Viernes, 11 de septiembre de 2015.
Sinceramente, hoy no tengo mucho que decir. Mi laptop anda fallando y eso me deprime porque ya saben, sin ella no puedo escribir, ni publicar, ni hablar con mis amigas, ni ver anime, oigan, ¡no puedo hacer nada! Por eso necesito es enfocarme en ver como la arreglo.
Besos y abrazos. Nos leemos :)
Capítulo 4: capitán Hitsugaya y Momo Hinamori, ¡lindos!
Hola, hola una vez más mis queridos y queridas lectoras (como yo jejeje) hentai; ok, lo repito, no necesariamente así pero a mí me encanta molestarlos con eso. ¡Sugoi! Ok y como en este fic se le da gusto a todo aquel que comenta, el día de hoy el turno es para un lector llamado VicenteAlex que me pidió esta pareja; bueno, no específicamente así pero eso fue lo que yo le entendí. Y bueno, gracias VicenteAlex por haber leído y haber comentado. Espero este shot de esta pareja que nunca me había imaginado pero que si me parece muy tierna, te guste. Es con mucho cariño para ti y para todos los que leen.
Bueno, pues la historia es así.
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Un buen día y después de la fiesta que se armó cuando por fin las zanpakuto dejaron de joder y volvieron a la normalidad, estaba Momo Hinamori en una habitación (la cual le traía muchos recuerdos) sentada a la mesa. Mientras esperaba a que el té se le enfriara un poco, no podía dejar de pensar en él. En todo lo que había pasado hacia tanto tiempo esa noche. Siendo una tan despejada y estrellada como aquella en donde se entregó a él y a toda su perversidad, suspiró su nombre sin siquiera pensarlo.
— Capitán Aizen….
Muy sonrojada y algo excitada, recordaba una a una las cosas que le hizo y también las que él le pidió hacer aquella noche que fue tan mágica. De verdad que Aizen era una mierda despreciable pero con todo y eso, ella aun lo amaba. Cosa que a un platinado y mal geniado capitán le irritaba en el alma.
Con los ojos cerrados y reviviendo una a una las sensaciones que ese malvado pero muy atractivo sujeto le hizo sentir, no pudo escuchar ni mucho percibir cuando alguien entró.
— ¿Momo? ¿Qué te pasa? ¿Qué tienes? ¿Estás enferma? Estas como un tomate. Seguro tienes fiebre.
— ¡Shiro-chan!— Se levantó de un salto muy asustada por verlo ahí— No, no, no es nada de eso. No te preocupes, Shiro-chan pero por favor para la próxima avisa antes de entrar a una habitación. ¿De acuerdo?
— Maldita sea Momo, carajo. ¿Cuántas veces tengo que decirte que no soy Shiro-chan? Soy capitán Hitsugaya. ¡Capitán Hitsugaya! No me gusta que me digas así. Me haces quedar en ridículo cada vez que lo dices frente a los demás.
— ¿Y por qué?—Se le acerco más y le sonrió como siempre, muy amigablemente— ¿Cuál es el problema con eso, Shiro-chan? Tú eres Shiro-chan. Eres mi mejor amigo y yo…
No se sabía si era por los tragos que se había tomado o por ver como tenía las mejillas Momo pero sin dejar que terminara la oración, uso un shunpo y la tomó por la cintura; acto seguido la miró muy fijamente a los ojos y al igual que estaba el corazón de Momo por su actitud, estaba el de Toshiro por lo que iba a decirle.
— ¿Qué es lo que estás haciendo, Shiro-chan?
— Es que ese el problema, Momo. Yo no quiero que sólo me veas como tu amigo. Quiero que me veas como algo más. Quiero que me mires y suspires como suspiras por el, ¡maldito perro de Aizen! Quiero tener más que tu amistad. Quiero tener tu amor y sobre tu corazón, Momo. Lo quiero todo de ti.
— Pero, pero, Shiro-chan, es decir, capitán Hitsugaya, yo soy mayor que usted y pues….
