Naruto no es mío.

Esa mujer de ojos lavanda

Parte III de III

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Últimamente había ido casi todos los días a ese bar. No había ido con las esperanzas de encontrársela nuevamente, pero cuando la vio sentada con un par de copas de Martinis vacíos a su alrededor, sus manos volvieron a picar, pero no solo con la necesidad de escribir, sino con el querer tocarla.

Se sentó a su lado y, como las últimas veces, le encendió el cigarrillo de canela.

La mujer de cabello oscuro inhaló fuertemente— G-Gracias—murmuró, esta vez lo miró y notó que se le colorearon ligeramente las mejillas.

Sasuke solo la observó. Imaginó que no se trataba de la misma mujer de aquella noche, sino de una colegiala enamorada. Sacudió esos pensamientos cuando, nuevamente, ella lo ignoró mientras fumaba su cigarrillo y pedía algo más fuerte para tomar.

Después de un buen tiempo donde él bebía vaso tras vaso de Whisky y ella se acababa sus copas de sorbo en sorbo, aún mareado, notó cómo repentinamente la expresión de la pelinegra se oscurecía, bajaba la cabeza ocultando sus ojos con el maquillaje un poco corrido y sus manos blanquecinas y huesudas temblaban poderosamente.

Oh, él no había visto ese anillo en su dedo anular.

No recuerda bien cómo fue que empezaron acercarse íntimamente en la barra (sólo físicamente), suspiraban en el oído del otro, compartían cigarrillos, su mano paseaba descaradamente en el muslo femenino levantando lentamente el vestido corto y ella acercaba su rodilla a su entrepierna suavemente.

Hacía que un fuego lo consumiera lentamente.

La ojiblanco repentinamente se alejó de él, le dio un ligero apretón en el brazo, su mirada se intensificó y tambaleante por la cantidad de alcohol en sus venas, se dirigió a aquella puerta que llevaba al motel.

Sasuke notó que había dejado su bolso en la barra.

Sonrió de lado.

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Mientras la embestía agitadamente ella le preguntó entre gemidos, mejillas coloradas y voz entrecortada— ¿C-Cómo t-te llamas? ¡Ahn!

—Uhn, S-Sasuke —forzó a vocalizar guturalmente. Decidió ignorar el hecho de que ella se había olvidado de su nombre.

—S-Sasuke —suspiró, gimiendo su nombre.

El pelinegro arremetió profundamente arrancándole más gemidos y gritos contenido de placer a la ojiblanco.

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Esto se había convertido en rutina, él iba regularmente al bar, siempre diciéndose a sí mismo que no era por ella, sino por el trago.

Las pocas veces que ella venía al bar, terminaban en una habitación; desnudos, sudorosos y con el olor a sexo.

La última vez que escribió, le sorprendió la rapidez con la que sus dedos se movían sobre las teclas, embargándose de nuevo en sus recuerdos; "Ella pronunció su nombre por primera vez en el acto carnal, con un ligero temblor de placer y lujuria. Su cuerpo se veía peligrosamente seductor, pero la manera en la que pronunció su nombre, provocó una ola de lava hirviendo circulando por sus venas. Su efecto era abrumadoramente pasional."

Se sorprendió ante tal selección de palabras para describir el momento, y cuando quiso escribir sobre ella, descubrió que no sabía nada.

Varias veces intentó quedarse despierto de su sesión lujuriosa, pero no podía; de repente se despertaba con las sábanas vacías a su lado.

Aún sin una nota, sin un número.

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Ahora ambos se encontraban cubiertos por las sábanas, ella con un cigarrillo en los labios, y él con el encendedor en las manos. Ella no se había recostado sobre él y Sasuke solo esperaba, no sabía a qué, pero esperaba mirándola.

Ella estaba absorta en sus pensamientos con la mirada dirigida hacia la ventana, como si estuviera contemplando el irse o no, y él no pudo evitar preguntar— ¿Cuál es tu nombre?

Ella lo observó sorprendida, se le encendieron ligeramente las mejillas— H-Hina.—susurró con voz un poco nerviosa.

Sasuke recordaba que se "llama" Hina, pero no creía que ese era su verdadero nombre.

De repente, en su rostro níveo y cremoso, apareció una expresión de angustia y notó que su mano apretaba con fuerza la otra mano en la cual tenía el anillo puesto; temblaba como si fuera a llorar, pero no lo hizo, en cambio, suspiró audiblemente cansada— E-Estoy comprometida.—le soltó.

Él ya lo sabía por tan ostentosa pieza plateada de piedras preciosas, pero escucharlo de ella se sintió diferente.

"Hina" no lloraba, pero se notaba un gran vacío en su ser que la consumía.

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Sus manos desesperaban por escribir, pero en vez de escribir algo, solo pensaba en esa mujer de cabello oscuros, imaginándose su situación, imaginándola ahogada en alcohol y el humo de cigarrillos en los días que ella no venía. Pensó que tal vez Hina era de una familia adinerada. O tal vez que venía de una familia pobre, que era infeliz; la pensó con un fuerte ideal (algo en ella se lo decía), pensó en que no le gustaba su prometido, o tal vez la simple idea de matrimonio. Eran tantas posibilidades…

Pero luego se reprochó mentalmente; estaba pensando demasiado en ella y no debía involucrarse.

Después de todo, él no tenía sentimientos por ella.

No los tenía.

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Después de una noche donde ella se comportó de una manera muy inusual, desapareció.

Esa última noche, ella lo besó fuertemente, lo atacó con dientes y uñas. Lo hicieron una y otra vez, se aferró a él con fuerza y al momento de separarse, esta vez ella no esperó a dormir un rato; se quedó a su lado un minuto, se vistió lentamente, recogió sus cosas y, antes de desaparecer por la puerta, le dijo "Adiós" quedamente.

Ella nunca se había despedido de él, ni tampoco lo saludaba; le pareció extraño, pero lo dejó pasar.

Esperó varias noches en ese bar, pero nunca volvió.

Trató de convencerse de que no iba por ella, sino por el trago bueno y barato, sin embargo, había breves momentos donde no pensaba lo mismo, sobre todo cuando terminó de escribir su libro tras cinco fríos inviernos.

"Esa mujer de ojos lavanda" rezaba como título.

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Fin Parte III de III

Bueno, esta fue la última parte, espero que les haya gustado y que podamos leernos en otro fic :D por favor, dejen reviews.

Pronto sacaré otro fanfic corto sasuhina, en esta semana, de hecho en este momento lo estoy escribiendo, así que nos leeremos muy pronto.