Hermoso Amanecer

Capítulo 11

Dos semanas habían pasado. El campamento no había resultado ser tan 'divertido' como habían pensado los estudiantes.

En realidad, casi no tenían tiempo libre. Los horarios eran exactamente los mismos del colegio. Habían pruebas, y también tareas. Fijándose bien, la única diferencia se notaba en el ambiente. Algo... desesperante, ya que en esa zona no habían televisores y por lo tanto no había posibilidad de entretenerse con un relajante juego de video. Sobretodo en los fines de semana, cuando no había nada interesante que hacer.

El único que parecía sobrevivir sin molestia, era Seto Kaiba. Claro, que el famoso CEO tenía su laptop las 24 horas. Todos los estudiantes miraban fijos la preciosa computadora del ojiazul. La amada tecnología que ahora no tenían.

Por otra parte, estaba Yugi. El chico no le daba importancia a esos detalles. Su preocupación era otra. Cierto joven de ojos carmesí.

Yami no le había dirigido la palabra desde aquel día en el que se habían besado. El joven desde entonces se comportaba distante y serio, tal y como lo había conocido.

Aún pensaba que era su culpa. Pero estaba decidido a hacer algo.

El chico camina en ese momento por uno de los pasillos del rústico edificio. Las clases habían terminado horas atrás. Ya casi atardecía. Sin embargo, no había visto a Yami por ninguna parte.

Y al parecer, tampoco estaba ahí.

Suspiró. No sabía qué era lo mejor que podía hacer, seguir presionando a Yami, o dejarlo en paz.

-Tengo que intentarlo- susurró, intentando convercerse. Se quedó ahí por unos segundos, hasta que un sonido lo sacó de sus pensamientos. Alzó la mirada, observando sus alrededores. Una hermosa melodía llegó a sus oídos.

Sintiendo curiosidad, siguió el bello sonido.

Éste lo guió con paciencia hacia una de las aulas, la de música.

Se acercó, apoyando sus manos contra la pared al lado de la puerta, la cual estaba abierta. Se asomó con cautela, sin intenciones de desconcentrar a quien fuera que estuviera adentro.

Miró el instrumento del cual provenía aquel sonido. Era un piano. Pero eso no fue lo que le sorprendió, sino el hecho de que era Yami quien lo tocaba. Lo observó, notando la concentración en los ojos del joven.

Y de pronto, la sopresa volvió a inundarlo, al escuchar cómo Yami empezaba a cantar con suavidad.

¿Cuán alto tendré que volar para perderte de vista en la lejanía?

Si esquivo la mirada, podría sentirme mejor

Pero siempre quiero mirarte allá donde esté

Sin saber por qué, un nudo se le formó en la garganta. El canto del joven era hermoso, pero al mismo tiempo, le sonaba triste. Se mordió el labio, deseando poder acercarse, pero prefiriendo quedarse en su escondite.

Porque no hay ninguna forma de olvidarte

Con la mirada perdida, sigo mirando sólo al cielo

Es casi como si fuera un pequeño pájaro encerrado en su jaula

Buscando la ventana, flotando a la deriva

Sonrió ligeramente. Conocía esa canción, pero en otro idioma. Era en verdad bella.

Ahora que lo pensaba, no tenía ni idea de que Yami sabía tocar el piano, ni mucho menos de que podía cantar. El joven de verdad era muy distante. Aún no sabía mucho sobre él. Pero debía ser paciente. Tarde o temprano Yami debía abrirse.

Alzó la mirada, dándose cuenta que por unos segundos la había bajado.

Ansío verte en este instante, porque te amo

Aunque quiero huir porque tengo miedo de ser lastimado

Si ésta jaula invisible a mi alrededor debe rasgar mis alas

Aún así, eres tan precioso para mí que me entristece

El chico miró con tristeza cómo Yami dejaba de tocar, solo para esconder su rostro entre sus manos y empezar a sollozar. Las ganas de acercarse volvieron, pero intentó ignorarlas. No le parecía debido ir con Yami. El joven de seguro necesitaba desahogarse. Y con él, Yami aún no sentía la confianza suficiente.