Sin dejar de abrazarla y sentir su tembloroso y hermoso cuerpo junto al suyo, no pudo ahogar una risa. Era el colmo con Momo, ahora que se había decidido a confesarle sus sentimientos y a abrirle su corazón, entonces ella si había decidido ser formal con él. Pero dejando a un lado la risa y apretándola más contra su pecho sin dejar de mirarla, dijo sin quitarle la mirada ni por un instante, que eso a él no le importaba. Que su edad era lo de menos.
— Pero capitán Hitsu….
— Shu, no me digas así Momo.
Le puso un dedo sobre los labios para evitar que hablara.
— Es demasiado formal y eso no es lo que quiero; al menos no ahora. Por lo de la edad, ¡eso no me importa! Tú eres mayor que yo pero no por mucho. A mí eso no me importa porque para lo que siento por ti y lo que quiero hacerte, la edad es lo de menos.
— Toshiro-kun….
Toshiro era muy consciente de lo asustada que estaba la dulce y pequeña Momo entre sus brazos pero también se daba cuenta, de que no lo estaba evadiendo ni mucho menos quitando. Por eso tomándole una mejilla con delicadeza mientras que con la otra mano no dejaba de presionar su espalda, se acercó más a esos delgados y provocativos labios que lo incitaban tanto y la besó. La besó y en su beso sintió lo que siempre soñó que sentiría. Sintió amor, ternura y después de unos cuantos minutos de insistencia, pasión. Mucho placer y pasión.
Intensificando su beso porque vio que a ella no le molestó en lo absoluto, también fue intensificando las caricias. Cualquiera podría pensar que esto es pasado de pervertido pero no, ¡tranquilos! Toshiro Hitsugaya puede parecer un niñito inocente y de muy mal genio pero no, no lo era para nada. Tenía como más de cien años pero lo que pasó con él, es que tuvo un problema de crecimiento y se quedó así, bajito. Con lo proporcional para nosotros a un muchacho de diecisiete años que estaba muy, muy enamorado de esta bella chica que era muy dulce pero corrompida y dañada gracias a Aizen y sus maldades, la tomó por la cintura, le entrelazó las piernas a su cintura y la llevó con shunpo contra una de las paredes de la iluminada habitación.
Siendo solo descontrol, locura, pasión, ansiedad y deseo, le empezó a abrir el traje de "shinigami" con mucha urgencia. Dejando su pecho al descubierto mientras esta no paraba de besarlo y halarle el sedoso y platinado cabello, la escuchaba gemir de gusto cada vez que su erecto y muy ansioso miembro rozaba con fuerza sobre su aun cubierta pero ya muy humedad intimidad.
— Toshiro-kun, oh sí, ah sí Toshiro-kun, ah….
— Dímelo, quiero que me lo digas.
Pidió sin dejar de halar sus erizados y muy rosados pezones.
— ¡Ah! Ah sí, sí…pero Toshiro-kun ¿qué es lo que…? ¡Ah! ¿…Qué es lo que quieres que te diga?
— Quiero que digas que me deseas. Quiero que me pidas que te lo haga.
Roja, más roja que la misma sangre que estaba en todo su rostro gracias a los besos y a las inquietas caricias que le daba por todo el cuerpo Toshiro, le tomó el rostro en ambas manos y mirándolo fijamente a las dilatadas pupilas turquesas, le pidió que se lo hiciera. Que se lo hiciera y que se lo hiciera como él quisiera.
— Otra vez. Pídemelo de nuevo Momo.
— Por favor Toshiro-kun, desvístete y lléname toda. Hazme lo que quieras, mi amor.
Más rápido que un sonido de una espada, estuvo desnudo y no solo eso, dentro de ella. Después de haber bajado sus pequeños y muy húmedos interiores blancos; de haberla tocado para comprobar que estaba preparada para recibirlo y lamiendo esos dedos con los cuales la tocó sin dejar de mirarla con malicia, le levantó las piernas y entró. Se hundió completamente y cuando lo hizo, ninguno de los dos (mas especialmente ella) pudo ahogar un gemido de placer y más que eso, de pura satisfacción.
