Capítulo VIII
"Unknown"
El officium divinium ha terminado: hora del postludio.
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Harry había venido haciendo un esfuerzo monumental para mantenerse despierto. Miró a su alrededor, todo estaba en absoluto silencio. Horas atrás Ron se había levantado para poder salir a jugar con la nieve que se había acumulado durante la noche. El pequeño Potter no había seguido los pasos de su pelirrojo amigo debido a que todavía estaba enfermo y con una temperatura que poco le permitía permanecer en pie. Por momentos le daban escalofríos, así que pensó seriamente que sería bueno ir a la enfermería para que lo atendieran pero realmente no deseaba salir de su cama, se negaba fervientemente. Se enrollo en sus sábanas para obtener más calor y calmar los escalofríos.
—Parezco un rollo primavera —murmuró Harry para sí mismo.
Tal vez, si fuera un poco más pequeño, si tuviera menos años, hubiera buscado la forma de lidiar con sus síntomas y ya se hubiese levantado para poder ir a ver los regalos que le habían dado sus padres y conocidos este año por navidad. Pero lo cierto es que ahora no tenía tantas ganas de ver los presentes, realmente se sentía mal y su instinto de preservación le decía que se quedara tal y como estaba. Cerró los ojos, pensó que si le iba bien sus síntomas se irían antes de la cena. Aunque en realidad no le importaba perderse la cena, no tenía mucha hambre.
Miró el regalo que le había enviado su padrino y sonrió. Era un giratiempo, sabía de ellos sólo por libros, no entendía cómo es que Sirius lo había conseguido pero si era sincero en realidad no le importaba, lo único que le importaba era comenzar a conocer el funcionamiento de aquel aparato para poder usarlo de forma eficiente.
Resopló.
—Joder… quiero ir al baño —susurró Harry de forma lastimera. Con todo el dolor de su alma de desenrollo y como pudo se reincorporo para poder poner sus pies sobre el suelo, sintió el frío calar en sus extremidades y gimió bajito, después camino hacía el sanitario con problemas. Todo a su alrededor daba vueltas, le entraban bastantes ganas de regresarse a su cama pero sus necesidades primarias lo llamaban.
Miró fijamente la puerta del baño y la abrió, entro y camino con precaución, se detuvo al ser consciente de que el espejo que estaba a un lado le devolvía su reflejo. Por curiosidad volteó a ver y se encontró con el hecho de que a su juicio se veía horrible, sus mejillas estaban rojas, sus ojos desenfocados, los labios resecos y el cabello mucho más despeinado de lo usual.
—Diablos…
Harry, dejo de lado aquello. Se dirigió a orinar y en cuanto termino fue hasta el lavabo para poder enjuagar sus manos. Se miró de nuevo en el espejo por pura inercia. Su ceño se frunció y sus movimientos se detuvieron.
—Pero que… —Harry ni siquiera pudo hablar. Una de sus manos mojadas fue hasta el espejo y lo toco, intentando asegurarse de que este era sólido, que no tenía ningún defecto. Vio las gotas de agua escurrir. —Vamos… es porque tengo fiebre no… ¿no? —El chico parecía a punto de hiperventilar.
Se alejo de aquel lugar con brusquedad.
¿Por qué sus ojos…?
Salió del baño y camino hasta su cama con toda la velocidad que su cuerpo le permitía. Busco debajo de esta sus zapatos. Él tenía que ir a ver a Madam Pomfrey, ahora. Una vez que tuvo su calzado se paso por encima de los hombros una de sus sábanas para calmar un poco los escalofríos que tenía. Luego fue hasta la salida y dejo la habitación en segundos.
Bufaba por lo bajo pues le molestaba el tener que ir agarrándose de las paredes porque por momentos veía demasiado borroso. Era como cuando leía por mucho tiempo y sus ojos comenzaban a fallarle, tenía que recurrir a fuerzas a los lentes. Harry maldecía que no hubiera nadie que pudiera ayudarle. Camino por diez minutos y suspiró lastimosamente. Aún le faltaba medio camino para llegar a la enfermería.
Paso, paso, paso, paso. No importaba cuantos pasos diera, parecía que no avanzaba y lo que era más, no estaba seguro de si podría llegar, no con la dificultad que tenía para coordinar movimientos.
