Disclaimer: Dragon Ball Z y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Capítulo XI

Ya llevaba un mes y aun no tenía ni la menor idea de lo que Bulma le había dicho aquel día en la enfermería.

¿Él, heredero de una fortuna? ¿Cómo es eso posible? Vivió toda su vida trabajando. Incluso, cuando sus padres estaban vivos, durante sus primeros seis años de vida, no tenía ninguna clase de lujos. Era feliz como vivía pero, para aclarar, es necesario afirmar que siempre vivió en una casa pequeña en el monte Paoz, junto con su amigo Kakarotto y sus padres, y les ayudaban a sus madres en los quehaceres mientras sus padres salían a trabajar.

¿Cómo es posible que en ese papel esté escrito su nombre y diga que formaba parte de una familia de élite? Él no conocía a sus familiares. Tanto su padre como su madre eran hijos únicos. Sus abuelos, de parte de su madre, fallecieron y los de sus padres nunca los conoció.
El único familiar que tenía era Nappa, a quien no veía desde aquel trágico año que perdió a sus padres.

La campanada lo sacó de sus pensamientos. También despertó bruscamente a Gokú.
Ambos hombres salieron a realizar sus trabajos, dirigiéndose al sótano.

Ya allí, con otros cuatro prisioneros incluyendo a Krilin y Piccolo, tomaron sus cascos y sus herramientas para empezar a refaccionar la estructura y algunas tuberías en mal estado.


Mientras tanto, Tapión y Kaioshin caminaban por los pasillos de la prisión después de haber terminado sus actividades en la carpintería. Escucharon una plática en la oficina del decano y decidieron aproximarse para escuchar. Revisaron a sus alrededores si alguien los veía y todo estaba despejado.

–Hola. Hace tiempo que no nos veíamos– oían que alguien hablaba.

–¿A qué viniste? – escucharon responder al decano.

–¿Que acaso no puedo venir a visitar a mi hermano? – respondía el otro burlón.

–Claro. Yo también te extrañaba – habló con sarcasmo.

–Jaja – rió por lo bajo el sujeto – el mismo de siempre ¿eh?

–Dime, freezer – oyeron al decano –¿A qué viniste?

"¿Freezer?" se preguntaban los hombres que oían toda la conversación. Se miraron el uno al otro intentando responderse pero ambos conservaban el rostro de incertidumbre en sus caras.

–Debemos hablar con el jefe – dijo Kaioshin.

–Sí. Pero debemos esperar un par de días – respondió Tapión –. Recuerda que aún no acaba el mes y ya hemos hecho nuestra llamada mensual. No nos van a permitir hacerlo hasta la próxima semana.

–Cierto. Entonces, vamos a avisarles sobre esto a los muchachos.

–Si quieres, podemos ir a verlos en este momento – oyeron decir al decano mientras empezaban a oír los pasos caminando hacia la puerta.

–Bien. Démonos prisa.

Salieron corriendo antes de que alguien los atrapara.


En el sótano Gokú y Vegeta tomaban un descanso mientras los demás prisioneros se iban al comedor.

–Diablos – se quejaba Krilin mientras se limpiaba el sudor de su frente –. Hemos cavado cuatro metros y no encontramos la tubería.

–Es curioso – dijo Vegeta levantándose extrañado –. Porque las tuberías de las regaderas no están más debajo de un metro.

–Es cierto – apoyó Gokú –. Recuerdas el problema de las duchas del otro día, Piccolo.

–Sí – respondió molesto –. Como olvidar que por tu culpa me hayan obligado a arreglar las regaderas a mí.

–¿Mi culpa? – preguntó inocente el de cabello alborotado.

–Pues sí – se exaltó Piccolo –. Tu cabeza destrozó el cemento. Yo sólo pisé fuerte la arena y mi pie se hundió rompiendo una tubería.

–¿Y eso por qué es mi culpa?

–¡Pues no dejabas de cantar esa estúpida canción!

–Pues ahora que lo dices no recuerdo qué pasó después – dijo el pelinegro más alto –. Creo que me desmayé por el golpe.

–Vegeta te llevó a la enfermería.

–¡Cállate insecto! – gritó Vegeta. Conocía a su amigo y sabría que éste le echaría en cara que se preocupó por él. Gokú miró divertido hacia Vegeta, dándole a entender lo que él y sabía. Pero no lo negaba, sí se preocupó. Su amigo puede ser un idiota y cabeza dura pero aquel golpe lo dejó más estúpido, aparentemente.

–Bueno, creo que no estamos saliendo del contexto– intervino Krilin –.Vegeta, ¿qué tratabas de decirnos?

–Ah, sí. Llevamos trabajando horas aquí y no nos dimos cuenta de algo, ¡estúpidos!

–Está bien, Vegeta – calmó el pelinegro –. No tienes por qué gritarnos.

–¿De qué no nos dimos cuenta? – preguntó Piccolo.

–¿Que no lo ves? – respondió –. Estamos en el sótano. Se supone que aquí deben estar los medidores de los tanques de agua y toda esa mierda.

–Cierto. ¿Y a dónde quieres llegar?

El pelinegro tomó la picota y continuó cavando medio metro más para finalmente observar pequeñas luces mediante el hueco que había logrado.

–Lo sabía– susurró.

–¿Qué es eso? – preguntó asombrado Gokú.


–Bulma – la interrumpió Milk –. Has estado en esa computadora durante días.

