CHP III

Nada de lo que había pasado por su mente había sido posible.

Richard se había preocupado de dejar a la pequeña entretenida mirando los dibujos del Disney Channel, prestándole unos cascos para que solo ella pudiese oír la televisión y así evitar que les escuchase mientras él y su madre charlaban en el cuarto de baño, la única zona de aquella habitación que estaba fuera de su alcance.

- Había olvidado la facilidad que tienes en complicarme la vida.

- ¿Crees que estoy aquí para arruinarte tu recién y gloriosa vida de escritor? - Ironizó.

- Te presentas aquí sin avisar después de tres años y con una niña de... ¿2 años? diciendo que es mi hija. ¡Lo siento, pero no me digas que esto lo ves normal! - dijo alterado, procurando no alzar la voz.

- Rick... - le llamó como solía hacerlo años atrás, cuando su relación aún tenía sentido - Me enteré de que estaba embarazada a las dos semanas de haber firmado el divorcio. ¿Qué esperabas que hiciese? Llamarte y decir "Hey Rick, siento molestarte sé que seguramente estarás disfrutando de tu vida de divorciado, pero quería que supieses que acabo de saber que estoy en estado. Y si, el hijo es tuyo." - hizo una pausa – Te conozco Richard y te habrías negado a la paternidad. Deseabas tanto como yo deshacer este matrimonio. No me hagas creer ahora que hubieses preferido saberlo en su momento.

- Quizás...

- ¡Por favor! - exclamó irónica - Se racional, ¿quieres?

- Bueno, vale, probablemente tienes razón. Otra vez. Aún así... - se pasó la mano por el pelo ganando unos segundos para pensar en lo siguiente que iba a decir - ¿Que te hace pensar que ahora va a ser distinto?

- Porque no tienes elección. - respondió segura de sí misma.

- ¿Bromeas?

- No... - susurró de espaldas a él comprobando si Kyra seguía mirando la televisión. - Se ha quedado dormida – sonrió.

- Quiera o no, la elección debería ser mía, no tuya. ¿No crees?

- Me gustaría que tuvieses elección Richard, de verdad. Pero...

Una melodía empezó a sonar desde el interior del bolsillo trasero de él.

- Lo siento, tengo que contestar. - le indicó, alejándose de la habitación para no despertar a la pequeña.

- Ricky - habló Julia al notar que había descolgado – Dos minutos y llegamos.

- Jules, lo siento, pero habrá que dejarlo para otro día. - respondió sujetando la puerta de la habitación sin cerrarla.

- ¡No! No, no, no. Ni de coña, tú vienes.

- Oye, de verdad que preferiría ir, pero me ha salido un contratiempo y..

- ¿Qué clase de contratiempo?

- Ahora no, ya hablaremos mañana. Dile a Dale que lo siento. Lo siento mucho, de verdad.

- Pero escúchame...

Antes de que Julia pudiese decir otra palabra la llamada se cortó.

Rick respiro hondo antes de volver a entrar. Al cerrar la puerta escuchó los sollozos de alguien procedente de su habitación. Al girarse y no ver a la niña en la cama, se apresuro al cuarto de baño dónde se la encontró llorando al lado de su madre quien yacía en el suelo inconsciente.

- ¡Sonia! - gritó alarmado.

Richard sostuvo a su ex mujer en brazos tratando de hacerla reaccionar. Al ver que no respondía y notar su pulso débil la cargó en brazos colocándola encima de la cama. Tratando de no perder el control de la situación, al ver que seguía sin responder a su voz ni a los movimientos, cogió el teléfono de su habitación y llamó a recepción exigiendo una ambulancia lo más rápido posible. Por alguna razón tenía la corazonada que el tiempo jugaba en su contra.

Visto lo visto y ante el misterio de la no asistencia de Rick a la cena, Dale había conseguido escaquearse dejando a Julia en la puerta del McDonald's donde Lanie y Kate ya la estaban esperando.

En el interior del local, sentadas en una mesa para cuatro, Lanie decidió romper el silencio que parecía haberse instalado entre ellas desde que habían empezado a devorar sus respectivos McMenú.