—Vaya… no sabía que uno podía ponerse tan mal… —dijo al aire. Luego sintió como todo daba vueltas. Se llevo una mano a la cabeza y se pregunto qué pasaría si ahora caía como un costal viejo. ¿Levantaría polvo? Él pensó que no quería caer como costal viejo porque no le agradaba la idea de levantar polvo. Y finalmente todo empezó a volverse negro. Dejo de tener control sobre su cuerpo.
Pero Harry nunca cayó. Alguien lo sostuvo.
2
Tom Riddle había estado aburrido. Cuando eran las vacaciones de navidad no tenía alumnos que torturar dejando miles de tareas. Además de que medito que por estas fechas Harry solía esconderse en su habitación, igual que un ratón que ha encontrado una gran porción de queso y necesita pasar tiempo a solas con el manjar. Así que no había nada que le interesara en la escuela.
Por otro lado no podía salir del castillo con mucha frecuencia o comenzarían a sospechar de él. Entonces opto por comenzar a rondar por el enorme lugar, tal vez podría encontrar algo interesante. Y vaya que lo encontró. Vio una pequeña figura andar con problemas por el pasillo. El cabello negro y alborotado delataba a la persona.
Harry Potter.
Se acerco en silencio, sus pasos apenas y resonaban. Antes de que pudiera extender su mano para colocarla en el hombro del niño y preguntarle qué era lo que pasaba se dio cuenta de que Harry estaba cayendo. Tom se movió con rapidez y tomo al otro.
Miró a Harry, paso su mano por la frente del niño y notó la elevada temperatura. Supuso que debido a esto él se había desmayado. Lo tomo en brazos y comenzó a caminar hacia la enfermería.
—¿Deberíamos de culpar a su enfermedad por su poca actividad? —preguntó Tom a nadie en realidad.
Lo único que se escuchaba en el pasillo era el sonido de los pasos de Riddle y la respiración dificultosa de Harry. Cuando Tom llego a la enfermería Madam Pomfrey de inmediato entro en alarma al ver al niño. Probablemente si ella tuviera la suficiente fuerza para cargar a Harry se lo hubiera arrebatado al otro. Pero como no era así, y además la mujer nunca usaría un hechizo para levitar a un paciente a menos de que fuera necesario tuvo que conformarse con mirar mientras Tom acomodaba en una cama a Harry.
—No sabría decir qué pasó… Yo iba en dirección a la oficina del director cuando noté que el señor Potter tenía problemas para caminar. Antes de que pudiera preguntarle qué era lo que tenía se desmayó —dijo Riddle, como si realmente las cosas hubieran sucedido de esa manera.
—Ya veo. Hizo usted bien en traerlo aquí. —Madam Pomfrey miraba fijamente a Tom; como diciendo: tu trabajo está hecho, puedes irte.
Entonces Riddle a regañadientes se fue. Ya volvería después.
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Harry tuvo un sueño. No recordó que tipo de sueño. Sólo sabía que de seguro había sido extraño porque cada vez que los tenía despertaba con el tipo de sensación que tenía ahora. El chico no abrió los ojos, no le apetecía. Además de que el súbito recuerdo de que minutos, horas o días (cuanto tiempo haya pasado) había visto sus ojos azules lo mantenía temeroso. A lo mejor nada más lo había alucinado debido a su fiebre.
Después de unos momentos de meditación y de una pelea contra su miedo, poco a poco abrió los ojos. La luz tan típica de la enfermería le hizo gruñir.
—Demasiado… —murmuró Harry.
—En efecto, durmió demasiado —contestó una voz a su lado, con diversión.
Harry intento enfocar y localizar al dueño de la voz. No tuvo que hacer mucho esfuerzo.
—Señor Riddle. Ahora sé que puedo confiar en usted para que me diga cuando he dormido demasiado —dijo Harry. Una sonrisa burlona se formó en los labios del chico. Él contemplo a su profesor tan pulcramente sentado en una silla que parecía indigna de ser el sostén de un hombre como Tom Riddle. El mayor se veía aburrido.
Tom miró con una ceja alzada a Harry. No había paso por alto el hecho de que el niño ya había despertado minutos atrás pero tenía dudas de porque había tardado en abrir los ojos.
