"Yo soy el maestro de Sabertooth, y lo protegeré aunque tenga que dar mi propia vida. ¡No harás daño a mis compañeros!" esas fueron las palabras que Rogue había oído salir de la boca del Dragon Slayer de la luz antes de que desapareciese. Esas malditas palabras que no se podía sacar de la cabeza… ¿Por qué demonios no hizo nada? ¿Cómo permitió que Sting asumiese todo el peligro? Él también debía haber ido…

-Andando no vamos a llegar en la vida- protestaba Natsu

-¿Y qué opción había? Vosotros sois Dragon Salyers, si nos movemos en un transporte no os va a resultar un viaje demasiado agradable…

-¡Yo quería traer a Happy! Así no habría problema alguno: Lector te llevaría a ti, Lilly a Gajeel, Frosch a Rogue y Happy a mí. Sería la cuenta exacta.

-No te quejes, al final has conseguido acoplarte tú que ya es bastante. Además no creo que Frosch fuese capaz de transportarme- respondió sereno Rogue

-¡Pero Happy…!

-¡Happy es débil y puede acabar herido! ¡Tú mismo puedes acabar mal, Natsu!

-¿Pero qué demonios te ocurre? ¿Tengo que darte una paliza para recordarte mi fuerza?

-Déjalo en paz, Salamander- intervino Gajeel

-¡¿Ahora me vas a dar órdenes tú a mí?!- Gajeel respondió con una mirada asesina e hizo un gesto con la cabeza para que Natsu se fijase en la expresión de Rogue. Fue entonces cuando calló, no porqué la cara de Rogue impusiese miedo, más bien todo lo contrario, transmitía miedo, pena y preocupación. El pelirrosa arqueó la ceja confundido y permaneció callado el resto del camino.

Se dirigían a la montaña. Todo había ocurrido unos días atrás… una enorme bestia de varios metros que parecía salido de la nada comenzó a destruir la ciudad. Los magos de Sabertooth no tardaron en escuchar los gritos de socorro de los ciudadanos así que salieron a luchar pero en cuestión de minutos más de la mitad del gremio había sido derrotado. La desesperación en sus rostros era notable, como siguiese así la bestia no tardaría en destruir toda la ciudad, y a los magos de Sabertooth con ella.

Fue entonces cuando, por sorpresa, un zarpazo del enorme monstruo golpeó a Rogue por la espalda y este se desplomo contra el suelo, el dolor ya no le permitió moverse. Justo entonces Sting entró en cólera pero aun así sus intentos de vencer eran en balde.

Ya solo quedaban en pie Sting, Rufus y Minerva, aunque todos en un estado deplorable. Fue entonces cuando Sting lo pronunció: "Yo soy el maestro de Sabertooth, y lo protegeré aunque tenga que dar mi propia vida. ¡No harás daño a mis compañeros!". Acto seguido el mago pronunció el nombre de su Exceed. No hicieron falta más palabras para que Lector entendiese lo que Sting pretendía así que lo agarró y comenzó a volar.

-¡Eh, tú, pedazo de idiota, a ver si puedes seguirme!- gritó el rubio para llamar la atención del monstruoso ser y a continuación él y Lector se dirigieron volando a las montañas, haciendo así de señuelo.

Rogue gritó su nombre implorándole que no lo hiciese, lo que implico que acabase tosiendo sangre. Era inútil, no podía gritar, no tenía fuerzas, Sting no podría oírlo, y aunque lo hiciese tampoco es que fuese a conseguir que ese cabezota cambiase de parecer. Tal vez debería haber intentado reunir fuerzas, levantarse y seguirle intentando que Frosch hiciese el esfuerzo de transportarle durante tanto trayecto, pero no lo hizo.

Horas después Lector regresaba al gremio anunciando la muerte de Sting, entre lágrimas