Aquí llegamos al final del fanfic. Sé que los capítulos han sido largos, pero me gustaba la forma en la que quedaba dividido en estas cuatro partes. Gracias por leer :)


Traté de recordar el camino más corto para llegar a aquel barrio, el barrio más bajo de Hamilton. Nuestro viaje por la isla norte nos había traído de vuelta allí, una ciudad muy cerca de nuestro pueblo. Había acompañado a Frodo un par de veces a ese lugar, pero hacía meses de ello, y tuve que ir recordando todo el camino.

Maldije con las palabras que solía usar el tío, porque nuestro hotel estaba lejos. Frodo tendría que andar mucho, e igual tan agobiado como estaba le pasaba algo por el camino. Pero así tenía más tiempo de encontrarlo, tenía que darle alcance antes de que llegara y cometiera un error.

Me moví corriendo por las primeras calles buscando cualquier rastro de él, pero al principio no encontré nada. Las fuerzas me fallaron y estuve a punto de tropezar, y en ese momento bajo la luz de una farola me vino una idea a la cabeza. Rápidamente empecé a buscar en mi mochila, y ahí por suerte encontré un mapa de la ciudad, que había cogido del hotel por si acaso. Empecé a buscar por todos los nombres de calles y lugares, hasta encontrar uno que reconociera.

Y cuando lo encontré, el que me pareció ser el mismo al que fuimos las otras veces, puse ahí todas mis esperanzas. Frodo debía saber el camino, y la forma más rápida de llegar. Así que cogí esa dirección, y hasta el barrio, ¡como un rayo!

Tras correr durante unos largos minutos finalmente me paré. Trataba de recuperar el aliento apoyado en una pared, cuando por fin encontré el letrero de la calle, allí las farolas iluminaban menos.

Empecé a moverme despacio, y conforme me adentraba iba viendo cada vez más la vida nocturna y el tráfico de drogas que ahí había. Empecé a pensar en si habría alguna zona especial para la cocaína, y si Frodo estaría ahí. Era como un laberinto, y yo me asomaba a todas las calles que podía, buscándolo. Me encontré con varias personas peleando, y otras tiradas en el suelo, todas bajo los efectos, y a veces me preguntaba cómo serían sus vidas, qué les había llevado a acabar así.

Era una noche fría, y no me sentía bien en aquel lugar. Sentía escalofríos al pensar en Frodo, ahí solo, desesperado por encontrar cocaína y a la vez sintiéndose mal consigo mismo… Tenía que encontrarlo, lo antes posible.

Empecé a moverme más rápido, pero a la vez atento a todo lo que ocurría a mi alrededor, y cuando escuché un pequeño grito me detuve. No supe qué, pero algo me llamo la atención de ese grito, me lo decía el corazón. Corrí de nuevo siguiendo esa dirección.

Y así llegué a un rincón en el que lo encontré. Ahí estaba Frodo. Y con solo mirarle me di cuenta de que ya llegaba tarde. Se podía ver que había tomado cocaína, y por cómo se movía parecía que también había bebido. Llegué a cruzar una mirada con él, pero no sé ni si me reconoció, todo lo que pude ver fue que las pupilas se dilataban por casi todo el iris.

Corrí junto a él, pero mientras iba sentí un fuerte empujón, y antes de poder reaccionar me vi a mí mismo cayendo al suelo. Me golpeé en la cabeza, y por un momento todo lo que vi fueron unas manchitas negras. Parpadeé, pero no desaparecieron, y mareado traté de ponerme en pie o al menos de buscar a Frodo. Lo vi peleándose con otro chico, y cuando me fijé en este pude ver en él todos los signos de alguien que lleva años siendo adicto, a la coca y a cosas aún peores, con su cuerpo totalmente dañado y sin fuerzas para recuperarse.

Le dio un golpe tan fuerte a Frodo, que ambos acabaron en el suelo, y yo aproveché ese momento para ir. Pero mientras iba con mi amigo, me fijé un instante en el otro adicto en el suelo, y aunque una parte de mi estaba enojada por su pelea con Frodo, no pude evitar sentir de pronto una fuerte compasión, después de todo lo que había visto a mi amigo, e imaginándome lo que tendría que pasar él.

