Disclaimer: Dragon Ball Z y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Capítulo IX

–¡Gokú!– gritaron los presentes.

–Kakarotto. – susurró Vegeta para sí mismo.

–Muchachos ¿Qué hacen aquí?

–¡Gokú! – corrió Krilin lagrimeando de felicidad por haber vuelto a ver a su amigo.

–Gokú. Es bueno volver a verte – dijo Piccolo.

–Sí, amigo. No sabes cuánto nos hiciste falta – comentaba Gohan.

–Sí, creímos que… estabas muerto – dijo el calvito tragando saliva – pero ya estás aquí, con nosotros, sano y salvo. – no dejaba de abrazarlo.

–Tranquilo Krilin. También es bueno volver a verlos chicos – se separó de su amigo y se alejó del grupo para acercarse a Vegeta. –¿Y cómo has estado?

–No me quejo, aunque he estado mejor – respondió quitándole importancia al hecho de volver a verlo después de hace tiempo atrás. –Supongo que todo éste tiempo estuviste en la enfermería.

–Sí, supones bien. ¿Y no me preguntarás cómo estoy?

–Si ya estás aquí, creo que debe ser porque estás bien ¿no es así?

–Es cierto. Pero creí que me extrañaste. – dijo bromeando el pelinegro.

–No crees que tengo cosas más importantes que hacer antes de pensar en tu ausencia. – respondió indiferente.

–Claro, el mismo Vegeta de siempre. Yo también te extrañé Vegeta. – dijo esto último haciéndole un guiño.

–¡Oye! Yo nunca he dicho que…

El momento fue interrumpido por la sirena que sonaba en todo el territorio de la prisión.

–Maldición. Será mejor que dejen su reconciliación para después. Ahora tenemos un problema mayor. – dijo Piccolo con el ceño fruncido mirando hacia la puerta. En cualquier momento entrarían a por ellos.

–No puede ser. Esto puede aumentar nuestra sentencia. – Ten Shin Han golpeaba la pared frustrado. Ya no tenían escapatoria. –Estamos perdidos.

–Gokú, olvidaste tu placa en la enfermería – interrumpió Bulma, entrando sin tener idea de lo que ocurría –¿Qué hacen todos ustedes aquí?

–Gracias Bulma. Me hubiera metido en problemas si perdía esto.–se acercó a la peliazul y tomó su placa.

–Tú – susurró el pelinegro de cabello de flama. Bulma lo miró fijamente al oír la voz rasposa de aquel hombre, a quien extrañaba mucho.

–Vegeta – susurró.

–Bulma, aquí estás. – era Yamcha quien, esta vez, interrumpía. –Con que aquí es donde se ocultaban. – cambió su gesto por uno amenazante.

–Maldición. – susurraron todos.

Bulma se cubrió el rostro, no vio a Yamcha que la perseguía y ahora los reos estarían en problemas, graves problemas.

–Yamcha, espera un momen… – intentaba explicar Bulma.

–¡Muchachos, aquí están, ya los encontré!

–¡No, yamcha. Por favor no!

–¿Qué sucede Bulma? Porque actúas así, querían escapar. ¿No lo entiendes?

–Pero…

Para entonces ya fue demasiado tarde. Los guardias llegaron al lugar y tomaron a los prisioneros de mala forma.
Primer castigo, una golpiza cada día. Aunque no era necesario, los guardias lo repetían una y otra vez. Segundo, más trabajos sólo para ellos, esta vez siendo vigilados por guardias. Para los que tenían un tiempo determinado se les aumentaría la sentencia. Y por último, sólo para Gokú y Vegeta, ya que creían que eran ellos los principales y por el odio que tenía el decano, serían llevados a la prisión del sótano por alrededor de un año.


Sus vidas fueron empeorando en la prisión. Los muchachos apenas veían a los dos pelinegros, desde lejos, ya que las únicas veces que salían era para trabajar y tenían cierta distancia para evitar contactos de nuevo.

–Ya no soporto esto – se quejaba Gokú.

