=2. Patada voladora =

=Al otro día=

=Universidad de Saitama=

El ambiente era aburrido, sofocante. Fuera del aula de clase, el clima era propicio para divertirse y pasar una maravillosa mañana, pues el sol dejaba iluminar cualquier parte del campus de la universidad y el viento arreciaba de manera sutil, refrescando los rostros de las personas en el exterior. Un sábado tan hermoso como ese, cualquier estudiante de la universidad, disfrutaba de su fin de semana, tumbado en su cama, saliendo con amigos o tal vez, con sus novios o novias. Pero no esos alumnos, no los del último año de gastronomía, a su parecer, ellos eran los único que estaban ahí. Los únicos a los que se les obligaba a asistir de las 9 de la mañana hasta las 12 del mediodía, por el bendito seminario de titulación que recibían para poder graduarse. Y a su parecer, también, el profesor Lewis, el catedrático más aburrido y estricto del campus, era el mismísimo demonio. Aburrido y estricto, con un reinado completo sobre el aula más acalorada y sofocante del edificio. Sí, el diablo en el mismo infierno.

Hye Sun, como otros de sus compañeros de seminario, estaba casi por caer dormida sobre su pupitre, de no ser porque el timbre sonó y la charla monótona y ya aprendida por el alumnado, acerca de responsabilidad y esfuerzo en ese último semestre, terminó. Todos, veloces como el rayo y sin perder ni un solo momento, tomaron sus cosas y se esfumaron cual humo de cigarro al ser arrastrado por el viento. Fuera del aula, Hye Sun se permitió bostezar libremente (porque en clase la hubieran regañado) y estirarse como gatito, mientras caminaba a la salida del edificio y se dirigía a su dormitorio. Estaba cansada, la noche anterior, había estado dando un espectáculo como DJ en un antro de la ciudad y aunque no era lo suyo (pero si de sus hobbies favoritos) había prendido de manera estupenda el ambiente y ganado más de una oferta para volver a hacer de las suyas. Claro que lo haría, tal vez en unas semanas, cuando terminara la primera etapa de su seminario y ella pudiera desvelarse los viernes, sin tener que levantarse y asistir a clase por la mañana del sábado.

Con cara de sueño y sin prestar demasiada atención por donde iba, Hye Sun robaba miradas de sus compañeros, dado que con sueño o sin él, la coreana no podía evitar lucir extrañamente radiante. Sus ojos azul cielo, siempre brillantes y alegres, destellaban con particularidad, su piel blanca contrastaba a la perfección con su cabello negro azulado, que era su rasgo más característico, muchos la solían llamar "La chica pelo azul" o simplemente y los que ya se habían acostumbrado, usaban por diminutivo "Sunny". Esa mañana en particular, Lee Hye Sun, estudiante de intercambio, proveniente de Seúl, Corea del Sur, robaba miradas por el simple hecho, de que muchos de los presentes en el campus, habían acudido la noche anterior al mismo antro y se habían enterado rápidamente (gracias a los más chismosos de por ahí) que la peli azul, se había convertido en el centro de una apuesta (que nadie supo bien como había estado) y que al enterarse, había tenido las agallas y el orgullo de plantarse frente al patán apostador y arrojarle sonora cachetada, que a más de un caballero le había dolido. Lo importante en eso, no era el por qué había pasado, si no el con quién. Y ese quién, había sido nada más y nada menos, que el portero de Japón, el titular del Urawa Red Diamonds, Ken Wakashimazu.

-¡Hye Sun! ¡Hye Sun!- gritó una chica delante de ella y haciendo que la coreana, despertara de su caminata sonámbula. La coreana entornó los ojos y vio a unos cuantos metros de ella, a la chica que en su estancia en Japón, se había convertido en su mejor amiga. Uña y mugre, papa y cátsup, una con otra, siempre yendo a todos lados y nunca abandonándose cuando se necesitaban. La chica que corría, alta, delgada, de ojos tan azules como los de Hye Sun, pero más grandes y redondos, por su procedencia americana; y de cabellos negros, le dio alcance prontamente y tras un saludo casual, se unió a la caminata de Hye Sun. Lorean Risse, era y sería siempre la mejor amiga, la mejor futura veterinaria y sobre todo, la chica más cool que Hye Sun siempre conocería.

-¿Cómo estás...?- preguntó Lorean con una mueca de inseguridad. Hye Sun supo, que se refería a lo ocurrido la noche pasada, el incidente de la cachetada y del que muchos, hablaban en esos momentos.

