Hermoso Amanecer
Capítulo 6
Las lecciones de hoy ya habían dado inicio. Y como en todo día lectivo, los estudiantes estaban aburridos, sentados en una silla y oyendo lo que decía el profesor o la profesora. Algunos aprovechaban este tiempo para recuperar las horas de sueño que habían perdido la noche anterior. Un ejemplo de ellos era Joey, quien ahora parecía disfrutar su estancia en el reino de los sueños, a veces murmurando cosas casi imposibles de entender, como "hamburguesa" o "estúpido Kaiba". Esta última frase era la que más usaba. La profesora parecía no haberse dado cuenta, o simplemente ya había desistido en sus esfuerzos por despertar al "rubio durmiente".
Pero no todos dormían, el famoso señor Kaiba estaba sentado frente a su computaora portátil, tecleando con rapidez y a veces mirando a Joey de reojo al escuchar los insultos que le lanzaba en su sueño. Era difícil creer que Kaiba siempre sacara 10 en todo a pesar de que nunca ponía atención en clase. Algunos creían que hacía trampa. Seto, sin embargo, alegaba que todo era gracias a su IQ, el cual era... muy lejano al de los demás. Esto hacía que todos se preguntaran por qué el señor Kaiba asistía a clases. Hasta ahora la única respuesta lógica era que el CEO quería darle un buen ejemplo a su hermanito, Mokuba.
Y mientras Kaiba seguía coqueteando con su computadora, un par de jóvenes parecían estarse divirtiendo. Eran Bakura y Marik, quienes estaban lanzado bolas de papel. Su objetivo era uno de los "chicos estudiosos", quien en ese momento intentaba poner atención, pero el ataque de bolas voladoras se lo hacía imposible. Sin embargo, el chico no decía nada, tal vez por la fama que se habían ganado esos dos como "sádicos sicóticos". Nadie querría tenerlos como enemigos.
Mientras tanto, no muy lejos de ahí, un joven albino muy parecido a Bakura miraba al frente con atención. Era Ryou, quien era conocido por su buena conducta. A su lado estaba Malik, quien al parecer estaba ocupado dibujando a la profesora en una forma no muy halagadora. Ambos chicos estaban muy concentrados en lo que hacían. Sin embargo, a veces Ryou le lanzaba una mirada fulminante a Bakura, indicándole que dejara su guerra, o mejor dicho tortura, por la paz. Pero el joven no parecía ponerle atención.
Y por supuesto estaba Yugi. Al parecer estaba muy ocupado mirando cada acción del joven a su lado, el cual conocía por el nombre de Yami. Pero este no parecía notarlo, ya que su mirada estaba enfocada en la ventana. Parecía estar perdido en sus pensamientos. Lo hacía muy seguido y Yugi ya estaba acostumbrado. Él también solía hacer eso, cuando estaba aburrido o tenía algo importante en que pensar. Así que los dos estaban en la misma situación.
-"Qué estará pensando?"- se preguntó el pequeño.Últimamente todo lo que ocupaba su mente era el joven de hermosos ojos carmesí. Era como una obsesión, una peligrosa obsesión. No sabía nada del chico, pero tal vez podría llegar a conocerlo. A menos que Yami no se lo permitiera. Él no podría obligarlo, jamás lo haría. Solo tenía que hacer que Yami se sintiera cómodo. Luego podría ocuparse de lo demás.
-Bien clase, como se han comportado tan bien durante la lección los dejaré salir al receso- habló la profesora. Y para sorpresa de muchos, Joey fue el primero en salir del lugar. Al parecer no estaba tan dormido como parecía.
Y así, los estudiantes fueron saliendo del salón. En desorden, como solía suceder siempre. Pero a nadie parecía molestarle, y a los que sí, simplemente se quedaban en el aula esperando que sus violentos compañeros abandonaran el lugar para luego poder salir ellos sin ser empujados o golpeados. Uno de estos casos era Kaiba, quien a veces hasta se quedaba en el salón durante todo el receso, y por supuesto, tecleando en su computadora. Algunos se preguntaban si el joven podría sobrevivir un solo día sin ese aparato. Para muchos, la respuesta más lógica era un simple "no". La Corporación Kaiba parecía ser lo más importante para Seto, además de su hermanito. Pero nadie conocía bien al CEO, así que todo era simples conjeturas.
