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¡Ustedes son muy buenas personas! Me dejaron su comentario e hicieron que mi ánimo se levantara como por arte de magia (¿algún hechizo habrá sido verdaderamente hecho?), confesaré que anteriormente había terminado con el capítulo pero la tonta de mí en vez de poner "guardar cambios" puso la otra opción, esa donde no se guarda nada. Casi me da un infarto y me puse a hacer berrinche. No quise escribir hasta hace unas horas cuando entre para ver si al menos alguien había leído el fic. Me siento tan feliz por tener reviews. Seguiré dando lo mejor de mí para no decepcionarlos. También gracias a ti, que lees esta historia o que la has puesto como favorita o en alertas.


Capítulo II

"Children"

Harry sentía una extraña sensación que no se iba por más que leyera las instrucciones de su libro una y otra vez. Presión, sí, bien podría ser eso. Alzó la mirada encontrándose con la de Snape; hacía un tiempo que no lo veía, la última vez que se habían topado, prometieron que el menor de los Potter haría su mejor esfuerzo para poder estar a la altura de las expectativas.

El niño regreso a lo que estaba haciendo antes de ver los ojos negros del profesor de pociones. Paso su lengua por sus labios intentando mojarlos y sentir menos ansiedad por querer hacer un buen papel en la clase; había deseos de impresionar a su madre, a su padre y a ese hombre que conoció cuando fue por primera vez a una boticaria. Tenía seis años… y aun así cada detalle de su encuentro estaba bien arraigado en su ser; para Harry era casi un ritual atesorar recuerdos de cada persona que conocía y se volvía parte de su vida, ya fuera de forma positiva o negativa.

Recordó que ese día Lily había dicho que necesitaba varios ingredientes para pociones que debían de hacerse antes de que llegara la tan esperada navidad, él había insistido en que lo llevara; con un gorro verde que dejaba salir sólo unos cuantos mechones de su cabello y una bufanda de igual color, además de sus túnicas negras había salido para poder acompañar a su madre. No habían tardado mucho en llegar al lugar y cuando entró fue golpeado fuertemente por la cantidad de olores que había en el lugar, vio tantos ingredientes diferentes y exóticos que no sabía cuál resultaba más interesante. Lo más complicado fue mantenerse de pie sin marearse, ayudando a Lily a tomar la canasta que tenía cada ingrediente que colocaba con sumo cuidado dentro de esta.

Una voz detrás de ellos los hizo dar un pequeño salto al mismo tiempo, la llamada sonó dura y algo carente de sentimiento, voltearon con una mirada sorprendida y se pararon casi de la misma manera que a Severus por unos momentos le pareció que estaba viendo a la pelirroja con unos cuantos y muy tiernos años.

Harry tenía los ojos de su madre y ahora se podría notar más. Cuantas veces no había escuchado eso, incluso a esa minúscula edad ya había perdido la cuenta de la cantidad de ocasiones en la que se lo dijeron. Probablemente no fue hasta su encuentro con Snape que esa realidad se hizo más tangible. El pelinegro no solía usar lentes cuando era invierno y nevaba, se empañaban y lo único que lograba al querer limpiarlos era rayarlos, porque sí, ese día estaba nevando, tanto que incluso las personas que se atrevían a caminar bajo el agua congelada podían notar que su ropa se humedecía rápidamente.

Severus había entrecerrado los ojos, al principio se acercó sin notar al niño que estaba a un lado, siendo guiado únicamente por el deseo de estar junto a Lily sin Potter molestando por ahí acerca de qué seguro tenía malas intenciones. Así que cuando se dio cuenta de que no era únicamente ella la que estaba haciendo las compras se maldijo a sí mismo por haber hecho tal tontería. Él hubiera querido evitar conocer a Harry al haber escuchado de otros lo parecido que era a su padre. Pero en el instante que vio el mismo gesto de sorpresa en los dos pares de ojos no pudo dejar pasar desapercibida la similitud. Tal vez los demás estaban un poco errados en cuanto a la comparación con James.

