Shail parpadeó. Después que perdiese la vista a la torre de Kazlunn, algo pareció absorberlos, y cuando se atrevió a abrir los ojos, estaban allí. Allí… pero, ¿qué era allí? No era Idhún, y no sabría decir si se trataba de la Tierra, pues había algo que no encajaba. Estaban en la orilla de un río, y podían ver un bosque y unas montañas un poco más allá. Luego, estaba la casa. Era una construcción al estilo celeste, constituido por pequeñas semiesferas unidas a otra más grande, decoradas con colores claros.

Alsan le llamó la atención, y Shail se giró hacia él. Se había levantado y le tendía una mano.

"Tenemos que saber a dónde hemos llegado"- le dijo mientras le ayudaba a levantarse- "Comprobemos si hay alguien en la casa"

Así pues, caminaron despacio hasta encontrar la puerta principal. Había un arco y unas palabras escritas en idhunaico arcano, el idioma de los magos.

"Bienvenidos a Limbhad, la casa de la frontera"-leyó Shail-"¡Limbhad!"

"Nos hemos desviado, entonces."

"Y tanto. ¡Hemos llegado al refugio olvidado!"

"Yo también leí esa historia"-suspiró el príncipe, llamando a la puerta-"El escondite de los cobardes"

Shail le miró indignado. Limbhad había sido descubierto en La Era de la Contemplación por los magos que habían huido de la Inquisición, y luego había sido utilizado como almacén hasta entonces. Los magos y los sacerdotes llevaban siglos enfrentados, y según parecía, Alsan, como caballero de Nurgon, servía a los sacerdotes. Menudo compañero.

La puerta se abrió sola, y los dos entraron con algún reparo.

"Tal vez, al igual que nosotros nos hemos desviado, el dragón, el unicornio y los otros magos podrían haber llegado aquí en vez de a la Tierra."- sugirió Shail-

"Creo que esto está abandonado"-cortó Alsan- "Si hubiese alguien ya lo habríamos visto. Pero no importa, Limbhad no es nuestra meta. Debemos llegar a la Tierra"

"Podría llevarnos hasta allí, creo recordar que había un portal o algo que comunicaba este lugar con los dos mundos. Debemos encontrar la biblioteca."

Recorrieron los pasillos hasta encontrarla. Era una sala grande y redondeada, como las demás habitaciones. Estaba llena de estanterías con libros en idhunaico arcano y normal, y en el centro había una mesa de madera con una esfera de cristal en el centro. La sala estaba sumida en la penumbra del exterior. Shail trazó un círculo en el aire con un dedo y dijo "luz". Una esfera de luz apareció, pero no hizo falta porque la sala se iluminó con fuego mágico. Maravillado, deshizo su hechizo con un gesto.

"¿Qué fue eso, mago?"

"Hay un hechizo en la sala. Si dices luz…"-el fuego se apagó, y Shail tuvo que repetir la palabra para que se volvieran a encender- Si dices esa palabra, activas el hechizo y si la repites se desactiva. Es simple."

"Luz. Luz"-probó el príncipe, y las luces se apagaron y encendieron a sus órdenes-

"Y al parecer no te hace falta ser mago para usarlo."

Alsan asintió, y luego señaló la mesa, donde se podía leer en idhunaico común: El Alma de Limbhad.

"¿Ése es el centro de control, verdad? ¿A qué esperas? Usa tu magia, tenemos que completar una misión."

"Sí claro. Por cierto, me llamo Shail. No me había presentado."

"Yo soy Alsan, príncipe de Vanissar. Bien, ya estamos. Ahora usa tu magia, mago Shail."

Shail se encogió de hombros y posó sus manos en la mesa. Automáticamente, la luz se atenuó un poco y la esfera se iluminó. Una voz le habló en su cabeza, y le preguntó qué hacían en aquél lugar.

"Venimos de Idhún. Buscamos un dragón y un unicornio."

La voz les dio la bienvenida, y les informó de que hacía mucho tiempo que no pasaba nadie por aquél lugar. Les dijo que era el Alma, y que le llamaran siempre que la necesitase.

"Debemos viajar a la Tierra para buscarlos. Y luego regresar a Idhún"

El Alma aceptó que viajaran a la Tierra, y que sólo necesitaba fijar un lugar y fusionar su magia con ella para teletransportarse. Sin embargo, le dio la noticia que más le aterró en toda su vida. Se apartó de la mesa y retrocedió, pálido. Alsan le sujetó del brazo.

