Capítulo 2
Dejó la cofia y la túnica en su cuarto, que se encontraba tallada en la misma montaña que bordeaba todo el valle. Desde allí se podía observar todo. Era un antiguo puesto de vigilancia. De esa manera estaba cerca de la ciudadela, pero lo suficientemente lejos como para estar a gusto. Habían unas escarpadas escaleras talladas que subían hasta allí, aunque ella nunca las había usado, con su agilidad podía llegar a aquel saliente a casi 50 metros del suelo en un par de saltos.
Se miró en el espejo, casi se acaba de percatar de que tenía uno. Su cuerpo adolescente no medía más de 1,65 metros, había calculado que le sacaba solo media cabeza a Thorin. Empezaba a mostrar formas femeninas, estaba muy lejos de los escuálidos cuerpos planos de las elfas. Se acordó del escrutinio a la que la sometió Thorin, y se estremeció. Sonrió al ver con satisfacción que el vestido la hacía más femenina y recatada, y no la bestia que era. Y sobre todo, escondía sus indecorosas colas. Las sacó y se rió al ver que levantaba el liviano vestido hasta revelar sus piernas. Se corrigió a su misma por el descaro, pero reconoció que podía ser un buen modo de incomodar a su presa esa noche.
Se soltó la trenza del pelo para dejarlo caer sobre los hombros desnudos. Al sonreír al espejo, pudo ver al depredador tras la máscara de la chiquilla pecosa con enormes ojos amarillos. Cogió una capa más oscura y salió de su habitación. La caza esa noche iba a implicar muchas cosas, pero nunca había estado tan segura de que el riesgo iba a merecer por completo la pena. La puerta se cerro y la noche cálida de finales de verano le dio la bienvenida.
Thorin observaba desde la distancia a la compañía, cómo comían y disfrutaban de un merecido descanso. Tenía la mirada perdida, en realidad, mirando el bosque infinito. La voz de la kitsune lo sobre saltó tanto que perdió la postura.
- No habéis probado bocado,- estaba de pie, con los brazos apoyados en el banco donde descansaba el enano, echada hacia adelante y a escasos metros de él.- ¿os encontráis bien mi señor?
Thorin se levanto, no sabía si molesto, confuso o simplemente nervioso.
- Mi señora, no había notado vuestra presencia. Me disculpo.
- No lo hagáis, jamás la notaréis si yo no quiero.
Ahora si parecía un poco molesto.
- Perdonadme, se que no son maneras.- se sentó en el banco con los brazos apoyados en el borde e inclinada, como para acortar la distancia entre los dos.- No he podido contenerme.
Se hizo un silencio largo. Él parecía estar sopesando las posibilidades sin apartar sus ojos de ella. Al final pareció relajarse, y sonrió soltando una pequeña risa socarrona.
- Jugáis con el viejo y frágil corazón de este enano.- se llevó la mano al pecho solemnemente.- Me habéis pillado desprevenido, lo admito.
- Esa era la intención.- volvieron a mirarse. Ella divertida, ahora tenía el control; él sorprendido, no tenía ni idea de a qué venía todo aquello.- Parecéis tan serio incluso cuando estáis relajado, que no sabía cómo presentarme.
- Con haberos acercado desde un flanco o carraspear hubiera sido suficiente.
- Pero no igual de divertido.
- No me suelen decir esas cosas.
- Pues ya somos dos hoy.- movió las orejas, y vio complacida cómo desviaba la mirada hacia ellas.
Aunque se esforzaba por no sonreír notaba su barba temblar, y podía oír el corazón latir levemente más rápido.
- Perdón, se que estoy siendo maleducada, pero es que es la primera vez que veo a los hijos de Durin en Rivendel. No puedo perder la oportunidad de conoceros mejor.
- Allí hay muchos más enanos, a lo mejor mis sobrinos que son más jóvenes y enérgicos son mejor compañía que yo.