Pero escuché un gemido de Frodo, y me sentí paralizado un momento mientras él se inclinaba miserablemente. A su pobre cuerpo empezaron a sacudirlo unas terribles arcadas, y en una convulsión empezó a vomitar. Entonces nada me paró para ir con él, y con una mano lo sujeté por el tronco y con la otra le acaricié la espalda, durante aquel momento que para ambos fue eterno. Y mientras lo sujetaba con lágrimas en los ojos, deseé que en ese momento estuviera saliendo toda la cocaína y el alcohol, y todo el dolor que Frodo estaba sufriendo en aquella noche.

Tras que Frodo respirara entrecortadamente unas veces, y el terrible momento terminara, llegó mi momento de actuar. Lo cogí en brazos sintiendo una carga muy delicada, y avancé sólo unos metros para llevarnos a un sitio más apartado. Ahí vi que Frodo estaba casi desmayado, y lo tumbé apoyándolo en mis rodillas. Saqué de la mochila unos pañuelos y una botella de agua, y mojándolos le humedecí el rostro. Luego, le di un poco de agua, para que bebiera o al menos se enjuagara. Entonces pareció espabilarse un poco.

-¿Sam…? –murmuró al reconocerme. Luego, cerró los ojos con un gemido-. Oh… lo siento…

-Shh… Frodo, está bien –le susurré, tratando de parecer tranquilizador-. Ahora estoy contigo.

Pero lo veía tan mal que sabía que no podría volver al hotel por su propio pie. ¿Qué hacer, entonces? Saqué el teléfono y empecé a marcar. Necesitábamos ayuda. Al principio pensé en llamar al hospital, pero entonces recordé algo: Trancos estaba en Hamilton, lo sabía porque me había dicho de venir a visitarnos al hotel, para ver cómo estaba Frodo. Sabía que mi amigo no iba a querer que pidiera ayuda, igual que había pasado cuando se hirió, pero no importaba porque en aquel momento realmente necesitábamos a alguien.

Me cogió el teléfono, aun siendo tan tarde, y nos dijo que no nos preocupáramos, que en seguida llegaba. Cogí a Frodo entre mis brazos, el pobre estaba lamentándose y culpándose por lo que había hecho. Yo le fui dando palabras suaves y de apoyo, le besé la frente, diciéndole que el momento había pasado y estaba bien.

Cuando pareció empecé a conseguir que se tranquilizara, un coche aparcó cerca de nosotros, y como un rayo de esperanza Trancos salió de él andando rápidamente. Se agachó junto a nosotros y empezó a examinar a Frodo.

-¿Está bien? –pregunté, ansioso-. ¿Es una sobredosis?

Trancos negó lentamente.

-No, no ha consumido tanto. Pero esta noche lo ha pasado mal, y ahora está muy nervioso y asustado. Necesita descansar.

Entonces se fijó en mí, y me rozó con los dedos el sitio de la cabeza donde me había dado el golpe. Sólo el toque hizo que me doliera.

-Deberías ponerle hielo ahí –dijo, antes de que subiéramos al coche.

Senté a Frodo con cuidado, y Trancos nos dio una manta. Cuando arrancó empecé a ver calles que no conocía, hasta llegar a las afueras de Hamilton.

-Trancos –le dije-. Si no sabes dónde está nuestro hotel…

-¿El hotel? Vosotros dos no estáis como para que os deje allí. Tengo un sitio preparado.

Estaba cansado como para preguntar más. Pasé el resto del viaje atento a cómo estaba Frodo, que cabeceaba y parecía dormido. Transcurrió cerca de una hora hasta que Trancos paró el coche.

Me asomé y al momento reconocí el sitio. Estábamos de vuelta en casa, al menos casi. Aquel era un pueblo de la misma comarca que el nuestro, donde Merry y Pippin compartían piso. Salí del coche con Frodo apoyado en mis hombros.

-Les he avisado –nos dijo Trancos mientras abría la puerta del edificio-. Merry y Pippin están esperándoos.

Subimos las escaleras y ahí encontramos a Merry en la puerta del edificio, con el ceño fruncido por la preocupación. Estaba en pijama, y me di cuenta entonces de que nosotros también. Nos dijo que entráramos, y nos llevó a una habitación en el pasillo donde estaba Pippin.

-Os hemos preparado la habitación de invitados –sus palabras se cortaron por un bostezo-, y hemos sacado una cama plegable.

Tenía totalmente el aspecto de alguien obligado a despertarse a altas horas de la madrugada, pero tanto a él como a Merry se les veía muy preocupados.

