LA VIDA CON SHUICHI MINAMINO
CAPÍTULO 10: Falso amor
El lunes, a pesar de lo mucho que intentas evitarlo, te encuentras con Shuichi en la entrada de la escuela.
―Hola― te saluda.
―Hola― le respondes, turbada.
―Escucha... ¿por qué no fingimos que no pasó nada en la fiesta?
No le respondes, porque no sabes bien qué decir.
―No quiero que se acabe nuestra amistad solo por eso― explica.
―Está bien. Finjamos que no pasó nada― aceptas de mala gana. ¿Qué otra opción te queda?
―Muy bien.
No te molestas en sonreírle. No piensas darle esa satisfacción. Entran juntos al colegio. Él te habla de cosas de la escuela. Tú le contestas por compromiso. Por más que lo amas, no quieres volver a verlo en tu vida. Cada vez que lo ves, el doloroso recuerdo de la fiesta se reaviva y te viene a la cabeza. No puedes volver a tratarlo igual que antes. No puedes fingir que no ha pasado nada; él tampoco. Y lo peor es que aún queda un mes de clases por delante. "La fiesta se ha adelantado un poco", piensas con pesar.
Lentamente, transcurre ese mes. Las cosas vuelven un poco a la normalidad, pero ambos siguen con esa horrible sensación de nube negra sobre sus cabezas. Una sombra que opaca su relación, y que no los dejará en paz.
El último día de clases, ocurre algo extraordinario.
Estás sola, sentada en un banco, en el recreo, cuando se te acerca Kenji, un chico de undécimo año. Es divino.
―Hola― te dice, tras llamarte por tu nombre.
―Hola― le respondes, extrañada de que te hable, y más aún, de que sepa tu nombre.
―Soy Kenji.
―Lo sé― respondes, y al ver su cara de confusión, agregas―, todas las chicas saben tu nombre.
"¿Por qué me hablará?", te preguntas. Tras una pequeña charla trivial, el chico titubea un poco.
―Quiero invitarte a salir.
Vaya. Kenji invitándote a salir, a tí. Notas que Masako está mirándolos con cara de sorpresa desde el pasillo. ¿Te dejará en paz algún día?
―¿A salir? ¿A mí?
―Sí, te he estado mirando y...―se agarra la nuca, vacilante― me pareces muy linda. Además siempre me has caído muy bien.
―Ah...
Descubres a Shuichi, que recién salió del salón, y viene caminando por el corredor. Al verte sentada con él, se detiene bruscamente y se queda observando la escena. "Bueno, un poco de celos no le vendrán mal", piensas.
―Pues, sí. Me encantaría salir contigo algún día.
―¿Qué te parece mañana?
―¡Genial! ¿Dónde? ¿Y a qué hora?
―¿Te parece a las tres, en la cafetería del centro?
―Perfecto. Allí nos veremos.
―¡Bien!― dice, entusiasmado y sonriente. Tú también sonríes, mirando de reojo a Shuichi y a Masako, que los miran, absortos.
―Bueno... regresaré a mi salón... ¡nos vemos!― te dice, y se aleja.
―De acuerdo. ¡Mañana a las tres! ¡En la cafetería! ¡Es una CITA!― le gritas bien fuerte, antes de que se pierda en el corredor. Te responde con una seña. Esperas que todos hayan escuchado. Tanto Shuichi, como Masako. Y no tendrías problema en que las otras chicas también escuchen; es lindo sentir que uno de los chicos más codiciados te ha invitado a salir a tí.
Miras a Shuichi. Él ni siquiera hace una mueca y sigue su camino por otro corredor, como si nada. Masako te dirige una mirada cargada con odio, y luego se va, caminando a grandes zancadas hacia el aula. Le cuentas lo que pasó a Akiko y Natsume antes de que termine el receso. Te felicitan, y te dicen que hiciste lo correcto.
―Tal vez, así te puedas olvidar de Minamino― dice Natsume.
Asientes, pero por dentro piensas: "lo dudo mucho".
Al volver al salón, te sientas delante de Shuichi. Él te toca la espalda. Te das vuelta. Tu compañero carraspea antes de hablar.