Ahora mismo el hijo de Lily no le parecía tan similar a su enemigo, bien podría ser por el gorro que cubría el cabello rebelde o porque hoy no usaba lentes debido a que no tenía tanta miopía mal tratada como su padre. Severus sabía de sobra que de seguro la pelirroja había hecho uso de otros métodos para curar la mala vista de su hijo.

—¡Ah! ¡Ha pasado un tiempo desde que nos vimos! ¿Cuándo fue la última vez? ¿En la reunión que hizo Dumbledore hace tres meses? Realmente te desapareces Severus, deberías de intentar visitarme.

—¿Para qué? Dudo mucho que a tu marido le haga gracia que un día llegué y le diga "He venido a visitar a Lily, espero que no te moleste, traje galletitas, si quieres podemos tomarlas con té mientras nos haces el favor de darnos tu compañía". —Severus refunfuñó como si fuera un niño pequeño. Y es que cuando estaba con su amiga se sentía de esa manera. ¿Qué no daría por regresar el tiempo y arreglar todos los errores que había cometido?

—Vamos, vamos, yo lidiaría con James, además… —la pelirroja había detenido y después observo a Harry que tenía su cabeza ligeramente inclinada a un lado, viéndola con algo de confusión y duda—. Querido, este es Severus, es un gran amigo, trátalo bien ¿sí? —pidió la mujer mientras sonreía ampliamente.

El pequeño asintió sin estar del todo convencido. Ya había escuchado el nombre antes. Su padre junto con Sirius, se habían encargado de hacer que ellos tuvieran más o menos idea de todas las personas que habían conocido en Hogwarts. Y una de esas fue Snape. Aunque ahora que estaba delante del tan famoso Snivellus no le parecía tan mala gente como habían dicho, su madre le hizo la petición de que lo tratara bien y usualmente todos decían que ella era la parte racional del matrimonio así que era mejor hacerle caso a lo que decía y pasar por alto en ocasiones de lo que decía James.

—Es un gusto, señor –dijo Harry e hizo una pequeña reverencia y luego retrocedió, escondiéndose un poco detrás de su mamá.

Snape alzó una ceja algo sorprendido de que no hubiera reaccionado más agresivo. A él no le hubiera parecido extraño que el hijo de su enemigo le hubiese gritado.

—Lo mismo digo, joven Potter. —Terminó por ser cordial.

Los siguientes minutos habían pasado en una situación que no fue del todo incomoda. Simplemente fue normal y Harry había puesto de su parte, incluso a Lily le había sorprendido que no hiciera una de esas preguntas a las que tan acostumbrada estaba de recibir. Siempre que su hijo conocía a alguien del que previamente James le hablaba terminaban por hacer sentir incómoda a la persona. Como aquella vez en la que Dumbledore se había puesto delante de él y le preguntó a ella delante del hombre la razón por la que el mayor tenía una barba tan larga o porque su padre decía de que el viejo comía demasiados dulces; qué si eso no causaba una enfermedad; quería que le explicara qué era precisamente eso a lo que llamaban luz cada vez que el viejo director de Hogwarts convocaba a una reunión y decía que tenía que proteger "ese" lado.

El pequeño Potter siempre había sido criado entre adultos y sus amistades en la mayor parte de los casos eran muchos años más grandes que él. Por ende terminaba por copiar las palabras que escuchaba de otros con mucha facilidad y era normal que indirectamente provocara problemas entre los miembros de la orden o poniéndolos en dilemas existenciales sin querer. Lily sabía que su hijo tenía una curiosidad muy grande, no le sorprendería si en un futuro terminara en Ravenclaw para saciar su sed de conocimiento. Cuando los Potter terminaron de hacer sus compras, la pelirroja miro a su amigo y con una sonrisa se fue a donde el dueño de la boticaria, tomando antes la canasta que estaba en manos de Harry.

El niño se quedó quieto por unos instantes, observando la espalda de su madre alejarse para poder pagar lo que había comprado. Después posó sus ojos en el piso y espero a que la mujer regresara. Una vez que estuvo a solas con Severus, prestó atención al hecho de que todo ese tiempo el amigo de su progenitora lo había estado observado. Iba a preguntarle que tenía de interesante su rostro pero Lily llegó antes e hizo un ademán a su hijo para que se despidiera.