Vegeta estaba sentado, en posición de meditación, con los ojos cerrados. Ignoraba plenamente a su amigo.

–¿Vegeta, Crees que algún día saldremos de aquí? – el susodicho frunció el ceño, aun con los ojos cerrados, molesto porque no lo dejaban en paz. –¿Oye, me estás escuchando?

–¡Ya cállate Kakarotto! Deja de llorar de una maldita vez y piensa cómo salir de aquí.

–Tranquilízate – el pelinegro se echaba para atrás. – yo sólo quería conversar. Aquí no hacemos nada.–Vegeta, ignorando a Gokú, volvió a posicionarse como estaba.

–Idiota – susurró.

–¿Sabes una cosa?

–Grr…hmp. – gruñó y bufó para cerrar los ojos y seguir concentrándose en lo que estaba pensando.

–Extraño cuando estaba en la enfermería. – comentó, en ese instante Vegeta abrió los ojos de par en par. Tenía una duda que quería preguntarle hace semanas atrás. –La enfermera que me cuidaba era hermosa y muy cariñosa. Ahora entiendo porque visitabas la enfermería antes.

–Kakarotto…respóndeme algo.

–¿Qué sucede Vegeta?

–la enfermera que te atendió fue la misma que llegó aquella vez en la biblioteca.

–Ahh…sí. Es bonita ¿no? – el de cabello de flama se puso rojo.

–Hace un par de días atrás me dijiste que te enamoraste de tu enfermera.

–Sí, así es. Incluso, cuando desperté, antes de encontrarme con ustedes, casi nos damos un beso. – admitió sonrojado. Vegeta frunció el ceño.

–¡Maldito insecto!

–Espera Vegeta…

–Si te atreviste a tocarla, ahora mismo yo te haré pedazos.

–¿Qué? ¿Por qué dices eso? Acaso tú…– Vegeta se sonrojó al darse cuenta de lo que decía.–¿Tú también estás enamorado de Milk?

"¿Milk? Que no se llamaba Bulma." Pensó el pelinegro. –¿Milk? ¿La enfermera se llama Milk?

–Pues la que me cuido sí, ahhh…talvez tú estabas hablándome de Bulma. –Gokú hizo una pausa pensando en lo que decía –. ¿Creíste que me gustaba Bulma? ¿Por eso te molestaste?

–No sé de qué me hablas. – se dio la vuelta, ocultando su leve sonrojo por la acusación.

–Vamos, Vegeta. A mí no me engañas.

–Agg…Cállate y olvida todo esto.

–Como quieras. Tranquilo, no le diré a nadie que te gusta.

–¿Qué parte de cállate, no entiendes?

–Está bien. Intentaré hacerlo. – no podía ocultar su sonrisa. –Tampoco le diré a Bulma que te gus…– esta vez no pudo terminar su oración ya que recibió un golpe, cortesía de Vegeta.


Pasaban los días, semanas, y con ellos, los meses. Hace aproximadamente nueve meses atrás habían ingresado a la prisión. Seis meses desde su fallido escape.

Los prisioneros se seguían juntando. Incluso, se habían integrado dos nuevos al grupo. Un hombre ce mohawk rojo y otro, del mismo peinado pero blanco. Eran: Tapion y Kaioshin.

Después de lo ocurrido, aprovecharon para sacar información a sus amigos. Con el tiempo, juntarse con ellos se les hizo costumbre. Así que aceptaron la amistad de cada uno de ellos. Además de juntarse con ellos, Ambos fueron cambiados de celdas por las de los pelinegros que ahora estaban ausentes.

–¿Tapion, qué es eso de ahí?

–¿Qué es qué?

–Eso que estás dentro de la ventila de abajo.

–Déjame ver – se arrodilló para acercarse allí. –parece ser algo metálico.

Abrieron la ventila con un palito de fierro que se encontraba allí y finalmente sacaron lo que habían visto.

–Es un arma.

–¿Pero cómo pudieron traer esto aquí?