―¿Ese era Kenji?
―Sí. El chico más codiciado de la escuela. Y adivina.
―¿Qué?
―¡Me ha invitado a salir! ¡Siiiii!― le dices, exagerando tu alegría, para que realmente crea que estás interesada en ese chico.
Shuichi no cambia su expresión.
―Ah― se limita a decir.
―Estoy muy feliz. Lo malo es que ahora, todas me odiarán y me envidiarán. O sea, imagínate: yo, con el chico más lindo de la escuela.
"¡Toma eso!", piensas. Ha sido un golpe bajo.
―Sí, ahora todas te odiarán― dice, cortante.
―Y escucha esto. No lo vas a creer. A que no adivinas lo que me dijo.
―¿Qué?
―¡Que me ha estado observando y que soy muy linda! Iiiiiiiip― le dices, falsamente entusiasmada, y le apretujas el brazo, como si fuera una amiga mujer.
―Vaya, qué atrevido.
―Naah... ¿tú lo crees?
―Sí.
―Yo no. Es adorable. Me muero porque sea mañana.
―¿Saldrán mañana? ¿Tan pronto?
―Así es. Mañana mismo. ¿No quieres venir a mi casa y ayudarme a elegir algo para ponerme?
―Ehh, no. No soy bueno para eso. Mejor que se encarguen de eso tus amigas.
"No iré a tu casa para que te la pases hablándome de ese otro idiota", piensa Shuichi.
―Como quieras. Otro día de las vacaciones nos reuniremos, ¿sí?― le dices.
―Sí, por supuesto― te responde.
Antes de que te des vuelta, insiste.
―Ehh... Escucha. Ese chico, Kenji... Todas dicen que es un tonto.
―¿En qué sentido?
―Ha salido con diez chicas distintas de todo quinto año.
―¿Y?
Shuichi parece confundido.
―Pues... Nada. Ten cuidado. Podría engañarte...
―Sé cuidarme, no te preocupes. Oh, y si me llega a gustar, al menos ya tengo la certeza de que le gusto― le dices, altiva, antes de darte vuelta.
"Knock out", piensas. Lo has dejado sin palabras.
"Si así es como quieres jugar, muy bien. Que así sea", piensa Shuichi, enojado, y entonces abre su libro de álgebra y sumerge su cabeza en él.
Al otro día, te pasas un buen rato frente al espejo, probándote distintos atuendos para usar en tu cita. Pero, como siempre, te quedas con una remera, una chaqueta y unos jeans básicos. Le avisas a tu madre que saldrás y caminas, a paso lento, hasta el centro. Aún es temprano. Estás muy entusiasmada. Tal vez, sí te olvides de Shuichi. Eso esperas.
Al rato, ves a Kenji. Viene por la acera, caminando. Lo saludas, y, tras comprar unos batidos y unos deliciosos brownies, se sientan en una mesa de la cafetería.
Charlan durante un rato. Kenji te cuenta cosas sobre él: tiene dieciséis años, hace natación, tiene dos hermanos menores, le gusta mucho la música, le va más o menos bien en la escuela, y te da su número. Te parece muy simpático, y es muy lindo. Sin embargo, él no te atrae. Shuichi tenía algo distinto, algo que lo hacía especial. Él es misterioso y enigmático. Y Kenji... No parece tener muchos secretos para tí. De todos modos, tú le gustas, así que seguirás adelante con la relación.
―Y... escúchame... ¿puedo preguntarte algo?― te dice.
―Sí.
―No me refiero a mí, obviamente, pero... ¿te gusta alguien de verdad?
Arqueas una ceja, mientras quitas la espuma de tu milkshake de frutilla con la pajita. No sabes si decirle la verdad o mentirle. Decides decirle una verdad a medias.
―Estuve muy enamorada, pero el chico no me correspondió y ahora estoy muy decepcionada.
―Ese chico era Minamino, ¿verdad?
Lo miras con los ojos muy abiertos. ¿Cómo demonios lo sabe?
―Ehh... ¿cómo lo sabes?
―Todo el mundo andaba hablando de ustedes dos. Pero no sabía que tú no le gustabas.
Suspiras, y apoyas tu cabeza en tu mano.
