Hermoso Amanecer
Capítulo 7
Las lecciones del día ya habían terminado. Todos los estudiantes ya eran libres para hacer lo que quisieran sin tener que preocuparse por los profesores o las detenciones. Muchos ya estaban caminando hacia sus casas, otros aprovechaban la salida para platicar con los amigos, como era el caso de Joey, quien ahora estaba con Ryou y Malik.
-Y qué te dijo tu jefe, Joey?- preguntó Ryou. El rubio lo miró con una sonrisa triunfal.
-Que puedo irme durante todo el mes. Aunque al principio creí que me iba a despedir, no parecía muy contento. Pero luego logré convencerlo- respondió.
-Dijiste un mes?- interrogó Malik.
-Creo que eso fue lo que dije- contestó el joven como si el moreno hubiera dicho algo completamente fuera de lugar. Sin embargo, los dos chicos le devolvieron la misma mirada. -Y ahora qué les pasa?- preguntó Joey confundido. Ryou suspiró fastidiado. Su amigo lo había hecho de nuevo.
-Nunca pones atención o qué? El campamento será durante dos meses. DOS meses no UNO- explicó el albino. El joven los miró como esperando que le dijeran que lo que Ryou había dicho era una mentira, pero al no recibir ninguna señal, su cara palideció.
-Dos meses?- Ambos jóvenes asintieron. -Dos meses?- De nuevo recibió la misma respuesta. -DOS MESES? No puede ser! Mi jefe va a matarme!- exclamó. -Casi me despide cuando le dije que era un mes. Qué hará cuando le diga que son dos? Y lo peor es que se lo voy a decir un día antes-
-Tranquilízate Joey, no puede ser tan malo- habló Malik.
-Eso crees. No quiero volver a repartir periódicos. El trabajo que tengo ahora es el mejor que he tenido- le dijo. Por primera vez en mucho tiempo estaba decepcionado de si mismo. Por su falta de atención podría perder su trabajo. -"Mi padre no me ayudaría en nada, siempre está ocupado bebiendo licor"- pensó. Su vida no era fácil, a pesar de que él la hacía ver de ese modo. Sus amigos no sabían nada, nunca les había dicho. Ellos creían que él trabajaba solo para no tener que depender de su padre.
-No te preocupes, Joey. No creo que sea tan importante- comentó Ryou. El aludido lo miró serio, algo que era poco común en él.
-No lo es para ti. Voy a hablar con él, pero si no me deja ausentarme durante los dos meses entonces... no podré ir- afirmó. Sus dos amigos lo miraron completamente sorprendidos. No podían creer lo que acababan de escuchar. Joey prefería quedarse con su trabajo que ir a divertirse a un campamento? Tenía que estar loco para decir algo así.
-Acaso los extraterrestres se metieron en tu cerebro? Ese no es el Joey Wheeler que conocemos- le dijo el moreno. Sin embargo, Ryou pareció comprender lo importante que era ese trabajo para el rubio, por lo que decidió hablar.
-Hablas enserio?- Joey asintió. -Está bien, es tu decisión. Aunque no será lo mismo sin ti-
-Estás demente Ryou? Cómo puedes decir eso?- preguntó el otro joven. Pero no obtuvo respuesta.
-Malik, tienes que entender que esto es muy importante. Si no fuera así jamás me comportaría de esta forma- explicó el rubio. Malik lo miró por unos momentos aun sin creer lo que escuchaba, luego miró a su otro amigo quien solo asintió. Al parecer Joey hablaba enserio.
-Como quieras. Pero como dijo Ryou, no será lo mismo sin ti-
-Gracias chicos- susurró el rubio mientras sonreía.
-Pero tal vez todo salga bien y puedas ir- recordó el albino.
-Tienes razón... haré lo que pueda. Mis métodos de convencimiento son muy efectivos!- exclamó el joven antes de reír a su estilo. Los otros dos solo negaron con la cabeza varias veces. El Joey que conocían había vuelto.
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-No puedo creer lo que hizo esa joven- comentó Yugi. Yami estaba a su lado, como lo había estado durante ambos recesos. Ambos caminaban tranquilamente por los jardines del lugar. -Creyó que con su acto inocente podría engañarme- agregó.
-Simplemente no quería que estuviera ahí- contestó el más grande. Yugi no dijo nada por unos momentos. Lo que había dicho el joven era cierto. Desde el principio a Tea no le había agradado Yami, lo quería fuera de su camino. Él lo supo desde que la joven le había hablado sobre Yami. Pero por supuesto, lo que le había dicho no cambió su manera de pensar.
-Solo espero que no se vuelva a meter contigo. No tienes la culpa de nada- le dijo. Por alguna razón que él desconocía, sentía la necesidad de defender al joven. No quería que nadie lo lastimara, y eso incluía a sus amigos. Si tuviera que escojer entre Yami y ellos, escogería a Yami. -"Solo espero que Joey acepte a Yami. No quiero tener que alejarme de él solo por su falta de confianza"- pensó el pequeño. La decisión del rubio era la que más le preocupaba, ya que las otras habían sido todas positivas.
Y mientras Yugi seguía pensando en su amigo, Yami pensaba en algo más importante, al menos para él. Su preocupación se concentraba en lo que pasaría cuando tuviera que decirle a Yugi la verdad. No quería perder a su único amigo, pero sabía que no podría ocultar su secreto para siempre. Sería muy injusto para Yugi no saber la verdad. Aunque por ahora no diría nada, aun no sentía la confianza suficiente. Sin embargo, tal vez todo saldría bien y el chico lo aceptaría a pesar de todo.
