Quiero agradecer a las personas que se toman su tiempo para leer esta historia y las que me dejan reviews, realmente aprecio mucho sus comentarios.


Capítulo II

–¡Vegeta! – gritaba, gokú, llamando a su amigo por séptima vez en los últimos 2 minutos. Estaba sentado en su cama, la parte de arriba, con las piernas sueltas. Se le quedó observando un momento más y resopló, encogiéndose de hombros, al no recibir respuesta, nuevamente, por séptima vez.

–Kakarotto. ¿Tú recuerdas que pasó ayer? – preguntó volteando la mirada, finalmente, por primera vez desde que su compañero de celda lo había estado llamando. Vegeta se encontraba sentado en el suelo con la espalda en la pared, estirando la pierna derecha y la izquierda la tenía flexionada con el brazo, del mismo lado, apoyado en ésta y lanzando una pequeña pelota hacia la pared con la mano derecha. Lanzaba, rebotaba, atrapaba y volvía a repetir la acción. Todo esto mientras se la pasaba pensando en todo lo ocurrido.

Gokú miró extrañado y sorprendido al escuchar palabras articuladas de los labios de su amigo. –No – puso una cara pensativa, apoyando una mano en su barbilla y mirando hacia arriba para obtener mayor concentración –Lo último que recuerdo fue… – cambió su gesto por uno triste –que nos despidieron –

Vegeta suspiró –Entonces era cierto. Creí que yo me lo había imaginado. Sí, ahora que lo dices, recuerdo que zangya y maron se fueron cuando le dijimos que nos despidieron y decidimos irnos a un bar – respondió vegeta levantándose y sacudiendo el polvo de su ropa.

–Yo…lo había olvidado – dijo entristeciéndose un poco más – Pero bueno, eso sólo significaba que ellas nos querían por el dinero – dijo un poco molesto – aunque no ganábamos mucho – ahora cambió su gesto por una cara, nuevamente, pensativa – Vegeta. ¿Tienes idea de qué nos vieron para que se quedaran con nosotros? – preguntó con una, para vegeta, sonrisa tonta.

Vegeta viró los ojos, dando una clara señal de que era cuestión de tiempo de que aquel ceño fruncido y gesto serio que tenía su amigo, durante el tiempo que pasaron hace un momento, serían reemplazados por el verdadero gesto de idiotez e inmaduro que caracterizaban, en su totalidad, a su amigo.

–No me importa en lo más mínimo, kakarotto. ¿Por qué quieres saber si sentían algo por nosotros? No me digas que te gustaba zangya seriamente – insinuó mirándolo con el ceño fruncido.

–Bueno, no lo niego vegeta. Zangya era sexy y muy linda– respondió sonrojado y jugando con los dedos de sus manos.

–Sí, también una zorra –

–Sabes que no me gusta ese término para una mujer –

–A mí tampoco. Pero ellas lo eran –

–Vamos vegeta, no me digas que a ti no te gustaba maron – se acercó con una mirada acusadora.

–Di lo que quieras –

Gokú suspiró –Tienes razón. Si le hubiéramos importado un poco no se hubieran ido simplemente sin decir nada – dijo, otra vez, molesto.

–Ya te lo dije kakarotto. No le des importancia. Simplemente olvídalo – dijo vegeta restándole importancia al asunto.

–Sí, pero… – ambos hombres voltearon la mirada al ver como la puerta de la celda se abría.

–¡Vamos escorias! ¡Salgan a comer la poca mierda que hay para que no se mueran de hambre y sigan viviendo para pudrirse día a día en esta prisión! – gritaba el oficial de cabellera larga de color blanca, de piel roja.

Vegeta se le quedó viendo desde la puerta de su celda con odio. Era el mismo oficial que lo molestó, golpeó y trató de la peor manera desde que despertó. El oficial jeice se sintió observado y al voltear la mirada se chocó con la paralizante y amenazadora mirada del pelinegro. Jeice sonrió con arrogancia y superioridad. Vegeta lo ignoró y caminó, con los brazos cruzados, hacia adelante para estar al lado de su amigo.

