UNA CANCIÓN DE AMOR PARA EL MISERABLE

CAPÍTULO 6

"MISERABLES"

Caminaba de un lado al otro el alemán de forma desesperada, su novio había sido detenido por ser ilegal en el país, había querido ir tras su rastro e intermediar por el pero tenía como prioridad a ese par de criaturas recién llegadas al mundo que le necesitaban más. No podía dejarles solos, eran muy pequeños, sacarlos a la calle no era buena idea, su única posibilidad era llamar a alguien para que cuidara esos bebés, pero, ¿a quién?

Le llamó a un abogado que tenía como conocido, necesitaba asesoramiento para poder traer de vuelta Alfred, atentamente le pidió que fuera a verlo y que se pusiera al tanto del estado legal del americano mientras hallaba alguna niñera buena que cuidara de los mellizos.

Entonces alguien llamó a la puerta de su casa, se le hizo extraño pues no conocía a nadie que fuera a verlo, al ver por la ventana se dio cuenta que era Felicia que traía una sonrisa enorme, estaba feliz porque sabía que se había deshecho de ese gringo entrometido. Ludwig pudo tranquilizarse un poco porque ella era lo que necesitaba, alguien de confianza que cuidara a los nenes. Abrió la puerta y lo primero que hizo fue abrazarla, pues se sentía triste sin su rubio y estresado al no poder hacer nada por él.

-Felicia eres como un ángel caído del cielo- le dijo el germano a la dama –Pasa, necesito tú ayuda, es muy importante-

-Claro Ludwig, yo te hago cualquier favor-

-Necesito que cuides a mis hijos, veras, mi novio Alfred fue detenido, alguien lo reportó como ilegal, aun que no entiendo quien ni como, ¿podrías cuidarlos? Te lo agradecería infinitamente-

-No sabía que eras homosexual- juntó sus cejas seria, pues que le dijera con ese descaro que la había cambiado por un hombre insípido y dos niños que no eran suyos le molestaba demasiado.

-Ni yo sabía, no hasta que lo conocí a él, si no te dije antes fue porque no estaba seguro de estos sentimientos, no sabía si eran verdaderos o correspondidos, espero me perdones, pero de verdad ellos son importantes para mi, tu también ocupas un lugar en mi- dijo apenado bajando su rostro.

-Descuida, con gusto te cuido a los niños, anda ve a buscar a tu novio, espero se solucione el problema- sonrió amable, fingiendo una cara de alegría cuando en la realidad tenía planeado cosas atroces para que el alemán sufriera.

-Gracias, muchas gracias- se acercó a esta para besar su frente en signo de agradecimiento –Los niños están en sus cunas, por ahora duermen, creo que están a poco de despertar, su leche está en la cocina. Cuídalos, ellos son mi vida-

Sonrojada asintió la despiadada mujer – Lo sé-

-Me voy…-

-Adiós-

En la prisión preventiva de Berlín estaba Alfred en una habitación, donde le tenían en cautiverio. Temía, más que nada, que algo le sucediera a Ludwig si ese policía se enteraba que era su pareja, pues sabía que aquel hombre era malo y que era un asesino ayudante de traficantes de blancas. De pronto se abrió la puerta de la habitación misma donde entraba aquel sujeto que le daba asco, recordando las cosas atroces que le hacía, le daba miedo.

-Hola, ¿me extrañaste?, porque yo sí, no te avergüences, aquí nadie te oirá-

Alfred negó asqueado de aquel sujeto, que había empezado a tocarle las piernas, sacó fuerzas de lo más profundo de su ser para empujarlo.- ¡No me toques!-

-Te has vuelto agresivo, ¿Qué te paso?, antes eras más sumiso y llorabas nada más, hehe, aun así conservas ese cuerpecito suculento que hace excitarme, ya verás que te haré sentir rico, por eso pedí esta celda-

Se sacó el cinturón para amarrar las muñecas del joven, que no dejaba de luchar fuertemente pues no quería que le tomara de nuevo, pues ya tenía un dueño y ese era Ludwig. Al ver que ese hombre le logró someter, sus lágrimas empezaron a brotar de sus ojos azules, sentía esas manos que le daban nauseas tocar sus piernas mientras le deslizaba sus pantalones. En eso un policía de guardia tocó la puerta de esa celda especial. –Jefe, el juez le llama por teléfono, además acaba de llegar un licenciado que dice ser abogado del Señor Jones-

-Enterado, ya voy- se alejó del joven y se abrochó los pantalones, quitándole el cinturón de sus muñecas - Tienes suerte niño, jejeje, pero espera en la nochecita y te daré hasta que te desmayes del placer que te haré sentir- dicho eso salió a atender la llamada del juez, el cual era amigo del abogado de Jones, quien le había pedido el favor de liberarlo. Mal miró al licenciado que estaba llevándose su carne. –Me temo que no podré dejarlo en libertad, no tiene documentos y sabe que eso está contra la ley, es mejor tenerlo aquí y regresarlo a Estados Unidos en dos o tres días- apretó los puños fuerte, pues quería poseerlo un tiempo, ese chico le había gustado mucho, no por nada siempre lo compraba a él. – ¿Otra manera?- miraba de reojo al abogado sabiendo que este estaba atento a lo que dijera –Una manera fácil y rápida, seria que contrajera matrimonio en un plazo no mayor a tres días, eso sería casi imposible- rió un poco para sí mismo- Esa es la única forma posible, hasta entonces no saldrá de la prisión, a menos que le diga a los medios que usted tiene favoritismos con ciertos "abogaditos" que me pide dejar libre a ciertos ilegales, usted quedaría mal. Sin más hasta luego- colgó y le señaló al licenciado con su dedo –Alfred solo se ira de aquí si contrae matrimonio, si pasan tres días, se va a Estados Unidos-