Pero al verlo así, sus propias lágrimas se hicieron presentes. Dos caminos de agua se formaron con las primeras dos gotas de cristal. En su afán por no ser descubierto, se alejó un poco, recostando luego su espalda contra la pared. Fijó la vista en la ventana al otro lado del pasillo y lloró en silencio.

En realidad, no sabía por qué derramaba lágrimas, pero su pecho le dolía, y sentía la necesidad de quitarse ese peso.

Se sentía tan lejos de Yami. El mirarlo todos los días y el dormir en el mismo lugar que el joven no ayudaba en nada. No compartían palabras. Yami ni siquiera lo miraba.

Suspiró levemente, liberando un poco de la carga que lo atormentaba.

Dos semanas, catorce largos días. Ese era el tiempo en el que había sentido la ausencia de la persona que amaba. Porque ya no tenía duda, amaba de verdad a Yami. Sin él, no sabía qué haría. ¿Cómo el joven se había convertido en parte de su corazón? No lo sabía.

Sonrió ligeramente. A decir verdad, le gustaba sentir esa clase de cariño por Yami. El joven era simplemente perfecto, sus ojos eran perfectos, su sonrisa era más que perfecta. Era algo casi imposible de creer. Pero ahí estaba, llorando dentro del salón.

Éste pensamiento volvió a entristecerlo. ¿Por qué Yami tenía que sufrir tanto? ¿Por qué no podía ser feliz?

Se alejó entonces de la pared, asomándose nuevamente por la puerta. Yami tenía la mirada baja, y aunque sus sollozos habían disminuido, era fácil identificar la tristeza en él.

-Yami... yo quiero hacerte feliz... yo voy a hacerte feliz- mumuró Yugi con seguridad.

Lo miró una última vez, antes de alejarse del lugar.

En el salón, Yami miraba con ojos perdidos el piano. Había sido una buena idea quedarse a veces después de clases tocando algunas notas. Sino lo hubiera hecho, de seguro ya habría olvidado cómo tocar el instrumento, lo cual no sería agradable, ya que eso le recordaba a su familia.

Cerró sus ojos, tomando algo de aire, el cual había perdido al llorar.

-¡Vas a ser un músico famoso!-

-Jaja, ¿famoso? No exageres hermanito-

-Pero no estoy exagerando. Si te esfuerzas puedes... o bueno, eso es lo que dice mamá-

-Jeje entonces quieres que sea un músico...-

-No, hermano. No importa lo que decidas ser... solo quiero que seas feliz-

Escondió su rostro entre sus manos, derramando incontables lágrimas nuevamente. El dolor en su corazón pareció intensificarse.

-Lo siento... snif... hermanito... snif... no soy feliz... snif... no lo soy- susurró entre su llanto. En todos esos años había aprendido una sola cosa, la felicidad no era para él. Lo sabía, y lo había aceptado ya. Cada vez que alguna situación parecía ir bien, algo tenía que interponerse.

-Si de verdad querían... snif... que fuera feliz... entonces snif... por qué... ¿por qué me dejaron?... ¿Por qué no me llevaron con ustedes?- sollozó impotente.

Sintió luego ganas de salir de ahí. No lo dudó siquiera, levantándose de la silla y caminando con pesadez. Caminó por los pasillos. No había dejado de llorar. No le interesaba si alguien lo miraba en ese estado. A nadie le importaría después de todo.

En unos minutos salió del edificio.

Se alejó entonces, caminando entre los árboles. Para su suerte, no había nadie en el lugar.

El atardecer ya estaba dando inicio. A lo lejos el sol se preparaba para ocultarse en el horizonte. Pero esos eran detalles que el joven no admiraba. Su llanto lo tenía más ocupado.

