Como ya saben los personajes no me pertenecen sino a la gran Stephanie Meyer y la historia tampoco es mía, sino de Abbi Gliness, yo solo la adapto para mi diversión y su disfrute…
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Capítulo 9
Edward POV
Después de una semana de despertar con el sol, mis ojos se abrieron con facilidad antes de que el sol hubiera salido completamente. Bella estaba haciendo un suave ronroneo en su sueño. Sus piernas habían conseguido enredarse con las mías en algún momento de la noche.
La suave seda de su piel deslizándose contra mis pantorrillas era difícil de resistir. Pero me las arreglé. Sin embargo, no era un ángel por completo. No pude contenerme. Cuando agarró mi brazo con su mano y tiró de él para ponerlo más a su alrededor, mi mano izquierda quedó cerca de su pecho izquierdo. Así que sí, había captado una sensación. Pero maldita sea, soy un hombre. También eran muy agradables. Suaves pero firmes, y su pezón era bonito y duro, incluso en sus sueños.
La erección que había presionado contra su culo probablemente no iría muy bien cuando la sobria Bella despertara. Por mucho que lo odiara, acomodé mi brazo alrededor de ella y desenredé mis piernas de las suyas. Tan silenciosamente como pude, me deslicé de la cama. Agarré un par de pantalones vaqueros, una camisa de trabajo y me fui de la habitación para ir a vestirme. No quería despertarla. Ella en verdad necesitaba dormir. Estaría dispuesto a apostar que era su primera experiencia de ebriedad. Había sido tan malditamente linda. Si sólo a la Bella sobria le gustara tanto como lo hacía a la Bella borracha. Con un suspiro, me puse los pantalones vaqueros y até los cordones de mis botas. Era el momento de volver a las vacas.
Al salir al sol de la mañana, no me sorprendió ver a Seth allí. Me preguntaba si él incluso había conseguido algo de sueño preocupándose por dejar a Bella conmigo. Tuve que cuestionar un poco su sentido común. Nunca dejaría a Alice con un chico como yo mientras estuviera borracha y sin pensar con claridad.
Seth se paseaba de un lado a otro delante de la puerta del establo con una mueca de preocupación. Su cabello se veía como si se hubiera olvidado de cepillarlo o se hubiera pasado la mano tantas veces que lo había arruinado.
—Pensé que tenías que salir temprano esta mañana —le dije a modo de saludo.
Seth dejó de pasearse y cerró la distancia entre nosotros. Casi parecía lo suficientemente valiente para tomarme. —Amigo, por favor, dime que tú no…
—Sólo le di una aspirina, un poco de agua y dormí a su lado.
—¿Está bien?, ¿hiciste algo con ella?, ¿está enferma? Maldita sea, no debería de haberla dejado. Jacob se pondría furioso conmigo. Estaba vulnerable y simplemente la dejé. No puedo simplemente dejarla. —Detuvo su diatriba y comenzó a pasearse de nuevo.
—Está bien. Me ocupé de ella. Está cómoda y segura. No ha pasado nada. —Seth sacudió la cabeza y siguió paseándose.
—No. No, no está bien. Ella nunca va a estar bien. He estado esperando a que estuviera bien durante dieciocho meses. Sé que Jacob quiere que me quede y cuide de ella. He estado haciendo lo que sé que él habría querido durante un año y medio. Renuncié a mi beca para ir a California. He perdido un semestre de clases. Fui a este estúpido colegio comunitario vaquero sólo para poder estar cerca de ella. Pero no puedo seguir haciendo esto. Quiero vivir de nuevo. Voy a extrañar a Jacob por el resto de mi vida, pero no quiero mantener el luto. —Se detuvo y puso sus manos en sus caderas, sus ojos se veían vidriosos como si estuviera tratando de contener las lágrimas—. No puedo dejar mi vida por ella nunca más. Pero me temo que si no hay nadie aquí para atraparla cuando caiga, como anoche en ese maldito bar, entonces va a estrellarse y a arder. Nunca sería capaz de perdonarme si algo le sucediera. Ella siempre tuvo a Jacob. Él era su mejor amigo, su protector, y la hacía sentir completa. Pero yo no soy Jacob.
Cerré la puerta del granero firmemente detrás de mí después de comprobar si la puerta de la habitación estaba todavía cerrada. No quería que Bella escuchara esto. Entendía que Seth lo tenía que dejar salir, pero Bella no tenía que estar tan jodidamente cerca cuando lo hiciera.
—¿Por qué no vamos a otro lugar y hablamos de esto? —le sugerí, alejándome de la granja y acercándome a la casa.
—Tienes razón. Lo siento. Maldición, está todavía dormida, ¿verdad?
