Capítulo VII
"Prophecy".
Harry miró a Trelawney con cierta furia. La mujer solía tener una especial fascinación por él y su ah… muerte. Cada clase se la presagiaba de una manera diferente y justificaba sus cambios diciendo que era porqué él estaba en constante movimiento.
—Debería de callarse, todos venimos a este mundo y estamos destinados a morir, lo cierto es que no sabemos cómo y creo que estamos felices de esa manera –Harry puso el rostro más desinteresando que tenía, quería calmar el enojo que bullía en su interior, sabía que se había propasado con su profesora de adivinación pero los constantes parloteos de la mujer le pusieron de los nervios.
Sybill miró a su alumno y segundos su cara mostro indignación, boqueo y cuando las palabras salieron fueron llenas de furia:
—¡Eso fue muy grosero! ¡Al despacho del director en cuanto terminé la clase!
—Grosero es estar yendo por el mundo prediciéndole a niños de doce años su muerte –Harry frunció el ceño. No le parecía que las cosas estuvieran bien encaminadas, se recrimino por sacar a floté su mal genio.
—¡He cambiado de opinión! ¡Con el director ahora, jovencito!
El menor de los Potter se levantó y suspiró mientras rodaba los ojos. Tomo todas sus cosas y salió del salón hecho un manojo de malos sentimientos; camino por los pasillos de forma que expresaba su total estado emocional, con pisadas fuertes, el mentón alzado de forma altiva y los labios fruncidos. Llegó hasta la gárgola que custodiaba la oficina de Dumbledore y miró por largos minutos a la misma.
¿Cómo es que a su ahora menos quería profesora había olvidado darle la contraseña? Harry negó con la cabeza y comenzó a recitar todas las palabras que había escuchado a Riddle mencionar para que se les permitiera la entrada después de que hicieran su trabajo nocturno. Como ninguna fue la correcta, comenzó a irse por las ramas, por momentos realizaba combinaciones y justo cuando estuvo a punto de rendirse encontró la oración correcta.
"Ranas de caramelo".
—Ciertamente, el director tiene un problema con los dulces –comentó al aire el pelinegro, sus pies se movieron para que se adentrara en los terrenos del mayor.
Una vez que Harry estuvo frente al hombre viejo, sonrió como si fuera un niño que ha sido pillado cometiendo las peores de las travesuras y quiere salir ileso.
—Que sorpresa verte por aquí…
—Yo diría que no tanto, no parece realmente impresionado con mi presencia.
—Por supuesto. Olvidé que hablaba contigo ¿por qué no te sientas Harry? –Dumbledore invito con un movimiento de mano para que el otro se sentara frente a él.
—Tomaré su sugerencia, gracias.
Potter se acomodó en la silla con una expresión apacible.
—Entonces ¿qué vientos hicieron que llegaras a mi despacho, Harry?
—Unos vientos violentos que tienen por nombre Sybill y por apellido Trelawney.
—¿Sí?
—Sí. Digamos que no recibió muy bien mis comentarios respecto al hecho de que quiero mantener mi muerte en un enigma y sin que nadie más se entere.
—Oh Harry, deberías de entender que ella es así.
—Lo entiendo. Pero parece que lo que usted no entiende es que es fastidioso que toda la clase se la pase diciéndote cómo es que se supone que vas a morir y te miren de una forma depredadora. Lo peor de todo es que no entiendo ni he aprendido un poco de adivinación porque parece que mi profesora está más interesada en fungir como un oráculo para mí y me predique con el salón entero muriéndose de risa. Debería de pasar unos días en mi lugar y entenderá lo fascinante del asunto –el niño alzó una ceja claramente incrédulo del hecho de que se le dijera que asimilara la personalidad de una maestra que parecía siempre estar al borde de la psicosis—. Si quiere mi opinión nuestra querida Trelawney está fumando bastante mota.
—¿Mota?
—Olvídelo –Harry movió su mano delante de él restándole importancia, la palabra se le había salido sin que hubiese querido. No quería ponerse a decirle a su director "mota es la forma vulgar de decirle a la marihuana, una droga muggle que suelen ingerir con bastante frecuencia los hippies, unas personas con ciertos ideales, debo de aclarar que la profesora que me da adivinación se viste como uno de ellos, por eso la referencia"—. Un terminó no mágico. Es demasiado tedioso de explicar.