"¿Qué ocurre, hechicero?"

Con esfuerzo, Shail logró articular algunas palabras. Y aquellas palabras también hicieron palidecer al príncipe.

"¿Cómo has dicho?"-preguntó aferrándole el hombro derecho-

"Es cierto, el Alma me lo mostró"- Shail bajó la mirada y tragó saliva. Alsan le hacía daño- "Y… creo que yo vi algo raro cuando atravesamos la puerta."

"Pero… ¿Por qué? ¿Por qué han cortado el camino?

Alsan se alejó un poco y golpeó con fuerza una pared, haciendo temblar una estantería.

"Shail… ¿Qué fue exactamente lo que viste?"

"Fue sólo un segundo. Mi giré y vi a todos mirándonos, y entonces esa imagen desapareció. Debió de ser allí cuando se cerró"

"No lo entiendo… ¿Hiciste algo?"- Shail negó con la cabeza- "¿Viste a algún mago hacer un hechizo?"

"No, estaban todos quietos. La única opción que se me ocurre es que haya habido una sobrecarga en el portal."

"¿Y por qué con nosotros y no con la tromba de auto-exiliados que ya la habían cruzado? Y si ha sido un fallo del hechizo… ¿por qué no lo han arreglado? Si nadie hizo nada y la puerta se cerró… deberían haberlo investigado."

"Es sólo una hipótesis…"-dijo el mago al rato, después de pensar- "Si hubiese sido un fallo, yo mismo podría arreglarlo, pero hay algo que no me deja. ¿Y si, después de todo… haya sido alguien que no quería que buscáramos al dragó y al unicornio? Alguien muy poderoso."

"¿Te refieres al Nigromante? ¿Tiene tanto poder en esas cosas?"

"Ten en cuenta lo que hizo. Si se tomó las molestias de eliminar a dos especies enteras… No quiero ni pensar en cómo se enteró de que había dos supervivientes, y que nosotros íbamos a traerlos de vuelta a Idhún para que se cumpliera la profecía."

"Bien mirado…" – suspiró Alsan- "Lo bueno es que podemos buscar al dragón y al unicornio con tranquilidad y regresar a Idhún en un descuido suyo."

"No creo que a alguien como él se le permita tener descuidos, pero es una oportunidad."- replicó Shail, recuperando ya el color- "Y la mejor parte es que podría habernos atrapados en el infinito por la eternidad si no hubiésemos llegado aquí."

"Punto a favor."- Alsan también pareció relajarse un poco, y recogió los libros que había tirado al pegar la pared- "Ya que parece seguro que nos quedaremos un tiempo, podrías informar al Alma que haremos de este lugar el cuartel general."

"¿Cuartel?"

"Sí, nuestro cuartel. Limbhad, La Base de la Resistencia."

"Me gusta el nombre. Exploremos esto."

No tardaron mucho en descubrir que el micromundo no tenía mucho más que ofrecer que lo que ya habían visto al llegar y una penumbra eterna sin luna. La casa construida por los magos, sin embargo, sí guardaba algunas sorpresas. Encontraron unas decenas de habitaciones vacías, y registrándolas encontraron más ropa que la que tenían y algunos objetos más. Luego estaba el baño, la cocina y la despensa vacía, pero que resultó ser mágica y les creaba lo que ellos pidiesen. La sorpresa fue encontrarse un templo dedicado a los Seis Dioses, aunque Alsan masculló algo como "Dado a que éste lugar es de magos, no me habría extrañado que fuese un templo al Séptimo". En ese momento, Shail no quiso decir nada. Hacía dos edades se había alzado un señor oscuro que había obligado a los magos a unirse a él mediante un anillo maldito por el mismísimo Séptimo. Los magos que vivían cuando Talmannon fue derrotado fueron acusados de unirse al mal y fueron perseguidos y asesinados, así que huyeron a Limbhad. Por ello, los sacerdotes y los magos seguían recelándose mutuamente.

Luego encontraron para alegría de Alsan una sala de entrenamiento y muchas espadas de práctica. Había un pasadizo que les llevó a un lugar donde encontraron las armas legendarias que se habían perdido en el pasado, como la espada de fuego, Dómivat, la Daga Sangrienta y Ridean. Después de unos días, Alsan decidió dejar allí a Sumlaris.

Limbhad les había reservado maravillas. Pero aún quedaba explorar la Tierra.