¡Hola chicos y chicas! ¿Cómo están? ¿Bien? Yo espero que se encuentren muy bien y tengan una gran semana. ¡En este capítulo tendremos lobos, malvaviscos y nieve, mucha nieve! Pero antes nuestros rápidos saludos:
kykyo-chan Sí, pobre Kristoff, eso de pensar en voz alta luego te mete en cada lío como cuando estás en clase o en junta y terminan dejándote el trabajo a ti ¡Ups! Pero por eso mismo queremos al buen Kristoff jejeje.
Shadir ¡Kristoff volador! *Con música de fondo de "El gato volador"* Preparamos una coreografía al respecto con trolls bailando y juego de música y luces á la Disney pero Malvavisco aplasto la cámara antes de que termináramos así que ahora tendremos que esperar a que los técnicos lo arreglen y esperar algún día esa cinta de Kristoff volador vea la luz jejejeje.
Alexis Lion 99 Creo que Kristoff y Oaken necesitaran más tiempo, visitas a su almacén y más Kristoff voladores para terminar por llevarse bien, pero por eso mismo los queremos así como son jejejeje. Sí, creo que a los chicos y a todos ya nos hacía falta salir un poco y tomar el aire libre después de pasar tanto tiempo encerrados en la biblioteca tratando de encontrarle pies y cabeza a este misterio helado pero ya estamos en camino y al menos ahora ya tenemos un mapa completo que no haya sido el desayuno de las polillas.
Como siempre chicos, muchas gracias por acompañarnos en esta historia y como el tiempo en televisión es muy corto ¡Vamos directamente a la historia! Espero hayan traído sus abrigos, guantes, bufanda y botas para la nieve porque será un capítulo muy frío… Por cierto, por su seguridad mantengan manos y piernas dentro del trineo en todo momento. ¡Empezamos!
Tavata
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
oO* 6 *Oo
- ¡A la derecha! ¡No, la otra derecha!
Kristoff solo negó con la cabeza, Anna iba sentada junta a él indicando el camino, la hermana de la reina Elsa había tomado el mapa que compraron con Oaken y se había nombrado "el navegante" del grupo, desafortunadamente para nuestra joven e intrépida "navegante" no tenía ni la menor idea de cómo leer el mapa, Kristoff era el único que sabía cómo interpretarlo pero le había dado oportunidad a Anna de lucirse con sus "habilidades de navegante" aunque para ser sinceros, no habían avanzado mucho en la última media hora.
Mientras Anna seguía peleando con el mapa y Kristoff pacientemente escuchaba las extrañas indicaciones de la princesa, Olaf y Elsa en el otro asiento del trineo estaban ocupados en sus propios asuntos. El pequeño muñeco de nieve no dejaba de jugar con el enorme frasco de surströmming intentando abrirlo con sus manitas de varita pero por más que le daba vueltas y vueltas a la tapa no podía abrirlo, tal vez con ayuda de Sven cuando volvieran a detenerse para descansar…
Por su parte, la reina Elsa seguía pensando en el camino que les esperaba y con qué se encontrarían cuando llegaran a Jotunheimen y a la montaña indicada en el libro mientras con unos elegantes movimientos de sus manos seguía haciendo el camino helado que necesitaba el trineo para llegar a las montañas cubiertas de nieve…
Después de avanzar un rato más, Kristoff decidió que debían hacer una pausa para que Sven descansara un rato; todos agradecieron el poder bajar del trineo y estirar un poco las piernas. Sven comenzó a devorar las zanahorias que su amigo Kristoff le daba, Elsa y Anna decidieron descansar sobre el pasto mientras Olaf continuaba peleando con su frasco.
-¡Este lugar sí lo conozco!- exclamó de pronto Anna.
-No me extraña- comentó Kristoff acercándose a las chicas- si continuas a la izquierda llegarás a la Montaña del Norte, pero eso nos desviaría de nuestro camino…
-¡Malvavisco!- se alegró la reina Elsa.
Malvavisco era el enorme guardián de nieve de la reina Elsa, primero había protegido su castillo de hielo de Anna y Kristoff y después había evitado lo más que pudo el avance del príncipe Hans y los hombres de Arendelle cuando fueron por la reina Elsa, finalmente Malvavisco había demostrado que no era tan malo como parecía, solo era demasiado sobreprotector.
La reina Elsa le había dejado como regalo su tiara real (realmente Malvavisco la había encontrado y como le gustaba como brillaba se la había quedado y como la reina también lo quería permitió que se quedara con ella), en cierta ocasión, dos alpinistas se habían extraviado en la montaña del Norte y la reina Elsa con Kristoff fueron a buscarles temiendo que Malvavisco les hubiera hecho daño pero en lugar de eso encontraron al imponente guardián de nieve jugando con los dos hombres como si fuera un cachorrito… Así que Malvavisco no era malo en absoluto.
-Si quieres, podemos ir a visitarlo- sugirió Anna al ver como se había emocionado su hermana al escuchar de la montaña del Norte.