Tomándole esas pequeñas y muy delicadas piernas, las enrolló en su desnuda espalda y no dejaba de entrar y salir con fuerza. Sin duda le gustaba todo el calor que lo estaba envolviendo en su muy duro y necesitado miembro pero lo que más le gustaba de estarla embistiendo y besando, era el calor de su boca sobre la suya. Su lengua que bailaba a su mismo ritmo y le encantaba, le estaba haciendo querer perder la poca razón que aún le quedaba.
Lo peor era que sus gemidos y lo que decía, no le ayudaban a concentrarse para nada.
— Toshiro-kun, Toshiro-kun, oh sí Toshiro-kun, oh sí, sí, sí, sí ¡sí! dime, dime que tanto me quieres. ¿Me quieres? ¿Tú si me quieres Toshiro-kun?
— Con toda mi maldita alma.
Sin parar ni un solo minuto de embestirla, la miró a los ojos y le respondió. Se lo dijo con tanta seriedad y al mismo tiempo con tanta honestidad, que ella ya empezaba a creerle. Muy excitada por sus caricias por todo el cuerpo, por sus besos que le estaban haciendo sentir cosas que no sabía que podía sentir y con sus muy buenas y deliciosas embestidas que desde lejos parecían tan violentas pero que no lo eran para nada, se excitó de más y estaba lista para estallar por lo que este le dijo después de succionar su seno derecho con delicadeza.
— ¿Sí? ¿Lo dices de verdad Toshiro-kun o solo lo dices porque me lo estás haciendo? ¡Ah! ¡Ah sí! ¡Sí!
— Es de verdad, es en serio. —Se prendió con fuerza de su pequeño y muy sudado trasero para sostenerla mejor y mantener el ritmo— Te amo Momo, te amo con todo mi maldito y frio corazón. Te amo con todo lo que soy y todo lo que pueda llegar a ser.
—Toshiro-kun, ¡Toshiro-kun más! ¡Más por favor te lo ruego no pares, no te detengas que yo, yo….! Yo, yo ah sí, yo….
— Oh, ¿sí? ¿Me lo estás dando ya?—Le preguntó con una hermosa sonrisa de satisfacción y embistiéndola con más rapidez— Ah si mi Momo, que rico. Di, di mi nombre mientras lo haces mi amor.
— ¡Toshiro-kun….!
Entrando, entrando y entrando sin parar, disfrutó hasta más no poder de los fuertes gritos de placer que le dio la mujer que amaba con toda su alma mientras se quebraba en mil pedazos gracias a él y a su habilidad. Con eso comprobó que no solo era especial para manejar su zanpakuto. Al parecer podía manejar cualquier tipo de espada y situación.
Elevando su reiatsu y controlándose mucho, lo contuvo y se lo sacó cuando ella terminó. Con una muy poderosa erección que ya empezaba a doler porque lo que necesitaba era liberarse, la levantó en brazos con excesiva facilidad y se aproximó muy sonriente hacia un cómodo futón mientras esta no paraba de reír y jadear entre sus fuertes brazos.
Y mientras él la acostaba con mucha delicadeza en el futón para volver a donde se moría por regresar, unos ebrios "shinigamis" habían extraviado el camino. Cosa que sería bastante divertido; oh bueno, al menos para ellos.
— ¡Oh sí, así Toshiro-kun! ¡Así mi amor! ¡Sí!
— Uy, —exclaóo un muy ebrio y alegre Kira junto a Hisagi que pasaba por ahí— ¿escuchaste eso, Hisagi-san? Yo conozco esa voz. Esa voz es la de Hinamori pero no, ¡no puede ser!
— Ya, ya, ya que tanto tú como yo Kira-san, hemos bebido mucho hoy. Por eso no puedes hacer caso a…
— ¡Sí, sí, sí, sí así! ¡Oh Toshiro-kun! ¡Así mi capitán, así!
