Esa noche soñó que estaba en Erudición, de vuelta a casa. Pero no era la misma casa en la que había vivido desde pequeña. Alargó el brazo para agarrar el pomo y entró dentro.
— ¿Hola? ¿Hay alguien ahí? —pero su eco fue lo único que alcanzó a oír.— ¿Papá? ¿Nate?
El vestíbulo estaba en penumbras y tanteó la pared para encender el interruptor. La luz estaba fundida. Avanzó a tientas y entró en la cocina. La mesa estaba preparada, como si de un momento a otro, fuesen a cenar. Contó los servicios, había tres platos, como siempre.
Pasó al salón-cuarto de estar. La televisión estaba encendida, sin sonido. Pasaban el telediario de la noche.
— ¿Papá? ¿Nate? Soy yo, Ali, he vuelto a casa.
Se dio cuenta de que había dicho su nuevo nombre.
— No, —rectificó— soy Ali. He vuelto a casa.
Las escaleras crujieron y la chica se dio la vuelta, esperando el cariñoso recibimiento de su padre, o la sonrisa burlesca de su hermano. No se había equivocado. Su padre bajó los escalones, tambaleándose.
— Papá —sonrió ella y se acercó para darle un beso.
Pero el señor Gilbert no pareció reparar en ella y pasó de largo. Ali le miró desconcertada. Se dijo interiormente que había poca luz y que por eso no la había visto.
Observó a su padre sentarse en el sofá y concentrarse en unos crucigramas. Siempre hacía eso antes de cenar. Crucigramas con la televisión encendida haciéndole compañía.
El conocido chirrido de los goznes de la puerta trasera la distrajo y Ali se giró para ver entrar a su heramano.
— Nate —dijeron al unísono el señor Gilbert y ella.
Igual que había hecho su padre, Nate pasó por delante de la chica sin verla y se dejó caer en el sofá. Ali se estaba poniendo nerviosa.
— Eh, hola, papá, Nate, estoy aquí.
Se sentó junto a ellos, recostando la cabeza en el hombre de Nate, arrebatando el lápiz a su padre. Pero nada, seguían sin verla.
— Basta ya, me estáis asustando.
Les zarandeó con fuerza, pero sin éxito. De pronto, alguien habló desde la cocina.
— A cenar —era una voz suave, como una brisa ligera de principios de primavera. Era…
Ali se levantó corriendo. Detrás de Ali entraron Nate y el señor Gilbert y se sentaron en la mesa. Mamá se acercó a ellos con un bol humeante. A Ali aquella situación se le hizo extrañamente familiar. Apenas dos días antes, ella había hecho exactamente lo mismo que estaba haciendo ahora su madre. Nate pasaba los platos y ella servía. Cuando por fin se sentaron a comer, el señor Gilbert cogió la mano de su mujer y la besó mientras decía:
— Muchas gracias, Alteza — y añadió dirigiéndose a Nate:— ¡qué bien que por fin estemos todos juntos!
Ali quiso gritar. ¡¿Qué os pasa a todos?! ¡Y yo ¿qué?! Sintió una presión fuerte en la garganta, como si alguien la estuviera ahogando. Luego un golpe seco por detrás y la visión se volvió borrosa.
— Ali, despierta. ¡Arriba! —Derry la estaba zarandeando con fuerza.
Ali se incorporó. Estaba en Osadía, en una cama bien distinta a la suya. A su alrededor, los chicos se estaban vistiendo deprisa.
— Vamos a llegar tarde si no te das prisa —Derry terminó de atarse los zapatos. En el otro lado, Ethan estaba ocupado estirando las sábanas. Ambos iban vestidos de negro, como si llevasen una eternidad allí. A los pies de su cama, Ali encontró una camiseta y un tejano de color oscuro. Supuso que aquel sería su traje de ahora en adelante. Se puso los pantalones dentro de la cama y se deslizó la camisa por encima del pijama, que luego se quitó por encima de la cabeza.
— Remilgada —Derry puso los ojos en blanco, como si ella hubiese estado más que acostumbrada a esa situación mixta.— Corre si quieres que te espere. A en punto sirven el desayuno.
Ali corrió al lavabo y se lavó la cara con agua fría. Al mirarse al espejo se sorprendió de cómo la cambiaba el negro. No sabría decir muy bien qué aspecto le daba, pero estaba bien lejos de pasar por un miembro en pleno derecho de Osadía. Más bien parecía que había robado aquella ropa de su un muchacho mayor. Se recogió el pelo con una coleta alta y se unió a Derry y Ethan. Juntos bajaron a la cafetería, donde habían cenado el día anterior.
Descubrieron que no había horarios fijos en Osadía. Al menos, no para los que ya habían pasado la etapa de Iniciación. Ya había gente desayunando y los otros iban llegando a intervalos irregulares. Aun así, la sala estaba relativamente vacía.
Tris, la mujer de la nariz larga estaba desayunando un par de mesas más allá. Sentado frente a ella, estaba el chico con el que Ali la había visto el día anterior, cuando Eric se había acercado para hablar con ellos. Conversaban en voz baja y, en un momento determinado, el chico acarició con suavidad el brazo de la Examinadora.