–Oye vegeta ¿por qué todos nos están mirando? – se acercó el de cabello alborotado, tapando una mano en su boca y susurrando en el oído del pelinegro más pequeño.

–No lo sé – pensaba responderle algo sarcástico ya que era obvio que lo miraban porque eran nuevos y desconocidos en aquel lugar, pero al observar cada mirada de los prisioneros notó una pizca de ¿temor?¿miedo? y otras miradas amenazadoras. Parecía que todos allí lo conocían pero ellos no tenían ni la menor idea de que estaba ocurriendo.

–Ven vegeta. Sentémonos aquí – señalaba, gokú, una mesa vacía en la esquina del comedor.

Ambos hombres se fueron a aquel lugar, con sus respectivos platos. Para suerte de estos hombres, como la comida era horrible siempre quedaba de sobra así que ellos podían servirse una y otra vez. Todos los miraban sorprendidos por la cantidad de comida que ingerían, sobre todo porque ésta era lo más asqueroso ni siquiera se podía hacer llamar alimento. Vegeta y gokú ignoraban las miradas y murmullos de todos y sólo se concentraban en los platos que tenían al frente. No les importaba el sabor. Cuando eran niños comían cualquier cosa así que hoy no era la excepción. Además, sin una buena alimentación sólo se terminarían muriendo en aquel lugar. Y ellos no pensaban quedarse por mucho tiempo, sin importar lo que diga sus sentencias, ellos se irían legal o ilegalmente.

Tanto gokú como vegeta terminaron de comer al mismo tiempo.
Volvió a tocar una campana dando a entender que la hora del almuerzo había terminado. Jeice, burter y recoome fueron los guardias que entraron a la sala para gritarles uno que otro insulto y mandar a todos a sus respectivas celdas.

–Piensa kakarotto. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Cómo llegamos aquí? – preguntó vegeta. Ambos hombres se encontraban echados en sus camas. Vegeta en la cama de abajo y gokú arriba, ambos mirando hacia arriba.

–No lo sé, vegeta. Sabes que pensar no es lo mío – respondió rascándose su cabeza.

–Agg! De todos los prisioneros ladrones, asesinos, violadores, idiotas. Tuvieron que ponerte a ti como mi compañero de celda – gritó vegeta exasperado. Es que realmente se estaba hartando de todas las cosas que le pasaba. ¿Siempre tenía que tocarle lo peor de la vida a él?

–Vamos vegeta, no seas tan malo. Sabes que soy tu mejor compañero y dentro de ti estás agradecido que sea yo quien esté aquí contigo – reprochó con una sonrisa.

Vegeta lo miró un momento. Tenía que admitir que tenía razón. No había nadie mejor que ese idiota para hacerle compañía. Se conocen desde que tienen memorias. Además todas las cosas malas que le pasaron a él, también las vivió kakarotto. Ambos salieron perdiendo todo, ambos salieron afectados y ambos supieron salir adelante. Así que si alguien tenía que ayudarlo, ese sería el idiota de kakarotto.

Suspiró. Desquitarse con él no sería lo correcto. Tanto él como su amigo estaban pasando por lo mismo, así que lo mejor era apoyarse el uno al otro para sobrevivir allí y pensar en cómo resolver todo el maldito problema.

–Vegeta ¿Qué es eso que está atrás del inodoro? – preguntó gokú, apuntando con su dedo, mientras levantaba la cabeza para tener una mejor visión.

–¿Ehh? – El pelinegro más pequeño se levantó para dirigirse a dicho lugar.

Cuán grande fue su sorpresa al agarrar un pequeño arma de fuego. Una pistola que a simple vista parecería de juguete, por su tamaño, pero no lo era. Pero lo que más le sorprendió y extrañó fue la hoja, que estaba arrugado debajo del arma, que tenía escrito algo que no entendía, ya que ésta estaba en otro idioma.