Ante aquellas apasionadas y desenfrenadas exclamaciones de placer, Kira no pudo aguantar la risa ni mucho menos la tentación de escuchar más. Él quería mucho a Momo y lo que más quería, era que se consiguiera un novio que sí la quisiera y que de una vez y por todas, se olvidara del maldito traidor de Aizen. Alegre porque por lo que se escuchaba y el reflejo de la luz sobre la algo transparente puerta de papel les dejaba ver, ella se estaba dando una oportunidad de olvidar y seguir adelante.
Todo eso estaba muy bien pero lo que estaban haciendo, no lo era. Cosa que un responsable Hisagi sabía de sobra; no importaba lo borracho que estaba, lo correcto era lo correcto.
— Ya, ya, Hisagi-san que yo sé eso. ¿Crees que no lo sé? Si el capitán Hitsugaya se llega a dar cuenta que andamos por aquí de chistosos, de pronto nos mata y no sólo eso, te prohibiría ver a tu amor platónico. Seguro no te dejaría ver a tu querida Matsumoto.
Hisagi se enojó ante su comentario pero obviamente Kira no estaba para nada equivocado porque él (y todo el que lo conocía) sabía que Hisagi botaba la baba por Rangiku y su caliente y provocativo escote. En controversia y mientras reían, algo los desconcentro una vez más. Un grito de una muy excitada y caliente Momo, los hizo callar en el acto.
Y mientras ellos se quedaban callados y escuchaban, en aquella calurosa habitación Toshiro disfrutaba de su sudada mirada y más que nada, de las deliciosas caricias que le daba con las palmas de sus manos por toda la espalda.
— Ah Toshiro-kun, Toshiro-kun sí, sí….
— Ah si mi amor, si… y dime ¿te gusta? ¿Te gusta mucho lo que te estoy haciendo?
— Oh me encanta, me fascina Toshiro-kun pero estoy asustada. Esta no es ni tu habitación ni la mía y pues, ¿qué tal que….?
— Eso no va a pasar porque todos están muy borrachos y ocupados pero, si a alguien se le ocurre venir a joder y a interrumpirme mientras te lo hago, te juro que lo mato. —Se acercó y la besó, acto seguido volvió a entrelazar su ansiosa lengua con la suya— Tranquila Momo que esto apenas empezó, tranquila mi amor.
— ¡Ah sí Toshiro-kun! Oh sí, sí, sí mi amor así, sí… te quiero Toshiro, te quiero mucho.
Esas no eran exactamente las palabras que Toshiro quería escuchar de la mujer que estaba poseyendo y que amaba pero eso era algo. Sabía que con algo de tiempo y paciencia, iba a poseer más que su pequeño y muy delicioso cuerpo. Sabía que si hacia las cosas bien, tendría lo que más quería de ella y que el estúpido de Aizen se había robado hacia tanto tiempo ya. Tendría su amor y todo su corazón.
Sobre ella y acariciándole el sonrojado rostro, sobre ella y sin dejar de embestirla con pasión, sobre ella y mirándose en el cristalino y tranquilizador espejo que eran sus ojos, la sintió hervir otra vez. Siendo consciente de cómo se contraía su cuerpo y de que eso era la señal de que ella ya no podía más, no lo pudo resistir. Incrementando el ritmo al igual que lo hizo ella, se dejó ir. Se liberó y lo hizo con tal fuerza que no pudo evitar gritar al igual que lo hizo ella. Lo bueno para ellos es que gracias a la amenaza que Toshiro lanzó al aire sin saber que lo escuchaban, estaban solos. Sus gritos de placer que se podría decir que lo dejó algo sordo por unos segundos, solo habían sido para él.
Completamente inmóvil y con la cara enterrada en uno de sus perfumados y sudados hombros, le gustaba como reía y jadeaba una vez más de placer. Todo, todo de ella le gustaba pero esa risa de satisfacción después de haberse corrido con más fuerza que la primera vez, era de verdad lo mejor que hubiera podido experimentar en su vida.
