Holaa!.. Por fin he vuelto después de dos semanas jeje y aproveché el día de san Valentín, ya que no tenía nada planeado :'(, para poder tomarme un respiro de mis deberes y seguir con mi fic. Perdón por el pequeño retraso y como dije intentaré subir capítulos cada semana, sólo que se me complica un poco por mis tareas, deberes, etc…
Pero bueno, para qué seguir aburriéndolos con mi rutina diaria jejej :/ Sin más, les dejo tranquilos para que puedan leer este nuevo capítulo.
Disclaimer: Dragon Ball Z y sus personajes no me pertenecen. Todos y cada uno de ellos son propiedad de Akira Toriyama.
Capítulo V
–¡Oye…Tú! – gokú llamaba a uno de los guardias que se encontraba bailando cerca de su celda.
–¿Me hablas a mí? – el oficial se detuvo, apuntándose a sí mismo, para responderle al pelinegro.
–Sí, tú. Que buenos movimientos tienes eh– halagaba, sonriendo, el de cabello alborotado.
–Gracias. Pero nunca lograrás hacerlos. Tienes que ser un profesional para eso– respondía el grandote de piel lila y un par de cuernos en la cabeza.
–¿Sí? Agg…y yo que pensaba entrar a una competencia de baile– respondía olvidándose el verdadero motivo de su conversación. No pueden culparlo. Es muy sociable y amigable, además de animado y olvidadizo.
–Pues, podría enseñarte algunos movimientos. Aunque dudo que logres hacerlo bien– volvía a hablar ginyu.
–Sí. ¡Eso sería grandioso! ¿Oye, por cierto, no sabes dónde está mi amigo? – cuestionaba, al momento de recordar la razón por el cual llamó al guardia.
–¿Tu amigo?–
–Sí. Vegeta. Hombre mediano, cabello negro levantado, gruñón y siempre con una cara de ceño fruncido –
–Ahh…¿te refieres al idiota que llevaron a la enfermería? –
– ¿Qué? ¿Otra vez llevaron a vegeta a la enfermería? – preguntaba, cambiando su gesto y tono a uno más preocupado, pensando qué le pudo pasar y cómo es que no supo nada si ambos vivían en la misma celda.
–Sí, tranquilízate. Sólo lo llevaron porque la enfermera así lo pidió. A tu amigo no le pasó nada….aún– respondía ginyu, finalizando con una sonrisa maliciosa.
–Que bien… – el pelingero suspiró para tranquilizarse – Espera un momento. ¿A qué te refieres con aún? – volvió a cuestionar, esta vez, con un ceño fruncido.
–mmm…no puedo decir nada. Y mucho menos a ti. Pero muy pronto lo sabrás – esta vez su voz sonó más amenazante.
–¿Qué significa eso?– susurró –¿Muy pronto lo sabré? esto suena muy sospechoso…– hablaba, consigo mismo, despacio. Después notó que el oficial ya se había retirado.
–¡Idiota! Te dije que estás apretándome las muñecas – se escuchaba una voz quejandose. Era vegeta que venía agarrado por recoome.
–Sí, pero si te dejo las manos libres podrías derribarme y salir huyendo de aquí– respondía éste con su voz, que para vegeta era totalmente desagradable.
–Claro. Te golpearé para derribarte y así poder salir corriendo de aquí, por la puerta de salida – habló el pelinegro con su típico tono de sarcasmo.
–Pues sí. Exactamente por eso tengo que presionarte las esposas en tus muñecas– Vegeta viró los ojos pensando en que tan tonto era aquel oficial.
–Estúpido– susurró el pelinegro.
–Espera… ahora que lo dices, creo que no podrías huir de esa forma – volvió a hablar, después de haber pensado la situación –Sí, no podrías salir huyendo tan lejos y rápido con esas esposas en tus tobillos…jeje, lo había olvidado – terminó de hablar con su sonrisa, tonta para vegeta.
Vegeta no dijo, decidió quedarse callado ya que hablar con ese idiota era una pérdida de tiempo. Y él que creía que su amigo era el tipo más tonto que existía, ahora, resulta que hay tipos peores, empezaba a sentirse afortunado de tener a ese idiota como amigo y no a otro más imbécil.
–¡Vegeta! – hablando del susodicho, el mismo pelinegro se hacía presente asomándose a la rejilla de su celda en el momento en que llegaron los otros dos al lugar.
–Ya cálmate, kakarotto– tranquilizaba el de cabello de flama.
