Como ya saben los personajes no me pertenecen sino a la gran Stephanie Meyer y la historia tampoco es mía, sino de Abbi Gliness, yo solo la adapto para mi diversión y su disfrute…

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Capítulo 11

Edward POV

Se había ido por tres días. Tres días muy largos. Cuando me desperté y encontré una carta que había dejado al lado de mi cama, había esperado que fuera una carta sexy dejándome saber cuándo volvería a estar a solas con ella otra vez. En cambio era una carta diciéndome que Seth la venía a recoger para llevarla a visitar a su familia en Luisiana y que ella estaría de regreso en un par de días.

Había estado ansioso desde que se marchó. Sabía que él le estaba contando sobre sus planes y esto me estaba poniendo nervioso como el demonio. No me gustaba pensaren ella estando fuera en algún lado y enojada. Recordarme a mí mismo que Seth sabía lidiar con sus emociones era duro.

Alice estaría aquí en la mañana y no quería irme sin ver a Bella primero. No disfrutaría de mi día libre sin saber si ella estaba bien. ¿Cómo no tenía su maldito número telefónico? Me había acostado toda la noche con ella en mis brazos y le había dado un orgasmo en el lago. Normalmente no planeaba ver a una chica otra vez, así que nunca pedía sus números telefónicos a menos que supieran el marcador. Bella no caía en ninguna de esas categorías. Ella era… más. Necesitaba su maldito número de teléfono.

Salí de la ducha y envolví una toalla alrededor de mi cintura. Tal vez podría llamar a Alice y ver si quería hacer algo por aquí durante unas pocas horas. No tenía que ir a revisar mi apartamento. La idea de salir con James y recoger unas chicas en la playa ya no tenía el mismo atractivo. Bella Swan estaba jodiendo con mi cabeza.

Cogí mi teléfono y presioné el número de marcación rápida de Alice.

—¿Edward?

—Seh, ¿todo bien?

Victoria chilló en el fondo y empezó a aplaudir mientras gritaba mi nombre.

—Alguien quiere hablar contigo, espera.

Sonriendo, esperé por la pequeña voz de Victoria. No la había visto desde que vine aquí. Victoria era la sobrina de Alice. Hasta que el padre de Victoria decidió convertirse en parte de su vida, yo ayudaba a Alice a cuidar de Victoria mientras que su madre hacia otras cosas. A veces parecía que Victoria era de Alice. Sin embargo, las cosas cambiaron una vez que el prometido de Alice, Jasper Whitlock, entró en su vida. Ahora Victoria solo venía a visitar a Alice cuando Alice lo pedía.

—Hola, Edward —dijo Victoria en el teléfono.

—Hola, bebita. ¿Te diviertes con Alice?

—¡Sí! Jasper también está aquí —gritó en el teléfono. Ella no había descubierto todavía que podía hablar normalmente por teléfono.

—Entonces apuesto a que tienes todo tipo de atención. ¿Cómo están todas tus princesas?

—¡Tengo una nueva! Jasper me compó a Media. Su cabello es como el mio.

No tenía ni idea de lo que significaba, pero no iba a decirle eso.

—Tendrás que mostrármela la próxima vez que te vea.

Alice comenzó a hablar y Victoria me dijo—: Chao.

—¿Entendiste esa cosa cobre el cabello nuevo de la princesa? —preguntó Alice con una voz divertida.

—Nop.

—No pensé que lo harías. Disney tiene una nueva princesa. Su nombre es Mérida y tiene el cabello largo, rojo y rizado. Es mucho más enredado que el suyo, pero Jasper está divirtiéndose bastante con esto. Le ha comprado varias cosas de Mérida a Victoria y la llama Princesa Victoria en lugar de Mérida.

La felicidad en su voz hacía que todo lo que era incorrecto se sintiera correcto. Ella había tenido una vida de mierda. Ahora las cosas habían cambiado y Alice finalmente había encontrado un descanso.

—No puedo esperar para ver a esta nueva princesa pelirroja.

—Hmmm, pero eso no es por lo que estás llamando. ¿Qué pasa?

—Necesito… —Me giré para ver a Bella parada en la puerta con una expresión extraña—. Eh, déjame llamarte luego. —Finalicé la llamada y caminé hacia Bella para tomar su mano y tirar de ella para poder cerrar la puerta.

—Oye, has vuelto.

Me miró fijamente con una suavidad que no esperaba. —¿Acabo de escucharte hablar con una niña sobre sus princesas?

¿Cuánto tiempo había estado parada allí?

—Sip, era la sobrina de Alice, Victoria.