Pero Kaiba no era el único que se encontraba en el salón. Yugi aun estaba ahí, al igual que Yami, quien en ese momento parecía estar buscando algo en su salveque. El más pequeño estaba guardando sus cosas, o por lo menos eso es lo que decían sus acciones.
Por fin, Yami encontró lo que buscaba. Caminó hasta el escritorio de la profesora, la cual estaba revisando unos papeles. Al escuchar los pasos del joven, la mujer alzó la mirada.
-Se le ofrece algo, señor Motou?- preguntó indiferente.
-Mi tarea de matemáticas- contestó Yami mientras le entregaba la hoja de papel.
-Muy bien, pensé que tal vez se le había olvidado hacerla, como siempre- le dijo la mujer. El joven no pudo evitar sentirse molesto ante este comentario. Por qué no podía ser más amable? Sin decir nada más se dio la vuelta y volvió a su lugar para recoger sus cosas. Guardó todo y se dispuso a salir del lugar, no sin antes lanzarle una mirada molesta a la mujer tras el escritorio. Tuvo suerte de que la profesora no lo notara, sino esta tarde tendría otra detención y eso definitivamente no sería nada agradable.
-Yami, espera!- exclamó Yugi captando la atención del joven. -Puedo acompañarte?- preguntó el chico al estar ya más cerca del otro. Yami no dijo nada por unos momentos, pero luego, su única respuesta fue un asentimiento. El pequeño sonrió con inocencia y se situó al lado del joven, a quien ya consideraba un amigo.
-No le prestes atención a lo que diga esa mujer, Yami- comentó Yugi de repente. -Esa profesora no sabe lo que es un cumplido-.
-Eso ya lo sé. Además, ya estoy acostumbrado a sus molestos comentarios- contestó el más grande.
Ambos caminaban tranquilamente por los pasillos. Para Yami, esta era la primera vez que pasaba el receso junto a alguien. Y aunque podría decirse que ya lo había hecho antes, cuando Yugi se sentó en su mesa días atrás, esta vez era diferente. Se sentía... bien, cómodo. No se había sentido así en mucho tiempo. Yugi, mientras tanto, estaba perdido en pensamientos. Estaba feliz de estar con Yami, de que al fin el joven haya aceptado acercarse un poco más a él. Pero había algo que lo tenía nervioso, y eso era la reacción que tendrían sus amigos cuando él les dijera que ahora Yami era su amigo. Sabía que entre todos ellos, sería a Joey a quien no le agradaría mucho a idea. No sabía por qué pero desde el principio Joey le había dicho que se alejara del joven que ahora estaba a su lado. Aun así él nunca le prestó atención y gracias a eso ahora estaba aquí.
-"No importa lo que Joey piense, no me alejaré de Yami y menos ahora"- se dijo el pequeño con decisión.
-Yugi!- exclamó una voz femenina. Yugi de inmediato volvió al mundo real. Alzó la vista y se encontró con Tea. -"Y ahora qué quiere?"- se preguntó fastidiado.
-Cómo estás querido?- preguntó la joven. El chico solo la miró molesto. No le había gustado como había sonado esa última palabra. -...Yugi-chan, estás ahí?- El aludido no pudo evitar molestarse aun más al escuchar como Tea lo había llamado. No le gustaba que lo llamaran así, sobretodo si venía de esa joven. Solo una persona podía llamarlo así y ese era el joven que estaba a su lado. Yami podría llamarlo de cualquier manera y él no se molestaría. Pero Tea...
-Qué es lo que quieres Gardner?- fue lo único que dijo, a pesar de querer decir algunas palabritas más.
-Quería que me acompañaras durante el amuerzo- respondió.
-Ahora estoy con Yami- le dijo Yugi. Ahora estaba muy molesto. Tea había ignorado por completo la presencia de Yami. Él era una persona, no una cosa.
