Parte II: Mu
Ahora comprendo a la gente que dice que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Yo ahora me siento así. En realidad, desde que mi querido Maestro Shion se fue, la soledad me invade y me arrepiento de no haber aprovechado más su compañía.
En el Santuario nadie lo sabe, nadie siquiera lo sospecha. Pero otro hombre ha ocupado el lugar de mi Maestro. Lo sé, no sólo porque él mismo predijo su inminente muerte, sino que su comportamiento actual es el de una persona completamente diferente. Desde que volví de Jamir lo escucho: por momentos, el Patriarca es bondadoso como un dios y por momentos es agresivo e inclemente como un demonio. Se dice incluso que muchos han perecido por su causa. Definitivamente, mi Maestro Shion ya no está en este mundo, él nunca haría una cosa así. El anciano maestro de Rozan, a quien he visitado en ciertas ocasiones, tiene las mismas sospechas que yo. Somos los únicos que conocimos a mi maestro en profundidad y ambos sabemos que ese hombre que porta la máscara es un farsante. Debería decírselo a todos, pero la verdad es que sólo tengo sospechas y ninguna prueba.
—Mu, ¿te encuentras bien? —una voz interrumpió mis pensamientos, la única voz familiar de todo el Santuario, la que me da un poco de alegría en la penumbra de mi soledad.
—Aldebarán, hola... disculpa... estaba...—le dije volteando para ver su rostro.
—Lo sé, lo sé, meditando, pensando, como siempre —esbozó una ligera sonrisa y me dijo—. A pesar del tiempo que llevamos como santos, tú aún no te has podido adaptar del todo al modo de vida del Santuario. Es raro verte por estos lares.
—Es que en Jamir es donde encuentro la paz que estoy buscando. Estos últimos tiempos aquí han estado muy agitados, dicen que es por la venida de la diosa y bueno... lo de... —quería decírselo, decirle a una de las pocas personas en quien confío todas mis sospechas, pero no pude. Aldebarán desvió sus pensamientos en otra dirección.
—¿Lo de Aioros? ¿El que dicen traicionó al Santuario e intentó matar a la recién descendida Athena? La verdad es que no me parece una versión fiable de los hechos —dijo escrutando el cielo griego, pensativo, con sus dedos en su mentón.
—Así es también para mí, no sé qué creer, hasta era un posible candidato a suceder a mi maestro ¿Por qué haría algo así? —todos los hechos se mezclaban en una gran nebulosa. Pensé unos momentos, era absurdo, él amaba a Athena como todos. Tal vez su supuesta traición no es otra cosa que una mentira del falso Patriarca.
Continuamos charlando un rato más, fue muy agradable, me alegra tenerlo de compañero, siempre me levanta el ánimo.
—¡Ah! —dijo súbitamente— Me olvidé de preguntarte algo.
—¿Qué? —pregunté. Él sonrió amistosamente.
—Quería saber qué sentiste cuando vestiste por primera vez el ropaje de Aries. Debió haber sido muy bonito, ¿no?
Me sorprendió su pregunta, creo que ni yo reflexioné acerca de ese momento tan especial.
—Pues...—quedé dubitativo un momento— fue muy especial, como tú dices. ¿Cómo te sentiste tú al ponerte por primera vez el ropaje de Tauro?
—Jeh, pues igual, un momento especial. Sé que tu Maestro, el Patriarca, estaba muy esperanzado de verte vestido por primera vez con el ropaje de Aries, que alguna vez le perteneció.
—Te aseguro que cuando ocurrió solo pensé en él. Pero me dijo que continúe mi camino por mi cuenta y aquí estoy, sin dar marcha atrás —no podía evitar que un deje de tristeza asomara a mi rostro. Siempre me pasa cuando recuerdo la mirada que tenía mi Maestro la última vez que nos vimos.
Jamir, acogedor Jamir, mi hogar. Decidí volver para quedarme un tiempo, hasta que mi presencia en el Santuario sea necesaria, aunque de todas formas decidí no acatar órdenes de ese falso Patriarca.
El lugar es muy bonito, pero la torre en la que habito es casi impenetrable, muchos guerreros vienen aquí con la esperanza de que les repare sus armaduras dañadas, pero no logran llegar a la meta, y mueren indefectiblemente.
Ya han pasado tres largos años desde que estoy aquí, y al fin siento que encontré esa paz que he estado buscando. Finalmente, muchos guerreros lograron penetrar hasta este lugar con sus mantos dañados y yo pude repararlos. Pero así también ha habido casos en los que he fallado: "Tu manto no podrá revivir más" solía decir. "Por favor, repáralo" solían decirme ellos, pero no importa que tan sufrido haya sido su trayecto hasta este lugar, todo era inútil.