— Ah, ah, ah Toshiro….ah Toshiro-kun. Ummm mi amor si… ¡sí! que delicia. Mucho mejor que cuando…
— ¿Qué?— Levantó la cabeza y la miró con diversión— ¿Qué era lo que ibas a decir? ¿Mucho mejor que cuando qué?
— Eh yo, no, no, no, no me hagas caso Toshiro-kun. No es nada.
Emocionado; primero porque había vuelto a llamarlo su amor pero más por lo que iba a decir, se deslizó por su sudado cuerpo y acostándose a su lado, le tomó el rostro con delicadeza y después de darle un suave beso le pidió que terminara la oración.
— ¿Y si te enojas conmigo por lo que iba a decir?
— Prometo que no lo haré pero dime, ¿esto fue mucho mejor que cuando qué? Dímelo Momo. Muero por saberlo.
— Todo lo que me hiciste y todo lo que hicimos, fue mucho mejor que lo que pasó esa noche con el capitán Aizen. Fue mucho más placentero que lo que él me….
— ¿Ah sí? ¿De verdad?— Se giró y sostuvo su cuerpo en un codo sobre el futón con mucha diversión—Imagino que sí porque hay una gran diferencia mi ardiente y dulce Momo. Yo sí te quiero, yo sí te amo. En cambio, ¡el perro maldito ese de….!
— Toshiro-kun, no te enojes por favor, ¿ves? Por eso no quería decirte nada de eso. Lo siento. Yo no quería que…
Conmovido por la cara de ternura que le dio y sintiéndose mal cuando vio tristeza en sus ojos, se juró a sí mismo mientras ella se recostaba sobre su desnudo pecho, que mataría a Aizen en cuanto lo viera por haberle hecho lo que le hizo. No solo por haber traicionado su confianza y haber hecho hasta lo imposible por separarlos, sino por haberse atrevido a tocarla. Jamás lo perdonaría por eso. Nunca.
—"Juro que te mataré Aizen. Te voy a volver mierda cuando te vea maldito traidor. Ya lo veras. Seguro te aprovechaste de esa maldita zanpakuto tuya para…"
Y sus pensamientos se vieron abruptamente interrumpidos cuando Momo alcanzó con dificultad su interior y levantó ambas piernas (muy juntas, lo cual le daba una vista casi que perfecta de su deliciosa intimidad y trasero) para ponérselo. Cosa que obviamente lo puso muy alegre en cuestión de segundos.
Por eso no pudo evitarlo y se hizo frente a ella para evitar que cometiera semejante locura.
— Oye Shiro-chan, ¿qué crees que haces?
— ¿Qué parece?—Le sonrió y le levantó una ceja con picardía sin dejar de mirarla— Deleitándome con el paisaje. Uy si…
— ¡Oye!
Exclamó sonriente cuando este no lo pudo evitar y pasó dos hábiles dedos por el medio de su bañada intimidad.
— Déjame tranquila que tengo que ir a buscar un baño y limpiarme. Además, sería muy malo si alguien decidiera entrar aquí y….
— Ya te dije que por eso no te preocupes y ah no, —se hizo sobre ella y sí mis queridos lectores, muy listo y dispuesto de nuevo—tú de aquí no te me vas a mover.
Muy caliente y excitado, quería saborear de su apretada y dulce intimidad en la que se había corrido con tanta fuerza pero no pudo; pues la había bañado tanto que cuando le bajó las piernas para acomodarse de nuevo entre ellas y disfrutar de todo su calor, el líquido que estaba tan caliente como él resbaló involuntariamente y manchó rápidamente aquel futón que fue el único testigo (además de los chismosos de Kira y Hisagi que los habían escuchado por error) de todo lo que Toshiro la amo. Hundiéndose en ella hasta muy tarde de la noche y siendo esa una de las mejores noches y experiencias de su vida, de verdad que no estaba preparado para lo que venía. Era un muchacho muy fuerte físicamente hablando pero su corazón, era tan frágil como el hielo cuando se moja. Era muy delicado.
