Disclaimer: Los personajes no me pertenecen y blablabla.


Limpiar la casa era una tarea, por así decirlo, divertida. Mi vida era monótona y aburrida. Limpiar era una de las pocas actividades que podía realizar sin riesgo de hacerme daño… bueno, podía hacerme daño, podía caerme por las escaleras y romperme una pierna (no sería la primera vez), incluso podía romper accidentalmente una de esas baratijas de papá y podría cortarme una mano. No me preocupaba realmente, en la casa estaba mucho más segura que en el exterior, incluso si estaba en una casa rodeada de objetos mortíferos.

Me dedicaba a limpiar y ordenar la casa casi a oscuras, lo hacía un poco más interesante.

Saqué un trapo debajo del fregadero de la cocina junto con un lustra muebles en aerosol y comencé a limpiar todos los muebles de la casa. Era una tarea sencilla, pero debía hacerlo con cuidado; mi torpeza había destruido varias chucherías delicadas de la sala de estar. Pasé el trapo de color naranja sobre la superficie del estante de la cocina, e hice una mueca, me sorprendía la cantidad de polvo que tenía, ¡Lo había limpiado ayer! Froté con furia la madera de color caoba, no me detendría hasta que brillara. ¿Cómo era posible que se ensuciara tanto? Con una sonrisa satisfecha, me alejé del endemoniado mueble y seguí con los demás. La casa no tenía demasiados muebles, así que no demoré mucho en terminar. Volví a dejar el sucio trapo bajo el fregadero y recorrí la cocina con la mirada. Estaba - a mi parecer- hecha un asco, pero me encargaría de limpiarla después de hacer la cena, no tenía sentido limpiar para luego ensuciarla de nuevo.

Limpié cada rincón de la casa (excepto la habitación de Charlie, evitaba entrar a su cuarto), hice la colada y acto seguido me dirigí a la cocina, dispuesta a hacer la cena. Me acerqué a la lámpara y la encendí, el cuarto se iluminó débilmente, apenas lo suficiente para ver. Charlie había comprado esas lámparas especialmente para mi, y eran algo difícil de conseguir. Me sentía culpable, estaba privando a Charlie de muchas cosas por mi culpa. Sabía que él no era feliz a mi lado, y estaba completamente segura que en algún momento se marcharía como Renee.

Con un profundo suspiro caminé la corta distancia que había hasta la nevera y saqué las verduras que necesitaba para hacer la cena.

Las dejé sobre la tabla de picar y busqué un cuchillo. Debía tener cuidado, a pesar de haber cocinado para Charlie por años, aún solía cortarme a veces. Comencé a cortar cuidadosamente las verduras y las dejé en una cacerola para que se cocinaran. Cocinar y limpiar la casa era una de las pocas cosas que podía hacer por Charlie, cada vez que lo hacía, sentía que le estaba pagando una mínima parte de los problemas que había causado. Por eso, cada vez que Charlie regresaba a casa, era costumbre esperarlo con la cena hecha y la casa impecable.


El familiar ronroneo del coche patrulla de Charlie me alertó de su llegada y me levanté del sillón de un salto. Había terminado de preparar la cena hacía unos treinta minutos atrás y había decidido recostarme a ver la televisión un rato.

Oí abrirse la puerta de entrada.

-Bells, ¿estás ahí?

Esto me hizo sonreír. ¿En dónde más podría estar? La sonrisa se me borró del rostro y un sentimiento de tristeza me invadió. El rostro de Papá apareció en mi campo de visión, estaba sonriendo.

-Vaya, sí que huele bien, acaso…¿qué te pasa? -Su sonrisa pareció debilitarse y me miró sorprendido. Se acercó a mi con cautela y recorrió mi cuerpo con la mirada, probablemente en busca de heridas o algo por el estilo. ¿Cómo sería mi expresión en este momento para que Charlie luciera tan preocupado? -¿Estás bien?

-Sí, papá.

Forcé una sonrisa y él me observó con preocupación, ya no había rastro de sonrisa en su rostro. Él no pareció muy convencido y frunció el ceño. Le interrumpí cuando él abrió la boca para decir algo.

-Ve a lavarte las manos, la cena ya está lista.

Pasé a su lado y me dirigí a la cocina, dejando a Charlie en la sala de estar. No había hecho movimiento alguno y seguía sin despegar la mirada de mi.