-Es cierto! No lo había notado. Pero estoy segura que Yami no se molestará, verdad... Yami-kun?- le preguntó fingiendo amabilidad. Sin embargo, en su voz había un tono que decía "Si no dices lo que quiero te mato". Yami de inmediato lo notó y decidió contestar.
-No, claro que no. Ve con ella Yugi. Yo... tengo que hacer algo importante de todos modos- Después de decir esto, el joven decidió alejarse.
-Yami, espera- llamó el chico. El joven se detuvo. -Voy contigo- afirmó mientras caminaba hacia Yami. Este lo miró sorprendido. Lo había preferido a él?
-Supongo que entonces... nos veremos luego- habló Tea al darse cuenta que Yugi ya había tomado su decisión. -Hasta pronto, Yugi-chan- se despidió mientras caminaba en dirección contaria a la de Yami y Yugi. Pero antes de desaparece, le guiñó un ojo al chico de menor estatura y le lanzó una mirada llena de odio a Yami.
Yugi solo suspiró con fastidio. No le agrabada esa chica por tres razones: 1.Su carácter era insoportable. 2.Lo único que estaba buscando era su dinero. Y 3.Tea odiaba a Yami. Y aunque nunca lo había dicho, al menos de una manera directa, su miraba bastaba para saber qué era lo que sentía hacia joven.
-Por qué no fuiste con ella?- preguntó Yami, rompiendo el silencio que había caído. Tenía que admitir que se sentía molesto por la manera en la que Tea se le insinuaba a Yugi. Aunque no sabía por qué, o simplemente no quiería saber por qué. No sabía cual de las dos opciones era la verdadera. Todos sus sentimientos le habían dejado de importar desde hace mucho tiempo.
-No me agrada- contestó el pequeño.
-Pero estoy seguro que estar con ella es mil veces mejor que estar conmigo- comentó. Yugi lo miró entristecido. Yami pensaba tan bajo de si mismo, su autoestima debía estar en el suelo.
-"Me pregunto qué fue lo que lo hizo de esta forma"- pensó el chico. No le gustaba escuchar a Yami hablar así, lo hacía sentirse mal.
-De qué hablas? Por supuesto que es mejor estar contigo. Qué caso tiene tener a una chica coqueteando contigo solo por tu dinero? Tengo que admitir que eso me hace sentir mal- le dijo Yugi.
-Yo nunca me acercaría a ti solo por el dinero- afirmó Yami. Yugi sonrió y tomó la mano del joven, haciendo que este lo mirara. Sus ojos se encontraron, las joyas amastista y los rubíes cruzaron sus caminos. Yugi quería que sus miradas se quedaran donde estaban mientras él decía lo que tenía que decir.
-Es por eso que prefiero estar contigo. Es por eso que quiero que seas mi amigo...-
-Pero tú aun no me conoces- interrumpió el joven. Yugi sonrió. Yami había utilizado la palabra "aun", eso significaba que tal vez Yami sí le permitiría conocerlo.
-Eso ya lo sé. Pero desde la primera vez que te vi... no lo sé, fue algo tan extraño. Es como si ya te conociera. Como si de alguna manera... estuviéramos conectados- explicó Yugi. Nada de lo que había dicho era mentira. Esa era la razón por la que Yami había llamado su atención desde un principio. Era una extraña razón que ni él mismo entendía.
De pronto, los rayos del sol iluminaron sus rostros. Habían llegado a los jardines del lugar, sin siquiera haberse dado cuenta. Habían varios estudiantes por toda la zona. Algunos disfrutaban de sus almuerzos bajo la sombra de los árboles, otros charlaban con sus amigos y algunos otros jugaban o corrían. Yami miró el lugar. Solía venir aquí cuando no tenía nada que hacer. El sonido que hacía el viento al chocar con las hojas de los grandes árboles lo relajaba. Sin embargo, esta era la primera vez que venía a este lugar en compañía de alguien.
