La historia comienza cuando los enanos están llegando a Rivendel, huyendo de los orcos enviados por Azog para matarlos. Sin saberlo, están siendo observados de lejos.
Capítulo 1
Esa mañana el valle estaba distinto. Oteó el horizonte desde un risco con el hocico hacia arriba y los olió, el hedor de los orcos y los inmundos huargos. Esos lobos que habían decidido volverse los perros falderos de aquellas asquerosas criaturas, la repugnaban y la hacían salirse de sus casillas. Pero respiro hondo con la nariz hacía el suelo para no olerlos más. Escuchó los cascos del mearas y cuando se volvió lo hizo con la forma de una chica. Elrond apareció junto a una guarnición de elfos armados.
- Están a cinco kilómetros hacia el este mi señor.
El rey elfo la saludó con una inclinación de cabeza. Tenía el gesto grave y concentrado en lo que le tenían que decir.
- Están siguiendo a unos enanos. También he olido a Gandalf y a algo más que va con ellos pero no he podido distinguir.
- Si, puedo verlos desde aquí. Pero no distingo bien lo que es, aunque puedo imaginármelo tratándose de el Mago Gris.- miró un momento a sus espaldas comprobando que los elfos sacaban sus arcos y flechas y tenían sus monturas preparadas.- Jing hija, adelántate y ocúpate de la retaguardia, nosotros acortaremos camino y los esperaremos en la entrada secreta.
Y la kitsune corrió como el viento mientras los elfos giraban a su derecha para adelantarse al incauto grupo que cruzaba el valle en dirección a Rivendel.
Jing disfrutó de tener a tres lobos huargos y a sus respectivos jinetes para ella sola. No pudieron herirla, era rápida, mortal; y estaba muy contenta por demostrarle a su padre cuánto había aprendido. Casi nunca salía a cazar orcos con ella y era una ocasión especial. Al parecer, Gandalf traía a unos amigos a Rivendel de paso hacía una misión de la que no había querido darle más detalle. Solo que estuviera lista para la cena. Pero cuando terminó de descabezar al último lobo se dio cuenta que llegaba tarde.
La compañía de Escudo de Roble al completo ya disfrutaban de los humildes viandas de los elfos en la terraza del palacio de Elrond. Jing intentó arreglarse lo antes que pudo con alguna ayuda, pero ya era tarde y sabía que no iba a complacer a Elrond. No podía parar de pensar en que iba a ver a Gandalf después de mucho tiempo y los nervios la aturrullaron.
Entró en la terraza corriendo, incómoda en un vestido muy impropio de ella. Y se fue directa hacia el mago que la esperaba con los brazos abiertos. Se fundieron en un sincero abrazo en el que ella acabó casi colgada del cuello del alto mago, con su cuerpo de adolescente tenía que ponerse de puntillas para poder hundir su rostro entre la espesa melena gris.
- Mi pequeña raposilla. ¡Cuánto te he añorado todos estos años!
- ¡Gandalf!- sacó la cabeza de su hombro y lo miró a los ojos. - Siempre que tu pasabas por aquí yo estaba en alguna misión fuera de la ciudad. Parecía que el destino quería reírse de mí.
- Esperaba mucho este momento, por eso me di más prisa en venir, porque sabía que esta vez ibas a estar aquí.
Jing sabía que era una verdad a medias, pero se alegró igualmente. Era su maestro que con tanta paciencia y esmero le había enseñado a usar su poder. Un cálido hogar entre la fría indiferencia que le procesaban los elfos. Y pensando en esto hundió su rostro en el pecho del mago pensando en no soltarlo más para que no pudiera irse.
- Jing hija mía, compórtate, tenemos invitados a la mesa.- la mano de Elrond y su voz la sacó del ensimismamiento y se azoró al darse cuenta del indecoros comportamiento que había tenido.
Miró tímidamente a su padre a modo de disculpa y se puso a su lado de cara al grupo, que la miraban con los ojos como platos y algunas bocas abiertas.
Eran todos enanos, pintorescos, bajitos, barbudos y con un fuerte olor que de alguna manera la reconfortó. Olían a pipa, a carne ahumada y a hierbas de la montaña, a tierra y a minerales. Se fijó en los más jóvenes que estaban ruborizados ante un comportamiento tan cercano con el mago y le parecieron realmente atractivos, lejos de todos los jocosos comentarios que oía de lo elfos afeminados y delgaduchos. Se fijó también en Bilbo, no olía como ellos ni parecía un enano, pero apartó la mirada para no ser descortés, solo para encontrarse de lleno con unos ojos azules intensos bajo unas espesas cejas negras. La conexión fue como una chispa en un suelo de hierva seca, cuando prendió los abrasó en pocos segundos.
Thorin se levantó al instante he hizo una reverencia, y todos los demás enanos, al darse cuenta de su torpeza imitaron a su líder, que se sentaba en la mesa junto a Elrond y Gandalf. Ella le devolvió el saludo y sonrió a todos los demás, todavía nerviosa por la presencia del imponente enano.