-Acostaos aquí, y mañana pedidnos lo que haga falta.

Tumbé a Frodo en la cama más grande, lo tapé y dejé que se acomodara. Yo me senté en la plegable y me pasé la sábana por los hombros. Había cogido frío y me dolía la cabeza, pero no podía dormirme. Frodo lo había pasado muy mal y necesitaba descansar, y yo debía asegurarme de que estuviera bien.

Fueron pasando las horas, y a pesar de todo él dormía y tenía un sueño tranquilo. Hubo un momento en el que tiritó de frío, y yo inmediatamente le di mi única sábana. Después de eso continuó durmiendo pacíficamente, y eso a mí me aliviaba.

Unas horas después, cuando ya era de día, la puerta de la habitación se entreabrió y pasó luz que al principio me molestó a los ojos. Entonces entró Pippin, y se quedó un segundo mirándonos antes de poner los ojos en blanco.

-Sam, dime que no has estado toda la noche despierto viendo a Frodo.

Sentí de pronto algo de vergüenza, y bajé la cabeza. Pippin vino y se sentó a mi lado, y me levantó el rostro.

-Dios, que mala cara tienes. Necesitas dormir.

-Yo… tenía que quedarme con Frodo. A veces tienes pesadillas, y…

-Bueno, parece que ha dormido bien. Así que ahora te toca a ti.

Me sentía muy cansado, y de repente tuve muchas ganas de al menos tumbarme en la cama. Pero cuando empecé a inclinarme, Pippin me agarró del brazo.

-Oh, no. No nos fiamos de que vayas a dormir estando en esta habitación. Tú te vas a mi cama. Y duerme hasta la hora de comer si hace falta.

Mientras me llevaba hasta su cuarto, de repente el recuerdo de algo que tenía que hacer vino a mi cabeza.

-No puedo acostarme, tenemos que dejar la habitación del hotel…

-¿La habitación del hotel? ¿Tenéis que hacer algún papeleo o es sólo sacar las maletas?

-Lo dejamos todo preparado, sólo queda…

-Bien, entonces nosotros nos ocupamos de ello. Supongo que tendrás la llave de la habitación en la mochila –concluyó mientras me metía en la habitación y me cerraba la puerta. Yo dejé de luchar y me dejé caer sobre la cama, y creo que me dormí al instante.


Cuando me desperté un rato después, entraba mucha más luz por la ventana, y salí de aquella habitación. Cuando crucé el pasillo me encontré a Merry y Pippin en la cocina, que en realidad era parte del comedor.

-¡Sam, buenos días! ¿Quieres desayunar?

-¿Qué hora es?

-La una, casi. ¿Qué quieres desayunar?

-¿La una?

-Te haremos unas tostadas, que ya se las estamos preparando a Frodo.

-¿Pero vosotros no habéis desayunado ya?

-Pero Frodo y tú no. Y la verdad, no veo problema en desayunar otra vez con vosotros.

Me dejé caer en una silla, conforme vino otra pregunta a mi cabeza.

-¿Dónde está Frodo?

-Duchándose. Ahora después podrías hacerlo también tú.

Como llamado, en aquel momento la puerta del baño se abrió, que se veía desde el comedor. Y envuelto en una nube de vapor salió Frodo, sólo tapado de cintura para abajo con una toalla.

No era la primera vez que lo veía medio desnudo. Si compartíamos piso, era algo a lo que nos teníamos que acostumbrar. Sin embargo, conforme los meses habían ido pasando y la droga haciendo más y más mella en su cuerpo, cada vez evitaba más mirarlo. Me dolía ver las costillas marcándose tanto por la delgadez; no me atrevía a mirarle los antebrazos, por si alguna vez había consumido sin esnifar; el mal recuerdo que traía la cicatriz en el hombro; lo encorvada y débil que era su figura; y en aquel momento unos pocos cardenales, probablemente de la pelea de anoche.

Iba a preguntar algo tan simple como que dónde estaba su ropa, pero cuando salió de repente sus ojos se pusieron sobre mí, y dejó de hablar bajando la mirada. Yo lo miré con lástima. Pippin fue a darle unas prendas que tenían ahí preparadas, seguramente sacadas de la maleta. Frodo cerró de nuevo a puerta para luego salir vestido, y entonces yo pasé.