—Muy bien… ¿qué te parece si por hoy pasas de tus clases? De seguro si te relajas puedas ver las cosas desde otra perspectiva y regreses a tu habitual calma.
Potter suspiró algo frustrado, a su parecer el director simplemente le estaba dando de lado.
—Sólo a cambio de que me haga constar de que hablara con la profesora Trelawney, si ella no cambia yo no veo porque dejar mi actitud defensiva, lo que es más, estoy dispuesto a hablarle de todo este asunto a mi madre y padre en caso de que sigamos con esta mala situación…
—Bien, es una promesa Harry.
El pelinegro asintió, se levantó y dio una sonrisa más relajada antes de irse a Dumbledore. Tal vez el mayor pudiera no hacerle mucho a él pero estaba seguro de que la sola mención de sus padres había causado un poco de estragos. Por lo que James le decía de vez en cuando, su familia no era un icono de la luz por nada, después de todo los Potter eran los mayores accionistas, por decirlo, de alguna manera al bando del "bien". Si se analizaba todo eso se podía llegar a la conclusión de que una Lily o un James enterados de que su hijo estaba siendo intimidado o molestado en horas de clase no sería bueno porque después de todo ellos eran del tipo de padres protectores.
Harry era el pequeño y amado hijo, el heredero de una ancestral familia.
El director cerró los ojos y recargo uno de sus codos sobre la mesa, su mentón se recargo en la palma de la mano del brazo apoyado. Se sintió cansando, el niño Potter siempre le había parecido especialmente despierto; la primera vez que vio los ojos vivaces y fue objeto de sus preguntas se estremeció; conforme paso el tiempo sospecho que Harry bien podía crecer para ser un poderoso mago.
Su sospecha fue creciendo más y más con los años.
Tenía que añadirse también que el pelinegro tenía la varita hermana de otro de sus alumnos más privilegiados. No era muy complicado echarle un vistazo al impecable historial de Tom Riddle para darse cuenta de que el hombre era sino una de las personas más increíbles que el mundo mágico hubiera visto.
Se sintió cansando.
Harry Potter le recordaba de una forma increíble al niño que alguna vez había sido Riddle: curioso, deseoso de entender el funcionamiento del mundo, con una moral definida por sí mismo y con un potencial difícil de predecir, además eran poseedores de una mente prodigiosa pues Potter no necesitaba de saber occlumency, el chico tenía sus recuerdos y pensamientos en constante movimiento que incluso para el maestro más experimentado de legilimency sería un verdadero reto. Cualquiera podría decir que tal vez Harry había tenido una suerte excepcional para tener aquella habilidad de "mover", por decirlo de alguna manera, lo que hay en su cabeza pero, él no haría ese tipo de declaraciones.
Porque sabía mejor que nadie que la causante de ese hecho era Lily Evans. Años atrás había presenciado a la mujer enseñándole a su hijo que el mejor ejercicio para su mente no era la meditación o la calma de ésta sino la constante formulación de dudas, de teorías que quisiera resolver o de un repaso de lo que hubiese aprendido en el día y en los otros. Al parecer Harry había llevado ese aprendizaje a nuevos niveles, y más con la exigente madre que tenía.
No importaba cuantas veces uno quisiera indagar en la mente de Potter, encontrar algo en concentro sería casi imposible. Si bien se podría extraer mucha información la mayor parte de las veces podría ser toda inútil.
Dumbledore suspiró. Harry era similar a Tom. Y a Tom no le gustaban mucho los asuntos de guerras, de luchar por un lado o que se le hiciera cambiar de opinión cuando decía no mediante chantajes emocionales, vamos, Riddle odiaba la persuasión; por lo que intentar inculcar al menor de los Potter ideales sería como hablarle a un sordo. El niño simplemente podría una cara de mortal aburrimiento o se iría sin importarle si eso resultaba descortés porque Harry bien podría ser todo lo amable y educado que uno quisiera pero cuando se hablaba de algún tema que lo exasperase o molestase tratar era una auténtica joya de crueldad.