–Vegeta ¿Qué fue lo que te pasó?–
–¡Oye! Aléjate de la celda y tú entra de una vez– Gritaba recoome empujando a ambos pelinegros hacia dentro. Una vez hecho su trabajo se fue de allí para ir a tomarse un descanso.
–¿Qué te sucede, gohan? ¿Por qué no te duermes de una vez? – cuestionaba piccolo.
–Lo siento señor piccolo. Es que no puedo dejar de pensar en mi novia – respondía algo sonrojado por la conversación que estaba empezando.
–Ahh – piccolo también se puso nervioso por esa conversación ya que éste nunca le había hallado sentido al sentimiento de amor que todos dicen tener por una persona –¿Y no puedes simplemente olvidarla por unos momentos y cuando salgamos de aquí la vuelves a ver?–
–No puedo hacerlo. Ella siempre está en mis pensamientos – volvía a comentar el joven sonrojado.
Como no podía dormir tampoco, piccolo, pensó que sería mejor hablar un rato con el muchacho.
–¿Y cómo la conociste?–
–Pues…Desde que era un niño fui huérfano y un día recibimos la visita de un famoso millonario que había venido a entretenernos. Ahí fue donde la vi por primera vez – empezó a narrar el muchacho pelinegro –No le hablé aquella vez pero me la pasé observándola y no dejaba de pensar en ella y un par de días después la volví a ver con el mismo hombre acompañado. Resulta que era un luchador, creo que era el mejor del mundo– seguía hablando, esta vez, rascándose la parte de atrás de la cabeza –Bueno, ese día sí pude conocerla y me dijo que vendría a visitarme todos los días y así fue. Yo era un pequeño para entonces. Con el tiempo nos convertimos en los mejores amigos y ante aquel vínculo, el señor satán decidió adoptarme cuando era adolescente. Vivimos cuatros años como una familia y durante ese periodo empecé a sentir algo diferente por videl y dejé de verla como una hermana. Al comienzo tenía miedo que ella sólo quiera ser mi amiga. Empezaron los coqueteos, más de su parte ya que yo era algo inocente e ingenuo, y temía que su padre se molestara por eso pero él estaba muy ocupado haciendo negocios y ya no nos daba mucho tiempo a nosotros. Un día, ella me besó y se molestó porque no le respondí de la manera que ella esperaba, pero fue porque me sorprendí ante aquel acto. Lo bueno es que en ese momento me di cuenta que la amaba y pelearía por ella, incluso contra su padre – terminó de hablar observando el techo con una mirada nostálgica.
–¿Qué pasó después? – preguntó algo intrigado por la historia del joven muchacho.
–Pues, esos cuatros años pasaron muy rápido y para el quinto, que sería el año pasado, pasó una tragedia– su tono de voz y su mirada cambiaron a una más seria –Un día, nosotros fuimos a celebrar con unos amigos ya que finalmente habíamos terminado la escuela y, cuando llegamos a casa, nos enteramos que el Sr. Satán había fallecido en un acto de terrorismo. Nos dijeron que él había estado en un bar y, justamente, fue el lugar elegido para una explosión. Videl no ha dejado de sufrir ante aquella pérdida. Por mi parte, tengo que admitir que le tenía afecto pero ya estaba acostumbrado a las tragedias y no demostré mucha vulnerabilidad. Luego, nos quitaron todos los bienes del Sr. Satán ya que éste había sido estafado, en ocasiones, por sus negocios y terminó endeudado. Desde entonces videl y yo hemos estado sobreviviendo como pudimos hasta ahora. Es por eso que tengo que salir de aquí y estar con ella– cerró los ojos y al abrirlo no pudo evitar derramar una pequeña lágrima que había caído desde su ojo y recorrido toda su mejilla derecha.
La celda quedó en silencio. Piccolo sabía que recordar todo eso le estaba haciendo efecto y le producía hasta depresión, así que lo dejó en paz para que se calmara un poco. Gohan se quedó pensando en cómo ayudar a su novia, una vez que estén afuera.
–Ya te dije que saldremos de aquí y podrás volver a ver a tu aldea– explicaba el gigante del mohawk rojo.
–¿En serio? ¡Qué bien! Por fin podré volver a ver a todos – Gritaba, con felicidad, un hombre moreno, grande y con una cicatriz en la frente.
–Sí, yo espero ver a mis hermanos después de todo este enrollo. ¡Que jodido se hizo mi vida en este lugar!– decía molesto nº 16.