-Bien, no veo porque tendría que estar mal- respondió sonriendo- Solo tengo sueño, no vuelvo a dar espectáculos noches antes de mi seminario. ¿Tu cómo estás? ¿Qué haces fuera de la cama tan temprano? ¿Estás enferma?- se mofó la coreana

-JA, JA, JA- se burló Lorean- No lo estoy, ¿sí? Se supone que tendría clase por que el jueves mi profesor no vino, pero hoy tampoco. Solo me hizo despertar para nada. Y... ¿estás segura? Ayer en serio te veías molesta

-¿Cómo no estarlo? Ese imbécil cree, que puede llegar, besarme y ya. ¿Cobrar el precio de la apuesta? ¿Pues que soy...?- Hye Sun de repente, volvió a molestarse, demasiado, por lo mencionado la noche pasada-

-Calma, calma o me vas a acabar asesinando- le dijo Lorean en una sonrisa, que Hye Sun acompañó

-Hoy tengo que ir al Dojo, que Kazehaya, el de mi clase de "Macroeconomía", me recomendó. No está demasiado lejos... Si puedo inscribirme, sería genial para mí. ¿Porque no vienes conmigo?- le preguntó la coreana. Lorean, que siempre la acompañaba a todos lados, aunque solo observara, agacho la cabeza, en una especie de disculpa y se sonrojo.

-No puedo Hye... tengo una cita- susurró. Hye Sun rió y lo comprendió. Hacía meses que su amiga no tenía citas, hacía meses que una herida en el corazón le impedía conocer a alguien. Si por fin, había una oportunidad, bueno, ella no lo estropearía. Se alegraría y sin ningún remordimiento, acudiría ella misma a mirar el Dojo que le habían recomendado, cuando menciono que le gustaría volver a practicar el Karate, que hacía dos años, había abandonado en Corea.

:-:-:-:-:

=Campo de entrenamiento del Urawa Red Diamonds=

-¿Ken, es cierto que ayer te cachetearon?- preguntó un miembro del equipo al portero, que esa mañana, se miraba nada entusiasta y muy apagado. Sorimachi y Sawada, delante de él, corrieron a su compañero preguntón con un movimiento de cabeza y miraron a Ken, que suspiraba apesadumbrado. Toda la mañana había sido así, desde que habían llegado al campo, él y sus amigos del Toho había entablado una conversación acerca de los sucesos ocurridos la noche anterior, desde la apuesta formulada (una muy tonta, según Sawada) hasta el desenlace de la historia, en el que después de ser duramente cacheteado por aquella hermosa chica de cabellos azules, Ken y compañía había salido del bar, en un ambiente muy incómodo. Dicha conversación, había sido escuchada por sus compañeros de equipo, en los vestidores de las instalaciones y eso, había desencadenado una serie de preguntas y burlas, en su mayoría.

Para el final del entrenamiento, que por ser del día sábado, duraba solo 4 horas, Ken ya estaba harto pero ligeramente acostumbrado a las burlas y comentarios de sus compañeros. No se había detenido a explicar demasiado, pero si a regresar unos cuantos balones (durante la práctica de tiro) con técnicas especiales que gozaban de fuerza y potencia poco utilizada en entrenamientos normales y más bien aplicada, sobre los enemigos en el campo de juego.

-Ya sé que fui un completo idiota, pero la culpa fue tuya- le recriminó el Karate Keeper, a Sorimachi.

-¡Lo siento! Lo he dicho toda la mañana, no debí extender mi manota con el dinero prometido, debía escuchar primero que no deseabas seguir con la apuesta, lo siento, lo siento, ya no me reclames- se volvió a disculpar el castaño. Sawada contuvo la risa y Ken rodó los ojos, sabía que Sorimachi ya se había disculpado lo suficiente, pero aun así, no podía pensar en el momento en que al darse la vuelta, había sido para recibir un buen golpazo en la mejilla.

-Ah... lo malo es que no sé dónde encontrarla de nuevo- se lamentó el portero

-Tal vez en eso si puedo ayudar- comentó alegre Sorimachi- ¿Recuerdas a esa chica de anoche?- preguntó

-¿La pelinegra?-

-Sí, se llama Lorean y aparte de ser súper hermosa, es amiga de tu DJ- le dijo sonriente- Tengo una cita con ella, más que nada para explicarle que no apostamos por su amiga. Sé que así fue, perdona buena explicación a los hechos nos ayudará a ti y a mí. Yo quiero salir con Lorean y tú quieres volver a ver a la chica peli azul, dame esta noche y mañana te diré lo que averigüé- le pidió

-¿Lo prometes?- preguntó Ken, Sorimachi sonrió y el trato, se cerró (de nuevo) -Bueno... me voy, mi bobo hermano decidió irse de fin de semana a Hokkaido, así que el dojo quedó a mi cargo. Nos vemos-

:-:-:-:-:

=3:00 PM=

=Dojo de Karate=

No estaba segura de sí la soledad del lugar se debía a que, los sábados, no son días especialmente destinados a la práctica del karate, o a que en realidad, no hubiera nadie porque no era el mejor lugar, en el que se podía aprender. Pensó durante un momento, si era una buena idea adentrarse a pedir informes o mejor dar la media vuelta y seguir sus pasos rumbo a su dormitorio. Estaba tan concentrada, que el ruido de una puerta al cerrarse, la sacó de sus cavilaciones.

