Cuando terminó el paseo a las termas todos se sentían relajados y con energías repuestas. Kurapika se recuperó rápidamente, y pudieron disfrutar a fondo todos los beneficios del lugar. Fueron a dejar a Gon y Killua al Aeropuerto, ya que solo podían estar unos días con ellos. Kite solo los dejó libres unos días mientras estaba listo el análisis de los restos de lo que sospechaban era una hormiga quimera. Se despidieron prometiendo encontrarse nuevamente después de su entrenamiento, y Gon prometió presentarlos a todos con Ging una vez que lo encontrara. Esperaron a que abordaran, y luego volvieron al taxi para ir al departamento.

-¿quieres ir a almorzar comida italiana?- preguntó Leorio cuando iban en el taxi

- que bien, tengo mucha hambre- sonrió entusiasmado- oh, pero dejé mi billetera en el departamento- miró su cartera decepcionado.

- nah… no te preocupes, te estoy invitando- dijo Leorio guiñando un ojo

-¡oh! Ummm, gracias- dijo Kurapika algo tímido. Sentía que las cosas entre ellos volvían a ser como antes, con la misma confianza de amigos. Sin embargo había algo, por ínfimo que fuera, que había cambiado. "seguro que las aguas termales le hicieron bien. Anda muy generoso y amable, y muy gentil y hasta respetuoso. Ni siquiera se preocupó por el dinero… cosa extraña en él".

- se sentirá un poco solitario todo ahora- dijo Kurapika mirando hacia el horizonte, con una sonrisa melancólica

-sí, ya me había acostumbrado de nuevo a estar los cuatro juntos- Leorio suspiró. Y luego de una pausa, cambió su actitud - aunque… no me molestaría tener tiempo para nosotros solos de nuevo- dijo con voz seductora, y se acercó a Kurapika acorralándolo contra el vidrio del auto, con una mano sobre su muslo

Fue tan repentino que Kurapika no supo cómo reaccionar. Sintió como le llegaba la sangre de golpe a las orejas, y su corazón se aceleró al doble que su ritmo normal. Finalmente se despabiló, y lo empujó, alejándolo hasta el otro lado del auto y tomando distancia con sus pies sobre el asiento.

-¡i-imbécil! ¿Qué… qué pretendes?- Kurapika intentó no gritar para no llamar más la atención del taxista que los podría haber visto- estamos en un taxi ¿estás loco?-

-hahahahahaha- Leorio reía tanto que sostenía su barriga con sus manos- relájateeee, es solo una broma

A Kurapika le hervía la sangre. "Siempre me hace quedar como un idiota. Es el mismo tonto de siempre…", pensó, controlando las ganas de golpearlo. Pero pensó en mejores maneras de vengarse. Se cruzó de brazos y miró hacia afuera con la frente en alto- te advierto que pediré lo más caro del restorán.

Leorio lo miró con los ojos entrecerrados, con recelo- eres vengativo

Kurapika le indicó al taxista por dónde ir, pero Leorio lo interrumpió, dándole otra dirección, diciéndole que no iban a ir al restorán de siempre, sino a uno un poco más lejos. Kurapika se extrañó, pero no dijo nada.

El restorán se veía muy elegante, en el típico estilo italiano, pero sin llegar a ser lujoso. Cuando entraron, vieron un pequeño grupo de gente que aguardaban por una mesa. Al entrar, un mesero vio a Leorio, y sin si quiera preguntarle si tenían una reserva, los guiaron hasta una mesa que ya estaba montada en la terraza, con un mantel a cuadros rojos y blancos y una vela. Kurapika se sentó, curioso observando el lugar, y vio que Leorio conversaba con el mesero animadamente.