-Que hermoso lugar- comentó Yugi. -Creo que de toda la escuela, este es mi lugar favorito- agregó. -Busquemos donde sentarnos- propuso el chico. Yami asintió.
Después de buscar durante algunos minutos, ambos jóvenes encontraron un lugar. El pasto verde cubría la tierra mientras que varias plantas adornaban la pequeña zona. A los lados habían dos árboles altos. Sus extensas ramas cubierta de hojas verdes y algunas flores, propias de ellos, proporcionaban una amplia sombra, además de un aire más fresco. Era un ambiente perfecto y relajante. Habían flores por todo el lugar, las cuales seguramente habían caído de los árboles. Eran de un color violeta, pequeñas, pero hermosas de todas formas. El silencio reinaba, solo el viento se escuchaba. Pero el sonido que hacía no era molesto, lo cual era una gran ventaja.
Yugi sonrió al ver el lugar. -Creo que este está bien, no crees Yami?- preguntó. El aludido asintió. Ambos se sentaron y recostaron sus espaldas contra el tronco de uno de los árboles. Hubo silencio por unos momentos. Hasta que por fin, Yugi decidió hablar.
-Sabes Yami, sobre lo que dije antes, de que sentía que estábamos conectados, no es mentira. Sé que suena extraño, pero de alguna manera sé que es lo que hay en tu interior- comentó el chico.
-Qué es lo que hay?- preguntó Yami con curiosidad.
-...Tristeza...- respondió el chico. Yami lo miró sorprendido. -"Cómo demonios supo...?"- se preguntó.
-Algo pasó que hizo que tu corazón se llenara de ese sentimiento, cierto?- Yami no respondió esta vez. -Tal vez algún dia me dirás por qué estás triste. Pero solo recuerda que ahora tienes un amigo. Si algún día necesitas algo solo dilo. Si necesitas hablar con alguien recuerda que yo siempre voy a estar ahí- afirmó Yugi. Yami no dijo nada. Sus dientes mordían su labio inferior en un esfuerzo por no llorar. Yugi había tocado un tema muy doloroso para él. El recuerdo de su familia se hizo presente en su mente, esta vez amenazándolo con no irse jamás. Pero no podía llorar, no en frente de Yugi.
El pequeño notó el esfuerzo de Yami. Los ojos del joven estaban llorosos. Había que estar ciego para no notarlo.
-Si necesitas llorar, Yami, hazlo. Todos tenemos que llorar alguna vez- le dijo. Yami seguía sin contestar. Solo apretó un poco su mano, la cual estaba en la de Yugi. No se había dado cuenta de que aún estaban tomados de la mano, hasta ahora. La calidez de la piel del chico era reconfortante, pero aún así, las ganas de llorar no se fueron. No quería mostrar debilidad frente a Yugi pero no creía que pudiera aguantar por más tiempo. Así que decidió darse por vencido. No tenía caso luchar contra algo que era inevitablemente invensible.
Colocó sus brazos alrededor de Yugi y dejó que sus lágrimas corrieran con libertad. Yugi, aun sorprendido por la repentina acción del joven, abrazó el cuerpo de Yami con fuerza y permitió que este se desahogara contra su pecho. Se sentía feliz de que por fin Yami se estuviera abriendo, pero no podía evitar sentir tristeza al escuchar los pequeños sollozos que escapaban de la boca del joven. No sabía si reír o llorar. Lo único que pudo hacer fue susurrar suaves palabras al oído del joven.
-Está bien, Yami. Todo está bien. No estás solo, yo estoy aquí, contigo- susurraba una y otra vez.
-Los extraño. Los extraño tanto- decía Yami entre sollozos. Hacía tiempo que necesitaba hacer eso, desahogarse. Pero no tenía sentido hacerlo solo, no serviría de nada. Pero ahora podía hacerlo, porque ya tenía algo que jamás pensó que tendría, un amigo.
Los minutos pasaron lentamente, hasta que llegó la hora temida por todos.
El timbre sonó, anunciando que el receso se había terminado. Todos los estudiantes dejaron lo que estaban haciendo y se dirigieron a sus respectivos salones. Mientras tanto, Yami se separaba lentamente del abrazo de Yugi.