–kakarotto ¿tienes idea de qué significa esto? –

–Vegeta sabes que no terminé la escuela. Y cuando me presentaba no prestaba atención a nada – respondía el de cabello alborotado con una mano en su nuca.

Vegeta ignoró las palabras del otro pelinegro. La hoja se llevó toda su atención.
Así pasaron las horas, intentando descifrar algo del papel, pero nada. Intentando recordar lo que había sucedido el día anterior y nada. Lo último que recordaban fue que estaban en un bar y conocieron algunas personas con quienes bebieron. Desde ahí en adelante todo era oscuro, ni la menor idea de qué fue lo que pasó.

Nuevamente, otra campanada los sacó de sus pensamientos.

–¡Hora de convivencia! – volvía a gritar jeice, entrando por todo el pasillo y mirando amenazadoramente y burlón a cada prisionero.

–Imbécil – susurró vegeta pasando cerca de él.

–No te preocupes, con el tiempo aprenderás a respetarme. Jajaja – se burlaba el oficial alejándose del pelinegro.

–Oye ¿qué es lo que haremos? – preguntaba gokú que, junto a vegeta, miraba el partido de básquet que jugaban los prisioneros –¿Sabes? deberíamos unirnos a una de esas pandillas. Si nos mantenemos solos y alejados seremos más vulnerables para ellos –

– Sí, lo sé. Pero no podemos confiarnos en cualquiera –

– ¿Entonces seguiremos solos los dos hasta que conozcamos otros reos que sean de confianza? –

– Así parece –

Después de observar se dirigieron a caminar un momento. Todo el tiempo en silencio, sólo observaban cada detalle y parte de la estructura. Podían ver el inmenso patio, las canchas, el gimnasio bajo el caliente sol. Todo cerrado por las cercas eléctricas y llenas de alambres de púas, además de estar vigilado por torres de control con francotiradores.

En ese momento, gokú estaba distraído mirando el ambiente mientras vegeta guardaba cada detalle para idear un plan. Otra vez la campanada lo sacó de sus pensamientos y se dirigió hacia su celda.

–¿Sigues descifrando lo que dice el papel? – preguntó, el pelinegro, al observar a su amigo concentrado mirando la hoja. Estaba subiendo a su cama para acomodarse y finalmente cerrar los ojos.

–Sí. ¿No entiendes? Esto es una pista de lo que ocurrió la noche en que llegamos aquí – vegeta guardaba el papel debajo de su almohada. La pistola estaba oculta dentro de una pequeña ventilación que había estado allí cerca del inodoro, ellos se encargaron de abrirlo con las manos y unas piezas de fierro que usaron como herramientas, para poder ocultar el arma.

– Lo sé. Pero si no conocemos el idioma sería absurdo seguir insistiendo. Además deberíamos empezar a conocer otros reos para no estar solos – aconsejaba el de cabello alborotado.

–Ya duérmete kakarotto. Mañana será otro patético y aburrido día –

–Lo mismo digo. Buenas noches vegeta –

En todos los minutos que pasaba no había pegado ojo en ningún segundo. No sabía qué hora era, pero era de madrugada. O al menos suponía aquello. Si no se equivocaba su amigo se durmió hace aproximadamente cinco horas y ya era de noche cuando pasó. Lo único que lo ayudaba a ubicarse, más o menos, en aquel lugar era las luces. Lo apagaban a las nueve de la noche. Y sólo se podía ver la pequeña luz de la luna reflejando y alumbrando algunas pocas partes de la prisión.

En ese momento un sonido llamó su atención. Podía escuchar unos pasos sigilosos pero firmes. Se sentó en su cama e intentó a agudizar más su oído y pudo captar y darse cuenta que eran sonidos de unos tacones. ¿Una mujer? No tenía idea de que había una mujer, tampoco se imaginó que habría una en un lugar como ese.
Se acercó a la reja de su celda para tener alguna vista de aquella mujer. Se extrañó al dejar de escuchar los pasos. Estaba a punto de volver a su cama, creyendo que el poco tiempo que lleva allí ya le está causando la locura, pensando que era su imaginación pero justamente vio una sombra. No podía ver nada bien con la oscuridad pero creía que la sombra estaba mirando hacia él. Bueno al menos podía notar que la sombra estaba al frente de él así que suponía que estaba viéndolo. Se apegó más a su celda para mejorar la visión.