—Hasta luego señor… que tenga una buena navidad y un año nuevo prospero —dijo Harry, su voz tenía un tono suave. Tomó la mano de su madre y después le dio la espalda a Snape.

Severus se quedó parado en su lugar un poco tieso al escuchar al chico. Además, la escena que pudo ver le trajo recuerdos amargos. El chiquillo tomaba la mano de su madre de la misma manera en la que la pelirroja lo hiciera hace años con la señora Evans. Tenían incluso la misma mirada perdida pero a la vez vivaz. Era como si Harry fuera el vivo retrato de Lily cuando niña. Quien dijera lo contrario definitivamente no sabía prestar atención a los detalles, lo único que el menor había heredado de James era parte de la complexión que poseía, tal vez a su paso y sin querer también tomo varios hábitos superficiales de él pero… eso era todo.

Al igual que para Harry, el encuentro había sido algo que había atesorado sin darse cuenta. Esta vez no había formado parte de la cadena de "Las veces que vi a mi querida Lily", sino que dio el inicio a "La pequeña historia con el heredero Potter". Después de ese encuentro fue menos reticente a ir a las reuniones de la Orden de fénix y encontrarse con James o con… Harry.

De cierta manera cada vez que veía al niño se sentía de nuevo como cuando de pequeño estaba con Lily y un cosquilleo le apaciguaba la tristeza del corazón. Tal vez por eso le tomo un poco de cariño. Porque lo veía como una redención, como si el mundo le estuviera diciendo que ese chico era su nueva oportunidad para hacer las cosas bien y que los ojos verdes no lo vieran con decepción. Siempre supo que desde que cometió el error de tomar la marca oscura su amiga no lo volvió a ver igual. Aun cuando quiso enmendarse y hacer de espía doble. Era egoísta de su parte ese pensamiento de ver en Harry a su madre o por lo menos alivianar el sentimiento de culpa de esa manera. Pero no se podía echar atrás a pesar de todas las vueltas que le diera al asunto.

2

Si a Tom Riddle le preguntaran cual era la cosa que más odiaba sin ninguna duda o vacilación contestaría en segundos: niños. Los despreciaba más que a nada por la facilidad que tenían para meterse en problemas o ser un dolor en el culo cuando se lo proponían. La cosa es que, por otro lado, así como los odiaba profundamente también le gustaban. Para él, esas criaturas eran la representación de la misma maldad o bondad. Eran maleables, sinceros y cambiantes; cuidaban y rompían con la misma facilidad. Unos verdaderos misterios y monstruos de la naturaleza.

Aunque odiaba otras cosas como por ejemplo, los inútiles, la gente que se creía superior a él, porque estaba claro al menos para su humilde persona que, nadie mejor que Tom Marvolo Riddle; no había que olvidarse de aquellos que eran flojos o demasiado amables hasta el grado de ser ingenuos, las personas hipócritas y que negaban su naturaleza… ah, habían un montón de cosas pero los niños siempre serían su número uno.

Aunque a últimas instancias había uno en especial que le llamaba la atención. El hijo de James y Lily Potter. El chico tenía una mirada que siempre parecía dispuesta a meditar largamente. Cuando había ejercido Legeremens sin que nadie lo notara, se había topado con una mente más compleja de lo que se hubiera esperado en un chico criado como sangre pura. Si era sincero estaba considerando encontrarse con algo similar a memorias de una persona mimada hasta los huesos y con pensamientos superficiales.

A cambio lo único que pudo ver fue varias platicas con Sirius Black, con Remus Lupin, con Lily Potter y con el mismo Severus Snape, en donde les hacía un montón de preguntas que él sólo se formuló hasta su llegada a Hogwarts cuando era más o menos maduro. Además del hecho de los recuerdos estaban en constante movimiento, el niño tenía una mente ágil, había cambios en segundos era simplemente... desordenada. No había podido ver más. Si lo hacía de seguro Dumbledore o algún otro lo hubiera notado. Incluso el mismo niño podría haberlo sentido al tener un pinchazo de dolor. Él nunca era muy sutil cuando se trataba de invadir la mente de otras personas, siempre había disfrutado de ver el profundo dolor de quien era su víctima. Quien quiera que fuera quería que se retorciera hasta clamar piedad para que saliera de su mente.