El director se sobó las sienes. Tendría que hablar con Trelawney y su fascinación por predecirle la muerte al chico; no le convenía tener a James y a Lily enojados porque se estuviera entorpeciendo la enseñanza de su amable y querido retoño. Estaba seguro que Harry era consciente de este hecho y por eso los había mencionado a propósito.
Miró a la puerta de su oficina y pensó que no le gustaba que las cosas se fueran de sus manos.
2
Tom miró a Harry. Y Harry miró a Tom.
—Creo que deberíamos de golpearla para que se quite, llevamos dos horas aquí y quiero ir a dormir –comentó el mayor con una sonrisa encantadora.
—Apoyo totalmente la noción, también quiero ir a dormir –el pelinegro sonrió de manera similar a Riddle.
Dumbledore sólo se quedó impasible. No es que apoyara las medidas drásticas que los otros querían tomar pero no tenía ni idea de que hacer.
Todo había comenzado con la renovación de la misión de Harry, se supone que durante las primeras cuatro semanas todo había ido bien, de hecho el menor de los Potter estaba a punto de terminar de recolectar los espejos y llevarlos a una sola habitación, el hecho es que hoy las cosas se habían salido de las manos de los pelinegros.
El último espejo era uno bastante peculiar, su marco era hermoso, tenía unas cuantas incrustaciones de diamantes en el mismo y el brillo del vidrio resultaba bastante cautivador, uno diría que incluso el reflejo que aquella pieza te devolvería sería hermoso. Lo cierto es que Harry, que había estado queriendo verse en todos los espejos había evitado éste y Tom también. Pero al parecer otros lo tomaron como una verdadera delicia.
Por ejemplo Trelawney.
—¡No se lo puede llevar! ¿Sabe todo lo que podríamos hacer con él? Es tesoro ¡Un tesoro! ¿Me escucha bien director? –la mujer se aferró aún más al espejo como venía haciéndolo desde hace dos horas—. Lo necesito, refuerza mi ojo interior.
Harry rodó los ojos y bufó exasperado. Riddle rió suavemente, divertido por el evidente fastidio del menor, siempre le era interesante ver al chiquillo con ese tipo de expresiones.
—Querida, el espejo tiene que desaparecer, no es bueno para nadie, ni siquiera para ti… tiene un encantamiento para provocar adicción, como todos los de su tipo –el director argumento con una sonrisa; él realmente quería regresar ya a su oficina para poder terminar su papeleo y después ir a dormir como todos en el castillo pero al parecer la profesora de adivinación no opinaba lo mismo que él.
Cuando Harry había ido a su oficina creyó que sólo eran exageraciones cuando el niño le menciono que la mujer no se alejaba por nada del mundo del espejo pero ahora que lo veía con sus propios ojos tuvo que aceptar que el niño no estaba enalteciendo nada.
—Albus, propongo que tomemos en cuenta mi sugerencia –dijo Tom con ojos aburridos.
—No podemos, querido muchacho –el director sonrió no muy seguro.
—Profesora, mueva su trasero de ahí, necesito ir a dormir; se supone que usted es una "vidente" calificada y no necesita un maldito espejo que predice el "futuro" para poder dar sus profecías… —Harry se acercó a la mujer y le tomo de la holgada blusa para darle unos pequeños tirones que de agresivos no tenían nada. Era como si simplemente incitara a que se alejara del objeto.
—Pero… pero… —Trelawney miró al chico como si fuese una niña que ha sido reñida por hacer una mala acción, frunció los labios, Harry había dado en el clavo de alguna manera. Desde que encontrase el espejo se había sentido mucho más segura de su habilidad y por eso no quería dejarlo ir.
—Vamos… —Harry tomó la mano de su profesora y cuando lo hizo la mujer se alejó del objeto.
Lo siguiente que sucedió fue que el menor de los Potter se reflejó en el espejo.