Hay algo extraño que he sentido últimamente, un cosmos perverso que acecha nuestras vidas ¿Acaso un dios? Me ha llegado una citación por parte del Santuario para que acuda a una reunión de Santos Dorados, pero... No podré por causa de mi deber aquí en Jamir. Pero ese horrible cosmos sigue perturbándome, esa presencia... Me parece que ha llegado la hora de poner en práctica todo aquello que mi maestro me enseñó. Y si es necesario, romper el sello que mi ser tenía sobre esa técnica tan poderosa que él me enseñó.
Hoy ha llegado a quien llaman el hermano del traidor. Viene en compañía de mi querido amigo, Aldebarán, quien me visita rehusándose a verme solo en ese sitio y acompañándome con noticias recientes sobre el Santuario. También han llegado con una niña, una jovencita, escudera de Aioria al parecer.
No podré reparar tu ropaje, Aioria, ya está muerto, mejor vete, encima vienes y te presentas así en la morada de un desconocido, ni por tus modales te mereces que te ayude. Pero veo en él ese león dorado del que todos hablan. ¿Hum? Un cosmos enorme, es gigantesco, acaso... ¿No es de Aioria? ¿Quién es? Es poderoso como ese cosmos que siento que nos invade últimamente... ¿un dios?
—... ¡Yo no puedo perder ante un humano! Yo soy uno de los dioses más fuertes... Un titán ¡Japeto de Dimensión!.
Él era quien yo temía, un dios, dice que sólo él y los de su estirpe logran milagros, yo le demostraré que no es verdad, que los humanos elevando nuestro cosmos al máximo podemos lograr eso y más, así que ¡Prepárate, Japeto!
Aunque seas un Dios, no te temo, ni a ti ni a tu sirviente que me ataca.
—Entonces, yo también te diré mi nombre. Yo soy un Santo de Athena, Mu de Aries. Y en nombre de Athena que protege la justicia de esta tierra, yo, ahora... Lograré un milagro.
Maestro, lo sé, este es el momento, aquella técnica... que usted me enseñó, daré todo lo posible para lograr un poder como el de usted, querido maestro, esto es en su honor.
—Tú, Japeto de Dimensión, que has podido con todas mis técnicas de ataque indirecto, es porque reconozco que eres muy poderoso que he decidido utilizar mi técnica de ataque directo, la cual yo mismo había sellado para no usarla nunca más; ésta es la técnica cedida por mi maestro, Shion, la técnica más grande de Aries... ¡Revolución Estelar!
Se ha ido... Se ha ido y ha dejado mi hogar hecho pedazos. Maldito seas, Japeto. ¿Hum? Aldebarán, acaso tú... ¿Me ayudarás? Estoy un tanto debilitado debido al combate y tú, me ayudarás. Es bueno saber que cuento contigo, amigo, pero...Ya es hora de enfrentarnos ante esos dioses y destruirlos, enviarlos al Tártaro para siempre, juntos. Yo los ayudaré, como Santo de Athena que soy. Adelante, todos al Laberinto de Cronos a derrotarlo. Qué nuestro poder dorado logre el milagro.
Fue más difícil de lo que pensé, agotamos nuestras fuerzas, nuestro cosmos se quemó hasta el infinito y esos que dicen llamarse dioses descendieron a las profundidades del Tártaro, a donde pertenecen por los delitos que cometieron, creyendo que nosotros éramos inferiores solo por ser humanos, pecadores. Ya no, ahora desaparezcan eternamente. Logramos el milagro entre todos, compañeros, lo logramos.
Por lo pronto continúo viviendo en Jamir, es aquí en donde pertenezco, mi lugar, mi espacio en el Universo, junto con mi Templo de Aries en el Santuario.
Aquí todo parece igual, como si la gente de los alrededores no se hubiera dado cuenta del peligro que los acechaba, del mal que se aproximaba a acabar con sus vidas, por el sólo hecho de existir en este mundo.
Curiosamente todo está muy tranquilo en la Torre de Jamir. Ahora, a seguir con el trabajo de siempre... Pero ¿Qué? ¿Qué es esto? Hay algo cerca de la Torre... Es algo envuelto en muchas sábanas. Es... ¿Un niño? ¿Qué? ¡Un bebé! Es un pequeño, pero ¿qué hace aquí una criatura así? no debe tener más de un año... Qué... Quién... Por qué…
Al parecer no está herido y aun ante mi presencia continúa dormitando, lleva un papel consigo, una carta. Pero, su escritura parece antigua, como la de... No, no puede ser, se supone que ya no hay gente con vida que pueda leer o escribir este tipo de escritura más que yo, mi Maestro me lo dijo, los pocos que quedaban se han ido, ¿o acaso no?
