Lisbon se permitió respirar cuando vio el chaleco bomba despegarse de su cuerpo y antes de que pudiese pensar en nada más notó el abrazo de Jane, apretándola contra su pecho, y ella se dejó abrazar y mimar durante unos segundos.

Al salir de la gasolinera LaRoche les felicitó por su buen trabajo, estaba realmente complacido y casi sorprendido por que todo hubiese salido tan bien, pero aún así agradeció el cumplido de su jefe. Estaba pletórica, tanto ella como Jane estaban vivos y tenían en su poder a un cómplice de John el Rojo. La vida a veces podía ser maravillosa.

-De esta no te libras -Comenzó Lisbon la regañina.

-¿Qué?

-Has desobedecido una orden directa, soy responsable de tu seguridad, y si te doy una orden, la cumples.

-Me hubiera ido, de verdad, pero entonces hubiera quedado como un cobarde, si me quedé fue por ego…

Un par de disparos interrumpieron la conversación. Tardaron menos de un segundo en comprender que los disparos provenían del coche patrulla en el que el jefe iba a trasladar al secuestrador. Cuando llegaron vieron a un LaRoche atónito y algo compungido, y al detenido abatido en el asiento trasero sobre un charco de su propia sangre.

-He tenido que dispararle… iba a huir…

-¿Quiere que me encargue yo, jefe?

-No, Lisbon. Vaya a casa y descanse, se lo merece.

-A mí me parece bien, pero vas a tener que llevarme al instituto, tengo allí mi coche, ¿recuerdas?

Tanto Lisbon como Jane se mantuvieron en silencio todo el camino, digiriendo lo que había pasado. Estaban tan cerca… Aparcó el coche a pocos metros del del consultor y ambos se bajaron. Era una noche primaveral, tranquila, y querían disfrutarla unos segundos. Lo mejor de escapar de la Parca es disfrutar los pequeños detalles, como el olor a azahar y jazmines que flotaba en el ambiente, la suave brisa y la compañía.

-¿Estás bien?

-Sí, claro. -Ella no le creyó, la muerte del cómplice de John el Rojo era un paso atrás en la investigación, y eso siempre le afectaba demasiado.

-A la próxima, ¿vale?

-Vale.

-Oye, Jane… ya sé que te he dicho que de esta no te librabas y demás, pero quiero decirte que ha sido un gran detalle por tu parte. No tenías por qué quedarte y sin embargo lo hiciste. No hubiese salido de esta de no ser por ti. Gracias.

-Una vez te dije que siempre iba a salvarte, quisieras o no.

-¿Puedo preguntar por qué?

Jane se tomó unos segundos para responderle, quería elegir las palabras adecuadas en su mente. Pensó en recitarle algo de Shakespeare, o quizá alguna cita de algún gran soldado sobre el valor en la guerra. Pero nada le sonaba sincero ni apropiado, por lo que le sostuvo la mirada y con una sonrisa propia de la Gioconda se limitó a murmurar un escueto: "ya sabes por qué".

Ella se limitó a asentir levemente con una apenas imperceptible sonrisa en los labios.

-Se hace tarde, Jane. Deberíamos ir a dormir.

Antes de dirigirse a su coche Jane se acercó a la agente y depositó un suave beso en su mejilla izquierda.

-Buenas noches, Teresa. Que descanses.