LA VIDA CON SHUICHI MINAMINO

CAPÍTULO 9: Amor no correspondido

Pasan un par de semanas. Te sigues hablando tanto como antes con él. Ya es oficial que son mejores amigos. Ahora debes animarte a ir a un nivel más allá de la amistad. Debes confesarle tu amor. Pero ¿cómo?
Ya falta poco menos de un mes para que terminen las clases, así que todos los alumnos están felices y relajados. Los directivos están planeando una fiesta de fin de año, para cada curso.
Un día, estás en la clase normalmente, cuando Natsume aparece en tu salón. Pide permiso a tu profesor para entregar las invitaciones a la fiesta de fin de curso. A continuación, va banco por banco entregando las tarjetas con los datos de la celebración. Al pasar por tu pupitre, se detiene a hablar contigo unos segundos.
―No te perderás esta fiesta, ¿verdad?
―Por nada del mundo― respondes.
―Oye, ¿vendrás a nuestra mesa? Akiko tiene que organizarlas, así que puede poner a quien quiera donde quiera.
―Claro que sí. Pero dime... ¿pueden incluir a Shuichi? Soy su única amiga, y ustedes mas o menos se llevan con él.
―No veo por qué no. Avísale después a Akiko para que lo ponga.
Tus compañeros apuraban a Natsume para que termine de entregar las tarjetas, así que te dijo que después hablaban y se fue. Tal vez, podrías aprovechar esa fiesta para confesarle tus sentimientos.
Unos días después, estaba todo arreglado. Shuichi estaría en tu mesa. El pobre iba a ser el único varón. Te decidiste: en esa fiesta, le dirás todo lo que piensas. Ya no puedes ocultarlo más. ¿Quién sabe? Tal vez, él sienta lo mismo y no se atreva a decírtelo.
Unos días antes de la fiesta, sales con Akiko y Natsume. Es una salida de chicas. Van al centro comercial a buscar un vestido para ponerse. La fiesta es elegante: no pueden ponerse una camisa y unos jeans como lo harían habitualmente. Luego de comprar los atuendos (tú decidiste adquirir un vestido blanco delicado con detalles de encaje: perfecto para una velada romántica), van a tomar un café. Se ponen a hablar de la fiesta. Será lo máximo. Te comprometes a asistir al colegio el día anterior a la fiesta para decorar el lugar.
Llega el día de decorar. Estás entusiasmadísima. Mañana es la gran fiesta. Tú y tus amigas liberan su creatividad: con flores y cintas, arman unos llamativos centros de mesa. Van saltando de aquí para allá, colgando serpentinas por doquier. Después, gastan todo el aire de sus pulmones inflando globos. Los colocan alrededor de una estructura con forma de arco, para el ingreso de los estudiantes. Con aerosoles, decoran un enorme cartel, que ahora dice "BIENVENIDO 4° AÑO", con letras estilo graffitti. Como último detalle, colocan un montón de pétalos de rosa perfumados en una red, sobre el lugar donde sería la cena. En el momento indicado, tirarían de una soga y los hermosos pétalos caerían sobre los alumnos. Además, terminan de arreglar los detalles del menú y te ayudan a planificar la forma de expresarle a Shuichi tu amor. A pesar de que te dijeron mil y una formas de declarártele, lo harás como te salga en el momento, espontáneamente. Nada más verdadero.
Entonces llega el gran día: el día de la fiesta. Estás muy nerviosa. Akiko y Natsume vienen a tu casa a arreglarse. Llegan por la tarde, y la fiesta es a la noche, de modo que tienen mucho tiempo. Se pasan un rato chusmeando, y luego comienzan a vestirse. Te pones el vestido, con unos zapatos de tacón stilettos a juego con él. Ahora, te ocupas de tu cabello. Te lo planchas bien, para reforzar el alisado, y después te haces unos bucles en la parte de abajo. Por último, el maquillaje. No sueles usar demasiado: te delineas los ojos, te pones máscara en las pestañas, un poco de base, para cubrir las imperfecciones de la piel, y solo un poco de brillo en los labios. También te haces las uñas a la francesita: es algo muy básico pero que queda bien con todo. Como toque final, te pones un colgante y unos anillos, y ya estás lista. Akiko ha escogido un vestido azul de strass con zapatos negros, y Natsume, un vestido negro con zapatos a tono. Las tres están listas, y preciosas. Tu padre bromea con ustedes cuando están a punto de salir hacia la escuela.
―Cielos, creo que no las dejaré salir. Están demasiado hermosas.
"Aquí voy, Shuichi", piensas. "Prepárate".
