Como ya saben los personajes no me pertenecen sino a la gran Stephanie Meyer y la historia tampoco es mía, sino de Abbi Gliness, yo solo la adapto para mi diversión y su disfrute…

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**Lemmon abajo**

Capítulo 22

Edward

Bella me despertó una hora antes del amanecer, besando mi pecho y deslizando su mano arriba y abajo de mi muy despierto miembro.

—Mmm —gemí, alcanzándola para empujarla más cerca, y así poder presionar sus labios maravillosamente hinchados contra los míos—. Esta es la forma de despertar —susurré antes de deslizar mi lengua dentro de su boca ansiosa.

Bella puso su pierna por encima de mis caderas y se sentó a horcajadas.

—¿Qué estás haciendo, nena? —pregunté mientras se inclinaba hasta que la cabeza de mi miembro la penetraba—. ¡Guau! Espera. —Busqué el condón extra que había dejado en la mesita la noche anterior, sólo por si acaso—. Tenemos que usar esto.

—¿Puedo hacerlo? —preguntó con una maliciosa sonrisa en su rostro.

—Oh, sí —contesté, entregándole el pequeño paquete.

Lo abrió con los dientes, lo cual fue increíblemente sexy. Luego, lo deslizó lentamente haciendo que mi miembro se sacudiera ansioso bajo su toque. Una vez que lo puso firmemente en su lugar, se sentó y se hundió en un sólo golpe. Ambos gritamos y nos estremecimos al unísono.

Observé con asombro mientras Bella abría los ojos lentamente y bajaba la mirada hacia mí con placer puro brillando en ellos. Nunca me cansaría de esto. De ella. Nunca tendría suficiente. Agarré su cintura y la guié mientras me cabalgaba, conduciéndonos más y más cerca al borde.

Justo antes de que me perdiera dentro de ella, mi boca se abrió y no pude contener las palabras martilleando en mi cabeza con cada latido de mi corazón.

—Te amo.

Cuando salí de la ducha, mis sábanas no estaban. Si no hubiera disparado mi carga sobre ellas, hubiera querido quedármelas. Olían a sexo y a Bella. Agarré una toalla y me sequé el cabello. Luego, la envolví alrededor de mi cintura. Había estado preocupado por haber lastimado a Bella, pero maldita sea si ella no me había dejado adolorido.

Después de anoche, Bella me poseía. Empujé lejos el temor que vino con ese conocimiento. Antes, pensaba que me había roto, pero ahora ella tenía el poder de destruirme totalmente. El sexo siempre había sido una liberación para mí. Lo que habíamos hecho era mucho más que eso.

Un fuerte golpe en la puerta del granero me sacó de mis pensamientos felices.

—¿Sí? —grité.

La puerta se abrió y Charlie irrumpió en el interior con rostro asesino. No me tomó mucho darme cuenta de que yo era el único a quien quería matar. De alguna manera, él sabía.

Señaló con el dedo mi cara. —Tocaste algo que no tenías derecho a tocar, chico. Ella no es una de tus putas. Es una buena chica que ha tenido un año magnífico. Debería poner una bala en tu cabeza y enterrarte en el patio —vociferó y sacudió su dedo en mi dirección—. Pero no lo haré. Llamé a Mack. Le he dicho que trabajaste duro aquí este verano y que deberías ser absuelto del asunto de conducir en estado de ebriedad y permitirte volver al equipo. No le dije que has estado aporreando a mi pequeña. Tomó toda mi fuerza de voluntad no tomar el arma y venir a volarte tus jodidas pelotas cuando llegué para ver a Bella saliendo de aquí al amanecer, ¡con los brazos llenos de TUS SÁBANAS!

¿Había visto a Bella? ¿Se encontraba bien? ¿Por qué no me había llamado o enviado un mensaje para avisarme?

—Harás tus maletas, irás a ese pequeño auto tuyo y te marcharás. No le dirás adiós. Ni siquiera la mirarás. Si siquiera parpadeas en su dirección, me aseguraré de que lo pierdas todo. Sé todo sobre tu situación. Quieres un futuro, así que no puedes perder tu educación. Si quieres mantenerla, entonces te irás. No te engañes, muchacho, si piensas que puedes elegir a mi hija en su lugar, nunca la tendrás. Iré por el arma y le pondré fin de esa forma. ¿Me escuchaste?

¿Quería que me alejara de ella? ¿Cómo diablos se suponía que me alejara de ella? No podía dejarla.

—No la dejaré.

—Al diablo que no lo harás. Nunca la tendrás. Puedo tomar el teléfono justo ahora y quitarte tu mundo.

El béisbol era la única manera en la que podría conseguir una educación universitaria. No tendría otra oportunidad. Estaría trabajando en un bar cualquiera, ganando un salario mínimo y propinas por el resto de mi vida. Bella merecía más que eso. Merecía un hombre que pudiera hacerse cargo de ella. Pero mierda si iba a dejarla. No podía hacer eso. Puede que no sea lo suficientemente bueno para ella, pero iba a tratar con todas mis fuerzas para ser digno.

—No puedo lastimarla y no la dejaré.

—Ya la has lastimado, muchacho. Ya lo hiciste. Se encontraba inestable y te aprovechaste de eso. Bella nunca se casaría con alguien como tú. Amaba a Jacob Black. Lo adoraba. Nunca será feliz hasta que encuentre a otro Jacob. Ambos sabemos que nunca vas a cumplir con esos estándares. Para Bella sólo eres una manera de expresarse. No significas nada para ella, muchacho. Ahora, haz tus maletas y vete antes de que cambie de opinión.

