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.::. Songs of Colored Love .::.

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Disclaimer: Todo personaje aparecido y por aparecer son propiedad intelectual de Masashi Kishimoto, la historia y trama son propiedad reservada de la autora aquí presente.


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-I wanna be-

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"Nada más hace falta ver cómo la miras, dattebayo. ¡Hasta yo me he dado cuenta!"

Aquel odioso comentario daba vueltas en la cabeza ceñida por un par de vendas. Hacía apenas unas horas que él y el idiota de Naruto habían regresado de una misión en la que hubo golpes, rasguños y uno que otro derramamiento aparatoso de sangre. Para ser más precisos, en la cabeza de Sasuke.

"Una importante hemorragia", en opinión de Sakura, que fue la que los recibió y atendió en el hospital, nada más poner pie en Konoha. Tuvieron que soportar una misa de regaños provenientes de los labios de la Haruno, reclamándoles su lamentable estado, igual que una madre a sus pequeños cuando se han ensuciado en el barro.

Y enfermizamente, encontraban ambos en esas reprimendas una especie de agrado masoquista, algo que los hacía saber que se encontraban en casa y a salvo, algo que los hacía conscientes de ello. Y para Sasuke, un poco más.

Llevaba semanas en esa situación extraña y ajena, absurda incluso. Un creciente interés se iba forjando en torno a la joven médico, alguna cosa rara que le daba por mirarla, escuchar su odiosa voz y tener toda su atención centrada en él, no en el baka de Naruto como en ese momento hacía.

No sabía decir con certeza el momento exacto en que todo eso empezó, sólo pudo recordar aquella ocasión hacía un tiempo en que caminando en un lugar cualquiera de la villa, la encontró encorvada a los pies de un árbol, sobre sus rodillas, llorando. Se preguntó por el motivo que tendría para hacerlo, quizá una tontería sin importancia como solía ser. Determinó pasar de largo e ignorarlo, pero la aflicción que se podía escuchar en su gimoteo lo obligó a detenerse.

Eran amigos, eran el equipo siete, y la vuelta de Sasuke a Konoha había marcado una etapa nueva en su interacción. Naruto, Sakura y Sasuke compartían una verdadera amistad, si bien teñida de ese agrio toque que aportaba el Uchiha, una muy sincera. Por eso, se atrevió a acercarse, y sin una palabra de por medio llegó hasta su lado. Sakura alzó los verdes ojos que se derramaban a mares y lo vio, con su pálido rostro impasible que a pesar de no pintar ninguna expresión, preguntaba el motivo de su llanto.

La respuesta tomó desprevenido a Sasuke, pues la pelirosa se había puesto de pie en un movimiento y se lanzó a abrazarlo, enredando sus delgados brazos en su cintura, enterrando el marmóreo rostro en su pecho, buscando refugio, un consuelo.

No se movió. Se mantuvo inerte, escuchándola lloriquear por algunos minutos antes de que le soltar a la razón: Había perdido un paciente aquella tarde. No había sido capaz de salvarlo.

Sólo entonces movido por una punzada interna, alzó los brazos para estrechar su espalda, dándole libertad de descargarse todo lo que quisiera. Y Sakura lo hizo por un buen rato hasta que se cansó o se le acabaron las lágrimas, desvaneció el agarre que la mantuvo ceñida a su compañero y respiró fuerte, disculpándose después por hacerlo padecer uno más de sus dramas. El menor de los Uchiha no dijo nada y en silencio, la acompañó a casa.

Desde entonces tenía esas sensaciones extrañas, ese desconocido sentimiento que le impulsaba a desear lo impensable.

Estar cerca de ella.

Sakura Haruno se mostraba a sus ojos como una chica frágil –como en el pasado-, pero con un renovado carácter fuerte que no era característico de ella, y eso lo supo durante la convivencia que volvieron a tener cuando él regresó. Por otro lado, a sus veinte años vividos, los rasgos infantiles que poseía a sus trece habían evolucionado a los de una adulta mujer. Y una mujer hermosa. Habría que ser ciego para no darse cuenta.

—¿Por qué no se lo dices teme? –le sorprendió Naruto apenas unos días atrás, antes de su misión asignada.

—¿Decirle qué?

—No te hagas el idiota, nada más hace falta ver cómo la miras, dattebayo. ¡Hasta yo me he dado cuenta! –evidenció el rubio como si su deficiencia de ágil percepción fuera una prueba irrefutable.

—No sé de qué me hablas, dobe.

—¡Que te gusta! –gritoneó Naruto, provocando que Sasuke estuviera tentado a golpearlo para que se callara. Agradeció que sólo el viejo cocinero del Ichiraku fuese el único testigo de las insensateces que su amigo iba soltando por ahí cual flores en el campo.

—Es cierto. Se nota. –habló el viejo hasta entonces callado, dejando un tazón mas de fideos frente al Jinchuuriki, que al instante comenzó a devorar.