―Sep... Cosas que pasan.
―Sí, así es― te responde entre risas.
―¿Y tú? ¿Te gusta alguien?
Kenji suspira y se agarra la cabeza.
―De verdad, no. Solo he salido con muchas chicas, pero ninguna me atrajo.
―Sí, Shuichi me ha "advertido" que has salido con muchas chicas y me dijo que tenga cuidado contigo.
―Nah, no soy esa clase de chico. O sea... salgo con muchas chicas y eso, pero no las ilusiono ni nada.
No respondes. No le crees mucho. De todos modos, sabes que no te enamorarás de él. Hay algo en Kenji que te produce rechazo, pero no sabes con certeza qué es.
Luego de un rato, se despiden, y quedan en hablarse para verse otra vez. Después de todo, son las vacaciones. Podría pasar cualquier cosa. Y un poco de diversión no tiene nada de malo.
Un mes después, te viste un par de veces más con Kenji. También te has juntado con Akiko y Natsume (que te alientan para que sigas con él) y con Shuichi. A él te la pasas contándole todo lo que haces y hablas con Kenji para que le den celos. Te mueres de la risa cuando ves sus expresiones o cuando te contesta cortantemente.
Hoy te volverás a juntar con Kenji, en el parque.
Llegas y se encuentran en la esquina. Van a caminar. Al rato...
―Sentémonos― te indica, y se sienta en un banco.
Tú lo acompañas, pero luego te das cuenta de que es el mismo banco en el cual Shuichi te dijo que eras su mejor amiga, y los recuerdos te acosan.
―Escucha― le dices, fastidiosa y sin poder disimular tu mal humor― ¿no podemos ir a otro lugar a sentarnos?
Kenji te mira, extrañado.
―¿Por qué?
―Nada, es que no me gusta este lugar― mientes.
―Dímelo. ¿Por qué no te quieres sentar aquí? ¿Por qué no te gusta este lugar?
Resignada, le resumes todo lo que ocurrió en este mismo banco.
―Ah, es por eso. No te preocupes― te dice, y se acerca a tí―, crearemos nuestros propios recuerdos aquí, en este banco.
Acto seguido, Kenji se inclina y apoya sus labios sobre los tuyos rápidamente. No te da tiempo a reaccionar, así que te quedas petrificada y no haces nada. Él se separa de tí y te mira. Tu mueca desencajada le indica que te tomó por sorpresa.
―Relájate― te dice―, yo no soy como Shuichi.
"No, y por eso no me gustas, precisamente", piensas. Luego, se vuelve a acercar a tí, esta ves más lento, así que no te resistes. También lo besas.
Se pasan el resto de la tarde abrazados, charlando, y besándose. "He tenido mi primer beso con un chico que no me gusta realmente. Espero no arrepentirme", piensas. Lo peor es que no sientes absolutamente nada por él. Aunque te cae bien, y es lindo, no hay forma de lograr que te guste.
Esa tarde, te acompaña hasta tu casa antes de irse. Te deja en el portal de entrada y te besa rápidamente. Mientras lo observas alejándose, solo piensas en una cosa: la cara de Shuichi cuando le cuentes lo que ha pasado hoy.
Al otro día, estás caminando por la ciudad, con Shuichi, cuando decides contarle con lujo de detalles lo que ocurrió ayer, para que los celos lo carcoman.
―Escucha, ayer salí con Kenji.
―Aham...
―Yyyyy... ¡adivina qué ocurrió!
―No lo sé.
―Él y yo nosss...― y le haces una seña con tus dedos, que significa que se han besado.
―¿Qué?― exclama, mirándote con el ceño fruncido. Ha entendido lo que quisiste decir, pero se niega a creerlo.
―Que nos hemos... ¡besado!
Shuichi se detiene. Lo miras.
―¿Qué ocurre?
―¿Lo has... besado?― dice, casi escupiendo la última palabra.
―Sí, ¿y qué?
―¡Te he dicho que terminarás mal!
―¡Tú no lo sabes!
―Tú tampoco.
―Pues al menos lo conozco un poco más que tú. Y además, es más expresivo que tú, ¿sabes?