Como ustedes forman parte del comité organizador, cuando llegan aún no hay casi nadie, pero en poco tiempo comienzan a llegar los alumnos. Entre ellos, también llega Shuichi. Trae camisa y saco, pero con unos jeans negros y zapatos normales. Está informal, pero a la vez elegante... y muy atractivo. Lo saludas como siempre. Más tarde, llega la hora de sentarse. Procuras sentarte al lado de tu amigo, pero otra chica se te adelanta y quedas separada de él.
Horas después, ya han comido y bailado un buen rato. Akiko los ve a Shuichi y a tí aburridos. Mediante gestos y señas que solo ustedes conocen, se las ingenia para irse de la mesa con todas las otras chicas y dejarte a solas con tu amado.
Te corres un lugar y quedas a su lado. Ha llegado el momento. Debes decírselo ahora. Que nervios. Sientes un calor raro, y el estómago se te retuerce.
―¿Cómo la estás pasando?
―Bien.
Sabes que no es cierto. Se ha pasado toda la fiesta sentado ahí, con la cabeza entre las manos, aburrido.
―Sí, yo también. Pero no has bailado mucho.
―No sé bailar― dice, y se ríe forzadamente.
―¡Igual que yo!― coincides, entre risas. Y como el momento deriva en un silencio incómodo, dices lo primero que se te ocurre― Y... ¿qué te parece la comida?
―Es deliciosa. ¿Tú has armado el menú?
―He ayudado. En realidad, Akiko y Natsume deberían tener el crédito por eso.
Qué difícil que se te está haciendo esto. Y él no ayuda ni un poco.
"Alea jacta est", dijo Julio César antes de cruzar el Rubicón. La suerte está echada. Y la tuya también. Ya es tarde. Debes decirle lo que sientes, o explotarás.
―Shuichi... Tengo algo muy importante que decirte.
―Dime.
―Ehh... estoo... ¿por dónde empiezo?
Shuichi te mira. Luego de vacilar por unos momentos, y cohibirte ante la mirada del pelirrojo, comienzas:
―Recuerdas que me dijiste que soy tu mejor amiga, ¿verdad?
―Sí.
―Y tú eres el mío, y lo sabes.
―Sí...
―Bueno, ehh... Justamente te tengo que decir algo de eso.
Shuichi asiente, sin apartar su mirada de tí. "DEJA DE MIRARME", le suplicas por dentro.
―Mira, tú... Me gustas mucho.
Lo dices rápidamente y sin respirar. Te pones más roja que un tomate, y sientes que tu cabeza va a explotar por tanta presión. Shuichi no se inmuta.
―Y tú a mí.
―No, no. No me entiendes. No me gustas como amigo. Me gustas... Como algo más.
Shuichi abre un poco más los ojos y frunce el seño. Todo está saliendo muy mal.
―Me gustas mucho― repites, en un susurro, y poniéndote cada vez peor.
Tu amigo no dice nada.
―Antes de que me hables, yo no te prestaba atención, pero... desde el primer día en que me hablaste, no he podido dejar de pensar en tí. No sé cómo explicarte todo lo que siento... Me ayudaste mucho, me contaste cosas de tí que nadie más sabe, y yo a tí, eres esa clase de persona con la cual puedo hablar de cualquier cosa y sé que no se lo contará a nadie, sé que puedo confiar en tí, ¿entiendes? No sabes lo importante que eres para mí...
Shuichi se queda callado. No captas la tristeza en sus facciones. Sigues hablando, apasionada. La verguenza se ha ido. Ya has llegado hasta aquí, no puedes retractarte.
―La verdad es que estoy enamorada de tí.
Ya lo has dicho. No hay vuelta atrás. Desde ahora, algo cambiará. No sabes si será para mal o para bien, pero algo cambiará.
―Y ya no soporto más. Necesitaba decírtelo. Cada vez que hablo contigo, siento que solo estamos tú y yo en el mundo. Y cuando me miras fijamente... así como lo estás haciendo ahora... es como que... nada más me importa― Suspiras. Miras tus pies, incómoda, y frotas tus manos, para disimular los nervios. Luego de una larga pausa sin respuesta, dices― Shuichi... Dime algo. Dime si sientes lo mismo o si solo me quieres como amiga, pero dime la verdad. Dímelo.
Miras a Shuichi. Él te sigue mirando, callado. Maldita sea. ¿No piensa decir nada? Luego de unos segundos de silencio, los nervios pueden contigo. Te paras de un salto, y él se para lentamente detrás de tí.
―Demonios, Shuichi. Solo díme si te gusto o no. ¿Qué tan difícil es? ¿Tanto te cuesta?― casi le gritas. Comienzas a emocionarte. Sientes un nudo en la garganta, que presagia que tu amigo te rechazará. Tienes ganas de llorar. Los ojos se te llenan de lágrimas. Y él... sigue sin contestar.
El panorama no era muy alentador. Unas enormes nubes negras encapotaban el techo, anunciando una inminente tormenta.
