Aquí esta el siguiente capitulo, no les quito mucho su tiempo, así que... a ¡LEER! :3


CAPITULO IV
Los siguientes días en mi nuevo trabajo fueron verdaderamente agotadores, pero ya me iré acostumbrando a tener dos trabajos e asistir a la universidad, aunque me resulta todo muy agotador no me daré por vencida. Los gastos de mi departamento y algunas deudas que tenía han ido disminuyendo, también le envié un poco de dinero a mi madre por si lo necesita, que se que sí pero nunca lo acepta.

Mañana es Sábado lo que significa que tendré que asistir a la dichosa fiesta a la que Tora me invito. No tengo ganas de ir, pero como ya di mi palabra ahora no puedo faltar. Eh trabajado horas extras en el bar y haciendo favores a la jefa y a las demás empleadas para que me den permiso de faltar ese día.

Tomo mi celular y me fijo en la hora, son las 11:21 pm. Sera mejor que cene algo y me vaya a dormir, me levanto de uno de los taburetes que están en la cocina y rodeo la barra de granito para llegar hasta el refrigerador, lo abro y me fijo para ver que hay dentro.

-Tengo que hacer las compras, ya no me queda mucha comida.- murmuro mientras abro los distintos cajones que el refrigerador tiene, saco el cartón de leche y lo pongo sobre la barra mientras cierro el refrigerador, busco en los cajones de la alacena pan integral y crema de cacao, le unto un poco a dos panes y me los como, tomo un trago de leche directo del cartón cuando suena mi teléfono.

¿Quién podrá ser a esta hora?

-Hola.- contesto el teléfono.

-Hola, Misa, ¿como estás?.- ¿mi mamá?

-Mamá, estoy bien. ¿Hay algún problema?.- preguntó un poco nerviosa, espero que nada malo haya pasado.

-No, estoy bien. Solo que como dijiste que empezarías a trabajar hasta altas horas de la noche me preocupe, y además Tokio es una ciudad muy grande a comparación de aquí, solo quería saber si estarías bien.- ¿eso era todo, solo quería saber como estaba?

-Gracias por tu preocupación mamá, pero no hay nada malo con esta ciudad. Recuerda que e vivido mas de un año aquí.

-Si lo se, es solo que aún no me acostumbro a que estés tan lejos.- creo que no me va a gustar lo que voy a oír a continuación.- Me gustaría que regresarás.- suelto un suspiro, aquí vamos.- Mira, aquí esta tu hermana y yo. Se que te fuiste para conseguir una mejor vida pero aquí también la tendrás, ya no es lo mismo que antes, hay más oportunidades.

-Mamá basta, ya hemos tenido esta charla infinidad de veces, yo te extraño y a Suzuna igual, pero no pienso volver.- camino de regreso a la cocina y guardo la leche en el refrigerador.- Y sabes muy bien que no vine solo para conseguir un mejor trabajo.- no quería sacar ese tema a la luz, enserio que no. Años han pasado y me a costado mucho guardarlo, ya no quiero que me vuelva a hacer daño.- Es mejor que ya no sigamos hablando de ese tema.

-Lo siento Misa, se que no te gusta recordar, en verdad perdóname.- la escucho sollozar a través del teléfono.

-Ya no importa, mamá, no llores.- intento calmarla.- Si lo que quieres es verme puedo mandarte dinero para que vengas, tu y Suzuna.- le propongo.

-¿Enserio tanto odias este lugar?.- me pregunta con un suspiro, aunque se que no espera una respuesta.- Todo fue mi culpa, cada noche me arrepiento de no haberte hecho caso. Soy la peor madre que haya existido, no merezco tu perdón.- ahora esta llorando más fuerte, y yo no se que hacer, si estuviera con ella sería más fácil.

-Mamá tranquilízate, no fue tu culpa. Nadie tiene la culpa de lo que me paso.- intento calmarla, escucho voces desde el otro lado de la línea.

-¿Hola?- alguien pregunta.

-Suzuna, soy yo. ¿Como esta mamá?.- los llantos ya no se escuchan tan fuertes.

-Estará bien, ya la conoces, se altera por todo.- oigo que ríe pero yo estoy demasiado preocupada como para seguirle el juego.-¿Que paso?

-Pues lo mismo de siempre, quiere que regrese. Ya le dije que no puedo volver pero que puedo mandar por ustedes.