―¿Es más expresivo que yo?
―Sí, dice lo que siente.
―Yo también lo hago.
―Claro que no. Eres muy cerrado. Y tu modo de decir las cosas no es muy... lindo.
―Ya basta. Sé que haces todo esto para darme celos― dijo, de pronto.
Zas. Descubrió tu estrategia. "Niégalo todo", te susurra cómplice tu subconciente.
―¡Claro que no!
―Para olvidarte de mí usando a otro chico.
―¿Qué dices? Ya me he olvidado de tí.
"No es cierto, no es cierto, no es cierto", piensas. Sí, lo reconoces: sigues tan enamorada de Shuichi como antes.
―Sí, seguro― te dice, sarcástico―. Eres una resentida.
―Y tú, un egocéntrico― respondes, caminando más rápido para dejarlo atrás y alejarte de él. Esta discusión te está cansando.
―Que tú seas muy obvia no quiere decir que yo sea egocéntrico― replica, alcanzándote.
―Y que tú creas que todo pasa en base a lo que me digas, no me hace resentida. ¡NO SOY NINGUNA RESENTIDA!― gritas, harta, y te das vuelta repentinamente, quedando frente a frente con Shuichi.
Sus caras están a solo unos centimetros de distancia. Ambos se quedan mirando durante unos instantes, desafiándose mutuamente y con el ceño fruncido.
Entonces ocurre.
Todo pasa muy repentinamente...
Shuichi toma tu cara entre sus manos y te da un beso de sopetón. Te toma de sorpresa, así que no haces nada más que apretar la boca y cerrar los ojos con fuerza. A pesar de que estaban peleando, esto es todo lo que querías que ocurriera. Sin embargo, no lo consideras un beso verdadero.
Cuando se aparta, ambos siguen con el ceño fruncido. Lo miras durante unos segundos y finalmente le das una bofetada.
―¿¡Por qué fue eso!?― exclama Shuichi, tocándose la mejilla.
―¿¡Y tú por qué me besas!? ¿Qué demonios te pasa? ¡Estoy con Kenji ahora! ¡Recuerda que tú fuiste quien me rechazó en primer lugar!
―¡Demuestro lo que siento!― te dice, a modo de explicación― ¿No es lo que querías?
―¡Maldita sea, Shuichi! ¿Quién te entiende?― le dices, y, tras hacer un gesto de impaciencia, comienzas a alejarte a grandes zancadas. No te das vuelta para ver si te está siguiendo porque estás convencida de que no lo hará.
Cuando le das la vuelta a la esquina, te detienes y te apoyas de espaldas en el paredón de una casa. Te tapas la boca, como para negar lo que ocurrió. Te quedas unos segundos así. Luego te asomas hacia donde viniste para ver si Shuichi seguía allí y lo ves frotándose la cara. Se te escapa una risita. Entonces, Shuichi se da la vuelta y regresa por donde vino.
Al cerciorarte de que se ha ido, estallas en carcajadas. Más que fijarte en lo trágico, te fijas en lo cómico del momento. Las reacciones de ambos fueron muy graciosas. Definitivamente, jamás te imaginaste que tu primer "beso" con él sería así. Estás comenzando a perder la cordura.
En ese momento recuerdas que ahora estás con Kenji. ¿Cómo le explicarás lo que ocurrió? "Ah, ehh... Shuichi me besó y me encantó, ¿sabes?" Pues NO, así no. No. Decides que no le contarás nada. Esta es otra clara señal de que no sientes nada especial por él. Tienes secretos para él. Tienes algo que le debes ocultar.
No sabes adónde irá a parar tu relación con Shuichi, ni como seguirá. Tampoco con Kenji. Sientes que lo estás utilizando, y eso no es correcto. Al final, tal vez, el lastimado sea él.
Shuichi quiere decirte bien lo que siente, pero teme ponerte en peligro. Quizás se arrepienta de esto. Y nunca se le ocurrió pensar que, tal vez, tú te atreverías a correr riesgos por él. ¿Cómo confesarte su amor y cuidarte a la vez? De pronto, un pensamiento aflora en su mente: ¿Y si él mismo te cuida del peligro?