Se llevó una mano al mentón, pensativo. Tal vez podría preguntarle a Snape acerca del chico, por lo que sabía tenían una relación debido a la amistad que el maestro poseía con la madre de Harry. Antes de entrar al salón en donde tendría su próxima clase sonrió divertido, había encontrado un nuevo juguete, quien diría que en medio de la aburrida guerra había podido hallar un tesoro que le traería un montón de sorpresas. A veces lamentaba tener un lado tan así, que se aburría con facilidad. Anteriormente había estado a punto de ganar la guerra pero sintió que simplemente las cosas le resultaron muy fáciles. Se aprovechó del hecho de que nadie sabía que era él quien había comandado el lado oscuro y comenzó a idear un plan para alargar la batalla y ganarla de una forma mucho más maravillosa, más increíble, más digna, tan grande como sólo él mismo.

Usaría el buen corazón de Dumbledore. Haría de este plan su obra maestra aunque le tomara años. Les mostraría la sinfonía de destrucción que había compuesto con el tiempo y de seguro llorarían por lo buena que resultaba.

Le tomó un tiempo tener una buena excusa pero lo consiguió con ayuda de varios, aunque ellos no lo supieran. Había llegado con el director, lleno de heridas y le contó acerca de "cómo había terminado en manos del señor oscuro". Él, que después de graduarse del colegio estuvo trabajando en Borgin & Burkes, recibió un día a un cliente bastante diferente de lo usual, uno que le hablo de que tan grande podía ser si se unía a él y usaba sus poderes a su favor. Incluso no diría nada de su identidad como mestizo y lo trataría como un igual. Había accedido en su ingenuidad de ser reconocido y obtener prestigio.

Así que su misión había sido cuidar de un vampiro, uno especialmente poderoso y al cual querían que ordenara a los de su clan participar a lado del señor oscuro. Pero las cosas comenzaron a salir mal. Primero, aquel que le prometió gloría había hecho que anteriormente sus únicos parientes de mataran entre sí y le negó el poder ver lo que quedaba de la casa en la su madre habito. Aquella que por ser sangre pura le causaba orgullo. Después permitió que el vampiro del que había estado cuidado lo mordiera y lo convirtiera, dejándolo de esa forma pudrirse en la desdicha de ser ahora una criatura en parte.

A su drama le agrego bastantes lágrimas y tuvo que dejar un poco de lado su orgullo al hacer algo que nunca había hecho ante nadie, no al menos desde su podrida infancia: arrodillarse por ayuda. Pero nada que no fuera recompensado después con el sabor del éxito. Había funcionado. Al fin, después de mucho tiempo, el viejo le había creído cuando actuaba, incluso un día le había hecho saber que probablemente muchas de las cosas que hacía eran simplemente por su pasado poco amable.

Comenzaba a justificarlo tal y como lo había hecho con Snape. Y desde entonces su diversión había comenzado. Por un lado y durante los primeros años dio datos importantes de redadas organizadas por el mismo donde varios de sus seguidores murieron por el bien mayor, su entretenimiento, nada grave. Así que muchos en la Orden del fénix, que en un principio se mantenían recios a aceptarlo, comenzaron a creer en él, además de que tenía de lado su encanto natural para ganarse a la gente, nunca le había sido muy complicado dar discursos bonitos que incluso dejaban atrás a los tan bien elaborados de James Potter, que parecía tener también una gracia endemoniada para salirse con la suya.

Con el tiempo obtuvo su puesto como profesor debido a que le había hecho saber sutilmente a Dumbledore que nadie iba a contratarlo al saber de su condición como criatura y comenzó a vivir una vida más emocionante que la que tenía anteriormente, se sentía vivo de nuevo. Jugando de esta manera con otros era como si su niño interior despertara, esa parte de él que resultaba monstruosa y cruel como sólo un infante podía, con la misma inocencia arraigada en cada acto. Con la misma insensatez.

Si bien su juventud y encanto no se debía que fuera un vampiro, resultaba bastante creíble y permitía que siempre tuviera su mente protegida sin que nadie sospechara nada. También muchas personas molestas se mantenían a raya.

