— Bien, Ali, bienvenida a Osadía.
Ali se unió con el resto del grupo.
— Pensé que no ibas a saltar nunca —comentó Derry.— ¿Te ha empujado ése?
Negó con la cabeza. Un ruido detrás de ellas les indicó que alguien acababa de caer sobre la red. Peter salió por sus propios medios.
— Ya estamos todos aquí.
La mujer que había ayudado a Ali a salir de la red asintió.
— Perfecto. Entonces, allá vamos. ¡Seguidme!
Enfilaron por un pasillo estrecho. Las paredes eran de piedra y el techo, a veces demasiado bajo. —Estamos bajando —susurró Derry.— ¿A dónde nos llevarán?
— Ni idea. Nunca había estado aquí antes —contestó Ethan, provocando la risa de las chicas.
El pasillo estaba iluminado a intervalos por medio de unas linternas, peor la luz era débil y Ali no conseguía ubicarse. Tuvo que prestar atención porque Peter estaba diciendo algo:
— Aquí es donde nos dividimos. Los Iniciados que habéis nacido en Osadía, seguidme. El resto, detrás de Tris.
Tris era la mujer de nariz larga.
— ¿Por qué nos dividimos? —preguntó receloso un chico de Verdad.
— Porque a vosotros os vamos a tirar al abismo.
El tono de voz de Peter fue burlesco y el chico que había hablado tragó saliva. Tris salvó la situación.
— A los nuevos vamos a daros un tour, para que no os perdáis. Andando.
Ali respiró aliviada. Tris parecía alguien más razonable que el tal Peter.
— Es muy joven, ¿no? —comentó en voz baja Derry.
— ¿Quién?
— Ella.
Ethan las interrumpió:
— Sí, se transfirió aquí el año pasado. Antes pertenecía a Abnegación.
— ¿Y tú cómo lo sabes? —preguntó Ali sorprendida.
— Porque es la hermana de Caleb Prior.
¡Caleb! Ali tragó saliva. Deseaba no volver a oír nunca más su nombre. Pero el hecho de que la tal Tris fuera su hermana la puso en guardia. No debía confiar en ella.
Cuando el último de los nacidos en Osadía desapareció por otro pasillo, Tris los contó. Había nueve personas. Un muchacho de Abnegación, dos chicos y una chica de Cordialidad, Derry de Verdad y Jon, Ethan, Layla y Ali de Erudición. El resto o bien no habían conseguido subir al tren o no habían saltado.
— Bien, como sabéis, soy Tris. Soy Examinadora y me va a tocar supervisar vuestra Iniciación. Ahora estamos a punto de entrar en el Foso. Allí hacemos gran parte de nuestra vida en común.
"El Foso" era una caverna subterránea, un agujero enorme de paredes de piedra. Desde su posición, Ali contó varios pisos excavados en los muros de roca desnivelada. Pero lo que más le llamó la atención fueron los distintos puestos de comida, ropa, provisiones, actividades de ocio. Era como si se hallasen en el centro de una plaza, sólo que ésta estaba bajo tierra. Más arriba, por encima de ellos se alzaba una bóveda acristalada, que dejaba pasar la luz natural.
No eran los únicos que estaban en el Foso. Una gran multitud de hombres y mujeres, en apariencia jóvenes y vestidos de riguroso negro chillaban, hablaban, gritaban entre sí. El griterío era tal que Ali cayó en la cuenta de que el silencio, al que tan acostumbrada estaba en Erudición, era, detrás de la luz solar, un privilegio del que no iba a disfrutar a menudo.
— Ahora voy a enseñaros el Abismo —dijo Tris
— Menudos nombres: Foso, Abismo… no es que sean muy originales —susurró Ethan.
Ali asintió.
— Totalmente de acuerdo.
A la derecha del Foso, en una zona más bien oscura, había una verja metálica. Un ruido estruendoso, que absorbía el griterío del Foso. El agua bajaba con una velocidad inusitada y arremetía con furia contra las rocas. Ali tuvo que hacer un esfuerzo para escuchar la voz de Tris.
— El Abismo nos recuerda constantemente que hay una línea muy fina entre la osadía y la estupidez. Un temerario que se lanzara desde esta altura terminaría con su vida. Quedáis advertidos. Ya ha pasado antes.
Si la intención de la Examinadora era asustar al grupo de Iniciados, lo había conseguido. Todos se alejaron de la verja, visiblemente incómodos.
Tris los guió de nuevo al Foso y se adentraron en una caverna que se abría a la izquierda. El ambiente estaba cargado y en el aire flotaba un aroma como de…
— ¡Comida! ¡Qué bien! Me estaba muriendo de hambre —aplaudió Derry.