- Perdonad mis modales por favor, hacia muchos años que no veía a mi maestro.- el mago no soltó las manos de ella hasta que le dio un último apretón.
- Bueno, no puedo culparte puesto que yo también me alegro de tener a nuestro viejo amigo con nosotros.- Elrond se volvió hacia la sala y cogió una mano de la kistune.
- Soy Jing, hija de Elrond, de la Casa de las Bestias.
- Thorin, hijo de Train.- sus miradas volvieron a encontrarse, pero esta vez intentó evitarlos, porque la sensación en el estómago comenzó a intensificarse.
Uno a uno, todos se fueron presentado y ella les dedicó sonrisas a todos. Algunos como Kili hicieron exageradas reverencias y se ponían a su servicio, y entonces dejaba escapar una suave risa más de gracia que de aprobación. Al fin, se presentó el último de los 14.
- Bilbo Bolsón, de la Comarca.- un hobbit. Era el primero que veía y notó cómo se le iluminaba la cara y cómo el mediano se azoraba ante el escrutinio.
Gandalf apartó una silla para que se sentara a su lado. Aunque no iba a comer, había saciado su hambre hacía unas horas sabiendo que debía mantener las apariencias delante de los invitados. Elrond nunca le había permitido alimentarse de carne en su palacio.
Durante casi toda la cena, miró entretenida cómo los enanos cantaban y bailaban. Y de cuando en cuando, sus ojos se escapaban para observar al comensal frente ella, muchas él lo sorprendía a ella observándolo y otras era ella quién lo sorprendía a él.
No era tan viejo como había pensado, tampoco era de los más jóvenes del grupo, pero tenía un porte majestuoso, desafiante e intimidante que la cautivó al momento. Volvió a notar una presión en el vientre que no podía controlar y miró nerviosa a Elrond, cómo si él pudiera darse cuenta de algo. Pero parecía muy atento a la conversación. Aprovechó para volver a fijarse en Thorin, ahora en las manos; eran manos curtidas, grandes y a pesar de estar limpias, podía oler el cuero, sangre y tierra.
Cuando Jing levantó la mirada se encontró con los ojos de Thorin clavados en ella y en ese momento lo supo. La media sonrisa que intentaba disimular se lo corroboró. Había leído en su rostro sus pensamientos, no solo en sus mejillas sonrojadas y en su suspiro mal disimulado, notaba los ojos azules arderles.
- No habéis probado bocado mi señora, ¿os encontráis bien?
Su voz grave la taladró hasta lo más hondo de su mente. Y aunque no la sacó del todo del trance, hizo que se relajase un poco. Le obsequió con una sonrisa amable y le respondió.
- Mi dieta me obliga a tener unos hábitos alimenticios complicados. Y mi padre considera que aun soy joven para beber vino, así que me conformo con agua y así me permito acompañaros en esta velada.- vio los dedos del enano tamborilear inquietos y decidió apartar la mirada hacia Gandalf.- Tenía tantas ganas de verte Gandalf, que no podía perdérmelo.
Estaba nerviosa, se movió demasiado rápido y la cofia que llevaba en la cabeza y ocultaba sus orejas cayó sobre la mesa. Su primera reacción fue mirar a Elrond y vio que abrió los ojos sorprendido. Antes de que se enfadara quiso cogerla, pero se heló al ver que Thorin la había agarrado primero. La mayoría intentaron evitar mirarla, pero era muy obvio que las conversaciones habían cesado en pos de algo más interesante.
Jing, avergonzada no pudo evitar encogerse y echar las enormes orejas hacia atrás. Iba a alargar el brazo para coger lo que las cubría, pero éste la colocó a un lado de la mesa, lejos del alcance de la kitsune.
- Si me lo permitís, creo que así estaréis más cómoda.- Jing recogió la mano torpemente sin esperárselo.- Son magníficas.
Lo dijo bajito, pero lo suficientemente en alto para que los más atentos pudieran escucharlo. El ambiente volvió a cambiar, era tenso a su alrededor, pero para ella se detuvo en aquel preciso instante, nadando en aquellas amables palabras y en sus ojos profundos y penetrantes. Gandalf comenzó a hablar de cualquier otra cosa y todos volvieron a la normalidad. Todos menos ella.
Cuando Thorin volvió a mirarla fue él quién se ruborizó. Las orejas de zorro estaban levemente hacia atrás, los ojos a medio cerrar pero mirándolo fijamente, y se veían todos sus perfectos dientes marfíleos alineados en una sonrisa que había dejado de ser inocente.
Ella rompió el contacto visual para fingir prestar atención a la conversación de Gandalf y Elrond, cuando en realidad, comenzaba a maquinar las acciones que aquella noche marcarían sus vidas para siempre.