-solía trabajar aquí- dijo al sentarse junto a él

-¡ah! Por eso te conocen. Estaba empezando a creer que eras alguien importante y no me habías contado- dijo de forma burlesca

-que gracioso- respondió sarcástico- para tu información era el mejor mesero. Y me iba muy bien con las mujeres- dijo con su sonrisa orgullosa

- me imagino. ¿Tan bien como con las chicas del hotel?-

Ese fue un golpe bajo para Leorio, y le llegó como una flecha en medio de su orgullo. Pero en vez de discutir con él pensó en algo mejor. Se puso de pie a un lado de Kurapika

- en fin, ¿quieres que te recomiende algo?- dijo sosteniendo la carta frente a él

-buena idea, tú eres el que sabe- dijo Kurapika con sinceridad

Leorio se acercó a él, rodeándolo con su cuerpo para poder sostenerle mejor la carta. Apoyó levemente su mentón en su hombro, y fue leyendo. Kurapika inmediatamente se intimidó al contacto, y procuró no girar la mirada hacia el lado que estaba el rostro de Leorio. Intentó concentrarse en la carta, pero la voz de Leorio leyendo en italiano en su oído lo distraía.

-¿cómo te gusta?- Leorio susurró a su oído, rozándolo solo un poco con los labios, pero lo suficiente para que Kurapika se exaltara.

-¿ah? ¿Qué… qué cosa?- dijo poniéndose rojo

-la carne… de eso estamos hablando. ¿Te gusta bien cocida o jugosa?-

-n-no… creo que, paso con la carne por hoy-

-entonces de recomiendo estas pastas, con frutos del mar. Dicen que los mariscos son afrodisíacos, ¿sabías?-

Kurapika no podía aguantar más la tensión- ¡no, no! Ya sé lo que quiero… emmm, un… una… una pizza con queso mozzarella- miró de reojo a Leorio y pudo ver su sonrisa de satisfacción

-excelente elección. ¿Algo más?-

Kurapika negó con la cabeza, cuando entró el mesero que los había recibido

- Hey, Leorio, ¿vienes a quitarme mi trabajo o a comer con tu novia?- dijo el mesero riendo irónicamente. Leorio rió con él- veo que le estás enseñando "la movida" a tu amigo.

Kurapika completamente rojo, se dio cuenta de lo que estaba haciendo Leorio, y lo fulminó con la mirada.

-exacto, así es como me conseguía a todas las chicas- dijo cerrando un ojo

-quizás te resultaba cuando eras más joven- dijo Kurapika, tratando de guardar la compostura. Tenía que bromear para que Leorio no lo dejara otra vez como un idiota.

- HAHAHA- el mesero rió histéricamente- que gracioso es tu amigo, me cae bien. ¿Kurapika te llamas, no? Leorio hablaba mucho sobre ti

-¿en serio? ¿Y que decía? A puesto a que puras calumnias-

-todo lo contrario siempre decía lo genial que eras… aunque reclamaba que a veces eras un engreído y soberbio. Pero siempre andaba de mal humor cuando no le contestabas el telefo…-

- ¡bien! ¡Ordenemos, tengo mucha hambre!- Leorio lo interrumpió para que no siquiera hablando, pues ya empezaba a avergonzarse

Cuando terminaron de comer volvieron al departamento. Y en el camino justo antes de entrar al edificio, Leorio se detuvo.

- oye Kurapika, ¿qué piensas hacer ahora?-

-bueno, no sé… supongo que darme una ducha y dormir. ¿Por qué la pregunta?

-no… no. Me refiero a… de ahora en adelante-

-ah…en realidad no lo he pensado…-

De hecho, hasta ese momento no se había cuestionado qué iba a hacer ahora, ya que había arreglado con Leorio quedarse con él hasta que se recuperara y pasara el examen de admisión. Ahora que lo pensaba bien, probablemente Leorio esperaba que pronto buscara otro lugar donde quedarse, ya que el semestre empezaría pronto y se iría a otro país a estudiar. De un momento a otro, esa pregunta hizo que se le viniera el mundo encima. Se sintió como congelado en el tiempo.

