¡Hola a todos! Una disculpa a todos aquellos que han esperado todo este tiempo por la actualización de esta historia. Después de varios acontecimientos del turbulento mundo real mi Musa y yo hemos decidido que ha llegado el momento de continuar con la historia y ya que la espera se ha hecho muy larga voy directamente con los saludos que quedaron pendientes desde hacía tanto tiempo para después irnos a lo que todo el mundo está esperando: El capítulo de esta semana.
Alexis Lion 99: Muchas gracias por acompañarnos, tienes razón, creo que el cuadro borrado de la dama del medallón fue pintado con una brocha gorda, gorda de misterio. ¡Ah que cosas con esos artistas de Arendelle! Jejeje.
kykyo-chan: ¡No, no entres en crisis! Ya falta poquito para ver quién es nuestra misteriosa dama pero mientras tanto mejor nos vamos comiendo el chocolate que los chicos empacaron para el viaje (Espero hayan empacado suficiente jejejeje)
yara sosa: ¡Sí, ya todos queremos saber quién es la dama misteriosa!
Shadir: Y si no de conocimiento al menos si un viaje donde por lo menos comeremos chocolate hasta reventar, Detective; jejejeje.
phinbella2012: Hola, muchas gracias por acompañarnos. Descuida, yo sigo en la primera temporada de Once Upon a Time pero orgullosamente avance dos capítulos, así que ya estoy en el capítulo 20 de 22 (o al menos eso creo jejejeje). Tienes razón, es muy feo cuando alguien te suelta un spoiler (chico o grande) ya fuera por mala intención o porque se le fue así que aclarado que en esta historia no nos estamos basando en Once Upon a Time tampoco contestaré nada referente a la serie que me hayan incluido en sus comentarios para evitar arruinarnos (me incluyo) la serie.
Una vez listos nuestros saludos, creo que ya todos estamos preparados para iniciar…
Tavata
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oO* 5 *Oo
Y fue así como la reina Elsa, la princesa Anna, Kristoff y el mismo Olaf se pusieron a trabajar a primera hora de la mañana en los preparativos para su viaje a las montañas de Jotunheimen. Mientras Elsa daba instrucciones a sus ministros para los días que estaría fuera, Anna junto con Kristoff preparaban provisiones y equipo de montaña, ya saben, mucha cuerda, botas para la nieve, raquetas, picos y palas, sin olvidar el chocolate, mucho chocolate.
Por su parte, Olaf pasó todo el tiempo en las caballerizas explicándole a Sven el viaje que tenían planeado así como empacando por su cuenta las zanahorias necesarias para el camino de Arendelle a las montañas nevadas de más allá del norte.
No fue hasta pasado el mediodía que por fin toda la comitiva real partió de Arendelle a la tienda del errante Oaken, como había sugerido Kristoff irían primero con el montañés por un mapa apropiado porque no era una buena idea lanzarse en una aventura congelada con la mitad de un mapa devorado por las polillas.
Elsa había tenido una muy buena idea, usando sus poderes irían marcando el camino por el que correría el trineo con Sven; tal vez en Arendelle todo estaba verde y lleno de vida pero conforme más subieran por las montañas la nieve les llegaría hasta por arriba de las rodillas así que en lugar de llevar doble medio de transporte y después tener que cambiar la reina optó por usar el mismo trineo todo el camino. Además le gustaba tener la oportunidad de usar su magia y eso también le encantaba a Anna. Así que sin más pérdida de tiempo todos subieron al trineo y disfrutaron de la primera parte de su viaje.
Anna parecía guía de turistas mostrándole a su hermana todo el camino que había recorrido a la montaña del norte.
-Y ahí fue donde se asustó mi caballo y me caí en la nieve- dijo de pronto Anna señalando a la derecha- esperen un momento ¿Fue ahí o fue más a la izquierda? ¿Estaba ese árbol? No, yo recuerdo que era más grande, bueno, estaba nevado y todo se veía prácticamente igual… Pero estoy segura de que era por aquí.