Dejo de lado todos esos pensamientos y se concentró en dar una buena clase, paso sus ojos por cada uno de los estudiantes y en la primera fila pudo ver a Harry Potter, esta vez estaba sentado con una niña de cabello rebelde y esponjado, castaño, no pudo ver su rostro pues esta estaba con la cara metida en el libro de la clase, recitando en voz baja cada párrafo.

Por su parte a Harry le había parecido una niña curiosa, Hermione Granger, desde que se topó con ella en la clase de encantamientos parecía querer tener las respuestas a todo y de cierta manera le recordó a su madre, con esas peroratas que a nadie le interesaban y su expresión elocuente y seria a la hora de darlas. A Ron le había desagradado la chica desde el primer instante y ahora mismo estaba sentado detrás de Harry con una expresión de molestia por haber sido dejado de lado, murmuraba acerca de que Hermione no tenía nada de Lily y que sólo eran imaginaciones suyas que por cierto, resultaban tontas.

Dejo de hacerlo en el instante que todos se quedaron callados al ver al profesor entrar. Se escucharon unos cuantos suspiros, el joven Potter no los culpaba, él mismo se había quedado viéndolo por varios minutos hacía unos meses atrás. Había algo en Tom Riddle que estaba más allá de lo común, no podía definirse con una palabra o al menos aún no conocía una que pudiera abarcar lo que provocaba aquel hombre en otros. Cuando sus ojos se toparon con los de su profesor se exalto ligeramente pero no lo demostró, simplemente desvió la mirada y se reacomodo en su lugar sin saber a qué se debía esa reacción tan sumisa, tal vez el resoplido que soltó fue de furia…

Las clases comenzaron y todos se encontraron maravillados por la sencillez en la que se les era explicada cada cosa. Incluso el estudiante más orgulloso podría admitir que Riddle parecía tener un don único para enseñar. Muy a pesar de que había una mezcla dañina de Slytherin y Gryffindor juntos en un solo salón no hubo ningún inconveniente.

Aquella cátedra fue simplemente la más entretenida, para cuando todos salieron del salón estaban satisfechos de lo que habían aprendido ese día y en esa clase en específico. Incluso Ron que no había comentado nada de las anteriores clases se dio a la tarea de decir algo al respecto, siendo este comentario uno positivo.

Harry se preguntó si algún día se podría hacer de un encanto que le hiciera así de popular, se ahorraría muchos problemas… de cierta manera Riddle a veces le recordaba a su padre y su cara de ciervo regañado que ponía para salir de sus problemas, acompañada casi siempre de palabras bonitas.

3

Si a Harry Potter le preguntaran que es lo que más odiaba no tardaría mucho en contestar, a diferencia de otras ocasiones en donde terminara meditando por largas horas ese tipo de cuestiones que consideraba casi de índole existencial. Su respuesta sería concisa y corta pero tendría un montón de razones y argumentaciones detrás de ella.

Adultos. A él le desagradaban y a la vez los adoraba de una forma muy extraña. Era tal y como el amor-odio que se profesan algunas parejas.

La mayor parte de las personas adultas habían perdido hace mucho tiempo su capacidad de asombro, esa para encontrar hasta el más mínimo detalle maravilloso, los insectos más increíbles y menos asquerosos o dañinos. Ver como un logro que al alzar uno de sus brazos puedan tocar con las yemas de sus dedos las hojas de algún árbol, sin ayuda de nadie, sin necesidad de sentir pena por aún no ser independiente para realizar un deseo tan simple.

Mientras son pequeños todos piensan "cuando sea grande podre pasar la calle solo, tocaré ese rama sin necesidad de saltar, ayudaré a las personas mayores con sus bolsas pesadas, no dejaré que otros maltraten a los animales, cuidaré de mamá o de papá, seré una buena persona y nunca dejaré solos a mis hijos por el trabajo como a mí me han dejado", pero al ser lo que un día se soñó, todos esos objetivos se dejan atrás como si nunca hubieran existido. Como si ahora ya no fueran importantes y sólo hubieran sido divagaciones que no valen la pena.