-"Espero que no sea como él"- se dijo el joven refiriéndose al único familiar que le quedaba. En realidad ese hombre siempre lo había despreciado, a él y a su hermano. Todo por la simple razón de que no le agradaba su madre. Quería una mejor mujer para su padre que una simple enfermera, pero él nunca le prestó atención. -"Y por eso prefirió abandonarme en vez de ayudarme"- pensó. Pero luego, todas las personas parecían ser así con él, hasta que llegó Yugi. Desde el principio lo había visto de una manera diferente, algo que nadie había hecho desde hace tiempo. Y ahora eran amigos, pero gracias a eso se ganó una enemiga.
-En qué piensas Yami?- preguntó el chico sacándolo de sus pensamientos.
-Nada importante- respondió. Yugi solo lo miró un poco decepcionado. Al parecer Yami aun no le tenía la confianza suficiente. Pero qué podía esperar? Solo había pasado un día, y este no era un joven común. No iba a ser fácil ganarse la confianza de Yami, pero estaba dispuesto a intentarlo. Sus pensamientos volvieron a invadirlo. A veces, lo que le había dicho Tea resonaba en su mente; y aunque él no quería aceptarlo, las palabras de la joven sembraban la duda en su corazón. Tal vez Yami solo estaba con él por... -"Qué estoy pensndo? Yami no es así. Y aunque no lo conozca muy bien, sé que no me engañaría"- se dijo reprochándose a si mismo por permitirse dudar.
Yami aun no sehabía abierto del todo, pero había permitido que el chico se acercara a él. Y eso para Yugi era suficiente. Además, ahora que sus amigos lo habían aceptado, quizás Yami cambiaría. Aun así no quería que su forma de ser cambiara, simplemente quería que el joven mostrara quien era en realidad. Este pensamiento lo confundía. No deseaba que la personalidad del otro cambiara, pero a la vez sí quería ver un cambio. -"Solo quiero que Yami me muestro su verdadera personalidad, no creo que eso se un gran cambio. Cuando lo vi por primera vez tuve una idea de cómo podría ser su carácter, y hasta ahora parece que no me equivoqué"- pensó.
-Yugi- llamó Yami. El pequeño lo miró interrogante, pero se encontró con que el joven no lo estaba mirando a él. Dirigió su vista hasta donde se enfocaba la de Yami y de inmediato comprendió por qué lo había llamado el joven. Su limosina estaba a pocos metros de ahí, esperándolo. Tenía que admitir que esto no lo hacía sentir muy cómodo. Hubiera preferido caminar a casa como lo hacían la mayoría de los estudiantes.
-Supongo que ya debo irme- susurró. El joven a su lado asintió. -Quieres que te lleve?- preguntó con la esperanza de poder pasar más tiempo junto a Yami. Sin embargo, el más grande disintió.
-Tengo que hacer algo importante- explicó. Yugi hizo un gesto afirmativo, no quería presionar al joven. Después de todo jamás se ganaría su confianza si lo obligaba.
-Entonces, nos vemos mañana- se despidió mientras se subía al lujoso vehículo. Y por supuesto, antes de irse, le dedicó al otro una de sus sonrisas amigables, las cuales ya eran típicas de él. Yami, por otra parte, intentó sonreír, sin poder lograrlo de la manera que había querido. No sonreía a menudo, eso explicaba por qué le costaba tanto trabajo formar al menos una sonrisa pequeña. No recordaba como hacerlo, ya que simplemente, antes no había tenido una razón concreta para mostrar ese gesto. Yugi pareció comprender. Sin decir otra palabra, dejó que el chofer cumpliera con su trabajo.
Yami miró la limosina alejarse. Su rostro no mostraba ninguna emoción, ya que en ese momento, ningún sentimiento recorría su mente. Sin embargo, los pensamientos eran numerosos. Algunos giraban entorno a Yugi, y otros simbolizaban parte de sus situaciones personales, las cuales la mayoría no eran muy halagadoras. Tenía que admitir que tener al pequeño millonario cerca de él lo hacía sentirse tranquilo. Y a diferencia de lo que muchos ya deberían estar pensando, la idea del dinero no cruzaba por la mente del joven. Había aprendido que el dinero no era tan importante, pero tenía que admitir a pesar de todo era un símbolo que tenía cierta importancia en su vida. Sino fuera así, ya habría dejado su desagradable trabajo desde hace años. Era algo confuso, el dinero no era importante, pero a la vez lo era. Después de todo eso era lo que le daba de comer.
Ahora que lo recordaba, llevaba ya varios días sin ingerir alimento. Su cuerpo no le había recordado que necesitaba comida. No tenía hambre, nunca tenía. Pero quisiera o no, era una obligación comer aunque sea un poco de pan. Aunque ahora sentía que si comía algo vomitaría de inmediato. Tal vez tenía anorexia. Rió con sarcasmo. Anorexia, solo eso le faltaba. No le importaba de todas formas; jamás había cuidado su cuerpo. Al contrario, lo odiaba. Para él era algo horrible, asqueroso. Ya había sido usado tantas veces que tenía las marcas de muchas de las situaciones por las que había pasado. Pero al parecer a los hombres que se divertían con él no les importaba, tal vez por la oscuridad que reina al caer la noche. Siempre estaban demasiado ocupados para darse cuenta de lo que verdaderamente tenían en sus manos.