La leeré... parece la letra de una mujer, los trazos son muy delicados y finos, no son muy legibles, se han empapado un poco por la humedad que hay en el ambiente. Pero aún así, alcanzo a leer algo: "Éste es mi hijo, yo ya no puedo cuidar de él, por eso te lo encargo a ti, Santo de Aries. Sé que tú lo criarás y que podrá llegar a ser un digno sucesor tuyo. Conviértete en su maestro y enséñale lo que sabes sobre nosotros, los lemurianos. Yo no podré hacerlo. Cuídalo."
La carta no estaba firmada... ¿una posdata? No me vendría mal un poco más de información: ''PD: su nombre es Kiki"
¿Qué diablos...? ¿Yo? ¿Cuidando de un infante? Pero, pero... ¿Cómo pasó esto?
Ni en mis más descabellados sueños pensé que me pasaría algo así. Desde ya que no podía dejarlo abandonado, me lo encomendaron, no sé quién, pero, debo hacer lo que debo. Kiki es su nombre, y es cierto que es un descendiente de lemurianos; al despertarse, cruzamos nuestras miradas y lo pude apreciar; sus ojos, su rostro, así es. Pero aún no puedo comprender cómo una mujer llegó hasta aquí, con un niño en brazos y éste salió ileso, no lo entiendo. Pero ya no me quedan más opciones; deberé cuidarlo, como mi maestro lo hizo conmigo, es que acaso, ahora ¿yo soy maestro?
~~~~~~~~ Años después ~~~~~~~~~
Hay muchachos alrededor del mundo ansiosas y expectantes de convertirse en santos al servicio de Athena, lo sé... Camus de Acuario me ha dicho, en las pocas oportunidades en las que pude hablar con él, que le designaron unos muchachos para entrenarlos donde antes él lo había hecho, Siberia. Santos plateados como Marín de Águila y Daidalos de Cefeo también han estado entrenando a posibles candidatos. Hasta el Anciano Maestro, a quien visité recientemente, me dijo que está entrenando candidatos en China. Han dicho que el mal se avecina a este mundo, y que ellos pronto estarán listos para combatir. Eso me da mucho orgullo, tan jóvenes y tanto amor por su diosa.
Pero yo, que no me la creía, tengo a cargo a un pequeño de 5 años llamado Kiki. A pesar de que soy la única persona que ve casi siempre, porque no le dejo ir mucho al pueblo, no se parece en nada a mí. Es vivaz, alegre, más ingenioso y conserva su gracia infantil, de la cual yo carecí a su edad. Pero me respeta mucho, día a día le enseño, de la forma que pueda, lo mismo que mi maestro Shion me enseñó a mí. Hasta sabe lo básico para reparar armaduras y me ayuda en esta tarea. Maneja bien la psicoquinesia y aprende mucho muy fácilmente y cada día más, aunque a veces se mete en problemas. A veces siento que en su rostro me veo a mí mismo reflejado a esa edad, pero después me doy cuenta de lo distintos que somos y él me sonríe e irradia esa alegría nata que posee. Qué maravilloso es, y es mi discípulo.
~~~~~~~~ Tres años después ~~~~~~~~~
Kiki, ya ahora con ocho años, es un digno discípulo, amigable y bondadoso. Ha conocido al Santo de bronce que ha venido hasta aquí para reparar sus ropajes y buscar la solución a sus problemas. Aquél que fue entrenado por el Anciano Maestro de Libra. Sé que en algún futuro Kiki será mi sucesor, lo sé, tengo la misma fe que mi Maestro tenía hacia mí. Y ahora, después de tanto tiempo regreso, al Santuario, esta vez acompañado.
—Maestro Mu, lo veo preocupado, ¿le ocurre algo? —me dijo observando mi rostro. Sacudí mi cabeza.
—Es que los Santos de Bronce vienen en camino y tengo un mal presentimiento.
—¿Un mal presentimiento?
De pronto un grito desgarrador lo cubrió todo. Sabía lo que estaba pasando. Sabía que ese ambicioso Patriarca tenía la culpa. Athena... ¡Athena ha sido herida en el pecho por una flecha!
Los santos han llegado a la primera casa. Dicen que deben subir colina arriba hacia la recámara del Patriarca, que él es el único con el poder para quitar esa flecha. ¡Pero si seguro que él mismo lo provocó! ¿Qué harán entonces? Salvarla a toda costa, dando su vida. Esta será la prueba decisiva, para Athena y sus santos. ¡Demuestren que son los verdaderos santos atenienses que luchan por la justicia!
Nunca quise creer que Saga fuera a hacer una cosa de esas. Pero su parte malvada nos engañó a todos. Fue él quien mató a mi Maestro. Ahora, preso del remordimiento por haberle fallado a Athena y de haber cometido tantos pecados, él le ha entregado su vida. Ha muerto, y solo quedamos cinco para proteger este Santuario, y la amenaza más grande está comenzando. Los dioses se han levantado para tomar posesión de esta tierra. Zeus en el cielo, Poseidón en el mar, y Hades... Hades en la tierra de los muertos.