A pesar de todo ello, los adultos le maravillaban por su experiencia. Todas esas situaciones hipotéticas que por ahora él sólo podía pensar ellos y ellas ya las habían vivido y le contaban con paciencia, con una tolerancia que pocas veces se ve cuando sé es niño. Tenían una sabiduría que hacía sentir lleno a aquel que la recibía siendo aún un infante.

Pocas veces había algo que no supieran y por eso llegaban a tener tal arrogancia para decir que qué podría saber un simple mocoso.

Sí, en definitiva les profesaba un amor-odio.

Harry suspiró mientras acomodaba su túnica y caminaba hacia la oficina del director, le había costado trabajo encontrar la escalera que lo conducía puesto que ingenuamente le había creído a Peeves cuando este le dijo que iba por mal camino si buscaba el despacho de Dumbledore. De alguna forma le sorprendió que el hombre le hubiera llamado en el primer día de clases, después de todo aún no había realizado ninguna travesera, quería que la primera fuera realmente grande e inolvidable, tanto para hacer que el orgullo tonto e infantil de su padre se inflara y para qué mentir, su arrogancia escondida le incitaba a planear cuidadosamente su fechoría. También estaba Sirius… siempre que pensaba en su padrino no podía evitar preguntarse qué era lo que estaba haciendo o dónde estaba.

Saco la nota que le había hecho llegar Dumbledore y miró al final de la hoja, la contraseña estaba escrita ahí.

—Pocky —pronunció con cierto desconcierto ¿qué sería aquello? ¿Algún hechizo? ¿Una clase de criatura? Hizo una nota mental de preguntar después. Entró a la oficina con un poco de incertidumbre.

En el instante que alzó la vista pudo ver una habitación maravillosa, tenía objetos que no había podido ver antes y habían cuadros de los directores que habían tenido su era antes de Dumbledore. Reconoció a uno de ellos por una de sus muchas aventuras con Sirius, a Phineas, puesto que estaba en el árbol genealógico de la familia Black y una vez mientras husmeaba en el sótano de Grimmauld Place se había encontrado con el retrato del viejo que le llamo mestizo de forma despectiva por lo que había lanzado la pintura lejos sin ninguna piedad y sin importarle si le dañaba.

Phineas no había tardado en hacerle un berrinche acerca de la forma en la que se comportaba el pequeño Potter, a palabras suyas él era tan maleducado, así que básicamente Harry tenía problemas con el retrato. Hizo una mueca y paso de largo, el viejo Black también reconoció al chiquillo y le gruñó en descontento.

—Director —le llamo Harry en busca de su atención, pues veía al mayor con su interés total en un papel que sostenía su mano derecha mientras que con la izquierda peinaba su barba.

—Harry ¿por qué no te sientas? Me gustaría hablar contigo respecto a cierto tema… sólo que falta que llegué alguien, sí… —El hombre tenía un brillo en la mirada.

El pelinegro alzó una ceja pero no dijo nada respecto a lo que parecía ser una divagación para que no se pudiera empezar una conversación. No paso mucho tiempo antes de que se oyeran pasos que anunciaban la llegada de alguien más en la oficina.

—¿Me mando a llamar? –resonó la voz sedosa.

No había que ser un genio para saber de quién era. Por supuesto que a sus once años Harry nunca había conocido a nadie con ese tono que producía que la gente pusiera una sonrisa tonta por cual sea que fuera la razón.

—Tom, hijo mío, estás aquí, vamos, vamos, siéntate. Iba a comenzar a explicarle al joven Potter cual era la situación por la que lo tenemos en este lugar pero decidí esperarte.

Riddle hizo lo que se le pidió. Tomo lugar en una de las sillas frente al escritorio y que estaba al lado de la del niño. Se recargo perfectamente en el respaldo, a Harry le dio la impresión de que el otro parecía haberse adueñado del lugar con ese simple gesto, con sólo sentarse y acomodarse.

—¿Por qué no empezamos director? —dijo Tom.

—Sí…, verás joven Potter necesitamos la ayuda de alguien para transportar varios espejos encantados. La cosa es que ese alguien debe de tener ciertas características que básicamente muchos adultos o niños ya no tienen y… también necesitamos que sea alguien que será discreto. Le había hablado superficialmente del tema a tu padre pero hasta ahora es que él me ha dicho que podríamos encontrar la solución en ti.