Asentí y lo llevé hasta el porche, en donde tenía una vista de la puerta del establo, pero estábamos lo suficientemente lejos y sabía que ella no sería capaz de oírnos.
Seth subió los escalones y se pasó las manos por el pelo otra vez. Incluso sacó los extremos un poco, como si estuviera tratando de infligirse dolor.
—Tengo que hacer esto. Tengo que ir a California y tener todo preparado para el otoño. Pero cada vez que pienso en volver a casa y decirle a Bella que me voy en agosto para ir a la escuela, siento que voy a vomitar.
El pobre tipo estaba golpeándose a sí mismo. Estaba en lo cierto, sin embargo, no podía seguir poniendo su vida en suspenso por Bella. No era su responsabilidad. El hecho de que ella había sido de su hermano no la hacía suya ahora que su hermano se había ido. ¿Por qué nadie le dijo esto antes?
—Mi mejor amiga también es una mujer. Entiendo lo que sientes. Sé que si Alice me necesitara, me gustaría estar allí. Dejaría el mundo por ella, pero hubo momentos en nuestra vida en los que me hubiera gustado no tener esa responsabilidad. La diferencia es que Bella no era tu mejor amiga. Era de tu hermano. No se trata de Bella. Esto es acerca de quieres cumplir la que crees que habría sido la última voluntad de tu hermano. En mi opinión, lo conseguiste. No conocía al chico, pero creo que has hecho tu trabajo. No creo que alguna vez quisiera que perdieras tu vida por Bella.
Seth se sentó en la vieja mecedora de madera en la que a menudo había visto a Bella sentada mientras bebía un vaso de té con la mirada perdida en el espacio. —Tú la viste anoche. ¿Qué pasa si eso sucede cuando me haya ido?
Diablos, yo no era un maldito psiquiatra. ¿Qué esperaba de mí? Estaba pidiendo sabiduría del hombre que trabajaba en una granja durante todo el verano a causa de conducir bajo la influencia del alcohol.
—Es una chica grande. Va a estar bien. Tiene a su papá aquí velando por ella, y tiene otros amigos.
Seth se frotó la nuca con nerviosismo. —¿Qué hay de ti? Mientras estés aquí, ¿te tiene?
¿A mí?, ¿qué clase de pregunta de mierda era esa? Ella no me quería. A veces estaba muy, muy seguro de que me odiaba. Pero sí, si me necesitaba sabía sin lugar a dudas que me gustaría estar allí. Se había metido bajo mi piel.
—Sí, me tiene. Mientras esté aquí, voy a estar disponible si me necesita. Incluso si no me quiere.
Seth se echó a reír y se levantó. —Te quiere. Simplemente no quiere quererte. O al menos eso es lo que dijo en mi camioneta anoche.
Le dijo a Seth que no quería quererme. Me gustaba. Podía trabajar con eso. —La Bella ebria es otra cosa —le contesté.
Seth se acercó a la escalera y me tendió la mano. Me quedé mirándola y me di cuenta de que quería estrecharme la mano. Me estrechó y la sacudí un buen rato antes de soltarla. —Cuida de ella por mí.
Asentí. —Lo haré.
Bella POV
No podía recordar todo lo que le había dicho a Edward mientras estaba ebria. Todo lo que sabía era que había sido dulce y me había acostado en su cama oliendo a tequila y cenicero. Mientras estuvo fuera en el trabajo esta mañana, cambié las sábanas e hice su cama. Me odiaba por dormir en sábanas que olían como el interior de un bar toda la semana.
Ese fue el único contacto que había tenido con él. Lo estaba evitando. Estaba segura de que él también lo sabía. No podía dejar de sentirme culpable por no llevarle agua y hielos, pero no me atrevía a mirarlo a la cara por el momento. ¿Había roncado? Dios, probablemente había roncado. Ni siquiera sabía si roncaba. Además, mi aliento tenía que haber sido atroz. Aun así me había dejado dormir en su cama con él. ¿Cómo podía una chica llegar a hacer el ridículo con tanta facilidad? Realmente debería escribir un libro sobre cómo quedar como una tonta.
Edward tampoco había venido a buscarme hoy. Probablemente estaba preocupado de que yo pensara que lo que sucedió era más que él. Apuesto a que la hermosa pelinegra estúpida nunca llegó a su cama lloriqueando como una idiota y apestando a tabaco. Ella simplemente no parecía de ese tipo.
Me quedé sin cosas que hacer en la ciudad y ninguna de las películas del cine parecía atractiva. Lo único que quedaba por hacer era esconderme en casa. Varios vehículos entraron en el camino, dado todo el sonido de la grava. Me acerqué a mirar hacia fuera para ver qué estaba pasando. Eran camiones cargados de chicos. Un montón de chicos. ¿Qué demonios? Corrí escaleras abajo hasta el porche delantero.
