Parte III (Final): Kiki
Era una tarde fresca y despejada, inusual en el verano griego, cuando el Maestro se acercó a las escalinatas del Templo de Aries y me dijo:
—Escúchame, Kiki, el mal se avecina, el Anciano Maestro nos lo advirtió. Es probable que después de esta batalla ya no regrese jamás a Jamir, ni tampoco al Templo de Aries.
Aún resuenan sus palabras en mi mente. Fui un ingenuo al creer que exageraba, al pensar que luego de la lucha contra Hades todo volvería a la normalidad y nosotros podríamos regresar a Jamir, a esa vida pacífica que tanto me gustaba. Permanece en mí el recuerdo de nuestra última conversación.
—Kiki, tú, al igual que el resto de los santos, no debes permanecer aquí. Esta batalla está fuera de su alcance. Vete del Santuario, ya no es un lugar seguro.
—Pero, Maestro Mu, yo estoy dispuesto a luchar por Athena, a dar mi vida si es necesario. ¿Por qué si no me ha entrenado durante estos años?
—Lo sé, Kiki, pero…
—Tal vez aún no sea muy fuerte, de hecho tal vez nunca llegue a ser tan fuerte como usted, pero lo intento, Maestro, de verdad lo intento. En la batalla contra Poseidón di mi mejor esfuerzo para ayudar a los santos de bronce,
¿es que no puedo ser de ayuda ahora?
Sentí como si le echara la culpa. Como si protegerme estuviera mal. Me di cuenta de que su rostro mostraba tristeza, una infinita tristeza mezclada con preocupación.
—No digas eso, no digas que nunca podrás ser tan fuerte como yo. Es cierto que fuiste de gran ayuda, pero esta guerra será monstruosa comparada con la anterior guerra contra el Dios del Mar. Quiero que vivas, necesito que vivas, Kiki. No te lo estoy pidiendo, es una orden.
Al ver su expresión tuve que resignarme. Asentí y comencé a marcharme, algo fastidiado conmigo mismo por mi propia inutilidad. Si hubiese prestado atención a sus palabras, si no hubiese sido tan ensimismado, me habría dado cuenta de que se estaba despidiendo de mí; lo habría abrazado con todas mis fuerzas, le habría dicho cuánto lo quiero y lo respeto y cómo, a pesar de que nunca conocí a mis padres, él fue como un padre para mí. Pero no hice nada de eso y me arrepiento. Giré sobre mis hombros para ver si desistía de su idea, y lo encontré de pie frente a su Templo de Aries, firme, sereno y decidido, emanando un poder que nunca sentí antes. Un Santo de Athena poderoso y valeroso como ninguno. Tal es el recuerdo, el último recuerdo, que tengo de mi Maestro, Mu de Aries.
Lo siento, Maestro, pero no pude hacer lo que me pedía. Estoy seguro de que lo comprenderá, porque sabe que estoy dispuesto a dar mi vida en esta batalla. Debo, debemos, proteger a todas las personas de este planeta. Y hoy en particular ha aparecido una persona especial, pues es la hermana de Seiya, aquélla que buscó con tantas ganas por tantos años. Debo protegerla, es lo menos que puedo hacer.
~~~~~Tiempo después de la batalla contra Hades, Rey del Inframundo~~~~~
Ahora que la guerra contra el Dios del Inframundo terminó, y una aparente paz reina en el planeta, decidí volver a Jamir por mi cuenta y, junto con ello, traigo la firme determinación de no resignarme y convertirme en un santo que pueda serle útil a Athena cuando el mal se avecine de nuevo sobre este mundo. Athena sabe que la ira de los dioses se desatará sobre los humanos en cualquier momento, así que debo prepararme.
Las montañas de Jamir son un lugar muy aislado del resto del mundo. Desde que vine aquí hace unos meses no he tenido noticias de los santos, ¿cómo estarán Seiya y los demás? Evito bajar al pueblo más que lo indispensable. Debo concentrarme si quiero cumplir mi deseo. Es sólo que, sin el Maestro Mu, todo se hace más difícil…
He entrenado muy duro, Maestro Mu, día y noche, apenas he podido descansar. Hace meses que no veo a otro ser humano y este perpetuo aislamiento comenzó a afectarme. Ahora puedo sentir aquella soledad que usted sintió en Jamir hace mucho tiempo, luego de que su maestro se fuera… y antes de que yo llegara. Jamás me gritó o me trató mal, pero siempre he pensado que fui para usted como una carga, algo no premeditado en su vida. Dígame que me equivoco, hábleme, Maestro, dígame qué debo hacer para superar esta triste soledad y no por eso abandonar mi entrenamiento.
