¡Hola! :) ¡muchas gracias a las personas que comentan! Ustedes son los que me motivan a seguir escribiendo, bueno aquí un nuevo capitulo. Se que muchas se impacientaron por que nuestro hermoso Alien Pervertido no aparecía, tengan paciencia :3
Para los que les gustaría saber más acerca de la historia y datos interesantes o avances, ahora pueden saberlo gracias a una pagina en Facebook que he hecho, no precisamente para esto, pero servirá :3 La pagina la pueden encontrar poniendo en el buscador "Sora-Chan;3" así como esta :) es muy fácil. La pagina también es especial para amantes del anime, música o cultura relacionada con Asia, ya saben ;)
¡Bueno ya no les quito más su tiempo! ¡Nos leemos en dos semanas! :D
Capitulo III
Después de hablar un poco más con Satsuki-san, mi nueva jefa, sobre el trabajo regrese a mi casa. Acomode mis compras donde corresponden, tome mi computadora portátil que estaba en la barra de mi cocina y la abrí para revisar mi correo. Generalmente no lo usaba mucho, pero me servía para comunicarme con mi madre y hermana que estaba muy lejos. Tenía solo un mensaje y no de mi madre, si no de Tora. Me lleve mi computadora a la sala y me senté en el cómodo sofá blanco, subí mis piernas y las cruce al estilo indio, puse la computadora en mis piernas, abrí el mensaje y lo leí.
Misaki, la fiesta será el próximo Sábado, ya tengo listo el vestido que usarás, te lo envíe junto con unos zapatos y varios accesorios, yo no lo escogí lo hizo Chiyo así que espero que te guste y si tienes alguna queja díselo a ella. Recuerda que serás la acompañante de mi primo ese día, así que espero y te comportes.
Hasta entonces.
Igarashi T.
Vaya problema.
No quería tener nada que ver con hombres pero había aceptado pasar toda un noche con uno. Además de que ni siquiera lo conocía. Pero ya no puedo retractarme, había aceptado hacerle ese favor a Tora y no le iba a fallar.
Cerré mi laptop sin contestar el mensaje y la puse en la pequeña mesa de madera que estaba frente al sofá, me levante y estire los brazos sobre mi cabeza mientras daba un largo bostezo. Me dirigí al baño a lavarme los dientes y luego me fui a mi recamara y me metí en la cama, con las frescas sabanas cubriendo mi cuerpo.
En cuanto mi cabeza toco la almohada me quede dormida.
-¡Misaki!
-¿Si?- levante la vista de los papeles que estaba llenando para poder ingresar a la universidad.
Ya habían pasado dos días desde que conseguí un nuevo empleo en el pequeño bar a dos cuadras del edificio donde vivía, había ido el Domingo por la tarde como espectadora, donde mi jefa, Satsuki-san y algunas otras empleadas me explicaron en que consistía el trabajo y lo que tendría que hacer, lo cual no se me hizo demasiado difícil; solo tendría que tender las mesas y algunas que otras veces estar detrás de la barra en la caja registradora.
También había asistido a la universidad que estaba a solo 7 km. de mi apartamento, no era la mejor, pero la cuota era baja y ofrecían becas a los estudiantes con mejores calificaciones, así que estaba bien. Tendría que ir mañana mismo a dejar mi inscripción y serían dos semanas de clases extra, antes de iniciar con las clases verdaderas.
-¿Me puedes ayudar a acomodar esos libros que están en la caja?- Sakura también había encontrado otro trabajo de medio tiempo después de este, solo que ella no asistiría a la universidad.
-Claro, yo me encargo de esto Sakura.- le sonreí y ella también mi.
Aunque Sakura era como una niña pequeña, a la que tenías que estar cuidando demasiado si no, se metía en líos, a veces podía ser muy madura y responsable.
-¡Gracias!- me grito y yo me lleve el dedo indice a los labios pidiéndole que guardara silencio.
Deje mi bolígrafo sobre el papel y me levante de mi asiento, tome la caja que estaba detrás de mi y salí del mostrador.
La caja pesaba mucho, debía de contener unos 30 libros como de un kilo cada uno.
