Disclaimer: Fairy Tail es propiedad intelectual de Hiro Mashima.
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Melted
por Onmyuji
VII. Responsabilities
Encendió el cigarrillo, con las manos temblorosas. Se preguntó cuánto tiempo le iba a tomar recuperarse de la impresión, pero luego de llevarse el cigarrillo a la boca, se esmeró por relajarse y pensar en otras cosas más alegres.
No resultó.
Dejó salir el humo de su boca, haciendo vaporosas nubecillas grises que se difuminaban en el aire. Tal vez la brisa del viento le calmara un poco, al sentir que el aire soplaba muy despacio en su cara, se desentendió levemente y sus músculos deshicieron tensión.
Se llevó el cigarrillo a la boca nuevamente y volvió a aspirar, introduciendo el efecto de la nicotina en su organismo.
—Water slicer. —Su cigarrillo de pronto fue cortado por una cuchilla de agua y luego lo vio todo arruinado en su boca. El tabaco húmedo sabía asqueroso, así que al sentirlo escupió desesperado para sacarse la terrible sensación de la lengua.
Al girarse, encontró a Juvia acercándose a ella con el gesto angustioso y entonces él reaccionó, dejando ver finalmente ese ojo morado y la mejilla hinchada, así como todos los golpes y contusiones que traía por el cuerpo semidesnudo. Afectado como nunca, caminó hasta ella y la tomó de los hombros, aprensivo.
—Juvia, nada de magia. No sabes si eso puede lastimar al b-b-be-... bé. —Enrojeció mientras la última palabra salía de su boca.
—Juvia realmente lo siente. Pero fumar es malo para Juvia y el bebé, Gray-sama. —Ella lució afectada al tiempo que ladeaba el rostro para evitar que él se sintiera peor que taimado por la forma en que ella reaccionaba ante sus propias preocupaciones.
—Eeeh-... yo... lo sé, lo sé. Yo-... lo siento. No volveré a hacerlo. —Sin dejar el sonrojo de sus mejillas, él se rascó ligeramente la mejilla, inseguro de cuál debía ser su proceder con ella ahora que estaban afrontándose a un nuevo panorama, juntos.
—Gray-sama, Juvia se estaba preguntando-...
—¿El qué?
—¿Gray-sama no odia a Juvia por tener un bebé? —El mago de hielo entendió a la perfección a qué se refería su novia. Pero el pánico que sintió cuando vio la tristeza en los ojos vidriosos de la maga de cabellos azules lo puso tenso y al instante ya se sentía agitado, tratando de tranquilizarla.
—¿De qué rayos hablas, Juvia? ¡Por supuesto que no te odio! —Y se rió nervioso mientras ella le veía con serias dudas en los ojos y luego temblaba en sí misma, encogiéndose de brazos—. Tch, ¿lo dices por Erza?
Nada más de recordar como Erza había apartado a Juvia para evitar que saliera lastimada y alzando su espada, le dio la paliza de su vida a Gray, a pesar de las súplicas lacrimógenas de la maga del agua porque se detuviera. Gray hizo lo que pudo para defenderse, pero nadie podía contra Titania cuando se trataba de defender la virtud de sus compañeras del gremio.
Gray estuvo, por algunos minutos, en estado de coma en el suelo, mientras Erza lanzaba una advertencia altamente amenazadora respecto al respeto a las chicas del gremio (como si ellas no pudiesen defenderse por sí solas, pero claro que Erza conocía bien a los hombres). Luego se volvió a Juvia y la felicitó, con la promesa de hablar con Gray una vez que sus humos se apaciguaran.
—¡Gray-sama, Juvia lo siente muchísimo! —Grandes surcos de lágrimas inundaban aquel bonito rostro lleno de desconsuelo, para la sorpresa de Gray, que se sintió inseguro e intranquilo alrededor de la maga—. ¡Por culpa de Juvia, Erza-san casi te mata!
—¡Hey, basta con eso! —Insistió Gray, ahora más irritado, mientras la sacudía despacio, esperando que ella le viera—. Todo está bien, ¿lo ves? Sigo vivo. Y basta con eso de que es tu culpa, —enrojeció mientras tanteaba mentalmente lo que estaba por soltar—, algo así pasaría en algún momento.
Ella enrojeció apenas la información llegó a sus oídos y tembló mientras lo observaba. Desde luego que habían tenido sus precauciones... aunque reconocía que no siempre, especialmente cuando las cosas resultaban de la espontaneidad de la situación. Pero aunque él había insistido, desde llevarla hasta su departamento, vivir juntos, comenzar una relación... todo; al final, los pasos más importantes los terminaba dando él. Y ella... bueno, Juvia no quería sentirse una carga para él. Por eso, el sólo pensar que Gray lo consideraba como algo natural para su relación (no necesariamente en el orden que estaba ocurriendo), la sorprendió a sobremanera. No era como si el mago de hielo fuera totalmente abierto con sus sentimientos, aún con ella.