–¿Que acaso los guardias no te revisan todo antes de llevarte a tu celda?

–Sí, lo hacen.

–Eso no importa. Ahora, lo importante es seguir con el plan.

–Está bien. Pero debemos saber por qué tenían un arma.


–Bulma, te he notado muy triste todo este tiempo. ¿Qué te sucede? – preguntaba preocupada la pelinegra.

–¿Sabes qué le pasaron a los reos que tenían en el sótano?

–No. – Respondió triste –Hace tiempo los iba a visitar pero después me negaron el pase. Ya ni los he visto trabajar afuera.

–Lo sé. Yo tampoco y eso me entristece.

–¿Por qué? ¿Acaso te importaba uno de ellos? – preguntó con el ceño fruncido, pensando que le importaba su Gokú.

–Pues sí. Los dos.

–¡¿Qué?!

–Gokú, fue un buen amigo, desde que despertó, durante el tiempo que se quedó con nosotras. Y Vegeta…– suspiró.

–¿Y vegeta…?

–Creo que me gusta.

–¿Crees?

–Bueno, sé que me gusta pero me pongo a pensar y creo que es una pérdida de tiempo. Él estará aquí toda su vida y yo me iré tarde o temprano, cuando aprueben nuestra admisión al hospital. Además, lo más probable es que me odie porque por mi culpa él está pasando un martirio de sufrimiento. Yo les arruiné su escape. – dijo esto último lagrimeando.

–Tranquila, Bulma. Nada de esto es tu culpa. ¡Esos tontos querían escapar y eso es ilegal, deberían afrontar sus problemas como hombre!

–No, Milk.

–¿Ehh?¿A qué te refieres?

–Ellos no son culpables.

–¿Cómo lo sabes?

–Hace meses, Vegeta me había dado un hoja para que investigara que estaba escrito en ella, pues estaba en un idioma que no conocía.

–¿Y…? –Y descubrí que, tanto Gokú como Vegeta, son herederos de una gran riqueza.

–¡¿Qué?! Pero Gokú no me dijo nada cuando estaba aquí.

–Ellos no lo saben. Creo que Gokú fue envenenado para que muriera y luego terminarían con Vegeta. Creo que el decano está detrás de todo esto, Milk.


–¡Son unos idiotas! ¿Cómo que los prisioneros siguen vivos?

–Pues no lo sabíamos señor. Creímos que con aplicarle la dosis a uno de ellos, contagiaría al otro y ambos morirían. – se defendía Zarbon.

–Está bien. Supongo que el problema debió ser que…

–Las enfermeras lo curaron. Es lo más probable.

–No vuelvas interrumpirme. – amenazó con el ceño fruncido. –pero sí. Ese fue el problema. Tendré que ir a hablar personalmente con mi hermano.

–No es necesario señor, si quiere nosotros nos podemos encargar de eso.

–No, Dodoria. Ustedes, par de incompetentes, ya hicieron suficiente. Es mejor que yo lo haga, así estaré seguro de que todo salga bien. Muy pronto iré a visitarlos.

–Como diga señor.

–Ahora, lárguense de mi vista.


–¡Bulma!

–¿Qué quieres Yamcha?

–Por favor, ya no soporto que me evites. Estuviste así por meses. Incluso me acusaste con el decano para que no me acercara a la enfermería. – Hizo una pausa para respirar –Todo esto por haber delatados a los tontos en la biblioteca.

–Sí. – respondió tajante y siguió su camino. Yamcha iba tras ella.

–Vamos, Bulma. Es mi trabajo vigilar todo el lugar. Además, nunca antes te habías preocupado por los prisioneros. ¿Por qué ahora?

–Porque sí. Ahora déjame en paz.

–¡No! Bulma, por favor.

–¿Ahora qué quieres?

–Te quiero recuperar. – dicho esto, la tomó de la cintura y la besó. Bulma intentaba zafarse del agarre pero éste no cesaba.