-Te sientes mejor?- preguntó el pequeño. Yami asintió. -Ya ves, llorar no es malo, al contrario, nos ayuda a liberarnos. Sobretodo si hay alguien junto a ti- comentó.
-El timbre ya sonó, es mejor que volvamos al salón- habló el joven. Yugi sonrió y asintió. Yami de nuevo había vuelto a su carácter frío. Pasarían algunos días antes de que volviera a ver al Yami de hace unos momentos. Pero por lo menos ahora sabía que el joven le tenía más confianza.
Ambos se levantaron y caminaron hacia el interiordel edificio. Después de unos minutos, ambos ya se encontraban en el salón. En realidad fueron los últimos en llegar. Así que cuando entraron, todas las miradas se centraron en ellos. Y como era esperado, muchos estudiantes empezaron a murmurar cosas entre ellos, al ver a Yami junto al chico millonario conocido como Yugi. El joven solo bajó la mirada, como solía hacerlo siempre. Sin embargo, Yugi le tomó la muñeca indicándole que manteniera la cabeza en alto. No tenía por qué esconderse.
-Olvídate de ellos, Yami. No saben hacer otra cosa más que murmurar- susurró el pequeño. Yami no parecía muy seguro al principio, pero luego asintió de todas formas. -Vamos- le dijo mientras caminaba hasta su lugar, con Yami detrás.
Ambos se sentaron y dejaron que las lecciones dieran inicio nuevamente.
En unos pocos minutos, todos hacían lo de siempre. Joey dormía, Kaiba tecleaba, Marik y Bakura torturaban a cualquiera que se les pusiera en frente, Ryou ponía atención como un niño bueno, Malik dibujaba a la profesora, Yugi miraba cada acción del joven a su lado y Yami miraba por la ventana, sin darse cuenta de que era observado.
En resumen, nadie ponía atención, solo Ryou. Pero depués de todo el era el "pequeño obediente", así que poner atención era parte de su "trabajo" como estudiante estrella.
Joey, por otra parte, tenía que cumplir con su trabajo de "rubio durmiente", así que simplemente... dormía. Yugi tal vez se ganaría el título de "el observador", Kaiba el de "el teclista", Malik el de "el dibujante maléfico", Yami el del "mirón", y Marik y Bakura el de "los torturadores". Perfectos títulos que se adaptaban a cada una de las necesidades de estos jóvenes. Y por supuesto aun faltaba Tea, quien al parecer no estaba muy contenta con la escena que había presenciado hace algunos minutos, al ver a Yugi, SU Yugi entrar junto a ese PATETICO de Yami. Tal vez ella podría ganarse el título de "peligro en la esquina", o el de "fuego en el centro" ya que ahora parecía que iba a echar fuego por los ojos.
-"Ya veremos quien gana al final. Esa... cosa... no es competencia para mí"- pensó la joven mientras miraba a Yami con odio.
Mientras tanto, Yami estaba perdido en sus pensamientos. Su comportamiento de hace unos momentos lo tenía muy confundido. Había abrazado a Yugi y había llorado en su pecho, aunque no podía negar que ahora se sentía mejor. Pero eso era lo que lo confundía. Por qué se sentía mejor? No le había dicho nada a Yugi, solo había llorado un poco y ahora se sentía como si le hubieran quitado un gran peso de encima. No lo entendía, no entendía sus sentimientos. Todo esto era algo nuevo para él.
Yugi miraba cada expresión en el rostro de Yami. Podía ver confusión en los ojos del otro. Pero, por qué estaría confundido? Había varias cosas que no entendía del joven, y sus sentimientos era una de ellas. Sabía que había tristeza en el corazón del otro, pero eso era todo. No podía sentir nada más. Lo único que podía hacer era leer las expresiones del joven. Pero eso no ayudaba mucho. Tendría que esperar a que el joven se abriera más.