—¿Así es como trata a la persona que lo ayudo, señor Potter? —dijo con fingida ofensa el mayor.
—Así trato a mis padres.
Riddle quería reír. Era divertido ver a Harry siendo tan jodidamente malcriado, tanto como quería porque no tenía miedo. Porque no sabía que tan cruel podía llegar a ser su profesor.
—Gracias —dijo Harry—. Le agradezco que me haya traído aquí, profesor.
Tom resopló. Bueno, el joven Gryffindor también tenía su lado adorable.
—¿Puedo saber cómo es que termino con una temperatura tan alta? —preguntó Riddle.
—Creo que algo tiene que ver con… espere, no sé. La verdad es que no recuerdo haber pasado mucho tiempo con el cabello mojado o bajo la lluvia, es más, ni siquiera he estado estresado, déjeme decirle que a veces me enfermo por el estrés, pero eso no tiene por qué saberlo. La cosa es que hoy desperté con fiebre y no podía levantarme porque me dolía todo el cuerpo… —dijo Harry mientras sus facciones dejaban ver su confusión.
—¿Contagio tal vez?
—Lo dudo… Ronkins es de salud perfecta, la última vez que se enfermo fue a los cuatro años. Y no recuerdo haberme juntado con alguna persona enferma en las últimas semanas.
—Ya veo —concluyó Tom.
—Supongo que sea lo que haya sido Madam Pomfrey ya se ha encargado de ello —dijo Harry, restándole importancia a su enfermedad.
Después ya nadie dijo nada. Simplemente se quedaron en silencio y se contemplaron, como si eso fuera lo más interesante del mundo.
3
Harry había estado dos días en la enfermería. No fue nada grave según Madam Pomfrey.
Lily de alguna manera se entero de lo acontecido con su pequeño y no tardo mucho en mandar miles de indicaciones a Harry de cómo cuidar adecuadamente su salud mediante su alimentación, ropa para el invierno demasiado grande y que hacía lucir al menor de los Potter como un oso de peluche y pociones para prevenir un nuevo brote de la enfermedad.
Harry pensó que era algo paranoico por parte de su madre pero agradeció profundamente la preocupación que ella experimentaba por él.
El niño también notó que aquel episodio relacionado con sus ojos fue ocasional, no se había repetido. Comenzó a creer con más firmeza que de seguro había sido producto de la alta fiebre que tuvo.
Para Harry todo había vuelto a la normalidad excepto por unas cuantas cosas, entre ellas el hecho de que recientemente se mantenía más alejado de otros que de costumbre y es que toda su atención estaba centrada en su necesidad de encontrarle todos los uso posibles al giratiempo que Sirius le había regalado. No le menciono a nadie que tenía tal objeto, ni siquiera a Ron, porque sabía que el pelirrojo a veces era demasiado hablador.
El comienzo de las clases logró que Harry dejara un poco su obsesión con el giratiempo. Comenzó a hablar más con sus compañeros y las partidas de ajedrez por la tarde con Ron volvieron; los días en los que se encontraría con Hermione en la biblioteca también lo hicieron.
La rutina de Harry se mantuvo en lo usual. Incluso cuanto tuvo que presentar sus exámenes de fin de ciclo estuvo calmado. El pequeño Potter pensó en lo extraño que había sido todo el año. De hecho le parecía que había vivido un sueño. Un sueño de primavera y verano.
Dos días antes de que el ciclo escolar terminara, el director mando a llamar a Harry a su oficina. Al chico se le hizo raro el llamado puesto que, que él recordaba no había hecho nada que ameritara un regaño, bueno, sí, ¿a quién engañaba? Él tenía la culpa de que un día en la clase de herbología las mandrágoras comenzaran a llorar justamente cuando dos Slytherin se habían quitado sus orejeras pero nadie más que Ron sabía de eso; además de que algo tenía que ver con el hecho de que Peeves hubiera estado molestando más de costumbre a los alumnos porque estaba irritado debido a que el Barón Sanguinario lo regaño (cortesía Potter)… y también… bueno el punto es que había hecho un montón de cosas pero no es como si pudieran incriminarlo porque no existían pruebas de que él estaba involucrado.