—¡Pero Juvia ni siquiera es la esposa de Gray-sama! —Chilló más fuerte mientras se hacía ovillo en los brazos del mago de hielo, mientras palidecía de sólo escucharla hablar de aquello. Realmente rogaba que Erza ya hubiera dejado el gremio y no estuviera cerca para escucharlo conversar con Juvia.
—¿Ese es el problema? ¿Tantas lágrimas por eso? —Le alborotó el cabello mientras sentía que la risa le subía por el cuerpo y lo invitaba a soltar una risilla arrogante. Ella detuvo su llanto para verlo con más curiosidad que antes.
Gray estaba sonriendo.
—¿Vas-vamos a tener un bebé y esa es tu principal preocupación? —Él la jaló hacia su cuerpo y la abrazó para relajarla, sintiendo que ella cedía a sus muestras de afecto, consiguiendo que el estrés de ese día se le fuera de los hombros. No así él, que lejos del ojo observador de Juvia, comenzó a plantearse la idea de usar sus ahorros en los planes que su cabeza gestionaba para el bienestar de la familia que ahora formaba.
Con Erza o sin ella, de cualquier forma estaba jodido.
Erza sabía que era demasiado temprano para llegar al punto de reunión; ese donde Natsu, Happy, Lucy y Gray, junto con ella; habían acordado verse para su próxima misión. Sin embargo, ella prefería estar ahí con antelación para realizar las respectivas preparaciones, al menos de su parte.
El sol aún no salía y seguro quedaban una o dos horas antes de que el alba los alcanzara, por lo que no había lugar a dudas acerca de que sus nakamas seguían durmiendo, y seguirían hasta entrado el día (lo que a ella le daba mucho tiempo sola de relajación previo a la misión).
O bueno, casi.
Porque mientras se acercaba al acordado punto de reunión, Titania distinguió una figura que ya esperaba en aquel lugar, para su total sorpresa. Porque nunca nadie le ganaba cuando se trataba de llegar a tiempo, le sorprendió más descubrir en la lejanía de quién se trataba.
Gray.
El mismo Gray que había propuesto del aire hacer una de esas misiones locas y peligrosas que resultaban muy bien pagadas. El mismo mago de hielo que en esos diez días desde que regresó y se dio a conocer la noticia de que sería padre, no sólo no le hablaba, sino que le huía.
Aunque bueno, reconoció para sus adentros, quién no lo haría teniéndola a ella como principal amenaza a su vida.
Para su total sinceridad interna, sus humos ya se habían bajado notablemente. Se sentía alegre con la idea de que habría un bebé en el gremio (descontando a Asuka, que ya era una pequeña, como en tiempo en que Romeo pululaba tan pequeño en Fairy Tail). La simple idea era un panorama de oportunidades y emoción para la pelirroja, que además adoraba a los niños.
No significaba que estaba de acuerdo con que Gray le hubiese robado su virtud a Juvia antes del matrimonio. Pero aún había tiempo de repararlo.
Lo vio de espaldas, erguido bajo la luz de una de las farolas, con las manos refundidas en los bolsillos de su pantalón y parecía distraído, no muy segura de por qué o en qué, pero habló casualmente, sin intención de estudiarlo—. Así que madrugaste, ¿huh?
El azabache mago no pareció sorprendido, como si su presencia la hubiese detectado con mucha antelación. Ni siquiera lo sintió temblar ante ella, simplemente se giró y le prestó senda atención, hasta que Erza lo detectó. Rostro pálido, cansado y ojeroso. La boca femenina hizo gesto de intentar hablar, pero de sus labios no salió un solo sonido.
—¿Te vas a burlar? Sí, venga, hazlo. Así se ve un futuro padre que no espera la hora para irse de misión. —Tanteó el cuello de su ropa sintiendo calor de repente.
A la Titania se le cayó la mandíbula al ver con cuanta tranquilidad el parecía ansioso por comenzar la misión y recibir su respectiva paga. Inmediatamente se compuso y hablo, tratando en vano de contener las risillas al verlo tan descompuesto, pero natural—. ¿Asumiendo tu responsabilidad, huh? —Gray se sonrojó violentamente, antes de desviar la cara con vergüenza. Aunque ella de verdad que lo encontró adorable.
—Tch. Entre más pronto terminemos, más pronto puedo volver a cuidar de ella. Le pedí a Mira-chan que cuidase de ella... —Su chaqueta y playera ya estaban fuera cuando quiso tantearse el cuello de la ropa y dejó de prestarle importancia; Erza notó que parecía intranquilo—, pero quiero estar ahí para poder cuidarla por mi propia cuenta. —Reconoció.
Porque no estaba seguro de querer dejarla sin supervisión acerca del uso de la magia que ya le había exigido no ejercer, pero que aún seguía terca a olvidar.
Permanecieron en silencio más tiempo, ya reunidos ahí, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Erza lo observó de nuevo, pensativo y ausente, cada vez con menos ropa, cual lo usual. Y llena de preguntas y cosas que no había podido conversar con él en medio de todo Fairy Tail.