- No os equivoquéis Thorin, yo nací mucho antes que vos y que vuestro padre.- permitió que una de las colas asomara por de bajo del vestido y volvió a sonreír al ver que lograba captar su atención.- para los de vuestra raza, los míos somos demonios, peligrosos y embaucadores. Aunque me he criado entre los elfos, no he dejado de ser lo que soy.- El enano desvió la mirada y ella aprovechó para levantarse y colocarse a su lado, de manera que no pudiera evitar mirarla.- Pero no debéis temerme, mi señor, no traigo malas intenciones, solo sana curiosidad y ganas de conocer vuestra historia.
- No hay mucho que contar de mi.- sus ojos se volvieron fríos y tristes.- No es una historia apropiada para una dama.
- Sois Thorin, heredero del trono de Erebor. Y por lo que oí en la cena y pude deducir, vais camino a una aventura. Si eso no puede despertar mi curiosidad es que estoy muerta.
Thorin se mantuvo firme, pero no la hizo achantarse, a pesar de que le respondió con brusquedad.
- Vuestro padre Elrond o algún otro elfo ya os habrá contado la historia de la caída de Erebor, ¿no os basta eso?.
- Ellos no estuvieron allí mi señor, usted si. A mi me da igual lo que esos estirados digan, nunca será lo mismo que un relato en primera persona.- Jing miró por un momento al grupo que a lo lejos, se habían puesto a cantar enardecidos por el alcohol.- Pero no quiero que me hables de cosas tristes. Tu tuviste la suerte de poder vivir un tiempo en tu hogar. Cuéntame eso, cuéntame cómo era Erebor.
Aquello pareció surtir efecto. Thorin hinchó el pecho de orgullo y pasó a relatarle cómo fue la vida en el interior de la Montaña Solitaria hace muchos años. Jing se maravillo de la sensibilidad con la que hablaba de su vida en Erebor, incluso soltó alguna lágrima cuando comprobaba que su interlocutor se emocionaba. Amó la manera en la que sus ojos brillaban al hablar de su tierra. Acabó contando la huida de su pueblo, de las desapariciones de su familia y de su intención de reclamar su tierra.
- Es precioso. No deja de ser triste, pero ahora deberías mantenerte positivo y pensar que lo conseguirás. Si Gandalf cree en vosotros, yo también.
- ¿Sois muy cercanos el mago y vos?
Jing cambio de postura, dejando que una cola pasase delante de ella para sostenerla entre sus manos. Thorin volvía a estar incómodo, y se le notó en la postura.
- Cuando adquirí la séptima cola mis poderes sobrenaturales aumentaron considerablemente, y cómo Elrond no podía entender mi tipo de magia, tuvo que llamar a los magos. No se si el Señor Saruman envió a Gandalf o él mismo se presentó, pero durante año y medio venía asiduamente a Rivendel para enseñarme a controlar mis nuevos poderes, y a pelear sin armas con las técnicas del Ninjutsu.
- ¿Ninjutsu?
- Son técnicas de combates ancestrales. Tu mente controla tu cuerpo y tu cuerpo se vuelve un arma. La meditación no fue difícil, pero el endurecimiento de la piel fue duro.- enseñó sus manos con dedos largos acabado en una uñas blancas. Al ver que Thorin no se lanzaba acercó más la mano.- ¿ves?
Primero la miró una vez más para pedir permiso, y muy despacio cogió la mano adolescente. El roce liberó la descarga que no habían podido anticipar ninguno de ellos. En ese momento solo podía pensar el la mano, que era el doble que la de ella, cogiendo con delicadeza la suya. Primero tocó los callos de los nudillos y la descarga volvió a recorrerle la espina dorsal, después recorrió todo el tenar con su pulgar y finalmente el dorsal de la mano; donde se detuvo un largo rato que ella aprovechó para mirarlo.
- No, no son las manos de una dama.- y la soltó para decepción de Jing.
Él volvió a apoyarse en la barandilla para mirar al grupo de enanos de lejos y ella siguió observándolo, acababa de darse cuenta que tenía trenzas hechas por el pelo y los abalorios adornados con runas que resplandecían entre sus rizos azabaches y se entretuvo en contar las pequeñas arrugas que había en sus ojos.
Estuvieron así un tiempo, respetando el silencio; él fingiendo que no era observado y ella sin importarle lo más mínimo. Sabía que tenía poco tiempo y quería asegurarse de memorizarlo bien. Al final, el enano cedió algo molesto.