Bulma abrió los ojos y lo primero que captó su vista no fue al pelinegro que la tenía atrapada en sus brazos. Su vista se dirigió directamente a los ojos azabaches que estaban detrás, acompañado de su amigo y otros dos guardias que lo llevaban devuelta a su cárcel.

Después de un año en el sótano, Vegeta y Gokú fueron transferidos devuelta a las cárceles comunes.

–Vegeta. – susurró la peliazul en la boca del pelinegro.

–¿Qué? – dijo éste, soltándola y mirándola extrañamente.

Bulma ignoró a Yamcha y siguió con la vista a ambos pelinegros de atrás, sobretodo Vegeta. Se lo veía un poco delgado, ya que los que son castigados y encerrados allí, sólo comen las sobras de lo que queda del almuerzo, además de que no lo dejaban salir y no podían hacer ejercicios. Ambos hombres tenían barbas largas y cabello también largo, quedaban colgados alrededor de la mitad de su espalda, pero conservaban cierta forma de sus respectivos estilos en su cabellera. Sus ropas destrozadas y sucias. Estaban hecho un desastre.

Bulma se dirigió hacia ellos pero su amiga llegó llevándosela. Hasta entonces, los guardias junto a los pelinegros ya habían desaparecido del pasillo.

–¡Milk!

–Bulma, tenemos que ir a enfermería. Hoy van a venir a entregarnos las vacunas para los prisioneros. Recuerda que cada año se hace para evitar contagios y enfermedades virales.

–Sí, lo recuerdo. – suspiró y la acompañó. Después le contaría a su amiga e iría a verlos. Por ahora tenía un largo día.


–¿Oyeron de lo que hablan todos? –preguntó Krilin mientras todos comían.

–No ¿de qué hablan? – preguntó Gohan curioso.

–Que hoy van a vacunarnos. Lo hacen cada año. – respondió 16.

–¿Por qué? – fue Tapion quien, esta vez, preguntaba.

–Para evitar contagios y enfermedades.

–Ahh… ¿es obligatorio para todos?

–Sí, así es.

–Demonios. – susurró Krilin, no tenía escapatoria.

–Ustedes. – dijo Piccolo dirigiéndose a Tapion y Kaioshin –Los vi pasar por mi celda ¿A dónde lo llevaron?

–Ahh, sí. Nos cambiaron de celda, de nuevo.

–¿Qué? ¿Por qué?

–No lo sabemos. Llegaron los guardias y nos sacaron. – se encogieron de hombros, restándole importancia al asunto.

–Bueno. Oigan, hay algo que tengo que preguntarles.

–¿Qué? – preguntaron todos, bajando la voz.

–Gohan y yo nos preguntábamos si ustedes aún están pensando en escapar de éste lugar.

–No lo sé Piccolo. Ya me aumentaron un año más de sentencia por el intento de hace un año atrás. – respondió indeciso Ten shin Han.

–Sí, pero si esta vez logramos escapar, nos mantendremos ocultos y libres sin necesidad de esperar los años que nos falta.

–yo sí acepto. – interrumpió Krilin.

–Muy bien Krilin. ¿Algún otro?

Nadie respondía. Sólo se miraban el uno al otro esperando a que alguien hablara.

–Nosotros. – interrumpieron dos voces al unísono.

Continuará….


N/A: Hola! Perdón por el retraso con éste fic. He estado ocupada con los otros y dejé a éste un tanto olvidado jeje :/

Bueno gracias a todos por sus comentarios. Incluso, Tú, Spirit of Paladin que tomé tu Review como algo constructivo y ahora estoy intentando cambiar eso del POV que no sea repetitivo como dijiste, cómo aún no me decido, no me quedó de otra que hacer un fic en tercera persona sin agregar el POV.

Pero bueno, dejando eso de lado, También les agradezco a los demás por sus lindos comentarios que me alientan a seguir escribiendo. Ya comencé a escribir el siguiente cap, así que pronto los subiré. Denme tiempo, por favor :3

Eso es todo por hoy, espero que les haya gustado el capítulo. ¡Cuídense mucho, besos y hasta la próxima actualización!