Las horas pasaron lentamente. El reloj que estaba en la pared indicaba cuanto faltaba para la libertad. Muchos estudiantes parecían estar hipnotizados, ya que sus ojos miraban el marcador del tiempo fíjamente. Ni siquiera parpadeaban. La profesora de historia seguía con su... historia del día. Al parecer tenía problemas de la vista ya que no había notado que nadie estaba poniendo atención. Solo un joven albino llamado Ryou, ya que los demás "estudiosos" estaban siendo torturados por los sádicos sicóticos del lugar.
Solo 5 minutos y serían libres. El segundero se movía con lentitud, volviendo locos a muchos de los presentes. Un minuto pasó, ahora solo faltaban 4 minutos. Ya era poco, pronto llegaría. Otro minuto pasó... 3 minutos... 2 minutos... 1 minuto... 10 segundos...
Por fin sonó el timbre. De inmediato, todos los estudiantes empezaron a abandonar el salón, sin siquiera esperar a que la profesora diera el permiso de salir. Era oficialmente la hora del segundo receso, y nadie permitiría que una profesora les quitara parte del poco tiempo que tenían de libertad. Cada segundo era valioso y no podía ser desperdiciado.
Y como era esperado, Kaiba se quedó en el salón, tecleando en su computadora. Cómo no se cansaba? Nadie lo sabía. Parecía una máquina que nunca se cansa. Al parecer el trabajo era algo de suma importancia en la vida de Seto Kaiba. Desperdiciaba su juventud en algo que podría hacerse luego. Un día de descanso no afectaría en nada a la Corporación Kaiba. Pero para Seto, la palabra descanso no existía.
Yugi, sin prestarle mucha atención al asunto, se acercó a Yami.
-Quieres venir?- preguntó. El joven asintió haciendo que una pequeña sonrisa se dibujara en los labios del más pequeño. -Sígueme- le dijo meintras caminaba fuera del lugar. Yami obedeció y se mantuvo cerca de Yugi. Se sentía cómodo al estar cerca del pequeño. Prefería estar con él a estar completamente solo, como solía hacerlo antes.
Caminaron por los pasillos nuevamente, como lo habían hecho en el receso anterior. No había mucha gente, todos estaban afuera disfrutando del sol y algunos estaban en la cafetería. Y por supuesto, algunos otros estaban en la biblioteca. Pero esta vez Yugi no buscaba ir afuera, al contrario, donde quería ir era a un lugar que estaba dentro del edificio. Tal vez ahí encontraría a sus amigos, ya que era a ellos a quienes estaba buscando.
-Qué hacemos aquí?- preguntó Yami al encontrarse frente a las puertas de la cafetería.
-Voy a buscar a mis amigos- contestó el chico. Yami estaba a punto de protestar pero Yugi lo jaló del brazo obligándolo a entrar.
Yami no estaba muy contento. No quería saber qué pensarían los amigos de Yugi sobre él. Seguramente no sería nada bueno, después de todo él no tenía la mejor fama de la escuela. Y sobretodo estaba Joey, a quien no parecía agradarle. De seguro le diría a Yugi que se alejara de él lo más rápido posible. Aunque ahora que lo pensaba tal vez eso sería lo mejor. Tal vez él solo era una mala influencia para el chico. No quería que la inocencia de Yugi desapareciera por su culpa.
-Yugi-chan!- se escuchó que alguien exclamaba. Yami se dio la vuelta al igual que Yugi. Pero, en el caso de Yami, solo para sentir como algo frío se esparcía en su ropa. Era una gaseosa y ahora lo que quedaba de ella estaba en su ropa. Al parecer Tea la habían derramado "accidentalmente" sobre su camisa. Sin embargo, la reacción de la joven fue aun más molesta que el mismo "accidente".
-Mira lo que has hecho! Ahora tendrás que comprarme otra gaseosa! Por tu culpa se derramó esta!- exclamó la chico con furia. De inmediato, todos los estudiantes presentes dejaron lo que estaban haciendo para ver qué era lo que estaba sucediendo. -Eres un idiota! Pero que estúpido eres!- continuó la joven. Yami no dijo nada, solo bajó su mirada. Yugi, al ver esto, decidió intervenir.