-No es necesario, mi mamá y yo tenemos muchas ganas de verte pero no creo que por eso se haya puesto así.- Tenía razón, algo más debió haber pasado. Mi madre no llamaría a altas horas de la noche solo para saber como estoy. Es decir, es una buen madre, pero ¿quien haría eso?

-Entonces, ¿que crees tu que sea?- Pregunté.

-No lo se, pero mamá a estado muy rara últimamente, como si algo le preocupara. Eh intentado hablar con ella pero no me dice nada.- Ahora si que estaba nerviosa, y preocupada. No quería volver a aquella ciudad, pero si mi madre me necesitaba entonces tendría que hacerle una pequeña visita.

-Escucha Suzuna, tengo un mal presentimiento. El próximo domingo iré a verlas.

-¿Estas segura?- Se escuchaba preocupada.- ¿Eso no te traería problemas?

-Estaré bien, ahora lo que más me preocupa es la salud de mi mamá y lo que sea que le este preocupando.-No quería dejarle todo el trabajo a Suzuna, ella aún era una niña. No podía dejarla sola en momentos como este.

-Muy bien, le avisaré a mi mamá...- La corte antes de que dijera otra cosa.

-Espero que sea un sorpresa, hasta el momento no le digas nada.-No quería dejar a mi madre pensando en una cuartada para evitar que me contara lo que en verdad estaba pasando.

-Esta bien, hasta entonces. Cuídate.- Se despidió.

-Ustedes igual. Nos vemos.- Colgué el teléfono.

Camine hasta mi habitación y me desnude. No tenía fuerzas ni para darme un baño.

La pequeña charla que había tenido con mi familia había sido suficiente para dejarme sin energía, no es que me disgustara hablar con ellos, es solo que recordar algo doloroso que sucedió en el pasado si lo era.

Busque entre mis cajones y saque una camiseta de sin mangas y me la puse, igual que unos pantalones cortos de algodón.

Me fije en el reloj que estaba sobre mi mesilla de noche. Las doce cuarenta, lo suficientemente tarde como para que cayera rendida y tuviera un largo sueño,pero ese no era el caso.

Aquello que tanto temía había vuelto, con fuerza, alejándome de cualquier posibilidad de descanso. Me frote los ojos y pase las manos por mi cabello, peinan dolo hacia atrás. ¿Que se suponía que haría ahora?

Antes tomaba terapia, hacía ejercicio y mantenía mi mente ocupada en otras cosas para en pensar en eso.

Pero ahora es diferente, ya soy una mujer adulta, se supone que tengo que saber controlarme. Soy mas fuerte que eso, no dejare que nada me derrumbe.

Cinco minutos después me dormí con ese pensamiento en la mente. Nada malo sucedió.


Desperté y mi primer pensamiento fue que hoy sería un día muy agotador.

Normalmente no soy buena en las mañanas, pero ahora era peor. Sentía un hueco en el estomago, como si alguien me hubiese golpeado fuerte. Pero se que solo era angustia.

Me sentía muy nerviosa con respecto a la llamada de ayer de mi madre. No sabía lo que tenía que hacer. Había decidido que lo mejor sería ir y hablar con ella directamente, pero ahora no me sentía muy segura.

Tenía miedo de que cuando llegara al lugar en el que una parte de mi vida quedo arruinada volviera a afectarme. Tenía miedo de que aún no superara del todo aquello. Ese sería el último paso para mi recuperación total, pero no sabía si aún estaba lista para darlo.

Quería olvidar todo, nunca tener que mirar atrás. Seguir adelante con mi vida, como si eso no hubiera pasado. Pero eso era imposible. Aunque había avanzado mucho a lo largo de los años hasta grado en que mis pesadillas desaparecieran y dejara de vivir con el miedo y la angustia de que todo eso se repita, aún seguía vivo en mi memoria, y no me di cuenta hasta el día de ayer. Aún me afecta. Mucho.

Me levante de mi cama y camine hasta el cuarto de baño, me pare frente al lavabo y lave mi rostro con agua del grifo. Creo que será mejor que me de una buena ducha, eso me ayudara al menos a relajar mi cuerpo entumecido por el estrés.

Me despoje de toda mi ropa y me puse debajo del chorro de agua, casi hirviendo. El agua caliente podía alejar los malos pensamientos.

