Disclaimer: Fairy Tail es propiedad intelectual de Hiro Mashima.

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Melted

por Onmyuji


VIII. Melted


Nadie podía detener a Cana, ya que ni siquiera habían comenzado los festejos y ya se había zampado la primera reserva de alcohol para la fiesta. Nadie, hasta que Gildarts apareció en la entrada del gremio y saltó hasta su adorada hija para abrazarla, y ella comenzó a pelear con él, en un esfuerzo de quitárselo de encima.

Por fortuna el pastel nadie lo había tocado. Ni siquiera Erza, que de vez en cuando lanzaba miradas ansiosas por darle una buena mordida a ese pastel. Pero se contuvo. Porque cualquier daño al pastel lo pagaría cualquiera (incluida Erza) pasando el peor infierno, ya fuera muriendo dentro de un bloque de hielo, o ahogados. O ahogados antes de ser encerrados en un bloque de hielo.

Nadie quería meterse en problemas. Al menos no todavía.

Natsu seguía enfurruñado en una de las mesas, muriendo de hambre junto con Happy. Cada cierto tiempo, Lucy frotaba su espalda, rogando paciencia, asegurando que no tardaría más tiempo. O eso esperaban todos.

—¡Ya llegaron! —Romeo y Wendy gritaron desde la puerta de Fairy Tail, haciendo que todos comenzaran a hacer ruido al por mayor, entre gritos, vitoreos y un ambiente festivo generalizado, que comenzó con Mirajane, siendo asistida por Lissana, repartiendo la comida y las bebidas y comenzando a celebrar.

Un par de minutos más tarde, una pequeña familia de tres ingresó en el gremio, mientras todos gritaban felices «¡Feliz Cumpleaños!», que la encantada pareja de esposos repitió cerca de las orejitas del asustado bebé de cabellos negros que soltó su chupete para hacer un puchero.

Y luego la mano de su padre le alborotó el cabello y su madre le dio un beso en la regordeta mejilla haciendo que se tranquilizara. Entonces todas sus tías se arremolinaron alrededor de la pareja y el bebé voló literalmente de los brazos de Juvia a los de Levy y luego todas tuvieran que pedir turnos para cargarlo.

—¡Oh! ¿Quién es mi sobrino preferido que cumple un año?

—Levy, Levy ¡Yo también quiero cargar al pequeño Silver!

—¡Espera, es mi turno!

Desde la entrada, Juvia y Gray se rieron juntos mientras veían a todas las chicas maniobrar con el inquieto bebé que, cuando se lo proponía, ya podía hacer pequeñas travesuras con un poco de magia. Como arruinar el cabello de Lucy con poco de agua, para la indignación de la rubia, que lo reprendió suavemente antes de abrazarlo y llenarlo de besos.

—Tiene talento para esto de la magia, ¿huh? —Comentó Gray al aire, mientras buscaba un lugar donde sentarse. De pronto sintió algo de calor, pero cuando quiso sacarse la ropa, ya estaba medio desnudo en una de las mesas, ataviada de comida y bebida. Agarró lo primero que encontró en la mesa y zampó un bocado.

—¡Justo como Gray-sama! —Juvia, que hasta ese momento lo había seguido por todo el bar hasta sentarse junto a él, tomó su brazo y lo abrazó como si fuera la cosa más preciosa para ella, ensoñada. Gray pareció reacio e incómodo a esa muestra de afecto, pero no se quejaba en lo absoluto.

Habían pasado casi un año como pareja antes de casarse, poco después de que se enteraron del embarazo de Juvia; lo que marcaba con lógica que tenían poco más de un año de feliz matrimonio. Pero Gray recién comenzaba a acostumbrarse a las muestras de afecto de su esposa.

—Es increíble lo rápido que pasa un año, ¿No lo creen Gray, Juvia? —Mirajane se les acercó de pronto, con el pequeño bebé Silver en sus brazos. La pareja giró a ver a la maga del take over, haciendo muecas al bebé y este aplaudía emocionado, mientras el mago de hielo y la maga del agua sonreían embobados al ver al pequeño tan feliz.

Nada más de recordar el pánico en que entraron ambos cuando ella rompió aguas y anunció que el bebé estaba por nacer, Gray se ponía pálido. Y tras haber acompañado a su esposa en el alumbramiento de su primer hijo; al ver toda la sangre y todo el sufrimiento en el rostro de su esposa, que respiró con alivio ante la pena que había valido su esfuerzo, Gray se juraba que no tendrían más hijos después de Silver.