-Por qué no te callas de una vez y aceptas que todo fue tu culpa!- Todos se quedaron boquiabiertos al escuchar lo que dijo el chico. Hasta Yami se sorprendió, jamás pensó que Yugi pudiera comportarse así. El carácter bueno y pacífico de Yugi habían cambiado completamente.
-Pero... Yugi-chan, yo no hice nada...- intentó decir la joven. Pero Yugi no quería escuchar excusas, así que de inmediato interrumpió a la joven.
-Por supuesto que hicistes algo! Y ya deja de llamarme así!- exclamó el pequeño. Al parecer estaba muy molesto. Tal vez si se lo hubiera hecho a él no estaría tan enojado. Pero no fue él a quien se lo hizo, fue a Yami. Y él no podía permitir que Tea lo ofendiera. Después de todo el joven no había tenido la culpa de nada, así que no merecía recibir insultos como si fuera un criminal o algo parecido.
-Pero fue su culpa! Es un maldito distraído...- se defendió. Pero de nuevo, Yugi no quería escuchar nada de lo que dijera esa joven. Así que la interrumpió de nuevo.
-Y tú que eres!- Más gestos de sorpresa inundaron el lugar ante este comentario. Nadie le había hablado así a Tea Gardner, nunca. Y el que lo hacía... estaba en graves problemas. -Escúchame bien, no voy a permitir que insultes a Yami. Ahora quiero que te disculpes y te largues- le dijo. La chica lo miró sorprendida buscando algo que le dijera que Yugi no lo había dicho enserio. Pero al parecer el chico estaba hablando muy enserio. Así que al no encontrar nada, decidió contestar.
-Jamás!- exclamó mientras se daba la vuelta y caminaba hacia la salida. Su paso era firme. Estaba enojada, muy enojada. Sin embargo, a medio camino, habían dos personas que bloqueaban su paso. Eran Bakura y Marik, quienes no parecían estar muy contentos.
-Acaso no escuchaste, niña? Discúlpate- habló Marik.
-No! Fue culpa de ese...- intentó decir. Pero de nuevo no tuvo éxito.
-Deja de insultar y discúlpate! A menos que quieras que te mostremos por qué somos conocidos como "sádicos sicóticos"- le dijo Bakura mientras se cruzaba de brazos. Era obvio que el miedo ya se estaba apoderando de la joven, se le podía ver en los ojos. En realidad lo mejor que podía hacer ahora era tragarse todo el orgullo que pasar dos minutos con esos dos. Sin más opción vocalizó las palabras mágicas.
-Lo siento, fue mi culpa- le dijo a Yami. De nuevo todos quedaron boquiabiertos, y esta vez sí que estaban sorprendidos. Tea GardnerNUNCA se disculpaba. Muy pronto habrían vacas voladoras y caerían diamantes del cielo.
Sin decir otra palabra, la joven salió del lugar, lanzando maldiciones cada segundo. Y todas iban dirigidas hacia Yami. Al parecer no descansaría hasta destruirle la vida a alguien que nunca le había dirigido la palabra. Pero los enemigos son fáciles de encontrar.
-Están bien?- preguntó Ryou con preocupación al asegurarse que la joven ya había salido. No se sentía cómodo con la presencia arrogante y orgullosa de esa chica. Le daba náuseas. Tea era verdaderamente insoportable.
-Sí, yo estoy bien... y tú Yami?- le preguntó. Sin embargo el joven no contestó. Varios minutos pasaron y aun no había respuesta. Pero de pronto, Yami empezó a alejarse, siempre manteniendo la mirada baja. Yugi de inmediato lo detuvo, tomándolo por la muñeca. Estaba preocupado por el joven.
-Yami, estás bien?- interrogó mientras intentaba mirarlo a los ojos, sin éxito.
-Quiero irme. No quiero quedarme aquí- susurró. Yugi miró a sus amigos al escuchar esto. En esa mirada iba una pregunta silenciosa que sus amigos entendieron muy bien.
