Kurapika despertó con un sabor extraño en su boca. Cuando abrió los ojos aun todo le daba vueltas. Una vez más se encontraba a sí mismo en un lugar extraño, una cama extraña, ropa extraña. Volteó despacio su cabeza, procurando no moverse mucho, sabiendo con lo que sus ojos se iban a encontrar. Aun así se sorprendió de ver a Leorio durmiendo plácidamente a su lado, pues todo lo que había pasado la noche anterior parecía también un recuerdo extraño, casi una ilusión. Esta vez no podía ignorar lo que había ocurrido. Cada vez que cerraba sus ojos recordaba pequeños fragmentos, como armando un rompecabezas, pero con tanto detalle que hasta podía volver a sentir un revoloteo en el estómago cada vez que imaginaba sus labios tocando los de su amigo. Era eso, o el alcohol revolviéndose en su estómago. Sumido en sus pensamientos y con la vista fija en Leorio, de pronto se exaltó sentándose en la cama, totalmente ruborizado. " ¡¿por qué hice eso?!" pensó mientras tomaba su cabeza en sus manos "lo peor de todo es que fui yo el que lo buscó". Cerró sus ojos fuertemente cuando vino a su cabeza la imagen de él sobre su amigo, sosteniendo sus brazos mientras él le decía que parara. "ahhhh, que vergüenza… ¡¿qué voy a hacer ahora?! ¿cómo voy a mirarlo a los ojos, qué le voy a decir?". Luego empezó a imaginar la cara burlesca de Leorio, con una risa molesta y vocecita que decía "he he he, siempre supe que me deseabas, solo dilo, vamos dilo. Cuéntales a Gon y Killua lo que querías hacer anoche". Y con ese último pensamiento un escalofrío recorrió todo su cuerpo, sintiendo un deseo incontenible de vomitar. Y de pronto, ese deseo se materializó…
Corrió al baño como pudo, y vomitó en la taza del baño. Se sintió mucho mejor y más aliviado después de haber botado el exceso de alcohol de su cuerpo. El sonido despertó a Leorio preocupado, quien llamó a la puerta
- ¿Kurapika, estás bien?-
Kurapika se exaltó al notar que no había puesto pestillo a la puerta, y corrió precipitadamente a cerrarla – Si…si, estoy… perfecto- dijo tiritando. No sabía si de nervios por tener que enfrentar la situación con Leorio, o por su malestar estomacal. De pronto volvieron los espasmos, y tuvo que correr de vuelta a la taza del baño. Era tan desagradable la sensación, que no podía evitar soltar un quejido de dolor.
-Kurapika déjame entrar, me estás preocupando- Decía Leorio mientras intentaba en vano girar la manilla de la puerta que estaba con pestillo
-¡no! Por ningún motivo…- hizo una pausa para toser- estoy… bie…- pero antes que pudiera terminar la frase volvió a vomitar.
- ¡por favor ábreme!-
Kurapika aun no terminaba de recuperar el aliento, le costaba trabajo respirar. Le desesperaba la sensación de no tener control sobre su cuerpo, pues nunca le había pasado algo similar. "ni loco. No pienso abrir esa puerta aunque me muera" Leorio insitía e insistía golpeando la puerta, y Kurapika cerraba los ojos tratando de ignorarlo. La verdad es que se sentía pésimo y estaba un poco asustado, y le hubiese gustado que alguien lo ayudara, pero tenía demasiada vergüenza como para dejar entrar a Leorio. "no puedo. Primero, porque no sé qué decirle sobre lo que pasó ayer, y segundo, porque no puedo dejar que la persona que me gusta me vea así…" de pronto abrió los ojos de par en par, sorprendido de sus propios pensamientos. Es cierto. Leorio le gustaba. Lo quería, lo amaba. Siempre lo había amado, pero se negaba a aceptarlo. Recién se habían aclarado sus sentimientos hacia él, y de cierta forma se sintió feliz de admitirselo a si mismo. Pero luego comenzó a dudar ¿Qué tal si el sentimiento solo era de su parte? Después de todo, ayer Leorio se había resistido en un principio, y solo se dejaron llevar por el efecto del alcohol. Se borró todo rastro de felicidad de su rostro y solo podía sentir preocupación. Preocupación y dolor. Y nauseas. Leorio no paraba de golpear la puerta, y Kurapika empezó a temer que en cualquier minuto llegaría Gon y Killua preocupados por él.
- ¡¿quieres contarle a todo el edificio mejor?! Con esos golpes ya todos sabrán lo patético que soy bebiendo- gritó Kurapika con la voz temblorosa. No sabía por qué pero sentía que en cualquier momento se pondría a llorar
- ¡entonces ábreme o llamaré hasta al presidente Netero!-
-¡entiende que no quiero que me veas así!-
…
hubo un momento de silencio
-estoy… avergonzado…-
luego Leorio se acercó a la puerta, apoyando su frente y sus manos en ella. Y habló despacio
- Kurapika… no me voy a reir de ti. Soy tu amigo. Y si no quieres que entre como tu amigo, piensa en mí solo como tu doctor, ¿ok?
Kurapika dudó unos instantes, pero finalmente sacó el pestillo y la puerta se abrió apenas un poco. Leorio entró, y vio a Kurapika sonrojado y mirando tímidamente hacia el suelo.
-no tienes de qué avergonzarte tonto ¿crees que yo nunca he estado así? Tengo más experiencia que tu, y por lo mismo es mi obligación cuidarte-
Kurapika seguía sin apartar su mirada del suelo, pero asintió tímidamente con su cabeza. Leorio abrió su maletín, buscando un medicamento. En ese momento Kurapika volvió a correr a la taza del baño.