Dure un buen rato solo mojándome, tome el jabón liquido con olor a lavanda y puse un chorrito en mis manos, las frote hasta que hizo demasiada espuma y deslice mis manos por mi cuerpo, lavándome. Puse champo en mi cabello y luego me enjuague todo el jabón, quedando limpia y fresca.

Salí del cuarto de baño sintiéndome un poco mejor. Al menos físicamente.

Me cambie a unos pantalones viejos y desteñidos que estaban en mi armario, muy al fondo, y me puse una camiseta de una banda de rock que ya no existía.

Recogí mi cabello en una coleta alta y me puse mis zapatillas deportivas. Hoy no tenía muchas ganas de arreglarme, era mi día de descanso y me gustaba disfrutar.

Salí de mi habitación y me dirigí a la cocina, abrí el refrigerador y al verlo vació decidí que lo mejor sería salir a comprar algunos suministros.

Camine hasta la puerta de mi departamento y salí, tome el ascensor y presione el botón para que este bajara. Una vez en el vestíbulo busque a Mirna con la mirada y al ver que no estaba me fije en mi reloj de muñeca. Aún era demasiado temprano, tan solo las siete y media de la mañana. Mirna no entraba hasta las nueve. Mi correo tenía que esperar.

Salí del complejo de apartamentos y el aire frío de la mañana golpeo mi rostro. No creí que estuviera haciendo demasiado frío, pues apenas va a iniciar el mes de agosto. El cielo estaba cubierto de nubes grises, seguramente cargadas de agua que dejarían caer en cualquier momento.

Aunque a muchos les resultará deprimente a mi me encantaban los días de lluvia, se me hacían muy relajantes.

Así que en lugar de tomar el autobús camine hasta el mini-super, de todos modos solo eran unas cuantas cuadras y me vendría bien como distracción.

Las calles no estaban demasiado abarrotadas como por las tardes y noches, así que me resulto mucho mas agradable el viaje. Algunas tiendas apenas estaban siendo abiertas y yo me detuve en algunas para comprar cosas que me resultaran necesarias.

Diez minutos más tarde llegue al mini-super donde compre varías frituras y otros tipos de chatarra, camine por los pasillos empujando mi carrito de compras medio lleno de pura comida inservible y llena de calorías y grasas que me resultaban deliciosas. Eche un paquete de pan integral y unos Choco Krispis, en el pasillo de lácteos puse un bote de crema y un cartón de leche, además de varios yogures de diferentes sabores. Metí una bolsa de arroz y un frasco de mermelada con mantequilla de cacahuate, mi carrito ya iba demasiado lleno y decidí ya no comprar más, ya que no sería capaz de llevar todo yo sola.

Me forme en la fila esperando mi turno para pagar mis compras, una vez que lo hice y salí del mini-super camine de regreso a mi departamento.

No fue hasta que di unos cuantos pasos cuando empece a sentir unas cuantas gotas de lluvia sobre mi cuerpo, había empezado a llover.

Corrí lo más rápido que mis piernas me permitieron, solo faltaban dos cuadras más para llegar a mi departamento.

El agua había arreciado lo que hacía resbaloso las banquetas de concreto, me refugie en el techo de una tienda que se encontraba cerrada. No había gente afuera en las calles, solo pasaban unos cuantos autos. Salí de mi refugio y volví a correr, mi ropa estaba completamente empapada.

Por fin llegue a el edificio donde vivía, entre y Mirna me miro aterrorizada.

-¡Misaki!- Grito.-¿Que te paso?

-Me moje.- murmure mientras caminaba hacia ella, mis zapatos hacían un ruido extraño cada vez que caminaba.- Lo siento.- Dije mirando el piso mojado.

-Eso no es importante, ya lo limpio.- Se agacho detrás de su escritorio, se enderezo y se inclino sobre su mesa para acercarse a mi y secarme con un pañuelo de color rosa la cara.

-No es necesario Mirna, estoy bien, solo es agua.- Le dije alejándome un poco de sus manos.

-Debiste haber visto las noticias y llevarte una sombrilla contigo.-Me aconsejo, aunque demasiado tarde.