Elsa parecía tener muchas ganas de visitar por un momento a su amigo helado pero en lugar de decir "¡Sí, por favor!" solamente dijo…
-No podemos alejarnos, tenemos un viaje muy largo por delante…- argumentó la reina.
-¡Pero tiene mucho que no hemos visto a Malvavisco!- intervino de repente Olaf- ¿Podemos ir a visitarlo por un ratito, por favor?
Y así se decidió que podían desviarse un poco del camino para ir a visitar a Malvavisco, además no tenían realmente que seguir un itinerario de viaje así que podían darse el lujo de desviarse (tenían el permiso de la reina ¿no?)
El valle se quedó muy atrás y el pasto verde fue dando paso a la blancura de la nieve, fue necesario que Anna se pusiera su abrigo, los demás no lo necesitaban, la reina Elsa no necesitó seguir haciendo un camino de nieve, Kristoff no tenía problemas en guiar el trineo y Sven se encontraba en su elemento ya que avanzaba tan rápido que parecía había salido apenas de las caballerizas de la reina, por su parte Olaf no dejaba de ver a todas partes como si quisiera grabarse en la memoria todo el paisaje eso sí, sin soltar su frasco con cabezas de pescado bailando en su interior.
Subieron y subieron y siguieron subiendo hasta llegar a la escalinata de hielo de la entrada principal del castillo de hielo de la reina Elsa.
-¡Llegamos!- bajó de un salto Olaf entusiasmado.
Sven también estaba feliz, tan feliz que una vez más… ¡Pegó su lengua al barandal de hielo!
-Lo siento amigo, tendrás que quedarte aquí- dijo Kristoff sonriendo palmeando la cabeza peluda de su reno.
-¡Vamos, vamos a visitar a Malvavisco!- prácticamente gritó la princesa Anna cuando ya llevaba una ventaja de varios escalones dejando atrás a sus amigos.
Elsa solo negó con la cabeza pero tenía que reconocer que ella también quería ver a Malvavisco. Las puertas de hielo se abrieron de par en par cuando los cuatro amigos entraron pero no se veía ahí tampoco a Malvavisco.
-¡Malvavisco!- llamó la reina Elsa pero no tuvo respuesta-¿Dónde podrá estar?
Sin perder tiempo, comenzaron a buscarlo. El guardián de hielo no estaba afuera así que seguramente estaría en las estancias heladas, o tal vez vigilando todo desde el balcón de la torre o tal vez…
-¡Ahí está!- exclamó Olaf, el hombre de nieve fue el primero en encontrar a Malvavisco- ¡Mira, está contemplándose en ese espejo!
Y no se había equivocado, Malvavisco estaba dándoles la espalda contemplándose en un espejo gigante (realmente una pared de hielo gigante) sin apartar la vista de la pequeñísima tiara que tenía puesta sobre su cabeza.
-¡Malvavisco!- volvió a llamar la reina Elsa con alegría.
Esta ocasión el gigante de hielo sí los escuchó y giro al momento con una sonrisa enorme, no solo los había escuchado sino que también había reconocido a su adorada Elsa.
-¡Hola amigo!- con Malvavisco la reina de Arendelle no necesitaba seguir el protocolo así que sin esperar a su hermana y el resto de sus amigos, se acercó al gigante de nieve abrazando su pierna helada- ¿Cómo has estado?
Malvavisco hizo un sonido gruñón que más recordó a ese bufar que hacen los perros grandes que a un monstruoso hombre de nieve.
-Sí, yo también te he extrañado; pero, hemos estado muy ocupados en Arendelle y no habíamos podido venir a saludarte- continuó hablándole la reina Elsa como si hablara con Olaf.
Anna y Kristoff aunque ya no le tenían miedo a Malvavisco prefirieron guardar la distancia, además, nadie quiere ser arrojado por un barranco cubierto de nieve dos veces en su vida ¿verdad?
Olaf también se acercó a Malvavisco mostrándole su preciado frasco con pescados, el enorme gigante de nieve lo veía sin entender por qué podía emocionarle tanto esa diminuta cosa, seguramente si lo tocaba terminaría rompiéndose.
Así pasaron un buen rato hablando, bueno, ellos hablaban y Malvavisco los escuchaba porque él no tenía mucho que contar. No habían tenido ningún problema con los lobos en los últimos días así que prácticamente no tenía nada que reportar.
-Bueno, creo que ya tenemos que irnos- dijo de pronto Kristoff recordándole a todos que debían continuar su viaje.
-Es cierto, debemos irnos Malvavisco, debemos llegar a Jotunheimen- se despidió con la mano Anna- ¡Hasta luego!
La reina Elsa fue la última en caminar hacia la puerta, sabía que Malvavisco estaba bien ahí arriba lejos de todos pero también le daba un poco de tristeza el tener que dejarlo "Nadie debería estar solo" pensaba la reina de Arendelle.
En esta ocasión, también Malvavisco pensaba lo mismo ya que siguió a la reina Elsa a la entrada del palacio de hielo como un perrito sigue a su dueño, él tampoco quería quedarse solo.