Al fondo del amplio salón de práctica, existían dos puertas de madera clara, a ambas esquinas de la pared y en el centro, un enorme espejo, idéntico al de la pared de enfrente. De una de las puertas, emergió un chico, alto, e cuerpo claramente bien ejercitado, de cabellos oscuros y negros, que caían con gracia y una muy marcada rebeldía sobre sus hombros anchos y su espalda un tanto encorvada. Como le daba la espalda, para poder cerrar la puerta, Hye Sun solo pudo mirarlo de espaldas, aunque no por mucho. En cuanto aquel joven tan atractivo a la lejanía se dio la media vuelta, la coreana solo atinó a abrir la boca, sin dejar libres las palabras que se agolparon en su boca. Ahí estaba, como la noche anterior, siempre atractivo a la vista, interesante y con ese rostro, que nunca aceptaría, pero la había perseguido, desde el momento en que él se dio la vuelta y abandonó el antro.

Ken miró a la chica que curiosamente, estaba a unos metros de él, en medio del recibidor del dojo y con la sorpresa marcada en su rostro. Músculos tensos y una mirada que se encendió en desprecio al instante en que se cruzó con la suya. Sin poder reparar más en eso, o en los detalles que habían rodeado su presentación el uno con el otro, la noche anterior; Ken se permitió sonreír ampliamente, por la presencia de esa chica, con cabellera azulada que lo había estado haciendo alucinar.

-Hye Sun, que sorpresa- dijo el chico con el tono más serio y una tanto indiferente, que su boca pudo articular. Se sentía un poco abrumado por la idea de que en solo un instante, la chica que había estado pensando todo el día, se había materializado por obra de Dios en su dojo. ¡Que buen momento para que su hermano se fuera de fin de semana!

-¿Qué demonios haces aquí?- preguntó Hye Sun irritada y saliendo finalmente del impacto en que se había envuelto.

-Es mi dojo… ¿Qué es lo extraño?- comentó el chico, mientras se ajustaba la cinta negra a la cintura y daba unos cuantos pasos al frente- ¿Tú que haces aquí? ¿Estás acosándome o practicas aquí- preguntó

-¿T-Tú…. Tu dojo?- balbuceó ella. ¿Sería posible? En una sola noche, aquel chico le había mentido a la cara de manera inconcebible e imperdonable, así que bien podría estar mintiendo respecto a dojo. Eso o… O era verdad. ¿Qué tanto sabía ella de él? ¡Nada! Solo lo conocía por qué se trataba de una de las celebridades más populares en todo el Japón, pero… ¿sería posible que el portero de la selección, fuese dueño de un dojo… de ESE DOJO, en particular? Ken rió de nuevo. Y se acercó a un más…

-Sí, mío. O bueno, de mi familia. Lo tenemos desde hace algunas generaciones, mi familia se ha dedicado al karate desde mis tatarabuelos… yo rompí la tradición, cuando decidí practicar futbol. Y si eso no lo sabes, entonces creo que no practicas aquí, generalmente esta mi hermano mayor, que es un excelente karateca, pero bueno… hoy me tocó a mí- comentó a la ligera- ¿En serio me acosas?- preguntó divertido

-¡NUNCA ZOPENCO!- exclamó la coreana con hastío- Vine para pedir informes acerca de este dojo, pero si es tuyo o de tu familia, me queda claro que nada tengo que hacer aquí- resopló

-¿Practicas? ¿En qué cinta estás?- ¡Que chica! Guapa, DJ, karateca… ¿Qué tanto escondía? ¿Cuántas habilidades tenía bajo la manga? No quería esperar para descubrirlo, porque eso quería. De repente, se encontró a sí mismo, deseoso de averiguar, quien era, que hacía, que tanto sabía….

-No es de tu incumbencia- respondió ella con desdén y se dio la media vuelta para irse. Ken solo pudo quedarse embobado, mientras miraba como la chica giraba con gracia sobre sus talones, deslizando sus zapatos de piso por el suelo de madera.