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Al otro día nuestro peli plata más bella y especial de la serie, despertó pero despertó solo. Sorprendido y muy impactado con ese hecho; pues hasta donde recordaba había dormido casi toda la noche abrazado a ella y a su suave espalda, se levantó, se vistió y claro, salió a buscarla.
Caminando por uno de los largos corredores del amplio lugar, sintió el reiatsu de Momo más fuerte de lo normal.
— ¡Hado 31, Shakkahō!
Frente a un barandal y sin creer lo que veía, la encontró. Ahí estaba su dulce amiga y más recientemente amante, luchando cuerpo a cuerpo contra Kira en lo que parecía un entrenamiento pero la verdad era que no se trataba de eso. Momo estaba confundida y no sabía muy bien que iba a hacer para afrontar la situación en la que por caliente, se había metido la noche anterior con su amigo de toda la vida.
— Lo siento Hinamori pero si tú eres buena con el Kido, yo también. ¡Bakudō 39, Enkosen!
Usando una de sus técnicas para protegerse de los ataques de Momo, alguien no lo aguantó al verla en el suelo. Desenfundado su poderosa y potente espada (esta vez si hablo de una real) invocó a su zanpakuto y llegó en un santiamén a defender a su amor.
— Shiro…Shiro-chan. ¿Qué haces aquí?
Pobre Kira, se sentía tan fuera de lugar. De verdad que no lo hizo por maldad pero como Momo se había tomado el entrenamiento tan seriamente, él también decidió hacerlo. Preocupado por la mirada asesina que le estaba dando uno de sus superiores, sonrió y saludó para marcharse lo más pronto que le fuera posible.
— Capitán Hitsugaya, buenos días señor.
Sin dejar de clavar con molestia esos bellos ojos azul turquesa sobre el pobre Kira que no tenía la culpa de nada de lo que pasaría, no le respondió con palabras. Sólo le hizo un gesto y con ese solo gesto, Kira se disculpó y pretendiendo que lo estaban llamando con urgencia, se retiró y los dejó solos. Cosa que para Momo fue más que aterrador. Pobrecita, se sentía tan mal que no era capaz ni de mirarlo a los ojos.
— Oye Momo, ¿estás bien? ¿Qué paso ahí? Creí que solo estaban entrenando pero me pareció que tú te lo estabas tomando muy en serio. ¿Por qué?
— Eh no, por nada Shiro-chan.
— ¿Shiro-chan?—Le levantó el rostro por la quijada con suavidad.
No soportaba que no lo mirara y más que lo llamara de esa forma. Sabía lo que eso significaba pero no quería aceptarlo.
— ¿Qué es lo que te pasa Momo? ¿Por qué me esquivas la mirada? ¿Por qué estás tan rara?
No sé si a alguien le ha pasado pero no debe haber peor sensación en el mundo que acostarse con el mejor amigo sin amarlo. Ella si lo quería y mucho, pero en su corazón aun había mucha confusión. Ella sentía una profundad devoción por el maldito de Aizen. Lo que mal interpretó con el paso del tiempo como amor. Por eso aunque le gustaba Toshiro y lo quería con toda su alma, se sentía mal por haberlo utilizado para desfogar sus ganas.
Pensamiento que la hizo llorar de inmediato.
— Pero, ¿Por qué lloras Momo? Dime, ¿acaso estas lastimada? Porque si es así, lo mejor es ir a que…
— No, no se trata de nada de eso, Shiro-chan.
— ¡¿Por qué demonios me estas llamando de esa forma?! Sabes que lo odio, ¡lo detesto! Mucho más ahora después de lo que pasó entre nosotros anoche y…
— Shu no, no lo digas por favor. —Puso dos dedos sobre sus labios e impidió que lo dijera— Te lo ruego.
— Pero no, ¿Cómo así? ¡¿Por qué no sí es verdad?! No entiendo tu actitud Momo. ¡¿Qué es lo que te pasa?!