Se avergonzaba de su cuerpo, por eso siempre prefería salir cubierto con una chaqueta y una camisa larga, que no dejara nada al descubierto. Para su suerte, el uniforme era así. Eso hacía imposible notar lo delgado que estaba. Pero, tal vez Yugi lo había notado cuando lo había abrazado. Aunque no había dicho nada al respecto. Por ahora podría estar tranquilo, sin preocuparse por tener que dar explicaciones.
Para Yami, Yugi era todo lo contrario a él. Tenía un cuerpo delgado, pero no tanto como para parecer anoréxico. Su rostro era el de un niño, lleno de inocencia. En cambio, el suyo era completamente diferente. Lo que menos se podía encontrar en él era inocencia; ya la había perdido, desde hace mucho tiempo. Él no se consideraba atractivo, nada en él era atractivo. Es por esa razón, sumada a la de su visión sobre su cuerpo, por la que prefería salir con ropa que le cubriera todo el cuerpo. Sin embargo, en su trabajo tenía que usar ropa corta. Se sentía incómodo, pero no tenía opción. No serviría de nada si su piel estaba cubierta.
Cuántas veces había tenido sexo? Había perdido la cuenta. En realidad no le interesaba saberlo. Para qué? No tenía sentido. El sexo para él se había convertido en un deber, una rutina. No era nada fuera de lo común o algo especial como solían decir las personas enamoradas. Para ellas es fácil decirlo. Pero, de qué sirve el amor? Yami nunca lo había experimentado y no tenía interés de hacerlo. Además, quien podría sentir amor hacia él? No merecía amar ni ser amado. No quería sentir amor hacia nadie. No quería estar suspirando por alguien que jamás le correspondería. Era algo inútil.
Cuál es la diferencia entre el sexo y el amor? Ninguna. Ambos son lo mismo, dolor, solo eso. Tal vez él ya había tenido sexo, pero jamás había hecho el amor. Aun así, no tenía planeado hacerlo, porque no había nadie especial en su vida. Pero por lo menos ahora tenía lo que parecían ser amigos. No estaba muy seguro, pero tal vez eso traería cosas buenas. Por lo menos eso es lo que esperaba.
-Pero miren a quien tenemos aquí- comentó una voz femenina a sus espaldas. Yami la reconoció de inmediato.
-Qué quieres?- preguntó mientras se daba la vuelta y quedaba de frente a la joven. Esta solo lo miró con burla. Parecía estar enojada también, pero después de lo que había pasado sería sorprendente que no lo estuviera.
-He notado que te estás acercando mucho a mi Yugi- le dijo. La burla no había abandonado su voz. Sin embargo, intentaba reeplazarla con inocencia, fallando miserablemente. -No es correcto que hagas eso Yami-kun- agregó.
-Qué es lo que quieres?- preguntó nuevamente. No quería escuchar nada que viniera de Tea. Simplemente quería que se alejara de él y no volviera a acercarse.
-Que te alejes de Yugi- afirmó.
-Y quien va a obligarme?-
-Yo... y tu pequeño secreto- contestó. Yami de inmediato prestó atención a la joven. No podía ser... ella no podía saberlo. -Quieres que todos sepan lo que haces por las noches? Vaya, nunca lo hubiera esperado de ti. Pero al parecer las apariencias engañan- le dijo. Yami no contestó. -Qué pasa Yami-kun? Pareces nervioso. Acaso es porque sé en qué trabajas?-
-Tú no sabes nada- susurró el joven, intentando convencerse a si mismo más que a la joven.
-Por supuesto que sí. Yo te vi, estabas disfrutándolo mucho. Pero no pude quedarme por mucho tiempo, porque Wheeler se dirigía hacia el lugar. No quería que me viera, así que decidí irme. Pero no te preocupes, Joey no sabe nada. Llegó tarde- explicó. Yami se quedó callado. Ahora sabía por qué no le agradaba a Joey. De seguro ya lo había visto en alguna ocasión, aun así, Tea había dicho que él no sabía nada del asunto. Podía estar mintiendo,pero también podría estar diciendo la verdad. Además, si el rubio supiera todo, ya se lo habría dicho a todos.
-Es una lástima. De verdad no quería hacer esto, pero simplemente no me dejaste opción. Alguien como tú jamás podría ganarme. Solo mírate, tienes un cuerpo delgado que escondes bajo esa ropa, de seguro eres anoréxico. Tus ojos son carmesí, completamente fuera de lugar. En donde se ha visto una persona con ojos carmesí? Son horribles. Y quien sabe cuantas enfermedades debes tener, depués de todo dudo que te interese protegerte mientras trabajas. Nadie querría estar cerca de ti. Yugi solo te tiene lástima, nada más. No me digas que en verdad creíste que podían ser amigos, sí es así, eres más tonto de lo que pensé- comentó. Yami no habló, tenía la mirada baja y sus ojos estaban cubiertos por varios mechones rubios.
Tea tenía razón, no podía negarlo. La manera en la que ella lo describía era exactamente como él se veía a si mismo. Cómo podría compararse él a alguien como ella? La joven era bonita, no lo dudaba. Sus ojos eran azules, completamente normales. Tenía una buena figura, algo de lo que él carecía. Y estaba seguro que el cuerpo de la chica no estaba lleno de marcas como el suyo. No era popular por nada, tenía las características necesarias. En resumen, Yami era todo lo contrario a Tea. Entonces, eso significaba que Yugi solo estaba con él por lástima?