El comedor estaba lleno de personas que entrechocaban vasos, cubiertos y platos. Derry, Ethan y Ali se dirigieron a una mesa libre. Ali descubrió que Peter estaba allí sentado. Le hizo señas a Derry pero la chica ya se había sentado, atrayendo la mirada de Peter. Pero el chico optó por ignorarla y siguió comiendo.
En el centro de la mesa, Ali identificó algo parecido a un puré de patata y una bandeja llena de trozos de carne gruesa. La salsera rebosaba de un líquido que parecía aceitoso, así que se sirvió con discreción. Para su sorpresa, la comida estaba buena.
— Nunca pensé que en Osadía supieran cocinar bien —estaba diciendo Ethan, con la boca llena de puré de patatas.— Dicen que los mejores cocineros están en Cordialidad, pero me parece a mí que esto está de muerte.
Ali, sentada frente a Peter, estaba incómoda. Aunque el chico parecía estar ignorándolo, bien podía estar pendiente de la conversación. Anotando mentalmente cualquier comentario para arremeter contra ellos.
Las puertas de la cafetería se abrieron y un silencio cayó en el cuarto. Ali levantó la cabeza para poder ver al chico de pelo oscuro y corto que acababa de entrar. No fueron tanto los piercings como la mirada glacial que paseó por la sala lo que sorprendió verdaderamente a Ali. Eric Coulter había cambiado mucho.
— ¿Quién es ese? —preguntó Derry.
— Eric. Uno de los Líderes de aquí. Mejor ándate con ojito con él —era la primera vez que Peter habría la boca para comentar algo, — no querrás terminar echa un estropajo, ¿no?
— Es bastante joven, ¿no? —¿Cómo había llegado Eric tan lejos? Apenas hacía dos años que se había transferido.
— Nadie es demasiado joven en Osadía. En eso somos bastante más progresistas que Erudición.
Tenía razón. Uno de los requisitos para llegar a ser líder en Erudición era la edad. La madurez intelectual se medía por la prudencia que daban los años de experiencia.
Los pasos de Eric resonaron en la sala cuando avanzó en dirección a la mesa. Ali pensó que se sentaría con ellos pero se paró una antes de llegar, junto a la mujer de nariz larga, Tris.
— ¿Qué, quieres que le avise? —Peter se había dado cuenta de los esfuerzos que Ali hacía para ver al Líder.
Negó con la cabeza.
— Sólo estaba mirando los piercings de su cara.
— Ah, ¿quieres a su estilista, entonces?
Si aquello era una broma, era realmente nefasta. Ali frunció la nariz y se llevó una cucharada de puré de patata a la boca.
— Es una broma, ¿no? —la voz aguda de Roxana resumió lo que todos estaban pensando. Peter los había conducido a las habitaciones y les había mostrado el cuarto común que compartirían todos, chicos y chicas.
— Si te ha gustado esto, prepárate para ver el baño —Peter se lo estaba pasando muy bien con la visible incomodidad de los Iniciados.
El baño era exactamente como Ali había temido. Las peras por donde caía el agua, estaban dispuestas en el centro del baño y en los laterales había picas, espejos y un par de retretes. Y no había zonas separadas.
Una vez acostada en la cama, con Derry en la cama de al lado y Ethan en la del otro, Ali cayó en la cuenta de lo cansada que estaba. El día había estado lleno de emociones: la Elección, la llegada a Osadía, la cena… Unas horas antes estaba confortablemente sentada en su cama, en aquella habitación tan pulcra y ordenada. Y ahora ni siquiera tenía cuarto propio. Aunque, vistas las condiciones, lo peor de todo era compartir el baño. Se anotó mentalmente ducharse a una hora distinta que el resto.
Sí, también había visto a Eric. Y estaba contenta. El día anterior había estudiado los distintos tipos de respuesta a un posible encuentro con el chico. El resultado final había superado con creces las expectativas. En primer lugar, Eric no la había visto, lo que significaba que, o bien no sabía que estaba allí, o bien no le importaba que se hubiera transferido. Ali no sabía cuál de las dos variantes sería la adecuada, aunque confiaba descubrirlo pronto. Y, en segundo lugar y más importante aún, su propia reacción. La visión de Eric la había desconcertado, eso era cierto: había aumentado considerablemente su masa muscular y adaptado su estilo al de Osadía, tan lleno de piercings y tatuajes. Pero el corazón de Ali no había latido con fuerza ni se habían despertado sentimientos extraños, cosa que habría sido preocupante. Ver a Eric había sido una experiencia extraña, pero Ali se sintió orgullosa por haber superado el nivel de "no me importan mi primer amor". Si se puntuaba, había obtenido limpiamente una Matrícula de Honor.