Aunque tú no lo sabes, mientras tú estás volteada, tratando de aplacar tus lágrimas, Shuichi te está mirando con una expresión que mezcla la tristeza y la ternura. Verte llorar le hace daño, pero prefiere que te alejes a que salgas lastimada. "Es muy peligroso decirle la verdad. Debo apartarla de mí, por mucho que me duela", piensa Shuichi, mientras recuerda lo que ocurrió unos años antes. Kitajima, una chica que le gustaba, se le declaró, pero él tuvo que rechazarla para que no le pase nada.
―¿Es que no lo entiendes?― le dices, en un susurro, al borde del llanto― Estoy enamorada de tí.
―Lo siento― te responde él, con gravedad― No siento lo mismo. Solo te quiero como amiga.
Cierras los ojos. Que decepción.
―De acuerdo― le respondes, tratando de sonar casual, pero tus cuerdas vocales te traicionan y tu voz se quiebra―, no sientes lo mismo. Está bien. Lo entiendo. Mira, no voy a llorar. No lloraré...― pero antes de que termines de pronunciar estas palabras, rompes en llanto.
―Por favor, no llores. No llores más.
―Está bien. No sientes lo mismo, de acuerdo. Estoy bien, ¿sabes? Solo estoy decepcionada, porque estoy enamorada de tí como nunca lo he estado de nadie, y a tí no te importa. Eso es todo― tratas de decir, imponiéndote ante el llanto y el trueno que resuena en el cielo.
―Solo tranquilízate y hablaremos, ¿quieres? Seguiremos siendo amigos...
―Pff. ¿AMIGOS?― repites, indignada, y retrocediendo― ¿Qué mas quieres decirme? No hay nada más que hablar. Solo déjame... déjame sola― apenas logras articular, mientras te das vuelta y comienzas a correr lejos, llorando, y mientras la lluvia se larga con todo. El agua cae a cántaros.
Shuichi grita tu nombre y comienza a perseguirte corriendo, pero desiste a los pocos segundos. Le has ganado mucha ventaja, aún sobre unos tacos altos, y ya te estás subiendo al autobús que paró en la esquina. Miras a tu amor no correspondido por la ventanilla hasta que el vehículo te aleja de él. Él se quedó mirándote. Cruzan una última mirada de abatimiento y despedida. Comprendes que la amistad se ha arruinado. No, de hecho, todo se ha arruinado. Nada volverá a ser lo mismo. Los pétalos que tú y tus amigas habían preparado con tanto esmero como toque final comienzan a caer delicadamente en remolino sobre las mesas... algo bastánte irónico para lo dramático de la situación. Shuichi suspira y mira hacia arriba. Atrapa un pétalo con su mano y lo mira, como si estuviera buscando apoyo. Segundos después, lo suelta, y cuando cae en el suelo, lo pisa con violencia, a modo de desquite. Acaba de perder a la chica que ama.
Ves tu reflejo en el cristal. Estás totalmente empapada, de pies a cabeza. Ahora, tu cabello está despeinado y los bucles desaparecieron. Los zapatos están llenos de lodo. El vestido, mojado, se pega a tus piernas. Su tela, que antes era blanca inmaculada, ahora está todo embarrada. Y el delineador y la sombra de tus ojos están corridos y ahora, se han extendido por todas tus mejillas, demarcando el cauce de tus lágrimas. Ver tu reflejo, tan demacrado, y de semblante tan herido, solo provoca que tu llanto se reanude. Te sientas en una butaca, deprimida, y hundes tu cara en tus manos mojadas.
Mientras tanto, Shuichi seguía tranquilo, pero dándose cuenta de la gravedad de lo que ocurrió se agarra la cabeza.
―¡NO, NO, NO!― grita, mientras patea el piso, al ver al autobús alejarse.
Ha perdido a la chica que ama por tratar de protegerla. "Has arruinado todo, imbécil", le espeta su corazón. "No, has hecho lo correcto. La has salvado", lo defiende su razón. Ya no sabe qué hacer. Se queda unos momentos allí, bajo la lluvia, solo agarrándose la cabeza, y tratando de entenderse a sí mismo. A su alrededor pasaban corriendo todos los estudiantes, llevando platos de comida, papeles, y cubiertos, tratando de protegerlos de la lluvia, y las chicas, gritando, empapadas. Pero a Kurama no le importan ellos. Le importas tú, aunque no te lo pueda decir. Le importas, y mucho. Él también está enamorado de tí, muy enamorado.
Natsume, que había presenciado la escena desde lejos, se le acerca a Shuichi.
―Pero... ¿qué le has dicho?
―Solo le dije que no siento lo mismo...
―¿Y eso es verdad o no?
Shuichi duda unos segundos. ¿Puede contarle todo a Natsume...?