Charlie dio un portazo al salir.

Me hundí en la cama y dejé caer mi cabeza en mis manos. ¿CASARSE? Joder, ¿qué quiso decir con casarse? No podía casarme. Bella nunca pensaría en mí de esa manera. No era el tipo de hombre con el que a una chica le gustaría casarse. Él tenía razón. Era el lado emocionante de Bella. Nunca me había dicho que me amaba. Nunca había dicho algo de un por siempre. Nunca estaría a la altura de Jacob, y Bella quería otro Jacob. Merecía otro Jacob. Cuando Bella había decidido casarse, había ido en busca de alguien sin un pasado jodido y un registro criminal.

La noche anterior le había hecho el amor a una mujer por primera y última vez. Había sido increíble y tenía un recuerdo que le daría forma al resto de mi vida. Bella consiguió su probada del lado salvaje. Había seguido adelante lo suficientemente pronto. No era como si estuviera rompiéndole el corazón. Pero, maldita sea, estaba arrancando el mío de mi pecho.

Con mi bolsa de lona llena, me dirigí a mi coche. No miré a ninguna otra parte más que al frente. No sería capaz de irme si la veía. Puede que no me amara, pero yo la amaba tanto que no importaría. Cuanto más me acercaba a mi auto sin que ella saliera gritando mi nombre, más sentía que algo dentro de mí moría.

Abriendo la puerta del coche, lancé mi bolsa en el interior y salí de la calzada por última vez. Dejando atrás mi corazón.

Bella

¿Dónde se encontraba? Después de haber tomado una ducha, tomado un extra cuidado en fijar mi maquillaje y escoger un atuendo que volvería loco a Edward, bajé para prepararle un bocadillo.

Su coche ya no estaba. Salí y miré alrededor, buscándolo. Mi corazón comenzó a acelerarse mientras el miedo se instalaba. ¿Había pasado algo? ¿Se encontraba bien? ¿Se había metido en problemas por conducir anoche? Corrí hacia el granero y entré en el cuarto de atrás. Se hallaba vacío. Sin signos de que Edward hubiera estado allí.

Me di la vuelta y encontré a mi padre de pie en la puerta.

—¿Qué estás haciendo, Bella?

Ya no me importaba. Papá podría superarlo. Tenía veinte años. —Estoy buscando a Edward —contesté, desafiándolo a preguntarme por qué.

—Se fue.

Mi corazón se detuvo.

—¿De qué hablas? —¿Había necesitado devolver su auto? ¿Tenía una práctica?

—Mack quería que volviera. Dijo que había cumplido su condena y podía regresar a casa. Salió corriendo de aquí como si no pudiera esperar para marcharse.

No. No. Edward no saldría corriendo. No se iría sin decirme cuándo me volvería a ver de nuevo. Mi teléfono. ¿Me había llamado?

Pasé empujando a papá, y corrí hacia la casa. Tenía que conseguir mi teléfono. Lo había dejado cargando en mi habitación. Tal vez estaba en silencio y me había perdido su llamada. Eso tenía que ser, porque Edward no me dejaría. No después de anoche. No lo haría. La última vez cuando se había puesto el condón y corrido dentro de mí, me había dicho que me amaba.

Él no me dejaría.

No había llamadas en mi teléfono. Ni mensajes. Nada.

Edward se había ido sin decir nada.

¿Por qué? ¿Qué había hecho mal? ¿Había sido sólo sexo para él? ¿Habían sido todas esas dulces palabras algo que le decía a cada chica cuando tenía sexo? Dios, no. Lancé mi teléfono al suelo y dejé que el dolor me invadiera. Le había dado mi corazón a alguien que no lo quería. Incluso sabiendo eso, no me arrepentía. Sólo quería que me quisiera. Sólo quería que él también me amara.

Tomé mi guitarra y me dirigí al granero. Era mi rutina diaria. Papá se hallaba molesto por ello, pero le dije que me dejara sola y permitiera que me encargara de esto de la manera que yo quisiera. Ya no era inocente y llena de sueños y fantasías. Todo eso murió con Jacob. Entendí que el dolor era real y a veces las cosas no duran. A veces, simplemente tienes que disfrutarlo mientras dure y apreciarlo cuando se haya ido.

Abriendo la puerta de la habitación de Edward, me senté en la cama y puse la guitarra en mi regazo. Me había escondido de mi música cuando había perdido a Jacob. La necesitaba ahora. Había tanto que necesitaba expresar y ésta era la única manera en la que sabía cómo hacerlo. Abrí el cuaderno nuevo que compré y las palabras en las que había estado trabajando cubrieron la primera página. Empecé a tocar la melodía que escuché en mi cabeza y anoté las que funcionaban mejor.

Mi tiempo con Edward no era algo que hubiera querido olvidar. Quería cada emoción por escrito. La forma en que se sintió enamorarse. Perderse en alguien. Esos eran momentos que siempre mantendría cerca.

Jacob siempre había estado en mi vida. Realmente no recuerdo enamorarme de él. Sólo siempre lo amé. Era seguro. Se encontraba ahí para mí y lo sabía. Éramos una parte del otro.

Edward era tan diferente. Me había enseñado cómo se sentía querer, necesitar, entregarse, perderse. Me alentó a dejar atrás mis inseguridades y ser yo misma. Edward era libre y salvaje. Era como un hermoso pájaro que nunca podría tener.

Las palabras brotaron de mí e ignoré las lágrimas que corrían por mi rostro.