Camine hasta la sección de literatura inglesa y puse unos cuantos en las repisas de abajo, por orden alfabético. Quite de algunas repisas algunos otros libros que no iban ahí y los eche a la caja para después acomodarlos donde deben de ir.
Seguí caminando por los estantes hasta que la caja quedo medio vacía. Tuve que volver a la sección de literatura inglesa ya que había encontrado un libro de ese tema en la sección de cocina.
El libro tenía que estar en el estante superior, pero estaba muy alto, volví al mostrador y saque detrás de él una pequeña escalera, volví a la sección de literatura inglesa y acomode la escalera, me subí en ella hasta el último escalón y puse el libro donde correspondía, también acomode otros que no estaban en orden alfabético. Di un paso hacia atrás inconscientemente y resbale.
Caí encima de otra persona. Y lo se por que sus brazos estaban alrededor de mi cintura y sentía su cuerpo debajo de mi. Cuando me recupere me senté de golpe, mire tras de mi y vi que era un hombre, me asuste y me aleje de él lo más rápido que pude.
-Lo siento mucho, tropecé sin querer y caí.- me disculpe con la persona que había redibado, este también se sentó y me miro a los ojos.
Casi me quedo sin respiración al verlo.
Era demasiado atractivo para su propio bien o el de cualquier persona, tenía el cabello rubio un poco demasiado largo y despeinado, como si minutos antes se hubiese pasado la mano por el, le cubría la frente y los lados de la cara, al igual que las orejas, al menos un poco. Sus ojos eran de un color verde esmeralda, muy profundos y hermosos. Sus labios eran perfectos y muy masculinos, su mandíbula era cuadrada y en ella había una ligera, casi inexistente barba. Se levanto del suelo y se sacudió la tierra de sus pantalones. Era muy alto, debía de estar como en el metro noventa y eso era mucho para mi metro setenta y cinco, así que levante el cuello para mirarlo.
-No te preocupes, suele pasar.- su voz sonaba como una melodía en mis oídos. No quería dejar de escucharla aunque pasaran años, estaba tan cautivada viendolo que de seguro tenia la boca abierta y de ella caía una cascada de saliva.- ¿Te encuentras bien, no te lastimaste?- pregunto.
-No, estoy bien.- me sorprende que haya podido encontrar mi propia voz para responderle, sentía la boca demasiado seca y la garganta me ardía. Iba vestido con una camiseta de color azul que le quedaba a la perfección y le marcaba su fuerte pecho y anchos hombros, sobre ella llevaba un saco de color negro, que por el corte y estilo debería de valer una fortuna, vestía unos pantalones de mezclilla de color negro y zapatos del mismo color.
-Deberías tener más cuidado.- Este hombre parecía haber sido creado para que las mujeres se enamoraran de él y los hombres le envidiaran, mis ojos dejaron de evaluarlo y regresaron a su cara. Él levanto una ceja y una esquina de su labio se levanto, como si supiera lo que acabo de hacer. Me sonroje.
-Si...yo, lo siento en... en verdad.- me disculpe por segunda vez, ya que parecía que eso era lo único que podía decir. O lo único que creía correcto hacer, al menos en este momento.
-Ya para de disculparte, se que no lo hiciste con intención de caerme encima y hacer que me golpeara la cabeza.
-¡¿Te golpeaste la cabeza?!- cerré los ojos con fuerza y solté un gemido, ahora si que me sentía mal por él.
-No, tranquila.- extendió los brazos a sus lados y se dio una vuelta.- Como puedes ver, estoy perfectamente, ni un solo rasguño.- me sonrió, y juro por Dios que fue la sonrisa más hermosa que mis ojos hayan tenido la fortuna de apreciar, aunque parecía ser perfecto no lo era, al menos no sus dientes, ya que uno de los de arriba estaba un poco torcido hacia dentro, pero esa imperfección lo hacía aún mas perfecto. Y eso era algo increíble.
Levante la caja que estaba aun lado de las escaleras. Ya no podía estar un minuto más cerca de este hombre, si así fuera sería probable que me derrumbara en cualquier segundo ya que mis piernas parecían estar hechas de gelatina.
