Hacia tantos días que habían comenzado a dormir juntos, desde ese hermoso accidente y la intromisión de una bellísima sobra castaña colándose a , extrañado por el gran calor del que ahora era protagonista y al darse la vuelta se encontró con un hermoso perfil, junto con unos parpados cerrados y cubiertos por necios y despeinados cabellos mayor solo pudo soltar un suspiro de satisfacción y una sonrisa se posó en su cara, el menor dormía boca abajo abrazando con ambas manos una almohada en la cual recargaba su cabeza, "se ve malditamente adorable" pensó el sargento pro rápidamente siguió la línea de la espalda bien trabajada de el castaño y detuvo sus ojos en la espalda baja donde la sabana cubría el bien proporcionado trasero de su amado, no pudo resistir la tentación de tocarlo, estiro la mano y sintió una chispa cuando esta entro en contacto con el cabello de eren, lo revolvió y siguió bajando, recorrió la espina dorsal del menor sintiendo así la suavidad de su piel, tostada por el sol de los entrenamientos que, a pesar de haberse extinguido los titanes, habían sido continuados como medida de prevención en caso de algún posible problema y en los que el ojiverde se esforzaba al máximo, entrenamientos que rendían frutos y que le otorgaba a Levi la más hermosa vista que se podría pedir, eren al sentir el rose despertó un poco extrañado pero se dio cuenta de que se encontraba en la habitación del mayor y de que este no se había dado cuenta de que ya no estaba inconsciente de las caricias que le proporcionaba, así que decidió seguir fingiendo que dormía y disfrutar de la oportunidad que pocas veces se presentaba, por su parte el mayor solo suspiraba mientras veía a si amante, sus manos comenzaron a actuar solas y pronto ya estaba encima del menor abrazándolo y inhalando ese sensual aroma al que se estaba volviendo particularmente adicto.

-si continua con eso capitán tendrá que atenerse a las consecuencias-dijo el menor que ya no resistió el guardar silencio ante los actos tan indirectamente sensuales de su superior, por parte de este se escapó un salto y un rubor extremo por haber sido descubierto en tan penosa hazaña, sin embargo en lugar de soltar al menor solo se acurruco y sostuvo con más fuerza la espalda del menor.

-mocoso idiota, si estabas despierto debiste de haber dicho algo-

-era mejor no hacerlo, así disfrute mucho más de tus caricias-

Y con ese comentario el menor se dio la vuelta y encaro a su amado, una llama característica de esos dos se encendió mientras el verde esmeralda se fundía con el plateado brillante en una hechizante posición, sin romper ese encanto eren acerco sus labios a los del mayor rozándolos sin concederle a Levi el hermoso regalo de un beso en forma, por su parte el mayor quedo estático, esperando el ansiado contacto que no llegaba.

-¿capitan, deberíamos ir a clase no lo cree?-dijo en forma de susurro el menor haciendo que el otro se estremeciera por el contacto de sus respiraciones, y se sumergió de nuevo en sus recuerdos.

Una pequeña, casi nula, una simple gota de salado sudor resbalaba desde la frente de Levi, él aún no entendía qué tenía aquél 'mocoso de mierda' que le volvía loco, todo había pasado rápido, demasiado rápido, lo recordaba como si hubiera sido el día anterior, pero no. Ya habían pasado algunos meses desde aquélla tarde en los establos:

-H-Heichou, no deberíamos estar aquí.- Musitaba el sonrojado ojiverde.- ¿Qué pasará si Hanji-san nos encuentra?-

-Tsk. Nadie te obliga a quedarte, los caballos no dirán absolutamente nada.-

Diciendo esto, el pelinegro inclinó la cabeza, buscando el pequeño 'crack' que producían sus huesos.

-¿Acaso tienes miedo? Qué joda, primero me ruegas que tome algo de tiempo para tus estúpidos jueguitos y ahora me pides que me detenga. Tsk.-

-N-No es miedo, e-es sólo que...- La duda se asomaba en la quebradiza voz del chico.- N-No sé besar.-

A medida que decía esto, el color se iba directo a su cara, por su parte, Rivaille no sabía qué decir.

Al inicio pensó en golpear al castaño e irse hecho una bestia por haberle hecho perder el tiempo, pero no lo hizo, en su estómago se reunió la energía que subió por su laringe y salió en forma de estruendosa carcajada por sus labios.

-¿E-Estás, estás jodiendo, verdad?- levi no podía creerlo, a penas conseguía hablar entre risas.- ¡Qué te jodan! ¿quién diría que después de todo eres sólo un mocoso? Oi... ¿Eren?-

Aquellas estruendosas carcajadas fueron acalladas por pequeños sollozos, provenientes, claro, del soldado.