—¿Y hablas por teléfono con ella sobre sus muñecas? En serio no te conozco en absoluto, Edward Cullen.

Extendí la mano y agarré uno de sus largos rizos, enredándolo alrededor de mi dedo. Solo necesitaba tocarla de alguna manera. —Has vuelto —repetí.

Trató de sonreír y falló. Pude ver el pequeño temblor en su labio inferior.

—¿Qué pasa? —pregunté, sabiendo que esto era sobre Seth.

Una pequeña lágrima escapó y rápidamente la quité con el dedo.

—Seth se muda. Lo necesita. Lo quiero para él. Quiero decir, él necesita vivir su vida. —Tragó con fuerza y apretó los párpados—. Sabía que se estaba mudando antes de que me lo dijera. Sólo que ver su apartamento y su nueva vida fue mucho para asimilar. Me alegro por él, pero lo voy a extrañar. Estaré perdida sin él.

Tiré de ella hacia mis brazos y enterró su cara en mi hombro. Las cálidas lágrimas salpicaron mi piel y cada gota me rompió el corazón. Arreglaría esto si supiera cómo. Solo que no sabía qué hacer para que pudiera ser mejor. Seth era su red de seguridad.

—Es sólo que —sollozó—, está avanzando. Está olvidando. —Se calló a sí misma y se apartó de mí. Pude ver el dolor en sus ojos y el deseo de contarme sobre Jacob. Quería que lo hiciera. Quería ser capaz de hablar con ella sobre esto. Odiaba que se sintiera como si solo tuviera a Seth para desahogarse.

—¿Qué es lo que está olvidando, Bella? —pregunté. Había evitado decir nada más sobre el hecho de que se había quitado su anillo de compromiso. Me estaba esforzando tanto para evitar que huyera de mí, pero ahora necesitaba más.

—El pasado —respondió finalmente. Dando la vuelta alcanzó el pomo de la puerta. Mierda. Iba a escapar.

—No lo hagas —le rogué—. Quédate. Habla conmigo.

No se dio la vuelta. En su lugar, abrió la puerta y salió.

Bella POV

Edward no había regresado hasta después de la medianoche del domingo. La única razón por la que supe esto era porque la última vez que vi el reloj junto a mi cama decía que eran las 12:05 a.m. Poco después, me había dormido. Cuando me levanté el lunes por la mañana, Edward ya estaba afuera con las vacas. Papi lo tenía etiquetando a las que iba a enviar al corral. Había salido hacia el lago esperando que viniera a buscarme, pero después de tres horas me di cuenta de que lo había empujado demasiado lejos.

Había sido abierto conmigo desde el principio. No se había contenido ninguna de las veces en que le pregunté algo. Conocía mucho más acerca de él de lo que él sabía sobre mí. Eso era mi culpa. ¿Cómo le podía hablar sobre Jacob? ¿Cómo explicarle a otro chico que perder a Jacob me rompió? ¿Cómo lidiar con la lástima en los ojos de Edward cuando me mirara? Simplemente no creía poder manejarlo. Seth estaba avanzando pero yo no podía.

Había vuelto a llevarle a Edward una toalla y un termo de manera anónima. Obviamente no quería verme. Me había alejado de él cuando me pidió que no me marchara. El sonido de la súplica en su voz asolaba mis sueños.

No era el rudo playboy egoísta que esperaba cuando lo conocí. Edward era gentil cuando necesitaba serlo. La forma en que su voz se volvió tan dulce cuando habló con la niña por teléfono, y la forma en que me tomó voluntariamente en sus brazos sin dudarlo para consolarme cuando se dio cuenta de que estaba molesta lo probaban.

Cuando notó que mi anillo había desaparecido me preguntó al respecto; lo ignoré y lo distraje. En ese entonces no presionó por más al respecto. Edward había soportado mucho de mi parte; ya había tenido suficiente.

Subí las piernas para envolver los brazos a su alrededor y descansar la barbilla en las rodillas. Me había vuelto tan patética en los últimos días, tratando de obtener un vistazo de Edward, que pasé más tiempo en la mecedora del porche que en cualquier otro lugar.

La grava crujió y vi el pequeño convertible rojo de Jessica Stanley detenerse en la entrada. Se había mantenido alejada más tiempo del que esperaba. Habíamos hablado muy poco sobre Edward antes de que empezáramos a beber tragos de tequila la noche que salimos.

Hoy sus botas eran de color manzana de caramelo. Casi una perfecta combinación con su auto. Probablemente sabía esto cuando las compró. Conociendo a Jessica, seguro que pidió llevar una bota fuera para comparar colores y así obtener el adecuado.