Dejé que el agua caliente corriera sobre mi cuerpo, mientras no podía evitar pensar en lo que estaba pasando. Salí de la ducha lo más rápido que pude, no quería abusar de la hospitalidad de Merry y Pippin. Me habían dejado la ropa en una silla en la puerta, y cuando salí los tres estaban ya desayunando. Me senté al lado de Frodo, con mi propio plato, y no pude evitar fijarme en cómo él comía. Apoyaba la cabeza en una mano, y de vez en cuando daba un pequeño bocado a la tostada, poco más. Sin embargo, Merry, Pippin y yo parecimos ponernos de acuerdo para no levantarnos hasta que Frodo terminara.

Un rato después, nos sentamos en el sofá. Frodo se puso un poco apartado de nosotros, apoyando la cabeza en el cojín y rodeándose con los brazos. Sus dos primos se dedicaban a hablar de cosas simples, tratando de hacerle meterse en la conversación, pero apenas lo conseguían. Yo tan sólo lo miraba, lleno de compasión, y acabé levantándome y volviendo a la cocina.

Tras un momento mirando por los armarios y preparando, sin que nadie me interrumpiera, volví con ellos llevando una taza humeante. Con solo mirar a Frodo podía verse que no se encontraba bien, y pensé que esa infusión le haría sentirse un poco mejor. Me puse a su lado y se la di. Él cogió la taza y me dio las gracias en voz baja. Su voz sonaba muy cansada. Tras dar un primer sorbo, me pareció durante un segundo verle sonreír, quizá hubiera reconocido aquel sabor.

Pero entonces, al levantar la cabeza tras dar el segundo sorbo, se quedó mirándome por encima de los ojos, y su rostro se tornó triste y preocupado. Comprendí lo que había visto. Instintivamente me llevé una mano a la frente, y traté de taparme el chichón con el flequillo. Pero no sirvió, ya lo había visto.

-Frodo… -empecé a decir, tratando de calmarle, aunque sin encontrar palabras-. Esto… anoche…

Sus ojos empezaron a humedecerse.

-Oh, Sam… -me senté rápidamente a su lado como vi que iba a empezar a llorar-. Todo esto por mi culpa…

Aquel dolor que llevaba sufriendo todo aquel día, y quien sabe cuánto tiempo más, había estallado inevitablemente. Soltó un sollozo desesperado, y yo lo abracé con más fuerza.

-No puedo hacer esto… Anoche recaí… No puedo dejar la cocaína…

Continuó lamentándose en voz baja, mientras yo lo sostenía y lo abrazaba, tratando de que escuchara mis palabras tranquilizadoras, cuando de repente Merry se levantó.

-¡No has recaído! –exclamó. Frodo y yo levantamos la cabeza para mirarle-. Frodo, ¿no lo entiendes? La abstinencia es algo muy duro, y entra dentro de lo normal que, en algún momento vuelvas a consumir. ¿Cuántas veces ha sido en estos últimos meses? ¿Cuatro, cinco? ¡No has vuelto a consumir día sí día no, y eso es lo importante!

Sentí a Frodo confuso por esas palabras, pero paró de llorar y de temblar, cuando habló esa vez Pippin.

-Frodo, vas por buen camino, y eres fuerte. Puedes conseguir esto.

Pasó unos segundos con la cabeza gacha, sin responder, hasta que volvió a sollozar y a enterrar el rostro en mi pecho.

-Es tan duro… tan duro…

Le acaricié suavemente la cabeza, mientras en mi cabeza iba recordando algo. No se lo había dicho antes porque sabía cuál sería su reacción, pero ahora sentía demasiada compasión por él.

-Frodo… Cuando estuviste en el hospital, le hablé a la enfermera Arwen de esto, y ella me dio la tarjera de una clínica, donde te podían ayudar…

Guardé entonces silencio, esperando su respuesta, y al levantar la cabeza vi que mientras hablaba Pippin había ido a buscarla a mi mochila y ahora me daba la tarjeta.

-Frodo, si no quieres… -empecé a decir, mirándola, pero su respuesta cortó mis palabras.

-No Sam –dijo él-. Necesito esa ayuda, no puedo hacerlo solo…

Aquel momento era muy grave, pero que Frodo dijera eso era algo tan bueno que no pude evitar esbozar una gran sonrisa. Él se apartó un poco de mí, y tomó la tarjeta en su mano. Se quedó unos segundos viéndola.