Yami alzó la mirada. Estaba en medio de la naturaleza. A su alrededor habías árboles, y para su comodidad, las cabañas no se veían.

Caminó un poco más, antes de detenerse de golpe.

Ahí, sentado y con su espalda recostada a uno de los árboles, estaba Yugi.

Lo miró por unos segundos. El chico miraba al suelo fijamente, al parecer perdido en sus pensamientos.

Yami no pudo evitar pensar en lo lindo que se veía así. Pero pronto, ese pensamiento fue opacado por su tristeza. Aquel dolor en su corazón volvió. Un impulso lo inundó, el cual le pedía a gritos ir donde Yugi y desahogarse en su pecho.

Intentó contenerlo. No podía ir con el chico.

-Quiero que te alejes de Yugi, a menos que quieras que le diga a él y a todos cuál es tu trabajo-

Recordó la amenaza de Tea, y eso lo obligó a quedarse ahí. Prefería mirar al chico de lejos, que acercarse y así ganarse el odio de éste. No podría vivir con eso.

Las lágrimas siguieron su rumbo, cayendo despreocupadas por sus mejillas.

Y aquel impulso seguía ahí. Quería acercarse al chico. Deseaba gritarle toda la verdad. Dio un paso y se detuvo. No podía decirle la verdad. No aún.

Pero ahora, solo quería llorar con alguien a su lado. No quería llorar solo.

-Solo mírate, tienes un cuerpo delgado que escondes bajo esa ropa, de seguro eres anoréxico. Tus ojos son carmesí, completamente fuera de lugar. ¿En dónde se ha visto una persona con ojos carmesí? Son horribles. Y quien sabe cuantas enfermedades debes tener, depués de todo dudo que te interese protegerte mientras trabajas. Nadie querría estar cerca de ti. Yugi solo te tiene lástima, nada más. No me digas que en verdad creíste que podían ser amigos, sí es así, eres más tonto de lo que pensé-

Sus lágrimas aumentaron al recordar las palabras de la castaña. Tenía razón. Todo lo que había dicho era verdad.

Pero aún así, aquel impulso no se fue.

No pudo soportarlo. Quería tener a alguien cerca en esos momentos.

Empezó a caminar, acercándose a Yugi, quien aún no había notado su presencia.

Se sentía muy inseguro, pero no quería detenerse.

En unos segundos, estaba a solo unos pasos de chico. Caminó un poco más, el césped abriéndole paso y emitiendo un leve ruido, el cual al fin llamó la atención de Yugi, quien alzó la mirada.

Aquellos ojos amatista se llenaron de sorpresa al ver a Yami ahí, su rostro bañado en lágrimas.

Iba a decir algo, cuando miró cómo Yami caía de rodillas. Y sin previo aviso, el joven se lanzó a sus brazos.

Por unos momentos, la sorpresa no lo dejó hacer nada. Pero luego, rodeó el cuerpo del joven con sus brazos. Se mordió el labio al sentir a Yami temblar.

Pronto, a su mente vino una idea.

Takaku dono kurai tonde ittara

Haruka tooku no kimi ga mienaku naru no?

Cantó. Era la misma canción que había escuchado de Yami.

Para su alegría, esto pareció calmar un poco al joven, quien en ese momento se aferraba fuertemente a la camisa del más bajo.

Hitomi soraseba raku ni naru kamo shirenai

Demo itsumo dokoka de mitsumete itai

Continuó. Pero se detuvo de pronto al sentir un movimiento por parte del joven.

-Estoy... snif... sucio- susurró. Yugi suspiró al escuchar esto.

-No Yami, no estás sucio- le dijo. El joven negó contra su pecho.

-Sí lo estoy... snif- Los sollozos volvieron. Yugi cerró sus ojos con fuerza. Las lágrimas cayeron también de sus ojos. No le gustaba que Yami hablara así.