Trelawney echó la cabeza hacía atrás, de una forma poco natural, sus ojos se pusieron en blanco, Riddle se puso a la defensiva algo sorprendido por aquello y Dumbledore camino hacia la mujer reconociendo aquella acción. Palabras que lograban un eco horrible y sobrenatural comenzaron a resonar en aquel lugar:
—"El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca..., nacido de los que lo han desafiado tres veces, vino al mundo al concluir el séptimo mes... Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce... Y uno de los dos deberá morir a manos del otro…"
La mujer no pudo terminar pues Harry jaló su mano de forma violenta por lo asustado que se sintió. Segundos después Sybill cayó desmayada y antes de que se pudiera golpear la cabeza el director la tomó en brazos. El niño soltó la mano de su profesora.
El silencio que se formó en la habitación fue totalmente sepulcral.
El menor de los Potter se dejó caer, sus piernas le había fallado, su estómago comenzó a dolerle descomunalmente y finalmente, para completar su escena, llevó sus manos a su cabello despeinándolo nerviosamente mientras reía de forma descontrolada.
¿Qué había sido aquello? Su mente no lograba encontrar ninguna explicación lógica ¿una profecía que hablaba de la persona que iba a destruir al señor oscuro? Lo más curioso de todo es que la "vidente" la había hecho cuando estaba él tomándola de la mano y el sujeto en cuestión, con el poder de destruir al enemigo del bien, había nacido en el mismo mes que él.
Riddle estaba lívido. Había visto antes a verdaderas adivinas dando predicciones y la posición que Trelawney había adoptado cuando hizo de "profecía" era exactamente igual a la de aquellas videntes experimentadas y con prestigio. La voz tan ajena que emergió de la garganta de la mujer fue un signo más de que probablemente no tenía que tomarse por un juego de la profesora para quedarse con el espejo.
Harry alzó la mirada y volteó a todos lados, su risa no había parado y ahora mismo comenzaban a aglomerarse las lágrimas en la punta de sus ojos, el estómago le punzaba de dolor con más fuerza que antes. Su vista se clavó en el espejo que estaba delante de él y el reflejo que le fue devuelto le hizo sonreír. Dejo poco a poco sus carcajadas y suspiró.
Tom entrecerró la mirada y puso su total atención en el niño, a pesar de sus sentimientos encontrados había sido consciente de la forma tan extraña en la que el chico actuó una vez que Trelawney lo soltó. Incluso la forma en la que ahora sonreía le hizo preguntarse qué era lo que estaba viendo el menor en el espejo.
"Harry Potter está muriendo y hay una persona sosteniendo su mano. Pero Harry Potter no parece infeliz a pesar de que esta desangrándose poco a poco y eso lo va a llevar directamente a su muerte. La persona que estaba sosteniendo su mano la ha soltado y ahora se va.
Un lo siento es pronunciado. Y suena demasiado lastimoso.
Harry Potter sonríe a pesar de que esa persona se está yendo y probablemente no vuelva para ver sus últimos momentos. Es un Harry Potter de 16 o 17 años, el chico mira por última vez al techo que parece haber sido destrozado con un hechizo a gran escala y ahora mismo las estrellas se ven con tanta claridad que eso lo hace sentirse sentimental por lo que llora. La luna está tan brillante que parece un sol.
Por lo que Harry cierra los ojos, pero aun así se siente satisfecho.
'Vive rápido y muere joven*' murmura Harry Potter y luego simplemente nada."
—… bien? ¿Señor Potter?
El pelinegro salió de su ensoñación y con lo primero que se encontró fue con su profesor de defensa. Lo miró por unos instantes con los ojos desenfocados.
—Estoy tan bien como se podría estar –murmuró el joven. No había escuchado la pregunta entera pero supuso que esa había sido la cuestión que se le hizo.
Se levantó del suelo con ayuda de Riddle y miró a su Sybill.
—Creo que deberíamos de llevarnos el espejo… aprovechando que nuestra querida Trelawney esta inconsciente.
—¿Estás seguro?... –murmuró Tom. Él sabía que podría ofrecerse para realizar el encantamiento pero no quería hacerlo, porque eso significaba que tendría que verse en aquel objeto maldito y enfrentarse a lo que sea que fuese su futuro. Y no estaba muy seguro de poder mantener el autocontrol que había estado mostrando si se le presentaba una imagen de su supuesta muerte.