-Si, pero y no importa.- Le sonreí y ella soltó un suspiro.- Bueno ya, tranquila. Pareces mi madre.- Al instante todos los sucesos de la noche anterior llegaron a mi. Me sentí deprimida de nuevo.-En fin, ¿hay algún paquete para mí?

Mirna me miro los ojos con el ceño fruncido.

-¿Pasa algo?- preguntó.

-No, estoy bien.- Mentí. No quería arrastrar a alguien con mis problemas.

Ella cruzo los brazos sobre su pecho y levanto una ceja. Al final los dejo caer mientras dio un suspiro.

-De cuerdo, pero si necesitas hablar puedes contar conmigo.- Yo sabía que si.- Y no, no te a llegado nada. Pero no te quedes aquí, ve sube a tu apartamento y date un buen baño caliente.

-Esta bien, gracias Mirna.- Me despedí con la mano mientras me dirigía al ascensor. Presione el botón para que este abriera y luego de que abrió entre.

Es increíble que esa pequeña salida al super me haya hecho olvidar mis problemas, tal vez sea buena idea que retomara mis ejercicios de salir a correr por las mañanas o por las noches.

Mi teléfono empezó a sonar dentro de mi bolsa de mano pero como tenia las manos ocupadas cargando mi despensa no pude contestar, así que espere a que estuviera dentro de mi apartamento. Salí del ascensor y abrí la puerta de mi casa, camine hasta la cocina y deje las compras en la barra.

Saque el celular de mi bolsa y lo revise, tenía una llamada perdida de Tora. Ya sabía para que se había comunicado.

Le regrese la llamada y espere a que contestara. Puse mi teléfono entre mi oreja y hombro para poder guardar mis compras en los cajones de la alacena.

-Misa, hola.- Esa era la voz de Tora, sonaba irritante mente alegre.

-Hola, ¿me llamaste?- Pregunte mientras guardaba la leche y demás lácteos en el refrigerador.

-Así es, quería que supieras que el vestido y los zapatos han sido enviados, te llegarán en un par de horas así que no salgas de tu apartamento.-Me explico.- Pasare por ti a las nueve de la noche, no cenes nada, aquí habrá una pequeña cena con los invitados, recuerda que festejamos la llegada de mi primo y su cumpleaños.

-De acuerdo.- Suspire.

-¿Te encuentras bien?-Preguntó.

No quería mentirle a Tora, él me había ayudado mucho a lo largo de mi vida, incluso cuando comenzó todo este problema, había sido mi roca de apoyo cuando nadie lo fue, y por eso le tenía mucho cariño. Pero tampoco podía mantenerlo siempre preocupándose por mi.

-No, es solo que estoy algo cansada, ayer trabaje hasta tarde y no e dormido muy bien.-En parte eso no era una mentira, mis parpados pesaban y lo único que quería era despojarme de toda esta ropa mojada y meterme en la cama.

-Esta bien, entonces te dejo para que descanses. Yo también tengo muchas cosas que hacer, pero bueno. Hasta luego.- Se despidió.

-Hasta mas tarde.- Colgué el teléfono y deje varias cosas arriba de la encimera sin haberlas sacado aún de las bolsas, caminé hasta el cuarto de baño y me despoje de toda mi ropa.

Gire la llave para que saliera el agua y deje que esta se calentara, luego que estuvo lo suficientemente aceptable me metí. Darse una ducha podía resultar verdaderamente agradable. Y eso era justo lo que necesitaba. Relajación.

Una vez que termine salí y me dirigí hasta mi habitación, me puse un pantalón holgado para hacer yoga y una camiseta de manga corta blanca.

Regrese de nuevo a la cocina para prepararme un café, tenía muchas cosas en mi cabeza, aparte de la llamada que tuve con mi madre, tenía que pensar que haría una vez que estuviera en la fiesta con el primo de Tora. No quería tener que involucrarme mucho con él, y no pensaba hacerlo. Sería una simple noche, seré su acompañante, charlaremos y tal vez bailemos algunas canciones, pero solo eso. No tenía que mezclar mas sentimientos como querer conocernos más o llegar a ser amigos. Eso no podía pasar.

¿Por que?, Simple. No quiero tener que involucrarme con hombres. Sea quien sea. Paso.

Recordar todo lo que me sucedió había levantado de nuevo el gran muro solido que me mantenía alejada y protegida de cualquier contacto humano que involucrara sentimientos con hombres, en especial con ellos. No es que los odiara, simplemente no quiero tener nada que ver con ellos.