Fuertes insultos eran arrojados por ahí junto con un montón de risas masculinas y comentarios lascivos. Edward saltó sobre la cerca y una enorme sonrisa se extendió por su cara cuando la manada de chicos hizo su camino hacia el granero.
Ellos eran sus amigos. Eso estaba claro. Golpeó el puño con algunos e hizo algunos comentarios con su sonrisa arrogante, por lo que supe que probablemente era algo travieso.
—¿Te quedas en casa por el próximo par de horas? —dijo papá, mientras subía los escalones del porche con el ceño fruncido.
—¿Quiénes son? —le pregunté, sorprendida de que Edward hubiera dejado a un montón de chicos venir a verlo aquí.
—Es el equipo de béisbol de tu tío Mack. Los envió aquí para hacer un poco de tiempo de vinculación con el muchacho. No lo quiere teniendo su mente fuera de la meta. Le dije que estaría bien por un par de horas. Se supone que lo llevarán a la ciudad para comer algo y traerlo de vuelta.
—¿Puedo sentarme en el porche? —le pregunté, con ganas de verlos. Era interesante ver a Edward con sus compañeros de equipo.
—Supongo, pero cuando regresen por ese camino entrarás. ¿Escuchaste?
—Sí, señor —le contesté. Él todavía me trataba como si fuera una chica de dieciséis años, en lugar de una mujer de veinte. Parte de eso era mi culpa. Había sido tan dependiente de Jacob, que cuando murió me hice pedazos. Papá tuvo que cuidar de mí como si fuera una niña de nuevo. No me acordaba de comer. No respondía llamadas telefónicas. No iba a ninguna parte. Le di control completo sobre mi vida. Mi edad no significaba nada para él. Todavía pensaba que tenía que cuidar de mí. Hasta que me mudara, sabía que siempre se sentiría así.
Un fuerte silbido interrumpió mis pensamientos y bajé la mirada hacia el granero, para ver a tres muchachos sentados en la parte trasera del camión de la granja, mirándome.
El rubio con el pelo largo recogido en una coleta era más guapo que los otros y él lo sabía. La sonrisa insinuante en su rostro y la inclinación de su cabeza lo hacía evidente; en verdad pensaba que yo simplemente me pasearía por ahí porque me silbó. Tal vez todos los jugadores de béisbol estaban llenos de sí mismos.
Edward salió del establo, sus ojos fijos en los míos. Desvió la mirada hacia los chicos del camión y les dedicó un solo movimiento de cabeza. Los tres le dijeron algo y él no pareció muy contento. Pero ellos no miraron hacia mí. Me pregunté si les advirtió que se fueran porque era la sobrina del entrenador Mack o porque no quería que coquetearan conmigo.
De alguna manera no creo que realmente le importara si coqueteaban conmigo. Él era muy coqueto. No era ninguna sorpresa que sus amigos también lo fueran.
Los chicos comenzaron a regresar por el camino ahora que Edward tenía ropa limpia. Papá estaba de vuelta en su oficina y me pregunté si podía quedarme sentada en la mecedora mientras ellos pasaban.
Edward guio al grupo mientras se acercaban a la parte delantera de la casa. Recorrí al grupo con la mirada y entonces mis ojos volvieron a él. Estaba mirándome. Sentí que mi cara se calentaba. ¿Y si me hablaba delante de todos ellos y decía algo estúpido y todos se reían de mí? Decidí que era mejor hacer lo que papá dijo, después de todo. Girando, agarré el pomo de la puerta y entré corriendo.
Me acerqué a la nevera por un vaso de agua. Odiaba que algo tan estúpido como un grupo de chicos me pusiera nerviosa. Hubo un golpe en la pantalla de la puerta, luego se abrió una grieta y Edward asomó la cabeza.
—Oye, ¿estás bien? —preguntó con una mirada de preocupación en su rostro.
—Sí, estoy bien —le contesté, sintiéndome rápidamente tonta por correr al interior.
—Lo siento por los chicos. No querían hacerte sentir incómoda. Estaba bañándome, así que no sabía que te estaban molestando.
¿Había estado preocupado porque me hicieran sentir incómoda? Eso era… dulce.
—Oh. No. Estaba bien. Ni siquiera sé lo que dijeron.
Una sonrisa torcida brilló en su rostro. —Probablemente una buena cosa. Sin duda que eres una bonita imagen, yaciendo en el porche con esos pantalones cortos. No puedo decir que los culpe por mirar fijamente. —Mi cara se sentía enrojecida y un claxon sonó afuera—. Me tengo que ir. Sólo quería asegurarme de que estabas bien.
Asentí, dio un paso atrás y dejó que la puerta se cerrara. Entonces me guiñó un ojo antes de girarse y alejarse.