-bueno… ummmm - Leorio hizo una pausa, y Kurapika sintió que fueron los segundos más largos de su vida. Temía las palabras que vendían después- no vayas a enojarte pero…- Kurapika sintió que su corazón se detuvo- aplacé la beca para el próximo semestre

-¿qué?-

-Las becas se pueden aplazar para empezar más tarde, el segundo semestre empieza en agosto-

-no, no. Si entiendo cómo funcionan las universidades, no soy idiota. Pero… ¿por qué?-

- en realidad hay algo más que quisiera hacer antes- hizo otra pausa, y luego lo miró con decisión- Quiero perfeccionar mi nen. Y me gustaría que tú me ayudaras con mi habilidad.

-Pe…pero Leorio. No estoy capacitado para enseñar nen. Además, sabes que mi habilidad es muy particular, ya que tiene muchas restricciones específicas y sirve solo contra el Genei Ryodan. Con ella he matado gente. No soy un buen ejemplo…

-No digas eso. Aun así, pienso que tu habilidad de combate es genial. Quiero que seas tú. Aunque sea mientras encuentre un tutor oficial. No quiero perder la práctica-

- está bien, pero solo te ayudaré a trabajar tu aura- dijo y luego suspiró- ¿qué harías sin mi?- lo dijo sin pensar, entre broma y en serio. Pero Leorio se lo tomó muy en serio…

-estaría perdido- Leorio se acercó y lo abrazó fuertemente contra su pecho

Kurapika no tuvo tiempo de reaccionar. Pero después de unos segundos, pensó que era mejor no responder aquel abrazo "soy yo el que está perdido". Por la forma en que actuaba Leorio, estaba seguro que solo sentía un gran cariño amistoso por él. No quería arriesgarse a que eso se perdiera por culpa de una confusión suya. En ese momento, mil pensamientos cruzaron por su mente, ahí en ese breve minuto, mientras Leorio lo abrazaba bajo la nieve. "Leorio sigue siendo el mismo conmigo. Excepto por sus constantes acosos, que son mucho más frecuentes ahora… pero sé que solo disfruta molestarme. Y tiene la confianza para hacerlo porque somos…amigos. Solo, amigos". En ese momento, Kurapika decidió que no podía perder esa amistad, resignado a ignorar sus sentimientos.

-subamos, estoy cansado… ¡Estuvo increíble la comida, gracias!-dijo Kurapika, sin responder ni al abrazo ni a las palabras de su amigo. Su boca dibujaba una enorme sonrisa, pero sus ojos lucían tristes. Ese azul del color del cielo que tanto añoraba Leorio se había vuelto gris y sombrío. Juró ver incluso una pequeña lágrima que se asomaba tímidamente en una esquina de su ojo, rehusándose a salir. Le entristeció que Kurapika le estuviera escondiendo algo. Pero después de todo, no sería nada nuevo, pues siempre había que arrancarle las palabras por la fuerza.

Todo el camino desde la entrada del edificio hasta la puerta del departamento fueron en silencio, cabizbajos. Leorio no podía para de pensar en qué le había ocurrido a Kurapika. Y luego imaginó que quizás se sentía incómodo por lo que había pasado. Él tenía claro que algo sentía por Kurapika desde el día en que llegó a su departamento, pero intentaba negárselo a sí mismo para que las cosas no anduvieran extrañas entre ellos. Sin embargo, así estaban en ese momento. Justo como él no quería. No quería dejar de tocarlo, de abrazarlo, de acariciarlo, mirarlo a los ojos. Ya no podía hacer nada de eso sin que él se pusiera nervioso. Quería que todo volviera a ser como antes, y sin embargo, en el fondo de su corazón no se arrepentía de haberlo besado. Aun así, intentó guardar ese recuerdo bajo llave en su mente, en un lugar que ni siquiera él pudiera alcanzarlo, más que cuando estuviera solo con su melancolía. En ese momento decidió que todo volvería a ser como antes.

Cuando entraron, Leorio fue directo a la cama, sin la esperanza de que su amigo fuera a dormir con él. Kurapika se dio una ducha rápida, y se acostó en el sillón. Ninguno dijo buenas noches.