"Athena"… claro, ella es la respuesta. Ella es la única capaz de darme fuerza y valor. Yo, que de muy niño anhelé protegerla, no puedo darme por vencido, no puedo dejar atrás mi misión y pretender que esa vida no existió, que todas esas personas que lucharon arriesgando sus vidas nunca tocaron mi corazón, que la batalla terminó y yo no puedo hacer nada al respecto. No, no es así. Debo continuar, por Athena y por todos aquellos guerreros que aún pelean por ella, no puedo quedarme atrás, por ellos y por los nuevos santos de la esperanza que vendrán, debo seguir mi camino.
Hoy después de mucho tiempo ha venido un guerrero desde muy lejos a las míticas montañas de Jamir. Escuchó la leyenda del herrero que repara las ropajes sagrados de los santos, y vino pensando que él aún se encontraría aquí. No pude rehusarme a ayudarlo, además de que fue agradable estar en contacto con otro ser humano después de meses, ¿o ya son años? De cualquier forma, lo recibí y me encargué de repararle su ropaje, aplicando todas las enseñanzas de mi Maestro. Oricalcum, gamanium y polvo de estrellas, de eso se trata.
Me dio las gracias y se marchó. No lo hice tan mal después de todo. Ese hombre me hizo recordar que un santo no sólo combate con su cosmos, sino que combate con todas las habilidades que tiene. Usted me lo dijo una vez, Maestro:
-Las armaduras, al igual que nuestros cuerpos, sufren daños que pueden provocarle la muerte. Por eso es que nuestra misión como reparadores de armaduras es tan importante. Un santo sin su armadura es un defensor de Athena menos en el campo de batalla. Hemos heredado desde la era del mito la capacidad de revivir los ropajes sagrados. Sabemos qué se debe hacer incluso después de que mueren. Kiki, no olvides que tu misión en el futuro no sólo será proteger a Athena con tu cosmos, sino que también deberás asistirla con tus habilidades heredadas. Asistirás a su ejército poniendo a su servicio tus capacidades. No lo olvides, Kiki."
Maestro Mu, claro que no lo he olvidado. Sus enseñanzas, mi misión, todo lo llevo en mi corazón. Ya lo verá, me esforzaré por llevar dignamente el título de Reparador de Armaduras.
Continúo con mi entrenamiento. Jamás creí que sería tan difícil llevarlo adelante solo, pero siento como si internamente se estuviese moldeando en mí algo nuevo, una nueva fuerza, un cosmos que empieza poco a poco a arder. Ya me acostumbré a la soledad, a escuchar sólo el rumor del viento. De a poco estoy dejando atrás todo rastro de mi niñez. Éste es el camino que debo seguir. No importa el vacío que sienta por dentro, no importa la falta de calidez. Debo continuar.
~~~~~Un tiempo después~~~~~
Abajo, en el pueblo, mucha gente me pregunta por mi Maestro. La mayoría desconoce que se trataba de un Santo de Athena, ¿cómo explicarles que él ya no está aquí porque dio su vida por todos nosotros?
—Joven Kiki —una voz me interrumpió en mis pensamientos, era uno de los ancianos del lugar, a quien conozco desde que bajé por primera vez aquí solo, de eso hace mucho tiempo.
—¿Qué sucede? —le pregunté. Tenía una mirada llena de melancolía, lo que me hizo pensar que tal vez conocía la verdad acerca del Maestro.
—En realidad, eso es lo que yo quería preguntarte a ti. Ya casi no te veo bajar al pueblo y las pocas veces que lo haces siempre tienes el semblante serio, fatigado. Me preocupas, joven Kiki. Hace tiempo, cuando el joven Mu se encontraba en este lugar, tú eras un niño lleno de vitalidad y alegría, que siempre lo acompañaba con una sonrisa en el rostro. Pero ahora ya no es así, no sólo porque el joven Mu ya no se encuentra, sino porque tú ya no sonríes.
Me sorprendieron sus palabras, pero no podía negarlas.
—Es muy observador —le dije—. Tiene razón, ya no soy el mismo de antes. Aquel niño que usted menciona murió junto con mi Maestro.
Se sorprendió al enterarse de su muerte, pero fue como si lo hubiera entendido todo en un segundo.
—Ya veo. Discúlpame si te hice revivir un recuerdo doloroso. Es como si la historia se repitiera.