-En verdad lo siento.- Vi que iba a decirme algo sobre disculparme así que hable antes de que dijera algo.- Tendré mas cuidado la próxima vez, pero tu también deberías tenerlo, ¿que tal si la próxima vez si te sucede algo malo?- Trataba de mirar a cualquier lado con tal de evitar sus ojos, esos ojos que parecían capaces que atravesarte el alma con tan solo una mirada.
-¿Así que me estas diciendo que habrá una segunda vez? - se rió entre dientes, eso fue lo mas hermoso que mis oídos han escuchado jamás.
-No es eso.- nunca había entendido a las personas que querían que un pozo de abriera a sus pies y se los tragara destruyendo así su existencia en la Tierra hasta ahora. Me sentí muy avergonzada por lo que dije. -Simplemente, tendré más cuidado.- levante la vista de sus pies a sus ojos y sentí mi cara arder unos cien grados más, aunque creo que eso sería imposible, sentía que mi rostro parecía un completo tomate maduro. Volví a mirar al suelo.- ¡Adiós!
Me aleje lo más rápido como mis pies me lo permitieron, aún me faltaban muchos libros por seguir acomodando pero por el momento solo deseaba encerrarme en uno de los baños y esperar a que él se fuera, y así lo hice.
-¡Adiós Misaki!- se despidió Sakura mientras agitaba su mano y se daba la vuelta para irse del lado contrario a donde yo me dirigía.
Hoy era mi primer día de trabajo en el bar, ¿o debería decir noche?, como sea, estaba un poco nerviosa. Yo había empezado a trabajar desde los 15 años, para ayudar a mi madre a pagar los gastos de la casa, y la deuda que había dejado mi padre, había trabajado como ayudante en una carpintería, para ser exacta haciendo algunos pedidos. También estuve trabajando en un pequeño restaurante después de la escuela secundaria y como niñera, así que ya tenía un poco de experiencia al tratar con personas y tomando pedidos o siendo amable, eso no sería problema para mi. Pero era la primera vez que trabajaba de noche, y eso si que me suponía un nuevo reto.
Subí al autobús y tome asiento junto a la ventana, vi a través de ella una familia de cuatro personas; los dos esposos y sus dos hijas. Me pregunto como hubiese sido si mi padre no hubiera desaparecido. Yo tenía solo cuatro años cuando se fue, pero por lo que puedo recordar nunca fue malo conmigo o con mi madre, al contrario, siempre se veía feliz y dichoso de tenernos a su lado. Todas las noches me contaba cuentos antes de dormir, aunque nunca escuchaba el final por que me quedaba dormida, una noche termino el cuento dandome un beso en la frente, salió de mi habitación y se fue, jamás regreso. Tampoco se entero de que mi madre estaba embarazada. Ella nunca suele hablar de él, creo que le resulta demasiado doloroso, tampoco dice que lo odia. Yo en cambio si lo hago, lo odio por dejarnos con la deuda y lo odio por no cumplir su promesa de que siempre estaría con nosotras.
Después de unos minutos bajo del autobús y cruce la calle para llegar a mi "nuevo" trabajo. Le doy la vuelta al local y camino por un callejón hasta llegar a una puerta blanca que tenia un letrero pegado que decía SOLO PARA EMPLEADOS, busque en mi bolso la llave para abrir la puerta.
-¿Donde esta?- seguí buscando hasta que escuche unos pasos detrás de mi, levante la cabeza y mis ojos se posaron en una chica que al instante reconocí como Erika, una de las empleadas.
-Hola.- me saludo.- ¿Eres la nueva verdad?
Erika era bastante atractiva, tanto como Mirna. Tenia el cabello rizado y de un color rojo muy intenso, sus ojos eran de un tono entre verdoso y color miel, hacían juego con su piel bronceada por el sol.
-Si,acabo de llegar.- le sonreí.- Solo que no encuentro la llave de la puerta.
-Aquí tengo la mía.- Deje de buscar mientras observe como saco su cartera del bolso y de el una llave con la que abrió la puerta.
Ambas entramos al pequeño cuarto para empleados del local. Las paredes que lo rodeaban eran de un color blanco y sin ventanas, en una de las paredes colgaba un pequeño marco de madera que contenía el reglamento para los empleados y a su lado un reloj grande de plástico, a un lado de la entrada habían varios ganchos donde Erika y yo colgamos nuestros bolsos. En el centro de la habitación había una mesa redonda de madera junto con tres sillas a su alrededor y frente a ella un pequeño refrigerador.