—Sí. Muy seguro –el pequeño se acercó y sacó su varita, con un movimiento fluido de su varita comenzó a levitar el espejo. Harry miró por última vez al director que aún batallaba con su profesora de adivinación y se despidió de él con un suave movimiento de cabeza.
Entonces Riddle y Potter salieron de la habitación. Por primera vez entre ellos hubo un incómodo silencio.
3
Hay veces en las que Harry se deprime. Son contadas pero existen.
Hay veces en las que Tom siente miedo. Son contadas pero existen.
El niño miró a su amigo pelirrojo con un poco de desinterés.
—¿Te encuentras bien Harry? Desde hace días te muestras bastante antipático a todo lo que se te dice, incluso en tus clases favoritas estas algo distraído.
—Creo que estoy bien, sólo… la adolescencia ¿me entiendes? Esa maldita ataca-jóvenes-sexys-geniales, como yo –el pelinegro hizo una mueca y se lamentó dramáticamente.
Ron rió. Incluso en sus peores momentos su amigo no perdía el toque.
—Bien, anímate pronto.
—Gracias Ron.
Por otro lado y varios metros lejos de ahí se encontraba un señor oscuro mirando el fuego arder, estaba sentado en un mullido sillón. Desvió su atención a su mano y la estiro y comprimió en varias ocasiones.
Había pasado una semana desde que Harry Potter, Albus Dumbledore y él fueran testigos de lo que parecía ser una profecía, se había sentido bastante furioso y ¿por qué mentirse a sí mismo? También con cierto temor. Había hecho un montón de teorías de la persona que podría ser su destrucción pero sólo podía llegar a una conclusión.
Harry Potter.
El chico era de lejos la persona que podría tener el poder suficiente dentro de unos años para acabar con él. El muchacho presentaba habilidad para el duelo poco usual en niños de su edad. La curiosidad para aprender de todo y lo más interesante es que en varias ocasiones se había comparado con el joven. Además los padres del niño cumplían con el requisito de haberlo enfrentado directamente tres veces y salir intactos, por supuesto que el último ataque fue antes de que Harry naciera, después de aquello no hubo más "locuras" de parte del matrimonio Potter.
Escudriño el fuego con más ahínco.
¿Sería realmente Harry quién le destruiría? Porque el pelinegro no parecía muy interesado en la guerra. Suspiró y recordó la mirada del niño, la sonrisa con la que el pequeño estuvo mientras observaba el espejo que parecía mostrarle una visión. Sintió una terrible necesidad de entrar en los pensamientos de su alumno y hurgar en lo más profundo de aquella mente, hasta sentirse satisfecho. Llevar al final su necesidad de saber de Harry, de sus planes y de sus emociones.
Se levantó de donde había estado sentado por horas, levantó sus brazos por encima de su cabeza y escuchó su espalda tronar.
Por otro lado. Si realmente fuera Harry su perdición tenía que actuar pero por ahora no le parecía el tiempo adecuado.
Dumbledore había llamado a Riddle y a Potter una noche después del incidente para que acudieran a su oficina. A pesar de que el director quería mantener en secreto la profecía Harry había pedido explícitamente que se les comunicara a sus padres puesto que no quería ocultar nada potencialmente peligroso para él a sus progenitores. No es que el niño hubiese implicado que él era la persona de la que hablaba aquella predicción, sino que segundos después argumento que por ser una de las personas que tenía conocimiento de tal suceso que podría suceder en un futuro. Por supuesto que el director al ser presionado de esa manera argumento casualmente que bien podría ser lanzado un obliviate a Harry.
Tom sonrió, recordó la mirada furibunda del menor y su expresión desdeñosa para pronunciar las palabras que harían que la atmósfera se volviera totalmente incómoda:
—Ni se le ocurra. Tengo medidas para no olvidar lo sucedido aquella noche ni por error. Tampoco voy a permitir que mis padres sean ignorantes de esto. Creo que todos en la organización que usted mantiene deberían de saberlo. No totalmente pero… —y entonces Harry se detuvo—. Sabe a lo que me refiero. Y espero que entienda que a pesar de que mis padres me sobreprotegen a veces no son el tipo de personas que gustan de mantenerme a oscuras.