—¿A qué se refiere?
—El joven Mu apareció por estos valles hace más de 20 años junto con el Señor Shion, quien era una persona importante en el extranjero. Cuando el Señor Shion no regresó, asumí que había muerto, después de todo era un hombre de edad avanzada. El joven Mu se quedó viviendo solo en la cima de estas montañas y, ahora, viéndote a ti me doy cuenta de que ambos se parecen mucho… han perdido algo importante en sus vidas y con ello parte de su existencia se ha acabado. Sin embargo, aún hay algo que los mueve, una fuerza poderosa que les da valor para seguir adelante, ¿no es así?
Cuánta sabiduría contenían sus palabras. Le sonreí, después de tanto tiempo, y le respondí:
—Sí, es tal y como dice. Le agradezco que me lo haya hecho recordar, y también que se preocupe por mí, pero estaré bien.
Lo despedí y me marché de vuelta a las montañas. No pude evitar derramar una lágrima al pensar en mi Maestro, quien también tuvo que continuar solo su camino, así como lo hago yo ahora. Seguiré su ejemplo, Maestro Mu, no lo defraudaré.
~~~~~Algunos años después~~~~~
¡Extinción Estelar!
El paisaje agreste y desolado de Jamir resulta ideal para practicar las técnicas legadas de Aries. Una vez más…
¡Extinción Estelar!
Es como si mi cosmos pudiera crecer infinitamente sabiendo que no puedo dañar aquí a ningún ser vivo. Ahora entiendo por qué mis ancestros lo escogieron como refugio luego de que el legendario continente Mu desapareciera.
No hay nada que contenga mi cosmos. Debo elevarlo, elevarlo hasta el infinito y alcanzar el máximo cosmos, el Séptimo Sentido. Ahora es cuando. ¡Elévate, cosmos mío! ¡Qué la luz de las estrellas sea mi poder!
¡Extinción Estelar!
~~~~~Seis años después~~~~~
Después de mucho tiempo he vuelto al Santuario. Pasaron incontables guerras entre los santos atenienses y la ira de los dioses que ha devastado este lugar por completo. Quedan pocos santos para defender a la diosa. Desde mi niñez he deseado formar parte de los defensores de la paz y la justicia. Daría mi vida por esta tierra, ¿será que la diosa me considerará como parte de su ejército ahora que he regresado?
El Templo de Aries. Cuántos recuerdos me trae. Aunque mi Maestro siempre escogió a Jamir como su hogar, no me cabe duda de que amaba a este lugar tanto como a la Torre de Jamir. A pesar del paso del tiempo, lo encuentro exactamente igual: silencioso, lleno de una energía que me colma de paz. Seguramente son los restos de cosmos de mi Maestro que permanecen aquí, custodiando el Templo del Carnero Blanco como si el Santo de Aries nunca se hubiera marchado de este mundo. En el centro del templo ese cosmos vibra más intensamente.
Pero si es… ¡el ropaje sagrado de Aries! ¿Qué está haciendo aquí? Se supone que, si no existe guerrero que lo porte, debería estar en su Caja de Pandora junto con los otros ropajes sagrados en los aposentos del Patriarca, ¿es que acaso el espíritu de la armadura se niega a desproteger este templo? Su brillo se vuelve cada vez más intenso, es algo increíble; aunque no esté siendo usada por ningún guerrero, emana un aura de poder impresionante. Esa aura entra en sincronía con mi cosmos, apacigua mi alma llena de soledad… ¿pero, qué? ¿Qué pasa? El ropaje sagrado de Aries está…
"Kiki, discípulo mío, sé que algún día tú serás mi sucesor, lo sé."
"Kiki, sé un gran hombre."
"Kiki… este ropaje sagrado de Aries es tuyo… protege a Athena con tu poder y con esta armadura."
¡Maestro!
No lo creo, la armadura… estoy portando el ropaje sagrado de Aries. Esto es… no, no fue imaginación, eso que escuché fue la voz del Maestro Mu, ¿sus últimos deseos han permanecido en este ropaje durante todos estos años? Sea como fuere, él me ha legado su armadura y la armadura me ha aceptado como su nuevo portador. Ahora yo… me convertí en un Santo de Athena, en un santo que protegerá esta tierra. Ahora…
—Ahora serás llamado Kiki de Aries, Santo Dorado y Guardián del Templo del Carnero Blanco —esa es la voz de Athena, que se comunica a través de mi cosmos—. Tanto la armadura como sus antiguos portadores te han aceptado como tal. Han visto tu esfuerzo, tu dedicación y tu gran amor por esta tierra, el cual profesas desde tu más tierna edad. Y yo soy testigo de ese amor, de tu sentido de justicia. Entonces, Santo de Aries, Kiki, ¿pelearás junto conmigo y tus camaradas para defender esta tierra?