También habían varios pares de lockers de color blanco y amarillo pálido, incluso tenían su propia lavandería.
-Parece que no a llegado nadie.- murmuro Erika, abrió uno de los lockers y de él saco un uniforme de camarera.- Este sera el tuyo.- me lo dio.- Como no sabiamos tus medidas tomamos las de Honoka y le restamos tres centímetros.
Observe el uniforme, era precioso. El uniforme constaba de una blusa de color blanco con encaje en los bordes, llevaba un broche en forma de moño de color gris cerca de la parte del cuello, por encima de la blusa iba un corsé de color negro que se ajusta con cordones al frente en forma de cruz, la falda era lisa y con mucho encaje blanco debajo lo que hacía que se viera bombacho, también tenia un mini mandil de color blanco con una pequeña bolsa del lado derecho, las medias eran largas y de color negro junto con unos zapatos de tacón no muy altos de color negro brillante.
-Esta perfecto, gracias.- Generalmente vestirme como una muñeca de porcelana no estaba en mi agenda, pero debo decir que eso me parece divertido.
Erika sonrió y me empujo a otra puerta de madera, la abrió y esta rebelo un simple y sencillo cuarto de baño.
-Ahora vístete, las demás no tardan en llegar y tenemos que estar listas para cuando sea hora de la puerta y me dejo sola con el uniforme en mis manos.
Este sería mi primer día en el bar, que al parecer también vendía bebidas no alcohólicas, cafés, y uno que otro acompañamiento. Me despoje de mi ropa, que constaba de unos pantalones no muy ajustados de mezclilla y una camiseta cualquiera de una banda de rock que hace años había dejado de existir, ni siquiera era una fan, solo la había comprado por que estaba en descuento.
Me cambie en menos de quince minutos, los zapatos eran un poco incómodos, no estaba muy acostumbrada a usar tacones. La ropa me quedaba a la perfección, aunque el corsé iba demasiado ajustado y casi no podía respirar, pero podría acostumbrarme, me mire al espejo que estaba sobre el lava manos. Mi cabello era un desastre, demasiado largo y en ondas. Decidí que lo mejor sería trenzarlo, así que lo hice. Al parecer había terminado, no había nada que pudiera hacer para verme mejor, como siempre esto era todo lo que podía dar. Lo cual no era mucho, y no es como si me importara.
Abrí la puerta del cuarto de baño y salí a la habitación de empleados, todas ya estaban allí, al parecer habían llegado mientras yo me estaba cambiando, una de las chicas salió por la puerta principal ya vestida con su propio uniforme, Erika también ya estaba vestida de la misma forma que yo, solo que ella se veía mucho mas hermosa. Mira a mi derecha y vi que una de las empleadas, Honoka se estaba abrochando la camisa. Levanto la vista y me vio.
-Lo siento.- mire hacia otro lado mientras me sonrojaba.
-No te preocupes.- la escuche decir.- Todas estamos acostumbradas a cambiarnos en frente de todas, ya que no hay hombres aquí, eso lo hace más fácil.
Asentí aún si mirarla.
-¡Oh, Misaki!.- mire a mi nueva jefa, Satsuki, que parecía estar a punto de desmayarse de tanta felicidad que desbordaba.- Te ves hermosa.
Todas las empleadas que se encontraban en la habitación levantaron la vista de lo que estaban haciendo y me miraron, todas ellas sonrieron.
-Enserio te queda muy bien.- esa fue Erika, mientras me observaba de arriba abajo dándome su aprobación.-¿No te aprieta nada?
-No, todo esta perfecto.- le sonreí.
-Pues bien.- aplaudió Satsuki para llamar la atención de todas.- Ahora es el primer día de Misa-chan, así que quiero que todas se muestren amables con ella y cooperativas.
-¿Misa-chan?- murmure.
-¡Ah, si! A la jefa le encanta ponernos apodos, así que ahora el tuyo sera Misa-Chan.- contesto Honoka sin mirarme. Ella siempre tenía un aura muy oscura a su alrededor, y cada vez que se dirige a ti, tienes la obligación de obedecerla por que si no lo haces sabes que te ira mal.
