Disclaimer: Dragon Ball Z y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Capítulo X

Bulma y Milk preparaban todas las inyecciones que les habían enviado desde los fármacos para las prevenciones de enfermedades en la prisión.

–Uff… – suspiró la peliazul –. Empecemos con esto para terminar de una vez.

–Sí– Milk se aproximó al teléfono –. Señor, podemos empezar ahora.

–Muy bien. Enviaré a los guardias para que lleven a los prisioneros– respondió el decano.

–Ok…

Pasaron cinco minutos y se oyó a alguien golpeando la puerta.

–Señoritas. Aquí está el primero – Ginyu metió al reo, bruscamente, salió al pasillo y cerró la puerta, dejando solos a las enfermeras con el prisionero.

–Hola preciosa – coqueteaba Broly con una mirada lujuriosa. –Te ves sexy con esa bata. Toda una sucia enferme… ¡Auuch!– se quejó el musculoso hombre. Bulma había inyectado rápidamente en su brazo, cansada de sus obscenas palabras que para ella eran ofensivas, sin que él se hubiera dado cuenta.

–Listo, puedes irte – dijo la peliazul con el ceño fruncido.

–Aún no hemos terminado con nuestra…

–¡Ginyu! – gritó Milk, ya cansada de ver a ese idiota "ligando" con su amiga. –¡Ginyu!

–¿Ehh? – el susodicho entró bruscamente por los gritos–. ¿Qué sucede?

–Saca a éste patán. Ya terminamos con él.

–Muy bien. ¡Muévete idiota! – tomó a Broly de su hombro y lo sacó a zarandeadas.

–¡Diablos! Ojalá sea el único idiota así porque no voy a tolerar todo el día con más patanes como ese – se quejaba Bulma. Ginyu volvió a interrumpirlas.

–Aquí está el siguiente – entró con otro hombre.

Siguieron con las inyecciones durante horas y aun no terminaban.

–Bulma.

–¿Qué sucede Milk?

–¿Qué querías decirme, en la mañana, cuando te fui a buscar al pasillo?

–¿En la mañana?

–Sí, estabas con Yamcha. Te saqué rápidamente de ahí y te quejaste. ¿No me digas que estás con Yamcha? – Bulma se quedó callada recordando aquel momento pero para Milk ese silencio significaba estar en lo correcto –. ¡¿Era eso? ¿Eso querías decirme? Que estás con Yamcha!

–¿Qué? – sacudió la cabeza –. ¿Qué estupideces dices Milk? Yo sigo molesta con Yamcha.

–Bueno, es que te quedaste callada y no lo negaste. Yo sólo supuse aquello – se excusó la pelinegra –. Si no era eso. ¿Qué querías decirme?

–Ahh… sí. Era…

–Señoritas – volvió a interrumpir Ginyu entrando con un hombre alto, musculoso, pelinegro. Ambas féminas voltearon a ver hacia la puerta. Una de ellas se aproximó rápidamente hacia aquel hombre.

–¡Gokú! – abrazó al pelinegro. Éste le correspondió. Ginyu tosió intencionalmente para interrumpir su abrazo.

–Señorita, me parece que tiene trabajo que hacer.

–Lo siento.

–Omitiré éste momento y espero que sea la última vez.

–Sí. Ahora si me permite…

–Está bien. Las dejaré solas – el guardia salió al pasillo a esperar.

–¿Y cómo has estado Gokú? – preguntó Bulma.

–Pues muy bien. Aunque, ahora, sólo quiero afeitarme. ¡Me pica mucho! – se rascaba todo el vello facial que cubría su mentón.

–Sí, pues, Milk estuvo muy preocupada por ti. Te extrañó mucho.

–¡Bulma! – reprochó la pelinegra que estaba preparando la inyección.

–Yo también la extrañé mucho. A las dos – Milk se sonrojó por lo que decía Gokú.

–¿En serio me extrañaste? – preguntó aproximándose a él.

–Sí, mucho. Extrañaba hablar contigo y ….– abrió sus ojos de par en par y pegó un salto hacia atrás causando su caída de la camilla –. ¡INYECCIONES!

–Gokú ¿Estás bien? – se acercaron las mujeres para ayudarle.

–¡No se me acerquen! ¡Alejen esa cosa de mí!

–Tranquilo. No te haremos daño sólo sentirás una pequeña molestia, nada más.

–¡No! ¡Por favor, no! – gritaba horrorizado alejándose de las mujeres de un lado a otro.

–¡Gokú ya basta! – ante el grito de Bulma, el pelinegro se quedó petrificado. –¡Ahora siéntate y quédate quieto que hoy no estoy de humor para tolerar esto!

–Es…tá…bien – tartamudeó el de cabello alborotado.

–Tranquilo. Confía en mí– le sonrió Milk.