-Deberías tomarte la infusión, todavía está caliente –dije, rozando la mano suya que la sostenía. Sabía que le haría encontrarse mejor. Frodo asintió, y sorbo a sorbo fue tomándosela, mientras aquel mal momento pasaba. Después volvió a mirar la tarjeta.

-Tengo que llamar ya –dijo en voz baja-. Necesito esta ayuda…

Apenas dijo eso, Merry le pasó el teléfono. Lentamente, Frodo fue marcando cada número. Cuando la línea empezó a sonar, tragó saliva, y me apretó la mano.

Se lo cogieron, y empezó a hablar. A quien le escuchaba pacientemente al otro lado, le contó su nombre, su historia, por qué había llamado allí. En algunos momentos pareció a punto de llorar, y yo le apreté la mano más fuerte. Escuché como le hablaban de que no era necesario ingresarlo, de que fuera un día para poder ver bien su caso –por supuesto, yo pensaba acompañarle-, y de un grupo al que tenía que ir una vez por semana. Luego colgó, y en la habitación se hizo el silencio. Pippin acabó rompiéndolo.

-Bueno, eso ya está solucionado. ¿Os apetece salir?

Tanto Merry como yo le lanzamos una mirada molesta, pero luego su primo preguntó.

-¿Salir? ¿Adonde?

-Hacía tiempo que no estábamos los cuatro juntos. Había pensado en irnos un poco por el campo, como solíamos hacer en el instituto. Y así tomamos el aire, y tal.

No nos parecía una buena idea, pero la decisión quedó en Frodo. Y todos nos sorprendimos cuando él asintió.

Salimos del edificio y nos pusimos en camino, y él seguía sin hablar mucho. Pero conforme llegamos a las afueras y tomamos el camino para el campo al que él estaba acostumbrado, empezó a meterse más en las conversaciones de sus primos.

Pronto llegamos a un claro del que teníamos recuerdo, y mientras Merry y Pippin se alejaban un poco porque habían encontrado un buen árbol que escalar, Frodo y yo nos sentamos en la hierba.

Pasamos unos segundos en silencio, mientras yo iba buscando algo que decir. Y sin embargo, Frodo fue el primero en hablar.

-Y ya se va acercando el final de nuestro año sabático, Sam.

-Es verdad, no queda mucho para que empiece el curso…

Después de algo tan importante como lo que acababa de pasar, me parecía que teníamos que hablar más profundamente, pero no encontraba otras palabras.

-¿Y cuando pensamos buscarnos un piso de estudiantes?

Me sorprendió cuando dijo eso, y levanté la cabeza. Nos miramos a los ojos, y en los suyos me pareció ver un brillo de melancolía, una sonrisa triste, que también se reflejó en su voz.

-No quiero que… esto me impida ir a la universidad. Quiero hacer una carrera, y la quiero empezar este curso. Y… Sam, quiero que sigas conmigo. Podemos ir a la misma universidad, y compartir piso…

-Frodo… Pero yo después de este año pensaba volver al pueblo. Mi padre sigue necesitando ayuda, y… bueno, yo toda mi vida voy a ser un jardinero…

Su mirada pareció sorprendida entonces.

-¿Cómo? Sam, ¿me estás diciendo que no piensas ir a la universidad?

-Yo…

-Pero si te has graduado, y no tienes malas notas. Te admiten, lo sé –su voz se volvió insistente. Luego, más comprensiva-. Y Sam, yo sé que quieres estudiar una carrera.

Pensé en la universidad y en sacarme una carrera. Era en realidad algo que no me había planteado, siempre creí que aquel no era mi lugar. Pensé también en ayudar a Frodo en los momentos que le quedaban por pasar. Noté a mi corazón deseando aquello.

Miré a Frodo, y él me sonreía. Me cogió la mano y la apretó.

En aquel momento, al mirarle a los ojos, me pareció ver ahí verdaderamente a Frodo. Porque no había rastro del dolor, de la paranoia o de la tristeza. Como si la cocaína no hubiese hecho nada en él. Era él de nuevo, el chico que recordaba de los días del instituto, mi mejor amigo.

-C-creo –tartamudeé, sin estar totalmente seguro. Pero lo miré, y pude ver en sus ojos que creía en mí. Si él pensaba que yo podía ir a la universidad, tal vez fuera cierto-. …Está bien. Estaré contigo.

La sonrisa de Frodo se hizo más profunda.

-Lo sé.