-P-Por eso no quería decirle, Heichou, s-sólo soy un mocoso para usted.-

Levantando la mirada, sí, aquellos ojos esmeralda que tanto gustaban al de menor altura, Eren se mostró tal cual era. Lágrimas rodaban con prisa a través de los ríos formados en sus mejillas, esos ojos infundían una sensación extraña en el sargento de la tropa, quien a pesar de que minutos antes había reído como nunca, justo en ese momento sólo quería abrazar al ojiverde.

-Tsk. Eso no es problema, cierra los ojos.-

-¿M-Mis ojos?

-¿Cuáles otros? Tsk.- Tronando la boca, a modo de disgusto.- Sólo obedéceme o cambiaré de opinión.-

-E-Está bien, Heichou...-

-Muy bien, ahora acércate a mí.

-P-Pero...-

Sin esperar al castaño, el de mayor edad le tomó del cuello y lo arrastró hacia sí, terminando de cortar la de por sí ya nula distancia entre ambos. El nerviosismo de Eren era más que visible, mientras sus labios permanecían unidos, las lágrimas seguían cayendo, mojando sus temblorosos labios.

-Tsk. ¿Tan mal lo hago, mocoso? ¡Deja de llorar como puta nena! No me gustan los besos con sabor a sal.-

-Glump. P-Perdón.-

Tomándo la iniciativa de nuevo, el pelinegro se unió al castaño, esta vez rodeando su cintura con las piernas, casi sentándose sobre él.

-Oi, vamos, te dije que dejaras de temblar ahora mismo.-

Poco a poco, Eren dejaba de temblar y sólo se dejaba llevar, a causa de la necesidad de oxígeno, al cabo de unos segundos se separaron, sin embargo, ahora quien tomó la iniciativa fue él...

Tomándo a levi y acomodándose mejor, abrió la boca, dando permiso al sargento de meter su lengua dentro. Las lágrimas derramadas se habían secado ya, ahora sólo sentía ganas de no soltar al objeto de su deseo.

-Vaya, vaya. ¿Quieres que la introduzca?-

-H-Heichou... -Jadeando-

Sin responder volvió a acercarse al sargento, quien decidió complacer al castaño, introduciendo primero la punta de su lengua para buscar la ajena.

Con leves movimientos, ambas lenguas batallaban la supremacia, Eren defendía su territorio, levi reclamaba un nuevo mundo...

-¿levi?-

Una voz conocida le sacó de su ensueño. Es cierto, habían pasado algunos meses desde aquél entonces, pero ahora, Eren, ese mocoso que le volvía loco, el único capaz de llevarle al éxtasis, se hallaba a su lado, sonriendo benévolamente.

-¿Qué pasa,levi? ¿H-Hoy no tienes ganas?- Acurrucándose en sus fuertes y bien torneados brazos.- Si es así, puedes dormir un poco.-

-Tsk. No necesito tus cuidados de nenita.-

En el fondo, muy en el fondo, a levi le complacía el hecho de que ese chico de facciones finas le diera su amor sólo a él. Nunca lo admitiría, por supuesto, pero era reconfortante tener un lugar cálido al cuál volver después del colegio.

-¿Qué? ¿Acaso te parece que me siento mal?.-

Dicho esto, el pelinegro dió la vuelta y se posó sobre el castaño, quien atrapado por el cuerpo de levi, y vaya qué cuerpo, uno que parecía haber sido tallado por las manos de un Dios griego, el que le hacía sentir cosas extrañas, pero que le gustaban, atrapándole la cadera, brazos fuertes cerrándole el paso a sus manos, el chico sólo sonreía animado.

-Supongo que no, Heichou.-

Tomándo aire, el menor se disponía a contra atacar, lamiendo el cuello de su sargento cuando el sonido de una puerta abriendose y estrellándose con fuerza en el muro, seguido por un grito de alegria, grito sí, de una voz conocida, hacía acto de presencia.

-¡Hey, levi, adivina quién salió de la cárcel! Así es... ¿Qué está pasando aquí?-

La expresión de la joven castaña parecía extrañada, un poco molesta quizás.

-¿No me explicarás, pequeñín?-

-Tsk. ¿Qué quieres que te diga? Una imagen dice más que mil palabras, ¿no?-

-H-Hanji-san, y-yo t-tengo una gran explicación para esto.-

Cubriéndose la cara con las sábanas, Eren trató, vanamente, de ocultarse.

-¡Nyahoi! Sabía que había algo más que simple compañerismo entre ustedes dos.-

Dándo leves codazos en las costillas al de menor altura, la 'científica' obsesionada con los titanes soltó una carcajada, para después dar la vuelta y salir con un golpe seco de la puerta.

-H-Heichou... ¿Tendremos problemas?-

-Claro que no, esa loca sabe que no debe decir nada o si no...-

Abriendose de nuevo la puerta, un papel cayó en el pie de la cama.

-Ah, sí, sí, te llegó una carta, levi, léela cuando hayan terminado.-

Y la de los lentes volvió a salir.

Sin ánimos, el pelinegro aflojó su agarre, a decir verdad, esa intrusión le había quitado las ganas de todo.