-"Por supuesto que sí... por qué más se acercaría a mí. Fui un tonto al hacerme ilusiones falsas"- pensó el joven. -"Simplemente era demasiado bueno para ser verdad"- se dijo con cierta tristeza. No sabía por qué se sentía así, no debería importarle. Yugi no podía ser tan especial, cierto? Era solo otro más, un chico común. Pero para Yami, el pequeño era diferente, a pesar de todo.
-Entendiste lo que quiero decir?- preguntó la joven. -Quiero que te alejes de Yugi, a menos que quieras que le diga a él y a todos cuál es tu trabajo- explicó. No había manera de negarlo, esta vez, Tea llevaba la delantera, y Yami no podía hacer otra cosa más que obedecer. A menos que quisiera que se revelase su secreto más grande, pero eso no estaba en sus planes.
-Haré lo que quieras- contestó. La chica sonrió complacida al escuchar esto. Se acercó al joven hasta que pudo sentir la respiración del otro.
-Eso era lo que quería escuchar- susurró antes de juntar sus labios con los del otro. Yami se separó de inmediato. -Qué te pasa? Creí que ya estabas acostumbrado- comentó ella. Al no recibir respuesta, decidió retirarse, mientras reía con sarcasmo.
Yami se quedó donde estaba. Llevó su mano hasta sus labios e intentó limpiarlos. Ese "beso" había sido realmente desagradable. Aun más que las palabras que le había dicho.
-Hija de...- susurró. Sin embargo, se contuvo. No tenía caso insultar. La joven ya estaba lejos y no escucharía nada. No valía la pena, ella ya había ganado. Ahora tenía que hacer lo que Tea le había dicho, tenía que alejarse de Yugi. -"Tal vez habría sido mejor si no me hubiera acercado a él"- Siguió ahí parado durante varios minutos. Había confiado en alguien, ese fue el error. Creyó que sus palabras eran sinceras, y parecían serlo, pero todo fue por lástima. Él odiaba que le tuvieran lástima.
Y de seguro, los amigos de Yugi solo dijeron aceptarlo para que el pequeño no se sintiera mal. Aun así parecían ser buenas personas. No estaba seguro de qué pensar en ese momento. Lo que había escuchado lo había confundido; ahora su mente era una mezcla de pensamientos.
-"Necesito ir a un lugar que me ayude a pensar... y sé exactamente cuál es"- pensó el joven. Por fin se movió. Ahora sabía a donde ir. Sus piernas seguían por si solas, mientras su dueño seguía perdido en sus pensamientos.
Se estaba haciendo tarde, el cielo lo decía. La presencia del sol estaba a punto de desaparecer, y las luces de las calles estaban por encenderse. Habían personas caminando por los diferentes lugares de la zona. Todas parecían tener prisa, ya que al parecer muchos venían del trabajo, con ansias de llegar con sus familias.
Yami centró su atención en un niño que jugaba con su pelota al lado de la calle. Una mujer lo miraba, al parecer era su madre. Estaba sentada en las escaleras que daban a la puerta principal de una casa. Probablemente era la casa en la que vivían. No era un lugar lujoso, y ambas personas parecían ser muy humildes. Sin embargo, el pequeño sonreía con alegría mientras jugaba con el objeto redondo.
Pero, como es común que pase, la pelota escapó de las manos del chico y se dirigió hacia la calle. Y para colmo, un vehículo venía pasando en ese momento. Sus llantas pasaron sobre el juguete como si solo fuera agua en el camino. Luego del pequeño incidente, lo que quedaba de la pelota llegó a los pies de Yami. Este no hizo nada por unos momentos, pero notó que el niño se acercaba. Parecía que estaba a punto de llorar. Tal vez ese era el único juguete que tenía.
-Es tu pelota?- preguntó Yami. El chico asintió.
-Era mi pelota, pero ya no sirve- comentó. El mayor alzó la mirada, encontrándose con la madre, quien ahora miraba a su hijo con tristeza, al otro lado de la calle. Aun no sabía si era la madre, pero por sus acciones parecía serlo.
Tal vez era solo un simple juguete, pero para ese pequeño parecía ser lo más importante. Yami simplemente no pudo evitar lo que hizo luego. Buscó en su bolsillo y sacó un billete.
-Toma, con esto puedes comprar otra- le dijo mientras le entregaba el dinero. El menor lo miró completamente sorprendido.
-Enserio? Gracias señor!- exclamó antes de correr hasta donde estaba su madre. Pareció decirle algo que hizo que la mujer mirara a Yami también sorprendida. Pero luego, una sonrisa se formó en su rostro y una palabra escapó de sus labios.
-Gracias- El joven sonrió. Se sentía bien por lo que había hecho. Pero ahora tenía cosas que hacer. Sin decir nada más, se alejó del lugar.