—Es una pena que no tenga con quién jugar... —Ahí venían, de nuevo. Desde hacía unos meses, cuando todas las chicas en el gremio descubrieron que el bebé ya podía sentarse, habían comenzado a lanzar ese sutil ataque, la pequeña gran indirecta del segundo bebé que Gray no estaba preparado y probablemente nunca estaría preparado para afrontar.

A su favor tenía el silencio de Juvia, que nunca trató de convencerlo de un segundo bebé. Bueno, no es como si él hubiese exteriorizado que no quería más bebés.

—¿Jugar? ¿Y qué hay de Asuka? —Natsu pronto se reunió con la pareja en la mesa, ahuyentando a la maga del take over y el bebé que cumplía años; y tomando lo primero que encontró para comer y metiéndose la comida a la boca sin ningún respeto o guardando modales (para fortuna de él, siendo que Lucy y Happy parecían concentrados en Silver).

—Asuka ya es un poco grande para jugar con Silver, Natsu-san. —Juvia levantó la mirada hacia arriba, en un gesto pensativo. Y entonces ella y Gray hicieron una mueca de desagrado, haciendo la anotación mental de descartar a la pequeña como una opción para jugar con su hijito; al recordar que la última vez que los dejaron jugar juntos, la pequeña había tratado cual muñeco de trapo al bebé.

No era como si a Silver eso pareciera molestarle...

Tratando de alejar lo pensamientos desagradables de su mente, Gray movió un poco su cabeza y se inclinó contra la mesa, acercándose a Natsu con una actitud triunfante y burlona, con el mero afán de picarlo—. Pero ve, cabeza de lava; que te he ganado. ¡Y esta vez no vas a poder superarme!

El rostro ofendido de Natsu se puso rojo mientras el mago stripper se cruzaba de brazos con autosuficiencia y esos aires de grandeza que solía darse cuando sentía que era superior a Natsu de alguna forma—. ¿Huh? ¿Tú? ¿Superarme? Jaja. Claro. Tú no podrás ganarme nunca, hielitos.

—Pero si ya lo hice, idiota. —Gray abrió un ojo para ver al dragon slayer enfurruñarse indignado por la razón que fuera que él se sentía superior. Entonces continuó—. Yo ya tengo un hijo y tú no.

—¡Jaja! Es tan simple como esperar a que tenga edad para derrotarlo. —Era claro que aquella idea no sonaba tan bien con las palabras puestas en el aire que en su mente, y fue consciente de que Gray no lo dejaría de molestar con eso si no pensaba en algo efectivo pronto.

—Oh, lo sé. ¡Pero hey! Es una lástima que no habrá nadie de su generación para pelear contra él dignamente.

Y el orgullo herido del dragon slayer lo tentó a levantarse a iniciar una pelea con el mago de hielo, pero fue ahí que dio la impresión de que realmente se lo estaba pensando. Porque sintió un escalofrío que le recorrió la médula espinal y luego la mirada amenazante de la madre del festejado, prometiendo dar guerra en caso de arruinar la fiesta de cumpleaños de Silver.

Y tendría el respaldo de todas las chicas del gremio, Erza incluida. Tembló.

Así que su mente rápido trazó un plan de respaldo. Y entonces pareció que las ideas conectaron en su cabeza exitosamente.

Ubicó rápidamente a la maga de los espíritus estelares, a la que encontró haciendo muecas graciosas al risueño bebé Silver y se encaminó furioso hasta ella, donde le quitó el bebé y lo pasó a los brazos de Lisanna; tomó de la mano a la rubia maga, llevándola fuera del gremio sin mediar una sola palabra con nadie más.

Gray contuvo la risa que casi lo aborda, justo en el momento en que su compañera de cabellos azulados echaba un vistazo a su rostro y le veía con una curiosidad cargada de desconfianza. Para cómo iban las cosas entre Natsu y Lucy, la maga de los espíritus estelares se lo agradecería algún día. O se encargaría de que lo hiciera, al menos.

—¿Qué es tan gracioso, Gray-sama? —Juvia parecía genuinamente interesada en lo que sea que fuera que mantenía a su ahora esposo tan entretenido. Él se giró a verla como si fuera la persona más interesante del mundo y jugueteó con su cabello, despeinándola.

—Tal vez Silver tenga pronto alguien con quien jugar. —Juvia no entendió en primera instancia a lo que se refería, pero cuando vio que Lucy discutía con Natsu a la salida del gremio, lugar al que su marido señalaba discretamente, la maga del agua no pudo sino sonrojarse ante lo que parecía una travesura hecha por el mago de cabellos oscuros.