—¿Lo ves, baka? –habló con la boca repleta de ramen, cosa que al Uchiha le pareció de lo más desagradable.

—Además por lo que se, hay más de un Capitán de Konoha interesado en salir con la pequeña Sakura. –agregó el hombre que los conocía desde críos, recordando las veces que de eso se habló en su establecimiento.

Sasuke no hizo más que tensar la mandíbula y endurecer su mirada. Esa era una verdad que lo irritaba a mares, incluso él mismo estuvo tentado de romperles el cuello a un par de insolentes que osaron "elogiar" –por decirlo de alguna forma- a la medic-nin. No podía reprimir ese instinto de sobreprotección –o así el de orbes ónix lo definía-, que le asaltaba cada vez que Sakura era objeto de miradas lascivas por parte de esos insolentes, o cuando su atención era robada por alguno de ellos.

Inclusive en ese instante, con Naruto despojándole de la atención de la Haruno mientras ella terminaba de ajustar la venda en su brazo y dándole las últimas recomendaciones de cuidado. No entendía ese sentimiento, ajeno e intruso que se colaba en sus entrañas cuando se descubría a sí mismo contemplándola sin que ella lo advirtiera, descubriéndose necesitando su cercanía.

—Tú permanecerás aquí un rato más en lo que salen las radiografías de tu cabeza –indicó la Dra. Haruno de pronto, irrumpiendo en las cavilaciones del Uchiha-. Y Tú, puedes irte a casa a descansar si es que quieres volver a tener una misión pronto. –sentenció la chica mirando con advertencia al Uzumaki.

—Pero Sakura-chan… -intentó replicar el rubio con un gimoteo.

—Nada, Naruto. Ese brazo no se recuperará si andas brincoteando por aquí y por allá como se te dé la gana.

—Está bien, está bien –se rindió el Jinchuuriki-. Me voy. Suerte con tu sermón, teme.

El Uchiha le regaló una mirada cargada de odio a su amigo antes de verlo desaparecer por el umbral de la puerta acompañado de Sakura, quien después de unos minutos regresó con un sobre entre sus manos.

—Las revisé y no parece haber lesiones internas a parte de las que normalmente padeces –bromeó la Haruno refiriéndose a las radiografías, no dándose cuenta de la débil sonrisa que esbozó el ninja sentado al pie de la cama.

—Hmp. Te dije que no era nada. –punteó Sasuke, restándole crédito a la ojiverde con el único objeto de provocarla.

—Y yo te digo que te calles. Cambiaré tu venda para que puedas marcharte.

Esta vez, la kunoichi pudo apreciar en sus labios la media sonrisa de satisfacción que se pintó en ellos y sonrió también, procediendo entonces a remover la venda antes puesta en la cabeza del muchacho, por una nueva.

El pelinegro fue consciente de su cercanía, del aroma suave que desprendía y llegaba a su nariz, del roce breve de sus manos en la frente, de la calidez de su chakra curativo entrar en su sistema, sanándole las heridas.

La visión tan próxima que tenía de su rostro y sus grandes ojos que parpadeaban fijos en el área que atendía, le dio la oportunidad de contemplarla a detalle. La palidez de su piel que contrastaba con las hebras rosadas de su cabello –de las cuales algunas se balanceaban a la altura de su hombro-, las pestañas largas y espesas que enmarcaban sus felinos ojos, la boca pequeña cual rojo cerezo que invitaba al convite. Su boca.

Sin pensarlo demasiado, y dejando que el impulso que saltó en su estómago controlara sus acciones, Sasuke se alzó brevemente y con presteza tocó sus labios. Un toque, nada más. Apenas rozó sus labios sobre los de la pelirosa, dio marcha atrás. No obstante, aquello bastó para aturdir a la Haruno que con sus ojos grandes, detenía el flujo verde de chakra y parpadeaba procesando lo que acababa de ocurrir, determinando si había sido alguna jugarreta de su mente o andaba soñando despierta.

Pero al fijar su verde mirar en los oscuros orbes de él, se quedó fría. Sasuke, falto de palabras para ese tipo de situaciones tan extrañas a su persona, intentó transmitirle con sus ojos lo mucho que encerraba su alma con respecto a ella. Que no estaba soñando como seguro le daría por pensar, que se sentía atraído, que le gustaba, que quería mantenerse cerca. Por ella, para ella.

Y Sakura lo entendió todo. La sonrisa tímida que surcó sus labios dio fe de ello. La felicidad comenzaba a rasguñar sus entrañas, dejando ver un ligero rubor carmesí sobre sus mejillas. El Uchiha sonrió entonces dándose cuenta que con la kunoichi no hacían falta las palabras para que fuera capaz de leer en él, para que hurgara en su corazón con tan sólo mirarle.

En realidad no hacía falta nada más.

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"I wanna be" - Chris Brown.

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¡Hola!

Gracias por la bienvenida, realmente me hace feliz el cálido recibimiento. Y, se suma este a la lista.

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*::Sol::*