Tenía que admitir que estaba sorprendido consigo mismo. Antes jamás hubiera actuado así, y menos con un niño. Simplemente habría actuado con frialdad, como era su estilo la mayoría de las veces. A pesar de todo, de sentirse mal por lo que había pasado y por lo que era, sentía que su carácter estaba cambiando. Tal vez era mejor si cambiaba, tal vez eso lo ayudaría. No tenía nada de malo ser amable con los demás. Porque, después de todo, habían personas que estaban viviendo cosas peores a las que él tenía que vivir. Es cierto, su vida no era fácil, ni había sido fácil tampoco, pero también la de muchas personas. Además, en ese niño vio reflejada la imagen de su hermano. Puede ser que por eso lo haya ayudado.
-"No sé qué pensar. Ya no puedo acercarme a Yugi, me odio a mí mismo, odio mi vida... un momento, por qué incluyo a Yugi en uno de mis problemas? No me importa ese chico, no puede importarme..."- Sus pensamientos fueron interrumpidos al notar que al fin había llegado. Estaba frente al cementerio del lugar. Nunca había entrado, la idea jamás cruzó su mente, hasta ahora. El sitio estaba desierto, parecía una escena de una película de terror. Aun así, él no sentía miedo.
Entró en silencio y caminó por los numerosos caminos, buscando las lápidas que tuvieran gravadas los nombres de tres personas muy conocidas para él. Miró todas, en algunas habían rosas, en otras estaba la fotografía de la persona, y en algunas otras, habían juguetes o cosas que habían pertenecido al dueño del cuerpo que ahora estaba enterrado dos metros bajo tierra. El ambiente no era muy agradable, se respiraba el olor a muerte. La mayoría de las personas que entraban venían con el corazón roto, al saber que uno de sus seres queridos estaba en ese lugar, o por lo menos, lo que quedaba de ellos.
Por fin encontró lo que buscaba. Frente a él se encontraban tres lápidas, con los nombres de su padre, su madre, y su hermano. Abajo de ellos se encontraba la fecha de su muerte. No decía nada más, ni habían flores a la vista. Pero de alguna manera, Yami se sintió más cerca de su familia en ese momento. Era la primera vez que venía, y no estaba seguro de cómo actuar. Así que solo se sentó en el pasto y miró las piedras talladas. Quería hablar de sus problemas; tal vez su familia no lo estaba escuchando ahora, pero sin duda el hablar lo haría sentir mejor.
-Por fin he venido, después de 8 años. No tuve el valor suficiente para venir antes. Pero ahora tengo muchos problemas y necesito desahogarme- comenzó. Se sentía inseguro, pero continuó de todas formas. -Solo espero que no estén decepcionados. Y si lo están... creo que tienen todo el derecho de estarlo. No saben cuanto los extraño. Quisiera que estuvieran aquí, tal vez así... todo sería diferente- En este punto las lágrimas ya se habían hecho presentes en los ojos del joven. Estaba tan concentrado en lo que hacía, que no se dio cuenta de que era observado.
-Intenté hacer amigos, pensando que eso sería lo que ustedes querrían, pero... no creo que pueda. No sé qué pensar. No quiero la lástima de nadie. Todo parece estar en mi contra... que debo hacer? Estoy tan confundido- susurró. Jamás se habría imaginado que haría esto. Normalmente, él nunca mostraba sus debilidades. Pero ahora se sentía tan bien hacerlo, que no podía parar.
-Los extraño. Como quisiera poder regresar el tiempo para evitar todo. Quisiera volver a verlos, pero ahora lo único que me queda es una fotografía, nada más- Ninguna otra palabra salió de su boca, solo apagados sollozos. No se necesitaban sílabas ni palabras, el llanto lo decía todo. Era una escena triste, deprimente. Un joven que lloraba por su familia, la cual había perdido un día que había empezado como cualquier otro, pero se había convertido en tragedia.
Pero de pronto, hubo silencio. Yami no pudo evitar sorprenderse al sentir una mano en su hombro y escuchar una voz infantil. -Por qué lloras? Sabes que siempre vamos a estar en tu corazón-
De inmediato, el joven miró a su lado, pero para su sorpresa no había nadie. Miró a todas partes, pero no vio nada. -"Debió ser mi imaginación"- se dijo.
Mientras tanto, cerca de ahí, había alguien completamente sorprendido. Lo que acababa de ver era algo fuera de lo común. Un niño apreció de la nada, puso su mano en el hombro del joven y le dijo algo que no alcanzó a escuchar. Después, simplemente desapareció. Se sentía asustado, no podía negarlo. Lo que presenció... no sabía que fue... pero no era algo normal. Y el joven frente a él también pareció haber notado esa presencia.
-Me estoy volviendo loco- se dijo mientras sacudía su cabeza para librarse de esos pensamientos tontos y fuera de lugar. Fue su imaginación, solo eso.
Yami, aun sin ser consciente de que era observado, se levantó, ya sintiéndose un poco mejor. Limpió sus lágrimas y miró por última vez las lápidas. Tal vez podría volver después. Podría ayudarle como lo había hecho ahora. Y aunque no dijo nada con lujo de detalles, se sentía bien por lo menos haber dicho algo. Suspiró sin saber por qué. Tal vez porque se sentía más aliviado. Con paso lento, se alejó del lugar.
Ya era de noche, debían ser como las siete. El tiempo se había ido volando. Las calles ya albergaban la oscuridad, excepto por las luces que habían en ciertos lugares. A Yami no le importaba, ya estaba acostumbrado. Sin embargo, iba prestando poca atención al camino. Su atención en realidad estaba concentrada en sus pensamientos, los cuales en ese momento eran numerosos. Lo que había pasado en el cementerio aun lo tenía confundido, no parecía haber sido su imaginación. Además, había una posibilidad de que fuera real. Pero ya no importaba, lo único importante era que eso lo había hecho sentir mejor.