Por lo que Harry tenía curiosidad de la razón por la que lo hubieran mandado a llamar.
Cuando dio la contraseña a la gárgola y se le dio paso a la oficina del director, el chico se puso algo ansioso pero intento controlar sus emociones. Una vez que estuvo frente a Dumbledore mostro una sonrisa.
—¿Me mando me a llamar? —preguntó Harry por pura cortesía.
—Sí, hijo, ¿por qué no te sientas? —respondió el director.
Harry hizo caso y tomo lugar en una de las sillas que estaban cerca de ahí.
—Hace un tiempo, ayudaste a tu profesor de defensa a recolectar unos espejos. —Dumbledore miró al niño—. ¿Lo recuerdas?
—¿Cómo olvidarlo? Si todo terminó de forma desastrosa…
—Por supuesto… bueno, al principio, cuando te encomendé la tarea no te dije porque los espejos estaban en el castillo.
—¿Entonces ahora ya puede decirme? —preguntó Harry. Miró los retratos de los otros directores, todos estaban en silencio, como esperando ver qué era lo que seguía en aquella conversación.
—Sí. Todo comenzó cuando escuché rumores sobre una casa embrujada en un pueblo muggle no muy lejos de Hogsmeade. Al principio pensé que de seguro todos estaban dejándose llevar por su imaginación. Pero después de un tiempo tuve que prestar más atención a lo que se decía porque la gente hablaba de unos espejos que devolvían imágenes horribles a todo aquel que se atreviera a mirarlos.
—Suena como una mala película de terror, si sabe a lo que me refiero… —dijo Harry—, de esas que hacen los muggles.
—Sé a lo que te refieres. —Dumbledore sonrió—. Y la verdad es que sí. Un día me deje llevar por la curiosidad y fui a la dichosa casa, al entrar noté que llevaba un tiempo sin habitada. Según investigaciones previas que hice el último huésped fue una mujer anciana que no tenía familia. Ella se dedicaba a recolectar antigüedades y entre sus artículos favoritos estaban los espejos.
—¿La anciana compro objetos mágicos y nadie se dio cuenta? —preguntó Harry un poco incrédulo.
—Sí… llegué a la conclusión de que probablemente un mago desesperado por deshacerse de ellos se los ofreció. Hace unos años el ministerio rastreo estos espejos porque algunos llegaron a ser considerados magia negra. Lo más increíble de la situación fue que ella había obtenido por lo menos treinta.
—Wao. Es curioso como tantos objetos mágicos terminaron en manos de un muggle. Bueno ¿y luego? ¿Qué paso?
—Me di cuenta de que no era bueno dejarlos ahí. Por lo que procedí a traerlos al castillo. El problema fue que me di cuenta de que no podía transpórtalos todos a la vez así. También deseaba evitar verme reflejados en ellos por lo que los fui dejando en habitaciones separadas, por eso terminaron esparcidos. Al principio le pedí al profesor Riddle que juntara los espejos en un solo lugar, pero… hubo inconvenientes. El resto de la historia ya la sabes.
—Fascinante —dijo Harry con un poco de sarcasmo—. No sé porque esperaba un cuento con princesas y dragones.
Dumbledore sonrió.
—Las cosas no siempre son tan complejas como aparentan, hijo. Me guarde el relato porque tu padre me comento que sueles hacer las cosas con más entusiasmo si al final te aguarda un misterio.
Harry tuvo que darle la razón al director.
—Gracias por contarme. Si me disculpa, debo de retirarme.
Albus asintió en respuesta. Vio como el niño se daba la vuelta para poder salir de la oficina y caminaba hasta la salida con paso lento pero elegante.
Miró a Fawkes que descansaba a su lado.
—Es un chico curioso ¿no? —le preguntó Dumbledore al fénix. Éste simplemente aleteo.
4
Las vacaciones de la familia Potter siempre se reducían a Lily intentando que Harry estudiara y a James intentando que Harry dejara de estudiar por órdenes de su madre y saliera con él a jugar quidditch o a recorrer el Callejón Diagon en busca de aventuras.
Pero esta vez fue diferente.