No, no puede.
―Sí, es la verdad― dice, con un nudo en la garganta―. Lo siento.
Ella se queda mirando a Shuichi, decepcionada.
―Estoy preocupada por ella. ¿No te ha dicho hacia dónde iba?
―No, solo se fue en el primer autobús que paró.
Natsume suspira, molesta. Claramente, le echa la culpa de todo a Shuichi.
―La llamaré― dice ella, alejándose rápidamente.
"No sé si hice lo correcto o no. Yo solo hice lo que me pareció mejor para protegerla", pensó por última vez él, antes de ir a refugiarse con los demás. Era el único que
quedaba bajo la lluvia.
Mientras tanto, tú seguías en el autobús. No sabías a dónde iba, pero no te importaba. Aún faltaban unas horas para que termine la fiesta. Entonces volverías y fingirías que nada había pasado, por tus padres.
Shuichi es un desagradecido. Después de todo lo que has hecho por él, solo te dice que te quiere como amiga, así sin más. No, no tiene nada que ver: el sólo te dijo la verdad. Pero... ¿por qué no se ha enamorado de tí? Eso te hace replantearte tu forma de ser y tu personalidad. Tal vez es algo malo contigo. Tal vez no eres lo suficientemente linda. Tal vez no eres su tipo. Pero si no se enamora de tí, su mejor amiga que lo ha ayudado tanto, ¿de quién se enamorará? No entiendes. Además, creías que él sentía lo mismo por tí, en parte. Las escenas del hospital y de hoy se sigue repitiendo en tu mente, como un video en blanco y negro. Se repite una y otra vez la parte en que él dice "Lo siento. No siento lo mismo. Solo te quiero como amiga". Una y otra vez. Y luego, la parte en que lloras y corres. El recuerdo desgarra tus esperanzas. A pesar de todo, ahora ya no estás llorando. Te controlaste un poco. Ahora estás pensando con tranquilidad.
Observas, con expresión vacía, las gotas de lluvia golpeteando contra el cristal de la ventanilla. Su sonido te tranquiliza un poco. Te quedas allí durante media hora. Todos los pasajeros se bajan, y el recorrido llega a su fin.
―Oye, niña― te dice el chofer― el recorrido ha terminado. Tienes que bajar.
Lo miras, suspiras, te disculpas en un murmullo y te bajas. Reconoces el lugar. Estás cerca de tu casa. Pero en vez de caminar a tu casa, comienzas a caminar hacia la escuela. No quieres que tus padres te vean así, ni que descubran que estuviste andando en bús. Suena tu celular. En la pantalla ves que se trata de Natsume. No tienes ganas de hablar. Dejas el teléfono en tu bolso. Mientras tú caminas lentamente hacia donde ellos estaban, Natsume y Minamino intentan una y otra vez comunicarse contigo. Están muy preocupados. "Todo es culpa de Shuichi", pensaba Natsume. Pero no es cierto. La débil aquí eres tú.
Al llegar, te quedas oculta detrás de un árbol. No aparecerás antes de que termine la fiesta. No puedes dejar que te vean tus amigas ni Shuichi, porque los tres te querrán hablar y la verdad es que no quieres hacerlo. Sin embargo, no resistes ni diez minutos. La espera se hace eterna. Falta una hora. Akiko es la primera que te ve, caminando bajo la lluvia. Corre a tí y te abraza.
―¿Dónde estabas? Me tenías muy preocupada.
―Lo siento...
―Ven aquí, debes hablar conmigo.
―No, no... No quiero que Shuichi me vea.
―Está bien. Mira, buscaré a Natsume y nos esconderemos juntas hasta que termine la fiesta, ¿quieres? Así nadie nos encontrará, y no tendrás que esperar sola.
―Está bien.
Akiko va a buscar a Natsume y vuelve a los pocos minutos, con ella. Te abraza también. Van detrás del árbol y se sientan sobre un mantel. Les resumes, en pocas palabras, lo ocurrido.
―Pero... No hablemos más de él, ¿sí? Ya es historia― les aseguras.
―Entonces, me pondré en campaña para encontrarte un novio nuevo― dice Akiko.
Tus amigas se ríen, y tu también, pero forzadamente. Sabes bien que Shuichi no es historia.
Al rato, comienzan a venir los padres a recoger a sus hijos. Cuando vienen tus padres, no se dan cuenta de nada, y atribuyes tu estado a la lluvia. No dudaron de tu explicación. Te metes en el auto y no pronuncias palabra alguna hasta llegar a tu casa.
Estás totalmente desilusionada y decepcionada. Desearías no haber dicho nunca nada.
Shuichi, por el contrario, se debate entre su razón y su corazón. Él quiere decirte la verdad, pero... ¿cómo lo hará, sin ponerte en peligro?