La mayoría son todos iguales, te portas amable y sincera con ellos y poco después ya te quieren tener en su cama, o lo que es peor, en una que ni siquiera es de ellos. Claro que solo estaba engañando a mi mente. Es no era la verdadera razón por la cual no quería estar involucrada con ellos o cualquier persona. Era mi inseguridad al no ser aceptada, tenía miedo de ser juzgada y odiada por todos. Las personas solo buscan lo malo que hay en ti, buscan tus miedos y pesadillas para poder destruirte. No iba a permitir que eso me pasara. Es por eso que era necesario guardarme todos mi sentimientos y secretos en lo más profundo de mi corazón, donde nadie sería capaz de encontrarlos.


El día había sido productivo, al menos hasta ahora.

Había pasado gran parte de la mañana y de la tarde distrayendo mi mente con diferentes actividades, me puse a hacer ejercicio, después de eso decidí cocinar algún postre, en realidad no era muy buena con la cocina pero debo decir que tres horas para realizar un flan habían dado un buen resultado. También me puse a cocer, en eso era buena, haciendo manualidades, así que decidí usar eso para hacer un gorro de lana que me quedo muy lindo, aunque yo no los usara, podría regalárselo a Sakura.

Ahora me encontraba dándome otro baño, esta vez en la tina, tenía que prepararme para la fiesta de Tora, es gracioso, había hecho un examen mental sobre que hacer y que no hacer cuando estuviera frente a su primo, diciéndome que actuaría completamente profesional, pero ahora me encontraba toda hecha un manojo de nervios.

Salí de la tina cuando el agua de esta comenzó a enfriarse, cubrí mi desnudez con una toalla blanca muy grande, le quite el tapón a la bañera para que el agua corriera.

Me puse frente al espejo del lavabo, tome mi cepillo de dientes y los lave, camine hasta mi habitación y me acerque a mi cama donde estaba encima de ella varias bolsas de regalo con el logotipo de la tienda de donde habían sido compradas. Abrí la más grande y saque un hermoso vestido de seda de color beige claro, del lado izquierdo llevaba un solo tirante grueso y con algunas piedras brillantes sobre el, debajo del escote, acentuando la cintura venía un cinturón negro con una flor del mismo color de lado derecho. El vestido era largo y liso, sencillo, como a mi me gusta.

En una bolsa mediana venía una caja que seguramente eran zapatos. Y si, así era. Eran unos zapatos de tacón de cinco centímetros de altos, del mismo color que el vestido.

Había otra bolsa mas pequeña que deberían de tener los accesorios.

Me seque el cuerpo con la tolla y me puse ropa interior, en realidad solo las bragas, el sostén no sería necesario ya que el vestido venía con un hombro descubierto.

Me aplique crema en todo el cuerpo y luego tome una bata de mi armario de algodón, para que mantuviera cubierta mientras me maquillo.

Aplico corrector debajo de mis ojos para cubrir mis ojeras, en mi cara me pongo una base y después aplico un poco de polvo para quitarle el brillo, mis pestañas ya son demasiado largas así que solo les pongo un poco de rimel para que se vean mas gruesas, en mis mejillas aplico un poco de polvo de color rosa muy pálido para darles mas vida, en mis labios me pongo solo brillo.

Creo que eso es lo más que puedo hacer por mi rostro tan desastroso, pinto las uñas de mis manos y pies con un esmalte transparente, solo para darles brillo. Me fijo en el reloj que esta encima de mi mesilla de noche y vi que solo faltaban dos horas más para que Tora llegará por mi, creo que era suficiente tiempo para prepararme y relajarme.

Camine hasta mi terraza, pasando sobre mi pequeña sala de estar, abrí la gran puerta de cristal jalando la manija de plástico y salí para recibir el aire frío de la noche. El día había continuado nublado, aunque ya no había llovido aún se mantenía el clima frío que hacía que mi cuerpo tan solo cubierto por la pequeña bata se estremeciera.

El cielo estaba completamente oscuro, no había estrellas y apenas podía verse la luna, pues se encontraba detrás de las nubes.