La peliazul ignoró completamente a su amiga. No dejaba de investigar información sobre la familia de Vegeta. Le tomó mucho tiempo encontrar algo al respecto, ya que al parecer alguien se encargó de que los datos de aquella generación no existan. Eso era obvio, pues aquella familia era rica e imponente, por lo tanto debía de haber toda clase de información sobre ellos.

Encontró una imagen. Algo decepcionante, pues estar sentada días en el computador y encontrar solo una imagen, era lo más deprimente en una investigación. Aunque, una imagen bastante curiosa.

Había alguien más allí. Un hombre mayor parecido a Vegeta, obvio era su abuelo. Sentados, en el suelo, estaban tres jóvenes. Uno era el padre de Vegeta, notorio por su parecido. El otro, sin duda, era el de Gokú. Pero ¿Quién era el otro muchacho? Al lado de su abuelo había otro viejo que usaba unas gafas y vestía un estilo hawaiano.

Creía haberlo visto en algún lado. Era desconcertante su situación pero tenía que seguir en eso. Vegeta se lo pidió y no podía fallarle.

–Hola, Yamcha – saludó la pelinegra.

–Hola. Hey, Bulma.

–No te hará caso – le dijo –. Está totalmente distraída en eso.

El guardia se acercó a la pantalla, curioso, y observó la imagen que estaba imprimiendo Bulma.

–Ese muchacho se parece al decano – comentó el de la cicatriz. Eso llamó la atención de la peliazul que, instantáneamente, volteó a verlo.

–¿Qué? – dijo desconcertante. Ella también conocía al decano. Sí, se parecía pero no podía ser él –. Es imposible.

–Pues sí – respondió –. Ah, ya sé. Debe ser su hermano.

–¿Su hermano?

–Sí, un hombre llamado Freezer – respondió –. Hay rumores que afirman que es un mafioso y el decano siempre le cubre su espalda.

–Freezer…– susurró, observando la imagen.


Terminaron de cubrir el hueco que habían abierto hace poco. Colocaron un par de cartones encima y una sábana.

Los otros reos que salieron al comedor habían regresado.

–No se preocupen – les dijo el pelón –. Ya hemos terminado.

–¿Estás seguro? – preguntaron.

–Sí.

Los hombres, desconfiando, decidieron acercarse más para ver su trabajo "terminado".

–¡Oigan!

–Quítate – demandó el reo mientras intentaba empujar a Vegeta –. Mira, imbécil. Sólo quiero comprobar su trabajo terminado porque si no es así terminaremos castigados en aislamiento por sus estupideces.

–Ya hemos terminado – repitió Vegeta, con su mirada intimidante y su áspera voz, que demandaba peligro. Cosa que no pasó desapercibido por los reos.

–Bien – respondió fingiendo dureza –. Como quieras.

Acto seguido, se dieron la vuelta para salir de allí. Antes de que tomaran la perilla, vieron cómo esta se movía ya que alguien intentaba abrirla desde afuera. Los muchachos sudaron de nerviosismo. Quien sea que fuera, estaban en problemas si se enteraban de lo que habían hecho.

Afuera de la habitación del sótano, se encontraban Cooler y su hermano que buscaban a los pelinegros. Antes de que abriera la puerta, un guardia los llamó.

–Señor, hay un nuevo reo esperándolo en su oficina – le gritó desde arriba –. Debe darse prisa, viene acompañado del Sheriff.

Eso llamó la atención de Freezer. Conocía al Sheriff y no tenían una buena relación. ¿Por qué? Pues, simplemente, porque aquel viejo oficial sabía en lo que él estaba metido. Sabía que era delincuente y jefe de una mafia. Si no lo metió a la cárcel hasta ahora, no sólo fue por la influencia de su hermano, sino porque todavía no lo encontró con las manos en la masa. Pero las ganas que tiene de meterlo preso le sobraba demasiado. Sabía que tenía que cuidarse de él.

–Muy bien – dijo Cooler – Lo siento, Freezer. Debo dejarte. Si gustas, entra. Ellos están allí trabajando.

–No. Eso nos tomará tiempo – respondió éste –. Y estás muy ocupado. Mejor lo dejamos para otro día.

–Como sea. Haz lo que quieras. ¿Conoces la salida, verdad?

–No te preocupes, ve a tu pequeña reunión de amigos.

Adentro de la habitación, los muchachos vieron la perilla dejar de moverse y oyeron pasos alejándose desde afuera. Finalmente, podían respirar.

Por ahora….

Continuará…


N/A: Holaaa! Nuevamente me disculpo por la demora que estoy teniendo en publicar. ¡Lo siento muchísimo, enserio! Pero, aunque sé no debe ser excusa, estoy totalmente en blanco. Mi inspiración e imaginación quedó vacía temporalmente. En menos de un mes acabo mis clases y empiezan mis vacaciones. Espero que allí me recupere y les prometo me esforzaré por seguir mejorando y trataré de no tomarme demasiado tiempo.

Como siempre, agradezco a todos los fieles seguidores y lectores que se toman su tiempo de pasar por aquí. Lesagradezco un montón por sus reviews que me animan día a día. Gracías a los Fav y Follow que le dieron a ésta historia. Ya les dije, ustedes hacen que siga con ésta historia.

Bueno, espero que les haya gustado el capítulo. Gracias, nuevamente y cuídense mucho! Nos vemos en la próxima actualización. Hasta pronto.