- Odio tener que admitirlo pero me sentía más acompañada hace doce horas por el matrimonio a quien tuve que practicar la autopsia.

Katherine y Julia se miraron entre sí.

- Tienes razón. - aceptó la periodista dejando su hamburguesa en la bandeja de cartón - Siento si no estoy muy comunicativa, pero lo de mi compañero me ha dejado preocupada. No suele cancelar los planes a última hora.

- Por eso tu marido no ha venido - afirmó Kate.

- Sí, aunque no es mi marido. Aún. Quiero decir que no estamos casados.

- Oh... Creía que me habías dicho que sí – dijo mirando a Lanie.

- ¿Perdona? En ningún momento te dije que estaban casados. Lo debiste dar por...

- Lo recuerdo perfectamente. Lo dijiste – dijo convencida comiéndose una patata llena de ketchup.

- ¡Chicas! Discutir por quien será mi dama de honor en la boda, lo entiendo, pero por esto... – comento sonriente.

- Lo seria yo, sin lugar a duda – respondió Lanie sin pensarlo.

- En eso estoy de acuerdo – afirmó Katherine, dando un sorbo a su bebida.

- Increíble... - admitió Julia echándose a reír.

Lanie y Kate se unieron al darse cuenta de lo absurda que resultaba esa situación.

- Ahora que ya conocéis mi motivo, ¿cuál es el tuyo? - dijo Julia, dirigiéndose a quien se sentaba a su izquierda.

- Es una tontería comparado con lo tuyo – admitió.

- Eso ya lo decidiremos nosotras... - dijo Lanie limpiándose con la servilleta.

- Prefiero no hablar de ello.

- ¿Éstas segura?

- La conozco, cuando dice que no...

- ¿No sabes que a veces es más fácil hablarle a un desconocido que a un conocido de según qué temas? - contraatacó la periodista.

- Ni se te ocurra – dijo mirando a Kate fijamente mientras la apuntaba con la paja de la bebida.

- Alguien se pone celosa... - tanteó Julia, compartiendo una mirada cómplice con Kate.

- ¡Cállate! - reaccionó Lanie.

- Terriblemente celosa - intervino la detective.

- ¡Os odio! - dijo incapaz de mantenerse seria.

Hora y media más tarde, seguían sentadas pero esta vez en un pub repleto de solteros, la mayoría, dispuestos a encontrar a alguien con quien pasar la noche, y grupos de amig s cuya finalidad era pasar una divertida y loca noche de la que muchos probablemente a la mañana siguiente apenas se acordarían.

- Creo que debería ir yéndome.

- ¡No...! ¿Diez minutos? - propuso Kate.

- ¡Sí! ¡Eso! Diez minutos y nos vamos. - insistió Lanie levantando su copa.

- En realidad... Tiene razón.– intervino Kate al instante mostrándole el reloj de la pantalla de su teléfono.

- ¡Oops! No pensé que sería tan tarde... - admitió Lanie - Que pena, ahora que le había puesto el ojo a uno...

- Hazle una foto y el próximo día le buscamos. - propuso Julia al levantarse.

- No es mala idea. - dijo sacando el móvil de su bolso cruzado.

- ¡Por el amor de dios...! - exclamó Kate entornando los ojos. - Si alguien me pregunta no os conozco.

Faltaban pocos minutos para las dos de la madrugada y a pesar de ser buena hora para empezar la noche, la suya se veía obligada a terminar.

- Ya estáis buscando otro día en vuestras agendas para repetir esto - comentó la médico forense agarrándose del brazo de ambas.

Al doblar la esquina, a pocos pasos de su coche, Lanie se detuvo en una de las grandes joyerías de la quinta avenida contemplando los distintos escaparates.

- Maravilloso...

- Y tremendamente caro.

Julia y Kate se miraron al escucharse decir lo mismo y se echaron a reír llamando la atención de Lanie. Ignorándolas volvió a centrar su atención a un collar de diamantes cuando una sombra negra se movió al otro lado del cristal. La forense dio un respingo hacia atrás asustada.

- Te dijimos que el precio era de infarto... - dijo Julia acercándose para tirar de ella.