Kristoff que llevaba las riendas del trineo solo negó con la cabeza y se sonrió para sí. Anna siempre sería Anna. También la reina Elsa disfrutaba el viaje, no sabían con qué se encontrarían con esta aventura que había empezado de manera tan misteriosa pero estaba segura de que estarían bien mientras estuvieran juntas, además pasar el tiempo con Anna siempre la ponía de buen humor.
Olaf también escuchaba atentamente a Anna sin perder detalle de todo lo que la princesa decía, él había conocido a Anna, Kristoff y Sven hasta mucho después, cuando ya se habían encontrado en la tienda de Oaken así que esta parte del reino le era desconocida.
-¿No fue por aquí donde encontramos al lobo bebé?- preguntó después de un rato el muñeco de nieve poniéndose de pie en el asiento para ver mejor.
Elsa sonrió amablemente.
-El lobezno que merodeaba por Arendelle fue más al oeste, Olaf- explicó con paciencia Elsa- hacia el otro lado a dónde vamos.
-Oh, eso imagine- sonrió radiante Olaf sentándose una vez más y una vez más volviendo a jugar con sus pies de nieve. ¿Falta mucho para llegar con Oaken?
El trineo seguía su camino helado por los pinos y robles de la montaña, en algunas partes del bosque los árboles estaban tan juntos que era difícil ver entre ellos, afortunadamente para las hermanas y el muñeco de nieve, Kristoff conocía muy bien la montaña y sabía ubicarse perfectamente, además sus amigos los trolls le habían mostrado caminos que solo ellos conocían y que él también podía utilizar en caso de ser necesario como ahora para llegar con Oaken.
-No, ahí está- informó Kristoff señalando hacia adelante después de haber tomado a la derecha en el último recodo que pasaron subiendo una empinada loma.
¡Habían llegado con Oaken! En un claro entre todos esos enormes árboles del bosque encontraron la "Tienda del errante Oaken… y Spa" Anna al principio no reconoció el lugar donde se encontraban por la falta de nieve; pero solo ver la cabaña con los escalones de madera al frente no tuvo duda de que se encontraban en el lugar correcto.
Sven se detuvo frente a la tienda de Oaken y Kristoff ayudó a bajar a las hermanas, tanto Elsa como Olaf no dejaban de ver por todos lados, ese lugar era nuevo para ellos.
-¡Vamos, veamos si Oaken tiene un mapa que nos sirva!- saltó Anna tomando de la mano a su hermana para que se apurara.
Las campanillas de la puerta de entrada sonaron anunciando a los recién llegados.
-¡Hola, Oaken!- saludó Anna como si conociera al montañés de toda la vida.
Y ahí estaba, el errante Oaken sentado detrás del mostrador principal con su gorro verde y un sweater con un intrincado diseño de colores azul, verde y amarillo sin olvidar sus acostumbrados tirantes cafés.
Olaf no dejaba de ver su bigote, a Olaf le gustaba su bigote.
- "¡Yoo-hoo!¡Ofertas de verano!"- saludó Oaken como siempre saludaba a todos los clientes que le visitaban.
Elsa se sonrió, Oaken parecía ser una persona muy dulce y bondadosa aunque también recordaba que Anna le había comentado que Oaken podía ser muy fuerte y había arrojado a Kristoff a la nieve cuando habían discutido.
-Es como Malvavisco- se dijo a sí misma la reina Elsa y sin poder evitarlo soltó una risita traviesa por la comparación que había hecho.
Afortunadamente para la reina nadie había reparado en su risa por su ocurrencia ya que Anna y Kristoff hablaban con Oaken en ese momento, al principio Oaken no se mostró tan alegre al ver a Kristoff pero solo empezar a hablar con Anna y Olaf (quién también había intervenido en la conversación preguntando a Oaken por su bigote) éste se mostró una vez más amable y servicial con sus amigos.
-Y nos preguntábamos si tenías un mapa que nos pudiera servir- preguntó Anna con la cara más tierna que podía tener- ¿Tienes un mapa, verdad Oaken?
-Tengo este, y este, y este, y este, y este- comenzó a sacar Oaken varios pergaminos y mapas antiguos y nuevos que fueron llenando todo el mostrador.