—Bueno, mírate aquí sentada en la mecedora como una señora de sesenta años —bromeó Jessica mientras se pavoneaba a través del portal y subía las escaleras.

—Es un buen lugar —respondí, uno en donde podía obtener vistazos de Edward.

Jessica Stanley frunció sus labios rojos, también una maldita combinación con sus botas, y analizó el patio. —No veo a tu malote ayudante en ningún lugar —gorjeó.

—Sabes que su nombre es Edward —espeté.

Jessica giró su mirada hacia mí. —Oooooh, irritable. ¿Qué? ¿Ahora tienes debilidad por el sexy residente?

—No es tan mal tipo, después de todo. No se aprovechó de ti, ¿cierto?

Jessica resopló y luego se encogió de hombros como si no le importara. —Creo que probablemente es uno de esos tipos buenísimos pero muy gays. Normalmente cuando un hombre es así de guapo es demasiado bueno para ser verdad. Mi suposición es que tiene un compañero igual de hermoso en casa. No me malinterpretes, no soy una homofóbica. Creo que sería algo bien caliente que ver. Pero es una lástima que tal perfección no batee en el equipo adecuado.

Solo acusó a Edward de ser gay porque no la folló justo después de conocerla. Quería gritarle lo poco gay que era Edward pero me controlé.

—He visto a la chica de su vida. No es gay —le informé. No tenía que saber que Alice estaba comprometida con alguien más.

Jessica frunció el ceño. —¿Tiene una novia?

Técnicamente, sí. Tenía una chica que era su amiga. (n/a: Girlfriend: su traducción literal es "chica amiga", pero el término es reconocido (y a menudo traducido) como "novia", de ahí que Bella especifique que Alice es una chica que es amiga de Edward, y no su novia.) —Han crecido juntos. Han estado juntos por años.

Jessica puso una cara triste y me di cuenta de lo que había dicho. Ella estaba pensando en Jacob y en mí. Esta era la compasión que no quería ver en la cara de Edward. Tenía suficiente compasión de los demás. Seth fue el único que no me compadeció. Estuvo a mi lado y lloró conmigo, pero nunca sintió lástima por mí.

—Seth se va a UCLA en otoño —solté, necesitando decírselo a alguien y necesitando cambiar de tema. No estaba de humor para discutir de Jacob con ella.

—Oh, vaya. —Jessica estaba observándome muy de cerca. Esperaba que me viniera abajo y llorara. Ya lo había hecho. Durante dos días completos había llorado cada vez que pensaba en él siguiendo adelante. Estaba harta de las lágrimas. No eran lágrimas de tristeza por haber perdido a Seth. Eran lágrimas de tristeza porque había encontrado una manera de seguir adelante y yo todavía estaba atascada, incapaz de moverme más allá de Jacob.

—Así que, ¿cuándo lo averiguaste?

—La semana pasada. Me llevó a ver su nueva casa. Está arrendando un apartamento de Jefferson Parrish con su primo. Se va definitivamente el próximo mes. Necesita encontrar un empleo y acomodarse antes de empezar la escuela.

—¿Van a estar bien separados?

Lo que quería decir era si yo iba a estar bien sin él. Todo el mundo parecía entender que Seth estaba listo para seguir con su vida.

—Estaremos bien. Seth necesita vivir.

Jessica asintió. —Sí, lo necesita —se calló—. Y tú también.

Desearía saber cómo.

El estruendo de un camión nos interrumpió y Jessica se giró desde su posición en la barandilla para ver a Edward caminar por el pastizal.

—Dios, espero que esté sin camisa —susurró.

Yo estaba de acuerdo con ese deseo.

Cuando se bajó del camión, miró en nuestra dirección, pero rápidamente apartó la mirada y entró en el granero. Estaba usando una camisa blanca que parecía demasiado pequeña. Me preguntaba si estaba usándola porque tenía su piercing puesto.

—Iré a hablar con él. Ya vengo —anunció Jessica mientras saltaba de la barandilla y comenzaba a bajar las escaleras.

¿Qué pasa si se estaba cambiando? ¿Qué pasa si ella veía su tetilla perforada? No quería que lo viera. Era mi secreto. Abrí la boca para decir cualquier cosa y detenerla, pero no tenía una excusa salvo el no querer compartirlo. ¿Cuán ridículo era eso? Observé impotente mientras Jessica Stanley se pavoneaba por el patio hacia las puertas del granero. Aparte de correr detrás de ella y lanzarla al suelo, no podía hacer nada al respecto.