— Esos dos son pareja —comentó Derry,— así que si por casualidad te interesaba el tipo ese, ya puedes ir despidiéndote de él.
Ali puso los ojos en blanco y bebió un poco de café. El sabor, fuerte y amargo, era distinto del de Erudición, más dulzón. Esperaba acostumbrarse a él.
— ¿Puedo? —Ethan se echó a un lado y una muchacha de Cordialidad se sentó con ellos.— Soy Roxana.
— Estas son Derry y Ali. Yo soy Ethan.
— ¿Habéis dormido bien? —preguntó Roxana.
— Bueno… podía haber sido peor —contestó Ethan.
— Yo he dormido bien, la verdad. Pero Ali, tú no has parado de moverte. ¿Te añorabas o algo?
Negó con la cabeza.
— He tenido sueños raros, eso es todo.
— Sueños raros tipo… ¿qué?
— Sin más, no los recuerdo bien, pero eran raros.
El señor Gilbert, mamá, Nate, llevando una vida familiar en la que ella parecía no haber existido jamás. Echó otro trago al café. En el fondo no tenía un mal sabor.
— Como sabéis, desde el año pasado, puntuamos a todos nuestros Iniciados. Aquí se va a poner, al final de cada día, vuestra puntuación —Tris señalaba una pizarra. En una columna estaban apuntados los nombres del grupo.— Como veis, os evaluamos de manera separada que a los nacidos aquí, en Osadía, pero eso no quiere decir que vuestros entrenadores vayan a ser menos exigentes. En la Prueba final se os examinará conjuntamente, y se decidirá en función de vuestras marcas.
— ¿Decidirá el qué? —Derry tenía la mano levantada.
— Si sois aptos para Osadía. Pero no te preocupes, contra toda lógica, a veces también hay sorpresa —Tris esbozó una media sonrisa que Ali no supo interpretar.
— ¿Qué pasa si resulta que no somos aptos? —su voz sonó muy débil, como si tuviera la garganta entelada. Carraspeó para aclararse la voz.
— En ese caso, la persona abandonará el recinto de Osadía y vivirá Sin-Facción.
Ali apretó los labios.
Le ardían los pulmones y la chorreaba sudor. Habían empezado con lo que Tris había llamado una Sesión Ligera de Resistencia. Llevaban más de media hora corriendo, trotando, agitando piernas y brazos y Ali ya no podía más. Delante de ella, Derry corría a buen ritmo. Se notaba que llevaba tiempo preparándose para eso. Ethan lo estaba pasando tan mal como ella y, al observar a su alrededor, vio que otros compañeros también.
— ¡Descanso! —la voz de Tris sonó fuerte por la sala y Ali obedeció.
Apoyó las manos sobre las rodillas y trató de recuperar el resuello. La garganta le picaba y las piernas le temblaban. Apenas se había sentado en el suelo cuando unas palmadas le indicaron que pasaban al siguiente ejercicio. Éste consistía en una serie de estiramientos y calentamientos. La Examinadora fue corrigiendo las distintas posturas, explicando qué músculos estaban estirando. El resto de la mañana transcurrió con ejercicios similares: una mezcla de resistencia, seguida de una sesión de calentamiento. A las doce y media, Tris indicó que era hora del almuerzo.
— A las dos, os espero de vuelta.
Todos asintieron y luego se dirigieron a la Cafetería
— Bueno, para ser el primer día no ha sido tan malo, ¿no? —dijo Derry mientras se arreglaba la coleta. Al ver que ni Ethan ni Ali contestabn, añadió:— Podría haber sido peor, digo.
— Para mi ha sido durillo. Nunca había hecho tanto ejercicio —Ethan todavía resoplaba.
— Pues aún nos queda la sesión de la tarde… y yo ya no puedo más.
— Tranquila, Ali, es cuestión de acostumbrarse. De verdad. Las primeras veces que salía a correr sola no duraba ni quince minutos.
— Espero que tengas razón —pero no lo dijo muy convencida.
Los Iniciados llegaron puntuales a la hora convenida. Tris llegó un poco más tarde, acompañada del chico de ojos claros, que había desayunado con ella.
— ¿Te presentas tú o yo? —le preguntó la Examinadora. El tono de su voz no fue ni dulce ni suave, sino profesionalmente neutra.
— Yo mismo —y dirigiéndose a los chicos dijo:— La mayor parte del tiempo trabajo en el cuartel de control, pero en las siguientes semanas, seré vuestro instructor. Mi nombre es Cuatro.
Ali alzó una ceja. ¿Qué clase de nombre era aquel?
—La primera cosa que vamos a aprender hoy es la manera de ganar una lucha. Técnicas básicas de defensa. Poneos por parejas.
Ali se dio la vuelta para buscar a Derry, pero entonces, Ethan se le adelantó y, alargando el brazo le dijo a Derry:
— Tú conmigo.