Olaf había bajado del mostrador cuando los mapas comenzaron a llenar todo el espacio, además ya había visto todo lo que quería el bigote de Oaken, en ese momento el muñeco de nieve se dio cuenta de que Elsa no había estado junto con Anna y Kristoff. ¿Dónde estaría Elsa?
Elsa había dejado que su hermana y Kristoff buscaran el mapa mientras ella caminaba entre los estantes de la tienda de Oaken, había muchas cosas interesantes en el lugar, unas tallas de madera en forma de osos muy bonitas, telas de colores muy llamativos, una sección completa dedicada a artículos de nieve, una vacía en ese momento que mostraba orgullosamente el letrero "Ofertas de verano" y en uno de los estantes había un muñeco de felpa de un ratón de color negro con pantaloncillos rojos.
-¿Qué encontraste, Elsa?- preguntó Olaf cuando alcanzó a la reina.
-Oh, no es nada- le sonrió Elsa- solo es un juguete. Mira…
Elsa le mostró el muñeco de peluche a su amigo de nieve, Olaf se sonrió, el juguete era muy suave y muy bonito pero él no estaba muy interesado en tener un ratón de juguete.
-Será mejor que vayamos a ver cómo van las compras- sugirió Elsa dejando el peluche en su lugar- tal vez necesiten nuestra ayuda.
Olaf asintió con una gran sonrisa.
Después de mucho pensar en cuál sería el correcto, Kristoff había elegido un mapa muy completo de las montañas y que mostraba la cordillera de Jotunheimen.
-Y por aprovechar las "Ofertas de verano"- sonreía Oaken cuando Elsa se acercó para pagarle con unas monedas de oro- les regalaré un tarro lleno de "surströmming"
Y antes de que cualquiera de ellos pudiera objetar algo, Oaken ya le había puesto a Kristoff en las manos un enorme tarro de vidrio repleto hasta el borde de cabezas de pescado en conserva.
-¡Qué bonito!- aplaudía Olaf- ¿Qué es eso?
El muñeco de nieve intentó acercarse a Kristoff y destapar el frasco pero el chico logró detenerlo.
-¡No, Olaf! ¡Si lo abres harás que la apeste escape!- exclamó con un grito Kristoff.
-¿Qué dijiste?- dijo molesto Oaken- ¿Dices que mi "surströmming" es apestoso?
-Oh no…- fue lo único que pudo musitar Kristoff al ver que el montañés se ponía de pie tan alto era.
Y una vez más como en su primer encuentro, Kristoff salió volando de la tienda del errante Oaken.
-Lamento mucho esto- se disculpó Oaken cuando regreso a su silla detrás del mostrador.
Anna y Elsa se habían quedado muy quietecitas y sin decir nada en su lugar sujetando de las manitas de madera a Olaf que quería ver como volaba Kristoff.
-Si quieren pueden usar el Spa como regalo- ofreció Oaken sentándose de nuevo.
Las chicas y Olaf se giraron. En el cristal de la pequeña ventanita redonda de la puerta de madera del Spa de Oaken les saludaron la misma familia que saludara a Anna en su primera aventura.
-¡Hurra un Spa!- aplaudía Olaf quien ya caminaba directamente a la puerta.
-Mejor en otra ocasión- le detuvo justo a tiempo Elsa.
-Sí, mejor regresamos después… ¡Gracias por todo, Oaken!- se apresuró a salir Anna seguida de su hermana.
-¡Hasta luego, regresen pronto!- se despidió Oaken.
Lo primero que vieron las chicas al salir fue al pobre de Kristoff sobándose su cabeza, había tenido la mala suerte de chocar de cabeza con el trineo no se había lastimado pero sí dolía el golpe.
-¡Hurra!- aplaudía Olaf- ¡El tarro de "surströmming" no se rompió!
-¡Sí, que suerte!- gruñó molesto Kristoff.
-¡Vamos, vamos, no te enojes Kristoff!- trató de calmarlo Anna- ¡Tenemos el mapa! ¡Podemos continuar nuestro viaje!
Una vez más Anna lo había logrado ya que con su optimismo todos volvieron a estar contentos y listos para seguir su camino. Ahora ya tenían un mapa que no había sido devorado por las polillas para poder continuar y llegar hasta la montaña que marcaba el libro de las runas antiguas.
Continuara…