Su leve llanto se mezcló pronto con el de Yami. Ambos lloraban por razones distintas, pero de cierta forma, era reconfortante para los dos, el estar juntos.

-Soredemo kimi wa kanashii hodo taisetsu na hito- mumuró Yugi. Yami alzó un poco la mirada, observando al chico con algo de confusión. -Aún así, eres tan precioso para mí que me entristece- susurró entonces Yugi. -Me entristece verte así- agregó luego.

Yami no dijo nada, solo recostó su cabeza contra el pecho del chico.

Si Yugi mencionaba ese canto, era seguro entonces que el chico lo había escuchado tocar y cantar minutos atrás.

Suspiró levemente, no dándole importancia a ese último detalle. No le veía revelancia alo hecho de que el más bajo lo hubiera escuchado.

Sus pensamientos giraron entorno a otro asunto. ¿Acaso Yugi de verdad lo había llamado precioso?

-"Es solo una canción"- pensó con amargura.

La sola idea le sonaba tonta. ¿Precioso? Claro que no. La mejor palabra sería repugnante. En verdad no sabía cómo Yugi soportaba tenerlo tan cerca.

-¿No sientes asco?- preguntó de pronto. Sintió el cuerpo del más bajo tensarse. Y no fue por temor, sino por sollozos.

-Yami... por favor snif... no digas eso- susurró Yugi. La simple pregunto la había hecho derramar lágrimas. -¿Sabes qué siento?- interrogó luego.

-¿Lástima?- respondió Yami. El chico suspiró. El joven no tenía nada de autoestima.

-Cariño y preocupación... y tristeza por escucharte hablar así- afirmó Yugi.

Después de esto no hubieron más palabras, hasta que un pensamiento obligó a Yugi a romper el silencio.

-Yami... ¿no quieres hablar?- preguntó luego. Sabía bien que el joven necesitaba desahogarse. Por unos segundos Yami guardó silencio, pero después de un ligero suspiro, respondió.

-Yo... yo quiero... abrirme contigo. Pero aún no- susurró Yami, sorprendiéndose a sí mismo. Aunque bueno, no había por qué preocuparse. Si le decía a Yugi la verdad, al menos sería él y no Tea.

-Está bien, Yami. Hazlo cuando estés listo- afirmó Yugi, sonriendo ligeramente. Esas palabras le habían dado esperanza.

-Solo... no me odias cuando lo haga- mumuró Yami, revelando su mayor temor.

-Nunca, lo prometo- habló Yugi. No podía siquiera pensar en odiar al joven. Dioses, lo amaba. Jamás podría odiarlo, sin importar lo que éste tuviera que decirle.

Yami no dijo nada más. Quería creerle a Yugi, de verdad quería. Pero, lo que tenía que decirle era más grave de lo que el chico pensaba. Estaba seguro que Yugi se alejaría tan pronto como supiera quien era en realidad.

Lo sabía muy bien, Yugi no iba a cumplir la promesa que acababa de hacerle.

----------------------------------------------------------------------------

Magi: por fin continué este fic n.n Damas y caballeros, ésta es otra de mis famosas 'inspiraciones de momento' xD Hmm y noté algo, no sé si es mi imaginación(es muy posible xD) pero leyendo un poco este fic vi que mi estilo de escribir ha cambiado un poco O.o Es decir, este es uno de los fics más viejos que he escrito(sehh y no lo he terminado -.-U), supongo que esas cosas cambian con algunos años. Pero bueno, puede ser, como dije antes, mi imaginación n.nU

Y una nota, la canción que aparece en este capítulo es "Caged Bird" de DNAngel. Y si me salió medio triste el cap es porque me la pasé escuchando una y otra vez mientras escribía xD Y pues, es una de las canciones que están en mi lista de 'si las escuchas te pones melancólica' jaja

En fin, ¡muchas gracias por sus reviews! Espero que éste capítulo les haya gustado n.n

Hasta la próxima