La mujer volvió a caminar pero antes de salir del pasillo dio una última mirada a aquél apuesto reo pelinegro. Justamente cuando lo miró, su rostro fue alumbrado por la luz de la luna que entraba por una ventana del lugar. Y ahí fue donde vegeta se dio cuenta que estaba en lo correcto. Era una mujer. Sólo pudo ver esos hermosos ojos color zafiros que le robó toda su atención y también pudo notar una pequeña, y no tan perceptible, sonrisa.

Vegeta se le quedó viendo unos segundos más. La observó salir del lugar y se mantuvo parado un momento pensando en aquellos ojos celestes. Sacudió su cabeza para poder relajarse y dejar de pensar y finalmente cerrar los ojos.

Así pasó la primera semana. La más larga y aburrida de toda sus vidas, por cierto. Nunca antes sintieron que los días, horas, minutos e incluso cada segundo que pasaba parecía ser una eternidad.
Se la pasaban pensando todo el tiempo, recordando. En la hora del almuerzo y convivencia o descanso seguían solos, ya que debido a la actitud de vegeta no había muchos reos que se les acercaba.

Pero más allá de todo lo que vivían, vegeta dejó un poco de lado sus antiguos pensamientos: lo que ocurrió la noche en que llegaron, lo del papel y el arma, el plan para salir de allí. No podía evitarlo, seguía pensando en la dueña de aquellos ojos color cielo que, al parecer, lo cautivó por completo.

–coman rápido, idiotas. En un par de minutos se acabará su hora – gritaba Burter al pelinegro que para sorpresa de todos no había probado ni un bocado de su plato.

–¿Qué te ocurre vegeta? ¿Por qué no comes tu almuerzo? – preguntó gokú preocupado por la actitud de su amigo.

–¿ehh? – el pelinegro sacudió la cabeza saliendo de sus absortos pensamientos – Ahh.. No tengo hambre – respondió con el ceño fruncido. Odiaba como se estaba sintiendo. Ni siquiera él mismo sabía que le ocurría y eso sólo hacía enfurecerlo más. Ya no comía, ya no le gritaba a su amigo como lo hace normalmente, ya no hace ejercicios en el gimnasio.

–Oigan…¿Ustedes también están aquí? – escucharon la voz de alguien que estaba a su detrás de los pelinegros.

–¿Quiénes son ustedes? – preguntó gokú mirando al grupo de hombres que se les acercaron.

–¿No nos recuerdas? Nos conocimos en el bar aquella noche que nos mandaron a cumplir la misión, lo cual nos trajo aquí – respondió otro de los hombres que estaba allí.

CONTINUARÁ…


N/A: holaaa!... jeje. Creo que ya estoy mejorando en mi narración, o al menos eso espero. Como siempre, me encantaría que dejaran un review. Uno, para saber si les gusta la historia. Dos, para corregirme y así poder mejorar…. Y tres, me gusta que me dejen un comentario, en serio lo aprecio mucho y me alienta bastante para seguir escribiendo.
Esta historia quiero hacerla lo mejor posible. Todos los días pienso en cada detalle para agregarle a la trama. Le estoy agregando un poco de misterio que poco a poco se sabrán en los próximos capítulos de la historia.

¿Qué significa lo que encontraron en su celda? ¿Qué dice en la hoja? ¿Quiénes son los hombres que se les acercaron y dicen conocerlos en la noche que los llevó a la prisión? ¿Quién es la mujer que vio vegeta? Jaja ok…esa última pregunta es algo tonta…Ya todos deben saber quién es jejej :D Bueno eso es todo, gracias por leer mi historia y un saludo a todos. Hasta la próxima actualización!