-Vamónos de aquí- habló Malik. Yugi asintió.
-Vamos Yami- le dijo al joven. Este no dijo nada, solo empezó a caminar. Quería salir de ahí, no se sentía cómodo.
Todos salieron del lugar ante las miradas atónitas de los demás estudiantes, quienes aun no podían creer lo que habían presenciado. Yugi no les prestó atención, ahora quien le preocupaba más era Yami. Su mirada aun estaba baja. Varios mechones rubios caían sobre su rostro logrando cubrir sus ojos. Yugi no podía saber qué era lo que sentía el joven si no veía sus ojos.
Por fin, llegaron a los jardines, en donde Yami y Yugi habían estado horas atrás. Se sentaron en silencio. Nadie dijo nada por unos momentos. Solo el sonido del viento y el movimiento que causaba al chocar con las hojas y plantas era lo que hacía acto de presencia en ese momento. Pero por fin, el más pequeño decidió romper el silencio. Después de todo le preocupaba el estado de Yami.
-Yami, está todo bien?- preguntó Yugi. No hubo respuesta durante algunos segundos, lo que hizo que Yugi se preocupara aun más. Pero luego, y para su alivio, Yami habló.
-Lo único que hago es causarte problemas- respondió el joven. Aun miraba al suelo y sus ojos seguían ocultos.
-Eso no es cierto. No fue tu culpa, fue Tea quien empezó todo- le dijo.
-Yugi tiene razón. Esa Tea siempre está buscando una razón para pelear con los demás. Es como un parásito- comentó Malik.
-No te sientas mal, Yami. Nada de esto fue tu culpa- habló Ryou.
-La próxima vez que esa mocosa hago algo como eso, juro que no tendré piedad- afirmó Marik.
-Yo tampoco, haré que "Tea la fea" se arrepiento de cualquier cosa que haya hecho- dijo Bakura. Yami los miró sorprendido. Lo estaban apoyando? A él? No entendía. Él creyó que los amigos de Yugi jamás lo acepatarían, pero ahora estaban aquí... apoyándolo. Aunque tal vez solo lo hacían por Yugi, para que el chico se sintiera bien. Después de todo a quien le agradaría alguien como él? -"Solo soy basura"- pensó con tristeza. Pero en realidad esa era la verdad. Era así como Yami se veía a si mismo, como basura. Un pedazo de basura inservible. Pero aun así, decidió preguntar.
-Eso significa... que me aceptan?- preguntó. Todos los demás sonrieron y asintieron.
-Por supuesto, Yami. Los amigos de Yugi son nuestros amigos- afirmó Ryou. Todos asintieron indicando que lo que había icho el joven era verdad. Yugi sonrió con alegría. Sus amigos habían aceptado a Yami. Ahora el joven no solo tenía un amigo, sino que tendría seis... -"Un momento, donde está Joey?"- se preguntó el pequeño. Miró hacia todos lados pero no vio al joven rubio. -"Supongo que fue a comer algo"- se dijo.
-Por cierto, hay que hacer algo con tu camisa- comentó Malik.
-Yo tengo una de reserva en mi casillero. La guardaba para cualquier emergencia- comentó Marik. -Creo que podrás usar esa mientras tanto- agregó. Yami lo miró un poco sorprendido. Al parecer Bakura y Marik no eran tan malos como todos pensaban.Por lo vistoesa faceta solo la mostraban cuando estaban con sus amigos.
Pero nadie se dio cuenta de que Joey estaba cerca del lugar. El joven había visto todo, desde lo que había pasado en la cafetería, hasta lo que pasaba ahora. Tenía que admitir que se sentía confundido. Yami no parecía ser la persona que él pensó que era. Pero tal vez estaba fingiendo. Aunque no parecía estarlo haciendo, todo se veía tan natural. No podía ser una simple actuación.
-Tal vez sí me equivoqué sobre ti después de todo- susurro el rubio mientras miraba la escena frente a él. Aun no estaba completamente seguro de si podía confiar en Yami o no. Pero su visión sobre el joven estaba cambiando... para bien.