Pensaba volver, pero eso sería hasta que regresara del campamento, dos meses después. No sabía qué iba a pasar en ese lugar, aun así todo tendría que ser lejos de Yugi. Tenía que ignorarlo. Era difícil, pero ahora era una obligación para él; no había otra opción. No podía hablarle, acercársele... nada. Al menos que quisiera que Tea le dijera a todos la verdad, eso era peor.
-"Por qué mis pensamientos siempre tienen que llevarme a ese chico?"- se preguntó. Era cierto, Yugi siempre tenía que aparecer en su mente. No sabía por qué. Era un simple joven, como todos los demás. Qué había en él que fuera tan diferente? Su inocencia? O tal vez el hecho de que fuera millonario. Pero eso no le interesaba, nunca le interesó. El dinero se acaba, desaparece. Habían cosas que tenían más valor, pero eran pocas las personas que se daban cuenta de eso. En el caso de Yami, las riquezas no habían salvado a su familia. No reemplazaban el amor que años atrás había recibido. El tener dinero no le devolvería su vida, porque esa vida ya estaba perdida. Es cierto, la plata trae comodidades, pero nunca las comodidades que se pueden sentir cuando se está con los seres amados.
-"Por qué mi vida tiene que ser así?"- se dijo. Alzó su mirada, la cual había estado enfocada en el suelo. Para su sorpresa, se encontró en un lugar desconocido, y al parecer poco seguro. En donde se había metido? -"Maldición, eso me pasa por distraerme"- pensó con fastidio. Miró a sus alrededores, al parecer estaba en una especie de callejón. Estaba oscuro, como es de esperarse en lugares así. Un mensaje de alerta cruzó por su mente. Tenía que salir de ahí. Dio pasos hacia atrás, intentando alejarse. Pero algo lo detuvo.
-Miren lo que tenemos aquí. Qué hace una cosita tan linda como tú en un lugar como este?- preguntó una voz masculina. Miró en todas direcciones, buscando al dueño de la voz. Pero no encontró a nadie. Sin embargo, sabía que no estaba solo. Caminó hacia donde él pensaba que era la salida, pero se encontró con una figura humana. Por lo que podía ver era un hombre de alta estatura, y mucho más fuerte que él. Esto último lo comprobó al sentir sus manos ser tomadas con fuerza. De inmediato intentó escapar.
-Qué pasa pequeño? No tienes por qué tener miedo... nos vamos a divertir mucho- susurró el hombre. Yami, al escuchar esto, forcejeó aun más. Ya sabía a qué se refería con lo que había dicho, y no le gustó para nada. Siguió forcejeando, sin obtener resultados. -Quédate quieto!- exclamó el mayor con enojo. El joven no obedeció, lo que causó que el otro se enfureciera más, alzara su puño y golpeara a Yami en la mejilla.
El menor cayó al suelo por el impacto, casi inconsciente. El golpe había causado que todo diera vueltas y ahora sentía que estaba a punto de desmayarse. Estaba desorientado y no estaba muy seguro de lo que ocurría. El hombre, por otra parte, aprovechó esta oportunidad para empezar a cumplir lo que tenía planeado desde un principio. Se arrodilló y atacó el cuello de Yami con lengua y boca. El joven no oponía resistencia, su mente aun estaba borrosa.
Pasaron pocos minutos, hasta que el más grande decidió llevar las cosas a otro nivel. Sus manos se movieron por todo el cuerpo del chico, de manera sugestiva. Yami, mientras tanto, dejabaescapar pequeños gemidos. Su mente ya estaba volviendo a la normalidad, su mundo ya no daba vueltas como lo había hecho momentos atrás. Abrió sus ojos, los cuales había cerrado hace algún tiempo. Sin embargo, lo que encontró frente a él lo dejó sin aliento. Hermosos ojos amatista lo miraban con amor, mientras que el dueño de ellos le sonreía de una manera encantadora. Yami sonrió al ver la perfección del otro.
-...Yugi...- susurró su nombre con suavidad y cierta timidez. Pero de inmediato, todo desapareció. Yami se encontró acostado en el suelo de un lugar oscuro. A su lado, estaba el cuerpo de un hombre, quien al parecer estaba inconsciente.
-Por fin despertaste- comentó alguien. Yami reconoció al joven en segundos. Era Joey. Pero, qué hacía ahí? -Vámonos de aquí- le dijo el rubio mientras ayudaba al otro a levantarse. Al estar los dos de pie, Joey pasó el brazo de Yami detrás de su cuello, para ayudarle a caminar, ya que sabía que el joven aun se hallaba confundido.
En pocos minutos ya estaban frente a la casa del rubio. La puerta estaba abierta así que ambos entraron sin problemas. Joey dejó a Yami en la sala y entró a la cocina.
Mientras tanto, Yami ya estaba entrando en razón. Miró el lugar con confusión. Donde estaba? Sintió un punzante dolor en su mejilla. Llevó su mano hasta su rostro y la pasó sobre la zona afectado. El dolor se incrementó de inmediato, y no solo eso, al parecer su labio estaba sangrando. Retiró su mano y miró su dedo índice. Este tenía rastros de sangre, los cuales venían de su boca; más específicamente, su labio inferior.