— ¡No puedo hacerte eso Shiro-chan! ¡No puedo! ¡No es justo!
Se desplomó en el arenoso piso de entrenamiento a llorar, se sentía muy mal.
Él, que sentía como si le hubieran atravesado el corazón con una de sus técnicas de hielo, se agachó a su altura y una vez más, le levantó la mirada para que le hablara a la cara. Toshiro era un muchacho inteligente. Por eso y porque además la conocía de toda su vida, supo la razón de sus lágrimas y más que nada, de su dolor.
— ¿Es por el maldito enfermo de Aizen verdad? ¿Es por eso que estas así y estas llorando? ¿Es por ese infeliz que tú no eres capaz ni de mirarme a la cara y decirme que me vaya al carajo con mi amor y mis sentimientos por ti? ¿Es por eso?
— Nno, no así. Yo si te quiero, Shiro-chan. Te quiero y te quiero mucho pero yo, yo no te…
— Lo sé y no lo digas que sé perfectamente que eso no es así pero a mí eso no importa. Yo puedo ser paciente y voy a darte el tiempo que necesites para que te des cuenta de que ese, ¡maldito idiota! No vale una sola lágrima tuya. No vale ni mierda.
— Lo sé. —Lo miró pero en sus bellos ojos oscuros solo había lagrimas— Sé que tienes razón Shiro-chan pero, ¿qué hago? No puedo evitar sentirme de esta forma y no es justo contigo. No soy capaz de hacerte eso. Sé por experiencia cuanto duele.
— Momo por favor, no hagas esto, no me alejes de ti de nuevo. De verdad que no tienes que preocuparte por mí o por mis sentimientos. De eso me encargo yo pero te lo suplico, no me digas más Shiro-chan. No sabes cómo me duele porque eso quiere decir que solo quieres que sea tu…
— Sí, creo que por el momento es lo mejor, Shiro-chan. —Se levantó y giró el rostro muy apenada— No es justo contigo y lo mejor es que solo sigamos siendo amigos. Los buenos amigos que siempre hemos sido. Perdóname Shiro-chan. ¡Perdóname Toshiro-kun!
Y se fue corriendo en un mar de lágrimas por lo que le había dicho y más que nada, le había hecho.
Momo se fue y no podía dejar de llorar por sentirse la bruja más miserable y malvada de todo el sereitei por lo que le había hecho. Pero si ella estaba mal por la confusión y dolor que tenía en el corazón, él había quedado peor.
En el momento y punto que ella se fue diciendo su nombre con dolor, recordó las incontables veces que se lo dijo con el rostro rojo debajo de él y con placer, con toda su pasión. La amaba y como la amaba tanto, juró que acabaría con el culpable de su separación y del profundo y agudo dolor que sentía en su corazón.
— ¡Maldito Aizen! ¡Infeliz! Pero lo mataré. ¡Lo matare mil veces por lo que me has hecho maldito idiota! ¡Te lo juro Aizen! ¡Te lo juro!
Y así, sin quedarle más remedio que irse a buscar a Matsumoto que andaba de vaga chismoseando con las demás tenientes, se fue apretando un puño de la ira.
Toshiro no estaba enojado con Momo porque en parte le agradecía que no estuviera con él si no tenía claros sus sentimientos pero por otro lado, le fundía de ira que fuera por culpa de ese maldito imbécil, que él no pudiera disfrutar más de su cuerpo y de la descontrolada pasión que le mostró sobre ese futón y en esa habitación. La había recorrido toda la noche palmo a palmo y con la fragancia de su perfume aun presente en su nariz, juró que haría lo que tuviera que hacer para tenerla de nuevo sobre, debajo y de todas las forma en las que la tomó durante toda esa noche que fue tan especial para él.
Se había convertido en un adicto a su piel, a sus ojos y a su calor que lo envolvió desde el mismo momento en que la besó. La amaba y para su desgracia, eso se salía completamente de sus manos y de su control. No podía evitarlo por más que le hiciera daño.