- No me gusta sentirme observado como un espécimen de estudio.
- ¿Cree que mi interés es meramente antropológico?
Él se giró para mirarla y no pudo evitar reír nervioso, cuando se encontró con la misma mirada pícara de antes. Se llevó una mano a la frente para apartarse algunos mechones. Era obvio que no estaba acostumbrado a hablar con mujeres, y menos con aquellas que parecían controlar la situación.
- No quiero incomodarle Thorin, pero tampoco quiero perder el tiempo que usted está aquí y no llegar a conocerle todo lo bien que querría.
- Soy un enano como otro cualquiera.
- Ningún otro había llamado a mis orejas "magníficas".- un nuevo mechón rizado caía rebelde por el rostro de Thorin y cuando quiso darse cuenta de lo que hacía ya estaba apartándoselo ella misma. Esta vez, el ruborizado era él, y fue tan obvio que apartó la mirada incómodo una vez más.
Le dio espacio. No quería asustarle y sin quererlo era lo que estaba consiguiendo.
- Nadie suele ser así conmigo nada más verme. Quizás usted no ha conocido a muchos demonios, pero no todos controlan tanto sus impulsos como yo y eso les procura la mala fama que tienen. Excepto Elrond, Arag... algunos humanos y Gandalf no he tenido mucha compañía. - miró hacia el grupo y sintió una punzada de celos.- A veces echo en falta amigos. Supongo que son tonterías de niña o caprichos.
- No lo son en absoluto. Todos necesitan una mano en el hombro a veces. Los elfos son unos estirados comeflores que...- cuando se dio cuenta de por dónde había acabado la conversación su expresión fue un poema de angustia, que se relajó en cuanto oyó la risa de Jing.
Había logrado que ambos se relajaran.
- No se preocupe, puede que de verdad se deba a la alimentación.
Siguieron hablando un tiempo, a veces lo dejaban para pasar a silencios relajantes en los que aprovechaban para mirarse. Él a veces miraba al rededor, como buscando que en algún momento alguien apareciese y lo pillaran en alguna falta. Cuando Jing lo vio hacerlo por quinta vez le preocupó.
- No pasaría nada si alguien lo viese conmigo mi señor. No está cometiendo ninguna ofensa.
- Sigue siendo hija de Elrond y dama de...
- Las damas, señor Thorin, no se acercan a los hombres a altas horas de la noche para hablar de técnicas de combate. Las damas no insisten cuando alguien las rechaza. La damas, muy señor mío, no juegan con fuego,- alargó la mano y de ella invocó un pequeño fuego azul que dejó casi hipnotizado al enano.- lo hacen con florecitas del campo, telas y agujas. Las damas no se enfundan botas y van a matar orcos y a salvar a los incautos que cruzan el valle sin avisar de su llegada.- la bolita de fuego salió de su mano y giró alrededor de la cabeza de él, que parecía no importarle.- no tengo costumbres de dama, y creo que eso hace que no sea una y que no me suelan tratar como tal.
Al empezar a ser rodeados por pequeñas llamas se dieron cuenta que la luz había ido menguando considerablemente y que ninguno se había fijado en ello. Thorin miró hacia donde estaban sus amigos y no vio más que unas tímidas ascuas.
Jing apagó las luces con un gesto de su mano y dejó a una al lado del enano.
- Tiene que ser ya muy tarde señor, y debería descansar.
- Si, creo que debería volver.
Ninguno tenía verdaderas ganas de irse, pero era lo más adecuado.
- La llama lo guiará y le alumbrará el camino. Buenas noche Escudo de Roble.
- Buenas noche, mi señora.
Justo al pasar a su lado, cometió la última imprudencia de la noche, envalentonada por la idea de que solo iban a ser unos días. Se inclinó y le dio un casto beso en la mejilla.
- Gracias por las historias.
Ella siguió adelante, no miró hacia atrás, pero podía imaginarse la cara del enano al notar aun el beso. Y Jing sonrió satisfecha por el trabajo bien echo. La noche siguiente volvería a la caza, con más confianza y las cosas más claras.