-no me… mires- se esforzó en balbucear
-ok, ok, no estoy viendo-
-no te creo-
-estoy viendo tres peces distintos ¿quieres que te diga de que colores son?-
Kurapika volvió a vomitar, y para su sorpresa, Leorio se sentó a su lado, sobando su espalda y sosteniendo su frente. Extrañamente, ya no sentía vergüenza. Le recordó a cuando su padre lo cuidaba cuando de pequeño se enfermaba. Se enjuagó con el vaso de agua que Leorio le había pasado, y se secó con una toalla. Leorio lo ayudó a ponerse de pie, y se enjuagó la cara en el lava manos. Luego Leorio se le acercó y con sus dedos apartó suavemente hacia un lado un mechón de su cabello, posando su mano sobre su frente. Lo miraba fijamente a los ojos y con una expresión seria. Kurapika apartó la mirada, pero no pudo evitar sonrojarse un poco.
- tienes fiebre-
-¿ah?- preguntó Kurapika distraído, con la mente en cualquier lado
- que estás afiebrado, te subió la temperatura-
-me siento pésimo- dijo sentándose en el piso, tomándose la cabeza
-quítate la camisa- dijo Leorio, aun muy serio
Kurapika abrió los ojos de par en par, como esperando que Leorio dijera que era broma. Recién en ese momento se percató de que Leorio tenía el pecho descubierto, ya que él (por alguna razón que no entendía) se había puesto su camisa. Entonces la vergüenza volvió cien veces peor, y la situación se hacía aun más incómoda. Kurapika aun no reaccionaba cuando Leorio volvió a hablarle.
- Kurapika, necesito que te quites la camisa para tomarte una muestra-
-ah, si… claro- tragó saliva al desbotonársela, intentando no pensar en que ayer se la estaba quitando a la persona que ahora lo estaba atendiendo.
Leorio se hincó a su lado con su maletín, y sacó de él una especie de lápiz pequeño con una aguja en la punta y una maquina cuadrada, similar a una calculadora. Tomó un brazo de Kurapika, y frotó un algodón con alcohol para desinfectar la zona en donde lo pinchó para la muestra. El olor casi hace que Kurapika le volvieran las ganas de vomitar, pero pudo controlarse.
- No estás intoxicado con licor- dijo de pronto
-¿en serio? ¿cómo puedes estar seguro? Ayer bebí mucho-
Leorio levantó la mirada del aparato para mirarlo, levantando una ceja
-si, esa fue una pregunta estúpida- se auto incriminó Kurapika- eres el doctor, eres el que sabe.
- en realidad no es tan estúpida. Con ayuda de esta máquina puedo detectar anomalías en la sangre. Pero solo utilizando nen puedo detectar el problema exacto tocando al paciente, sin necesidad de mandar la muestra a un laboratorio-
-ya veo, que inteligente Leorio-
Leorio sonrió orgulloso-Toma esto- le pasó una pastilla y otro vaso con agua- Y bebe mucho líquido porque estás deshidratado-
Kurapika lo bebió de inmediato sin chistar, escuchando atentamente a Leorio- Te dio una reacción hiperalérgica a algo que comiste. No fue intoxicación por alcohol, aunque eso lo agravó un poco. Así que no te preocupes, puedes beber tranquilo y con moderación. ¿te sientes mejor con lo que te di?
Kurapika lo miraba dulcemente y con una sonrisa- gracias Leorio, serás un gran doctor. El mejor doctor.
Leorio se sonrojó, pero luego suspiró, y acarició a Kurapika en la cabeza, revolviendo su pelo. Kurapika cerró los ojos sin moverse ni un centímetro. El aire volvió a estar un poco tenso… hasta que Leorio se puso de pie, y rompió el hielo con su particular humor.
- bueno ahora por favor entra a la ducha y quítate todo el alcohol. ¿O quieres que te ayude con eso también?-
-¡no gracias!- respondió nervioso
-ah, y antes que lo olvide, ¿podrías devolverme mi camisa? Quería usarla, pero si te gusta tanto te la puedo regalar. Sentirás mi olor cada vez que te la pongas- Dijo con una sonrisa maliciosa. Lo hizo a propósito sabiendo que iba a incomodarlo, pues le causaba gracia ponerlo en situaciones complicadas.
-¡fuera!- Kurapika lo empujó junto con su camisa fuera del baño, sintiendo que el corazón se le iba a salir por la boca. Y luego se metió al jacuzzi. Se sentía mucho mejor, y ya no pensaba tanto en el asunto de la noche anterior. "Leorio siempre sabe manejar las situaciones", pensó con una sonrisa. Miró a través del agua el brazo donde Leorio lo había pinchado, y observó que no tenía ningún dolor, ni si quiera una pequeña marca. Entonces pensó en Leorio de una forma distinta a la cual siempre lo había visto. Hoy lo había observado trabajar en lo suyo, de forma muy seria y profesional. Ya no lo vería más como ese payaso descerebrado. "aunque eso es lo que siempre me ha gustado de él. Pero… también se ve tan atractivo así, inteligente, serio, y...además con esos músculos tan firmes..." Recordó la imagen de Leorio sin camisa tomándole la muestra de sangre, y se encontró a si mismo embobado soñando despierto. Y cuando se dio cuenta de eso se exaltó, hundiéndose lentamente en el agua hasta sumergirse por completo…
"¡M!eRd ! Me enamoré perdidamente de ese idiota"
