Naruto no es mío.
Esa mujer de ojos lavanda
Parte II de III
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Había pasado tres días desde la última vez que visitó ese bar y esta vez, cuando entró, vio la pequeña pero esbelta figura de la hermosa mujer sentada nuevamente en la barra.
Vio que ella colocaba otro cigarrillo en sus labios rojos y automáticamente él sacó su encendedor para prenderlo.
Inhaló profundamente― G-Gracias.
Lo mismo que la última vez.
Sasuke volvió a sentarse a su lado.
"Aquella mujer de curvas perfectas y largo cabello negro, sola, sentada en la barra de un bar desaliñado, de nombre desconocido, pero con tal afecto que parecía arrastrar a todos a su lado."
Esas fueron las únicas líneas que había escrito en mucho tiempo en su ya empolvada máquina de escribir y, al verla nuevamente, sus manos se descontrolaban rogando por un trozo de papel y un bolígrafo.
Esta vez no le dijo nada, todavía estaba algo resentido por lo de hace un par de días; ninguna mujer lo había dejado colgando en sus 35 años de vida y ella se había atrevido a hacerlo.
―Un Whisky ―murmuró al bartender.
Miró a la pelinegra con su impecable moño y se detuvo admirando de nueva cuenta su rostro; ojos calculadamente maquillados con un rubor gastado. Luego pasó a ver sus brazos desnudos y recién cayó en cuenta de la cantidad de copas que había en su barra; unas cinco copas con un par de vasos pequeños y el cenicero a un lado con varias colillas de cigarrillos.
Cuando nuevamente alzó la mirada, vio que ella también lo estaba mirando, los ojos de ambos clavados en los del otro en algo intenso, que no sabía exactamente qué era, pero podía sentir cierta conexión.
Ella desvió la miraba primero y se hizo a un lado su flequillo sin éxito, dejó un par de billetes en la barra y se levantó un poco tambaleante de su asiento dirigiéndose a una puerta que no era la salida.
Había dejado su bolso en la barra.
Al pasar a un lado de él, le murmuró ardorosamente―Confío e-en que el caballero me traerá mi bolso a-al segundo piso, habitación 24 ―mientras casi tímidamente, como contrario a sus palabras, restregaba su voluptuoso cuerpo contra su espalda.
Se sintió caliente y sus ojos la siguieron hasta que desapareció en aquella puerta,
Sasuke esperó un rato, observando el pequeño bolso negro de la mujer esperándolo a un lado.
Se terminó su cigarrillo, se tomó el resto de su Whisky y fue hacia aquella puerta con el bolso en mano.
No tenía idea de que ese complejo también era un hotel.
o.o.o
Cuando llegó a la habitación, ella le abrió la puerta y apenas entró, cerró con seguro y él la atacó con besos. La pelinegra al principio se encontraba un poco rígida, pero luego rodeó el cuello masculino con sus delgados brazos y haló suavemente de los cabellos azabaches.
Sasuke dejó caer el bolso y su saco para alcanzar la fémina cintura. La acorraló contra la puerta y ella escapar un suave gemido.
Su lengua pasaba por la boca de la mujer, acariciándole con frenesí. Ella se restregaba contra él muy sugestivamente, cuando de repente, justo en el momento en que él lamía y mordisqueaba suavemente el cuello níveo, ella se alejó y lo empujó a la cama trepándosele encima mientras se soltaba el cabello.
La pelinegra desabrochaba uno a uno los botones de su camisa, sintió las manos femeninas pasearse por su pecho desnudo y fuerte, mordiendo de vez en cuando. Sasuke cada tanto le hacía alzar el rostro para besarla fervorosamente, muy hambriento, pero la pelinegra seguía con sus caricias.
Esta vez sintió las cálidas manos desabrocharle el cinturón.
Y él decidió bajarle completamente el cierre de ese vestido rojo vino.
o.o.o
"Sus ojos lavanda refulgiendo con deseo, sus hinchados y carnosos labios abiertos dejando escapar una cascada de gemidos y jadeos lujuriosos. El largo cabello pegándosele al cuerpo. Esas perlas de sudor que adornaban su rostro no hacían más que elevar su deseo."
Cuando se despertó de aquel hotel de mala muerte, se encontraba solo, a su lado las sábanas arrugadas y sin un solo rastro de "Hina" más que el olor de su dulce perfume. Ella lo había dejado nuevamente.
Se colocó su ropa y antes de salir revisó por última vez con la mirada el cuarto.
No había ni una nota, ni un número.
Sus manos rogaban por escribir.
De camino a su apartamento, en el tren, sus pensamientos, instintos e imaginación se desbordaban a través de un bolígrafo en una servilleta sucia.
No quería admitirlo, pero ella lo inspiraba. Y mucho.
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Fin Parte II de III
Disculpen si había horrores ortográficos, pero tengo sueño xD