Dumbledore se había quedado en silencio. Sus ojos brillaron de forma peligrosa pero eso no intimido al menor.
Riddle tuvo que aplaudir la valentía de Harry. Se dijo a sí mismo que ahora entendía un poco porque el sombrero podía haber pensado en la opción de mandar al chico a Gryffindor. A la casa de los estúpidos leones.
Ah sí, también aquella situación con Trelawney pareció hacer que todos olvidaran explicarle a Harry el porqué de los espejos esparcidos en el castillo.
Tom hizo un ruidillo con la boca, miró por última vez su habitación y salió de esta para poder caminar fuera de los terrenos de Hogwarts. Eran más de las doce de la noche, pensó en lo tarde que iba a la reunión que tendrían él y los mortífagos. Se sintió satisfecho cuando llegó a la conclusión de que nadie podría decir nada cuando llegara porque resultaba que era el puto amo de todos ellos.
4
Llegaron las vacaciones de invierno.
Harry había mejorado su humor en los últimos meses, con ayuda de Ron y una poca del ermitaño Neville (él cual a opinión del menor de los Potter sólo aparecía cuando no estaba ocupado con sus plantas y se encontraba lo suficientemente aburrido para ir a verlo).
El pelinegro suspiró y miró a la mesa de los profesores, sus ojos se centraron en Severus, últimamente había huido la mirada del profesor de pociones por miedo a que éste notara que estaba ocultando algo. Porque Harry era consciente de que una de las razones por las que Snape era un excelente usuario del legilimency era porque tenía mucha habilidad para notar si se le mentía u ocultaba algo.
Desvió la mirada con parsimonia cuando creyó que estaba observando de más a Severus.
Esperaba que llegara pronto el día 24, Dumbledore le había dicho que ese sería el día en el que todos en la orden del fénix se enterarían de lo que había acontecido en la habitación con el espejo.
Por lo que creyó que sería mejor enfocarse en ordenar los regalos que tenía que dar esta navidad y en pensar en un buen regalo para su profesor de defensa por su cumpleaños, ese que poco a poco se acercaba. Su menté se quedó impregnada con la imagen de Tom Riddle y se preguntó porque en los últimos meses el hombre había estado mirándolo de una forma extraña y que por más que lo intentara, no podía descifrar.
Dejo sus pensamientos en el instante que Ron le puso delante de él un pastelillo de queso.
—Gracias.
—De nada, viejo.
5
Lily jadeó. Estaba de alguna manera feliz con la profecía pero por otro lado su corazón comenzaba a palpitar furiosamente, miró a su esposo y notó que él también estaba con sentimientos encontrados al escuchar las palabras de Dumbledore. Entrecerró los ojos y por su cabeza las ideas comenzaron a ir y a venir.
Oraciones se apoderaron de su atención. "Nacido de los que lo han enfrentado tres veces"; "nacido al concluir el séptimo mes".
—James tú…
—Sí –fue la simple contestación del otro. Tenía una mirada de profunda preocupación—. Llegué a la misma conclusión, espero que sólo sean malas formulaciones de hipótesis nuestras… debe de haber más gente allá afuera.
La pelirroja asintió y miró a su viejo mentor.
—Harry, él ¿está bien, Albus? –preguntó James.
—Lo está, no hay de qué preocuparse.
Lily, lanzo plegarias a quien quisiera escucharla, por el bienestar de Harry. De su único y amado niño. A lo lejos, miró la foto que descansaba sobre una mesilla. Era su pequeño Harry.
Se dejó caer sobre una de las sillas. Esta navidad ni James, ni Lily verían a su hijo, estarían ocupados planeando como contraatacar al señor oscuro que parecía estar más activo desde hace dos meses. Como si su instinto intuyera de alguna forma la profecía.
Su mirada se paseó por todo el salón y se detuvo en el árbol de navidad. Debajo había dos regalos que le llamaron la atención, tenían una envoltura sin ningún dibujo que se moviera. Hecha a mano, al más puro estilo muggle. Lily supo de inmediato que probablemente eran de parte de Harry y vendrían siendo los presentes para ella y su marido. Sonrió.