Harry miró desde la comodidad de un sillón como sus padres corrían de un lado a otro ordenando pergaminos y libros para la reunión que tendrían los miembros de la Orden del fénix en dos horas en su casa. Vio que su padre tenía una expresión de angustia, su madre por otro lado parecía a punto de llorar. No recordaba cuando fue la última vez que sus padres estuvieron a ese estado.
"Se acercan tiempos difíciles, Harry, así que James y yo estaremos ocupados. Espero que te comportes adecuadamente", había dicho Lily.
Harry miró el libro que tenía en manos, era sobre técnicas de duelo nivel medio. Su madre se lo había dado para que lo leyera e hiciera un resumen. Según ella, de esa manera se entretendría y gastaría energía. Suspiró y lo cerró. A pesar de que le gustaba leer sobre hechizos hechos específicamente para enfrentamientos no se sentía de humor. Todo el ambiente en su casa gritaba angustia y desesperación. Se tallo la cara con las manos, luego se levanto y dejo el libro sobre el sillón. Pensó que lo mejor sería irse a su habitación a dormir o a armar un rompecabezas o cualquier otra cosa que lo distrajera y le quitara la sensación pesada que le acalambraba el cuerpo.
—Harry. —Una voz le impidió seguir su plan.
Volteó y se encontró con Lily.
—¿Sí? —Preguntó Harry con suavidad.
—¿Podrías acompañarme al Callejón Diagon? Debo de comprar algo de pergamino pues ya no hay… además esto ayudara a que te despejes un poco —dijo Lily con una sonrisa suave en el rostro.
Harry asintió con entusiasmo.
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Minutos después ya estaban en el dichoso lugar. Harry miraba a todos lados, notando que había menos gente de la usual. No puedo evitar preguntarse a qué se debía tal situación. Contempló a su madre, ella tenía un semblante serio y aprensivo.
—Mamá… ¿es necesario que sostengas mi mano con tanta fuerza? —preguntó Harry al sentir un ligero dolor.
—¡Oh!, lo siento cariño. —Lily sonrió avergonzada y enseguida aflojo su agarré—. Mira, ya llegamos —dijo al ver la papelería.
Harry no menciono que estaba siendo demasiado obvia. Era consciente del nerviosismo de su madre así que decidió no aquejarla. Entraron al recinto y fueron directamente por el pergamino que Lily alegaba necesitar. Luego pagaron y salieron. No dieron muchos pasos antes de que un estruendo se escuchara. Ambos se buscaron que había causado tal ruido y se encontraron con un edificio en llamas. Lily, que en ningún momento había soltado a Harry comenzó a caminar con prisa, soltando el pergamino que anteriormente habían comprado.
—Harry, por favor corre lo más rápido que puedas —dijo la mujer mientras esquivaba a las personas que al igual que ella pensaban que la mejor opción era huir del lugar.
El pequeño asintió y comenzó a correr, notó que su madre hizo lo mismo. Y que además sus ojos reflejaban miedo.
—¡Mortífagos! —Un grito desgarrado se escuchó y Harry entendió el porqué su madre le pedía correr. Vio la pequeña espalda de Lily delante de él y su cabellera pelirroja balancearse de un lado a otro.
—¡Señora Potter!
Harry buscó con la mirada quien había llamado a Lily y se encontró con un auror. Ella hizo ademán de detenerse pero al final siguió corriendo. El auror no se ofendió por tal acción, a cambio, corrió para alcanzarlos.
—Yo estaba haciendo compras cuando todo esto comenzó y en medio del desastre la reconocí. Trabajo para su esposo —dijo el hombre mientras corría y echaba vistazos fugaces a Harry que comenzaba a quedarse sin aire.
—Sería genial que pudiéramos seguir platicando pero no creo que sea el momento —comentó Lily.
El auror no puedo reprimir una sonrisa, la mujer tenía mucha razón.
—Lo sé, lo que quiero decir en realidad es que les escoltaré hasta El… —El hombre fue incapaz de continuar lo que iba a decir pues una maldición le alcanzo y logró dejarlo inconsciente o muerto, en el peor de los casos.