Ver el cielo así me hizo recordar lo que es mi vida, vacía. Aunque me encontrara rodeadas de personas, amigos, familiares, sentía un vacío que jamás parecía desaparecer, y que cada vez que podía regresaba con tanta fuerza a hacerme daño. Recordándome que yo no estaba hecha para vivir, si no para sobrevivir. Se que nadie puede cambiar su pasado, por que podría alternar su futuro, pero si pudiera regresar no sería para evitar mi sufrimiento, si no el de los demás.

Había hecho daño a muchas personas, y más a mi familia. Si tan solo hubiese sido lo suficientemente fuerte, haber elegido el camino correcto y haber sido sincera desde el primer momento en que todo comenzó, tal vez ahora no estuviera lamentándome.

Me senté en una de las sillas de madera que estaban en la terraza y seguí con mi pequeña terapia mental.

Escuche un ruido proveniente de mi cocina, me levante de la silla y seguí el ruido. Era mi celular. Me había llegado un mensaje de Tora diciendo:

Misaki, espero y estés lista, te recojo en cuarenta minutos.
Te espero fuera de tu edificio, no voy a arriesgarme a ser acosado de nuevo por tu portera. Así que apresúrate.
Hasta entonces.

Igarashi T.

¿Por que siempre ponía la misma despedida?

Era irritante, sonaba demasiado profesional, eso sin contar que habíamos sido amigos por mas de quince años.

Tal vez debería de quedarme y obligarlo a entrar, así Mirna podría hacer lo que quisiera con él. Lo mejor sera que me calme, estoy exagerando. Eso es lo que me provoca estar de mal humor, desquitarme con la gente. Algo más que odio de mi, aparte de todo.

No le conteste el mensaje, en lugar de eso regrese a mi habitación para ponerme el vestido.

Este se ajustaba perfectamente a mi cuerpo, como si hubiese estado hecho para mi, y hacia resaltar mi piel. Me puse los tacones y desde ese momento supe que sería una noche larga, no estaba acostumbrada a usarlos. Me tropecé varias veces pero aun así conseguí ir al baño. Me mire frente al espejo para verificar que mi maquillaje siguiera perfecto, bueno, al menos que no se hubiese arruinado. Todo parecía estar en orden, excepto mi cabello. Este vestido no se veía como para llevar el cabello suelto, así que me hice una gruesa trenza no muy ajustada de donde caían algunos mechones por mi cuello y los lados de mi rostro, la puse de lado en mi hombro derecho para que mi espalda estuviera descubierta y la trenza resaltara. La ve mis dientes y volvía a aplicarme brillo en los labios.

Ahora estaba mucho más nerviosa, mi estomago se sentía raro. Como si quisiera vomitar.

Fui a la cocina por un poco de agua, por que mi garganta se sentía muy seca. Un milagro que no haya tropezado con estos tacones del demonio.

Mi teléfono volvió a sonar anunciando que tenía un nuevo mensaje. Era de Tora, que sorpresa, decía que ya estaba abajo esperándome. Yo ya estaba lista, físicamente. Pero por dentro seguía sintiéndome mal, es como si algo me avisara que no debía de presentarme. Tal vez sería bueno que le dijera a Tora que me sentí mal y no ir.

Pero por mas que quisiera hacer eso, no podía. Le había dado mi palabra y le ayudaría.

Salí de mi apartamento sin llevarme conmigo mi teléfono, ni dinero, ni tampoco mis llaves. Este edificio era demasiado seguro, había suficiente seguridad y además mi departamento estaba en el último piso, dudo que alguien entrara a asaltarme.

Baje por el ascensor y al salir al vestíbulo Mirna no estaba. No creo que ya se hubiese ido por que si no estuviera el de seguridad aquí. Me acerque al escritorio y vi que todavía estaban sus cosas. Mire hacia mi izquierda, hacia la calle y vi que estaba ahí afuera, con Tora.

Ahogue una carcajada mientras los veía, Tora se podía ver que estaba luchando entre quedarse con ella y subirse a su coche e irse. Mirna era en realidad una pantera, y Tora era su corderito.

Tora miro hacia donde estaba y cuando nuestros ojos se encontraron pude ver alivio. Me reí fuerte y camine hacia ellos. Mirna se giro.

-Misaki, ¡estas muy hermosa!- Chilló emocionada Mirna.

-Gracias, me esforcé mucho.- Le dije con una sonrisa.

-Enserio te ves muy bien, Chiyo tiene buen gusto.- Comento Tora viendo mi vestido.