-Que aburrida. Si eres una simple novata y te da pena pedir apoyo, realmente eres una chica aburrida. Vete, tus muñecas Barbie, deben sentirse solas…- su tono era provocador, su sonrisa llena de burla, no dejaba ninguna duda, ni siquiera una pizca de inseguridad, de que esas palabras, eran lo que eran: provocaciones. Que como tales, surtieron efecto. Hye Sun se detuvo en medio de su andar y por un momento, sus hombros rectos y tensos, se relajaron. Si Ken hubiera podido verla, habría atisbado el destello de sus ojos azules y su sonrisa de medio lado que claramente significaba: "Te arrepentirás…"

Dejó caer el suelo su mochila de un hombro con la que solía viajar cuando salía. Y sin girarse a mirar al portero, dio exactamente 5 pasos, que la dejaron a solo un metro de distancia del chico que extasiado, miraba cada uno de sus movimientos, sonriendo simplemente por el hecho, de que ella siguiera ahí, en lugar de haberse ido, como tenía planeado. Tanto era su asombro de que sus palabras hubieran dado en el blanco, que no pudo divisar lo que vendría después. Hye Sun se detuvo en seco, giró lentamente para darle la cara y sonrió triunfante. Los brazos a los costados, los músculos relajados, pero silenciosamente preparados para lo que sucedería. Solo bastó un segundo.

Un momento tan breve, que Ken se preguntó si la coreana poseería alguna de las habilidades del súper héroe más rápido, sí, ese… Flash.

Hye Sun, veloz y ágil, abrió las piernas a la altura de sus hombros, dio un pequeño brinco, casi imperceptible, pero necesario para tomar impulso y con toda la energía que siempre ponía, en esa, su técnica favorita, elevó su pierna derecha por los aires, en un giro de 360° que impactó justo sobre la mejilla contraria, a la que había golpeado una noche antes. Patada Voladora... muy buena si deseas dejar callado a alguien.

Ken cayó al suelo. Su mano se dirigió a su mejilla y el dolor pronto se hizo presente. Sin embargo, su sonrisa no se borró:

-Creo que debes practicar más soccer, el karate no es tu fuerte- se mofó la chica

-Me trago lo dicho…. Tus muñecas de seguro, son igual de salvajes que tú- rió Ken. Y sin poder evitarlo, Hye Sun rió.

-¿Dónde aprendiste a hacer eso?

-Practique karate antes y durante 5 años. Sor realmente buena, no creo poder llamarte sensei… creo que sé más que tú- se regodeó ella

-Tal vez, pero eso es porque yo prefiero el soccer. Habrá que ver…- comentó él. Ella se acercó con calma y se inclinó un poco para estirar la mano y ayudarlo a levantarse. Su sonrisa, permaneció ahí, hechizando por completo, al portero karateca.

-¿La primera clase es gratis?- preguntó ella. Ken, sonrió….

CONTINUARA …

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¡Hola a todos! Muy buenas noches… bueno, bueno… heme aquí de nuevo, con esta trama que realmente me será súper divertido presentarles. Debo confesar que cuando pensé en una historia para el portero más greñudo de todos, no imaginaba la clase de chica que se merecía, pero la he encontrado, esta dulce coreana que les traigo, encontrada en los rincones más profundos de la enorme ciudad de Seúl, ha llenado todas mis expectativas y sobre todo, me ha convencido de ser la elegida para nuestro protagonista.

Gracias a:

SusyEugenio: Espero no defraudarte, dar en el blanco no solo con la chica, sino también con cada episodio de esta historia, dedicad a ti.

CANDY: Increíble, verte por aquí. Aunque sé que te agrada como escribo, sigo con el miedo de que un día, vos seas la que no aparezca. Esperando que esto te agrade, dejo un segundo capitulo.

OPAWER: ¡Muchísimas gracias! Es un placer y un honor, teneros entre la audiencia.

ValeMisaki: ¡Sorpresa! Que felicidad tenerte en esta historia, te extrañaba, espero te guste.

HaydePatricia: Muchas gracia. Espero no defraudarte.

¡Nos estamos leyendo!

ATT: JulietaG.28

*Despedida especial: (Por Ken) –Chicas hermosas que se han presentado a leer esta historia donde Julie me metió D: espero que les este gustando (por tratarse de mí) y que no me abandonen. Sin ustedes, en serio que sería un tormento padecer todas las locuras de esta autora D: ¡Sálvenme!- (JulietaG.28 ¬¬) Pero bueno… siendo el símbolo de esta historia, les pido encarecidamente que comenten /u/ dejen sus opiniones y ¡claro! Envienme un beso. :* Nos vemos… ¡Tengo que entrenar!* -sale corriendo y el capítulo finaliza.-