-¿Y si Malvavisco viene con nosotros?- preguntó Olaf viendo como Malvavisco se quedaba de pie en la entrada.
Anna y Kristoff no estaban muy seguros de sí sería o no una buena idea.
-No Olaf, Malvavisco no puede venir con nosotros- dijo seriamente la reina Elsa aunque le hubiera gustado mucho que su amigo congelado también les acompañara- no sabemos que podemos encontrar y podría ser peligroso para Malvavisco.
-Y para nosotros- comentó por lo bajo Kristoff para que solo Anna lo escuchara.
-Bueno… ¡Adiós Malvavisco!- se despidió Olaf antes de bajar la escalinata de hielo- ¡Te visitaremos de nuevo cuando regresemos!
Todavía cuando se alejaban en el trineo, Olaf seguía viendo a Malvavisco afuera de la enorme entrada del palacio de la reina Elsa como si los despidiera.
….
-No te pongas triste, Olaf- le sonreía la reina Elsa a su pequeño amigo- cuando regresemos volveremos a visitar a Malvavisco, y podrás contarle sobre todo lo que vimos…
Olaf realmente ya no estaba triste, solo que le hubiera gustado que Malvavisco les acompañara, así también él podría vivir una aventura.
Ahora el trineo seguía el camino hacia las montañas de Jotunheimen, el mapa de Oaken era de mucha ayuda y la experiencia de Kristoff los hacía avanzar rápidamente para recuperar un poco del tiempo que habían dejado atrás con Malvavisco; el problema era que la tarde comenzaría a declinar dentro de poco y tendrían que encontrar un lugar donde pasar la noche.
-Yo puedo crear una pequeña cabaña si no encontramos un lugar adecuado- se ofreció Elsa.
-Eso suena muy bien, al menos suena mejor que pasar la noche en una cueva- arrugó la nariz Anna.
-Debemos seguir, no quiero que los lobos nos encuentren en el bosque por la noche, me sentiré mejor si salimos del bosque o al menos nos alejamos un poco más…- insistió Kristoff antes de que las dos hermanas comenzaran a hacer planes para pasar la noche.
-A mí no me molestan los lobos- dijo Olaf tomando asiento entre Anna y Elsa- ¡Los lobos son tiernos!
-Eso dices porque no han intentado comerte a ti- replicó Kristoff.
-No, no, los lobos son tiernos ¡Mira, esos de allá también son tiernos!- señaló Olaf a la izquierda con su manita libre mientras con la otra seguía sujetando con fuerza su frasco.
-¡¿Qué?!- exclamaron todos al unísono.
Mala suerte, ¡Lobos! ¡Una manada de lobos los había encontrado! Sin pensarlo dos veces, Kristoff hizo correr a Sven lo más rápido que podía para escapar de los lobos.
¡Eran muchos! Si la reina Elsa utilizaba sus poderes para controlarlos en menos de un segundo estarían libres de ellos pero Olaf no dejaba de insistir en que los lobos eran tiernos y no debían lastimarlos.
-¡Pero ellos quieren comernos!- gritaba Anna para hacerse escuchar.
Tal vez si utilizaban solo un poco de magia, Elsa hizo un rápido movimiento de sus manos para formar una barrera de hielo que frenara el avance de los lobos pero ¡Los lobos usaron sus garras para escalarla de alguna manera y saltarla!
Eso no había funcionado muy bien, Kristoff hizo que el trineo diera un giro completo para distraer a los lobos y correr hacia el otro lado, no funciono. Los lobos se dividieron en dos grupos y siguieron persiguiéndoles, además el giro solo hizo que Sven se mareara y perdiera por unos minutos el camino.
Anna ya había tomado como arma para defenderse el banjo de Kristoff y Elsa estaba lista para arrojarles nieve a los lobos si se acercaban más al trineo cuando un fuerte rugido hizo que todos se detuvieran en esa loca y peligrosa carrera.
De entre los árboles frente a ellos la imponente figura de Malvavisco apareció.
-¡Malvavisco!- gritaron todos (hasta Sven dijo su nombre aunque no saliera ni una palabra de su boca)
El gigante de nieve los había seguido aunque Elsa no le hubiera dado permiso, les había seguido la pista todo el camino y cuando escuchó que sus amigos y su querida reina estaban en apuros apresuró el paso y se colocó a su lado para darles apoyo.
Los lobos entendieron que no podían morder a ese gigante sin ser pisados en el intento y aunque tuvieran superioridad por ser más que ellos tampoco podían arriesgarse a ser heridos por esa cosa así que tuvieron que correr de regreso al bosque con la cola entre las patas.
-¡Malvavisco nos salvó!- exclamaron todos.
Si hubiera podido, Malvavisco se hubiera sonrojado por el aplauso que le dedicaron las hermanas reales, Olaf y hasta el mismo Kristoff.
-Yo creo que es una buena idea que Malvavisco nos acompañe- dijo feliz Olaf.
Y nadie se mostró en desacuerdo…
Continuara…