-¿Van a salir?- Preguntó Mirna mirando fijamente a Tora, como si fuera una ex-amante celosa. Casi solté una carcajada pero me contuve.

-Así es, seré la acompañante del primo de Tora esta noche.- Toque el hombro de Mirna para que fijara sus ojos en mi.- Y Tora estará con su prometida.

Ella hizo un puchero lindo.

-Si...-Murmuro Tora nervioso mientras se pasaba las manos por el cabello.- ¿Nos vamos?

-Claro.- le sonreí. Camine hacia él para tomar el brazo que me ofrecía pero Mirna fue más rápida y se abalanzo sobre él y le dio un beso en la mejilla, Tora abrió mucho los ojos pero se mantuvo quieto. Yo me reí y tome su brazo.

-Buenas noches Mirna.- Le despedí con la mano y ella me lanzo una sonrisa cómplice y un guiño.

Tora me abrió la puerta del copiloto de su hermoso coche y yo entre dentro. Él rodeo el auto y se metió en el lado del conductor.

-Ella esta muy loca, no puedo creer que la soportes.- Dijo Tora con un suspiro.

-Pues ella no va tras las chicas.- Me reí y el me fulmino con la mirada.-Oye, ella no es tan mala, enserio.

-Claro, es tu culpa por tardarte tanto.-Arranco el coche y nos alejamos con un fuerte rugido de mi departamento.-¿Por que a las mujeres le toma tanto tiempo ponerse un poco de ropa?-Gruño.

-Creo que es la vanidad.

-¿Vanidad?-Preguntó.

-Sip, las mujeres tienen esa necesidad de competir por verse mejor que la vecina.-Murmure.-Ni me preguntes por que, que tampoco lo entiendo.

-Cierto, tu eres la única mujer que conozco que sería capaz de ir a acampar a una montaña sin necesidad de llevarse un espejo.-Rodé los ojos y me reí.

-Pues si eso es un cumplido en tu mundo, gracias.- Le mire aunque él no lo hizo, tenía sus ojos fijos en la carretera.

Pasamos varios minutos sin que ninguno de los dos dijera nada, pero creo que no era necesario. Estábamos acostumbrados a estar juntos, como dos viejos amigos.

Dio vuelta hacia la derecha y siguió por un camino de graba, la calle estaba dividida en dos por una banqueta de concreto que tenía varios faroles encendidos que iluminaban la calle. Tora siguió conduciendo hasta que llego a una enorme entrada con el portón abierto que se encontraba resguardado por dos enormes guardias que parecían sacado de una película de malhechores.

Entramos con todo y coche y seguimos por un camino de pavimento. Todo era fascinante. Nos rodeaba un inmenso jardín que parecía no tener fin, a lo lejos estaba la mansión, parecía muy pequeña desde donde estábamos pero cada vez que nos acercábamos más esta se hacia mas grande. El camino era demasiado largo, supongo que caminando tardaría más de una hora en llegar.

Ya que estuvimos lo suficientemente cerca note que había mucha gente, automóviles de lujo como en el que yo iba y personal encargándose de todos los invitados. Tora se detuvo frente a la gran entrada de la inmensa mansión, salió del auto y yo me quite el cinturón, uno de los empleados me abrió la puerta y yo salí. No era la primera vez que acompañaba a Tora a una fiesta como esta, sabía como comportarme. El empleado tomo las llaves que Tora le dio y ambos nos dirigimos a las escaleras para poder entrar.

-Buenas noches señor Igarashi y señorita.- Saludo otro empleado vestido con un esmoquin muy elegante, aunque no tanto como el que traía Tora puesto, o el de los otros invitados.

De no ser por que iba sujeta al brazo de Tora me hubiera quedado ahí parada, como una tonta. Si la mansión me había sorprendido por fuera, por dentro me dejaba completamente fuera de batalla. Era sumamente elegante.

Se podía ver a simple vista que las baldosas que cubrían el suelo eran de mármol, muy brillantes, al igual que el enorme candelabro de cristal que colgaba en el centro del techo, las paredes eran de color beige suave y en algunos lugares colgaban cuadros preciosos de pinturas que seguramente costaban mucho más que todo un año de salario en mi trabajo. Había muchas personas dentro, todas vestidas apropiadamente; las mujeres luciendo hermosos y costosos vestidos de diseñador y los hombres vestían con esmoquin muy elegantes. Había varias mesas largas con manteles blancos que las cubrían y sobre ellas varios aperitivos y bebidas.