Se prometió, con determinación, que no importaba lo que sucediera en esta guerra, iba a proteger a su hijo incluso con su propia vida.
6
Tom despertó. Era navidad. Nunca le emociono cuando niño, en general siempre había un aire de malhumor alrededor cuando vivía los 25 de diciembre. Pero desde que Harry Potter había comenzado a darle un regalo algo en su interior se comenzó a divertir cuando llegaba la fecha. Porque a su parecer el niño era la única persona que se atrevía a jugarle bromas y regalar sin esperar nada a cambio.
Se acercó a donde estaban los paquetes y tomó primero la caja que tenía una envoltura totalmente negra y contrarrestaba su frialdad con un brillante moño verde. No tenía que pensar mucho para llegar a la conclusión de que de seguro ese era el presente de Harry, el niño parecía entender perfectamente los gustos de las personas cuando se trataba de regalar algo, lo que sea.
Al abrirlo, lo primero que vio fue una nota:
"No perteneces sólo a ti mismo. No hay nada en este mundo que pertenezca sólo a uno mismo. Todos están conectados a alguien más y comparten algo con ellos. Por eso nunca puedes ser libre. También por eso es divertido, triste y preciado*."
Tom frunció el ceño.
Después saco el objeto que estaba en el fondo de la caja.
Un broche. Era de una mariposa con alas verdes que aleteaban con gracilidad, el movimiento era casi imperceptible a menos de que le prestaras mucha atención. El insecto estaba posado en una rosa blanca. Identifico los materiales de aquella pieza: oro blanco para la flor, esmeralda para la mariposa y los contornos de la pieza estaban definidos con plata.
Coloco la joya en la palma de su mano y estimo que aquel objeto probablemente mediría unos cinco centímetros por cinco. Nada grande pero era algo realmente caro.
Volvió a leer la nota. Y se removió incómodo. Maldijo por lo bajo a Harry Potter, el chico siempre sabía cómo causarle estragos.
7
El menor de los Potter uso todas las malas palabras que se sabía. Esta era su peor navidad, pensó. Se había despertado pero no se levantó como siempre pues su cabeza daba vueltas y más vueltas. Una de sus manos estaba sobre su frente, siendo testigo de que estaba probablemente con una fiebre que clasifico como malditamente alta.
Sentía su cuerpo entero arder, se dio la media vuelta y miró la pared, todo le parecía tan borroso y sus extremidades se movían de tal manera que pensó en que no eran suyas.
Iba a gritar para llamar a Ron que dormía plácidamente para que le ayudara pero de la nada la ventana de la habitación se abrió y dejo entrar viento frío, provocando escalofríos y de alguna manera alivio a Potter. Antes de que el pelinegro hiciera o dijera algo Hedwig entro por la ventana y dejo caer un pequeño paquete en la cara de Harry. El menor gruño con dolor.
—Eso no fue lindo, nena. Gracias.
La lechuza ululó y se fue por donde había venido.
Harry abrió el paquete con problemas y al notar que era abrió ligeramente los ojos.
¿Cómo es que Sirius había…? Definitivamente las cosas a su alrededor eran increíblemente extrañas. Cerró los ojos mientras sonreía, por su menté se paseó la idea de que su padrino era un bastardo bastante interesante, después de esto tendría que mandarle una carta a Regulus con un montón de preguntas.
N/A: Estoy viva. Sí, pero con tantos exámenes, tareas y proyectos que había estado tan cansada que ni escribir lograba. Espero que puedan dispensarme aunque la excusa sea pobre, pero creo que ustedes saben cómo es la vida. En fin, me dije a mí misma: Hey, tienes que actualizar hoy, no importa que escribas todo el capítulo ahora.
Así que, bueno, son casi las dos, por favor espere la respuesta a sus comentarios en unas horas, creo que comprenderán que debo de ir a dormir puesto que debo de levantarme temprano para terminar de responder mi guía para examen de física.
Buen inicio de semana queridos.
Que la suerte los ame de la manera que no me ama a mí.
Au revoir.
1-. *Cita a una de las líneas de la película de Nicholas Ray, Knock on any door.
2-. *Cita a Ichihara Yuuko.