–Está bien – suspiró resignado. Cerró los ojos esperando el "gran" dolor de la inyección que se aproximaba a su brazo.

–Listo.

–¿Qué? ¿Eso es todo? – preguntó sorprendido. No esperaba que fuera tan insignificante.

–Sí. Puedes irte.

–Está bien. Gracias.

–Hasta luego– se despidieron las mujeres.

–Milk. Ésta es la última inyección de ésta caja.

–Está bien. Iré a buscar más. ¿Puedes encargarte del siguiente tú sola?

–De acuerdo.

Milk se fue a la otra habitación a buscar más inyecciones. En la enfermería, Ginyu ingresaba con el siguiente. Bulma no lo escuchó entrar, estaba mirando hacia el gran paisaje desde su ventana.

–Mujer – dijo, en voz baja, el hombre pelinegro que había entrado.

–Vegeta – se acercó, lentamente, con una sonrisa –. ¿Cómo has estado?

–No me quejo pero he estado mejor – dijo sarcásticamente, ella rio por su respuesta.

–Sí, me imagino. Un año encerrado en la oscuridad no es para cualquiera ¿verdad? – se acercó con la inyección mientras lo ayudaba a sentarse.

Él no respondió. Bufó molesto pero no por su comentario sino por la forma en cómo se estaba sintiendo estando cerca de ella. No le gustaba para nada.
Aceptó el hecho de extrañarla durante aquel año en "cautiverio", que lo encerraron, pero otra cosa, totalmente distinta, era aceptar que su cuerpo se estremecía por la calidez de su cuerpo cerca del suyo.

–hay algo que debo decirte Vegeta – la peliazul cambió su gesto por uno serio.

–¿De qué se trata? – se estremeció ante el tacto de su piel con el algodón mojado que, Bulma, le refregaba en el brazo, justo donde iba a inyectar.

–Es sobre el papel que me diste.

–Ahh… lo había olvidado por completo. ¿Qué hay con él? – preguntó desinteresado pues creía que no significaba nada.

–Vegeta, ¿tu familia era millonaria o algo parecido?

–¿De qué demonios hablas? ¡Era un jodido mecánico! – respondió exaltado.

–Bueno…

–¿Qué decía el papel, mujer? – interrumpió, exigiendo, más interesado e impaciente.

–Antes de eso hay algo más que quería decirte.

–¿Qué?– Suspiró. Sí la respuesta era de su interés, sabía que tendría que darle una recompensa, aunque no tenía absolutamente nada.


Mientras tanto afuera de la enfermería, una larga fila de prisioneros, vigilados por guardias, esperaban por su turno.

–¡Krilin! quédate quieto – replicó Piccolo, ya cansado de que su amigo estuviera paranoico por una simple inyección –. Estás peor que Gokú. ¡YA BASTA!

–Lo siento.

–¡Oye tú!– llamó Ginyu –Pareces impaciente. Ven, serás el siguiente.

–¡Nooo! – Krilin se aferraba de sus amigos pero éstos no hacían nada para impedir que se lo llevaran. –Noooo…

–Gohan. Oí que volviste a ver al decano – decía Piccolo –. ¿Por qué? Ya van dos veces en éste mes. Hace un año atrás que no te buscaba.

–No es nada, señor piccolo – respondió nervioso –. La última vez que fui, lo ayudé a hacer unos cálculos y pues me pidió ayuda para sacar algunas cuentas. Lo visitaré dos veces por semana.

–Supongo que nos puede ser de utilidad si es que volvemos a planear algún escape.

–Sí, aunque no sé si tendremos esa suerte.

–Ya verás que saldremos de aquí – animó Piccolo.

–Eso espero…


Gokú caminaba hacia el patio. Era hora de descanso al aire libre, aunque solo unos pocos estaban allí ya que los otros seguían esperando por sus turnos en la enfermería.
Estaba serio. Hace un par de meses atrás, empezó a tener unos problemas cardiacos. Vegeta era el único que sabía, pues, estaban encerrados juntos y él fue quien lo ayudó. Pero, ahora, empeoraba más y más. Sentía que se le oprimía de vez en cuando y, en algunas ocasiones, se le dificultaba el aguantar y simplemente caía desmayado. Sabía que no estaba completamente curado, desde aquella vez antes de su castigo, pero no creyó que le causaría semejante problema.

Sacó un par de aspirinas, que tomó en la enfermería sin que se dieran cuenta, de su traje a rayas y se las tomó. Cerró los ojos por el pequeño dolor que se aproximaba, el cual duró un par de segundos, y finalmente aquella molestia desapareció; mas no se había ido, no por ahora.

–¿Estás bien? – se acercó un hombre.

–Sí– respondió agitado y recuperando el aliento.

–Bueno. Deberías ir a la enfermería, pareces enfermo.

–No, estoy bien.

–De acuerdo. Por cierto, soy Neill – se presentó el hombre, extendiendo su mano.

