Disclaimer: Da Vinci's Demons pertenece a Starz y a sus respectivos creadores, escribo esto sin fines de lucro.
Leonardo no podía parar de pensar en el significado de "el sol y la luna"; para el conde el hecho de que el sol y la luna eran los únicos que podían entrar en la Bóveda de los cielos no tenía ningún significado en especial, pero Da Vinci sabía que algo se estaba perdiendo.
—Mi soñador—oyó un susurro burlón por parte de Riario, por lo que volteó con él, al encontrarse sus miradas el conde señaló la entrada, Ima se encontraba frente a ella.
—Leonardo—lo llamó la mujer.
El genio florentino volteó a ver al conde, éste lo miró confundido, ante lo que hizo un gesto permitiéndole a Leonardo que fuera con Ima. Conforme se acercaba a ella, Leonardo entendió la confusión de Riario, el conde no entendía por qué Da Vinci necesitaba su permiso para ir con Ima, era obvio que para que no sospechara de él ¿no? No quería que Riario pensara que lo traicionaría porque… ¿por qué? Ima había estado hablando, pero Da Vinci ni siquiera había puesto atención a sus palabras, por lo que se obligó a centrarse en la mujer.
—Lo elegiste a él sobre mí, Leonardo.
—¿El libro? —el artista no estaba seguro como responder a su acusación, desde el principio su relación con Ima fue un medio para conseguir el libro.
—No, al hombre, al conde.
—No elegí a Riario sobre ti.
—Entraste a la bóveda con él, elegiste volverlo tu luna—la mujer se veía ofendida—sólo el sol y la luna pueden entrar, yo prometí ser una contigo y tú lo elegiste a él.
El rostro de Da Vinci se coloreó, el sol y la luna, eso era lo que lo había molestado.
—El sol y la luna, la entrada a la bóveda, no era sólo por el libro de las hojas ¿es una especie de matrimonio?
—Es nuestra unión más sagrada, el sol y la luna siempre estarán unidos. Los dioses aceptaran su sacrificio con agradado, Leonardo.
Ima se retiró, Da Vinci dio media vuelta, viendo al conde que se encontraba sentado en el suelo haciendo unos trazos en la tierra. ¿Cómo le diría al conde que ambos habían contraído matrimonio? Definitivamente no se lo diría. Era algo que su esposo, su luna, no necesitaba saber. Da Vinci cubrió su boca, tratando de evitar reír, eso acababa de volverse lo más irreal que le había pasado en el nuevo mundo, terminar casado con su peor enemigo, suspiró, lo más extraño, quizá, era encontrarse tan feliz por la noticia.