Serví la cena y coloqué todo en la mesa, esperando por Charlie; unos segundos después él volvió a aparecer, se había quitado la chaqueta del trabajo y llevaba una de sus camisas a cuadros. Se sentó en la mesa y observó el plato de comida con una pequeña sonrisa a la vez que frotaba sus manos. Me recordó vagamente a una mosca que había visto una vez y fallé miserablemente en suprimir una sonrisa.

-Huele maravilloso, Bella.

Comimos en un cómodo silencio. No acostumbrábamos a hablar demasiado, ni Charlie ni yo éramos personas muy habladoras.

Al terminar de comer, mi padre se dirigió automáticamente al sillón a ver uno de sus programas de deportes, mientras yo me encargaba de lavar los platos, al terminar acomodé cada cosa en su lugar y me dirigí lentamente a la sala, donde podía oír el televisor. Estaba todo oscuro, y la única fuente de luz era el tenue resplandor del televisor. Me sentía algo nerviosa, pero necesitaba preguntarle. La ansiedad me estaba carcomiendo por dentro. Tomé asiento en el lado opuesto del sillón y voltee a mirar a Charlie. Aparentemente no esperaba que me uniera a él, porque ahora estaba viéndome con sorpresa. Lo miré con timidez y él pareció recuperarse, bajó la mirada al control remoto que yacía en su regazo y luego de una breve vacilación, me lo tendió a mi.

-Puedes cambiar de canal, si quieres.

Negué con la cabeza y no pude evitar que una sonrisa se formara en mis labios.

-Sólo venía a preguntarte si ya has hablado con mamá.

Charlie no pareció sorprendido con la pregunta, y si lo estaba, lo ocultó muy bien. Demasiado bien. Se aclaró la garganta antes de hablar.

-Aún no. Pensaba hacerlo en un rato

Asentí y dirigí mi mirada hacia la ventana. Permanecí en silencio unos minutos, apenas escuchando los griteríos en el juego de béisbol que miraba papá. Al parecer, habían ganado…o perdido, no lo sé. Jamás había entendido ese ridículo juego, y jamás lo entendería.

Sin quitar la vista de la ventana (o mejor dicho, cortina) le hice una pregunta a Charlie, la misma pregunta de solía hacer casi todos los días.

-¿Ya es hora?

Voltee a mirar a papá, y lo sorprendí mirándome. Se levantó con rapidez y se acercó a la ventana, corriendo la cortina apenas lo suficiente para ver afuera. Volteó a verme con una sonrisa triste y volvió a sentarse en el sillón, cayendo en él con pesadez.

-Cinco minutos.

Asentí sin decir una palabra y volví mi mirada a la cortina. Podía sentir sus ojos en mi, y me hacían sentir un poco incómoda. Esta era mi rutina, limpiaría, cocinaría, y le preguntaría a Charlie si era seguro para mi salir, sin morir en el intento. Su voz me sacó de mis pensamientos.

-¿Cómo ha sido tu día?-Suspiré mentalmente. ¿Por qué se molestaba en preguntar, si sabía perfectamente lo que hacía cada día? Hacía diariamente lo mismo desde que tengo memoria. Le dirigí una mirada cansada y aburrida. La suave luz del televisor proyectaba misteriosas sombras en su rostro.

-Ya sabes… hice la colada. Y limpié un poco -resoplé, ¿poco? ¡Había limpiado la casa entera! -Esta vez no he logrado romper nada, no te preocupes.

-No me preocupa eso, me importa tu salud. No te has cortado, ¿verdad?

-Incluso si lo hiciera no sería nada grave, papá. No voy a morir por eso. -Me arrepentí de mis palabras al ver que hacía una mueca y se pasaba la mano por el cuello. Me puse de pie a toda prisa (milagrosamente no tropecé) y caminé hacia la puerta que daba al exterior de la casa. Charlie me preguntó si quería que me acompañara y yo me negué, con la mano en la perilla de la puerta.

-No, papá. Tu ve a acostarte si quieres, volveré enseguida.

-Ten cuidado… por favor.

Abrí la puerta y salí al mundo exterior.


Queridos y lindos lectores, perdonen la demora, he estado muy ocupada. Sé que podría haberlo escrito mucho mejor, disculpen u.u

Alguien sabe cómo editar los capítulos ya subidos, sin perder los "reviews"? He cometido varios errores en el capítulo anterior, pero como soy nueva en esto de escribir, no sabía cómo arreglarlo… sin perder los bellos comentarios que me han dejado. Si alguien sabe cómo hacerlo, díganme. Sería de gran ayuda.