—¡Oh, Gray-sama! Espero que eso no meta en problemas a ninguno de los dos. —Ella se rió, mientras su mente comenzaba a viajar entre la realidad y su imaginación, ajena a la atención que Gray le ponía a ella o a cualquier otra cosa, recordando cosas del pasado, comenzado a volar hacia el futuro distante—. Pero ¿y qué tal si Natsu-san y Lucy-san tienen una hija y se enamora de mi Silver? ¡No puedo permitir que me roben la atención de mi bebé así nada más! ¡Él es m-...! —La risa de Gray la interrumpió en ese momento, haciéndola sentirse indignada—. ¡Gray-sama, no te rías! Esto no es gracioso.

En realidad, sí que lo era. Sólo una mujer como su esposa podría preocuparse de un bebé que ni siquiera estaban seguros fueran a tener el dragon slayer y la contratista de espíritus estelares y su mujer ya tenía un ataque de celos—. Eres todo un caso, Juvia. —Y se acercó lentamente a ella, donde sus frentes se unieron, y le sonrió. Ella parpadeó, confusa, antes de sonreír, con una mirada endulzada en los ojos.

Gray siempre era así. Solía decir cosas a veces que ella no entendía del todo, pero no parecía ser molesto de ninguna forma. Era como si fuera su forma interna de recordarse todo lo bueno que tenían en su relación y que, en el momento menos esperado por ninguno de los dos, había nacido para unirlos. Porque el frío y duro corazón de Gray se había derretido y rendido finalmente al amor de Juvia.

—Gray-sama, eres el mejor.

Él sonrió en respuesta, encantado—. Y tú eres la mejor para mí, Juvia.

Juvia sabía que él correspondía sus sentimientos cada segundo a su lado. Y que ya no tenía qué gritar a los cuatro vientos (cosa que de vez en cuando salía a flote de su propia personalidad) su amor sin medidas por el mago de hielo para que el respondiera con igual ímpetu, con igual pasión.

Se concentraron en su pequeña burbuja enamorada, ajena a los ruidos y ambiente festivo del gremio y de su hijo, que en todo caso, se encontraba en buenas manos. Pero como si fuera parte de la misma celebración, Mirajane y Erza se acercaron con el bebé en brazos, como listas para devolverlo a los brazos de sus padres.

—El pequeño Silver-kun se está divirtiendo bastante, Juvia, Gray. —El bebé soltó una risita boba en los brazos de Mirajane antes de balbucear, para el encanto maternal que Juvia tenía ante su hijo, que le aplaudió feliz. Gray, desde su sitio, le hizo una mueca graciosa, que segundos más tarde, Happy, que se había aproximado a ellos, repitió para provocar las risas del bebé azabache.

—Eso me recuerda, Gray, Juvia... —La pareja de esposos se giró a atender a la maga de cabellos escarlatas, que jugueteaba con las manillas de Silver sin dejar de poner atención a Gray a Juvia, atentos a lo que fuera que estaba a punto de soltar—. Todos se han estado preguntando últimamente, ¿Cuándo tendrán al segundo bebé?

—¡Erza! —Chilló Gray con el rostro rojo de la vergüenza mientras Mirajane comenzaba a reír y luego Juvia se derretía completamente roja en sus brazos, producto de la enorme fantasía que Titania había plantado en su cerebro, por enésima vez desde que entró a Fairy Tail.

La escena era realmente familiar de alguna parte, pero no podía recordar de cuándo.

Y Erza realmente gustaba de joderlo en toda la extensión de la palabra.

—En realidad, Gray-sama,... —Juvia atrajo su atención unos minutos después de que la emoción comenzó a diluirse de su mente y ella pudo pensar con mayor calma—, bueno. Juvia no quería decir nada hasta estar completamente segura pero...

—¿Qué pasa, Juvia? Me estás poniendo nervioso. —El sonrojo provocado por la maga del ex-equip no se había terminado de desvanecer del todo. Y la forma en que su ahora esposa se doblaba con nervios en su sitio le dio una extraña y sospechosa punzada.

—Es que-... Juvia tiene un retraso. ¡Juvia cree que va a tener otro bebé de Gray-sama! —Y mientras las palabras salían de los labios de la maga del agua, los colores subían al rostro de Gray, que cambió algunas veces de color antes de que le diera el síncope de la impresión—. ¿Gray-sama? ¡Gray-sama!

Definitivamente, hay cosas que no cambian con el tiempo.


Fin del capítulo VIII. Melted.

Fin de Melted.


PS. Bueno, pues hemos llegado al final de este fanfic :3 me gustó mucho escribir de Gray y de Juvia, así que tengan por seguro que pronto seguiré escribiendo de este par, aunque tengo muchas ideas últimamente y no escribo nada XD en fin.

Gracias por seguirme en este fanfic y espero leerles dentro de muy poco tiempo :D espero leerles pronto, ya sea en otro longfic o algún oneshot :D

Onmi.