–Sí. Deberíamos estar disfrutando de la vida y no pudriéndonos aquí. Todo por ese estúpido atentado. Nosotros nunca haríamos algo así. ¡Malditos! No tenían derecho a meternos aquí sin pruebas – Octavio cambió su rostro por uno molesto –¡¿Me escuchan? Son unos desgraciados!–
–Cálmate…simplemente tuvimos la mala suerte de estar en el momento equivocado, en el lugar equivocado–
Octavio suspiró –Sólo quiero irme de aquí y vivir tranquilo y feliz– dijo, apegado a la rejilla de su celda, mirando hacia la pequeña luna que se veía en una de las ventanas de las instalaciones.
Nº 16 se le acercó y levantó su brazo para colocarlo en el hombro de su amigo
–Verás que así será. Cuando nos vayamos de aquí, todo será diferente– animaba con su suave voz para tranquilizarlo.
Al día siguiente, todos los reos fueron llevados a los baños para sus duchas rutinarias. Sólo les permitían bañarse tres veces a la semana.
–Gokú nos dijo que te llevaron a la enfermería ¿Qué fue lo que te pasó?– preguntó curioso piccolo que se encontraba, enjabonándose, a su lado derecho del pelinegro.
–¡Agg!.. kakarotto chismoso– susurró para sí mismo el de cabello de flama –Nada. Simplemente fue para preguntarme cómo estaba– respondió sin darle importancia.
–Ahh…creí que te habían dado otra paliza– dijo burlón el hombre de color ecológico.
–¡Cállate insecto!–
–jaja. No te enojes vegeta. Sabes que sólo bromea – calmaba el de cabello alborotado que está al otro lado del pelinegro.
–Bueno ¿y ya planearon cómo espiaremos el lugar si no podemos salir de las celdas y sólo tenemos la hora del almuerzo y descanso?– preguntó piccolo a ambos pelinegros.
–Pues ahora que lo dices, sí que está difícil la situación –
–Cállate kakarotto. Tú sólo te la pasas durmiendo – se quejaba vegeta –ayer hablé con otro prisionero y se nos unirá con su amigo. Él comentó algo sobre talleres y actividades de la prisión. Debemos inscribirnos y así poder estar más tiempo afuera y observar todo el lugar–
–Buen plan. ¿Cómo es que no nos dijeron nada de eso? –
–No lo sé. Creo que hay algo sospechoso en este lugar. Debemos estar alerta ante todo, tengo un mal presentimiento–
–Espera un momento vegeta. ¿No dijiste que no teníamos que incluir a gente que no son de confianza? – gokú se rascaba la cabeza.
–Bueno, estos hombres se enteraron de nuestro plan. Así que no tenía opción – el pelinegro se encogía de hombros –además, si ellos quisieran, podrían delatarnos pero no lo hicieron–
–Supongo que tienes razón – gokú acordaba con su amigo –Por cierto, piccolo ¿Dónde está gohan?–
–No lo sé. Cuando fueron a nuestra celda, unos guardias se lo llevaron a la oficina del decano y a mí me trajeron aquí– aunque hablaba indiferente, sentía un poco de preocupación por el muchacho.
–Escuché que a krilin también se lo llevaron allá – ten se unía a la conversación.
Vegeta miró a todos y se puso pensativo. Que coincidencia que a ambos hombres, con quienes se juntaba, se lo hayan llevado.
¿Qué querrá el decano con ellos?
CONTINUARÁ…
N/A: Bueno, nuevamente, me disculpo por la demora y prometo subir capítulos cada vez que tenga tiempo y lo más pronto que pueda.
Como pueden ver, en este capítulo no le agregué muchas acciones ya que quería enseñar las historias de sus pasados de algunos personajes y quería hacer que interactúen más. Un pequeño secreto jeje verán, con los siguientes capítulos, más pasados de los demás personajes y notarán que se relacionan entre sí jejej :D Bueno sólo revelaré aquello. Intentaré hacer más largos los capítulos.
Quiero hacerles saber que me da felicidad de haber agregado a Octavio en mi fic jejeje :') Un personaje bastante querido y que me gusta muchísimo. No se me ocurría otro mejor que él y más aún acompañado de 16, otro personaje querido jejeje… Bueno sólo quería expresarme y espero que les guste el cap. y que me dejen algunos comentarios. cuídense mucho y nos vemos en el próximo capítulo. ¡Hasta pronto!