Kate permaneció callada centrando la mirada hacia el escaparate al ver lo mismo que acababa de ver su amiga. En cuestión de segundos ésta las apartó del escaparate, queriendo protegerlas al darse cuenta que alguien las estaba apuntado desde dentro, sin tiempo a decir "al suelo" o algo similar. Varios cristales volaron a su alrededor.

- ¿Por qué siempre que salgo contigo tengo que acabar metida en un lío policial? - exclamó Lanie, tumbada en el suelo soportando el peso de Julia.

- ¿¡Que ha sido eso!? - gritó Julia alarmada.

- ¡SHT! ¡Lanie cógela! – le susurró entregándole una pistola que acababa de sacar del tobillo. - Os servirá para llegar hasta el coche.

- Creo que estoy sangrando... - dijo Julia al ver un rastro de sangre en su mano.

- Es mía. Pero estoy bien, no es nada... – admitió la detective restándole importancia, pendiente de la salida de ese hijo de perra.

- Voy a llamar a una ambulancia...

- ¡Ni se te ocurra! - se giró cabreada. - Estoy bien. Y si quieres ayudar, llama al 911 y a Keller. ¡Préstame tu fular!

- Oye es nuevo y fue un regalo de...

- ¿Prefieres que me desangre mientras voy detrás de él?

- Siempre tan convincente... Además no creo que debas ser tú quien...

- ¡Gracias! Ahora iros al coche y haced las llamadas – siguió hablando mientras se lo anudaba alrededor del brazo en forma de torniquete.

- ¡Kate! - la detuvo Lanie al instante que iba a salir – Ten cuidado.

Beckett le guiño el ojo sonriente a pesar del dolor del disparo. Cubriéndolas, esperó a que se alejaran y salió detrás del ladrón por la 46 Este dirección Lexington Avenue.

Conduciendo como si le fuese la vida, Lanie se acercaba a la entrada de urgencias del hospital Presbyterian después de una llamada alarmante de Richard a Julia cuatro calles antes de llegar a casa; posteriormente a lo sucedido en la joyería.

- Fin de trayecto – dijo poniendo los cuatro intermitentes - ¿Éstas bien?

- Pues no sé qué decirte... - confesó soltando un suspiro.

- Puedo quedarme si quieres.

- No te preocupes. Gracias por traerme.

- Cualquier cosa ya sabes...

Julia se despidió con un breve gesto con la mano al cerrar la puerta del coche, poniendo rumbo al interior del hospital marcando el número de teléfono de su chico.

Antes de que pudiese respirar hondo el nombre de Kate empezó a parpadear en la pantalla de su teléfono.

- ¡Kate! Gracias a dios, ¿estás bien? - descolgó la forense hablando por el manos libres del coche.

- ¡Lanie! Soy Martin Keller, hablamos antes por teléfono.

- Oh... Sí, lo recuerdo. ¿Va todo bien?

Un rápido y mal presentimiento cruzó por su mente.

- No exactamente, por eso te llamo.

La forense soltó un largo y pesado suspiro. Antes de seguir con la conversación se incorporó al carril de la derecha para dar la vuelta a la manzana y volver a recorrer el trayecto hasta el hospital antes de que se lo pidiese.

- ¿Qué ha pasado?

- No parece grave - anunció ante todo – No dejaba de decir que se encontraba bien hasta que vi como se desplomaba encima del tipo que había esposado.

- No esperes que le dé las gracias por parar el golpe.

- No lo hago. Estamos de camino al hospital. El Presbyterian – aclaró - En diez minutos llegamos.

- Estoy cerca. Nos vemos allí.

Con la misma decisión con la que había reaccionado por la llamada del compañero de Jules, se encaminó hacia el interior del edificio al encuentro de una maquina de café antes de que llegaran; necesitaba una dosis de cafeína para poder aguantar lo que quedaba de noche.

La cara de Julia era de desconcierto a medida que Richard iba avanzando con esa inesperada y nueva situación en su vida; ser padre. Su mirada no dejaba de volar del rostro de él al de la pequeña, que dormía apoyada en su regazo, esperando encontrar alguna similitud.

- A todo esto no recuerdo que me hayas dicho como se llama.

- Kyra. - dijo esbozando una sonrisa – Kyra Willgsburg..