Honoka era mas bajita que yo, de hecho todas las que trabajaban ahí. Tenía el cabello muy corto y rubio, sus ojos son de color dorado, muy hermosos y grandes, su piel era muy blanca, tanto como la mía, sus labios siempre iban de color rosa suave, al igual que sus mejillas y tenía una sonrisa encantadora, aunque su personalidad no lo fuera.
-Espero que no te moleste.- se disculpo Satsuki.
-No.- la tranquilice.- Me gusta.
Ella me mostró una sonrisa de oreja a oreja, ella podría tener cincuenta años pero su corazón siempre tendría dieciocho.
-¡Todas a sus puestos!.- Grito Erika, era obvio que ella tenía una fuerte relación con la jefa, ya que en algunas ocasiones ella tomaba el control de la tienda.
La mayoría del personal salio por la puerta principal que da hacia el local, solo nos quedamos Erika, la jefa y yo.
-Misa, como eres nueva estarás a mi cuidado.- me explico Erika.- Descuida, no seras una molestia. Comenzarás estando detrás de la barra, no es muy difícil, pero sin duda es un puesto muy importante. Te encargarás de las bebidas que las otras meseras te pidan, y los clientes, descuida, no estarás sola. Satsuki y Honoka estarán contigo.- podría soportar estar con Satsuki, pero Honoka sería más difícil, aún así no puedo quejarme. -Y cualquier cosa que te moleste puedes consultármelo.
-Entiendo.- contesté.
-Y disculpa si Honoka se vuelve un poco insoportable, se que parece una chica malvada y llena de odio pero en realidad es muy amable y sobre protectora.- dijo Satsuki.
-No se preocupen, puedo lidiar con ella.- les sonreí.
-Bien, pues ¡comencemos!- grito Satsuki.
Y así fue como comencé con mi primer día de trabajo en el bar, en el cual semanas antes no sabía ni siquiera que existía, pero ya no puedo quejarme, ahora estoy aquí y no me voy a dar por vencida tan fácil.
Llegue a mi apartamento alrededor de las once de la noche.
Abrí la puerta y entre, camine por el pequeño pasillo y me quite los zapatos, los pies estaban matándome. Tuve que trabajar también en las mesas tomando pedidos, ya que una de las empleadas se fue antes y tuve que cubrirla, nadie me obligo, en realidad yo me ofrecía a hacerlo, no es como si tuviera algún problema con ello.
Deje mi bolso en la barra que separa la cocina del comedor y me senté en uno de los bancos, revise mi correo de voz, nada.
Decidí dejarle un pequeño mensaje a mi mamá contándole todo lo que me había pasado en estos días, incluyendo la cita con Hinata y mi nuevo trabajo, sin mencionar mi caída en la biblioteca que me llevo a encontrarme con un Dios de ojos verdes y cabellera rubia.
Revise mi refrigerador en busca de algún refrigerio, saque el cartón de leche y me serví en un vaso, lo bebí todo de un trago y lo deje en el fregadero sin lavarlo.
En este momento solo quiero darme una ducha rápida y meterme en la cama.
Minutos después ya me encontraba en pantalones cortos de algodón y una camiseta que me quedaba enorme.
Me senté en mi cama y cubrí mi cuerpo con las sabanas suaves, es raro, no había pensado en aquel chico desde que caí sobre él, pero ahora su recuerdo había llegado con fuerza impidiéndome dormir.
Nunca me había afectado tanto una persona, mucho menos un hombre, y para variar ni siquiera sabía su nombre de pila.
Da igual.
Jamás volvería a verlo, las coincidencias solo pasan una vez en la vida, o al menos eso creía. Pero lo que no sabía es que desde ese momento mi vida había dado un giro de 180 grados, y nada volvería a ser igual que antes, la vida que había llevado hasta ahora cambiaría para siempre.
Solo que aún no me había dado cuenta de ello.
¡Hola! ¿Que tal fue el tercer capitulo, demasiado cursi, no fue suficiente? Haganmelo saber en los comentarios! :3 TODOS son bienvenidos
Número de palabras 3,606