Es una noche muy tranquila, casi no hay nubes en el cielo, diviso algunas constelaciones. Pero, aún siendo muy tarde, no puedo dejar de estar aquí, en la entrada de mi Templo, escrutando cada lugar, cada milímetro de espacio. Sé que algo está a punto de suceder, y presiento cosas horribles. Un cosmos, un cosmos se siente muy cerca, se está acercando a la entrada del Santuario, pero... ¿A estas horas? ¿Es la amenaza de la que tanto nos previno el Anciano Maestro de los cinco picos? Mejor salgo para ver.
Ma... ¡Maestro! ¡No puede ser! ¡Es usted! ¿Qué pretende? ¿Por qué quiere que le traiga la cabeza de Athena? ¿Qué me está diciendo? Su figura... no es la que yo conozco, ha rejuvenecido completamente. No es usted, no puede ser, pero... es su cosmos, no hay duda. No, Maestro, no puedo hacer lo que me pide.
—Tráeme la cabeza de Athena —es lo único que me puede decir. No, no puedo hacerlo, no...
Saga... Camus... Shura... ¿Por qué lloran? ¿Por qué derraman lágrimas de sangre? Sus almas se acongojan, lo veo en su interior, ustedes también se revelaron al Santuario, me atacan y quieren la cabeza de Athena, pero ¿lloran?
Están escondiendo sus verdaderos propósitos... tal vez sea que...
No puedo detenerme ahora, debo proteger a Athena, sin duda Hades es quien ha enviado a sus espectros a este lugar sagrado... Y ahora, Aldebarán ha muerto. Amigo, tu sacrificio no será en vano. Hace instantes, el cosmos de mi Maestro Shion se desvaneció. Tal vez volvió al otro mundo. Maestro... lo conozco, sé que en lo más profundo de su ser usted ha vuelto a este mundo para combatir a Hades y sus secuaces. Dice estar de su lado pero yo no le creo nada. Yo lo conozco mejor que nadie, lo sé, lo entiendo todo, su misión aquí en el Santuario... Quedan menos de doce horas... ¡Athena!
Athena... Athena ha... decidido morir. Ya comprendo todo. Nosotros; Milo, Aioria y yo, también debemos ayudar. Iremos al castillo de Hades y ayudaremos a nuestra diosa como los Santos que somos. Seiya, Santos de Bronce, nosotros, al igual que Shaka y Athena, decidimos dar nuestras vidas en esta batalla. Ustedes deben vivir, protejan esta tierra y derroten a Hades.
—... Los enviaré al infierno helado del Cocytos... —dice este hombre, Juez del Infierno, Radamanthys.
Mis fuerzas escasean, la llama de mi cosmos se apaga... ¿Ya es hora? Ya debo irme al infierno... o tal vez tenga otra oportunidad de ayudar a mi diosa en esta batalla. Pero no ahora. Ya no...
Maestro, gracias por sus enseñanzas, nunca las olvidaré. Aldebarán, amigo, nos volveremos a ver. Seiya, Santos de Bronce, santos de la esperanza, sé que ustedes derrotarán a Hades con la fuerza de su cosmos. Querido discípulo Kiki, me alegra que no hayas estado presente en estos momentos tan horribles, perdóname si no fui el maestro que merecías, perdóname si no sonreí lo suficiente. Sé un gran hombre, ojalá todo lo que te enseñé te sirva el día de mañana, y que mis esfuerzos no hayan sido en vano. Realmente quisiera verte crecer, pero yo ya… ya no puedo…
Un cosmos me está llamando... Es Athena, su cálido cosmos, que me trae tanta paz... ¿Es esto el infierno? ¿Aún no estoy muerto? Pero... la diosa nos está llamando, a todo nosotros, Santos de Oro, aún nos queda una misión más por concluir, la última misión, donde concluirán nuestras vidas para siempre. Seguramente seremos castigados por los dioses debido a esto, pero no me importa, salvar a la Tierra del infierno vale más que mi vida. Juntos, camaradas, lograremos el milagro, aquél que conseguimos tantas veces, ante los mismos dioses. Sé que podremos volver a conseguirlo. Esta vez, unamos nuestros cosmos, y que el milagro se vuelva el resplandor del sol para destruir aquel muro que se interpone en el camino de los santos atenienses. Unámonos compañeros, en el nombre de nuestra diosa, por ella, por Athena. Y por nuestra querida Tierra.
Esto es la misma muerte... ya no siento nada, ni los murmullos de mí alrededor. Nada. Todo ha terminado para mí, para nosotros. En ese último instante que dimos todos por Athena. Ya es el fin... Adiós Santos de Athena... adiós...