—Y... ¿Ya pensaste lo que harás respecto a Juvia? —Brazos en jarra, Erza atrajo la atención del mago de hielo, que le vio con una extraña mueca en el rostro, que procedió a recuperar color con un sonrojo en las mejillas.
—¡C-claro que lo he pensado! —Por lo visto, ni Juvia había sido capaz de conseguir que Gray se volviera una persona más abierta en cuestión de sus pensamientos y sentimientos. O quizás era esa una parte del mago de hielo que era visible con la maga del agua junto a él.
—Sabes que tienes qué casarte con ella. No puedes evadir eso. —Aquello no era una petición o una pregunta; era una orden. Erza se había encargado de darla como una. De todas formas, Gray no tenía que pensarlo mucho para saber que ella siempre respetaría las normas de conducta social por sobre todo.
Gray la miró en un mohín mientras reflexionaba sobre la forma en que ella hablaba y luego evocó todas esas indirectas que en el transcurso de diez días; Juvia, su novia y compañera de departamento, se había encargado de lanzarle en la cara sin descaro alguno y en todo lo relacionado al bebé. Ahora todo tenía sentido y la mirada de desagrado del azabache fue más obvia que antes—. Mujer del demonio. ¡Tú eres quién le mete esas ideas a Juvia en la cabeza! —Acusó.
Erza contuvo la risa mientras ponía su mejor cara de inocencia, encogiéndose de hombros—. No sé de qué estas habl-...
—Claro que me voy a casar con ella, Erza. ¿Por quién me tomas, mierda? —Las manos salieron de sus bolsillos y se cruzó de brazos, fingiéndose indignado como nunca, le dedicó una sucia mirada a la maga del ex-equip—. No es como si no me conocieras.
La maga se sintió un poco mal por la forma en que había juzgado a su nakama, pero ese sentimiento se le esfumó de la cabeza cuando recordó que él tenía toda la culpa. Por abusar de la inocencia de Juvia, por haberla embarazado. Por existir, prácticamente. Lo echó un vistazo por el rabillo del ojo.
—Realmente... siempre quise hacer las cosas bien con ella. Bueno, ya sé que no salieron tan bien; pero quiero que dejes de odiarme y quiero hacerla feliz. Ya sabes, antes de que se note que el bebé está creciendo y Juvia se ponga sensible. —Confesó, con el gesto serio, más seguro y convencido de lo que hablaba de lo que lo había visto en muchas ocasiones.
Los ojos de Erza se abrieron grandes, mostrando auténtica sorpresa. Oh. ¿Así que Gray había estado pensando tanto en eso?
—Así que te vas a casar. —Una afirmación llana y sin entonación que sólo parecía, a los oídos de Gray, la constatación de aquello que recién había declarado respecto a Juvia, él y su relación. Todo en ellos, en realidad.
—Sí, —Reafirmó, más seguro que nunca—, pero primero necesito un poco de dinero. Ya gasté casi todos mis ahorros preparando una habitación para recibir al bebé y-...
—¡Espera! ¿No es un poco pronto para tener un cuarto para el bebé?
—Si quieres, puedes decírselo a Juvia, Erza. Estoy seguro de que estará encantada de compartirte su opinión al respecto. —Le reto Gray con un gesto burlón y necio en la cara, muda amenaza de que la reacción de su novia no sería para nada agradable. Justo unos momentos después, se distrajo observando hacia el horizonte, donde el borde azul oscuro del cielo comenzaba a clarificarse para dar a tonos azules cada vez más brillantes.
Seguro a estas alturas, mientras el cielo comenzaba a clarearse y amanecer finalmente, Juvia habría vuelto a la cama y trataría de dormir un poco mientras él volvía. Eso, si no decidía volver a echar carrera al baño, a vomitar el corazón o los riñones en el proceso. O quizás se sentía lo suficientemente mejor para dar una comida ligeramente sustancial.
Pensándola de esa forma, era más difícil estar lejos de ella, pero era necesario ahora que tendrían un bebé, que ella no podría hacer misiones por un tiempo y que él tendría que responsabilizarse por completo de ellos.
¿Quién le habría dicho, un año atrás, que su duro corazón terminaría derritiéndose ante el amor de Juvia? Y que incluso, tendría un hijo con ella.
Sin percatarse de cuándo había ocurrido aquello, pronto sintió una de las manos de su nakama sobre su hombro y una voz seria pero orgullosa llamarle, arrancándole una sonrisa, y el recuerdo de Juvia nuevamente—. Eres un buen hombre, Gray.
Era la sonrisa de un mago que había cedido ante el amor de una mujer y que ahora tenía un brillante y feliz futuro por delante—. Tengo qué serlo. Por Juvia.
Fin del capítulo VII. Responsabilities.
PS. Bueno, pues este es el penúltimo capítulo de Melted. Al fin voy a terminar con este pequeñín (?) después de tanto que me he tardado en actualizarlo. No me entretendré mucho, mucho diré que me ha gustado mucho mucho escribir esto y espero que ustedes lo hayan disfrutado tanto como yo escribirlo :)
Nos leemos en el final de este fanfic :D
Onmi.
