sombría de Yusuke, entendió que él sabía muy bien lo que se sentía ver a su madre llorando por él. Poco tiempo antes de eso, Yusuke había muerto en un accidente de tránsito, y tuvo que esperar un tiempo para resucitar. Vio su propio funeral. Vio a su madre llorar por él, y vio a su mejor amiga llorar por él. Eso le dio la fuerza suficiente para hacer el esfuerzo de volver a la vida.
El rayo desapareció pocos segundos después, dejando a los jóvenes medio muertos en el piso. Kurama fue el primero en reaccionar.
―Estoy vivo...―murmuró―... Pero entonces, mi mamá... ¡MAMÁ!― gritó, y salió corriendo hacia la sala de operaciones a ver si el Espejo de la Oscuridad había funcionado.
Yusuke se despertó unos pocos segundos después. Le ardía todo el cuerpo, pero se alegró de haber ayudado a Kurama. Y además, había recuperado el espejo, el tesoro, que era su objetivo principal.
―Nunca creí que pudiera existir un humano así. Si todas las personas pidieran deseos por otros, no me llamarían Espejo de la Oscuridad― comentó el espejo.
Kurama bajó las escaleras a los saltos. Irrumpió en la habitación de su madre.
―Shuichi...― le dijo su padrastro, con lágrimas de emoción cayéndole por debajo de sus gruesas gafas― ¡está mejorando!
Shuichi miró el rostro de su madre. Aún tenía rastros del frío sudor provocado por el sufrimiento que tuvo que atravesar, pero se veía mucho mejor, y ya estaba recuperando, de a poco, el color natural de la piel sana.
―Shuichi...― llamó su madre, poco lúcida― Shuichi, ¿eres tú?
―Mamá...― se sentó en la silla cercana a la cama, y tomó la mano de su madre― Estoy aquí, no me iré a ningún lado... mamá.
Lágrimas de alivio corrieron por las mejillas del demonio. Shiori era su madre verdadera.