Segundos después Lily también fue derribada. Harry cayó al suelo irremediablemente pues su madre le sostuvo firmemente hasta el final. El pequeño sintió que su corazón se detuvo por unos segundos ¿su madre estaba bien? Fue lo primero que se preguntó, luego la respuesta llego con rapidez: probablemente. La maldición que daño a su madre no había sido verde.
Le costó ponerse de pie y estuvo a punto de intentar cargar con Lily para llegar al Caldero Chorreante pues este se encontraba cerca pero el ruido de pasos detuvo su hacer.
—Al parecer te encuentras solo y desprotegido, pobrecillo —dijo alguien a espaldas del menor de los Potter.
Harry casi juraba que conocía esa voz, pero la situación no le permitía ponerse a esculcar en sus recuerdos para comparar y encontrar quién era aquel que le hablaba. Con temor dio la media vuelta para ver si el desconocido no lo era tanto. Se encontró con un hombre que tenía el rostro cubierto con una capucha, lo único que se alcazaba a ver era su boca y su mentón. Por su complexión, lo poco que veía de su rostro, de sus manos y su forma de pararse asumió que era alguien más o menos joven.
—Estoy solo pero dudaría lo de desprotegido —dijo Harry sin medir las consecuencias de sus palabras.
El hombre sonrió y después rió. Se acerco a paso lento.
Harry se llevo una mano a su pantalón, ahí estaba su varita, recordó de forma fugaz que su madre siempre lo regañaba por ello.
—¿Es así? ¿Qué te parece si comprobamos que estoy en lo correcto cuando hablo de que estás desprotegido? —Preguntó el hombre con diversión.
Los ruidos iban en aumento, la cantidad de edificios que estaban en llamas o destruidos iban en aumento y aún se podía ve a gente que intentaba huir de aquel lugar que en cuestión de segundos se había convertido en un infierno a causa de un ataque del que poco sabían. Mortífagos corrían de un lado a otro, atacando a todo aquel que se pusiera en su camino pero se mantenían lejos de donde estaba el individuo encapuchado que ahora atormentaba al niño.
Harry tragó saliva y miró al hombre. Aquella forma en la que él le hablaba enserio le recordaba a alguien más pero su cabeza no estaba funcionando bien.
—Tenemos que seguir el método científico para comprobar quien está en lo correcto —murmuró Harry. Maldijo su sangre, ¿por qué los Potter siempre decían cosas estúpidas incluso en los peores momentos?
—Parece que incluso cerca de la muerte puedes bromear… tal vez debería de llevarte a mi casa y meterte en la jaula que ahora está ocupada por un cuervo, jugaría contigo cuando estuviera aburrido.
—Declino la oferta, señor —dijo Harry. Se abofeteo mentalmente, debía de detenerse de hablar sin pensar.
El hombre rió y sacó su varita, apuntándole al chiquillo. Éste tembló de forma involuntaria pero en medio de su miedo un pensamiento loco lo ataco.
—¿Señor Riddle? —preguntó sin saber por qué externo la idea que le rondó la mente.
El otro pareció exaltarse.
Entonces Harry abrió los ojos desmedidamente.
—¿Es usted? —preguntó de nuevo.
—Quien sabe —respondió el hombre mientras sonreía, hizo un movimiento con su varita dejando salir un hechizo.
Lo último que Harry vio fue una luz verde, ni siquiera tuvo oportunidad de defenderse.
Puff. ¿Qué puedo decir? ¿Cuándo fue la última vez que actualice esto o mis otros fics? A mí favor diré que yo no creía en esas historias de que la escuela absorbe vidas y almas y que es peor que los dementores. Pero en el último año y medio lo comprobé en carne propia, había días en los que con suerte dormía alrededor de dos horas y otros en los que terminaba la tarea e inmediatamente me iba a bañar porque ya era tiempo de que saliera de camino a la escuela. Sinceramente fue horrible, de sólo recordar quiero llorar.
Pero ahora estoy en mis vacaciones extra largas de dos meses (que no me eximen de seguir estudiando, pero algo es algo). Así que volveré a las andadas, espero poder terminar el fanfic en estos dos meses que tengo.
Me disculpo enormemente por mi tardanza, aunque quien sabe si hay alguien que espero a que volviera xD y si es la primera vez que entrar a echarle un vistazo a esto ignoren los dos párrafos anteriores.