La mansión al parecer era de dos pisos, ya que había un par de escaleras, una del lado derecho y otra del lado izquierdo, ambas llevaban al mismo sitio, y justo en medio de ellas había un pequeño balcón muy bien decorado con flores y lazos blancos y rojos. Debajo del balcón también había una no muy grande fuente de cristal, de donde caía agua como si fuera una cascada. Detrás de eso, rodeando la fuente habían dos puertas abiertas que conducían al patio trasero.

Todo era precioso.

Aún no podía creer que yo estuviera aquí, esto era sumamente incomodo. Jamás podría adaptarme, bueno, no es como si alguien me lo estuviera pidiendo, pero no entiendo como las personas millonarias prefieren gastar su dinero en tonterías como comprarse un coche nuevo, cuando ya tienen como quince. En lugar de que ese dinero lo donaran a algún orfanato o a la caridad.

Sera mejor que me deje de preocupar por lo que hagan las demás personas. En fin, era su dinero y ellos sabrían lo que harían con él.

Ahora que recordaba, tenía que estar aquí como acompañante del primo de Tora, y yo no sabía absolutamente nada de él, ni siquiera su nombre. ¿Como es que pude haber olvidado preguntarle sobre eso?

-Tora.- Le llame, estaba muy nerviosa y las palmas de mis manos me sudaban.

-¿Si?

-¿Tu primo ya sabe que yo estaré con él durante la fiesta?-Pregunte.

-No, será una sorpresa.- Soltó una carcajada como si estuviera imaginando su reacción, eso me preocupo más.- Seras como su pequeño regalo de cumpleaños.

Y aquello me molestó.

-Tor, yo no soy un objeto al que puedes manejar a tu antojo.- Le solté del brazo, estaba muy cabreada. Si algo más odiaba de los hombres es que tratarán a las mujeres como si fueran trofeos.

-Misaki, tranquila, solo fue una broma.- Me tomo de la mano.- Yo jamás te haría daño, y lo sabes. Eres muy importante para mi, como una hermana. ¿Recuerdas?

Me tranquilicé, pues no quería armar un alboroto en medio de esta gente. Los chismes parecían gustarles mucho, y yo no les iba a dar algo de que hablar.

-Te creo.- Le sonreí.-Es solo que estoy muy nerviosa por lo de tu primo, no se si le caeré bien, y aparte no se ni su nombre.

-Se llama Takumi, y estoy seguro que se llevarán muy bien. Claro que no es muy social y jamás lo e visto interactuar con una chica. Por eso estas aquí,te necesita.

-Creo que no entiendo.-Trato de decir algo más y yo lo calle.- Y prefiero no saberlo, pero una cosa si quiero que te quede claro.- Le mire.- No quiero ser parte de algunos de tus planes, Tora.

-Esta bien, sigamos. Creo que esta por aquí.- Me guío a un grupo de personas. Estoy lista, llego la hora. No voy a dar marcha atrás.

Habían varios hombres hablando que se me hacía difícil distinguir quien podría ser el primo de Tora, pero cuando fije mi mirada en una cabellera rubia mi corazón se acelero. No, no podría ser él.

Levanto la mirada y nuestros ojos se encontraron, y en ellos vi reconocimiento. Mi estomago se hundió.

Era el mismo chico de la librería.


¡POR FIN! Después de tanto tiempo, enserio lo siento mucho, pero estos días antes de salir de vacaciones e tenido mucho trabajo, tareas, proyectos, exámenes, etc. Y bueno, ustedes me dirán "¡A nosotr s que nos importa, solo queremos el capitulo!" Jeje, pues aqui lo tienen, díganme ¿que les pareció?, lo siento por volver a dejarlos con la espera. Pero creo que eso hace que sea mas emocionante, al menos para mi :v La verdad no le encontraba un final a este capitulo, por eso me demoro mucho hacerlo. Pero aqui esta ya! :3 Comenten, eso me motiva mucho para seguir escribiendo. Disculpen si hay faltas en la gramática o de ortografía.

Número de palabras: 5,623 (A eso me refiero de que no le encontraba un final UwU)