Sorpresivamente el alemán entra y escucha lo que comenta este –No habrá problema al respecto, yo con él me caso ahora mismo-

-¿Quién eres tú?-

-Él es el Señor Beilsmichtd, el me contrato-

-Soy el novio de Alfred y al parecer, su futuro cercano esposo-

Con una mueca de disgusto miró de pies a cabeza al que decía ser novio de Alfred - Bien, si es así mañana traiga los papeles para qué firme el detenido, por hoy no puede hacer más- en su mente solo estaba poseer al joven, así tuviera que matarlo luego.

- ¡Mañana¡ pero podemos casarnos hoy-

-¡Mañana he dicho!, ahora largo-

-Exijo verlo-

-No- dijo prepotente el jefe.

-No puede negarse, mi cliente tiene derecho de ver al detenido, o estará infligiendo en la ley-

En eso no podía negarse, tenía razón aquel licenciado, serio y con enojo, indicó a su colega que le guiara a ver al rubio.

Ludwig ansioso seguía al policía hasta llegar a la celda especial, se le hizo raro que tuvieran a Alfred ahí, cuando por fin pudo verlo corrió a tomarlo en brazos. -Alfred, mi vida…- al tenerlo así se dio cuenta que este temblaba y se veía muy asustado –Tranquilo, mañana estarás en casa conmigo y los gemelos, ¿sí?, confía en mí, además, mañana tendremos que casarnos, solo así podrás salir-

-No…-

-¿No?, no quieres casarte conmigo- preguntó sin entender que pasaba.

-No…no, no es eso, es que…si me quedo aquí, a solas con ese hombre, el va a volver a….-

-Alfred, ¿alguien te tocó?-

-Ese hombre es quien abuso de mi…Ludwig, no me dejes aquí, quiero estar con mis hijos, no me dejes aquí, Ludwig por favor, casémonos hoy, pero sácame de aquí-

La sangre le hervía al alemán, no solo por haber intentado lastimar a su novio de nuevo, le tomó la mano y lo sacó de la celda golpeando al policía que lo vigilaba, iría a sacar a su amado ese día aunque tuviera que matar a ese hombre. –No voy a dejarte-

Fue hasta la recepción donde estaba aquel sujeto- ¿Qué crees que haces?-

-Tú animal, ¡me las vas a pagar!, maldito engendro- sin pensar bien, Ludwig se le fue encima al sujeto golpeándolo, quería matarlo con sus manos.

-¡Ludwig detente!, no vale la pena, vámonos de aquí- intento alejarlo para evitar que cometiera una locura.

-¡Maldito te matare!, te matare…te buscaré y te matare, ¡te refundiré en la cárcel bastardo!, ¡vas a pagar todo lo que hiciste!- estaba iracundo el germano, el que lastimaran lo que más quería era algo que no perdonaría nunca-

-Lárguense…ahora antes de que les vuele la cabeza- dijo en el piso el sujeto –Idiotas, coff..coff, jamás serán felices, coff coff.., ella me lo dijo, me dijo que los haría sufrir-

-¿Qué estás diciendo?- Alfred mantenía abrazado a su amado sin entender a que se refería ese hombre.

-¿Quién crees que te denunció?, si, fue ella, jeje, ella la cuida de tus hijos ahora-

-Ludwig, ¿Dónde están los niños?-

-Felicia….-

Tomó fuerte la mano de su pareja para salir de la instancia, la piel del rubio americano se le erizó al oír la risa macabra del sujeto ese, pensar que algo malo estaba por suceder. –Dime que no están con ella-

-Alfred, yo no sabía, fui un ingenuo, confié en ella-

-¡NO!, si algo les hace, yo me muero-

-No digas eso, ellos estarán bien-

Felicia entró al auto, se acomodó bien el cinturón y arrancó su auto, miraba de reojo en el asiento trasero donde dormían los pequeñitos –Pobre de mamá y papá pues van a llorarlos siempre, Ludwig era todo lo que quería y él les quiere a ustedes, es un trato justo. Si ustedes no existieran todo hubiera sido diferente, pero nada comparado con lo miserables que serán sin ustedes, jajaja- arrancó su auto alejándose de ahí, sin decir nada, sin dejar señal de donde estaría.

La pareja arribó a su casa, Ludwig al bajar del auto no vio el vehículo de Felicia confirmando lo dicho por el policía aquel, cayó de rodillas en la puerta no sabiendo que hacer, estaba perdido.

Alfred entró a la casa desesperado en busca de sus hijos y al ver que ninguno de sus bebés estaba se sintió el ser más miserable del mundo, le habían arrebatado su vida, sus amados hijos, se dejó caer en el suelo llorando amargamente.