—¿Por qué? —preguntó Harry—. ¿Qué características tengo yo que otros no tengan?

—Probablemente la voluntad. Muchos de los espejos tienen encantos para atrapar a aquellos que sólo se vean reflejados una sola vez para la eternidad con una ilusión. Por ejemplo hay uno que refleja tus deseos, otro que te muestra tu futuro, te pueden enseñar el pasado, cuál es tu más grande habilidad. Incluso hay unos cuantos más que son mucho más oscuros… antes ya había intentado anteponerme a ellos pero debo de decir con vergüenza que no lo logré. Lily y James me han dicho que a pesar de tu edad eres un gran pensador y uno muy liberal, de seguro tú mejor que nadie puedes lidiar con ellos, sólo basta ponerse delante del espejo y pronunciar un Wingardium Leviosa para levitar el objeto y llevarlo hasta la habitación donde queremos encerrar estos espejos que están esparcidos en el castillo, se podría decir que la tarea complicada es y será ignorar el reflejo de los espejos.

Harry incluso su cabeza ligeramente a un lado mientras hacía una mueca juiciosa, si lo pensaba bien no le costaba trabajo hacerlo.

—¿Por qué están esparcidos en el castillo? —pregunto Harry de la nada, haciendo que Dumbledore y Tom se quedaran por instantes sin saber que decir.

—Eso… no podemos decírtelo por ahora. —Dumbledore miró a Tom, el cual sólo se alzó de hombros.

—¿Entonces cuándo? —preguntó de nuevo Harry, sin querer se había activado ese lado suyo que le obligaba a preguntar hasta satisfacer su curiosidad—. ¿Por qué no pueden decirlo ahora?

—Cuando termines tu tarea, si es que la aceptas, y no podemos decirlo ahora porque como dijimos antes, necesitamos que sea alguien de confianza y discreción, haz de probar tu valía, Harry.

El menor de los Potter asintió, satisfecho por ahora con la explicación, después le daría todas las vueltas que quisiera al asunto para encontrar algún hueco a aquella.

—Está bien, lo haré —dijo el niño mientras sonreía para intentar relajar el ambiente que le hacía sentir tenso.

—¡Me alegro! Muy bien, bien… Tom te ayudara, el supervisara que hagas el hechizo correctamente y te mostrara las habitaciones donde están los espejos… y a donde tienes que llevarlos. La tarea la realizaras por las noches cuando ya no haya nadie en los pasillos y tendrás un permiso que te excuse en cualquiera de los casos que sucedan como imprevistos.

—Ok —dijo Harry. Volteó a su lado y miró a Riddle que tenía una sonrisa suave, Tom realmente no miraba a nadie o a nada en específico, al menos eso le pareció al chico.

Riddle pensó en que realmente podría disfrutar de acompañar al menor en su tarea, le gustaría ver si realmente el chiquillo podía hacerle frente a los espejos sin caer ante ellos como era típico de los humanos egoístas y con deseos mundanos. Quería ser testigo de que tanta pureza había en un corazón que conocía mucho y a la vez nada. Y le ayudaría a satisfacer su aburrimiento.


N/A: Ahaha~ acabe :v me siento awesome. Bien, puede que este delirando por alguna razón que desconozco. Tal vez el olor de la mariguana que fuma el vecino drogo se esté colando por las ventanas (?). A ver si el capítulo les resolvió algunas de sus dudas.

Debo de decir que salió más largo que el anterior y puede que el que sigue sea más corto o más largo, la verdad es que no tengo extensiones para escribir. Soy volátil. El slash está tardando y ciertamente no me molesta. Quiero que la relación de estos dos sea más que una atracción física. Espero que no se enojen conmigo por eso —se hace bolita—.

Finalmente ¿sabían que no se puede sonreír con los ojos cerrados?

Bien, si lo intentaste y sonreíste espero que esa sonrisa se quede contigo por mucho tiempo —smirk—. Ya sé, soy una malota. Nos vemos por aquí dentro de siete días.