- ¿Willgsburg? ¿Y que pasa con 'Castle'?

- Supongo que al estar separados...

- Rick, no quiero meterme, pero deberías asegurarte de que es tuya. Y si es así que quede constancia. Una hija no es como un libro...

El sonido de la sirena anunciando la llegada de una ambulancia iba haciéndose cada vez más cercano hasta detenerse en la entrada de urgencias, dónde algunos médicos ya estaban preparados para actuar.

- ¿¡Lanie!? - se levantó Julia al verla cruzar la sala - ¿Qué ocurre?

- Disculpe, ¿Dra. Parish? - las interrumpió una enfermera.

- Sí.

- El Sargento Keller ha preguntado por usted. Acompáñeme.

- Luego te llamo.

Lanie entregó el vaso de café a su amiga y se alejó siguiendo muy de cerca a esa enfermera.

- Lanie Parish, imagino – la saludó saltando de la ambulancia. - Martin Keller, encantado.

- Hubiera preferido que fuese en otra situación, pero lo mismo digo.

Ambos se hicieron a un lado dejando paso a los dos paramédicos con la camilla dónde yacía Kate inconsciente. Uno de ellos empezó a informar de su estado al médico que se acercó preguntando por ella.

- Siento no poder quedarme, pero tengo que volver a comisaria. - continuo Keller.

- No te preocupes. Puedo quedarme hasta mañana a las ocho.

- Gracias. De todos modos, llamame en cuanto sepas algo, sea la hora que sea.

- Por supuesto.

No muy lejos de la zona de urgencias, el médico que llevaba a la mujer del box en diagonal en el que estaban atendiendo a Kate, salió de detrás las cortinas dispuesto a hablar con sus familiares.

- ¿!Familiares de Sonia Willgsburg?!

Richard se levantó manteniendo la mirada en el hombre con camisa y corbata debajo de la bata blanca que permanecía delante de él. La niña se enderezó quedándose sentada en la silla con los ojos somnolientos mirándoles a ambos.

- ¡Por fin! Llevo un buen rato esperando y nadie ha querido decirme nada. ¿Cómo ésta mi... Sonia?

- Le pido disculpas por la tardanza. Me han llamado enseguida que a ingresado, pero iba de camino a un evento. He venido en cuanto me ha sido posible.

- ¿Va a decirme que está pasando?

- ¿Y mami?

El doctor Guzmán mantuvo cara de pócker desviando la mirada hacía la pequeña, sentada mirándoles con atención.

- Tú debes de ser Kyra, ¿verdad?

La niña asintió con la cabeza.

- ¿Me puedo llevar un momento a tu papá?

Ella se encogió de hombros.

- Julia. Puedes quedarte... - le pidió Rick.

- Quiero ver a mami.

- Necesito que te quedes con ella hasta que vuelva y después iremos a ver a mamá. ¿Vale? - intervino Rick por instinto.

- ¡No! ¡Quiero ir con mamá! - insistió frunciendo el entrecejo.

- Rick, no importa. No me conoce, es normal que quiera a su madre.

- No hay ningún inconveniente para que esté con su madre. - intervino el médico – Pero tienes que quedarte sentada y no tocar nada, ¿de acuerdo? - dijo mirándola.

- Siii – aceptó sonriente.

- Carrie - llamó a una enfermera que estaba en el mostrador actualizando las entradas y salidas de urgencias - ¿Podrías llevar a la niña con su madre, por favor? Es la hija de la Sra. Willgsburg. Box 3.

- Por supuesto.

La pequeña aceptó la mano que le ofreció la enfermera sin problema.

- Todo solucionado entonces. Acompáñeme.

Viendo como se cerraban las puertas del ascensor en el que acababan de entrar para dirigirse al despacho del Dr. Guzmán, Julia miro a un lado y a otro preguntándose qué hacer. ¿Se iba mientras mandaba un mensaje rápido a Rick o se quedaba y esperaba a saber qué le había dicho el médico y así también saber noticias de la amiga de su amiga?

Decidida a quedarse, mando un mensaje a Lanie esperando saber noticias de Kate, después de volver a llamar a su chico, avisándole de que la noche iba a ser más larga de lo esperado.