En ese momento entró Joey. Al ver a Yami mirándolo con curiosidad, se acercó ysentó juntoa él.
-Toma- le dijo mientras le entregaba un vaso con agua. El joven lo miró sorprendido, pero el otro solo le sonrió. -Te daría otra cosa, pero solo eso tengo por ahora- agregó.
-No importa... con agua es suficiente- contestó Yami antes de tomar parte del líquido que se encontraba en el vaso.
-Y ponte esto en la mejilla, creo que te ayudará- comentó. El joven cogió el pequeño paño el cual envolvía un poco de hielo. -"Esto va a doler"- pensó antes de colocar el frío objeto en la mejilla lastimada. Un quejido escapó de su boca, pero pronto se acostumbró a la temperatura que poseía el objeto en su mano.
-Supongo que te estarás preguntando por qué te ayudé- habló el rubio. Yami asintió. -No sé si estarás contento con lo que voy a decirte. Te seguí desde que te fuiste de la escuela- El otro no dijo nada, como había esperado Joey. Así que decidió continuar. -Y lo que dijiste en el cementerio... no sabía que te había pasado algo así. Sabes, yo estoy pasando por algo parecido. Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 7 años. Casi nunca veo a mi mamá y a mi hermana. Y si eso ha sido difícil para mí ya me imagino lo que debe ser para ti haber perdido a tu familia- le dijo. Yami no contestó. -Qué pasa?- preguntó el joven al no recibir respuesta.
-No sé qué decir- susurró el otro. Su mirada estaba baja. No sabía qué pensar ahora. Joey lo miró por unos momentos, antes de hablar.
-Te juzgué mal, Yami. No eres como yo pensaba. Por eso quiero disculparme contigo- afirmó. Yami lo miró completamente sorprendido. Pero de nuevo, Joey sonrió. -Que dices,... amigos?- preguntó mientras levantaba su mano. El otro joven se quedó inmóvil durante algunos segundos, hasta que por fin estrechó la mano del rubio.
-Amigos- susurró.
-Hay otra cosa que quiero decirte. Nadie sabe de esto y no sé por qué quiero que lo sepas- comentó. Con un suspiro se quitó la chaqueta, mostrando sus brazos los cuales estaban llenos de golpes y heridas. Yami miró sorprendido todas las lesiones. -Mi padre es adicto al alcohol. Siempre que llega se desquita su furia conmigo-
-No entiendo, por qué me dices esto?- preguntó el joven confundido. Joey y él aun no se tenían mucha confianza. Sin embargo, el rubio le había dicho algo que nadie más sabía.
-No lo sé. Aun así, no quiero que se lo digas a nadie-
-Está bien. Pero no entiendo cómo puedes ser tan alegre a pesar de todo-
-Mis amigos no son mi padre. Cuando estoy aquí actúo de una manera, pero cuando estoy con ellos soy completamente diferente. No voy a estar triste todo el tiempo. Simplemente intento no darle tanta importancia al asunto, y así sigo con mi vida- contestó. Yami no dijo nada. Tenía que admitir que Joey tenía razón. No tiene caso estar deprimido todo el tiempo. No era ver las cosas de un lado positivo, sino dejarlas a un lado para poder seguir. Y eso era lo que él tenía que hacer, aunque fuera difícil. -Me siento mal por no poder ver a mi mamá y a mi hermana, pero no dejo que eso afecte mi vida diaria. Si no fuera así, pensaría que todos me odian- agregó.
-No es que no sea importante, es que no dejas que eso interfiera en otras áreas de tu vida- susurró Yami.
-Exactamente. Es por eso que soy tan... alegre. Así que anímate. Haz lo mismo que yo y ya!- exclamó el rubio mientras sonreía. El otro no pudo evitar sonreír también.
-Gracias Joey-
-No es nada, recuerda que ahora somos amigos. Por cierto, me di cuenta de lo que Tea te hizo en el receso. No le pongas atención, solo está celosa porque tienes toda la atención de Yugi- le dijo. Hubo silencio por unos minutos, hasta que Joey miró el reloj. -Qué? Las ocho? Tengo que ir a trabajar!- exclamó mientras se ponía de pie, ya que había estado sentado junto a Yami todo ese tiempo. -Ven, vamos- dijo al mirar que el otro joven no se movía. Yami obedeció.
Ambos salieron del lugar. -Por donde vives?- preguntó el rubio. El aludido miró a todas partes hasta que por fin encontró el conocido camino.
-Por ahí- contestó.
-Bien, por ahí tengo que ir también. Podemos ir juntos- comentó. El joven asintió, a pesar de que Joey no lo estaba viendo en ese momento. No caminaron mucho, el apartamento de Yami estaba cerca del sitio en el que se encontraban. Pronto, ya estaban frente al lugar.
-Aquí vives?- interrogó Joey. Yami asintió. -Bueno, supongo que entonces no vemos mañana. Porque vas a ir, cierto?-
-Es lo que tengo planeado- contestó el joven.
-Entonces, hasta mañana- le dijo antes de alejarse a paso lento. Sin embargo, al ver su reloj... -Qué? Pero si ya es muy tarde! Mi jefe va a matarme!- exclamó. De inmediato empezó a correr. Si llegaba tarde estaba seguro de que no tendría siquiera una oportunidad para hablar con su jefe, y eso significaba que no podría ir al campamento. -"Solo espero que hoy esté de buenas"- se dijo el rubio sin dejar de correr por las calles.