–Gokú – le devolvió el saludo. –Un momento. Te pareces a Piccolo.

–¡¿Conoces a Piccolo?!– Por fin te encontré, hermano. Pensó Neill.


–Si no tienes nada qué decirme, será mejor que inyectes eso y así pueda irme de una vez – se exasperaba el pelinegro, después de esperar unos minutos de silencio de parte de Bulma.

La peliazul suspiró. –Bien… ¿Qué harías si fueras rico?

–¿A qué viene esa pregunta?

–¡Sólo responde!

–No lo sé. Nunca me he imaginado como un millonario.

Bulma no se atrevía a decirle. Temía que, al enterarse de su herencia, Vegeta se apresuré y se escape de la prisión. Si ya lo habían intentado una vez, sabía que lo volverían hacer y más aun con aquella noticia.

Ella no quería que se vaya, no aun. Le gustaba mucho ese hombre y sabía que poco a poco iba cayendo más en sus redes pero eso no le importaba. Solo quería tenerlo más tiempo. Si vegeta sabe que es millonario, iría en busca de su dinero y nunca más lo volvería a ver.

–¡¿A dónde quieres llegar con todo esto?!– preguntó molesto. Otra vez se quedó pensativa y no le respondía.

–Ahh… nada. Olvídalo.

–Como quieras. Ahora, háblame sobre la hoja que te di un año atrás.

–Ahh…sí, la hoja. Verás…

–Señorita. Me parece que está demorando demasiado – interrumpió Ginyu.

–Sí, lo lamento – salvada por la campana. Acomodó el brazo de Vegeta e inyectó rápidamente. –Puedes irte.

–Esto no ha terminado.

Bulma suspiró y esbozó una pequeña sonrisa. Era bueno volver a tenerlo de vuelta.


A la mañana siguiente los prisioneros fueron llevados a las duchas. El tan esperado día para los pelinegros, ya que ambos se sentían sucios y no se habían dado una ducha desde hace mucho. Los guardias le dieron un par de tijeras y navajas para que estos pudieran cortarse el cabello y afeitarse. Después de su aseo, nuevamente fueron llevados a sus celdas. Otra vez, repetían su rutina diaria. Encerrados, comer, dormir, trabajar, encerrados nuevamente y seguir durmiendo en la mayoría de los casos.

Pasaban los días y con ello las semanas. Durante aquel tiempo, Vegeta tuvo más acceso a la enfermería ya que, como trabajo comunitario, lo obligaron a reparar algunas cosas dentro de la estructura y tenía el permiso de caminarse por allí sin ser molestado.

Visitaba a Bulma con frecuencia y conversaban un buen rato, hasta que su amigo o amiga los molestaran o un guardia lo llevara a, horcajadas, cumplir con su trabajo.


–¿Otra vez escapaste de tu labor? – preguntó divertida.

–Shhh… Creo que me viene persiguiendo un idiota– tapó la boca de bulma con su mano, posicionándose muy cerca de ella, demasiado.

El hombre, afuera en el pasillo, que perseguía al pelinegro y lo perdió de vista, se acercó a la puerta de la enfermería creyendo haber escuchado voces de adentro. Apegó su oído a la puerta y aguardó por unos segundos. Sin embargo, no volvió a oír nada más que su respiración y simplemente optó por irse de allí, siguiendo su camino.

–¿Quién era?

–No lo sé. Un idiota de cabello albino.

–¿ Y por qué te perseguía? ¿Acaso era un guardia?

–No. No tenía traje de guardia. O no lo sé. Tampoco me importa quién demonios era.

–¿Y qué haces aquí?

–A que me digas de una vez por todas qué diablos decía esa estúpida hoja.

–Yo…éste…

–Sin excusas Bulma ¿Acaso me estás ocultando algo?

La peliazul simplemente suspiró y optó por decirle. No podría mentirle más aunque quisiera.

–Vegeta…el papel que me diste, no logré traducirlo muy bien pero…

–¿Pero qué?

–Creo que perteneces a una familia de élite, Vegeta. Lo poco que entendí es que tú eres heredero de una fortuna.

–¿Qué? Pero…¿Cómo es eso posible?

Continuará…

N/A: ¡Hola a todos! Primero que nada me disculpo por la tardanza en actualizar. Iba hacerlo hace semanas atrás pero me trasladé de casa y pues no tuve tiempo. Además tardaron para que me instalaran internet en mi nueva casa y así estuve desesperada yo también :/
Ahora, Muchísimas gracias por sus comentarios. Leer que les guste esta historia me alienta a seguir escribiendo. Mil gracias por sus reviews.

Espero que les haya gustado este capítulo y agradezco, nuevamente, a todos los que leen este fic, lo siguen y lo tienen como fav. Cuídense mucho y hasta la próxima actualización.