—¡Athena! ¡Lo juro! ¡Daré mi vida!
—Qué así sea, entonces, Kiki de Aries —su cosmos se alejó. Corrí a través de los Doce Templos hasta llegar a ella. Al llegar y encontrarla, igual de bella y fuerte que hace tantos años, me postré y le agradecí su bondad. Jamás olvidaré su amable sonrisa y su cálido cosmos. Esa calidez que estuvo ausente en mi vida durante todos estos años de duro y solitario entrenamiento. Una calidez que no sentía desde los tiempos de alegría que viví con mi Maestro. Gracias, Athena… gracias por devolverme esa calidez perdida.
He conocido a mis nuevos camaradas y también he oído que una nueva generación de santos se está entrenando para prepararse para las próximas batallas que tendremos que enfrentar. Todo me trae tanta nostalgia, pero a la vez, todo es tan diferente.
Hoy he visto a Seiya en el Santuario, quien ahora es el Santo Dorado de Sagitario y protector principal de la diosa. Sus incontables batallas junto con Shun, Shiryu, Hyoga e Ikki lo han vuelto una leyenda viviente aquí en el Santuario. Así y todo, el permanece igual que siempre: persistente, valeroso e infatigable. Había olvidado cuánto lo admiro. Supongo que después de todo, todavía queda algún rastro del niño travieso y curioso que solía ser, aquél que miraba a los santos como seres fantásticos e inalcanzables. Me saluda como un compañero más, brindándome su espíritu alegre y lleno de confianza. Ya no soy un simple aspirante. ¡Ahora yo también soy un Santo de Athena!
Siempre que puedo retorno a Jamir. Es curioso, pero a pesar de que sea un lugar solitario, es mi lugar en el mundo, de eso no tengo dudas. Ya me adapté a él, y él se adaptó a mí. He logrado dominar la habilidad de los grandes herreros de armaduras, incluso puedo decir que he sobrepasado mi propio límite en lo que concierne a la reparación de ropajes. Ayudé y estoy ayudando a muchos camaradas que vienen aquí con la esperanza de reparar sus ropajes sagrados. Parece como si el panorama, ahora que soy un santo ateniense, se aclarase completamente.
He comenzado un nuevo camino, mi propio camino. Gracias a todo lo que aprendí de usted, Maestro Mu, hoy estoy en este lugar sagrado como un Santo de Athena. Pero ya no puedo seguir pendiente del pasado, ya no puedo derramar lágrimas cada vez que evoco las penurias que viví desde aquel día que lo vi por última vez. He madurado lo suficiente. El futuro me espera. Los jóvenes santos de Athena confían en mí, y nos los defraudaré. Tal vez sea como aquel anciano dijo: "es como si la historia se repitiera". En efecto, tal vez en un tiempo, yo también pueda ser Maestro como usted, para transmitir a un joven lleno de esperanza todo lo que sé. Tal vez en un futuro yo también entregaré mi vida a cambio de la vida de las personas de este planeta, como lo hizo usted. Pero ya será mi propio camino, mi propio deseo. Y estoy dispuesto, dispuesto a perpetuar la leyenda de los Santos de Aries y preparado para entregarlo todo. Por Athena, por nuestra diosa.
FIN
Comentarios finales: esta historia fue el primer fanfiction multicapítulo que escribí sobre Saint Seiya, hace ya bastantes años. Lo revisé y corregí varias veces, y siento que esta es una buena versión que merece ser compartida. Tanto en el original como esta versión, quise mantener algunos términos originales del universo de Saint Seiya, como la palabra "santos" en lugar de "caballeros" y "ropaje sagrado" en lugar de armaduras (aunque es posible encontrar también este otro término en el texto). Los hechos están basados en el manga original, pero hay elementos inspiradores de Next Dimension y Saint Seiya Omega en las historias de Shion y Kiki, respectivamente.
Considero que este trío de arianos tiene una historia fascinante a cuestas y maravillosas relaciones interpersonales que merecen ser profundizadas, sea por los fans o de manera oficial. Éste fue mi pequeño aporte. Espero se les haya hecho amena la lectura y les haya gustado la historia. Un comentario siempre será bienvenido.