Corrió por varios minutos, siempre pensando en el tiempo. Sin embargo, y aunque él quisiera, el reloj no se detendría. Aun así, no estaba molesto. Al contrario, se sentía... aliviado en cierta forma, tal vez porque al fin había arreglado las cosas con Yami. Si no fuera así, en el futuro tendría varias peleas. No solo con Yugi; también con su demás amigos. Además, se había dado cuenta de que estaba juzgando mal al joven. Al parecer el pequeño Yugi tenía razón después de todo.
-Ese chico sí que sabe juzgar a las personas- susurró con seguridad. Pero lo que él no sabía era que Yami tenía un secreto, y no era el mejor y más agradable secreto de todos. -Por fin- se dijo al ver el restaurante en el que trabajaba. Entró al lugar y buscó a su jefe. Pero al parecer su jefe lo encontró a él.
-Wheeler... 10 minutos tarde- le dijo.
-Ya lo sé, es que tuve un... contratiempo- contestó. El hombre no pareció muy convencido. -Un amigo tuvo un problema y tenía que ayudarlo- explicó.
-Espero que estés diciendo la verdad- comentó el mayor. Joey asintió indicando que todo era verdad. Y lo era, no había inventado nada. -Es mañana que te vas a ese campamento, cierto?- preguntó el hombre.
-Sobre eso, jefe... quería saber si... se molestaría si me ausentara... un mes más- susurró el rubio. -Es que hoy me enteré de que no es un mes sino dos... y quería saber si me daba el permiso- agregó. Estaba preparado para lo peor, que era lo que seguramente pasaría. Sin embargo, ningún grito llegó a sus oídos, solo palabras dichas en un tono tranquilo.
-Dos meses?- Joey asintió. -Por qué nunca puedes poner atención a nada?- preguntó. El joven bajó la mirada. -Está bien, dos meses. Pero no quiero que vuelvas a hacer algo como eso... avisarme un día antes. Si lo haces, te despido- le dijo.
-Enserio?- interrogó el rubio sorprendido. No podía creer que todo haya resultado tan fácil. Pero de ahora en adelante tendría que poner más atención, sobretodo a las cosas que tuvieran que ver con su trabajo; el cual hasta ahora se había convertido en algo muy importante para él.
-Sí, sí, como sea. Ve a trabajar- le dijo. Joey obedeció de inmediato, no sin antes darle las gracias a su jefe y prometerle que nada parecido volvería a pasar.
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Yami ya estaba en su habitación. Su mirada perdida en el vacío, y su mente perdida en pensamientos. Solía hacer eso con frecuencia, no era nada nuevo para él. Pero esta vez, un solo problema cruzaba por todos sus pensamientos. Todos los amigos de Yugi lo habían aceptado, pero ahora él no podía acercarse al pequeño. Que haría? Ignorarlo? No podía, sería muy injusto para el chico. Entonces, que hacer? Tal vez solo volver a ser el mismo de antes, frío y distante con todos.
Aunque también tenía otra opción, y esa era ignorar lo que Tea le había dicho. Pero estaba seguro que si lo hacía, la joven le diría a todos la verdad. Era lo mismo, de todas formas perdería a Yugi. -"Supongo que entonces es mejor disfrutarlo antes de que se arruine todo y Yugi me odie"- se dijo. No estaba muy seguro, lo mejor era esperar hasta el día siguiente.
Miró a su derecha. En la mesita de noche había una fotografía. En ella estaban él y su familia. Todos sonreían, felices. Yami la tomó en sus manos. Recordaba ese día; fue cuando sus padres los habían llevado a él y a su hermano por primera vez a la playa. Todos sus recuerdos de ese día eran alegres. Sonrió con tristeza, sin dejar de mirar el objeto. Una lágrimas solitaria rodó por su mejilla, la cual ahora estaba lastimada por el golpe que había recibido. De seguro mañana amanecería peor que como estaba en ese momento. Se notaría a simple vista. Esa era un razón para que Yugi se acercara. Se preocuparía al verlo así.
Suspiró con tristeza; eso era lo único que sentía ahora. Llevó la fotografía a su pecho y se acostó en la cama, en la cual había estado sentado los minutos anteriores. El sueño empezó a llevárselo, pero él no opuso resistencia.
En pocos minutos ya estaba dormido, con la fotografía en sus manos, cerca de su corazón.
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Magi Girl: Bueno, aquí se termina el capítulo 7. Pobre Yami, siempre tiene que salir lastimado de alguna forma T-T Pero por lo menos recibió una visita de su hermano.
Y bueno, al parecer Joey ya aceptó a Yami. Ya era hora u.u Pero como siempre la Tea dando problemas. No puedo creer que haya dejado que Tea besara a Yami! Que asco! Lo siento fans de Tea pero no me agrada mucho esa chica, así que en este fic ella será la bruja mala del cuento n.n
Y sobre el campamento; empezará el próximo capítulo, el cual espero publicar pronto, a menos que mi musa se vaya de vacaciones.
Bien, creo que eso es todo, por ahora me despido
Gracias a Cerri, Princess Kushinada, Katsuv Akano, blacklady5481, Yugi Moto2, Shiroi Tsuki y Kida Luna por sus reviews en el capítulo anterior! n.n
Nos vemos
Ja ne!
